17902(06-08-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    República   de  Colombia   

       

Corte Suprema de Justicia  

Proceso     No  17902   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 89  

Bogotá,  D. C., seis (06) de agosto de dos  mil dos (2002).   

VISTOS  

          Examina  la  Sala la demanda de casación que presentó el defensor  de      RUTH      BARROSO      MULETH,    para  resolver si es procedente su admisión.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL  

          Cuando  en  la  madrugada del 26 de abril de 1998 GEOVANNY CARREÑO  PARRA  se  dirigía  a  casa  de  su madre en el barrio Carrizal de la ciudad de  Barranquilla,  fue  interceptado  por tres hombres y una mujer quienes, después  de  herirlo  mortalmente  con  armas cortopunzantes, se apropiaron de los bienes  que llevaba consigo.   

A la investigación fue vinculada la señora  RUTH  BARROSO  MULETH,  a  quien  un fiscal seccional de Barranquilla escuchó en indagatoria el 6 de julio  de  1998 y aseguró con detención preventiva el siguiente día 13 por el delito  de  homicidio  agravado.  Igual  medida  adoptó  contra MARCOS CASTRO ÁLVAREZ,  RAÚL  MAZA  y  OSCAR  NIÑO  BARROSO,  a  quienes  emplazó y declaró personas  ausentes.  Posteriormente, el 8 de enero de 1999, acusó a los cuatro procesados  por  el ilícito mencionado, decisión que fue confirmada por un fiscal delegado  ante  el Tribunal Superior el 9 de abril del mismo año. El 22 de marzo de 2000,  el  Juzgado  5º.  Penal del Circuito de Barranquilla los condenó a penas de 40  años  de  prisión,  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por el  término  de  10 años y al pago de los perjuicios causados, sentencia que el 10  de  agosto  de  2000 confirmó el Tribunal Superior de esa ciudad respecto de la  señora  BARROSO  MULETH y  anuló con relación a los demás.   

LA DEMANDA  

          El    defensor    de    RUTH   BARROSO  MULETH formuló un cargo principal y otro subsidiario  contra la sentencia de segunda instancia.   

El   primero,   porque   los   falladores  incurrieron  en  error de hecho por falso juicio de identidad en la apreciación  del   testimonio   de   CARLOS   ENRIQUE   CANTILLO,  a  quien  el  A  quo  calificó como el único testigo  presencial  de  lo  sucedido.  Sostiene  el  libelista  que  la  afirmación del  declarante  –“Desconozco  cuál  fue el motivo creo que para atracarlo”- fue tergiversada por el juez de  primera  instancia  al  asegurar  que  “les  atribuye  (a  los  procesados) el  propósito  de  hurtarle  sus  pertenencias  como  el  motivo  para  causarle la  muerte”  y  por  el  Tribunal,  cuando  asegura  que la muerte se produjo para  apropiarse de los bienes de la víctima.   

El error es trascendente, agrega, porque la  aceptación  del  hurto  permitió  deducir  contra  la  procesada la coautoría  impropia.  De  no  haberse  tenido  en  cuenta el atentado patrimonial, no se le  hubiese  podido atribuir la realización de un papel en la empresa criminal y la  decisión respecto de ella habría tenido que ser absolutoria.   

          El   segundo  cargo,  propuesto  de  manera  subsidiaria,  lo  hace  consistir  en  que los falladores incurrieron en error de hecho por falso juicio  de  existencia  al  suponer  pruebas  sobre  la  participación  de  la  señora  BARROSO   en  el delito de hurto, no obstante haberse  acreditado  que  el  homicidio  se  realizó  con  aprovechamiento del estado de  indefensión  de  la  víctima. Si no se hubiera deducido el hurto, la procesada  habría  sido  declarada  inocente  del  homicidio. De ahí la trascendencia del  error.  Agrega  que el juez admitió la existencia de un indicio de huida basado  en   la   declaración  de  ROTONDANO,  pero  esa  prueba  no  es  idónea  para  condenar.   

          Después  de  señalar  las  normas  violadas,  solicita se case la  sentencia  y  se  dicte fallo de reemplazo absolviendo a la señora BARROSO MULETH.   

  CONSIDERACIONES   

          La  demanda  no  reúne  los requisitos que para la fecha en que se  dictó  la  sentencia  de  segunda instancia exigía el artículo 8º. de la Ley  553  de  2000, subrogado luego por el artículo 212 del Código de Procedimiento  Penal, por las siguientes razones:   

          1.  Con  relación  al primer cargo, admitiendo que el A   quo  expresara  que  CARLOS  ENRIQUE  CANTILLO   era  el  único  testigo  presencial  de  los  hechos  y  que  había  manifestado  que  a  CARREÑO  PARRA  lo mataron para robarle cuando en realidad  apenas  planteó  una  probable causa del homicidio, de las propias frases de la  demanda  surge  que ninguna de estas circunstancias son predicables del fallo de  segunda  instancia  cuya estructura, como se sabe, por ser la providencia en que  se  concreta  el  agravio  que  se  pretende eliminar, es la que debe demoler el  actor   mediante   el   señalamiento  de  errores  trascendentes  que  permitan  desvirtuar  la  doble presunción de acierto y legalidad con que dicha decisión  arriba a esta sede.   

          En    este    sentido,    si    el   Ad  quem  no  le  dio  a aquel testimonio el carácter de  único  ni  dijo  apoyar  en  él su conclusión de que el homicidio tuviera por  finalidad  apoderarse  de los bienes de la víctima, el error que le reprocha el  demandante  no sólo carece de fundamento como que el aparte de la sentencia que  transcribe  no contiene el falso juicio de identidad aducido, sino que aun en el  evento  de  haberse  presentado  ese  error,  nada dijo el casacionista sobre la  prueba  que  tuvo  en  cuenta el Tribunal para declarar la responsabilidad de la  señora  BARROSO MULETH, lo  que  impediría  examinar  la  trascendencia  del  yerro  y  su incidencia en el  sentido  de  la  decisión.  El  cargo,  así,  aparece  incompleto porque, como  reiteradamente  lo  ha  dicho la Sala, cuando se acude a la violación indirecta  de  la  ley  sustancial, “al impugnante le compete trabajar críticamente toda  la  prueba  atendida  por  los  jueces  y desnaturalizar su capacidad persuasiva  frente  a las normas procesales que plasman la suficiencia para adquirir certeza  de                 responsabilidad”1.   

         

2.  Tampoco  acertó  el  demandante  en la  proposición  del segundo cargo pues, invocando como sustento un falso juicio de  existencia  por  suposición  de  prueba,  para  su  adecuada  formulación  era  necesario  que  indicara  cuáles  fueron  los  medios  de  convicción  que  el  fallador,  contra  la  realidad  procesal, consideró presentes en la actuación  para  estimar  acreditado  el delito de hurto o de qué manera supuso demostrado  un  hecho. Por el contrario, el censor no atinó siquiera a señalar el segmento  de  la providencia en que tal yerro podría evidenciarse y, lejos de la claridad  y  precisión  que  se requieren para exponer el ataque contra una sentencia, se  ocupó  en  cambio  en  plantear  una  confusa  crítica  porque el Ad  quem  no le dedujo a la procesada la  agravante  del  numeral  2º.  del  artículo 324 del Código Penal de 1980, que  corresponde  a idéntico numeral del artículo 104 del actual estatuto, pero sí  la  condenó  por la del numeral 7º. referida a la indefensión de la víctima,  causal  que  “no  fue  la  tenida  en cuenta para endilgarle el homicidio a mi  defendida”  porque  quienes  propinaron  las  heridas  mortales  fueron  otras  personas.  Sin  embargo,  en  la  reseña  de  la  actuación procesal afirma el  demandante  que  por  esta última circunstancia, precisamente, fue condenada la  procesada.   

          Agrégase  a  lo  dicho  que  también  en  este cargo el libelista  omitió  atacar  en  su  integridad  el  sustento  probatorio  de  la sentencia,  limitándose  a  señalar, sin ofrecer argumentación en ningún sentido, que un  indicio  que  dedujo el juez de la declaración de ROTONDANO no era idóneo para  condenar;  afirmación  que,  valga  resaltar, permite concluir que en efecto el  Tribunal  valoró  una  prueba  plural –no  única-  para  adoptar  la  decisión  consignada  en el fallo.   

          En  consecuencia,  porque en ninguna de las censuras propuestas por  el  defensor  se  cumple  el requisito previsto en el numeral 3º. del artículo  8º.  de  la  Ley  553  de  2000,  subrogado  como  se dijo por el 212 del nuevo  estatuto  procesal,  la  Sala  inadmitirá  la  demanda y declarará desierto el  recurso.   

          En  mérito  de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

         

RESUELVE  

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de RUTH BARROSO  MULETH.  En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  y  se  ordena devolver el expediente al Tribunal de origen.   

          Contra esta providencia no procede ningún recurso.   

Comuníquese    y  cúmplase   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO              ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS   E.   MEJÍA  ESCOBAR                          NILSON  E.  PINILLA  PINILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

1  Sentencia  del  2  de  octubre  de  2001,  radicado 15.286. En el mismo sentido,  sentencias  de  17  y  22  de octubre de 2001, radicados 15.007 y 10.081, MM.PP.  Édgar   Lombana   Trujillo   y   Nilson   Elías   Pinilla   Pinilla,   en   su  orden.     

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