10616(16-05-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 10616  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 53  

          Bogotá, D. C.,  dieciséis (16) de  mayo de dos mil dos (2002).   

          Decide  la  Corte  el recurso de casación interpuesto en defensa de  PEDRO    ALFONSO   CHAPARRO   RODRÍGUEZ  contra  el fallo de enero 25 de 1995, mediante el cual el Tribunal  de  Villavicencio  confirmó  la  sentencia dictada por el Juzgado 4º Penal del  Circuito  de  esa  misma  ciudad,  que  condenó  al mencionado y a WILLIAM  ANÍBAL MÁRQUEZ PENAGOS a la pena  principal  de  diecisiete  (17) años de prisión, como coautores de los delitos  de    homicidio   agravado   y   hurto   calificado   agravado   en   grado   de  tentativa.   

          HECHOS   

          En  la  noche  del  19  de  agosto  de  1991, el Dragoneante William  Francisco  Rojas  Rojas retuvo a PEDRO ALFONSO CHAPARRO  RODRÍGUEZ,  pues  observó  que  a  la  estación  de  servicio  “Dicol  Ltda.”,  ubicada  en  el  barrio  Montecarlo  en las afueras de Villavicencio, ingresó a  alta  velocidad  un vehículo de servicio público, instantes después, escuchó  una   detonación  de  arma  de  fuego  y  se  percató  cuando  dos  individuos  descendieron  en  forma  presurosa  del automotor por puertas diferentes. Uno de  los  ocupantes  emprendió la huída, revólver en mano, por la vía que conduce  a  Villavicencio,  en  tanto  que  el  otro, avanzó por la carretera a Acacias,  quien  seguido  por  el uniformado fue finalmente aprehendido sin encontrársele  elemento  bélico  alguno  en  su poder.   El capturado se identificó  como  PEDRO  ALFONSO  CHAPARRO  RODRÍGUEZ.    

          En las diligencias se estableció que el  citado  en  compañía  de  WILLIAM  ANÍBAL  MÁRQUEZ  PENAGOS   había  abordado  momentos  antes  el  taxi  conducido  por Fredy Evelio Rodríguez Rivera, quien al percatarse del inminente  atraco  pretendió  obtener  auxilio ingresando al referido local, pero antes de  recibir  ayuda  uno  de  los  asaltantes  le  ocasionó  la herida que causó su  deceso.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          1.   El  Juzgado  4º de Instrucción Criminal de Villavicencio  en  auto  de  agosto  20  de  1991,  decretó  la apertura de la investigación,  escuchó   en   indagatoria   al   retenido   CHAPARRO  RODRÍGUEZ  y  resolvió su situación jurídica el 27  de  agosto  siguiente, afectándolo con detención preventiva como cómplice del  delito de homicidio.   

              El     implicado     WILLIAM  ANÍBAL MÁRQUEZ PENAGOS, por otra  parte,  una vez emplazado fue declarado persona ausente mediante decisión en la  que   se   le  designó  el  defensor  de  oficio  con  quien  prosiguieron  las  diligencias.   

          Clausurada  la etapa instructiva, en auto fechado noviembre  27  de   1991,   el   referido   Juzgado   acusó   a  los  sindicados  MÁRQUEZ    PENAGOS    y    CHAPARRO  RODRÍGUEZ, en calidad de autor y  cómplice,  respectivamente, del homicidio consumado en Freddy Evelio Rodríguez  Rivera.    De   este  pronunciamiento  conoció  el  Tribunal  Superior  de  Villavicencio  en  virtud  del recurso de apelación presentado por el apoderado  del  último  mencionado, y en providencia del 21 de mayo 1992, lo confirmó con  la  modificación  en  el sentido de deducirles a ambos implicados la coautoría  en  el  homicidio,  agravado por la circunstancia prevista en el numeral 2º del  artículo  324  del  Código  Penal  anterior, a quienes les derivó además, en  concurso  de  conductas  punibles,  el  delito  de  hurto calificado agravado en  modalidad  de tentativa (artículos 350 1º y 351-6º,  9º y 10º ibídem).   

          2.    El  Juzgado  4º  Penal  del  Circuito  de  Villavicencio  celebró  la audiencia pública, y en fallo del 15 de octubre de 1993 condenó a  los  acusados,  en  consonancia  con  la  acusación, a la pena principal atrás  precisada,  decisión confirmada el 25 de enero de 1995 por el Tribunal Superior  de    Villavicencio,    al    desatar    la   apelación   presentada   por   la  defensa.   

          Inconforme     el    acusado    CHAPARRO  RODRÍGUEZ,   interpuso   el   recurso  de  casación  sustentado en forma oportuna por su apoderado.   

LA DEMANDA  

          Al  amparo  de  la causal primera, cuerpo segundo, del artículo 220  del   Código  de  Procedimiento  Penal  anterior,  el  defensor  del  sindicado  CHAPARRO  RODRÍGUEZ acusa la  sentencia  del  Tribunal  de  ser  violatoria,  en  forma  indirecta,  de la ley  sustancial   “por  error  de hecho, respecto del  homicidio  agravado,  ordinal  2º del artículo 324”  del derogado Código Penal.   

          En   la  deshilvanada  sustentación  de  esta  única  censura,  el  demandante   señala  que  el  fallador  “ignoró  la  existencia       de       duda      razonable    respeto    de    quien    fue    que    cometió    el  homicidio”,  pues  las  pruebas recaudadas no permiten  imputar  a  su  asistido  la  autoría  material  de  la  muerte  del  conductor  Rodríguez     Rivera.   

           Con  esta  orientación  argumentativa  resalta  de  antemano,  que  de  conformidad  con  el dictamen de medicina legal  contenido  en la diligencia de autopsia, la víctima recibió un solo impacto de  bala,  efectuado  por  uno  de  los  dos  ocupantes  del  automotor,  sin que el  testimonio   del   agente   William   Rojas  Rojas,  trascendental  “para  resolver,  el  presente  asunto,  arroje  claridad  sobre  la  autoría  material del ilícito porque exteriorizó  dudas  sobre la identidad de quien realizó el disparo, incertidumbre igualmente  advertida  por  el  censor  en  las  declaraciones de Juan de Dios Daza Pulido y  José  Antonio  Oyola.  Así las cosas, concluye el casacionista, el único  que   puede  dilucidar  este  específico  aspecto  es  el  propio  CHAPARRO  RODRÍGUEZ, cuya versión resulta  veraz  de  conformidad  con las reglas de la sana crítica, pues incluso bajo la  gravedad  del  juramento  le atribuyó ese proceder a su compañero MÁRQUEZ PENAGOS.   

          Arguye  más adelante, que el mencionado Policía clarificó en todo  caso,  “que  la razón no era cometer el homicidio,  sino  hurtar  el  vehículo”,  coincidiendo en dicho  punto  con  los  fallos  de  instancia,  donde  se  afirmó  que el deceso de la  víctima  Rodríguez Rivera ocurrió por el propósito comprensible de aquél de  defender su patrimonio.     

          En  este  orden  de  ideas,  concluye el  libelista,  el  ad  quem quebrantó indirectamente el artículo 445 del derogado  estatuto  procesal  penal  al  desconocer las dudas sobre el autor del disparo y  “desfigurar la evidencia de las pruebas recaudadas,  las  cuales  ninguna  de  ellas,  señala que CHAPARRO RODRÍGUEZ”  hubiese ejecutado dicho proceder.  Por lo anterior, afirma el  censor,   el   “Tribunal  ignoró  las  dimensiones  objetivas  del  hecho,  constituyéndose un error manifiesto de hecho, por falso  juicio  de  identidad”, pues no tuvo en cuenta que la  coautoría  sólo  era  admisible  para  el  hurto,  toda ve que tratándose del  homicidio  “no  figura  en  ninguna  de las pruebas  recaudadas”.             

          En  los acápites finales del escrito el  defensor  insiste  en  acusar  la violación indirecta de la ley sustancial, por  aplicación  indebida de los artículos 23, 25, 26 y 61 del Código Penal, y 247  del  estatuto  procesal  penal.   Precisa en relación con la primera norma  citada,   respecto  de  su poderdante, que “fue  suficientemente    dilucidada    la    duda    sobre    su    autoría   en   el  homicidio”,  para agregar a renglón seguido que tal  hecho    no    fue    premeditado    por    CHAPARRO  RODRÍGUEZ,  quien  ignoraba  la  acción eventual que  realizaría  su  compañero  de  hurto.  Por último, en cuanto al referido  artículo  26 del Código Penal, el demandante advierte que la acción de aquél  “inicial  y posterior a los hechos fue el hurto, no  cometer un homicidio”.   

          Con  los  anteriores  fundamentos  colige  que  la condena ha debido  restringirse      a     la     tentativa     de     hurto     califi­cado  agravado  y,  solicita a la Corte  que   case  parcialmente  el  fallo  ajustando  “la  punibilidad    a    los    hechos    probados   en   el   proceso”.   

CONCEPTO  DEL  MINISTERIO PUBLICO   

          El  Procurador Segundo Delegado advierte en la demanda la existencia  de  graves  e  insalvables  deficiencias  de  orden  técnico  que determinan su  desestimación.   

          Así,  en  la  disertación  el defensor pretende mostrar a la Corte  que  el  Tribunal  incurrió en un error de hecho por falso juicio de identidad,  pues  considera  que  en  el  proceso  no  existe certeza sobre la coautoría de  CHAPARRO  RODRÍGUEZ  en  la  comisión  del  delito  de  homicidio.   Pero la claridad del impugnante en  estas  premisas  se  diluye,  cuando  sin  intentar la demostración del dislate  alegado,  se  dedica  por completo a cuestionar la valoración que se hizo en la  sentencia  recurrida  de  los  elementos  de  persuasión  allegados al proceso,  pasando   por   alto  que  nuestro  sistema  probatorio  está  sometido  a  los  lineamientos  de  la  sana crítica, en modo alguno desconocidos en el ponderado  estudio de los indicios que soportan la condena.   

          Encuentra   el  Delegado  que  el  desacierto  del  actor  se  torna  mayúsculo  al  creer  que a su defendido se le condenó como autor material del  homicidio  investigado,  desconociendo  la  realidad  procesal  y,  por ende, el  fenómeno  jurídico  de la coautoría impropia, fácilmente deducible del fallo  de  segundo grado, que permite colegir, como ocurre en estas diligencias, que si  bien  uno  sólo  de  los  dos  delincuentes  disparó  contra  la  víctima, su  compañero  se  hizo  partícipe  de  la  actividad  delictiva en una manifiesta  unidad  de  propósito,  donde para el apoderamiento del vehículo se asumió la  eventual utilización del arma.   

          En  este  orden  de  ideas,  como  el  demandante pretende tan sólo  imponer  su  propia  tesis  acerca  de la autoría en la comisión del delito de  homicidio,  el  Procurador  sugiere  a  la  Sala desechar el cargo y no casar el  fallo impugnado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

                 1.          Cuestión  preliminar.   

         

          La  Sala  advierte  que  como  consecuencia  del tiempo transcurrido  desde  la  fecha  en  la cual alcanzó firmeza la providencia enjuiciatoria, sin  culminar  el  proceso  con  fallo  ejecutoriado,  se generó la extinción de la  acción  penal  derivada  de  la comisión del delito de hurto calificado por la  violencia  y  agravado de conformidad con las causales entonces previstas en los  numerales  6º,  9º  y  10ª  del  artículo  351  del  Código Penal anterior,  imputado   por   el   Tribunal   Superior  de  Villavicencio  a  los  procesados  CHAPARRO   RODRÍGUEZ   y  MÁRQUEZ PENAGOS, en grado de  tentativa,  cuando  revisó  por  vía  de  alzada  la calificación del mérito  probatorio del sumario.   

A  esta  conclusión  se arriba, bien que se  considere  el  lapso  prescriptivo  de  conformidad  con  las  disposiciones del  Código  Penal anterior o al tenor de las normas contenidas en el actualmente en  vigencia,  pues  resulta  idéntico  frente  a  ambos  estatutos,  no  sólo  al  contemplarse  en  ellos  para el aludido ilícito un mismo máximo de pena, sino  también,  ante  la  coincidencia en el cómputo del tiempo requerido para dicho  efecto.   Lo  anterior,  no  sobra  indicar,  en manera alguna sustrae a la  Corte  de  la  definición  del  recurso  extraordinario  interpuesto,  pues  la  potestad  punitiva  del  Estado  se mantiene incólume tratándose del homicidio  agravado  deducido  a  los  acusados,  al  que se contrajo además la demanda de  casación   presentada   en   defensa   de   CHAPARRO  RODRÍGUEZ.   

Partiendo  de  tales  precisiones,  téngase  presente  que el delito de hurto calificado, de conformidad con el artículo 350  del  Código Penal de 1980, norma vigente para la época del ilícito materia de  investigación  y  juzgamiento  en  estas  diligencias, tenía señalada la pena  privativa  de  la  libertad  de  dos  (2)  a  ocho  (8)  años  de prisión, que  incrementada   en   la   proporción  señalada  ante  la  concurrencia  de  las  circunstancias  agravantes  del  artículo  351 ibídem y morigerada a su vez en  los  términos previstos para la tentativa en el artículo 22 ejusdem, cifra los  lindes   punitivos   de   catorce   (14)   meses  a  nueve  (9)  años,  máximo  correspondiente   al   que  resultaría  imponible  también  al  tenor  de  los  artículos 27, 240 y 241 de la Ley 600 de 2000.   

           Ahora bien, ejecutoriada la resolución  acusatoria,  a  partir  de  entonces corrió el término de prescripción por un  lapso  igual  a la mitad del máximo punitivo atrás determinado, no inferior en  todo  caso  a  cinco  años  (artículos  84 del Código Penal anterior y 86 del  actual),  tiempo  que  por  consiguiente  es  el  aquí  atendible y que habría  vencido  el  22  de  mayo  de  1997,  conforme  se  establece  del simple cotejo  cronológico  a  partir  de  la  fecha  en la cual alcanzó firmeza el pliego de  cargos   (fs.15  y  ss.,  cd.  Tribunal).   

          2.   Cargo  único.   

          La   demanda   presentada  en  defensa  del  procesado  CHAPARRO  RODRÍGUEZ  adolece de evidentes  deficiencias  técnicas  que no puede subsanar la Corte por virtud del principio  de  limitación  que  rige  la  impugnación  extraordinaria,  y  que determinan  entonces  la  falta  de  prosperidad  del  reproche  erigido al fallo de segunda  instancia,   como   advierte   con   indiscutible  acierto  el  Delegado  de  la  Procuraduría y pasa a considerar la Corte.   

          2.1   En  efecto,  el  actor  en  el  presente asunto alegó la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, pero al enunciar la proposición  jurídica  con  la  que  pretende  derruir  la decisión del Tribunal, acusó la  infracción  de  una  norma  despojada de dicho carácter y de índole netamente  procesal,  concretamente,  del  artículo 247 del derogado estatuto instrumental  penal,    que    señalaba    las    exigencias   probatorias   del   fallo   de  condena.   

           El  libelista  también  invocó,  sin  ninguna  relación  con  el  reparo  formulado  y  su  desarrollo argumentativo,  orientado  antitécnicamente,  como  se  precisará más adelante, a plantear la  duda  respecto  de  la  coautoría  de  su  representado  en  la  comisión  del  homicidio,  el  quebranto  mediato  de  los artículos 26 y 61 del Código Penal  anterior,  que  fijaban  los  criterios  y parámetros en la dosificación de la  sanción,  sugiriendo  con tal propuesta, en forma por demás contradictoria, la  inconformidad   no   con   la   naturaleza  del  fallo  recurrido  sino  con  la  individualización    de    la   pena   impuesta   al   sindicado   CHAPARRO  RODRÍGUEZ,  tanto  así  que en  relación  con  el  segundo  precepto  citado adujo la necesidad de “resarcir  la  violación” sin perder  de  vista  que  de conformidad con él “los aumentos  deben  originarse  teniendo  en cuenta la culpabilidad del agente”,  para  reclamar  finalmente  a  la  Corte un fallo de sustitución  “en  el  sentido  de  ajustar  la punibilidad a los  hechos probados en el proceso”.   

          En cambio, ninguna alusión se observa en  el   libelo   a  la  norma  sustancial  que  define  la  conducta  punible  cuya  realización  por  parte  del  acriminado  se  rechaza,  pues el casacionista se  conformó  con acusar la trasgresión del numeral 2º del artículo 324 ibídem,  señalamiento  con  el  que  parecería  que el desatino endilgado al ad quem lo  circunscribe  entonces a la deducción de la circunstancia agravante contemplada  en dicho norma.   

          2.   Además de las impropiedades anteriores que desdicen de la  claridad   y   precisión  exigida  en  la  formulación  de  la  propuesta,  el  casacionista  le  imputó  al  Tribunal  la  incursión en el error de hecho por  falso  juicio  de identidad, que no intentó demostrar siquiera en su realidad e  influjo  frente  a las conclusiones del fallo censurado, pues la fundamentación  del  reproche  se  tradujo,  como  destaca  la  Procuraduría,  en  el análisis  interesado  y  parcial  de  los elementos de persuasión allegados al proceso, a  partir  del  cual  afirma  la  existencia  de  una duda insalvable en torno a la  autoría    material    del    sindicado    CHAPARRO  RODRIGUEZ  en  la comisión del homicidio investigado,  tesis   que   finalmente   opone   a   las   conclusiones   probatorias  de  los  juzgadores.   

          Alude  así  a  la  diligencia  de  autopsia,  a  los testimonios de  William  Rojas Rojas, Juan de Dios Pulido y José Antonio Oyola, como también a  la     indagatoria     del     implicado    CHAPARRO  RODRÍGUEZ,  pero  no  para  atribuir a los falladores  algún  desacierto  de  hecho o de derecho en la apreciación de tales medios de  persuasión,  menos  aún,  el  falso  juicio  de  identidad  argüido,  que  se  configura  cuando el juzgador tergiversa la significación objetiva de la prueba  asignándole  un  sentido  que  no  le  corresponde,  sino  para  extraer  de la  estimación  individual  y  conjunta de los elementos probatorios enunciados dos  específicas  conclusiones,  en  concreto,  la  de haber recibido la víctima un  solo  disparo  y  la  falta de certeza sobre la autoría material del homicidio.   

          Frente  a  este discurrir argumentativo, sea lo primero indicar, que  de  acuerdo  con  el  reiterado  criterio  de  la  Sala,  cuando  se  propone la  infracción  del principio in dubio pro reo, conforme fue aquí enunciado por el  libelista  en  la  mayor  parte  de sus alegaciones, la vía del ataque será la  violación  directa  del  precepto  sustancial  que lo contempla, si el fallador  reconoce   en  la  providencia  recurrida  la  existencia  de  la  incertidumbre  probatoria  y  a  pesar de ello profiere la condena.  En cambio, la censura  deberá  orientarse  también  al  amparo  de  la  causal  primera,  pero por el  quebranto  indirecto,  cuando los sentenciadores llegan a desconocer el referido  postulado   a   través   de   una   desatinada  apreciación  de  las  pruebas,  correspondiéndole  entonces  al  actor  constatar  en su realidad e incidencia,  tratándose  del  error  de hecho que interesa para los actuales fines, bien por  la  distorsión  de  sus  contenidos fácticos, la suposición o preterición de  las  mismas  o  una valoración alejada de los lineamientos de la sana crítica,  deber  al  que por lo anotado, se sustrajo el demandante en el libelo examinado.   

          De  otra parte, el recurrente además de dejar traslucir la indebida  pretensión  de  reabrir  en  esta  sede  el  debate  probatorio  agotado en las  instancias  con la aspiración que su interesada tesis sea avalada por la Corte,  partió  de  afirmaciones que no consultan la realidad del análisis que brindó  fundamento  al fallo impugnado, que por su carácter confirmatorio del de primer  grado  integra  con  éste  unidad  jurídica.               Ciertamente,  todas  las  consideraciones  del  actor  se  perfilan  a  demostrar que a la víctima le fue  ocasionada  una sola herida, pero además, que de las pruebas incorporadas a los  autos  no puede discernirse con certeza quien realizó materialmente el disparo,  pasando  por  alto  que ese primer hito aludido fue predicado por los falladores  con  estricto  apego  a los resultados de la autopsia; mientras que con respecto  al   segundo,   los   juzgadores   con  indiferencia  frente  a  su  específico  esclarecimiento   concluyeron   la   perpetración  del  homicidio  agravado  en  coautoría impropia.   

          En  efecto,  el  a  quo  dando  réplica a similares argumentaciones  presentadas    por    el    apoderado   de   CHAPARRO  RODRÍGUEZ en la audiencia pública, sobre dicho punto  precisó  que  “atendiendo al designio criminoso que  constituye  una  unidad  de  empresa  criminal,  por  lo  que el Despacho estima  inadmisible  las  alegaciones de que Chaparro no fue quien disparó; pues sabido  es,  que  si  los  dos procesados quisieron atentar contra el patrimonio, el que  conllevaba  necesariamente  el  riesgo  del atentado contra el vida, son los dos  acusados  coautores  de  los  punibles,  y  por  lo mismo no cabe jurídicamente  escindir  responsabilidad  a  nivel  individual” (f.  330, cd. 1).   

          Con  el  mismo  derrotero razonó el ad quem, cuando coligió en los  sindicados  la  comunidad  en  el  propósito delictivo, de manera que  con  prescindencia  también  del  esclarecimiento  de  la  ejecución  material  del  homicidio,    señaló    que    frustrado    el    hurto    por    “el   taxista  con  su  osada  maniobra  y él como es obvio  podía  dar  fe  de  ese  delito  y señalar a los autores, éstos, con absoluto  menosprecio  por  la  vida  de su semejante y como un seguro de la impunidad del  hecho  de  que  era  él  testigo,  decidieron  quitarle  la vida y emprender la  huída,  logrando  ser  capturado  solamente  CHAPARRO.  Luego esta acción  homicida  se  considera como la manera de propiciar la impunidad de su frustrado  propósito  de  atentar  contra  el  patrimonio  representado  en los bienes que  portaba     el    taxista    y    en    el    mismo    vehículo    que    éste  conducía…”     (fls.  61  y  62,  cd.  Tribunal).   

          En  síntesis,  con  las  deficiencias  en  la  postulación  de  la  censura,  el demandante se sustrajo en forma ostensible al deber de demostrar la  existencia  de  errores  trascendentes en la apreciación probatoria, para hacer  consistir   el   endilgado   desatino  simple  y  llanamente,  en  la  falta  de  coincidencia  de  los  juzgadores  con sus personales apreciaciones.    Así las cosas, el cargo examinado no prospera.   

          3.  Ajuste de la pena.   

La   prescripción  de  la  acción  penal  tratándose  del  delito de hurto calificado agravado en modalidad de tentativa,  que  determina  la  consecuente  cesación  de procedimiento en relación con el  mismo,  obliga a la Corte a efectuar el correspondiente ajuste de la pena que en  definitiva  deben  descontar  los  procesados  CHAPARRO  RODRÍGUEZ   y   MÁRQUEZ  PENAGOS,  con obvio respeto de los parámetros fijados  en los fallos de instancia.   

En  este orden de ideas, como el juzgador en  la  represión  del  concurso  de  conductas  punibles  partió  del  mínimo de  dieciséis  (16)  años  de  prisión señalado para el homicidio agravado en el  original  artículo 324 del anterior Código Penal, en dicho monto se fijará la  pena  definitiva  prescindiendo del incremento de un (1) año que por razón del  conato de hurto calificado agravado les había sido derivado.   

Resta   precisar   que,   “como  la  cesación  de  procedimiento  se  dicta por una causal  eminentemente  objetiva  (prescripción de la acción penal), la sentencia queda  en  firme  en  la  misma  fecha  de  su  adopción,  porque  el fallo de segunda  instancia  no  se  sustituye  o  reemplaza,  conforme  con  la  literalidad  del  artículo  187,  inciso  2º de la Ley 600 de 2000, que en tal sentido compagina  con  el artículo 197 del anterior Código de Procedimiento Penal, sin perjuicio  de  la  notificación  para  dar a conocer la primera determinación adoptada en  esta decisión compleja…”.   

Por  lo  anterior,  esta  sentencia  queda  ejecutoriada  en  la  fecha  de  su  firma  y  contra  ella  no  procede ningún  recurso.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

          RESUELVE   

1.  DECLARAR la  prescripción  de  la  acción  penal  respecto  del  delito de hurto calificado  agravado  en modalidad de tentativa.  Por razón del mismo, se ordena cesar  procedimiento  a  favor de los procesados PEDRO ALFONSO  CHAPARRO  RODRÍGUEZ y WILLIAM  ANÍBAL MÁRQUEZ PENAGOS.   

2.    En  consecuencia,  los  sindicados  PEDRO ALFONSO CHAPARRO  RODRÍGUEZ  y WILLIAM ANÍBAL  MÁRQUEZ  PENAGOS quedan condenados a la pena principal  de  dieciséis  (16)  años  de  prisión, en lugar de los diecisiete (17) años  impuestos en las instancias.    

3.  NO CASAR la  sentencia    impugnada    en    relación    con    el   delito   de   homicidio  agravado.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal origen. Cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS               JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO   

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                   CARLOS  E.  MEJÍA  ESCOBAR                 

NILSON PINILLA PINILLA  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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