16595 (12-03-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 16595  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr.   JORGE  E.  CORDOBA POVEDA   

Aprobado acta N° 37  

Bogotá D.C., doce (12) de marzo de dos mil  uno (2001).   

         V I S T O S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  ARIEL     MANUEL    BERRÍO    OVIEDO.   

A N T E C E D E N T E S  

1.-   El  Tribunal Nacional sintetizó  los hechos así:   

“Dan cuenta los autos, que en la tarde del  12  de  octubre de 1995, el agricultor ABIGAIL MORA ORTÍZ arribó en compañía  de  su  familia a la finca “Sandino”, ubicada en el paraje “El Rodeo” de  la  comprensión  municipal  de  Lorica  (Córdoba),  donde  lo aguardaban cinco  individuos  armados,  quienes  luego  de  maniatar al mentado, a sus allegados y  trabajadores,  emprendieron  la  huida  llevándose  en forma forzada a la menor  YURIS  JULIETH  MORA  ESPITIA,  no  sin  antes averiar el vehículo en el que se  desplazaba  aquél, con la evidente finalidad de evitar la ulterior persecución  .   

“Los  facinerosos despojaron al hacendado  de  un  revólver  marca Llama, calibre 38L, de sus documentos de identidad, del  radio-pasacintas,   del  rodante,  de  algunas  joyas,  y  un  par  de  zapatos.  Posteriormente,  revindicaron  pertenencia  al  frente 58 de las autodenominadas  “Fuerzas   Revolucionarias  de  Colombia”  (FARC),  y  mediante  escritos  y  llamadas  telefónicas  demandaron  la entrega de setecientos cincuenta millones  de  pesos  a  cambio  de  la  liberación  de  la  niña,  exigencia  reducida a  seiscientos  millones,  de la que se sabe inicialmente fue cancelada la cantidad  de  treinta  millones,  sin que a la víctima se le hubiese permitido retornar a  su hogar.   

“A  finales del mes de diciembre de 1996,  al  parecer  con  la mediación humanitaria de la Diócesis de Apartadó, previa  la  entrega  de  once  millones  de  pesos  adicionales,  la  menor plagiada fue  entregada    por    los    subversivos   en   un   remoto   lugar   del   Urabá  Antioqueño”.   

2.-  Un Juzgado Regional de Medellín,  mediante  sentencia  del 5 de febrero de 1999, condenó a Ariel Manuel Berrío a  las  penas  principales de 42 años de prisión y multa de 168 salarios mínimos  mensuales  legales  y  a las accesorias de rigor, como coautor de los delitos de  secuestro extorsivo agravado y hurto calificado.   

3.-  Apelado  el  fallo por el defensor, el  Tribunal  Nacional, mediante sentencia del 2 de junio siguiente, lo modificó en  el  sentido  de imponerle como penas principales 36 años de prisión y multa de  110  salarios  mínimos  legales  mensuales,  confirmándolo en lo demás.    

Contra  esta  sentencia,  el  citado sujeto  procesal interpuso el recurso extraordinario de casación.   

         LA  DEMANDA  DE  CASACIÓN   

Al amparo de la causal primera de casación,  acusa  al Tribunal de haber violado indirectamente la ley sustancial por errores  en  la apreciación de la prueba, “por cuanto no se tomaron textualmente en su  contenido  y  conforme  al  contexto  general  los  testimonios  e injuradas que  comprometían  o  no”  la  responsabilidad  de  su  defendido, “y que por el  contrario,  a  pesar  de  no tener una sindicación directa, fueron considerados  como motivo incriminatorio del mismo”.   

Sostiene que Henry Luis García Cuadrado en  diligencia  de  indagatoria  incriminó  a  su procurado de los delitos de porte  ilegal  de  armas  “y  en  los actos preparatorios tendientes al homicidio del  ‘Mono Macusso’, pero en ningún momento lo menciona  como autor o partícipe” del punible de secuestro.   

Asevera  que en ampliación de indagatoria,  el  citado García Cuadrado adujo que él efectivamente había participado en el  secuestro,   rechazando  la  intervención  de  su  defendido,  aspecto  que  es  refrendado por éste en la indagatoria.   

Manifiesta que si lo anterior fuera poco, la  misma  víctima  relató  en  forma detallada las circunstancias que rodearon su  plagio,  resaltando  que  ninguno  de  sus  secuestradores  le  permitió ver su  rostro,  “y  que sólo recuerda a un sujeto con ojos de configuración anormal  como un posible plagiario a identificar”.   

No obstante lo anterior, la misma deponente,  en  diligencia de reconocimiento en fila de personas, en la que la acompañó su  padre,   de   manera  inexplicable  y  con  el  aval  del  Ministerio  Público,  contrariando  así  los principios legales y procesales de este medio de prueba,  señaló a Berrío Oviedo como partícipe de su secuestro.   

Por  lo  expuesto,  resalta  que  tanto  el  Juzgado  Regional  como  el  Tribunal  Nacional,  en  razón  de  un  estudio no  pormenorizado  de  las  pruebas  mencionadas,  les  dió  “una interpretación  completamente  alejada de la realidad procesal”, tal como se confirma al folio  4 del fallo de segunda instancia, que transcribe.   

Acota  que  esa  interpretación  violó el  contenido  de los artículos 254 y 255 del C. de P. Penal, así como también el  principio universal de la duda.   

Finaliza  afirmando  que  tal equivocación  conllevó  a que se le imputara a su defendido una responsabilidad que no existe  y   que  el  reconocimiento  efectuado  por  la  menor ofendida es bastante  controvertible,  “al punto de ubicarse en el campo de la nulidad”, pues ella  en  declaración  anterior  manifestó  que no podía identificar ni describir a  sus  plagiarios,  “hecho que nos hace caer en el campo de la duda … que debe  resolverse a favor del condenado”.   

En  consecuencia, solicita a la Corte casar  la  sentencia  recurrida  y,  en  su  lugar, absolver al procesado de los cargos  formulados  en  su  contra,  al  tenor  de  lo  dispuesto  en  el artículo 229,  ibidem.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

La  demanda  presentada por el defensor del  procesado  no  reúne  los  requisitos  de  claridad  y  precisión que exige el  artículo   225   del   Código   de  Procedimiento  Penal  para  su  admisión,  destacándose entre sus desatinos los siguientes:   

1°  No  dice cuál fue la norma sustancial  infringida,  ni  su sentido, es decir, si se quebrantó por falta de aplicación  o aplicación indebida.   

2° Aunque no señala cuál fue la clase de  error  de  apreciación  probatoria  en  que incurrió el Tribunal Nacional, del  desarrollo  del cargo se deduce que quiso referirse al de hecho por falso juicio  de    identidad,   cuando   asevera   que   “las   pruebas   no   se   tomaron  textualmente   en  su  contenido”,  pero sin que indique dónde radica la  falta  de  correspondencia  entre el tenor material de los medios de convicción  que  sustentaron la condena y lo que el juzgador expresó que su texto revelaba,  salvo  en  lo atinente a la indagatoria de Henry Luis García Cuadrado, pero sin  que    muestre   su   trascendencia   frente   a   la   parte   conclusiva   del  fallo.   

3°  Aunque  el  discurso, como se dijo, lo  orienta  por  la  vía  del  error  de  hecho  por falso juicio de identidad, se  desvía,  incoherentemente,  hacia  el  falso  raciocinio,  cuando  dice  que el  juzgador  transgredió,  al  apreciar las pruebas, el artículo 254 del C. de P.  Penal,  referente  al  método de la persuasión racional, pero sin que se ocupe  de   expresar   cuáles   fueron   las   leyes  científicas  o  los  principios  lógicos   o  las  reglas  de la experiencia infringidos, de qué manera lo  fueron  y  cuál  su trascendencia, y hacia el error de derecho por falso juicio  de  legalidad,  cuando  asegura  que  se  vulneró  el  artículo  255, ibídem,  concerniente   a   la  prueba  trasladada,  pero  sin  que  diga  cuál  fue  la  irregularidad que se cometió al incorporar la prueba.   

4° Finalmente, con relación al testimonio  de  la  menor  ofendida,  entremezcla  el  error  de derecho por falso juicio de  convicción  con  el  de  derecho por falso juicio de legalidad, el que a su vez  confunde  con  el  fenómeno  de  la  nulidad  de  la  actuación, desviándose,  vulnerando el principio de autonomía, a la causal tercera.   

Considerando las anteriores deficiencias de  la  demanda  y  como  la  Corte, en virtud del principio de limitación que rige  este  medio  extraordinario  de  impugnación, no puede entrar a subsanarlas, su  rechazo  se  impone,  al tenor de lo dispuesto por el artículo 226 del C. de P.  Penal.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION PENAL,   

         R E S U E L V E   

RECHAZAR IN LIMINE  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  ARIEL   MANUEL   BERRÍO   OVIEDO.   En  consecuencia, se declara desierto el recurso interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso (art.197 del Código de Procedimiento Penal).   

Devuélvase     al     Tribunal    de  origen.   

Comuníquese y cúmplase.  

CARLOS E. MEJÍA  ESCOBAR  

FERNANDO  ARBOLEDA  RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS AUGUSTO GÁLVEZ ARGOTE                            JORGE    ANIBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                                          ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

NILSON  E.  PINILLA  PINILLA                                        MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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