17901(03-09-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17901  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE E. CÓRDOBA  POVEDA   

Aprobado acta N° 101  

Bogotá, D. C., tres (3) de septiembre de dos  mil dos (2002).   

V    I    S   T   O  S   

Resuelve  la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  EDWAR ERMEY DUQUE TORRES.   

ANTECEDENTES   

1.-  Los  hechos  fueron  sintetizados por el  Tribunal de Medellín en los siguientes términos:   

“Tuvieron ocurrencia en la madrugada del 28  de  noviembre  de 1998, en la casa ubicada en la carrera 74C N° 66 – 192, donde se realizaba una fiesta por  la  graduación  de  CARLOS MARIO CARDONA MONTOYA; en el curso de la reunión se  presentó  una  discusión  por  el hurto de una chaqueta perteneciente a una de  las  invitadas  al  grado; los acompañantes de ésta, es decir, DARÍO GRAJALES  ZAPATA  y  HERNANDO ASTAIZA CONDE hicieron el reclamo por la pérdida del objeto  a   ROBINSON   ARLEY   ATEHORTÚA  quien  la  había  tomado,  éste  reaccionó  airadamente  y  de  forma  violenta  comenzó a agredir a dichas personas; en el  trágico   desenlace   de   los  hechos  intervinieron  otras  personas  que  se  encontraban  cerca  del  lugar.  Como  resultado  de lo anterior resultó muerto  DARÍO    GRAJALES    ALZATE    y    herido   de   gravedad   HERNANDO   ASTAIZA  CONDE.”.   

Una  de  las  personas  que  intervino  fue  EDWAR ERMEY DUQUE TORRES.   

2.-   El Juzgado 2° Penal del Circuito  de  Medellín,  mediante  sentencia  fechada  el  2 de junio de 2000, condenó a  EDWAR ERMEY DUQUE TORRES a la  pena  principal  de 40 años de prisión y a la accesoria de rigor por 10 años,  como  autor  de  los  delitos  de  homicidio,  consumado y tentado, en concurso.   

3.-    Inconforme   con   la  anterior  decisión,  el  defensor  interpuso  el  recurso  de  apelación, el cual al ser  desatado  por  el  Tribunal  Superior  de  Medellín, el 31 de julio de 2000, la  confirmó en su integridad.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El  defensor del procesado, con fundamento en  el  cuerpo  segundo  de  la  causal  primera,  acusa  al  sentenciador  de haber  “violado   indirectamente   la   norma  sustancial,  mediante  error de hecho por falso juicio de identidad de la prueba, ya que como  procedo  a  demostrarlo  se  le  imprimió  a  la  prueba  de  cargo  de índole  testimonial    un    contenido    probatorio    del    cual   carece”.   

Agrega  que  las normas de derecho sustancial  afectadas  son los artículos 5°, 21, 25, 36 y 323 del Código Penal y 247, 254  y 294 del Código de Procedimiento Penal.   

Advierte  que  la  discusión  presentada  al  interior  del proceso se centró en dilucidar si su defendido estuvo en el sitio  de los acontecimientos y si participó en los mismos.   

Los   falladores,  sostiene  el  libelista,  concluyeron  que  estuvo  en  el  lugar,  dejando  a  un lado la “exculpación” del procesado, por lo que,  dada  la  “evidencia”, no  desconocerá  esta  situación, “pero una cosa es que  haya   estado,   y   otra  muy  distinta  es  que  haya  participado”.   

Afirma que el Tribunal comenzó por invocar en  la  sentencia el testimonio y el reconocimiento fotográfico que hiciera Adriana  María    Barrientos    y,    sin    justificación    alguna,   “acomodó”    en    sus   palabras   la  “acusación de agresión”  contra su defendido.   

Luego   de   transcribir   apartes   de  su  declaración,  anota  que  no  involucra  a EDWAR ERMEY  DUQUE  TORRES,  sino a Robinson Arley Atehortúa Pabón  (a.  Chaza).  Además,  no menciona la existencia de arma alguna y atestigua que  solamente   intervinieron   otros   dos   sujetos   quienes  le  “daban    pata”    a    “Don Hernando y a Darío”.   

Como  en el expediente no se demostró que la  muerte   y   las   lesiones   ocurridas   fueran   a  causa  de  “golpe  contundente” sino por lesión con  arma  de  fuego,  concluye  que  no existe “nexo causal” entre la acción de  golpear  a  las  dos víctimas y el fallecimiento de una de ellas, aseverando al  respecto:  “Así haya estado en el lugar, y así haya  golpeado  a  ambos  ciudadanos,  no  se acreditó la autoría de las lesiones en  cabeza  de  mi  mandante  con  base en la deponencia de la citada ADRIANA MARÍA  BARRIENTOS.”.   

Para  que  no  quede  duda  alguna, anota, la  deponente  sostuvo  que  cuando los dos intervinientes ingresaron a la gresca ya  “Don  Hernando”  estaba  lesionado,  luego no podía el sentenciador atribuirles responsabilidad a éstos  por  lo  que  había  hecho  “alias Chaza”,  cosa que confirma el testigo Hernando Astaiza Conde. Es decir,  como  la participación de su defendido fue “un acto posterior”, desvertebra  el  “previo  conocimiento o acuerdo que le da vida a  la   imputada   coautoría  por  comunicabilidad  de  circunstancias”.   

Advierte  que  esta declaración, vertida por  quien   fue   el  lesionado,  no  puede  apreciarse  de  manera  “simple”,  pues  del número de lesiones,  su  ubicación  y  la  naturaleza  de  las mismas, debe colegirse que sólo pudo  ocasionarlas  una  persona,  lo  que  sumado  al  estado  de  ebriedad en que se  encontraba,  permite  concluir  que  no  tuvo  la  oportunidad  y capacidad para  percibir   quién   o  quiénes  le  produjeron  las  heridas  con  arma  blanca  “sólo  lo  infirió,  lo  dedujo  mas  no porque en  cabeza    de    mi    mandante   hubiera   observado   arma   alguna”.   

También, dice el libelista, el testimonio del  señor   Juan   Fernando   Roldán   se   analizó   en   forma  “genérica”,     desconociendo     lo  contradictorio  que  resultó,  no  sólo  consigo  mismo,  sino  con los demás  exponentes,  pues  nadie  aseveró  que  había observado a los acompañantes de  alias  “Chaza”  utilizar  arma  blanca  en la contienda, lo que sí hace este deponente, pero reconociendo  que  tanto  Hernando  como  Darío  ya  habían  sido  lesionados  por el primer  agresor.   

Aunque  este testigo afirma que los otros que  entraron   “acabaron   con   el   señor  Darío  a  puñaladas”,   sin   embargo,   no  explicó  cómo  percibió  ese  hecho,  ni  dónde  se  encontraba,  a  qué  distancia, etc, no  obstante  lo cual el Tribunal “lo invoca como testigo  de   cargo   para  imputar  coautoría  en  cabeza  de  mi  mandante”.   

Señala  que  el  hecho  de  que su defendido  hubiera  estado  en  el sitio de los acontecimientos, no constituye prueba de la  responsabilidad,   desconociendo   que   el   acervo   probatorio   muestra  que  “sólo”  golpearon a las  víctimas  pero  cuando ya estaban lesionadas, a manos de alías “Chaza”.       

En  consecuencia,  solicita  que  se  case la  sentencia y se ordene la libertad del procesado.   

LA      CORTE  CONSIDERA   

La  demanda  de  casación  presentada por el  defensor  del sentenciado, no reúne los requisitos de claridad y precisión que  estatuía  el  numeral 3° del artículo 225 del Decreto 2700 de 1991, subrogado  por el 8° de la Ley 553 de 2000, vigente para la época, así:   

1.    No   distingue   entre   normas  sustanciales  y procesales, pues les da el carácter de sustanciales a preceptos  eminentemente  procesales,  como  lo son los artículos 247, 254 y 294 del C. de  P. penal de 1991.   

2.   No  dice  cuál  fue el sentido del  quebrantamiento  de  las  leyes  sustanciales que enumera como infringidas, esto  es,  si  lo fueron por falta de aplicación o por aplicación indebida, ni dice,  ni    se    infiere    del    desarrollo    del    cargo,    por   qué   fueron  conculcados.   

3.     Aunque   denuncia   que   los  sentenciadores  incurrieron  en error de hecho por falso juicio de identidad, en  lo  atinente  a las declaraciones de Adriana María Barrientos, Hernando Astaiza  Conde  y  Juan  Fernando  Roldán,  no lo demuestra, pues no evidencia que hayan  sido   falseadas   en   su   contenido  fáctico,  en  forma  tal  que  no  haya  correspondencia  entre  lo  que  su texto dice y lo que aquéllos expresaron que  rezaba.   

4.   Se  desvía hacia el error de hecho  por  falso  juicio  de  existencia  por  suposición,  cuando  asegura que no se  acreditó  la  relación  causal  entre la conducta del procesado y el resultado  muerte,  vulnerando,  además, el principio de no contradicción, pues si acepta  que  los homicidios, tentado y consumado, fueron ocasionados con arma blanca, no  se  explica  que  afirme  que  lo fueron “con arma de  fuego”,  para  colegir que no existe “nexo  causal”  entre  la  acción  de su  defendido y la muerte y las lesiones.   

5.  Todo el discurso lo limita a oponerse  a  las  conclusiones  probatorias  del  Tribunal,  al  estilo  de  un alegato de  instancia,  desconociendo que las de éste prevalecen, por llegar la sentencia a  esta  sede  amparada por la doble presunción de acierto y legalidad, y a atacar  la  credibilidad  que le otorgó a los medios de convicción de los que infirió  que  el  procesado  fue  coautor  de los punibles por los que fue condenado, sin  percatarse  que esa discrepancia no constituye desatino demandable en casación,  ya  que  el  juzgador tiene libertad para apreciar la prueba, dentro del método  de  la  persuasión  racional  que  rige  en  Colombia,  sólo  limitada por los  postulados  de  la  sana  crítica,  cuyo  quebrantamiento  debe  denunciarse  y  desarrollarse  por  la  vía del error de hecho por falso raciocinio, camino que  no emprendió el casacionista.   

Frente a los anotados yerros de la demanda, se  impone  su  inadmisión,  de  acuerdo  con lo que disponía el artículo 226 del  Decreto  2700  de  1991, aplicable a este caso, pues la Corte, en acatamiento al  principio de limitación, no puede corregirlos.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  a nombre del procesado EDWAR  ERMEY   DUQUE  TORRES.  En  consecuencia,  se  declara  desierto el recurso interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso,  conforme  a lo que disponían los artículos 226, subrogado por el 9°  de  la  Ley 553 de 2000, y 197 del C. de P. P., (Decreto 2700 de 1991, aplicable  a este caso).   

Comuníquese y cúmplase.  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                            CARLOS   AUGUSTO   GALVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO               EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

CARLOS  EDUARDO  MEJÍA  ESCOBAR         NILSON    PINILLA  PINILLA                     

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria     

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