17174(20-06-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 17174  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado Acta No. 88  

          Bogotá,  D.  C.,  veinte  (20)  de  junio  de  dos  mil uno (2001).   

VISTOS  

          El  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito de Cali condenó al señor  Aníbal Alzate Aristizábal a  prisión  de  34  meses,  multa de $10.000.00, suspensión en el ejercicio de la  profesión  u  oficio de la conducción de automotores por el lapso de 3 años e  interdicción  del  ejercicio  de derechos y funciones públicas por un término  igual  al  de  la  pena  privativa  de la libertad, como autor de los delitos de  homicidio  culposo  y lesiones personales culposas. También lo conminó al pago  de  $716.530.00  y  600  gramos  oro,  o  su equivalente en moneda nacional, por  concepto de perjuicios materiales y morales, respectivamente.   

         

          Apelada  la  sentencia  por  el  defensor y el apoderado de la parte  civil,    el   Tribunal   Superior   de   la  misma  ciudad  la  confirmó,  modificándola  en el sentido de tasar los perjuicios materiales en $902.157.00,  que  se  suman  a  $3.500.000.00  correspondientes  al  tratamiento  de cirugía  plástica según la última cotización presentada.   

         El  fallo  de  segunda  instancia  fue demandado en casación por el  Representante       del       señor       Alzate  Aristizábal.  Sobre el fondo del recurso se pronuncia  la Sala en esta sentencia.   

HECHOS  

          Sucedieron  en la ciudad de Cali, el domingo 6 de noviembre de 1994,  aproximadamente  a  la  1.30  de la madrugada, en la intersección de la Avenida  4ª.   con  la  calle  18,  cuando  chocaron el automóvil Chevrolet Swift,  modelo  93,  de  placas  CBG 472, conducido por Aníbal  Alzate   Aristizábal,   y  la  motocicleta  Suzuki  FZ  50,  de placas IYI 99,  guiada  por la señora Mercedes Ayala Grijalba, quien falleció minutos después  a  causa  del suceso. El señor Henry Morales Bastidas, que se transportaba como  parrillero  en  la motocicleta, resultó lesionado con incapacidad médico legal  de   15   días  y  deformidad  física  del  rostro  de  carácter  permanente.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          El  8  de  noviembre de 1994, la Fiscalía 4ª. de la Unidad de Vida  ordenó  la  apertura  de  instrucción  y  ese  mismo  día  vinculó  mediante  indagatoria   a   don   Aníbal  Alzate  Aristizábal.  Al  resolverle la situación jurídica, lo afectó con  detención preventiva (Fl. 36).   

          El  27  de  junio de 1996 fue calificado el mérito del sumario, con  acusación  contra  el procesado por los delitos de homicidio culposo y lesiones  personales  culposas,  en  concurso simultáneo y heterogéneo, agravados por la  circunstancia    prevista    en   el   artículo   330-1   del   Código   Penal  (Fl.201).   

          La  etapa  del  juicio  correspondió  al  Juzgado  1º.  Penal  del  Circuito  de  Cali,  donde, tras el rito correspondiente, se dictó la sentencia  del  23  de  agosto de 1999, que condenó al sindicado en la forma ya mencionada  (Fl. 371).   

         

          El  17  de  noviembre  siguiente, el Tribunal Superior de  Cali  confirmó    la    sentencia    con    las    modificaciones    ya    reseñadas  (Fl.412).   

         La  defensa  interpuso  el  recurso   de  casación,  presentó  oportunamente  el  escrito,  fue admitido, y se recibió concepto del Procurador  Primero  Delegado en lo Penal.   

LA DEMANDA  

          Con  fundamento  en  las causales 3ª.  y 1ª., cuerpo segundo,  de casación, formuló cinco cargos. Los enunció así:   

          Causal tercera.   

         

          La  sentencia  del  Tribunal  fue  dictada  en  un juicio viciado de  nulidad,  porque en la instrucción se incurrió en irregularidades sustanciales  que  afectaron  el  debido proceso, por falta de una investigación integral. En  el marco de esta premisa general propuso tres reproches, así:   

         

          Primer cargo.   

          En  la diligencia de indagatoria rendida ante la fiscalía el señor  Alzate  Aristizábal  citó  como  testigos  de  los  hechos  a  los  señores Angel Cruz Cuero y Juan Carlos  Preciado  y   afirmó  que  en el momento del accidente la señora Mercedes  Ayala  Grijalba  se  encontraba  en  estado  de  embriaguez  y conducía la  motocicleta  sin  luces.  El  instructor  no  verificó  estas  citas,  pues los  testigos  referidos no fueron llamados a declarar sobre lo ocurrido, no obstante  que  sus  versiones eran necesarias para clarificar si era cierto que la moto se  movilizaba  sin luces y la incidencia de esta circunstancia en el suceso. Estima  que  de  no  haberse  incurrido  en  tal  irregularidad se hubiera demostrado la  veracidad  de  las  afirmaciones  de su representado y la sentencia habría sido  absolutoria.   

           Segundo cargo.   

          A  pesar de que varios testigos afirmaron que la occisa conducía la  motocicleta  en  estado de ebriedad y padecía de hipertensión, la fiscalía no  dispuso  la  práctica  de  ninguna  prueba  pericial  sobre estos aspectos para  establecer  en  qué  condiciones neurológicas guiaba dicho vehículo sin poner  en  peligro  su  vida  y  la  de  los  otros  usuarios  de  la vía por donde se  desplazaba.  Indica que si se  hubiera practicado la prueba técnica por un  profesional  calificado en asuntos de embriaguez, otro habría sido el resultado  para el procesado en la sentencia impugnada.   

          Tercer cargo.   

          El  Tribunal Superior estimó que el croquis del accidente reportaba  en  forma  nítida el lugar de la colisión, pero no se percató de que tanto el  procesado  como  uno  de  los  testigos presenciales hicieron alusión a la poca  visibilidad  que  existía  en  la avenida 4ª. Norte por donde se movilizaba la  motocicleta.  Por  ello  encuentra que era imperioso se ordenara una inspección  judicial  con  reconstrucción de los hechos y con la asesoría de especialistas  para  que  se  hubiera establecido si quien se desplazaba por la calle 18 tenía  la  posibilidad  de  divisar la motocicleta sin luces que bajaba por la avenida,  y   se  determinara con claridad el punto de impacto y la parte de la calle  por  donde  transitaba  dicho  vehículo,  su  velocidad,  y  cuál  de  los dos  automotores  impactó  primero.  La  investigación  integral  imponía  que  se  estableciera  con  la  ayuda  de  especialistas  cuáles habían sido las causas  reales del accidente.   

         Cita  como  normas  violadas  los  artículos  29  y 250 de la Carta  Política;   26,  329  y 331 del C. P.; 1, 2, 246, 259, 260, 264, 266, 267,  268, 269, 270, 271, 273 y 333 del C. de P. P.   

          Causal primera.    

          Primer cargo.   

          Violación  indirecta  de  la  ley sustancial por error de hecho por  falso juicio de existencia.   

          Para  demostrar  la  censura  afirmó que en el acta de necropsia se  registró  un  resultado  positivo  de  alcoholemia  en  concentración  de  190  miligramos,  que  equivale  a  una  embriaguez  de  4º.  grado. El sentenciador  omitió  la  apreciación  de  esta  prueba, pues no tuvo en cuenta el estado de  ebriedad  en  que  se  encontraba  la víctima, ni la forma como esta situación  influye  en  la  pérdida  de  la  capacidad motriz. Considera que si se hubiera  valorado  dicho  elemento  de convicción, se habría encontrado que la culpa de  la   víctima   fue   la    causa   dominante,  eficiente  y  adecuada  del  accidente.   

          Segundo cargo.   

            Violación indirecta de la ley sustancial por error de hecho en la  modalidad de falso juicio de identidad.   

          Afirma  que  en  el  fallo  de  segunda  instancia se tergiversó el  contenido  material  del croquis elaborado en el lugar del suceso. Agrega que no  es  cierto  que  en  él se reportara en forma nítida el sitio de la colisión,  pues  no  se  estableció el ancho de la avenida, ni la posición que ocupaba la  motocicleta  antes del hecho. Añade que el fallador desconoció lo que en dicho  documento  se consignó en relación con los semáforos intermitentes para ambas  vías  y  estima  que  este error es trascendente en la decisión tomada por los  jueces  de  instancia, pues sobre dicha irregularidad se construyó la sentencia  impugnada,  toda  vez  que  no es cierto que el  accidente ocurriera por la  violación  de  las  normas  de  tránsito  por parte de su defendido, ya que la  conductora  de  la  motocicleta  también  tenía la obligación de detenerse al  arribar al cruce de las vías.   

          Considera  que  se  violaron, como normas medio, los artículos 246,  247,  253,  254,  264,  26  7  y  273  del C. de P. P., y como normas fines, los  artículos 329 y 331 del C. P.   

          Pide  a la Corte casar la sentencia y decretar la nulidad de todo lo  actuado  a  partir  de la providencia que decretó el cierre de la instrucción,  inclusive,  para que la Fiscalía proceda a realizar una investigación integral  y  decrete  las  pruebas  técnicas referidas, así como la inspección judicial  con  reconstrucción  de  los  hechos. De manera subsidiaria solicita se case el  fallo impugnado y se absuelva al procesado.   

INTERVENCIÓN DE LA PARTE CIVIL  

          El  apoderado  de  la  misma  solicita  no  se  case  la  sentencia.  Considera  que  en el proceso está claramente demostrada la responsabilidad del  procesado  y  que  no  es  cierto  que  se  hubiera  incurrido en violación del  principio  de  investigación integral. Indica que la falta de recepción de los  testimonios   de Angel Cruz Cuero y Juan Carlos Preciado se debió también  a  la  negligencia  de  la  defensa  que  no  los  solicitó  en  el curso de la  investigación.   

EL MINISTERIO PÚBLICO  

         El  Procurador  1º.  Delegado  en  lo  Penal  opinó que los cargos  formulados    por    el    casacionista    debían   ser   desestima­dos  y  por  ello solicitó no casar la  sentencia impugnada. Expresó:   

          En      relación     con     la     causal     tercera.   

          Los  tres cargos propuestos a la luz de este motivo de casación por  desconocimiento   del  principio  de  investigación  integral  constituyen,  en  últimas,  una  sola  censura  por  violación al debido proceso originada en la  omisión de varias pruebas.   

         Sobre  las  declaraciones  de  los  señores Angel Cruz Cuero y Juan  Carlos  Preciado;  el  dictamen  pericial  relacionado  con  la embriaguez de la  occisa  y  su capacidad para conducir en tal estado; y en torno a la inspección  judicial   al   lugar   del   accidente   con  reconstrucción  de  los  hechos,  considera       que       el       casacionista         incurrió  en  grave  falencia  técnica  en  la  presentación  del  reproche  porque no demostró la trascendencia de tales pruebas. Recuerda que en  el  asunto  en estudio las instancias concluyeron que el desacato a la señal de  pare  atribuida  al  incriminado fue el origen penalmente relevante de la muerte  de  la  señora  Ayala Grijalba, y que bastaba, por ende, que el censor ensayara  una  violación  del  deber  de  cuidado  que  le  era  exigible  a  ésta en la  conducción  de   la  motocicleta,  pues  aún  con  la  evidencia  de  tal  circunstancia,  si  la  conducta del procesado fue también determinante para la  causación  del  resultado, la primera transgresión no excluiría, sin más, la  segunda.   

          Afirma    que  la  trascendencia  de  la  inspección  judicial  deviene  infundada  porque los datos consignados en el croquis y la información  suministrada  por  los  testigos  eran  suficientes para que el juez tuviera una  idea  adecuada  de las condiciones físicas en que ocurrió el accidente. Añade  que  el libelista especula acerca del punto en que se encontraron los vehículos  accidentados,  pero  que  ese  cálculo no dependía exclusivamente de lo que se  pudiera  constatar  en  una  inspección  judicial,  sino  que,  en el evento en  estudio,   era  posible  inferirlo  a  partir  de  la  posición  final  de  los  automotores.  Esta  prueba  resultaba también superflua para establecer la poca  visibilidad  en  el  lugar  del accidente, pues sobre este aspecto ya se habían  pronunciado  varios de los testigos. Además, era al juez  y no al perito a  quien  le  correspondía  definir,  con  base  en  el  acervo  probatorio, si la  mencionada    oscuridad    tuvo    alguna    incidencia    en    el    resultado  típico.   

          En      relación     con     la     causal     primera.     

          Primer cargo.   

          Desde  el  punto de vista casacional           es antitécnico afirmar que en el  fallo  no se tuvo en cuenta la ebriedad de la conductora de la motocicleta, pues  esta  circunstancia  sí  fue  vista  y  apreciada  por  el  juzgador de primera  instancia,  cuya  consideración se integra, en virtud de la ratificación de su  proveído,  a  la sentencia del Tribunal. No es posible, por lo tanto, construir  un   yerro   fáctico   omisivo   con   el  argumento  de  que  el  Ad-  quem  no  se  había  percatado  del  estado  de  “alicoramiento”  en  que  se  encontraba  la víctima, porque la  motivación  del  A-quo  le  acompaña  de  manera  indisoluble.               

         

          Segundo cargo.   

         No  es  cierto  que  los  juzgadores  hayan  alterado  el  contenido  material  del croquis y del informe de tránsito. Lo que vieron los funcionarios  judiciales   en   dicha  prueba  documental  fue  la  ubicación  final  de  los  vehículos,  la  ocurrencia  del choque en la intersección, la intermitencia de  los  semáforos  y la prevalencia en la vía por donde circulaba la motocicleta,  que  es justamente lo que muestran los documentos de tránsito. No se percibe en  manera   alguna   que  los  juzgadores  hubieran  hecho  agregados,  recortes  o  parcelaciones a la prueba aludida por el defensor.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

Sobre   la   causal  tercera.   

         

        Ante  todo,  importa  decir  algo sobre la conducta del defensor que  ahora  acude a la casación: acompañó como apoderado de confianza –así  se  presenta en sus escritos- al  señor     Alzate     Aristizábal     durante   todo   el   proceso,  inclusive  desde  la  diligencia  de  indagatoria.  En  desarrollo  del trámite pidió dos veces la ampliación de un  testimonio,  fuera  requerida  una  historia  clínica y algo relacionado con un  médico, solicitud ésta hecha en audiencia pública.   

Todo  le  fue  concedido  por  la  atenta  fiscalía  que  adelantó  la  instrucción  y por el juez de primera instancia.  Pero  jamás  solicitó  aquello que ahora reclama para plantear nulidades, como  tampoco  impetró  pruebas  a  propósito  del  artículo  446  del  Código  de  Procedimiento  Penal. Igualmente, en la audiencia pública y en la sustentación  de  la  apelación  interpuesta  respecto  de la sentencia de 1ª. instancia, se  abstuvo  de  hacer recriminaciones a los funcionarios judiciales sobre la prueba  que  ahora  añora.  Y  tan  tenía  conciencia  de  que no hubo la omisión,  que se refirió en el debate a  los  dos testigos mencionados por el procesado en la indagatoria y nada objetó.   

El  comportamiento  ciertamente reprochable  del  letrado  conduce a la Corte a interrogarse sobre el por qué de su silencio  en  torno  a  aquello que ahora blande con imputaciones hacia la fiscalía. Bien  extraño  es  que  respondido  siempre  que pedía, haya guardado silencio sobre  aquello  que  hoy  muestra  como infracción al debido proceso y al principio de  investigación integral.   

Durante  el proceso pudo y debió pedir las  pruebas  cuya omisión después critica. No lo hizo y sin embargo luego, en sede  de  casación,  con  alarma  reprueba  lo que fue producto de su callada actitud  frente  a  las  pruebas,  con  olvido  de  que  una  de sus funciones es prestar  colaboración  en  la búsqueda de justicia, por ejemplo provocando la fuente de  la    cual    partir    para    eventualmente    proceder    a   practicar   las  diligencias.   

Ese  comportamiento  deja  estupefacta a la  Corte,  que  se  limita -quizás con respeto por las tan mencionadas tácticas o  estrategias  defensivas  o  en  guarda del contenido de los artículos 306 y 307  del  Código  de  Procedimiento  Penal-  a  dejar  el punto en la conciencia del  togado    y    a    cumplir   con   estudiar   el   asunto   y   contestar   sus  inquietudes.   

         1.  El  defensor  acusa al Tribunal de haber dictado sentencia en un  juicio  viciado  de  nulidad por haber omitido la práctica de las declaraciones  de  Angel  Cruz  Cuero  y  Juan  Carlos  Preciado  –  quienes advirtieron que la  motocicleta  guiada  por Mercedes Ayala Grijalba marchaba con las luces apagadas  -,  de  un  dictamen  pericial – sobre la embriaguez de la occisa y su capacidad  para  conducir  en  tal estado- y de una inspección judicial al lugar del hecho  con  reconstrucción de lo ocurrido e intervención de peritos – quienes debían  establecer  si  el  insuceso  se  debió  a  que  la  occisa se movilizara en la  motocicleta,  sin  luces,  por  una  zona oscura y en cuarto grado de embriaguez  -.   

         Cada  una  de  estas omisiones probatorias la planteó como un cargo  independiente  y  autónomo  por  violación  al debido proceso, originada en el  desconocimiento del principio de investigación integral.   

         2.  Como atendidas las propuestas que separadamente hizo el actor se  observa  que  pueden  ser  respondidas  de  manera fusionada, a ello se procede.   

         3.  Lo  primero  que  se  advierte  en  la  censura  es  la falta de  demostración  de  la  trascendencia del vicio, pues el actor no comprobó cómo  se  habría  producido un fallo opuesto al adoptado si se hubieran realizado las  pruebas sobre las cuales, dice, se guardó silencio.   

        Como   lo   ha   sostenido   la   Corte1,   cuando   se  trata  de  la  violación   del  derecho  de  defensa  por  desconocimiento  del  principio  de  investigación  integral  no  es suficiente indicar cuáles fueron los elementos  probatorios  dejados  de  practicar,  ni cuál su  fuente pues, además, es  menester  precisar su pertinencia, conducencia, utilidad e importancia, sobre la  base  de  que  esta última no emana de la prueba en sí misma considerada, sino  de  su confrontación lógica con las demás que han sustentado la sentencia, de  modo  que  se patentice si y de qué manera, ante la ausencia de dichas pruebas,  el  juzgador  ha proferido un fallo distante de la verdad, con afectación grave  del  sujeto  procesal  que  reclama. En otras palabras, le corresponde al censor  demostrar  que  si  el  juez  hubiera  contado  con los medios probatorios   omitidos, otro habría sido el sentido del fallo.   

         4.  En  el asunto estudiado el defensor no hizo la demostración que  se  acaba  de  explicar.  Se  limitó  a consignar que si se hubieran ordenado y  practicado  las pruebas que extraña, la sentencia hubiera sido absolutoria pues  se  habría  podido  establecer  que  el  accidente se debió a que la occisa se  movilizara  en  la  motocicleta sin luces, por una zona oscura y en cuarto grado  de embriaguez.   

         5.  Resulta  nítido  que el defensor en el desarrollo de la censura  no  logró  superar el deleznable terreno de las especulaciones, pues en ningún  momento  demostró con base en la confrontación objetiva de las pruebas echadas  de  menos  con  las  que  sustentan  el  fallo, de qué forma el sentenciador se  apartó  de  la  realidad  procesal  y cómo, por consiguiente, sus conclusiones  sobre  los  hechos o la responsabilidad del incriminado habrían sido diferentes  y opuestas si aquéllas hubieran sido allegadas.   

         Obsérvese  que  en  el  fallo  se  afirma que con fundamento en los  testimonios  de  Gonzalo  Alberto  Pulido  y  María  Mery  Quintero, el croquis  elaborado  en  el  lugar  del  accidente  y  la  versión del procesado, se pudo  establecer   que éste transitaba en su vehículo por la calle 18 al tiempo  que la motocicleta marchaba por la avenida 4ª. Así se expuso:   

                   “No  fue  en  consecuencia,  como  lo  dice  el  procesado  en  la  diligencia  de  audiencia  pública, que la moto lo envistiera sino que el hecho  obedeció,  muy  al contrario de lo por el afirmado, por su desconocimiento a la  reglamentación   de   tránsito.  Así  entonces  sucedió  que  pasándose  el  semáforo  y  el  pare,  indebida  e  irregularmente,  arrolló  a  la moto que,  llevando  la  vía,  transitaba  por  la  Avenida  4ª,  en intersección con la  carrera 18” (Fls.419-420).   

         6.  Aparte  de  que  no demostró en qué forma las pruebas omitidas  desvirtuaban  las  que  sirvieron  de  cimiento  al  fallo atacado, ni cómo las  conclusiones  de  éste  se  apartaban  de la realidad procesal, el casacionista  tampoco  advirtió  la  impertinencia  de  tales medios probatorios frente a los  elementos  basilares de la sentencia, que fueron la naturaleza de la vía por la  que  se  movilizaba  cada  uno de los vehículos colisionantes, la existencia de  señales  de  tránsito  que  le daban prelación al paso de la motocicleta y la  inobservancia  de  los  deberes  de  cuidado  que  tal situación le imponía al  procesado.  De esta manera, fácil es concluir que como ninguno de los elementos  extrañados,  tomados  individualmente  o  en  conjunto, tiene relación con los  aspectos  medulares  del  fallo,  lo  pedido  por  el actor no goza de capacidad  suasoria   para   desvirtuar   las   evidencias   tenidas   en  cuenta  por  los  jueces.   

         7.  Simplemente,  como  si  se  tratara  de un estudio de instancia,  sustentó  la  censura  con base en su propia interpretación de los hechos y en  infundadas  disquisiciones  sobre  la  incidencia  que  pudiera  haber tenido la  prueba  echada  de  menos  en  la  decisión  de  la justicia. Por ello terminó  afirmando  que  de  haber  sido observadas las pruebas referidas, “El fallador  con  certeza  hubiera  arribado  a  la  conclusión  que en esas condiciones era  imposible  manejar  la  motocicleta  y  no  hubiera  recurrido  a la infortunada  locución,  de  que  estos  últimos  (las  víctimas)  estaban amparados por el  principio de confianza” (Fl. 463).   

         Olvida    que    dicho   principio   más   que    una   simple  “locución”,   es   una   condición   sine  qua  non  operante  en el tráfico automovilístico, que se  funda  en  la  garantía  que deben tener los usuarios de las vías públicas de  que  todos  los demás participantes en el tráfico rodado se comportan en forma  prudente,  como  de manera expresa lo contempla el Código Nacional de Tránsito  Terrestre,       cuando       prescribe       en      su      artículo      109  que        

                                                “Toda  persona que tome parte en el tránsito  como  conductor  o  como  peatón, deberá comportarse en forma que no incomode,  perjudique  o  afecte  a  las  demás  y deberá conocer y cumplir las normas de  tránsito  que  le  sean  aplicables, así como obedecer las indicaciones que le  den  las  autoridades de tránsito. Además observará las señales de tránsito  que     determine     el     Instituto    Nacional    de    Transporte    y  Tránsito”.   

          El   reproche,   por   lo   tanto   se  desestima.   

         Sobre la causal primera.   

         Primer cargo.   

         Tampoco prospera, porque:   

         1.  Asegura el censor que no obstante que en la necropsia practicada  a  la  señora  Mercedes  Ayala Grijalba se consignó un resultado positivo para  alcoholemia  con  una  concentración  de  190  miligramos, “…el fallador de  instancia  no  consideró  la  embriaguez  de  la  conductora,  y  era necesario  determinar  si  una persona en esas condiciones podía manejar la motocicleta, o  si  por  el  contrario de acuerdo al golpe recibido en el vehículo en la puerta  al  lado  derecho,  precisa que quien conducía el vehículo lo hacía física y  neurológicamente imposibilitada”.   

   

         2.  Esta afirmación no consulta la realidad procesal. Basta leer el  fallo  de  primera  instancia  para  desvirtuarla,  pues  en él se hace expresa  mención  a  la  situación  de  ebriedad  en que se encontraba la señora Ayala  Grijalba,  circunstancia  que  descarta  de suyo la configuración del error por  falso  juicio  de  existencia  por sustracción, toda vez que este supone que la  prueba,  obrante  materialmente  en  el proceso,  haya sido ignorada por el  juzgador.   

         Mientras    tanto,    el    Juzgado    1º.   Penal   del   Circuito  dijo:   

         “Los  resultados  que  arrojó  la  investigación  dejaron  plena  demostración  en  torno  a  las  condiciones  que  se  hallaron  unos  y  otros  conductores  y  pasajeros  de los vehículos colisionantes, al igual de cual era  su  estado  de  ánimo  anterior  y  las  causas  que fungieron generantes en la  producción  de  los hechos, así se estableció que el procesado Aníbal Alzate  Aristizabal  guiaba  en  estado  de  embriaguez  su  vehículo  automotor  y que  también  Mercedes  Ayala  lo  hacía  puesto  que  a  ella  en  la necropsia se  reconoció  una  concentración  de alcohol en su cuerpo (…) Ahora bien, que a  Mercedes  Amaya  Grijalba  se  le  reconoció  concentración  alcohólica en su  organismo,  de  acuerdo a los resultados de la necropsia evento que tímidamente  quisieron   desconocer  sus  compañeros  de  ingesta,  no  constituye  elemento  probatorio  que  pueda  desintegrar  los  resultados  adjuntos  con el análisis  advertido,  el  estrellón no se debió a la embriaguez de la mujer… “( Fls.  376 y 381).            

         

         3.  Es  cierto  que  en la decisión del Tribunal no se hace expresa  mención  a  la  autopsia ni al resultado del examen de  alcoholemia que en  el  acta  se  consigna,  pero  ello  en  ninguna  manera  faculta para acusar la  sentencia  por  pretermisión  de  dicho medio probatorio, pues este yerro no se  estructura  cuando  las  pruebas  han sido analizadas en la sentencia de primera  instancia,  así  no  lo  hayan  sido  en la segunda, o viceversa, pues para los  fines  del  recurso extraordinario estas decisiones forman una unidad jurídica,  cuyos  contenidos  se  integran  recíprocamente. No es, entonces, técnicamente  válido     escindir    el    fallo,    para    efectos    de    sustentar    la  imputación.   

         No  recordó  el defensor que, como lo ha reiterado la Sala Penal de  la    Corte2,  las sentencias de primera y segunda instancia constituyen un todo  jurídico  estrecho  e  inseparable  en  los  aspectos en que ambas coinciden de  manera  explícita  o tácita, no solo en lo concerniente a la parte motiva sino  también  en  lo  relacionado   con la resolutiva, de donde resulta que las  consideraciones  y  el  examen de la realidad probatoria agotados por el juez de  primer   grado  se  entienden  incorporadas  a  la   sentencia  de  segunda  instancia  en  todo  aquello  en  que  no  se desvirtúe o modifique, así tales  análisis  o  argumentaciones  no  se  hayan  reproducido  en  el fallo acusado.   

         Segundo cargo.   

         También debe desestimarse, por lo siguiente:   

         1.  Considera  el  demandante  que  “El  fallador  tergiversó  el  contenido  material  del croquis de tránsito, desconociendo lo que se afirma en  relación  con  los  semáforos  intermitentes  para  ambas vías…”,  y  porque   “No  es  cierto que el croquis elaborado en el teatro del suceso  reporta  en  forma  nítida  el sitio de la colisión, porque no se establece el  ancho  de la avenida 4ª. Norte, ni la posición que ocupaba antes del accidente  la  motocicleta, para afirmar que el sitio de la colisión es reportado en forma  nítida”.       

         2.  La realidad procesal niega la aseveración del defensor, pues el  fallo  no alteró el contenido del croquis, como lo quiere hacer ver con base en  que  al omitir la prueba se dejó de lado lo indicado por el documento en cuanto  a las luces intermitentes del semáforo.   

         Sobre       este      punto      escribió      el      A-quo:   

                   “Al efecto,  el  examen  del  lugar del siniestro informa sobre quien tenía la prelación en  ese  momento para transitar por el lugar, a falta de control lumínico a través  de  las  luces roja, amarilla y verde, la prioridad para pasar la intersección,  que  se  traduce  en  prelación  en la vía, seguía siendo objeto de control a  través  del  semáforo  intermitente  que  fungía  en intermitencia roja en el  trayecto  del  automóvil es decir por la calle 18 e intermitencia amarilla para  el  recorrido  de  la motocicleta por la avenida 4ª norte la señal roja estaba  indicando  a  los  usuarios  de  la  vía  que  debían  de utilizar el Pare con  precaución  para rebasar la intersección, dejándole prelación a los móviles  de   la   avenida   4ª  …”  (Fl.376).                                                

         Y en relación con el mismo tema dijo el Tribunal:   

                    “ Tanto el  croquis,  como  el  conocimiento  directo  de  la  vía, esto es la experiencia,  determinan  a  concluir que en horas de la noche cuando los semáforos están en  estado  intermitente  lleva  la vía quien transita por la avenida 4ª debiendo,  consiguientemente,  quien transita por la calle 18 observar el cuidado requerido  para evitar un accidente”  (Fl.410).   

         3.  Tampoco  se  apartó  el juzgador de la realidad procesal cuando  afirma  que  “…el croquis elaborado en el teatro del suceso reporta en forma  nítida  el  sitio  de la colisión- inmediación de la avenida 4ª- sitio donde  quedaron los vehículos y zonas de los impactos”.   

         Basta  mirar  atentamente  la  pieza  procesal citada para verificar  este  aserto.  En  ella  se  indica  que el accidente ocurrió en el cruce de la  avenida  4ª.  Norte  con  la  calle  18, se consigna la ubicación final de los  automotores  y  se  señala el “punto de impacto” (PI), que como lo explicó  el  propio  agente  de  tránsito  que  elaboró  el  croquis,  éste tuvo lugar  en    “…la  intersección  de  las  vías,  aproximadamente  en la  mitad” (Fls.11 y 17).   

         4.  Significa lo anterior que el actor incurrió en el desacierto de  querer  hacer  derivar el error de hecho por falso juicio de identidad, no de la  distorsión  del contenido fáctico de la prueba, como lo plantea en la censura,  sino  de  las  conclusiones  que  los  falladores  extractaron  del  elemento de  persuasión,  con  lo  cual  desvió  el  reproche  hacia  el  error  por  falso  raciocinio.    Olvidó   que   el   primero   es   de   carácter   objetivo  y  surge,  se repite, cuando el  juzgador,  al  apreciar  la  prueba,   tergiversa  su  expresión  literal,  poniéndola  a  decir  lo  que  su  texto  no  contiene;  y que el segundo es de  naturaleza  va­lorativa y se presenta cuando al analizar  el  mérito de una prueba sujeta a la persuasión racional se hace con desprecio  ostensible  de  las  reglas  de  la  sana  crítica,  cuya  demostración impone  acre­ditar  que  han  sido  desconocidos    los    principios    de    la    lógica,   las   le­yes  de  la  ciencia o las reglas de la  experiencia.   

         Esta   confusión   conceptual   resulta   palpable   en  la  propia  demanda:   

                        “  La  ilegalidad   de  la  sentencia  y  desacierto  es  manifiesta,  se  tergiversó  el contenido material de una  prueba,  es  un error de juicio valorativo,  un  error  de  hecho  que  llevó al sentenciador a violar la ley  sustancial” (resalta la Sala) (Fl.465).   

                     5. Por esta  razón  el demandante no tuvo tino para demostrar el vicio invocado, ni desde la  óptica  del  error  por  falso  juicio  de identidad, ni desde la del yerro por  falso  raciocinio.  En  lugar de precisar con nitidez que fue lo que el juzgador  le   hizo   decir   al   croquis,  distorsionando  su  contenido  por  adición,  cercenamiento  o  tergiversación,  se  dedicó  a  relacionar en detalle varios  aspectos  que  en  su opinión se dejaron de consignar en dicho documento, tales  como  la  posición  que los vehículos tenían antes y en el momento culminante  de  la colisión, la distancia del punto de impacto con la línea imaginaria, la  postura  final  de  la  motocicleta, el carril que ocupaba el procesado antes de  ingresar  a  la  avenida 4ª., el ancho de esta vía, la constancia acerca de la  utilización  de  casco  protector por parte de la señora Mercedes Ayala, etc.,  aspectos  que  apuntan  más  bien a tratar de restarle credibilidad al medio de  prueba, que a demostrar un error por falso juicio de identidad.   

    

        En  síntesis,  prestó  mayor  atención  al  planteamiento  de sus  apreciaciones  personales  sobre  el  mérito persuasivo de la prueba documental  -con  el  ánimo  de  anteponerlas al criterio valorativo del fallador- que a la  demostración  de equívocos judiciales. Esta manera de actuar es inaceptable en  sede  de casación, primero porque no se trata de evocar una tercera instancia y  segundo  por  la  relativa   libertad  con  que cuentan los juzgadores para  apreciar  las  pruebas  y  asignarles fuerza, libertad restringida sólo por las  reglas  de la sana crítica,  cuya transgresión ni siquiera mencionó el actor.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

         No casar la sentencia impugnada.   

         Cúmplase y devuélvase al Tribunal de origen.   

CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL             JORGE E.  CÓRDOBA    POVEDA                        

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS       CARLOS  A. GÁLVEZ ARGOTE                         

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                     EDGAR   LOMBANA  TRUJILLO               

                                                  No hay firma   

ÁLVARO  O.  PÉREZ  PINZÓN                    NILSON  E.  PINILLA PINILLA                             

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria     

1 Sala  Penal.  Cfr,  por  ejemplo, Sentencias del 26 de septiembre del año 2000. M. P.  Carlos  E.  Mejía  Escobar;  25  de  febrero  del 2001. M. P. Jorge E. Córdoba  Poveda   y   del   15   de   marzo   del   2001.  M.  P.  Fernando  E.  Arboleda  Ripoll.   

2 Por  ejemplo,  sentencia  del  29  de  julio  de  1999,  M.  P.  Fernando E. Arboleda  Ripoll.     

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