STP454-2020

2020

Asistente Jurídico Inteligente

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JOSÉ  FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

Magistrado  Ponente  

STP454-2020  

Radicación  No. 104335  

Acta n.° 7  

Bogotá  D.C., veintiuno (21) de enero de dos mil veinte (2020)  

Decide  la Sala el recurso de impugnación interpuesto por Mónica  Isabel Sánchez Andrade, por  medio de apoderado judicial, contra el fallo de tutela proferido por  la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Santa  Marta el 8 de noviembre de 2019,  que  negó por improcedente el amparo constitucional interpuesto  contra la Fiscalía  31 Seccional de Santa Marta y  el  Juzgado Cuarto Penal Municipal con Función de Garantías  de la misma ciudad.  

A  la presente actuación se vinculó de oficio a la  Fiscalía 17 Seccional de Santa Marta, Registraduría  Nacional del Estado Civil, Juzgado 3° de Familia de Familia de  Barranquilla, Fiscalía 26 Local de Barranquilla1,  Centro de Servicios Judiciales del Sistema Penal Acusatorio de Santa  Marta2  y a las partes e intervinientes dentro de la actuación penal  seguida bajo el radicado 47 001 600 1020 2018 00632.  

De  igual manera, se integró el contradictorio con los ciudadanos  Miladys María Pérez Gamarra, Martín Enrique  Sánchez Anaya y la adolescente M.L.L.S.3,  conforme lo dicho en providencia ATP762-2019 del 21 de mayo del  presente año4.  

ANTECEDENTES  

Y  

FUNDAMENTOS  DE LA ACCIÓN  

Así  fueron sintetizados en el fallo constitucional de primera instancia5:  

2.1.1. El 3 de  febrero del 2006 el señor ALVARO ANGEL LUNA y la señora  MÓNICA SANCHEZ ANDRADE, registraron a la menor MARTHA LILIANA  LUNA SÁNCHEZ en la Registraduría del Estado Civil de  Santa Marta, bajo el serial N°39484328 – NUIP 1082873389.  

2.1.2. La  señora SÁNCHEZ ANDRADE en representación de la  menor MARTHA LILIANA LUNA SÁNCHEZ, presentó demanda de  alimentos en la ciudad de Barranquilla contra el señor ALVARO  ANGEL LUNA AGUIRRE, la cual se tramitó en el Juzgado Tercero  de Familia de Barranquilla.  

2.1.3. El señor  ALVARO ANGEL LUNA Instauró denuncia penal por Fraude Procesal  contra la hoy accionante, por la existencia de doble registro civil,  ante la Fiscalía 31 seccional de Santa Marta, bajo el radicado  47-001-60-01020-201800632.  

2.1.4. La  Fiscalía 31 seccional de Santa Marta, requirió a la  accionante el día 31 de julio de 2018 para realizar diligencia  judicial de entrevista respecto a la denuncia de Fraude Procesal.  

2.1.5.  Manifestó la señora SÁNCHEZ ANDRADE que el  Juzgado 4° Penal Municipal con Funciones de Control de Garantías,  de manera perentoria ordenó la cancelación del registro  civil de indicativo serial 39484328, NUIP 1082873389, de la menor  MARTHA LILIANA LUNA SANCHEZ, en la audiencia de restablecimiento de  derecho, con violación al derecho del debido proceso, toda vez  que no existió notificación de las partes para asistir  a mencionada audiencia. Asimismo indicó la accionante que el  Juez no era el competente para ordenar la cancelación del  Registro de indicativo serial 39484328- NUIP 1082873389.  

2.1.7.  Estableció la accionante que las medidas cautelares existentes  dentro del proceso de alimentos instaurados ante el Juzgado tercero  de Familia de Barranquilla se levantaron con la orden de cancelación  del registro civil indicativo serial 39484328.  

EL  FALLO IMPUGNADO  

La  Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Santa  Marta, mediante decisión adoptada el 8 de noviembre del año  en curso, negó por improcedente el amparo constitucional  impetrado por Mónica  Isabel Sánchez Andrade, por  medio de apoderado judicial, al considerar que en el caso de interés  no se cumplieron los requisitos generales previstos para la  procedencia de la acción de tutela contra providencias  judiciales, toda vez que no se agotaron los medios ordinarios de  defensa disponibles para el efecto, esto es, la parte recurrente no  interpuso los recursos de ley contra el auto interlocutorio de fecha  29 de agosto de 2018, por el cual se ordenó la cancelación  del registro civil de indicativo serial 39484328, NUIP 1082873389.  

Aunado a lo  expuesto, el juez colegiado de conocimiento primigenio indicó  que la promotora de la súplica constitucional contó con  la oportunidad procesal para interponer el recurso de la apelación  contra el auto en cita y/o promover petición de nulidad,  siendo este, el momento en que se le notificó la determinación  judicial que censura por vía de amparo constitucional.  

Por  otra parte, señaló la Colegiatura que en virtud de lo  previsto en el artículo 22 de la Ley 906 de 2004, la Fiscalía  General de la Nación y los jueces de la República  tienen la obligación legal de adoptar todas las medidas  necesarias para hacer cesar los efectos generados por la conducta  punible investigada, en aras de restablecer los derechos  quebrantados, por lo cual, se descarta la falta de competencia del  juez de control de garantías accionado que eleva como reproche  la parte activa.  

LA IMPUGNACIÓN  

Inconforme  con la anterior determinación, la parte actora la impugnó  dentro del plazo legal,  elevando como pretensión sustancial su revocatoria, para que  en su lugar, se amparen los derechos fundamentales al debido proceso,  debida notificación de las providencias judiciales, interés  prevalente de los derechos de los menores, derecho de defensa y  acceso a la administración de justicia, y en consecuencia, se  ordene realizar nuevamente la audiencia de restablecimiento de  derechos ante el Juzgado accionado, con la intervención de la  Defensoría de Familia, la Defensoría del Pueblo y la  Procuraduría General de la Nación a través de la  delegada para asuntos de familia.  

En  sustento de su recurso de impugnación, el censor alegó  i) que el Tribunal a  quo no realizó  un análisis detallado de los hechos que soportan el presente  medio de control constitucional, desconociendo los intereses  prevalentes de los menores de edad y, ii) los medios ordinarios de  defensa procedente en contra de la decisión objeto de censura  por vía constitucional sólo podían ser  desplegados en el desarrollo de la audiencia de restablecimiento del  derecho.  

CONSIDERACIONES  DE LA SALA  

            

1. De          conformidad con lo normado          en el artículo 32 del Decreto 2591 de 1991, esta          Sala es competente para resolver el recurso de impugnación          interpuesto por Mónica          Isabel Sánchez Andrade, por          medio de apoderado judicial contra el fallo de tutela de primera          instancia proferido por la Sala Penal del Tribunal Superior del          Distrito Judicial de Santa Marta,          al ser su superior funcional.  

            

2. De          conformidad con los términos previstos en el líbelo          tutelar, se tiene que el problema jurídico que convoca a la          Sala, consiste en determinar si se quebrantaron los          derechos de rango constitucional invocados por la parte accionante a          favor de la menor M.L.L.S. en la audiencia de restablecimiento de          derechos adelantada el 29 de agosto de 2018 por el Juzgado          Cuarto Penal Municipal con Función de Garantías de          Santa Marta dentro          de la actuación penal de radicado 47 001 60 01020 2018 00632,          oportunidad en la cual se ordenó cancelar el registro civil          de indicativo serial 39484328 NUIP 1082873389 correspondiente a la          adolescente en cita y,          en consecuencia, revocarse el fallo atacado para acceder al amparo          incoado.  

            

3. Requisitos de          procedibilidad de la acción de tutela contra decisiones          judiciales  

                              

1. El artículo                  86 de la Constitución Política establece que toda                  persona tiene derecho a promover acción de tutela ante los                  jueces con miras a obtener la protección inmediata de sus                  garantías fundamentales, cuando por acción u omisión                  le sean vulnerados o amenazados por cualquier autoridad pública                  o por particulares en los casos expresamente previstos en la ley,                  siempre que no haya otro medio de defensa judicial, o existiendo,                  cuando la tutela se utilice de forma transitoria para evitar la                  materialización de un perjuicio irremediable.    

Ha  precisado la Sala que las características de subsidiariedad y  residualidad que son predicables de la acción de tutela,  aparejan como consecuencia que no pueda acudirse a tal mecanismo  excepcional de amparo para lograr la intervención del juez  constitucional en procesos en trámite, porque ello a más  de desnaturalizar su esencia, socava postulados constitucionales como  la independencia y la autonomía funcionales que rigen la  actividad de la Rama Judicial al tenor de la preceptiva contenida en  el artículo 228 de la Carta Política.  

                              

2. En                  tratándose de la procedencia de la acción de tutela                  para cuestionar                  decisiones judiciales, salvo que comporten vías de hecho, la                  acción es improcedente, porque su finalidad no es la de                  revivir oportunidades o momentos procesales culminados, reponer                  términos de ejecutoria que permitan la impugnación de                  las decisiones, y tampoco constituirse en el escenario donde puedan                  efectuarse valoraciones probatorias diferentes a la que realizó                  el juez de conocimiento, a quien corresponde hacer esa labor de                  acuerdo con la competencia que le asigna la ley.    

Si  así fuera,  ha dicho la Corte, el recurso de amparo, instrumento de defensa de  derechos fundamentales, trocaría en medio adverso a la  seguridad jurídica y a la estabilidad social. Por estas  razones el juez de tutela debe respetar las competencias regladas  atribuidas a otras autoridades, sin afectar su autonomía.  

                              

3. Como                  ha sido recurrentemente recordado por esta Sala, la acción                  constitucional de tutela es un mecanismo de protección                  excepcional frente a providencias judiciales, su prosperidad va                  ligada al cumplimiento de estrictos requisitos                  de                  procedibilidad que implican una carga para el accionante, tanto en                  su planteamiento como en su demostración, como lo ha                  expuesto la propia Corte Constitucional.6    

Por este motivo, y  como ha sido desarrollado por la jurisprudencia constitucional, la  acción de tutela contra providencias judiciales exige:  

a. Que la cuestión  que se discuta resulte de evidente relevancia constitucional.  

b.  Que hayan sido agotados todos los medios -ordinarios y  extraordinarios- de defensa judicial al alcance de la persona  afectada, salvo que se trate de evitar la consumación de un  perjuicio iusfundamental irremediable.  

c.  Que se cumpla el requisito de la inmediatez, es decir, que la tutela  se hubiere interpuesto en un término razonable y proporcionado  a partir del hecho que originó la vulneración.  

d. Cuando se trate  de una irregularidad procesal, debe quedar claro que la misma tiene  un efecto decisivo o determinante en la sentencia que se impugna y  que atañe a los derechos fundamentales del accionante.  

e.  Que el accionante identifique de manera razonable tanto los hechos  que generaron la vulneración como los derechos vulnerados y  que hubiere alegado tal vulneración en el proceso judicial,  siempre que esto hubiere sido posible.  

f.  Que la decisión judicial contra la cual se formula la acción  de tutela no se corresponda con sentencias de tutela.  

Los  anteriores requisitos, no pueden quedarse en meros enunciados, pues  han sido reiterados por la Corte Constitucional, primero en la  sentencia C-590  de 2005, luego en las decisiones T-332, T-212 y T-780 de 2006,  reforzando lo dicho en la primera de las mencionadas providencias, en  el sentido que, cuando se trata  de acciones de tutela contra providencias judiciales, las mismas solo  pueden tener cabida «…si  se cumplen ciertos y rigurosos requisitos de procedibilidad. Dentro  de estos pueden distinguirse unos de carácter general, que  habilitan la interposición de la tutela, y otros de carácter  específico, que tocan con la procedencia misma del amparo, una  vez interpuesta»  (Textual).  

En punto de las  exigencias específicas, como fue recogido en la sentencia  C-590 de 2005, han sido establecidas las que a continuación se  relacionan:  

a.        Defecto  orgánico, que se presenta cuando el funcionario judicial que  profirió la providencia impugnada carece absolutamente de  competencia para ello.            

2. Defecto procedimental absoluto, que se origina cuando el juez actuó          completamente al margen del procedimiento establecido.

3. Defecto fáctico, el cual surge cuando el juez carece del          apoyo probatorio que permita la aplicación del supuesto legal          en el que se sustenta la decisión.

4. Defecto          material o sustantivo, como son los casos en que se decide con base          en normas inexistentes o inconstitucionales7          o que presentan una evidente y grosera contradicción entre          los fundamentos y la decisión;

5. Error inducido, el cual surge cuando el juez o tribunal fue víctima          de un engaño por parte de terceros y ese engaño lo          condujo a la toma de una decisión que afecta derechos          fundamentales.

6. Decisión          sin motivación,          que implica el incumplimiento de los funcionarios judiciales de          explicitar los fundamentos fácticos y jurídicos de sus          decisiones, en el entendido que precisamente en esa motivación          reposa la legitimidad de su órbita funcional.

7. Desconocimiento          del precedente, hipótesis que se presenta, por ejemplo,          cuando la Corte Constitucional establece el alcance de un derecho          fundamental y el juez ordinario aplica una ley limitando          sustancialmente dicho alcance. En estos casos la tutela procede como          mecanismo para garantizar la eficacia jurídica del contenido          constitucionalmente vinculante del derecho fundamental vulnerado          [8].

8. Violación          directa de la Constitución.          (Textual).  

Queda  entonces claro que en  atención a la fuerza normativa de la cosa juzgada y al respeto  de la autonomía judicial, la acción consagrada en el  artículo 86 de la Constitución Nacional, cuando se  dirige a cuestionar una decisión judicial, tiene carácter  excepcional, y su prosperidad está atada a que se cumplan los  requisitos de procedibilidad anteriormente enunciados. De manera que  quien acude a ella tiene la carga no sólo respecto de su  planteamiento, sino de su demostración.  

            

4. Análisis          del caso concreto  

                              

1. En                  el presente caso se encuentra que la censura constitucional                  propuesta por la parte actora se dirige contra la decisión                  adoptada el 29 de agosto de 2018 por                  el Juzgado                  Cuarto Penal Municipal con Función de Garantías de                  Santa Marta en                  audiencia preliminar de restablecimiento de derecho adelantada en                  virtud de la actuación penal de radicado 47 001 60 01020                  2018 00632, en la que se ordenó cancelar el registro civil                  de indicativo serial 39484328 NUIP 1082873389 correspondiente a la                  menor de edad M.L.L.S., al considerar que aquella determinación                  judicial comporta un vicio de procedimiento y orgánico, dado                  que i) la autoridad judicial carece de competencia para emitir un                  pronunciamiento de tal naturaleza y, ii) no haberse                  realizado en debida forma las notificaciones o citaciones para la                  celebración de la misma, situación que le impidió                  asistir a la misma y ejercer su derecho de defensa y demás                  prerrogativas propias del debido proceso penal.    

                              

2. Sobre la                  legitimación en la causa por activa en acciones de tutela    

                                                        

1. Previo a                          abordar de fondo el estudio de la providencia judicial aquí                          censurada, la Sala considera necesario hacer referencia a la                          legitimidad en la causa por activa en la presente acción.              

                                                        

2. Corresponde                          recordar que el                          artículo 10 del Decreto 2591 de 1991 establece que la                          acción de tutela puede ser promovida por la persona                          afectada en sus derechos fundamentales, caso en el cual está                          actuará directamente o mediante un apoderado, o por un                          agente oficioso.              

En  ese orden, la mentada disposición jurídica reguló  el tema referente a la legitimidad e interés para impetrar la  acción de tutela, encontrándola satisfecha en los  siguientes eventos: i) por el ejercicio directo del afectado y en su  propio nombre; ii) por medio de representantes legales (caso de los  menores de edad, los incapaces absolutos, los interdictos y las  personas jurídicas); iii) por medio de apoderado – debe  ostentar la condición de abogado titulado y al escrito de  acción se debe anexar el poder especial para el caso o en su  defecto el poder general respectivo -;  iv) por medio de agente oficioso – cuando  el titular del derecho no lo pueda realizar por encontrarse un  situaciones de debilidad manifiesta – física o mental –  que le piden ejercer por sí mismo su propia defensa (v.  gr. un  enfermo grave, un indigente, o una persona con incapacidad física  o mental) finalmente,  v) por el defensor del pueblo o los personeros municipales.  

                                                        

3. De                          este modo, se tiene que la acción de tutela fue interpuesta                          por Mónica                          Isabel Sánchez Andrade, por                          medio de apoderado judicial, en calidad de representante legal de                          la menor G.C.S.P. o M.L.L.S., sin embargo, conforme lo enseñado                          por los elementos de prueba allegados al plenario, dicha calidad                          no puede darse por satisfecha, por cuanto, precisamente, en la                          decisión                          adoptada el 29 de agosto de 2018 por                          el Juzgado                          Cuarto Penal Municipal con Función de Garantías de                          Santa Marta, en                          audiencia preliminar de restablecimiento de derecho, se ordenó                          cancelar el registro civil de indicativo serial 39484328 NUIP                          1082873389, donde tenía la calidad de madre de la                          adolescente, por consiguiente, ante la ineficacia de los efectos                          jurídicos del documento público en comento, ello                          significa que la poderdante carece de la representación                          legal de la menor de edad ante las autoridades judiciales, motivo                          por el cual, no tiene la aptitud legal para otorgar mandato                          judicial a favor de la titular de los derechos presuntamente                          conculcados.              

No  obstante, también es dable recordar que la legitimación  en la causa en activa también puede ser cumplida por  intermedio de la denominada agencia oficiosa. Así las cosas,  en tratándose de tal figura jurídica para garantizar la  protección de los derechos fundamentales de los menores de  edad, la jurisprudencia constitucional ha dicho que:  

[…]Particularmente,  cuando se trata de menores de edad, los padres están  legitimados para promover la acción de tutela con el fin de  proteger sus derechos fundamentales afectados o amenazados, debido a  que ostentan la representación judicial y extra judicial de  los descendientes mediante la patria potestad. Además, el  inciso 2º del artículo 44 de la Carta Política,  establece que “[l]a familia, la sociedad y el Estado tienen la  obligación de asistir y proteger al niño para  garantizar su desarrollo armónico e integral y el ejercicio  pleno de sus derechos. Cualquier persona puede exigir de la autoridad  competente su cumplimiento y la sanción de los infractores.”  

En  ese sentido, la jurisprudencia constitucional ha señalado que  cualquier persona está legitimada para interponer acción  de tutela en nombre de los niños o niñas, siempre y  cuando en el escrito o petición conste la inminencia de la  violación de sus derechos fundamentales, y/o la  ausencia de representante legal.  Este último requisito se ha fijado con el fin de evitar  intervenciones ilegítimas o inconsultas.  

2.1.4.  A  partir de lo expuesto y particularmente teniendo en cuenta que es  necesario contar con herramientas que permitan identificar en qué  casos debe el juez de tutela considerar que existe legitimidad del  agente oficioso para el caso de los menores de edad. Por ende, la  Sala considera que para el caso son aplicables las reglas siguientes:  

            

* De          manera general y preferente, la representación legal de los          niños y niñas corresponde a sus padres o a quien          ejerza la patria potestad. Son estas personas las llamadas a ejercer          las acciones legales pertinentes, entre ellas la acción de          tutela, cuando resulte necesario proteger los derechos de los          menores de edad mediante la actividad de las autoridades estatales.  

            

* El          ejercicio de la agencia oficiosa por          parte de personas distintas a quien ejerce la patria potestad del          menor,          por ende, impone un deber mínimo de justificación por          el agente oficioso. Así, deberá demostrarse, incluso          de manera sumaria, que: (i) no          concurre persona que ejerza la patria potestad          o la misma está formal o materialmente inhabilitada para          formular las acciones judiciales o administrativas necesarias; o          (ii) que si bien concurren los padres o guardadores, existe          evidencia que los          mismos se han negado a formular las acciones y dicha omisión          afecta gravemente los derechos del niño o niña          concernida.          En los demás casos, la agencia oficiosa resultaría en          una extralimitación contraria a las facultades que confiere          la patria potestad.  

            

* En          todo caso, cabe aclarar que la legitimación prevalente de los          representantes legales para presentar la tutela en favor de menores          de edad, no impide que otras personas, excepcionalmente, agencien          sus derechos. En efecto, en casos límite en los cuales los          derechos fundamentales invocados y la gravedad de los hechos          demuestren que el niño está en riesgo de sufrir un          perjuicio, es posible que otra persona, distinta de los          representantes legales, actúe en calidad de agente oficioso.  

En  ese sentido, corresponde al juez de tutela determinar si en el evento  concreto las condiciones mencionadas están presentes. Es  importante advertir que dicha labor de escrutinio judicial, en  especial cuando se trata de casos en los que exista duda acerca de la  procedencia o no de la agencia oficiosa, deben siempre resolverse de  manera que se otorgue eficacia al mandato de prevalencia del interés  superior del menor, sin que el reconocimiento de los efectos de la  patria potestad pueda operar como barrera para el cumplimiento de  esta principio constitucional. (Énfasis ajeno al texto  original) (CC T – 351 de 2018)  

Al  tenor de los derroteros jurídicos expuestos, esta Sala  considera que el abogado Óscar Germán Zaccaro Arregoces  se encuentra legitimado para actuar en nombre de la menor de edad en  cita, a través de la figura de agencia oficiosa, dado que,  según los medios de prueba que obran en el expediente, no se  logró localizar a los progenitores de la adolescente,  inscritos en registro civil de nacimiento con efectos jurídicos  vigentes y quienes ostentan la patria potestad, y menos que aquellos  hayan mostrado interés en acudir o emplear los recursos de  defensa en procura de la protección de los derechos  fundamentales de su descendiente.  

                              

3. De                  la providencia del 29 de agosto de 2018 proferida por el Juzgado                  Cuarto Penal Municipal con Función de Garantías de                  Santa Marta.    

                                                        

1. En                          el caso bajo examen, a partir del marco jurídico presentado                          y la revisión de las pruebas obrantes en el plenario,                          refulge con claridad para la Sala que la solicitud de amparo, no                          cumple con el siguiente requisito general de procedibilidad: «que                          hayan sido agotados todos los medios -ordinarios y                          extraordinarios- de defensa judicial al alcance de la persona                          afectada, salvo que se trate de evitar la consumación de un                          perjuicio iusfundamental irremediable»                          siendo las razones que pasan a exponerse el fundamento de la                          premisa conclusiva aquí sostenida.              

                                                        

2. En                          relación con lo anterior, conforme                          a la literalidad del inciso 4º del artículo 86                          constitucional, la acción de tutela comporta un carácter                          subsidiario o residual consistente en que “Esta                          acción solo procederá cuando el afectado no disponga                          de otro medio de defensa judicial, salvo que aquella se utilice                          como mecanismo transitorio para evitar un perjuicio                          irremediable.”, por                          tanto, en caso de no satisfacerse tal parámetro de                          procedibilidad la acción tuitiva se torna improcedente al                          tenor de lo previsto en el numeral 1º del artículo 6º                          del Decreto 2591 de 1991 (CC                          T-282 de 2012).              

En  ese orden de ideas, resulta pertinente recordar que acorde con la  jurisprudencia nacional el aludido principio envuelve tres  características importantes que llevan a su improcedencia  contra providencias judiciales, a saber: «(i)  el asunto está en trámite; (ii) no se han agotado los  medios de defensa judicial ordinarios y extraordinarios; y (iii) se  usa para revivir etapas procesales en donde se dejaron de emplear los  recursos previstos en el ordenamiento jurídico»  (C.C.S.T-103/2014).  

Respecto de la  primera hipótesis, la Corte Constitucional en sentencia T-418  de 2003 ha dejado por sentado lo siguiente:  

[…]  Cuando el proceso no ha concluido y se pide la protección del  juez constitucional para atacar providencias judiciales en trámite  en las que se alegue una vía de hecho, por la sencilla razón  de que no obstante la posible irregularidad que se hubiere presentado  en el trámite del proceso correspondiente, al no estar  culminada la actuación, existen normas en el procedimiento  para que el afectado alegue oportunamente estas deficiencias, bien  sea, pidiendo nulidades, interponiendo recursos, interviniendo en el  proceso, todo con el fin de defender sus derechos. Es decir, la  improcedencia de la acción de tutela, en estos casos, radica  en la existencia de otro medio de defensa judicial, dentro del propio  proceso. De allí que la Corte ha señalado que no toda  irregularidad en el trámite de un proceso constituye una vía  de hecho amparable a través de esta acción. En la  sentencia T-296 de 2000 se dijo:  

«Para  analizar cada uno de estos puntos, se tomará como parámetro  la jurisprudencia de la Corte Constitucional sobre la vía de  hecho. Esta Corporación ha señalado que cuando en la  acción de tutela se alega tal situación en relación  con las distintas etapas de un proceso, o en la propia sentencia, la  intervención del juez de tutela, por ser estrictamente  excepcional, debe estar encaminada a determinar si a pesar de existir  errores o faltas en los procesos, éstos pueden ser corregidos  en el propio proceso, a través de los distintos mecanismos que  prevé la ley. Es decir, si para su corrección se pueden  proponer recursos, pedir nulidades, etc.  

En  otras palabras, no toda irregularidad en el trámite de un  proceso, o en la sentencia misma, constituye una vía de hecho  amparable a través de la acción de tutela. Este rigor  para conceder la acción de tutela cuando se alegan vías  de hecho, obedece al debido entendimiento del artículo 86 de  la Constitución, en cuanto al carácter excepcional de  la acción de tutela, su procedencia Penalmente cuando no  exista para el afectado otro medio de defensa judicial y por el  respeto por la cosa juzgada por parte del juez constitucional».  

De esta manera,  valga anotar que el mentado carácter no puede ser concebido  únicamente como un requisito formal o procesal, sino que se  consagra como una verdadera garantía constitucional dirigida a  preservar la armonía del ordenamiento jurídico, habida  cuenta que previene que la acción de tutela i) supla o  reemplace los legalmente concebidos, ii) se desnaturalice ante el uso  indiscriminado y caprichoso de los ciudadanos, iii) se convierta en  medio alternativo o facultativo que complemente los mecanismos  judiciales ordinarios de defensa, en aras de obtener un  pronunciamiento más ágil y expedito (CC T – 471  de 2017).                                                        

3. Descendiendo                          al caso concreto, fíjese que el fin principal de la acción                          de tutela se encamina a dejar sin efectos la decisión                          adoptada por el juez de garantías accionado en el marco de                          audiencia preliminar de restablecimiento de derechos celebrada el                          29 de agosto de 2018, por cuanto ante la indebida citación                          de la menor de edad a la diligencia se le cercenó la                          posibilidad de ejercer el derecho de defensa y demás                          prerrogativas propias del debido proceso penal.              

En  esa dirección, a la luz de lo acreditado probatoriamente  dentro del presente trámite se tiene que la  actuación penal en la que se adoptó la decisión  que se cuestiona por esta vía supra  legal, aún  no ha llegado a la conclusión de la primera instancia, es  decir, no se ha producido el agotamiento de la actuación del  fallador ordinario, por consiguiente, dicho escenario es el canal  ordinario de defensa judicial dentro del cual la presunta víctima  puede ejercer los mecanismos propios para la defensa de sus derechos,  como lo son:  

            

i. Ante          el juez de conocimiento puede postular el restablecimiento del          derecho que persiga de manera definitiva, postura que deviene al          compás de la jurisprudencia de esta Corte al señalar:  

[…]  Ahora bien, cuando tales medidas son de carácter provisional,  independientemente de si son personales o reales, vgr. imposición  de medida de aseguramiento sobre las personas;  suspensión del  poder dispositivo sobre bienes (arts. 83 y 85 del C.P.P.); suspensión  de personerías jurídicas o cierres temporales de  locales o establecimientos abiertos al público (art. 91  ibídem); medidas cautelares sobre bienes (arts. 92 a 101 del  ejusdem) y suspensión de registros obtenidos fraudulentamente  (art. 101 ib.), la competencia es del juez de control de garantías;  empero, si lo que se pretende es el restablecimiento pleno del  derecho, conforme lo establece la sentencia C-060 de 2008, ya no con  carácter provisional o transitorio, análisis que  comporta juicios concretos y valorativos en punto de la materialidad  de la conducta punible o del denominado tipo objetivo, lo cual puede  ocurrir en la sentencia o en una decisión que ponga fin al  proceso, la competencia será del juez de conocimiento. (CSJ  AP, 28 nov. de 2012, rad. 40246)  

Asimismo,  ante una eventual decisión desfavorable puede interponer el  recurso ordinario y extraordinario procedente, los cuales son  herramientas idóneas para defender de manera eficaz las  garantías que reclama como quebrantadas por este medio  constitucional.  

            

ii. Dada la          naturaleza provisional de la medida de restablecimiento del derecho          cuestionada, la afectada y quizá posible víctima de la          conducta penal que se investiga la puede controvertir en el proceso          penal a través de una solicitud ante otro funcionario de          control de garantías, en audiencia preliminar mediante la          cual se busque la revocatoria de dicha medida, siempre y cuando se          acredite que desaparecieron las causas por las cuales se dispuso o          bien que las mismas no existieron, escenario natural en que podrá          ejercer de manera directa y amplía su derecho de defensa y          contradicción en torno a los elementos suasorios que          sustentaron la medida de protección que aquí se          reprocha.  

Tesis que respeta  el esquema estructural del actual sistema penal, toda vez que,  precisamente, el juez con función de control de garantías  fue creado para salvaguardar y proteger los derechos fundamentales de  todos los intervinientes en el proceso penal.  

                                                        

4. Por                          consiguiente, será al interior de dicho proceso donde se                          deberán dirigir los esfuerzos para lograr la revocatoria de                          la tesis que aquí considera como irregular y presuntamente                          desconocedora de la garantía fundamental del debido                          proceso, ya que el mismo ordenamiento procesal penal, como se                          anotó, consagra las herramientas jurídicas idóneas                          para cuestionar los yerros de los cuales adolezca la providencia                          judicial que se dicten en el curso del proceso, destacándose,                          el escenario                          y las herramientas procesales en los que podrá insistir en                          la prosperidad de su pretensión sustancial, más                          cuando en el decurso procesal pueden surgir situaciones que                          modifiquen el marco fáctico y brinden mejores detalles al                          juez de conocimiento o garantías para la adopción                          del asunto sometido a su criterio.              

En  ese sentido, no podría el  juez constitucional entrometerse en los asuntos que son propios del  juez natural, pues de lo contrario, se desbordarían los  principios de subsidiariedad y residualidad que rigen este trámite  constitucional tan exclusivo.  

De  allí que, no sea posible entrar a señalar si es  procedente o no dejar sin efectos las decisión censurada, para  en su lugar abrogarse competencias propias de la justicia ordinaria,  pues, se reitera, de ser ello así el juez constitucional se  inmiscuiría indebidamente en un asunto de competencia de los  funcionarios naturales, al interior del cual, como se indicó,  existen otros medios de defensa aptos para garantizar la protección  solicitada,  ya que de admitirse una postura contraria, equivaldría a  permitir, como regla general, que  el juez de tutela verifique la juridicidad de los trámites o  el acierto en la interpretación de las normas jurídicas  o de las pruebas por los funcionarios de instancia para efectos de la  toma de decisiones, lo cual conllevaría a desconocer los  principios que disciplinan la actividad de los jueces ordinarios de  independencia y sujeción exclusiva a la ley, previstos en los  artículos 228 y 230 de la Carta Política, sino además  los del juez natural, y las formas propias del juicio contenidos en  el artículo 29 Superior.  

                                                        

5. En                          ese orden de ideas,                          al existir un escenario natural de discusión sobre el                          asunto sometido al conocimiento del juez constitucional, la tutela                          demandada se torna improcedente, en los términos previstos                          por el artículo 6 – 1 del Decreto 2591 de 1991,                          máxime                          cuando no se aprecia probatoriamente la concurrencia de los                          presupuestos establecidos por la doctrina constitucional para la                          configuración de un perjuicio irremediable, como son la                          inminencia, la urgencia, la gravedad y la impostergabilidad que                          haga                          forzosa la intervención transitoria del juez                          constitucional.              

                                                        

6. Como                          colofón, al constatar la Sala que la presente solicitud de                          amparo no cumple con el requisito general de subsidiariedad,                          dicha situación                          jurídica impide que se estudie de fondo la presencia o                          configuración de alguna de las causales específicas                          de procedibilidad de la acción tuitiva contra providencias                          judiciales, como a bien lo ha sostenido la jurisprudencia                          constitucional bajo la siguiente fórmula «Las                          condiciones generales de procedencia son aquellas cuya ocurrencia                          habilita al juez de tutela para adentrarse en el contenido de la                          providencia judicial que se impugna. Dicho de otro modo, son las                          condiciones sine                          quibus non es                          posible abordar el estudio de la providencia judicial impugnada»                          (CC                          T-012 de 2018),                          por                          tanto, las pretensiones frente a esta censura devienen                          improcedentes.              

En  consecuencia y como aún existen mecanismos para la defensa de  los derechos de la menor agenciada, se impone confirmar el fallo  impugnado.  

Por  lo expuesto, la  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL – SALA  DE DECISIÓN DE ACCIONES DE TUTELA Nº 1,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la Ley,  

RESUELVE  

1º  CONFIRMAR  la sentencia proferida el  8 de noviembre de 2019  por la Sala Penal  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Santa Marta,  por las razones  expuestas en la parte considerativa de esta providencia.  

2º  NOTIFICAR  esta providencia de conformidad con lo dispuesto en el artículo  30 del Decreto 2591 de 1991.  

3º  REMITIR el proceso a  la Corte Constitucional para su eventual revisión, de  conformidad con lo previsto en el artículo 32 ibídem.  

NOTIFÍQUESE  Y CÚMPLASE  

JOSÉ  FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

EUGENIO  FERNÁNDEZ CARLIER  

NUBIA YOLANDA  NOVA GARCÍA  

Secretaria  

1          Folio          44, cuaderno de primera instancia.  

2          Folio          76, ibídem.  

3          Folio          133, cuaderno de primera instancia.  

4          Folio          3 a 14, cuaderno de segunda instancia.  

5          Folio          257 y 258, cuaderno de primera instancia.  

6          Cfr. Corte          Constitucional. Sentencias C-590 de 2005 y T-332 de 2006.  

7          Ídem. Sentencia T-522 de 2001.  

8          « Cfr. Sentencias T-462 de 2003 ; SU-1184 de 2001 ; T-1625 de          2000 y T-1031 de 2001. »  

      

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