17750(06-08-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17750  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 89  

          Bogotá,   D.   C.,   seis   (06)   de   agosto   de   dos  mil  dos  (2002).   

VISTOS  

          Mediante  sentencia  del 11 de mayo de 2000, el Juzgado Único Penal  del  Circuito  Especializado de San Andrés declaró a los señores Wilson   Apráez  Muñoz  y  Moisés  Carlos  López  Ospina penalmente  responsables,  como  autores, de infringir el artículo 33 de la ley 30 de 1986,  modificado  por  el  17  de  la  ley  365  de  1997,  les  impuso  las sanciones  principales  de  64  meses  de prisión y multa de 100 salarios mínimos legales  mensuales  y la accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas por  igual lapso y les negó el subrogado de la condena condicional.   

          El  fallo  fue  recurrido  por  el  fiscal  delegado,  para  que  se  aplicara  el  agravante  del  artículo  38-3 de la ley 30, que no consideró el a quo, y el Tribunal Superior  de  San  Andrés  lo  confirmó el 13 de julio del mismo año, pero lo modificó  para  fijar  las sanciones principales en 10 años y 6 meses de prisión y multa  de  175  salarios mínimos. El 14 de agosto siguiente el defensor inicial de los  dos  sindicados  presentó  demanda  de  casación.  Lo  propio  hizo un segundo  apoderado de los procesados el 7 de septiembre.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Informes  de inteligencia pusieron en conocimiento de la Policía de  San   Andrés   que   los   señores  Wilson  Apráez  Muñoz  y  Moisés  Carlos  López  Ospina estaban en la Isla intentando vender una  sustancia  estupefaciente,  que  guardaban  en  la  residencia de ADA DEL CARMEN  CANTILLO  DE  LEÓN,  y  que  a  las  dos de la tarde del 13 de junio de 1998 la  trasladarían  a  otro  sitio.  Tras  vigilar el lugar, se dispuso el ingreso al  inmueble  de  la señora, en uno de cuyos cuartos se encontraron cuatro paquetes  con  cocaína.  En el sitio fueron capturados aquéllos, a quienes se interrogó  sobre  su  lugar  de residencia, a donde se dirigió la autoridad y halló siete  envoltorios    similares,    para    un   total   de   5.400   gramos   de   esa  sustancia.   

          Se  inició  la  respectiva  investigación,  los  imputados  fueron  escuchados  en  indagatoria,  se  resolvió  su  situación  jurídica y el 2 de  noviembre  de  1999  les fue proferida resolución de acusación como autores de  infringir  los  artículos 33 y 38-3 de la ley 30 de 1986. Apelada la decisión,  fue confirmada.   

          Los   acusados   solicitaron   el   trámite   de   la  sentencia   anticipada,   aceptaron  los  cargos,  y  en  virtud de ello el 11 de mayo de 2000 el Juzgado Único Penal del  Circuito  de  San  Andrés  profirió  el  fallo  ya  reseñado  que, recurrido,  originó  el del 13 de julio siguiente del Tribunal Superior que, con la reforma  mencionada,  lo  confirmó.  Dos  defensores  diferentes, cada uno de los cuales  representaba  a  los  dos  acusados,  presentaron  sendas demandas de casación.  Inicialmente  lo hizo uno a nombre de los dos y, luego, otorgado mandato a otro,  también lo hizo.   

LAS DEMANDAS  

          1°)  El  primer  defensor  formula  un cargo, con base en la causal  primera  de  casación,  porque,  dice, la sentencia violó una norma de derecho  sustancial,  pues  la  pena  inicial  de  64  meses  de  prisión y multa de 100  salarios  mínimos  legales,  fue  agravada  por  el Tribunal para dejarla en 10  años  y  seis  meses  y  175  salarios,  con  lo cual “se da al traste con la  REFORMATIO  IN PEJUS de un solo tajo”, infringiéndose así el artículo 31 de  la  Constitución,  en  virtud del cual “El superior no podía agravar la pena  cuando el condenado sea apelante único”.   

          En   consecuencia,   solicita   a  la  Sala  casar  la  sentencia  y  restablecer  el  derecho vulnerado  ordenando al Tribunal la revocatoria de  la medida impuesta.   

          2°)  El  segundo  apoderado  invoca  la  causal  tercera,  nulidad,  porque,  infringiendo el debido proceso y la libertad individual, los sindicados  fueron   aprehendidos   sin  que  existiera  orden  de  autoridad  judicial,  en  contravención al mandato constitucional del artículo 28.   

CONSIDERACIONES  

          La  sentencia  de  segunda  instancia se profirió el 13 de julio de  2000,  de  manera que la casación se rige por la normatividad vigente para este  momento,  que lo es la ley 553 de ese año, cuyo artículo 9°. -que subrogó el  226  del  Código  de  Procedimiento Penal de 1991 (Decreto 2.700)-, dispone que  “Si  el demandante carece de interés o la demanda no reúne los requisitos se  inadmitirá   y   se   devolverá   el  expediente  al  despacho  de  origen”.   

El numeral 3°. del artículo 8°. de la ley  citada  establece,  entre  los  requisitos  que  debe contener la demanda, “La  enunciación  de  la causal y la formulación del cargo indicando en forma clara  y  precisa sus fundamentos y las normas que el demandante estime infringidas”.   

Como  los  dos  escritos  carecen  de  esas  exigencias, el rechazo deviene obligatorio. En verdad:   

          Por    virtud    del    principio    de  prioridad,  inicialmente  la  Sala  se  ocupará de la  nulidad  planteada  en  la  segunda demanda.   

          Como  la  demanda  (o  “adición”  al  primer  libelo, según se  insinuó  en  el  mandato)  no  hizo  salvedad  respecto  de que las censuras se  proponían  de  manera subsidiaria, las dos infringen el principio lógico de no  contradicción,  por  cuanto,  de  una  parte,  se acusa al fallo de lesionar el  debido  proceso,  lo  que  traería  como  consecuencia la anulación del mismo,  mientras,  de la otra, se postula la búsqueda de una pena de menor rigor, cargo  que,  de  fructificar, implicaría la revisión de la sentencia para ajustarla a  derecho.  Si  lo  primero  supone  un  proceso viciado, y lo segundo un trámite  correcto  hasta  el  momento  en  que  es  proferido  el  fallo, la postulación  simultánea   de   las   dos  hipótesis  casacionales  conlleva  contradicción  intrínseca.   

          No obstante, dígase:   

La nulidad  

          1.  La sanción de nulidad está prevista exclusivamente para cuando  no  haya  otro remedio que pueda subsanar lo actuado y siempre que materialmente  resulten  afectadas  las  garantías  y/o  derechos  de los sujetos procesales o  resquebrajada  la  estructura  del  proceso.  Resulta  de  lo  anterior  que una  irregularidad  carente  de  tales  características,  no  equivale a nulidad. La  demostración  de  esas  necesidades es tarea que compete al casacionista, labor  que no fue cumplida por el defensor.   

          2.   La   nulidad,   como   motivo  de  casación,  es  obediente  a  determinados  requisitos,  que  deben ser puestos de presente por el impugnante.  Así  emana, sobre todo, de los artículos 16 (finalidad del procedimiento), 207  (causales  de  casación),  212  (requisitos  de  la  demanda de casación), 306  (causales  de nulidad), 309 (requisitos de la solicitud), 310 (principios que la  rigen:     trascendencia,    coadyuvancia,    convalidación,    subsidiariedad,  taxatividad,  etc),  del  Código de Procedimiento de 2000, similar a las normas  correspondientes del anterior estatuto, el Decreto 2700 de 1991.   

          Siendo  así,  el  solicitante de la anulación no puede mostrar sus  pretensiones  con  un  escrito  simple,  escueto e imperfectamente delimitado en  cuanto a cada una de las exigencias indicadas.   

En  sentido  contrario,  el censor tiene que  concretar  y  demostrar,  por  ejemplo,  el  yerro  o irregularidad material; la  ofensa  causada  a los derechos o al rito; la ausencia de ayuda de la parte a la  hipotética  irregularidad;  la  carencia  de  conformidad;  la imposibilidad de  enmendar  el  supuesto  vicio  por  otra  vía;  y,  desde  luego,  la ventaja o  beneficio   que   se  obtendría  con  la  anulación  y,  en  general,  con  la  retroacción de la investigación o del juicio.   

3.  El demandante, para argumentar su tesis,  afirma  que  la  captura  de  los sindicados fue ilegal porque no existía orden  escrita  previa  emanada  de  la  autoridad  judicial.  No obstante, ni siquiera  insinúa  la  eventual  trascendencia  de  la  afectación  en la estructura del  debido  proceso.  Por  el  contrario,  en  su  escrito  explica  que el tema fue  debatido  en  las instancias, en las que se concluyó que la lesión, si hubiera  existido,  se  habría  convalidado  pues  que  su  restablecimiento  debió ser  buscado por medio del habeas hábeas.   

          El   mismo   actor  reconoce,  entonces,  que  el  remedio  para  la  situación  que  esboza  no  es  la  nulidad pues que el propio legislador lo ha  previsto:  la  acción  de  búsqueda de libertad por captura ilegal y el habeas  corpus,  mecanismos  que, además, cuentan con su oportunidad procesal. No es la  casación,   entonces,   la   ocasión  para  sanear  un  proceso  con  aquellos  instrumentos  que  como  apropiados  para  tales efectos han sido previstos para  momentos procesales diferentes.   

Como  en  el  escrito no se expresa el deber  técnico-formal   que   tenía   el   actor  al  confeccionarlo,  se  impone  su  inadmisión.   

La   reformatio   in  pejus.   

Se contesta:  

1. En la demanda inicial, el defensor acude a  la  causal  primera  pero  se  limita  a  decir que se cobija en la violación a  “una  norma  de  derecho sustancial”. No expone, como era su obligación, si  refería su trabajo a la infracción directa o a la indirecta.   

2.  Tampoco es posible establecer, porque no  hay  insinuación, ni claridad ni precisión, cuál especie de una u otra era la  pensada,  por  ejemplo, en el primer caso, aplicación indebida, inaplicación o  interpretación  equívoca;  y,  en  el  segundo,  error  de  hecho –por  falso  juicio  de  existencia, de  identidad     o     falso     raciocinio-     o    de    derecho    –falso   juicio   de  legalidad  o  de  convicción-.   

3.   Como  por  virtud  del  principio  de  limitación  la  Corte no puede penetrar el escrito de la defensa para tratar de  desentrañar  cuál era el pensamiento de su autor, resulta imposible, entonces,  darle  vía  al  libelo  pues  que  emergería  imposible el estudio a fondo del  recurso.   

Finalmente,  dígase que el peculiar escrito  de  defensa es bien extraño. En efecto, apunta a violación del artículo 31 de  la  Constitución  Política,  cuando  de  la misma relación de las actividades  procesales  que  se  hace  en  la  demanda  surge  que  la  sentencia de primera  instancia  solamente  fue impugnada por el fiscal, quien buscaba se incrementara  la  pena. Pero no solo eso: el propio actor narra: “En este evento el apelante  único no es el condenado”.   

Y hasta bien podría decirse en torno a este  punto  que  por  partir  el  casacionista de un supuesto inexistente, el reclamo  surge  deslegitimado,  circunstancia  que  inclusive  daría  para pensar en que  carece de interés.   

Como  la demanda se halla bastante lastimada  porque  no cumple las exigencias a que alude la ley, se impone su inadmisión y,  desde  luego,  la  devolución  del expediente al despacho de origen, de acuerdo  con lo establecido en el artículo 9°. de la Ley 553 de 2000.   

Con base en lo expuesto, la Sala de Casación  Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

Inadmitir la demanda de casación presentada  por  la  defensa  de los señores  Wilson Apráez  Muñoz  y  Moisés  Carlos  López Ospina.   

Esta  decisión  no  admite  recurso alguno.   

          Comuníquese y cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA    POVEDA                        

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ     ARGOTE                                                           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO              ÉDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

CARLOS   E.  MEJÍA  ESCOBAR                              NILSON    E.    PINILLA  PINILLA                        

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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