16524(18-12-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 16524  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN   

Aprobado Acta No. 200  

          Bogotá,  D.C.,  dieciocho  (18) de diciembre de dos mil uno (2001).   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Corte  sobre  el  aspecto  técnico- formal de la  demanda   de   casación   presentada   a   nombre   del   señor   HÉCTOR HOLGUÍN CUERVO.   

HECHOS  

          Sucedieron  en las horas de la tarde de los días 19 y 20 de febrero  de  1998 en la casa de inquilinato localizada en la carrera 64 No. 77-84 de esta  ciudad,  cuando  Holguín  Cuervo,  aprovechando  que  las  niñas Judith Andrea  Orduña  y  Diana  Janeth  Meneses,  de  7 y 9 años de edad respectivamente, se  encontraban  solas  en  el  inmueble  porque  sus  padres  habían  salido a sus  respectivos  lugares de trabajo, las llevó a su habitación donde las obligó a  desnudarse y las sometió a diferentes actos sexuales.    

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Siguió  los  derroteros  de  la  legislación procesal anterior. En  efecto:   

          Con  fundamento  en  la  denuncia formulada por la madre de la menor  Judith  Andrea,  la  Fiscalía 44 de la Unidad de Reacción Inmediata de Bogotá  declaró  abierta  la  investigación  el  21  de  febrero  de 1998 y ordenó la  captura  de  Héctor  Holguín  Cuervo.  El  23 de febrero siguiente lo vinculó  mediante  indagatoria y, al resolverle la situación jurídica, la Fiscalía 226  de  la  Unidad de Delitos contra la Libertad Sexual y Dignidad Humana lo afectó  con detención preventiva.   

          Cerrada  la  investigación, la funcionaria instructora calificó el  mérito  del  sumario  el  9  de  julio de 1998. Acusó a Holguín Cuervo por el  delito   de   acto   sexual   violento   agravado,   en  concurso  homogéneo  y  sucesivo.   

          El  3  de diciembre del mismo año, el Juzgado 55 Penal del Circuito  de  Bogotá  lo  condenó  a  las  penas  de  7  años  y  10 meses de prisión,  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas y al pago de los perjuicios  materiales y morales, por el delito antes referido.   

          Apelado  el fallo por la defensa, el Tribunal Superior de Bogotá lo  confirmó el 20 de mayo de 1999.   

LA  DEMANDA   

          El  censor  invocó  la  causal  tercera  de  casación. Dijo que al  procesado  “se  le juzgó vulnerándosele la garantía fundamental del derecho  de defensa”.   

          Para desarrollar y demostrar el reproche, expreso:   

          a)   La  anterior  apoderada  del  procesado  no  desplegó  ninguna  actuación  en  procura  de su defensa; no pidió pruebas ni ejerció el derecho  de  contradicción,  tampoco impugnó  la medida de aseguramiento, pudiendo  hacerlo  con base en el testimonio de Marcos A. Rodríguez y las contradicciones  que  se  advierten  en  las declaraciones de la niña Judith Andrea y la señora  Doris  Lilia  Caro  Parrales  respecto  a  las  fechas  en  que  sucedieron  los  hechos.   

          b)   No  se  utilizaron  las  herramientas  científico-  jurídicas  necesarias   para   establecer   el   “modus  vivendi  u  operandi”  de  los  protagonistas  de  los  hechos  objeto  de  investigación,  su  personalidad  y  carácter,  así  como  la  de  los  miembros  del  entorno  en  que aquellos se  desenvuelven.   

          c)  Se  le desconoció el derecho consagrado en el artículo 362 del  C.  de P. P., pues no se verificó la impotencia sexual alegada por el procesado  ni  la  acusación  que le hizo a las menores por “inmoralidad libidinosa” y  la   intimidación  de  que  fue  víctima por parte de éstas con lo cual,  concretamente  por  lo  primero,  se  vulneró  el  principio  de presunción de  inocencia.   

          d)  No  se  corrió  el  traslado  a  los  reconocimientos  médicos  practicados  a  las  menores  tal  como lo dispone el artículo 270 del ibídem,  circunstancia  que  generó desconocimiento del contradictorio y que implicaría  la “inexistencia” de las “experticias”.   

          Estimó  que  con  dichas  irregularidades  se  vulneró  el  debido  proceso   y  el  derecho  de  defensa  del  incriminado.  Pidió a la Corte  declarar   la   nulidad   a   partir   del   proferimiento  de  los  dictámenes  médicos.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          La    demanda    debe    ser    inadmitida,   por   las   siguientes  razones:   

          1.  De  su  lectura se desprende sin esfuerzo que en su elaboración  el  casacionista no se ciñó a las exigencias previstas en el artículo 225 del  Código de Procedimiento Penal que entonces regía.   

             Si  bien  acertó  al  identificar  los  sujetos  procesales,  la  sentencia  recurrida,  hacer  la  síntesis  de  los  hechos  y de la actuación  procesal  cumplida,  así  como  al  señalar la causal aducida para demandar la  invalidación  del fallo impugnado, se equivocó al no indicar de manera clara y  precisa  los  fundamentos en que se apoya, y al no desarrollar en forma técnica  y   lógica   y   en   capítulos   separados   cada   uno   de   los  reproches  formulados.   

          2.   En   relación   con   la   causal   invocada,  se  observa  lo  siguiente:   

         2.1.    La    Corte    ha    reiterado1  que cuando se aduce la causal  tercera  de casación, le corresponde al actor concretar la clase de nulidad que  invoca,  mostrar  sus  fundamentos, las normas que estima infringidas, así como  precisar  de  qué  manera  la  irregularidad procesal denunciada ha repercutido  definitivamente  en  la afectación del trámite surtido que ha culminado con la  expedición  de la sentencia impugnada. Esto quiere decir  que no basta con  tratar  de  evidenciar cualquier clase de irregularidad hipotéticamente surgida  dentro  del proceso, sino que es necesario indicar, y probar, aquella o aquellas  que  indefectiblemente  conducen  a  su  invalidación,  bien  porque  rompan la  estructura    del   rito,   bien   porque   vulneren   garantías   y   derechos  fundamentales.   

          2.2.  Si  el  proponente  en casación postula violación del debido  proceso,  le  resulta imprescindible, también, identificar con plena nitidez la  irregularidad  que sustancialmente lo ha alterado de manera rotunda, desde luego  en contra de las formas y cauces legalmente establecidas.   

          2.3.  Si lo denunciado es la violación al derecho de defensa, en su  escrito  debe determinar la actuación concreta  que  lo ha vulnerado,  así como su específica  incidencia en el fallo recurrido.   

          Los  lineamientos señalados no han sido  satisfechos  por  el letrado quien, además, indistintamente, en el mismo cargo,  denuncia  la  violación  al debido proceso, la ruptura del derecho de defensa y  la  omisión  de  la  investigación integral. Con ello, olvidó que cada uno de  esos  reproches  merecía  alegación  autónoma y fundamentación diversa, como  también  ocurre con las referencias que hace a la infracción de la presunción  de   inocencia,   al   contradictorio  y  a  la  necesidad  de  declaración  de  inexistencia de las “experticias”.   

          En efecto, al invocar la causal tercera señaló que   

          “a  mi  patrocinado  se  le  juzgó  vulnerándosele  la garantía  fundamental del derecho de defensa”.   

         Sin  embargo,  al  desarrollar dicho cargo relacionó cuatro clases  de  irregularidades:  a) La total inactividad de la defensora que lo antecedió,  b)  La no determinación del “modus vivendi u operandi” de los protagonistas  de  los  hechos  materia  de  investigación,  así  como el de las personas que  conforman  su  entorno,  c)  La  falta  de  verificación  de  las exculpaciones  suministradas  por  el  procesado  respecto  de  su  impotencia  sexual  y  a la  “inmoralidad  libidinosa”  de  que  fuera víctima por parte de las menores,  con  desconocimiento  de  la  presunción de inocencia, d) El no traslado de los  dictámenes   médicos   a   los   sujetos  procesales,  lógicamente  los  hace  inexistentes.   

          No  recordó  que es imposible instaurar simultáneamente, de manera  mezclada  o  fusionada,  dos  o  más reproches dentro de uno mismo, por razones  diversas,  pues  ello atenta contra el principio de autonomía de las causales y  de   los  cargos,  consagrado  en  el  artículo  225-4  del  C.  de  P.  P.  de  entonces.   

             

          A   más   de  lo  anterior,  planteó  tales  falencias  de  manera  abstracta,  sin  señalar  sus  fundamentos  ni  demostrar la influencia que las  mismas  hayan  podido  tener  en  el  desarrollo  de  la  investigación y en la  decisión final adoptada por el Tribunal.   

          3.  Si bien resaltó de manera especial la supuesta falta de defensa  técnica  por  la  inactividad  de  la apoderada que asistió al procesado en la  etapa  instructiva,  de  manera  genérica la cuestionó por no haber solicitado  pruebas  y no adoptar “una actitud impugnatoria”, pero se abstuvo de indicar  de  manera  concreta  qué  es  lo  que hubiera podido hacer y no hizo la citada  profesional,  cuáles  los elementos de convicción que debió haber solicitado,  y  cuál la relación existente entre su conducta omisiva y el resultado adverso  del fallo materia de impugnación.   

          4.  En  conclusión,  el  proponente  no desarrolló el cargo con la  nitidez  exigida  por la ley. De la lectura de su escrito emerge que en lugar de  identificar  y  demostrar errores protuberantes y sustanciales, su trascendencia  en   la  afectación  de  garantías  o  en  el  desconocimiento  de  las  bases  fundamentales  de la investigación y el juzgamiento, como lo exige el artículo  308-2  del C. de P. P., se limitó a exponer su pensamiento sobre la conducta de  la  defensora  que  lo  antecedió  y la actividad instructora desplegada por la  fiscalía.  Este  comportamiento  es  irregular,  primero  porque  la  sentencia  impugnada  se  presume legal y acertada y, segundo, por cuanto la Corte, en sede  de casación,  no opera como tribunal de instancia.   

         Lo  dicho es suficiente para inadmitir la demanda y, por tanto, para  declarar desierto el recurso interpuesto.   

                                    

               En mérito de lo expuesto,  la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

          Inadmitir   la   demanda   de  casación  presentada   por  el  defensor  de  HÉCTOR  HOLGUÍN  CUERVO.  En consecuencia, declarar desierto el recurso  extraordinario de casación interpuesto.   

               Contra esta providencia no  procede recurso alguno.   

Cúmplase.   

CARLOS  EDUARDO  MEJÍA  ESCOBAR   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                   JORGE  E.  CÓRDOBA  POVEDA            

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                  CARLOS A. GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

ÁLVARO   O.  PÉREZ  PINZÓN                           NILSON   PINILLA   PINILLA              

         

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  Casaciones  del  10  de  marzo de 1994, M.P. Ricardo Calvete Rangel, y del 14 de  septiembre de 1999, M.P. Carlos Eduardo Mejía Escobar.   

                 

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