18112(05-12-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  18112   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                              DR.   JORGE   ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta Nº: 153   

          Bogotá D.C., cinco de diciembre de dos mil dos.   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Sala  en  relación  con  el aspecto formal de la  demanda    de    casación   formulada   por   el   defensor   de   ELVER  JOVEL  PIÑEROS, contra la sentencia  dictada  el  24  de  agosto  de  2000  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  confirmatoria  de  la condena de 324 meses de prisión impuesta al procesado por  el  Juzgado 2º Penal del Circuito de dicha ciudad como responsable de homicidio  agravado,  porte  ilegal  de  armas,  hurto  calificado  y falsedad personal, en  concurso.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Ante  el  no  retorno a su hogar del abogado Jaime Trillos Nauza, de  donde  salió  en  las  horas  de  la  mañana  del  7  de  abril  de 1998, como  habitualmente  lo hacía, con destino a su lugar de trabajo en la firma Danka de  Colombia  donde  se  desempeñaba  como  Gerente  de  Cuentas  Mayores,  al día  siguiente  su  señora esposa decidió averiguar por su paradero con familiares,  allegados  y compañeros de labores, trasladándose finalmente al apartamento de  propiedad  del  matrimonio  situado  en  esta ciudad Capital en la calle 116, 14  A-64  Nº  602.   Allí halló el cadáver de su cónyuge con un impacto de  bala en región pectoral izquierda.   

          Entre  tanto, ese mismo 8 de abril del citado año, fue retenido por  miembros  de  la  Policía  Metropolitana  en  el  centro comercial Plaza de Las  Américas  el  individuo  que  dijo llamarse Jorge Eliécer Hernández, quien en  posesión  de  una  tarjeta  de  crédito y la cédula de ciudadanía expedida a  nombre  de  Jaime  Trillos Nauza, pretendía adquirir mercancías en un almacén  del  lugar.  Sus  otros  tres  compañeros  que  lo aguardaban en cercanías del  establecimiento  público,  Walter  Prieto  Alvarado, Álvaro Angulo Benavides y  HELVER   JOVEL   PIÑEROS,  también fueron aprehendidos.   

          A  este  último  se  le  achaca  la  muerte de Trillos Nauza, pues,  iniciada  la  investigación,  trascendió  que el procesado en compañía de un  menor  había  estado  de  juerga  en  el  apartamento  del  primero. Éste, con  tendencias  homosexuales,  quiso  acceder  carnalmente  al menor, por tal razón  riñeron;  en  la  trifulca  hubo  de  intervenir ELVER  JOVEL,  quien  haciéndose  al  arma que el anfitrión  conservaba  en  el  inmueble,  la  accionó  en  su contra con los resultados ya  conocidos.  De  allí  desaparecieron los visitantes llevándose consigo algunas  pertenencias del interfecto.   

          La  correspondiente  investigación  contra  los antes nombrados, la  adelantó  el  Fiscal  38  delegado  ante  los  Jueces  Penales  del Circuito de  Bogotá,  quien  luego  de  escuchar  sus  descargos  les definió su situación  jurídica  imponiéndoles  medida  de  detención  preventiva  sin  beneficio de  excarcelación,  a  ELVER  JOVEL  PIÑEROS,  por  los  delitos de homicidio, porte ilegal de armas, falsedad y  estafa,  en  concurso, y contra los restantes por las mismas ilicitudes, excepto  el  atentado  contra  la vida. De igual manera ordenó romper la unidad procesal  respecto  de  estos  últimos,  y  remitió  las  diligencias a los funcionarios  competentes  para  que  por  cuerda separada se prosiguiera la investigación en  relación con ellos.    

Fenecido  el ciclo sumarial, por resolución  del  14  de  agosto  de  1998  se  acusó a ELVER JOVEL  PIÑEROS  como  presunto  autor  responsable  de  las  conductas  punibles de homicidio, porte ilegal de arma de fuego, hurto, falsedad  y  estafa, la cual modificó la Unidad de Fiscalía Delegada ante los Tribunales  Superiores  de  Bogotá y Cundinamarca por la suya del 30 de septiembre de 1998,  al  precisar  que  la  acusación  no  procedía  en  relación  con la ilicitud  reseñada en último lugar.   

          El  Juzgado  2º Penal del Circuito conoció del juicio, y celebrada  la  vista  pública,  conforme  con  el  pliego  de  cargos  en  fallo del 25 de  noviembre  de 1999 profirió la condena de la que se hizo mérito en el acápite  inicial  de  este  proveído,  la  cual  convalidó  integralmente  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  al  revisar  por  apelación  el  fallo  de primer grado,  determinación  contra la cual se formuló demanda de casación y de cuyo examen  en       su       aspecto       formal       se       ocupa       ahora       la  Sala.          

                           LA  DEMANDA   

          Al  amparo  de  la causal tercera de casación, un único cargo, por  nulidad,  formula el censor por estimar que la sentencia recurrida viola el Art.  29  de  la Carta Política, en la medida que desatendiendo lo dicho por la Corte  Constitucional  en  sendos  pronunciamientos  del  año 1992 en relación con el  debido  proceso, y no empece haberse tenido en cuenta como pruebas para proferir  sentencia  “las  de ley”,  los  juzgadores  de instancia desconocieron la confesión que de los hechos hizo  el  procesado y por ende no le reconocieron la rebaja de la 1/6 parte de la pena  a  que  tenía derecho, conforme con lo estatuido en el Art. 299 del anterior C.  de P. Penal.   

          Igualmente  critica  el  hecho  de  que  el  fallo  de condena sólo  hubiese  cobijado  a  su  defendido,  no  obstante haber existido coautoría, de  acuerdo  con  la  mención  que  de  otras personas se hace en la resolución de  acusación, agrega el censor.   

          Una  tal  situación compromete la validez del juzgamiento, en tanto  conculca  el  principio  de  legalidad  consagrado en el Art. 414 A ibidem,  socavando  la  estructura básica  del  proceso  “por violación del ordenamiento que lo  disciplina”, lo cual hace viable la existencia de la  causal  de nulidad establecida en el Art. 304-2 y 3 del citado Estatuto Procesal  Penal.   

          Por  haber  dejado  el  Tribunal de aplicar los Arts. 1º, 247, 249,  304-2  y 3, y 445 del C. de P. Penal derogado, 29 de la Constitución Política,  y  la  jurisprudencia  de  la  Corte  Constitucional  contenida  en  los  fallos  ST-474/92,  ST-572  del  mismo  año  y  C-358/97,  es evidente que vulneró las  garantías del debido proceso y de defensa.   

          Aspira  pues  el  demandante  a  que  la  Corte  case  la  sentencia  impugnada  y  decrete  la  nulidad invocada, “o en su  defecto    ordenar    la    investigación   a   que   haya   lugar.”   

  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Ninguna  capacidad para concitar el estudio de fondo por parte de la  Sala  tiene  el  libelo  sometido  a revisión formal, pues a más de desconocer  elementales  reglas  de  técnica  casacional,  está  ayuno  de  la  claridad y  precisión  que para la formulación de la censura exigía el Art. 225 del C. de  P.  Penal,  vigente  para  el  momento de la presentación de la correspondiente  demanda.   

          En  efecto,  indistintamente  acusa  el libelista la vulneración al  derecho  de  defensa  del  procesado,  como del debido proceso, sin que en uno y  otro   caso   respete   siquiera   mínimamente   la  técnica  que  orienta  el  extraordinario   recurso,  ni  mucho  menos  los  principios  que  regentan  las  nulidades,  haciendo de su escrito un incoherente y desenfocado alegato que a la  postre  no  permite  identificar cuál de los diversos supuestos que plantea, es  el  que le sirve en cada evento como sustento de la afectación del derecho a la  defensa, o el desconocimiento de las reglas del debido proceso.   

Siendo  ello así, forzoso resulta recordar,  como   ya   lo   ha  venido  haciendo  de  manera  pacífica  y  reiterativa  la  jurisprudencia  de  esta  Sala,  que  la libertad argumentativa que en principio  puede  derivarse  de la naturaleza y alcances de la causal tercera de casación,  en  manera  alguna  significa  que el casacionista no esté sujeto a cumplir con  los  requisitos  de  toda  demanda  en forma, debiendo indicar con precisión el  motivo  de  casación que aduce, la nulidad que se genera, especificando en todo  caso  la  actuación  irregular  a  partir  de  la  cual se vició la actuación  subsiguiente,  de  modo  que  solamente  con  su   invalidación es posible  corregir  el  yerro. O concretar de qué manera el derecho a la defensa resultó  ostensiblemente    menoscabado    y,   adicionalmente,   indicar   cómo   tales  irregularidades  finalmente  se proyectaron desfavorablemente para los intereses  del  procesado  en la sentencia, pues lo contrario sería no sólo desconocer lo  dispuesto  en  el Art. 308 del C. de P. Penal anterior -310 del actual-, sino la  naturaleza  rogada de este medio extraordinario de impugnación, toda vez que es  al  casacionista  al  que le corresponde señalarle a la Corte qué aspectos del  fallo son los que ameritan revisión.   

Soslayando  el censor cumplir con las reglas  que   vienen   de   reseñarse,   sólo   atina   a   aducir  genéricamente  el  desconocimiento  del  debido  proceso  y  el  derecho  de  defensa,  entre otros  aspectos,  porque  habiendo estado comprometidos en los hechos otros partícipes  -coautoría-,  la condena sólo se profirió contra su asistido. Empero, ningún  esfuerzo  realiza por demostrar que el quebranto argüido sustento de la nulidad  invocada,  efectivamente  se  produjo.  Además,  el  desatino en que incurre al  entremezclar  dos  motivos  de  nulidad claramente diferenciados por la ley y la  jurisprudencia,  deviene patente, pues si bien el segundo se deriva del primero,  su  vulneración  amerita  postulación  y  desarrollo  autónomos,  como  lo ha  precisado  la  Sala,  en  tanto  aquél  es  un  vicio de estructura, y éste de  garantía.   

Más impertinente aún resulta su prédica en  cuanto  que la validez del juzgamiento se vio comprometida por la violación del  principio  de  legalidad al que alude el Art. 414 A del anterior C. de P. Penal.  Si  dicho  precepto  dice relación con el control que sobre la legalidad de las  medidas  de  aseguramiento  impuestas  por los Fiscales debe ejercer el juez del  conocimiento,  previa  petición  motivada  del  interesado,  su  defensor  o el  Ministerio  Público,  no  precisa  el  censor  de  qué  manera  se  socavó la  estructura  del proceso, si fue porque solicitado dicho control se omitió darle  el  trámite  pertinente,  o  si  no  empece  la  ilegalidad  manifiesta  de  la  imposición    de    la   medida,   el   juez   la   desechó   de   plano   por  infundada.   

Ahora,  en  relación  con  el  pretextado  desconocimiento  de  la  reducción  punitiva  prevista  en el artículo 299 del  Código  de Procedimiento Penal derogado, lo primero que se echa de menos es una  referencia  a  las  argumentaciones  del  juzgador para su no reconocimiento. De  esta  manera, conforme con el principio lógico de razón suficiente, el escrito  carece  de  la  motivación  requerida  para  alentar  un  recurso de naturaleza  extraordinaria como es la casación.   

Sin  embargo, admitido por el demandante que  la  sentencia se profirió teniéndose como pruebas las de ley, ello le imponía  formular   la   censura   de   manera  independiente  al  amparo  de  la  causal  primera.   

Ciertamente,   una  adecuada  técnica  de  casación  enseña  que  si  el reparo toca con la falta de reconocimiento de la  confesión  y  su  consecuente  disminución  punitiva,  la sentencia de segunda  instancia  sólo  podría  cuestionarse  desde  la  perspectiva de la violación  directa  de  la  ley  sustancial -causal primera, cuerpo primero-, si en ella se  hubiera  aceptado  su  existencia  pero  no  se  hubiesen  tenido  en cuenta sus  efectos,  pues  en  tal  caso  resultaría  evidente la falta de aplicación del  artículo  299  del Código de Procedimiento Penal.  Como lo tiene dicho la  Sala,  “para  que  la no aplicación de la rebaja de  pena  por confesión se pueda atacar por violación directa, es necesario que en  la  sentencia  se  haya  reconocido  que  existió  confesión  desde la primera  versión,  que  las  circunstancias que rodearon la captura no son constitutivas  de  flagrancia,  y  que dicha confesión sea tenida en cuenta como fundamento de  la  decisión,  de  manera  que  el  error  del fallador se limite a la falta de  aplicación  del artículo 299 del estatuto procesal”  -Sentencia  del  1°  de  diciembre  de 1994, radicación No. 8678, M.P. Ricardo  Calvete Rangel-.       

Empero,  si  la  falta  de aplicación de la  norma  se  deriva de la inadecuada valoración probatoria, porque no se apreció  alguna  prueba,  o  se  le  dio un alcance que no correspondía, la censura debe  hacerse  con  fundamento  en  el  cuerpo  segundo  de  la  causal  primera,  por  violación indirecta.   

          De  otro lado, manifiestamente contradictoria deviene la afirmación  del  libelista en relación con la falta de aplicación del Art. 247 del Decreto  2700  de 1991, por cuanto si profirió sentencia condenatoria contra el acusado,  fue  precisamente porque halló establecidos los presupuestos que para tomar una  tal  determinación  demanda  el precepto cuya exclusión evidente se arguye, lo  cual significa que sí fue tenido en cuenta por el fallador.   

          Y  respecto de la lacónica e insular afirmación acerca de la falta  de   aplicación   del   Art.  445  ibidem,  ni  siquiera  se reclama en la demanda, como era de esperarse, el  fallo  sustitutivo de carácter absolutorio con fundamento en la aplicación del  in  dubio  pro  reo. En este  caso,  el  actor omite indicar de qué manera el fallador violó dicha norma que  consagra  el  mentado  principio  de  claro contenido sustancial, bien porque el  Tribunal  después  de  haber  reconocido  el estado de perplejidad que sobre la  responsabilidad  le dejaba la prueba se abstuvo de aplicar las preceptivas allí  contenidas,  evento  en  el cual había lugar a plantear el cargo por la vía de  la  causal  primera  por  violación  directa;  o  bien porque a consecuencia de  supuestos  yerros  cometidos  por  el  juzgador   en  la  estimación de la  prueba,  el  fallo  se  queda  sin los elementos de convicción suficientes para  forjar   certeza   resultando   imperativa   la   aplicación  del  in   dubio   pro  reo,  caso  en  el  cual  resultaría  pertinente  el  ataque por la vía de la violación indirecta, pues  ella  estaría  mediatizada  por  los  errores  probatorios  en  que se finca la  certeza del fallador.   

          En  síntesis,  el  libelo de cuyo examen preliminar se ocupa hoy la  Sala  no  cumple en manera alguna los requisitos de precisión y claridad, tanto  en  la  formulación  del cargo como en la exposición de sus fundamentos, a los  que  se refiere el Art. 225 del anterior C. de P. Penal -212 del actual-, razón  por la cual se inadmitirá.   

         

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,   

  RESUELVE   

              INADMITIR la demanda de  casación   presentada   en   nombre  de  ELVER     JOVEL     PIÑEROS. Contra este auto no procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

            

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS               CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                       

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO               EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

                   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                         YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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