18160(19-07-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     N°  18160   

          CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

          SALA DE CASACIÓN PENAL   

          Magistrado  ponente:   

   Nilson Pinilla Pinilla  

Aprobado acta N° 102  

                                                

Bogotá,  D. C., julio diecinueve (19) de dos  mil uno (2001).   

ASUNTO  

Se  procede a resolver sobre la admisibilidad  de  la  casación  excepcional  interpuesta en defensa de FRANKLIN RICHARD DE LA  TORRE  CÁRDENAS,  contra  la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el  Juzgado  Quince  Penal  del Circuito de Bogotá, que modificó la condena que se  le impuso por lesiones personales dolosas.   

HECHOS  

La mañana del 15 de marzo  de  1997, en la carrera 80 con calle 33 de Bogotá, hubo un enfrentamiento entre  Héctor  Augusto  de  la  Torre  Urueña  y  Jorge Antonio Monroy Burgos, por la  suspensión   transitoria  del  tráfico  vehicular,  debida  a  una  colisión.  Repentinamente  FRANKLIN RICHARD DE LA TORRE CÁRDENAS, hijo del primero, le dio  un  puntapié  al  segundo  en  la  pierna  izquierda, que por rotura de tibia y  peroné le ocasionó 70 días de incapacidad definitiva.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

Cumplidos  los  trámites  del  procedimiento  penal,  incluido  el  proferimiento,  en  las correspondientes oportunidades, de  medida  de  aseguramiento  (fs. 74 y Ss. cd. 1) y resolución de acusación (fs.  161  y  Ss.  y  187  y  Ss.  ib.),  en consonancia con ésta el Juzgado 36 Penal  Municipal  de  Bogotá,  el 24 de agosto de 2000, condenó a FRANKLIN RICHARD DE  LA  TORRE  CÁRDENAS  a  6  meses  de  prisión y de interdicción de derechos y  funciones  públicas  y  multa  de un mil pesos, además de la indemnización de  los   respectivos   perjuicios,   concediéndole   la   condena   de  ejecución  condicional,  como autor de lesiones personales dolosas (fs. 294 a 300 cd. 1 y 1  a 26 cd. 2).   

Ese  fallo  fue  apelado por el defensor y el  apoderado  de la parte civil, y el 31 de octubre de 2000 el Juzgado 15 Penal del  Circuito  de  Bogotá  reconoció  que  el procesado había actuado en estado de  ira,  por  comportamiento  grave  e  injusto  del  lesionado.  En  consecuencia,  disminuyó  la  prisión  a 2 meses y la multa a $ 333, al igual que el monto de  la  indemnización  (fs.  68  y Ss., cd. 2), mediante sentencia que es objeto de  casación  excepcional,  según  libelo presentado el 22 de enero de 2001 por la  defensora suplente.   

RAZÓN  PARA  ACUDIR A LA  CASACIÓN EXCEPCIONAL   

La  impugnante,  quien  de  una  vez presenta  demanda  de casación, en vigencia de la ley 553 de 2000 y cuando aún no había  sido  objeto  de  pronunciamientos  de  inexequibilidad  por  parte  de la Corte  Constitucional,  manifiesta  que hubo violación indirecta de la ley sustancial,  por  error de hecho en la apreciación de la prueba testimonial, que originó la  falta  de  aplicación  del  artículo  29-4  del Código Penal y la aplicación  indebida de los artículos 331, 332 inciso 2° y 60 ibídem.   

Tratándose de sentencia proferida en segunda  instancia  por  un  Juzgado  Penal  de  Circuito,  acertadamente  se  acude a la  casación  excepcional, que de no ser admitida deja sin sustento el análisis de  la  causal  de  casación.  Ha  de  observarse  que  la  impugnante  apunta a la  necesidad  de proteger el debido proceso, pues “una sentencia que tergiversa y  distorsiona  el  sentido  de  la prueba testimonial que sirvió de sustento a la  sentencia,  rompe  con  la  adecuada fundamentación que debe tener un fallo que  genera  consecuencias  gravosas  para una persona. Permitir que produzca efectos  en  esas condiciones es resquebrajar gravemente el derecho fundamental al debido  proceso”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

De manera excepcional, la Corte puede admitir  discrecionalmente   demandas   de  casación  en  los  casos  donde  no  procede  comúnmente,   cuando   lo   considere   necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de  derechos fundamentales, según estatuye el  inciso    tercero    del    artículo   218   del   Código   de   Procedimiento  Penal.   

En el caso concreto se cumplen las exigencias  de   oportunidad,  legitimación  y  procedencia,  independientemente  del  tope  máximo  de  punibilidad, por cuanto la impugnación va dirigida por la defensa,  contra  una  sentencia  de  segunda  instancia  que  no ha sido proferida por un  Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial,  ni por el Penal Militar, como es la  previsión regular, sino por un Juzgado Penal del Circuito.   

No acontece lo mismo con la sustentación, en  donde  la  casacionista  solicita  que  la  Corte intervenga excepcionalmente en  garantía  de  un derecho fundamental, como el debido proceso, pero no expone un  argumento  que  permita  constatar la real afectación en el trámite seguido y,  aunque  hace mención a algo que considera procesalmente irregular, no establece  su  connotación trascendente. Se limita a afirmar que una sentencia en donde se  tergiversó  el  sentido  de  la  prueba  testimonial,  rompe  con  la  adecuada  fundamentación  que  debe  tener un fallo condenatorio, que al producir efectos  en esas condiciones, resquebraja el debido proceso.   

Se  aprecia  que  la  libelista le da a dicha  garantía  fundamental  un contenido que no le corresponde y la desnaturaliza en  su  alcance.  Un  eventual  error  de hecho no constituye un yerro de actividad,  sino  de  juicio  y si verdaderamente se tratara de un quebrantamiento al debido  proceso,  habría  que acudir a la causal tercera de casación, que en el evento  de  prosperar  lleva  a la anulación del proceso. Pero si ha de reprocharse con  sustento  en la causal primera del artículo 220 del estatuto procesal penal, su  prosperidad  no  redundaría  en  nulidad,  sino  en  el  proferimiento  de  una  sentencia de remplazo.   

Las falencias son diferentes y distintas las  consecuencias.  Así  debió reconocerlo la demandante, pues no podría endilgar  falso  juicio  de  identidad  en la valoración de los testimonios que conduce a  solicitar  casar  el  fallo  y  absolver al interesado, ya que con ello estaría  admitiendo  que  no  se  trata de violación del debido proceso, caso en el cual  habría  orientado  el  libelo  a demostrar el conculcamiento de tal garantía y  terminaría    pidiendo    la    invalidación,    a    partir    de   un   acto  determinado.   

El  último  enfoque  que  le  imprime  a la  pretensión  es  un  embozo  hábil,  que  sin  embargo  no  oculta lo realmente  buscado,  diferente  al  restablecimiento de un derecho fundamental, cual es, en  el  fondo,  usar  la  casación  discrecional  para  que se vuelva a estudiar la  suposición  de  la  legítima  defensa,  en  ostensible  desvío de los motivos  legales establecidos para que la casación excepcional tenga lugar.   

Está   visto  que la defensora no  imputó   un   error   de  actividad,  ni  acreditó  irregularidad  alguna  que  repercutiera  gravemente  en la estructura del proceso hasta el punto de socavar  las   bases  fundamentales  de  la  instrucción  o  el  juzgamiento,  sino  que  simplemente  persigue,  de manera incongruente, que no haberse reconocido en las  instancias  que su asistido obró amparado por una causal de justificación, sea  asumido    como    un    vicio    constitutivo    de   violación   del   debido  proceso.   

Como  la  sustentación  no  satisface  la  obligación  de  justificar  la  necesidad  de un pronunciamiento de la Sala, en  garantía  de  algún derecho fundamental según lo instado, se impone inadmitir  discrecionalmente  la  casación  impetrada, quedando sin fundamento acometer el  análisis específico de la causal de casación aducida.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

NO   ADMITIR  la  casación  excepcional  interpuesta  en  defensa de FRANKLIN RICHARD DE LA TORRE  CÁRDENAS.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  despacho judicial de origen. Cúmplase.   

CARLOS  EDUARDO  MEJÍA  ESCOBAR   

FERNANDO   E.   ARBOLEDA   RIPOLL                                  JORGE     E.     CÓRDOBA  POVEDA                    

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS                  CARLOS    AUGUSTO    GÁLVEZ    ARGOTE          

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                   ÉDGAR                     LOMBANA  TRUJILLO                          

         No hay firma   

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN                 NILSON   PINILLA  PINILLA            

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria     

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