18804(05-12-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 18804  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No.153  

Bogotá,  D.  C., cinco (05) de diciembre del  dos mil dos (2002).   

VISTOS  

Mediante  sentencia  de  abril  9 de 2001, el  Inspector  General  del  Ejército, Juez de Primera Instancia y Presidente de la  Corte  Marcial,  profirió  sentencia  contra Juan de la Cruz Urrea Ramírez. En  ese  fallo,  concluyó  que existía prueba completa para condenarlo, en calidad  de  autor,  por  el delito de uso de documento público falso. La  pena que  se  le  impuso  fue  de  dos  (2)  años  de  prisión,  más  las accesorias de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por un término igual a la  sanción   principal  y  separación  absoluta  de  las  Fuerzas  Militares.  No  obstante,  le  concedió  el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de la  sentencia.   

El  fallo  fue  apelado  por el defensor del  procesado.  El  Tribunal  Superior Militar, el 31 de julio de 2001, le redujo la  pena  principal  a  un año de prisión. Notificado de la decisión, el defensor  presentó,  el  14  de septiembre de 2001, demanda de casación discrecional. La  Sala se apresta a pronunciarse sobre su admisibilidad.   

HECHOS  

Juan  de  la  Cruz  Urrea Ramírez, Sargento  Viceprimero  del  Ejército Nacional, se desempeñaba como Suboficial del Cuerpo  Administrativo  en  esa institución. En febrero de 1998, para ascender al grado  de  Sargento  Primero, presentó al Departamento de Personal una fotocopia de un  diploma  mediante  el  cual  quiso  acreditar  que  había  aprobado un curso de  Técnico  General de Motores a Gasolina en el SENA. El ascenso se hizo efectivo.  Pero luego se estableció que el documento era falso.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

1.  El 13 de marzo  de   1998,   el   Juzgado   9°   de   Instrucción  Penal  Militar,  abrió  la  investigación.  El  8  de  junio  del  mismo año, fue indagado Juan de la Cruz  Urrea Ramírez.   

2.  El 10 de junio  de  1998,  el  mismo  despacho  le  resolvió  la  situación  jurídica.  En la  providencia,  le  impuso  medida  de aseguramiento en la modalidad de detención  preventiva.   Pero   le   concedió,   bajo   caución  prendaria,  la  libertad  provisional.   

3.  El  18  de  diciembre  de  2000,  la  Fiscalía  11 Militar ante los Juzgados de Inspección  calificó  el  mérito  del  sumario  y  lo  acusó de ser el probable autor del  delito de uso de documento público falso.   

4. El 9 de abril de  2001,   luego  de  avocar  el  conocimiento  del  proceso  y  agotada  la  etapa  probatoria,  el  Inspector  General  del  Ejército, Juez de Primera Instancia y  Presidente  de  la  Corte Marcial, profirió  la sentencia en los términos  ya reseñados.   

5. Al momento de la  notificación, el defensor del procesado impugnó el fallo.   

7.  El  Tribunal  Superior   Militar,  el  31  de  julio  de  2001,   lo  confirmó,  con  la  modificación señalada.   

CONSIDERACIONES  

La  sentencia de segunda instancia, obra del  Tribunal  Militar,  fue  emitida  el 31 de julio de 2001. Es decir, dentro de la  vigencia  de  la  Ley  600  de  2000.  El artículo 205, inciso tercero, de esta  codificación,  establece  que  la  Sala  Penal  de la Corte, discrecionalmente,  puede  admitir  demandas  de  casación  contra sentencias proferidas en segunda  instancia  por  los  Tribunales  Superiores  de  Distrito Judicial o el Tribunal  Militar,  aun  en  el  caso  de  que  el  fallo  verse sobre un delito que tenga  señalada  una  pena privativa de la libertad cuyo máximo no exceda de ocho (8)  años,  cuando  lo considere necesario para el desarrollo de la jurisprudencia o  la  garantía  de  los  derechos  fundamentales,  siempre que reúnan los demás  requisitos exigidos por la ley.   

Se  infiere  del texto de esta disposición,  que  la  demanda  de  casación  discrecional,  además  de  unos  requisitos de  procedibilidad, debe ceñirse a unas formalidades determinadas.   

La demanda presentada por el defensor de Juan  de  la  Cruz  Urrea  Ramírez,  reúne  los  requisitos  de  procedibilidad.  La  sentencia  de segunda instancia, como puede constatarse, en efecto fue proferida  por  el  Tribunal  Militar  y la pena máxima señalada para el delito imputado,  que  lo  fue  el  de  uso  de  documento  público  falso,  según lo dispone el  artículo  246  del  Código  Penal  Militar anterior (Decreto 2550 de 1988), no  excede de los ocho (8) años de prisión.   

La  ausencia  en ella de los requisitos de  forma, sin embargo, la tornan improcedente.   

El artículo 205, inciso tercero, del Código  de   Procedimiento   Penal   de  2000,  precisa  que  la  demanda  de  casación  excepcional,  además de los requisitos generales exigidos por la ley (artículo  212  del  mismo  estatuto  procesal),  debe  contener, expresadas con claridad y  precisión,  las  razones  por  las  cuales el impugnante considera que la Corte  debe  pronunciarse  sobre  los  aspectos  planteados  en  ella,  no sólo por la  utilidad  inmediata que representa su criterio para la solución del caso objeto  de  juzgamiento,  sino  para contribuir al desarrollo de la jurisprudencia o, en  concomitancia  o  alternativamente,  para  propiciar  la ampliación del abanico  teórico  y práctico de los mecanismos protectores de los derechos y garantías  fundamentales.   

El  primer  elemento  formal  –los   requisitos   generales   de  la  demanda-,  fueron  echados  de  menos por el impugnante. En su libelo, aparte de  que  el  censor no realizó una debida identificación de los sujetos procesales  ni   efectuó  una  síntesis  de  la  actuación  procesal, no fue claro y  preciso,  como  lo  reclama  la  técnica  de  casación,  en  lo  atinente a la  enunciación   de   la   causal,  la  formulación  de  los  cargos  y   su  fundamentación.   

El   segundo  factor  constitutivo  de  la  corrección    de    la    demanda   –las   exigencias   específicas-,  tampoco  lo  tuvo  en  cuenta  el  recurrente.  No explicó, en un capítulo previo a la demanda propiamente dicha,  por  qué  razón,  de  un  lado, a su juicio era de utilidad inmediata, para el  caso  materia de juzgamiento, que la Corte, frente a la hipótesis de atipicidad  formulada,  fijara  su  posición  frente al problema jurídico planteado; o por  qué  era  necesario, de otro, su pronunciamiento al respecto para contribuir al  desarrollo de la jurisprudencia.   

Menos  aún  argumentó el censor en orden a  demostrar  por  qué  razón  – en el supuesto de que hubiera considerado que el  problema  de  atipicidad  detectado  y  la inocuidad de la acción del procesado  incidían  negativamente  en  sus  derechos  y  garantías  fundamentales-,  era  necesario  que  la  Corte  introdujera  pautas interpretativas al respecto, bien  porque  el  impugnante  haya  estimado que en ninguno de sus pronunciamientos ha  tratado  el  tema,  o  bien porque su opinión es que en el pasado sus conceptos  alrededor  de ese punto han sido vagos, o bien porque haya juzgado necesario que  con  ocasión  del  conocimiento  de  este asunto debía la Corte actualizar los  mecanismos    de    defensa    o    de   amparo   de   las   formas   procesales  existentes.   

La  simple  enunciación  de  los  errores  detectados,  no constituye garantía del éxito de una demanda por la vía de la  casación  discrecional.  El demandante no se atuvo a las reglas que informan la  casación  discrecional.  Como  premisa  de su demanda, primero debió señalar,  con  su  respectiva  argumentación,  cuál  era  en  su  criterio  la  utilidad  inmediata  del  pronunciamiento  de la Corte sobre el punto debatido y, luego, a  modo  de  propósito  mediato,  cuál  la  necesidad  de  que  esta Corporación  emitiera  nuevas pautas prácticas y conceptuales, pero con fuerza de autoridad,  para  el  avance  de  la  jurisprudencia  con  relación  al  problema jurídico  propuesto.   

Superada  esta  etapa, le correspondía al  recurrente  formular,  en armonía con las justificaciones expuestas, los cargos  en   se   fundamenta  la  censura,  ciñéndose  para  ello  a  las  directrices  metodológicas propias de la casación tradicional.   

No  procedió  en  esta forma el recurrente.  Sostuvo,  sin  exponer  previamente  las  finalidades  de la censura -condición  ineludible  de  una demanda de casación discrecional-, que se hacía imperativo  absolver  a  su  defendido  porque  la  conducta  a él imputada, además de ser  atípica,  dado  que  el  documento  reputado  de  falso  no  era necesario para  acreditar  calidades  para  ascender  al  grado  de Sargento Primero, no produjo  ningún  resultado  dañoso  contra  la  fe pública. Pero en la formulación de  estos  cargos,  por  su falta de rigor expositivo, tampoco acertó a encauzarlos  de  conformidad con los lineamientos de la casación común, como es lo correcto  cuando se acude a la casación discrecional.    

                                                                                                                                  

          En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE   

1.  Inadmitir  la  demanda  presentada por el  defensor    de    Juan    de    la    Cruz    Urrea  Ramírez.    

2.  Contra  este  auto,  no procede ningún recurso.   

Notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de  origen   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA    POVEDA                        

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                ÉDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                  YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS               

         

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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