17255(19-12-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    República    de  Colombia   

         

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 17255  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 201  

         Bogotá,  D.  C.,  diecinueve  (19)  de  diciembre  de  dos mil uno  (2001).   

VISTOS  

         La  Sala  se pronuncia sobre la demanda de casación presentada por  el  defensor  de  Carlos Arturo Rodríguez  en  contra de la sentencia del 29 de julio de 1999 (adicionada el  23  de  septiembre  siguiente)  por medio de la cual una Sala de Decisión Penal  del  Tribunal  Superior de Tunja, al conocer la apelación interpuesta contra la  absolutoria  proferida  el 1° de abril de 1998 por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de Chiquinquirá, la revocó para condenarlo a la pena principal de 18  meses  de  prisión,  interdicción  de derechos y funciones públicas por igual  tiempo  y  multa  de  12,5  salarios  mínimos legales mensuales, como autor del  delito de peculado por apropiación.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

         El  25  de  junio  de  1996,  el  señor  GUILLERMO  ALFONSO FORERO  BUITRAGO,  acudió  a  la  Procuraduría Provincial de Chiquinquirá a denunciar  una  serie  de  irregularidades  cometidas  en la Empresa Municipal de Servicios  Públicos  “Empochiquinquirá”,  cometidas,  a  mediados de 1995, por varios  empleados    de    la    entidad,   entre   ellos   el   operario   Carlos   Arturo   Rodríguez,  a  quien  encontró  en  la  calle  14  con  carrera 3ª del barrio El Nogal colocando una  instalación  clandestina  para  el suministro de agua y aseveró que le pagaron  $200.000  por  hacerlo,  de los cuales entregó $50.000 a ZAMIR CABRA y ofreció  $20.000  a  GUILLERMO  ALFONSO,  quien  no  los  recibió  porque aspiraba a una  cantidad  mayor.  Similar  instalación  se  realizó  en  un lavadero de carros  cercano al terminal de transportes.   

         Se  adelantó la correspondiente investigación que culminó con la  providencia  del 28 de abril de 1997 por medio de la cual la Fiscalía Seccional  19  de  Tunja  profirió  resolución  de  acusación  en contra de Carlos  Arturo  Rodríguez, y otros, como  autor  del  concurso  de  delitos  de  peculado  por apropiación y concusión y  cómplice  de  falsedad  ideológica  en  documento  público  (fl.  473,  C. O.  2).   

         Luego  de  agotar  la fase del juicio, el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de  Chiquinquirá  profirió,  el  1°  de  abril  de  1998, sentencia  absolutoria         en        favor        del        señor        Rodríguez   (fl.   1.027,  C.  O.  3),  decisión  que,  recurrida  por  el  agente  del  Ministerio Público, el Fiscal  Delegado  y el apoderado de la parte civil, fue revocada, el 29 de julio de 1999  (con  la  adición  del 23 de septiembre),  por el Tribunal Superior en los  términos antes señalados (fl. 47 y 125, C. T.)   

         El  apoderado  del  señor  Carlos Arturo  Rodríguez       presentó       demanda      de  casación.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

De  conformidad  con  la  primera parte del  artículo  226 del Código de Procedimiento Penal, vigente para la época de los  hechos  y de la sentencia impugnada, “Si el demandante carece de interés o la  demanda  no  reúne  los requisitos se inadmitirá y se devolverá el expediente  al  despacho  de  origen”.  Como,  en  efecto,  el  libelo  no  satisface  las  exigencias   formales   que  establece  el  legislador,  la  Sala  procederá  a  inadmitirlo.   

         El  demandante  formula  un  único  cargo  al  amparo de la causal  primera,  cuerpo  segundo, por violación indirecta de la ley sustancial, que se  produjo  a  través  de  un  error  de hecho por falso juicio de identidad en la  apreciación  de  la  prueba,  el  cual  condujo  a una aplicación indebida del  artículo  133 del Código Penal de 1980 (397 del vigente), cuando lo procedente  era dar cabida al artículo 29-2 de ese estatuto (32-4 del actual).   

Al invocar el falso juicio de identidad, al  actor  le  compete  demostrar, no sólo la existencia del pretendido yerro en el  proceso  de  valoración  de  determinado medio de prueba, que debe consistir en  que  el  Tribunal  distorsionó  sus  alcances  y  le  suministró  un contenido  diferente  al  que  en  realidad contiene, sino también la transcendencia de la  equivocación,  esto  es,  que  de no haber sido por ella, el fallo hubiera sido  sustancialmente diverso.   

El casacionista no sólo no cumplió con esa  exigencia  técnica  que  de  suyo conduce al rechazo de la demanda, sino que en  los  escasos  párrafos que conforman la “Proposición del cargo” se limitó  a  transcribir  apartes de la sentencia del Tribunal, en los que éste analiza y  concluye  que  la  versión  del  señor Carlos Arturo  Rodríguez no corresponde a la verdad.   

La prueba que se menciona como supuestamente  tergiversada   en   sus   alcances   es  el  “contrato  de  arrendamiento  del  establecimiento  comercial denominado el “Terminal”, pero el cargo se quedó  en  la simple enunciación, en tanto que en los posteriores párrafos relacionó  argumentos  del juez de segunda instancia que aluden a las diferentes posiciones  procesales    del    señor   Rodríguez,  con  lo  cual  observa  la  Sala  que ninguna referencia hizo el  demandante  al  aparte  de  la decisión en que se alteró el contenido real del  documento.   

Por  mejor  decir, la censura radicó en la  distorsión  de  un  documento, pero al desarrollarla se trajeron argumentos que  tienen  que  ver  con  la  credibilidad  que merece la versión del indagado, en  apoyo   de   la   cual,  en  sentir  del  demandante,  acudía  el  contrato  de  arrendamiento  no  considerado  por  el  Tribunal.  Si,  al parecer, esta era la  pretensión,  es  claro que el cargo debió enfocarse por la vía de un error de  hecho  a  través  de  falso  juicio de existencia, no de identidad, como que lo  ocurrido  sería  una  omisión  material  en relación con el medio probatorio,  porque   obrando   el   documento   en  el  expediente,  el  juzgador  dejó  de  valorarlo.   

Además de la evidente falta de técnica, se  observa  que  en  los  pocos  espacios  que,  fuera de transcripciones, el actor  dedicó  a  sustentar  la  censura  acudió  no  a  demostrarla  sino  a  oponer  personales  y  subjetivas  apreciaciones  a las expuestas por el fallador. Así,  expresiones  como  que “es lógico y de sentido común” concluir que algunas  personas  detentaban  la  tenencia  de  un  inmueble;  que “con un práctico y  sentido  común  …  seguramente”  alguien  administraba  un establecimiento,  porque  “no de otra manera se puede explicar” un específico comportamiento,  no  dejan  duda  alguna  respecto  de  que  se  acude  a un lánguido alegato de  instancia,  que  no a la demostración del error planteado y a su transcendencia  en la decisión que se cuestiona.   

Finalmente, se afirma que el Tribunal dejó  de  aplicar  el numeral segundo del artículo 29 del Código Penal de 1980 (32-4  de  la  ley  599 de 2000), que alude a que el hecho se justifica, o hay ausencia  de  responsabilidad,  cuando quiera que el agente activo “obre en cumplimiento  de  orden  legítima  de  autoridad  competente  emitida  con  las  formalidades  legales”,  pero  por  parte alguna del libelo se enuncian ni los argumentos ni  los   medios   de   prueba   que  demuestren  la  existencia  de  la  causal  de  justificación,  como  que  en una contradicción evidente la demanda desarrolla  aspectos  que  nada  tienen que ver con la norma cuya aplicación se exige, para  concluir   que   el   señor   Rodríguez  “en  cumplimiento  de  una  orden emitida por el señor gerente  …”  cometió la conducta. En estas condiciones, se infringió el numeral 3°  del  artículo  225 del Código de Procedimiento Penal anterior porque, respecto  del   cargo  planteado,  no  se  indicaron  “en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos”.   

           La   Sala   debe  insistir  en  que para acceder a la casación no basta la simple enunciación de  supuestos   errores   ni  la  mera  oposición  personal  del  demandante  a  la  valoración  probatoria  efectuada por el Tribunal. El recurso extraordinario no  constituye  una  tercera  instancia para que en su desarrollo el libelista pueda  formular  de  manera  libre y subjetiva los reparos que a bien tenga respecto de  la  estimación  probatoria  judicial,  máxime  si  ellos  han  sido  objeto de  postulación  y  decisión  en  las  dos instancias procesales, puesto que no se  está  ante  una  tercera  instancia,  adicional  a  las  dos  permitidas por la  Constitución y la ley procesal.   

          Permitir  que  en  sede  de  casación  se acuda a ese expediente desvirtuaría la razón de ser de  ese  recurso  extraordinario  y  se  convertiría  en  una  inocua  y  adicional  confrontación  de  los  criterios  del  demandante con los más autorizados del  Tribunal  que  siempre  llegan a esta sede precedidos de la doble presunción de  acierto y legalidad.   

         Como  la  demanda  presenta  graves errores de técnica tanto en la  formulación  del  cargo  como  en  su  desarrollo,  no satisface los requisitos  legales  para conocer de ella, lo cual obliga a su inadmisión de acuerdo con lo  establecido  en  el  artículo  226  del  Código  de  Procedimiento Penal antes  vigente.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE   

No admitir la demanda de casación a nombre  de  CARLOS  ARTURO  RODRÍGUEZ  y,  por  tanto,  declarar desierto el recurso de  casación interpuesto.   

Esta  decisión  no permite recurso alguno.   

Comuníquese y cúmplase.  

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                          JORGE   E.  CÓRDOBA  POVEDA             

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE                                                           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO           

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN            NILSON E.  PINILLA     PINILLA                              

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *