17264(29-03-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 17264  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                DR.     JORGE     ANIBAL     GOMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta Nro: 52   

          Bogotá   D.C.,   jueves   veintinueve   de   marzo   de   dos   mil  uno.   

VISTOS  

          Conforme  con  lo normado en el Art. 68-5 del C. de P. Penal, decide  la  Sala  el  conflicto negativo de competencia surgido entre el Juzgado Primero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Cundinamarca  y  el  Juzgado  Penal del  Circuito  de Cáqueza, en virtud del cual ambas dependencias rehusan conocer del  juicio  que por homicidio, rebelión y hurto, en concurso de hechos punibles, se  adelanta  contra  el  procesado  WILLIAMS  RODNEY CRUZ  CASTILLO.   

ANTECEDENTES   

          A  las  4:00 de la madrugada, aproximadamente, del día 6 de febrero  de  1999, se hicieron presentes en la finca “Alto de las Brisas”, ubicada en  la  vereda “El Molino”, comprensión municipal de Ubaque, Cundinamarca, tres  individuos  que  armados  con  una  sub-ametralladora,  pistolas  y  granada  de  fragmentación,  hicieron  salir  a  los  residentes del lugar y obligándolos a  tenderse  sobre  el  piso,  dieron  muerte a cinco integrantes del clan familiar  Rincón  Chávez,  propietarios  de  la  heredad.   Perpetrado el múltiple  homicidio,   los   atacantes   escaparon   a   bordo   del  vehículo  automotor  perteneciente  a una de las víctimas que estacionado se hallaba en el inmueble.   

          Una  de  las  sobrevivientes logró comunicarse con el comando de la  Estación  de  Policía  local e informó de lo ocurrido y, montado el operativo  de  rigor, media hora más tarde fueron interceptados los agresores en la vereda  “Girón   de  Blancos”,  quienes  luego  de  corto  enfrentamiento  con  los  uniformados,  abandonaron  el  vehículo  objeto  del  ilícito  apoderamiento e  internándose   en   la  espesura,  evadieron  el  cerco  que  se  les  tendió.   

No  obstante,  poco  después  se  logró la  captura  de  un  individuo  que  dijo llamarse WILLIAMS  RODNEY  CRUZ  CASTILLO, a. “Milton”, quien reveló  ser  integrante activo del Frente 51 “Jaime Pardo Leal” de las FARC, y estar  cumpliendo  una misión que el comandante del grupo les ordenó, matar a quienes  como    los   sacrificados   “atracaban”    y    “extorsionaban”  a  nombre  del  mentado  movimiento  sedicioso, objetivo dizque  apenas  vino  a  conocer  por  comentarios  que  le  hicieran  sus  compañeros,  “Norbey”  y  “El  Gurre”,  una  vez  culminado el episodio y en el cual,  aparte  de  conducir  el  campero en el que huyeron, ninguna otra participación  tuvo.   

Vinculado  el encartado al sumario junto con  otro  sujeto  de  quien  aseguró nada tuvo que ver con los hechos, se le detuvo  precautelarmente  sin  derecho  a gozar de excarcelación y, perfeccionada en lo  posible  la  investigación,  por  resolución  del  10  de noviembre de 1999 un  Fiscal  Delegado  ante los Jueces Penales del Circuito Especializados de Bogotá  lo  acusó  por  los  injustos  de  homicidio con fines terroristas, rebelión y  hurto calificado con circunstancias de agravación, en concurso.   

EL  CONFLICTO   

          Ejecutoriada  la  acusación  y  remitido  el proceso a los Juzgados  Penales  del  Circuito  Especializados  de  Cundinamarca para la iniciación del  juicio,  por reparto le correspondió al Primero, despacho que rehusó asumir el  conocimiento  del  asunto  por “discrepar”   de   la  calificación jurídica impartida a los hechos.   

          Sostiene  el titular de dicha dependencia no estar de acuerdo con la  Fiscalía  en  cuanto  a  la existencia de los “fines  terroristas”  que  se  predican  de  los  homicidios  imputados,  puesto  que dicho ingrediente subjetivo surge de la verificación de  las  condiciones  de  tiempo,  modo y lugar que determinan acabar con la vida de  una  persona,  y no del simple hecho de que delincuencias de tal naturaleza sean  cometidas por miembros de grupos subversivos.   

          Con  apoyo en varios pronunciamientos que sobre el tema hizo la Sala  y  cuyos  apartes  pertinentes  transcribe,  el  Juez Primero Penal del Circuito  Especializado  de  Cundinamarca  estimó  carecer  de competencia para asumir el  conocimiento  del  proceso,  en  el  entendido  de  que  los  hechos  materia de  investigación  no  se  adecuan  a la descripción típica que del homicidio con  fines  terroristas  define y sanciona nuestra ley penal sustantiva, pues si bien  es  cierto  -asevera-  “(…) nos encontramos ante un  homicidio  múltiple,  del  material  probatorio obrante en el expediente, no se  verifica  la  configuración  del ingrediente subjetivo en cita, pues de contera  el  hecho  generó  intranquilidad dentro de los habitantes de la finca donde se  consumaron  los  hechos  punibles,  el  mismo  no  se  realizó  mediante formas  comportamentales  y  medios  que  señalen  ese  resultado, pues nótese como el  lugar  donde se actualizó se encuentra alejado del núcleo urbano, elemento que  acompañado  al  deseo  de  actuar  amparado por la complicidad de la noche, son  aspectos    que    en    suma    desdibujan   el   fin   terrorista.”   

          Apuntalado  en  esos razonamientos el mentado funcionario envió por  competencia  el  proceso  al  Juez  Penal  del  Circuito  de  Cáqueza,  en cuya  jurisdicción  se  perpetraron  las  conductas punibles objeto de la acusación,  proponiéndole  colisión  negativa  de  competencia en el evento de no estar de  acuerdo con su tesis.   

          El  funcionario  judicial  mencionado en último lugar se mostró en  desacuerdo  con  el  pensamiento  del  Juez  Especializado,  pues en su sentir y  contrariamente   a   lo   expresado   por   el   colisionante,   examinadas  las  circunstancias  de  tiempo, modo y lugar que rodearon el hecho, las personas que  perpetraron  el  mismo  y  las  armas  que  se  utilizaron  en  su consumación,  “podemos  afirmar  que  al  menos  existen  indicios  graves   que   nos   permiten   colegir   el  propósito  terrorista”,  lo  cual  aparece  demostrado con los resultados que arroja la  actividad procesal llevada a cabo.   

          Al  efecto analiza la prueba testimonial recaudada y lo que sobre su  participación  en  los hechos y la de sus compañeros relató el implicado, las  armas  utilizadas  y  el  material  que  logró  decomisarse,  para concluir que  “la finalidad del grupo subversivo, no era solamente  acabar  con  la  vida de algunos miembros de la familia RINCÓN CHÁVEZ, sino de  aquellas    personas   que   allí   se   presentaran   o   estuvieran   a   sus  alrededores”, como  ocurrió  con  una  vecina, quien al acudir al lugar, también  fue atacada logrando salvarse porque se ocultó.   

          Miradas  así  las  cosas,  arguye  el  Juez  Penal  del Circuito de  Cáqueza,  no  existe  duda  acerca  de  ese  propósito terrorista, pues con el  empleo  de  armas  como la ametralladora y de explosivos como la granada, de los  cuales  da cuenta el informativo, “se buscaba crear o  mantener  un  estado  de  zozobra  o  perturbar  el  orden  público”,  comportamientos  que  por  su propia naturaleza representan un  peligro  común  para  la  seguridad  ciudadana,  como  lo tiene dicho la Corte.   

La   finalidad  insurgente,  remata  dicho  funcionario,  en ningún momento faculta a los integrantes de los grupos alzados  en  armas para asesinar y sembrar el terror en la población civil, aceptando de  esta manera la colisión planteada por su homólogo Especializado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Para  la  solución de la controversia, es menester tomar como punto  de  partida la descripción típica que acerca del hecho punible de terrorismo  realiza  el  Art.  187  del C.  Penal.  Enseña dicha norma:   

“Terrorismo.  El  que provoque o mantenga  en  estado  de  zozobra o terror a la población o a un sector de ella, mediante  actos  que pongan en peligro la vida, la integridad física o la libertad de las  personas   o   las   edificaciones   o   medios  de  comunicación,  transporte,  procesamiento  o conducción de fluidos o fuerzas motrices valiéndose de medios  capaces  de  causar  estragos  incurrirá en prisión de diez (10) a veinte (20)  años  y  multa  de  diez  (10)  a  cien  (100) salarios mínimos mensuales, sin  perjuicio  de  la  pena  que  le  corresponda  por  los  demás  delitos  que se  ocasionaren con este hecho.   

“Si el estado de  zozobra   o   terror   es   provocado   mediante   llamada   telefónica,  cinta  magnetofónica,  video  casete,  o  escrito  anónimo,  la  pena  será  de  dos  (2)   a  cinco  (5)  años  y  multa de cinco (5) a cincuenta (50) salarios  mínimos mensuales.”   

Luego  entonces,  causar terror no significa  cosa  distinta  a  infundir  miedo  muy  grande  e intenso -como semánticamente  definido  se  tiene  dicho vocablo- a través de actos que quepan catalogarse de  terroristas,  calificación  esta  que  necesariamente  dice  relación  con las  circunstancias  modales  y  temporo-espaciales  empleadas  en  la ejecución del  hecho.   

Ahora bien, de conformidad con la preceptiva  del  inciso 1º de la norma que viene de transcribirse, bien puede definirse, ha  dicho  la Sala, el homicidio agravado por los fines terroristas como  “aquel que se  comete  con  la  finalidad,  directamente  querida o por lo menos necesariamente  vinculada  a  los  medios  seleccionados  por  el  autor para lograr su cometido  criminal,  de  provocar  o  mantener en estado de zozobra a la población o a un  sector  de  ella,  mediante  actos  que pongan en peligro la vida, la integridad  física  o  la  libertad  de  las  personas  o  las  edificaciones  o  medios de  comunicación,  transporte,  procesamiento  o  conducción  de fluidos o fuerzas  motrices, valiéndose de medios capaces de causar estragos.   

“El homicidio con  fines  terroristas  implica  entonces,  además  del atentado contra la vida, la  puesta  en  peligro  efectivo  de otros bienes jurídicos como la seguridad y la  tranquilidad  públicas,  que el sujeto agente amenaza utilizando artefactos con  capacidad  para  producir  daños  de  considerable  magnitud,  siempre  que las  circunstancias  temporo-espaciales  y  modales  de  realización  de la conducta  criminal   representen  peligro  común  o  general  para  las  personas  o  sus  bienes.”  -proveído de septiembre 28 del año 2000,  Rdo.17.365,   M.P  Dr.  Fernando  E.  Arboleda  Ripoll-.       

Pues bien, no cabe duda que conductas como la  que   aquí   se   ventila,   generan   temor,   inseguridad,  intranquilidad  e  inestabilidad  sociales, en el entendido de que con un tal comportamiento lo que  se  busca  es  sojuzgar la voluntad no sólo de quienes directamente padecen sus  consecuencias,  sino  también  la  de toda la comunidad a la cual van dirigidos  sus efectos.   

Ciertamente,  en  el  evento  examinado qué  propósito  distinto  puede  tener un atentado como del que da cuenta los autos,  dada  la  modalidad  empleada  para  cometerlo,  sino  el  causar pánico en los  pobladores  de  la  región  donde  se  perpetró,  independientemente de que se  hubiese  consumado  en  zona  rural?  Acaso  no  puede  predicarse de un acto su  finalidad  terrorista  por  el  mero  hecho de hallarse el lugar de su comisión  alejado del casco urbano?     

El  sacrificio de cinco vidas humanas, todos  ellos  integrantes de una misma familia, y la manera como fueron “ajusticiados”;    los    instrumentos  utilizados  en  la  ejecución  del  hecho,  algunos  de los cuales son armas de  guerra  conforme  con  lo  normado  en  el  Art.  8º, literales a), d) y g) del  Decreto  2535  de  1993  -una sub-ametralladora, modelo MP-5, calibre 9 mm. y su  respectivo  proveedor  con  capacidad de alojamiento para 30 cartuchos del mismo  calibre,  de  funcionamiento automático (Fls. 103 del cuaderno original Nº 2),  y  la  granada  de  fragmentación  que  portaba  uno  de los agresores, de cuya  capacidad  para  causar estragos o generar daños de grave intensidad en la vida  e  integridad  física  de  las  personas,  o en sus bienes, no se tiene porqué  dudar-;  la  causa  que  motivó  el  múltiple  homicidio  -impedir se siguiera  atracando  y  extorsionando  en  nombre  de la agrupación subversiva, según lo  informó el individuo capturado y de la cual él hacía parte-.   

La   suma   de   todos   estos   factores,  incuestionablemente  apuntan  a señalar el estado de perplejidad, inseguridad e  incertidumbre  que  un  acto  de  tal naturaleza puede producir en la comunidad,  acto  de  barbarie  con  capacidad suficiente para generar en la población o un  sector  de  ella, el estado de zozobra al que alude el canon atrás transcrito y  que,  a no dudarlo, se ejecutó como clara señal de advertencia a los moradores  de  la  región  para  que se abstuvieran de seguir delinquiendo en nombre de la  organización guerrillera de marras.      

Como  se dijera en pronunciamiento realizado  por  la  Sala  el  14   de  diciembre  1994,  Rdo. 11.818, M.P. Dr. Ricardo  Calvete Rangel:   

“El  interés  jurídico  que se pretende proteger con el tipo penal de terrorismo y los demás  relacionados  con  él,  es la seguridad pública, de modo que no se trata de un  delito  político,  o  que  deba  perseguir  fines de esa clase, pues bien puede  darse  por  razones  religiosas  o  raciales,  o  como  enfrentamiento  entre la  delincuencia  común,  o  simplemente  por  crear anarquía o desorden. Así las  cosas  es  posible  que  con  un  acto  terrorista se  persiga  atacar a una determinada persona, familia o entidad, sin que por eso el  hecho  pierda  esa  especial  connotación;  o dicho de otra manera, una acción  realizada   con   un  fin  particular,  puede  llevar  implícito  el  carácter  terrorista  (…)” -se ha  destacado-.   

En  torno a la materia en examen, igualmente  precisó  la  Corporación en la providencia cuyos apartes pertinentes citan los  jueces  trabados  en  el  conflicto,  con ponencia de quien aquí cumple similar  cometido:   

“(…)   la  interpretación     de     los     ‘fines      terroristas’  en  el  tipo  circunstanciado de homicidio agravado, de cara a la  estructura  legal del delito de terrorismo, sólo es completa si se entiende que  también  aquel  elemento  subjetivo, presente al momento de la realización del  hecho  contra  la vida, apenas puede revelarse por conducta posterior que indica  cómo      la      muerte      se      produjo     precisamente     ‘para    preparar,    facilitar    o  consumar’   el   hecho  punible  de terrorismo, aunque la conducta homicida no hubiese estado rodeada de  modalidades   y   medios   que   evidenciaran   por  sí  mismos  el  propósito  terrorista(…).   

“Cuando se dice  que  el  homicidio  también  contiene ‘fines      terroristas’    en    el    momento    en    que    se    comete   ‘para    preparar,    facilitar    o  consumar’  el  delito de  terrorismo,  se  debe  a  que  el  significado  fundamental  de  la preposición  ‘para’  es  el  de  finalidad,  destino  o  utilidad,  sin  que  haya  lugar  a confusión con la causal 2ª de agravación,  porque  si  bien  coinciden  las conductas conformadoras de la circunstancia, el  principio  de  especialidad impone la aplicación de la causal 8ª por referirse  a  una  tendencia anímica (finalidad) que apunta al hecho punible de terrorismo  y   no   a   otro   cualquiera   que   sí  admite  la  causal  2ª.”       

Existiendo  pues  en  el  presente evento la  conjunción  de  conductas,  medios y resultados que individualizan al delito de  terrorismo,  para  la adecuación de la circunstancia de agravación en estudio,  “por   obedecer  solamente  a  un  ánimo  especial  -como   así   mismo   se   expuso   en  el  referido  pronunciamiento-,  basta  que  el  sujeto  mate con la  intención  adicional  de  producir  terrorismo, aunque a la postre no alcance a  tipificarse      concurrentemente      este      último     delito.”   

Entendidas  así  las cosas, conforme con el  acerbo  probatorio  que  obra en la encuesta ninguna incertidumbre existe acerca  del  propósito  terrorista de  los  homicidios  en cuestión, lo cual significa que de acuerdo con el pliego de  cargos  imputado  al  procesado  su  juzgamiento corresponde adelantarlo al  Juez  Primero  Penal  del Circuito Especializado de Cundinamarca, funcionario al  que  se  le  remitirá  el  expediente para lo de su cargo, en tanto de lo aquí  decidido se le informará al Juez Penal del Circuito de Cáqueza.   

Finalmente adviértese que en contradicción  a  lo  dispuesto  en el Art. 101 del C. de P. Penal y en desarrollo del presente  trámite,  el  Juez  Penal del Circuito de Cáqueza profirió auto por medio del  cual  ordenó  la  extinción  de  la acción penal por muerte del procesado, de  conformidad  con  el  registro  civil  de  defunción  que  se  hizo  llegar  al  encuadernamiento.  Atendiendo a las reglas de competencia, será el Juez Primero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Cundinamarca  quien  deberá  tomar las  medidas pertinentes para un mejor proveer.   

          En   mérito  a  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sala  de  Casación  Penal,   

RESUELVE  

        ASIGNAR  LA  COMPETENCIA  para que prosiga  con  el  conocimiento  de  este  asunto,  al  Juez  Primero  Penal  del Circuito  Especializado  de Cundinamarca, a quien se le remitirá el expediente para lo de  su cargo.   

         Por  la  Secretaría  de  la  Sala,  infórmesele  al Juez Penal del  Circuito de Cáqueza lo aquí decidido.   

         

CÓPIESE, NOTIFÍQUESE Y  CÚMPLASE   

CARLOS   E.  MEJÍA  ESCOBAR   

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

CARLOS   A.  GÁLVEZ  ARGOTE                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                       ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

NILSON           PINILLA  PINILLA                                 MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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