16487(09-04-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 16487  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 39  

Bogotá,  D.C,  nueve  de  abril  de dos mil  dos.   

V I S T O S  

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal   de   la   demanda   de   casación   presentada  por  el  defensor  del  procesado    ALEJANDRO    ARENAS   GOMEZ  contra  el  fallo  de segundo grado de fecha diciembre 16 de 1998,  por  cuyo  medio  el  Tribunal Superior de Bogotá confirmó la  condena de  veinticinco  (25)  años  de  prisión  impuesta  por  el  Juzgado 8° Penal del  Circuito  de  la  misma  ciudad,  por  su  responsabilidad penal en el delito de  homicidio  de  que resultó víctima Aldo Wilson Villan  Vergel.   

HECHOS Y ACTUACION PROCESAL  

El  11  de  mayo  de  1997,  en  el inmueble  demarcado  con  el  No.  18-08  de la carrera 17 de esta ciudad, fue hallado sin  vida    el    cuerpo    de    Aldo   Wilson   Villan  Vergel,   a   quien   se  conocía  con  el  mote  de  “El   Paisa”,  con  signos  externos y recientes de  haber  sido  agredido  con armas corto punzante y de fuego. La autoría de tales  lesiones  fue  atribuida  desde  los albores de la investigación a ALEJANDRO  ARENAS  GOMEZ  con quien el hoy  occiso  sostuvo  momentos  antes del deceso un serio enfrentamiento que incluyó  agresiones tanto de palabra como de obra.   

Iniciada  la investigación y vinculado a la  misma  el  antes  nombrado,  un  fiscal  seccional mediante resolución de fecha  septiembre   9   de   1997,  que  fue  confirmada  por  el  fiscal  ad  quem  el 30 de octubre del mismo año,  lo  acusó  formalmente  por  su  presunta responsabilidad penal en el delito de  homicidio  en  su  modalidad simple de que trataba el artículo 323 del C. Penal  de  1980, modificado por el artículo 29 de la Ley 40 de 1993 (contemplado en el  nuevo Código Penal – Ley 599 de 2000- en el artículo 103).   

El Juzgado 8° Penal del Circuito de Bogotá  tramitó  el  juicio  y  mediante  sentencia  de  octubre 19 de 1998 condenó al  acusado  por  tal delito imponiéndole la pena principal de veinticinco años de  prisión,  fallo  adverso que fue confirmado por el Tribunal Superior de Bogotá  el   16  de  marzo  de 1999 al desatar el recurso de apelación interpuesto  tanto  por  el procesado como por su defensor, siendo este último quien acudió  ante la Corte en casación.   

LA DEMANDA  

Invocando la causal primera, cuerpo segundo,  del  artículo 220 del estatuto procesal penal vigente a la sazón, a través de  un  único  cargo  el demandante impugna el fallo de segunda instancia por haber  incurrido en  violación indirecta de la ley sustancial.   

La  “causal” según  lo  precisa,  proviene de error en la apreciación de las pruebas aportadas, que  de  contera condujo a la vulneración de la previsión contenida en el artículo  254 del estatuto procesal penal de 1991.   

Se  incurrió  en  error  de hecho por falso  juicio  de  identidad, señala en primer término el demandante, al “desestimar   la  veracidad”       de      los      siguientes  testimonios:   

1.-  El de Argemiro  Salazar  quien no sólo aseguró haber visto cerca del  occiso  un cuchillo “como de  la   cocina”  ,  sino  que  corrobora  la  postura del procesado cuando afirma que inicialmente fue agredido  con un arma de tales características.   

2.-  El  de  Jorge  Enrique  Romero  Maldonado  a quien le constaba que al  occiso  le habían prohibido el ingreso al edificio donde ocurrieron los hechos,  tanto   porque   portaba   revólver   como   porque   con   éste  “cogía  el edificio a plomo”.   Para  el  libelista,  este testimonio confirma la tesis de que quien portaba revólver era  el  occiso,  arma  que se disparó accidentalmente cuando la pretendió utilizar  en contra de su procurado durante la reyerta.   

3.-  El  de  Samuel  Alejandro  Medina,  que  resulta  coincidente  con  la  versión  del  procesado   en  dos  aspectos:  de un lado que fue el occiso  quien  lo  retó  a duelo y para ello le suministró arma blanca y, de otro, que  los  disparos  se  produjeron  durante  el  forcejeo en que se trenzaron los dos  contendores.   

El  otro  error  en  la  apreciación de las  pruebas,  según  el  actor,  tiene que ver con la experticia de absorción  atómica  que  si bien fue negativa para el occiso, nada hicieron los juzgadores  en  torno a la recomendación  que allí se contiene para que se ponderaran  las     implicaciones     del     hallazgo    relacionado    con    “altos  contenidos  de plomo”,  con  suministro incluso de un manual  de guía para la valoración de dicha prueba técnica.   

Finalmente,  en  cuanto  a los descargos del  procesado  que  encuentran  respaldo  en los testigos presenciales, el libelista  concluye  que  de  ellos  surge  que el “determinador       de       su       propia       muerte”   fue   el   occiso,   orientando   a  continuación  el argumento hacia la posición errada de la fiscalía durante la  causa  al  pretender  perjudicarlo  quizás para que el hecho no quedara impune,  con  desconocimiento  de que su función no sólo es la de acusar, sino también  la  de  pedir  absolución  bien por causales de justificación o inculpabilidad  ora  por  ausencia  de  pruebas que arrojen certeza sobre la responsabilidad del  imputado.   

Solicita,  por tanto, la casación del fallo  impugnado  para  que  se  profiera  sentencia  absolutoria y consecuentemente se  ordene la libertad incondicional de su defendido.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Ha sido insistentemente dicho por esta Corte  que  el  recurso extraordinario de casación no constituye una tercera instancia  o  instancia  adicional  a  las  ordinarias del trámite procesal por cuyo medio  puedan  plantearse aspectos finalísticamente orientados a lograr la continuidad  de  los  debates  fáctico  probatorios llevados a cabo y superados dentro de la  respectiva actuación procesal.   

Por  el contrario, este especial instrumento  de  control  eminentemente  rogado  corresponde  a  un juicio técnico jurídico  contra  el  fallo  de  segundo  grado  que  llega a esta sede ungido de la doble  presunción  de  acierto y legalidad, orientado a lograr su invalidación cuando  se  demuestre  que  la declaración de justicia allí contenida se apartó de la  voluntad de la ley.   

Tales  características  acarrean  para  el  demandante  la  obligación  de  demostrar  una  tal  ocurrencia  dentro  de las  precisas   exigencias   de  forma  y  contenido  que  la  normatividad  procesal  taxativamente  señala,  si  aspira  a  que  la  demanda  adquiera  virtud  para  franquear el estudio de fondo del tema o temas propuestos.   

En  al asunto que ahora concita la atención  de  la Sala, consultadas la presentación y fundamentación del único cargo que  plantea  el censor, sin dificultad se concluye  que la demanda incumple con  los  presupuestos  básicos  de admisibilidad que señalada el artículo 225 del  estatuto  procesal  penal  vigente  para  el  momento  de  la interposición del  extraordinario  recurso  (equivalente  al  212 de la ley 600 de 2000), atrayendo  para  sí  la  consecuencia  procesal  prevista en el artículo 226 ibídem  (213 del nuevo código), esto es,  su rechazo y consecuente declaratoria de deserción del recurso.   

Pues  bien,  si  se parte de sostener que la  sentencia  es indirectamente violatoria de la ley sustancial por haber incurrido  el  juzgador  en errores en la apreciación de la prueba, siguiendo la secuencia  de  la  demanda,  la  primera  falencia  que se advierte es que el demandante en  punto  de  la  norma  sustancial  transgredida  se  limita  a  señalar como tal  exclusivamente  el  artículo  254  del  estatuto  procesal  penal  de 1991, sin  reparar  que por su naturaleza instrumental o de norma medio, por estar referida  a  la  sana  crítica  como  método de valoración probatoria, carece de virtud  para  propiciar  el  debate en casación, en razón a que con meridiana claridad  la  causal  primera del artículo 220 del estatuto adjetivo que rige el presente  trámite     se    refiere    a    la    violación    de    una    “norma         de        derecho  sustancial”    y   no  procesal.   

Adicionalmente,  si  lo  que  pretendía  el  libelista  era  sustentar  la censura en los errores de hecho por falsos juicios  de  identidad  en  que  pudo  haber  incurrido  el  ad  quem   en   relación   con   los  testimonios  allí  señalados,  la  prueba  de absorción atómica o la misma indagatoria, a partir  de  los  cuales  no  podría atribuirse responsabilidad a su procurado porque lo  que    de    ellos    surge    es    que   el   occiso   fue   el   “determinador     de     su    propia  muerte”,   le  resultaba  imperativo,  además  de  individualizar  las  unidades  de  investigación  supuestamente  tergiversadas,  exponer  lo que material u objetivamente ellas muestran para confrontarlo con lo  que  de  su contenido presentó el juzgador, para evidenciar el desacierto de la  conclusión  que  en  relación  con  esos  medios  de  prueba contiene el fallo  atacado,  sin  dejar  de  relievar  que de no haber sido por dicho desatino otra  habría  sido  la  manera  de  decidir  el  juicio, conclusión esta a la que se  llegaría  después  de  ponderar  el  acervo  probatorio tenido en cuenta en la  sentencia y no afectado por los vicios argüídos.   

En  nueva  deficiencia  técnica  incurre el  actor,  porque  si  bien  individualiza  los  medios  de prueba que en su sentir  habrían  sido  desfigurados  por el sentenciador, en lugar de demostrar en qué  consistió  la  perversión  de  su contenido objetivo, termina cuestionando las  razones  por  las  cuales  el  Tribunal “desestimó    la    veracidad    de    los   testimonios”,   no   ponderó   la   presencia  de  “altos   contenidos  de  plomo”  en el cuerpo de la  víctima,  y  desestimó  los  descargos  del  procesado  en  relación  con las  circunstancias  en  que  se  produjo  el disparo mortal, todo ello para concluir  desde  su  personal  apreciación de la realidad fáctica que aquellos medios de  prueba  ofrecían  soporte  suficiente para una exoneración de responsabilidad,  modo  de  argumentar  este  que  lo  hace  incurrir en nuevo defecto técnico al  desviar  la  censura  al ámbito de un tipo de error probatorio distinto del que  apenas enuncia al desgaire y no desarrolla.   

Así  las cosas, a fuerza de incurrir en los  referidos  yerros,  la demanda se equipara a un alegato de instancia, contentivo  de  una  desordenada exposición de apreciaciones personales respecto de algunos  medios  de  prueba  que  pretende  hacer  prevalecer sobre las realizadas por el  fallador  de  segundo grado, modo de razonar de inadmisible postulación en sede  de  casación  si  se atiende a la libertad relativa de que gozan los juzgadores  para   apreciar  las  pruebas  y  asignarles  su  mérito  persuasivo,  limitada  únicamente  por  el  acatamiento  de  las  reglas  de  la  sana  crítica, cuya  transgresión ni siquiera menciona el censor.   

Los  anteriores defectos de orden técnico y  de  fundamentación,  que la Corte no puede enmendar por virtud del principio de  limitación  que gobierna este extraordinario recurso, imponen la inadmisión de  la  demanda  con  la  consiguiente  declaratoria  de  deserción del recurso, en  acatamiento  a  lo  dispuesto  en  el  artículo 226 del estatuto procesal penal  vigente  para el momento de la interposición del recurso (hoy, artículo 213 de  la ley 600 de 2000).   

Por  lo  expuesto,  LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

R E S U E L V E  

Inadmitir la demanda de casación presentada  por   el   defensor  del  procesado  ALEJANDRO  ARENAS  GOMEZ,  por  las  razones  expuestas  en  la  anterior  motivación. En consecuencia, se declara desierta la impugnación.   

Contra   este   auto  no  procede  recurso  alguno.   

Cópiese, cúmplase y devuélvase al Tribunal  de origen.   

ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE    E.   CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS          CARLOS  A.  GÁLVEZ  ARGOTE                

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO               EDGAR LOMBANA  TRUJILLO               

CARLOS   E.   MEJÍA  ESCOBAR                                                                                     NILSON         PINILLA  PINILLA                    

TERESA RUIZ NUÑEZ  

SECRETARIA  

    

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