16742(23-08-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 16742  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.  ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 124  

          Bogotá,  D.C.,  veintitrés  (23)  de  agosto de dos mil uno (2001)   

          Decide  la Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  por  el apoderado de la parte civil reconocida en el presente proceso, contra la  sentencia  de  fecha septiembre 6 de 1999, mediante la cual el Tribunal Superior  de  San  Gil  revocó la condena proferida por el Juzgado 3º Penal del Circuito  del  Socorro, para absolver al procesado HUGO LEONIDAS  LEÓN  SILVA del cargo imputado como autor del delito  de   homicidio   culposo.                  

HECHOS  

          Dan  cuenta  los autos que en la tarde del 11 de febrero de 1994, a  la  altura  del  paraje  “Luchadero”,  sobre  la  carretera  que del Socorro  conduce  a  la  localidad  de  San  Gil  (Santander), la tractomula de placa SYK  –  499  conducida  por  HUGO  LEONIDAS  LEÓN SILVA  atropelló  a  Benedicta  Cárdenas  de Arciniegas, quien caminaba por la vía y  perdió la vida en forma instantánea.   

ACTUACION  PROCESAL   

         1.   La  Fiscalía  Seccional  del  Socorro  abrió  la  investigación,  vinculó mediante indagatoria al conductor  HUGO LEONIDAS LEÓN SILVA y  definió  su  situación  jurídica  con  detención preventiva por el delito de  homicidio  culposo,  que mantuvo ante la solicitud de revocatoria elevada por el  defensor.   Esta última decisión fue confirmada por la Fiscalía Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  San  Gil,  al pronunciarse sobre la apelación  interpuesta por el mismo.   

          2.   Clausurado el sumario, el instructor calificó su mérito  probatorio  en  providencia  del 9 de agosto de 1996, con resolución acusatoria  en  contra  del  sindicado  como  autor  del  delito  imputado  en  la medida de  aseguramiento.   

          3.   El  Juzgado  3º  Penal  del  Circuito  del  Socorro  celebró la audiencia pública y con fecha 26 de febrero  de  1999  dictó  el  fallo  en  consonancia con la acusación, mediante el cual  condenó  al  implicado  LEÓN SILVA a  las penas principales de dos (2) años de prisión, multa de dos  mil  pesos  ($ 2.000) y suspensión en la actividad de conducción de vehículos  automotores por el término de ocho (8) meses.   

           

         El  Tribunal  Superior  de  San  Gil al  desatar  las  apelaciones  interpuestas  por la defensa y el representante de la  parte  civil,  revocó  en su integridad la sentencia del a quo para absolver al  procesado  del  cargo  endilgado en estas diligencias por el delito de homicidio  culposo.            

          El   apoderado   de  la  parte  civil  inconforme  con  tal  pronunciamiento,  interpuso  el recurso extraordinario que  decide ahora la Corte.   

LA DEMANDA  

          Con  fundamento  en la causal primera de casación, cuerpo segundo,  el  demandante  acusa  la  sentencia  impugnada  de  la violación indirecta del  artículo   329  del  Código  Penal  –  Decreto  100 de 1980 -, por falta de aplicación, determinada por  errores de hecho en la apreciación de las pruebas.   

          En  la  formalización del reparo reseña los medios de persuasión  aportados  a  las  diligencias,  los  hechos que estima demostrados a través de  ellos  y  acusa  la  distorsión  de  la  prueba  técnica,  testimonial y de la  indagatoria del sindicado.   

         Posteriormente,  bajo  el  epígrafe de  “Graves     errores    judiciales”,  señala  que  el Tribunal no apreció las evidencias en conjunto  de  conformidad  con  las  exigencias  de  los  artículos  246  a 248 y 254 del  estatuto  procesal  penal entonces imperante, pues su análisis se restringió a  dos  elementos  de  juicio  con exclusión de los restantes, desatino por razón  del  cual desconoció la verdadera causa del accidente, no diversa del exceso de  velocidad a la que se desplazaba el sindicado.   

          Concreta  luego  los desaciertos acusados, que estima cometidos por  el juzgador ad quem así:   

         1.   El  croquis  elaborado por el  Cuerpo  Técnico  de  Investigación  del  Socorro en el sitio del accidente fue  “mutilado”,  pues  el  Tribunal  afirmó  la  existencia  de  una  huella de frenada de quince metros a  pesar   que   en   el   plano   se  precisó  que  había  sido  de  veintisiete  metros.   

          2.   Igual  distorsión  encuentra,  respecto  de la huella de  frenada,  en  la  estimación que se hizo del testimonio del investigador Samuel  Delgado   Caballero,   quien  suscribió  el  croquis  aludido  y  ratificó  su  contenido.   En  otro  aparte  del  libelo,  sin  embargo,  acusa  en forma  lacónica que su declaración juramentada no fue apreciada.   

          Plantea   después  que  una  frenada  de  veintisiete  metros,  en  carretera  pavimentada  normal,  con  las dos semicurvas que presentaba la vía,  permite   concluir   que  el  procesado  LEÓN  SILVA  avanzaba   a  una  velocidad  superior  a  los  cien  kilómetros por hora.   

          3.   Indica  que  con violación del artículo 294 del Código  de  Procedimiento  Penal  “se acogió como verídica  la  versión  del  camionero  Juan  Carlos Torres (sic) González”,  a  pesar  que  tal  declarante  no  fue  señalado por el Cuerpo  Técnico  de Investigación ni por los deponentes Pascual Arciniegas Cárdenas y  Rosario  Santos  como  presencial  de  los  hechos.  Además, su relato fue  desvirtuado   por   el   propio   sindicado   LEÓN  SILVA.   

         4.   El  Tribunal ignoró los cinco testigos reseñados en el  informe  del  Cuerpo Técnico de Investigación, entre ellos, Pascual Arciniegas  Cárdenas,  quien  atribuyó  la  causa  del  accidente  al exceso de velocidad,  refirió   la   ruptura  del  muro  de  la  alcantarilla,  aseguró  el  aliento  alcohólico  percibido en el acusado y el enrojecimiento de sus ojos, sin que la  valoración   médica   descarte   la  ebriedad  pues  simplemente  excluyó  la  embriaguez   aguda   “dejando   lo   demás   sin  concepto”,  e  indicó  el  sitio  donde quedó el  cuerpo de la víctima.   

           5.    El   Tribunal   también  prescindió  de  la  declaración  de  Rosario Santos, quien atestiguó sobre el  exceso  de  velocidad del sindicado, la ruptura del aludido muro y que la occisa  transitaba  por  la  zona  verde,  para  quedar  finalmente  en cercanías de la  alcantarilla.   

         Consigna luego un análisis personal de  las  pruebas allegadas al proceso, para concluir que el exceso de velocidad hizo  que  el vehículo conducido por el acusado se saliera de la vía, chocara contra  el  muro  atropellando finalmente a la víctima y así las cosas, la conducta de  aquél  resulta  culposa.   Por  último,  en  el  colofón  de  la demanda  señaló  en  forma  escueta que el juzgador ad quem omitió el análisis de las  placas  fotográficas,  tergiversó  los  testimonios  de  Nicolás  Teherán  y  Rosario  Santos,  así  como  la indagatoria de LEÓN  SILVA y su ulterior ampliación.   

         Con fundamento en el anterior cargo, el  demandante  solicita  a la Corte que case la sentencia impugnada y, en su lugar,  confirme  el  fallo condenatorio proferido por el Juzgado 3º Penal del Circuito  del  Socorro,  con la adición en el sentido de disponer el comiso del automotor  involucrado en el accidente.   

CONCEPTO    DE   LA  PROCURADURIA   

         El  Procurador  Tercero  Delegado  plantea que el censor ha debido  acusar,  no la falta de aplicación del artículo 329 del Código Penal, sino la  aplicación  indebida  del  artículo  445  del  estatuto  procesal  penal, pues  resulta  evidente  su inconformidad con la absolución dispuesta por el juzgador  ad  quem, fundamentada en la duda probatoria, aun cuando comparte con los jueces  de   instancia   que   la   conducta   investigada   se   adecua   al  homicidio  culposo.   

         Además  de la impropiedad anterior, la Delegada destaca otras que  junto  con  la  atrás  advertida  impiden atender la pretensión de ruptura del  fallo atacado, enunciadas en los siguientes términos:   

         1.   El  censor  incluye  dentro  de  un  mismo  argumento la  demostración  de  los  errores  de hecho imputados al Tribunal, provenientes de  falsos  juicios de existencia por omisión y falso juicios de identidad, que por  su disímil naturaleza exigían una adecuada separación.   

         2.   Por  otra  parte, cita como pruebas omitidas algunas que  fueron  objeto  de  análisis  en  la sentencia de segunda instancia.  Así  sucede con la declaración de Samuel Delgado.   

         3.   En  relación  con el error de hecho por falso juicio de  identidad  producido sobre los testimonios de Rosario Santos, Nicolás Teherán,  Carlos  Torra González, la indagatoria y su ampliación, así como respecto del  croquis  levantado  en el sitio del siniestro, el demandante no concretó en que  consistió   la  distorsión,  pues  luego  del  resumen  del  medio  probatorio  consignó   un   comentario  sobre  lo  que  a  su  juicio  debió  entender  el  Tribunal.   

         4.    Toda   la   crítica  del  libelista  se  apoya  en  la  suposición  del  exceso de velocidad, sin reconocer que este factor no pudo ser  determinado  en  el proceso ni tampoco existieron los elementos suficientes para  dicho  efecto ante la deficiente instrucción y, en este orden de ideas, resulta  difícil    sostener   una   violación   de   los   principios   de   la   sana  crítica.   

         Similar  ausencia de certeza predica el Ministerio Público acerca  del  afirmado  choque de la tractomula contra la alcantarilla, menos aún, sobre  los    efectos   de   esa   hipotética   colisión   en   la   detención   del  automotor.   

         Por  las  razones  anteriores,  la  Delegada  sugiere  no casar la  sentencia impugnada.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         La  presentación  y el desarrollo del cargo se resienten de falta  de  técnica,  por  lo  tanto, no prospera la causal de casación invocada, como  pasa a fundamentar la Sala.   

         1.   El recurrente hace consistir la censura en la violación  indirecta  de  la  ley sustancial por errores de hecho en la apreciación de las  pruebas  incorporadas  al  proceso;  sin  embargo,  desde su planteamiento dejó  entrever  la  confusión conceptual que le asiste sobre las diversas modalidades  de  dicho desatino acusables en la sede extraordinaria, pues alegó inicialmente  la  distorsión de la experticia técnica, de los testimonios y de las versiones  del  sindicado,  sugiriendo  el  falso  juicio  de  identidad, pero en posterior  acápite  precisó  que  el  dislate del Tribunal radicó en la inobservancia de  los  principios de la sana crítica planteando entonces el falso raciocinio, que  no  derivó del desconocimiento de la lógica, la ciencia o la experiencia, como  en  rigor  se  imponía ante un reparo de este talante, sino de la prescindencia  de  algunos  de  los  elementos  de  juicio recaudados, explicando el yerro así  argüido  con  razonamientos propios del falso juicio de existencia por omisión  de prueba.   

         2.   Más  aún, este despiste del casacionista trascendió a  la  concreción  de  los  desaciertos  de  apreciación probatoria endilgados al  juzgador ad quem.   

         2.1   Ciertamente,  acusó  en primer término la distorsión  del  croquis  elevado por el Cuerpo Técnico de Investigación del Socorro en el  sitio  del  accidente  y del testimonio de Samuel Delgado Caballero, funcionario  de  la Fiscalía que lo elaboró, pero en lugar de cotejar el contenido objetivo  de  tales  evidencias  con el que les fue asignado en la decisión recurrida con  miras   a   demostrar  de  este  modo  su  alegada  tergiversación,  el  censor  desenvolvió  el ataque a través de la exposición de las conclusiones que a su  juicio  se extraían de estos medios de prueba respecto a la velocidad a la cual  se   desplazaba   el   vehículo   conducido   por   el  sindicado  LEÓN   SILVA,   contrapuestas  a  la  valoración  con  fundamento  en  la cual el Tribunal arribó a una apreciación  del todo diferente.   

         En  fin,  el  demandante  sustrayéndose al deber de demostrar los  yerros  acusados  y  su  influjo  en  la  declaración de justicia vertida en el  fallo,  frente  a  estos  reparos simplemente esbozó su particular e interesada  tesis  sobre el exceso de velocidad, incluso, atribuyéndole al juzgador ad quem  afirmaciones  que  no  consultan con fidelidad el análisis a partir del cual se  arribó a la absolución.   

         En  efecto, el libelista indica que el  Tribunal  en  el fallo impugnado aseguró la existencia de una huella de frenada  de  quince  metros a pesar que el croquis y la declaración mediante la cual fue  ratificado  aluden  a una mayor, esto es, de veintisiete metros; sin embargo, la  decisión  atacada  refirió  a  esa  distancia,  es  cierto, pero para señalar  “la  trayectoria  que recorrió el automotor fuera  de  la  vía…”  (cdno.  del  Tribunal),  que es cuestión totalmente diferente, en relación con la cual  agregó  que  en  las diligencias no se “determinó  que  parte del vehículo anduvo en este trayecto, si fue el trayler, la cabina o  todo    el    automotor…”    (f.   25,   cdno.  Tribunal).   

         Más  aún, este trayecto que el fallador de segundo grado afirmó  del  vehículo  conducido  por el acusado LEÓN SILVA  corresponde  al  efectivamente  testificado  por  el  técnico  que  elaboró  el plano, cuando al solicitársele la precisión de las  mediciones  efectuadas en el lugar del siniestro, que no fueron especificadas en  el  plano,  acotó que “la longitud que permaneció  por  fuera  la  tractomula fue de quince metros…”  (f. 91 vto., cdno. 1).   

         Por   otra  parte, tratándose de la declaración juramentada  del   investigador   Delgado  Caballero,  el  casacionista  con  violación  del  principio  de  no  contradicción invocó varias e incompatibles modalidades del  error  de  hecho  sobre este elemento de persuasión, no por su nomenclatura que  de  manera  alguna  se mencionan, sino a través de la referencia al ámbito que  le es propio a cada una de ellas.   

         Adujo  así,  inicialmente,  la distorsión de dicho testimonio en  lo  atinente  a la huella de frenada, en otros términos, que fue considerado en  la  valoración  probatoria  efectuada por el Tribunal pero con tergiversación,  adición  o  cercenamiento de su contenido material, mientras que en otro aparte  del  libelo,  sin  desarrollo  argumentativo  y  en  franca  contra  vía de esa  alegación,  acusó  que  tal  prueba  fue  relegada  del  todo  en el análisis  efectuado   por   el   Tribunal   al   sustentar   la   absolución.           

         2.2   En  otro  de los ataques el apoderado de la parte civil  plantea  el  error  de  hecho  en el análisis de la declaración de Juan Carlos  Torra   González  y  si  bien  no  identifica  el  dislate  denunciado  por  su  específica  naturaleza,  cuando  invocó  el  menoscabo  del  artículo 294 del  Código     de     Procedimiento    Penal    entonces    vigente    –Decreto 2700 de 1991-, que imponía  la  apreciación  del  testimonio  de  conformidad con los principios de la sana  crítica, sugirió entonces el falso raciocinio.   

         En este entendimiento resulta evidente  que   el   yerro   planteado   se  ofrece  carente  de  sustentación,  pues  el  casacionista   en  un alegato propio de las instancias no intentó siquiera  acreditar  que  el fallador al estimar la declaración del citado desconoció la  lógica,  la  ciencia  o  la  experiencia,  para  limitarse  a  exteriorizar  su  inconformidad  con  la eficacia probatoria que le fue concedida al testigo Torra  González  a pesar que no haber sido señalado como presencial de los sucesos en  el  informe  del Cuerpo Técnico de Investigación ni por los deponentes Pascual  Arciniegas   Cárdenas   y   Rosario   Santos,   asimismo,   por  las  supuestas  contradicciones   de  su  dicho  con  el  obtenido  del  encausado  LEÓN   SILVA,   aspecto  ampliamente  considerado  por  demás  en  el  pronunciamiento del Tribunal al fundamentar su  discrepancia frente a las conclusiones del a quo.   

         Así   las  cosas,  tratándose  de  una  confrontación  de  esta  naturaleza,   recuerda   la   Sala,   adquiere   preeminencia  el  criterio  del  sentenciador   por  estar  amparado  por  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad.   

         2.3   El  demandante  acusa  también  la preterición de los  cinco   testimonios   reseñados   en   el   informe   del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación  pero  circunscribe  tal yerro, en últimas, al omitido análisis  de  la declaración rendida por Pascual Arciniegas Cárdenas, a la que en verdad  ninguna    referencia    expresa   o   tácita   se   hizo   en   la   decisión  impugnada.   

         Sin  embargo,  la  sustentación  del  reproche fluye deficiente o  incompleta,  pues  el  casacionista  se  limitó  a  reseñar el contenido de la  versión  juramentada del citado, de quien afirma aludió al exceso de velocidad  al  que avanzaba el vehículo conducido por el sindicado y sugirió el estado de  ebriedad   del   mismo,  pero  sin  comprobar  su  trascendencia  frente  a  las  conclusiones   del   fallo  recurrido,  esto  es,  perdiendo  de  vista  que  le  correspondía  indicar  cómo  el  pronunciamiento  atacado  sería  de  diverso  sentido de no haber mediado el desatino verificado.   

         Este  señalamiento  echado  de  menos  surgía  en  particular exigente, pues con asidero en los restantes elementos de  juicio  incorporados al proceso el Tribunal no sólo excluyó las circunstancias  atestiguadas  por  Arciniegas  Cárdenas,  sino  que también estimó que en las  diligencias  no  “se  confirmó  ni  desvirtuó el  hecho  de  que  hubiera  venido  transitando en sentido contrario otro automotor  como  lo  plantea  el  procesado como causa coadyuvante del accidente y de haber  esto  ocurrido  el  instinto natural de conservación hace que el conductor para  evitar  la  colisión  inminente  maniobre la dirección hacia la derecha lo que  originaría  un caso fortuito, siendo esta una causal de inculpabilidad prevista  en el artículo 40 del Código Penal”.   

         Reiteradamente  ha  señalado  la  Sala  en  criterio  que reitera  ahora,  que  el  ataque  por  la  vía  indirecta  impone  al censor el deber de  desvirtuar  todas  las  pruebas  que  constituyen  el fundamento de la decisión  recurrida,  a  tal  punto,  que  si  la  censura  deja  vigente  el alcance y la  trascendencia  de  una  sola  legalmente  producida  con mérito suficiente para  sostenerla, la censura fluye evidentemente ineficaz.   

         No  sobra  añadir  en  este punto, que el censor descontextualiza  los  apartes  que  transcribe del fallo con la vana pretensión de comprobar que  el  análisis  del  Tribunal  se  restringió  a  la versión del procesado y al  croquis  levantado  por  un  técnico  del Cuerpo Técnico de Investigación con  exclusión  de  los  demás  elementos  de  juicio  incorporados al proceso, por  cuanto  en  ellos  el  sentenciador  de segundo grado simplemente indicó que la  prueba  sobre  las  circunstancias  modales del accidente se restringía a tales  evidencias.   

         2.4.  Tratándose  del  testimonio de Rosario Santos, el libelista  afirma  de  manera  enfática que no fue estimado por el Tribunal al proferir el  fallo  absolutorio  y reseña los aspectos que en su opinión se demostraban con  dicha  prueba;  sin  embargo,  en  otro  aparte de la demanda apartándose de la  lógica  que  gobierna  la  impugnación extraordinaria, admite que el análisis  del  juzgador de segunda instancia se extendió a ese medio de persuasión, como  en  verdad  se  constata  de la revisión de la decisión recurrida en la que se  indicaron  las  razones del exiguo mérito probatorio que le fue concedido, para  asegurar  entonces  que  el  desacierto  consistió  en la tergiversación de su  contenido  material  a  través  de  un   reparo  que, en todo caso, quedó  huérfano de sustentación.   

         2.5   Finalmente,  el impugnante acusó la distorsión de las  versiones    injuradas    del    procesado    LEÓN  SILVA y del testimonio de Nicolás Teherán pero sin  intentar  aquí  tampoco  la  verificación  de  los  desatinos alegados, que el  impugnante  dejó  en  el  mero  enunciado  pues  omitió confrontar las pruebas  conforme  fueron  asumidas en el fallo impugnado con su contenido de acuerdo con  las  actas  que  las  recogen,  como  le  resultaba ineludible para acreditar la  alteración  o   la  adición  de  su  sentido material o la omisión de un  aparte sustancial del mismo.   

         Ante   este   escueto  planteamiento  no  sobra  recordar  que  la  casación   en  manera  alguna  constituye  una  prolongación  de  los  debates  inherentes  a  las  instancias  en  la  que  el impugnante pueda hacer valer sus  conclusiones  en  oposición  a  las vertidas en la decisión impugnada, pues un  libelo  concebido  en  tales términos, como se aprecia en el caso examinado, se  reduce a un simple alegato carente de toda vocación de éxito.   

         En   conclusión,   ante   las  insuperables  deficiencias  atrás  advertidas   que   la  Sala  no  puede  enmendar  en  virtud  del  principio  de  limitación,  la  improsperidad  del cargo resulta manifiesta como lo sugiere la  Delegada    y,   por   consiguiente,   la   sentencia   impugnada   no   se  casará.   

         

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

         NO       CASAR       el      fallo  impugnado.   

         Cópiese,  comuníquese y devuélvase al Tribunal de origen.   Cúmplase.   

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO ARBOLEDA RIPOLL             JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ ARGOTE           

JORGE  A.   GÓMEZ GALLEGO                               ÉDGAR     LOMBANA  TRUJILLO   

ALVARO        O.        PÉREZ  PINZON                                 NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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