16138(23-07-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 16138  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado ponente:   

                                     Dr. Carlos Eduardo Mejía Escobar   

                                     Aprobado Acta # 103   

Bogotá  D.C., julio veintitrés (23) de dos  mil uno (2001).   

Vistos:  

Examina  la  Sala si la demanda de casación  presentada  a  nombre  del  procesado  IVAN MANUEL MONTOYA MONTOYA, reúne en su  aspecto  formal  los  requisitos  del artículo 225 del Código de Procedimiento  Penal.   

Antecedentes:  

Mediante providencia del 17 de julio de 1998  el   Juzgado   Penal  del  Circuito  de  El  Santuario  (Antioquia)  ordenó  la  acumulación  de  dos   causas  allí  adelantadas  en  contra  de  MONTOYA  MONTOYA.    

La primera,  atinente al cargo de porte  ilegal  de  armas,  respecto  del  cual  la Fiscalía lo acusó el 7 de julio de  1998,  en  relación con hechos sucedidos el 13 de noviembre  de 1997 en el  sitio   denominado   El   Ramal,   perteneciente   al  municipio  anotado.    

La segunda, referida a hechos ocurridos hacia  las  6  de  la  mañana  del  18 de noviembre de 1997 en la misma vereda, y como  resultado  de  los  cuales fue muerto de disparos por la espalda el señor RUBEN  DARIO  CALDERON  OROZCO.   En  relación con este acontecer MONTOYA MONTOYA  fue  vinculado  al  proceso y acusado el 19 de marzo de 1998, por los delitos de  homicidio  agravado  y  porte  ilegal  de  armas.  Esta decisión adquirió  ejecutoria el 26 de marzo siguiente.   

La   sentencia  de  primera  instancia  la  profirió  el  Juzgado  de El Santuario el 20 de octubre de 1998.  Condenó  al  sindicado  por  los  cargos de las resoluciones de acusación a 40 años y 6  meses  de  prisión,  al  pago  de 2.500 gramos oro a favor de los herederos del  occiso   por  concepto  de  daños  y  perjuicios  y  a  la  pena  accesoria  de  interdicción   de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  término  de  10  años.   Tanto  el  procesado  como el defensor interpusieron el recurso de  apelación  y  el  Tribunal  Superior  de  Antioquia,  a través de la sentencia  recurrida      en     casación     –expedida      el     10     de     marzo     de     1999—confirmó las determinaciones anotadas.   

La demanda:  

El  único  cargo que el defensor propuso en  contra  de  la  sentencia  lo  apoyó  en  la  causal 2ª de casación.  Le  solicita  a  la  Corte,  en  primer  lugar,  la libertad de su defendido por ser  inocente   y  existir  en  su  contra  sólo  conjeturas  y  no la “plena  prueba” necesaria para condenarlo.   

Acto seguido señala que la Fiscalía, en la  resolución  acusatoria  del  19 de marzo de 1998, incumplió con los requisitos  formales  2º  y  4º  del  artículo  442  del Código de Procedimiento Penal y  vulneró  a  la  vez  el  artículo  441  de la misma obra, en lo atinente a los  requisitos   probatorios   para   proferir   la  medida.   Señala  que  la  evaluación  de  las  pruebas  fue  pobre,  ilógica  y  las  deducciones fueron  ficticias; se trató de simples sospechas.   

Se      estableció     –dice—que  la  muerte  de  RUBEN  CALDERON se  produjo,  pero no que su representado haya sido el autor.  Aunque es verdad  que  entre  éste  y  el occiso existían diferencias personales, esto no quiere  decir   que  su  cliente  lo  haya  matado,  por  lo  que  no  es  culpable  del  homicidio.   

Quienes  acompañaban a la víctima, de otra  parte,  no  reconocieron  a la persona que disparó, ya que estaba encapuchada y  todo  ocurrió  muy  rápido.  Se pregunta el censor, entonces, cuál es la  prueba  en contra de su defendido si ningún testigo lo identificó.    No  se  dio  cabal  cumplimiento  al  principio  de investigación integral, las  pruebas  sólo  arrojan  dudas  y  las  mismas  deben  resolverse  a  favor  del  procesado.   

De  la  prueba  testimonial  dice  que no es  lógica,   científica   e   irrefutable   y  que  no  se  encuentra  confirmada  judicialmente.   Y  si se considera que portar un revólver no es prueba de  que  se  es  homicida  por  ello,  insiste en que la Fiscalía no contaba con la  prueba  necesaria  para  acusar.   Por lo demás, no analizó el respectivo  planteamiento de la defensa.   

Reitera  la violación del artículo 333 del  C.  de P.P., exhorta para que se le diga qué obra dentro del proceso a favor de  su   defendido  y  concluye  que  nada.   Se  le  condenó  “sin  pruebas  legales”  y  a partir de conjeturas e inclusive de odio hacia él.    “Todo  ha  sido  subjetivo  de  los falladores.  No existe indicio grave.  Sólo  testimonios pobres, rebuscados, sin coherencia probatoria.  Con esto  se  vulneró  el artículo 21 del C.P. porque mi cliente no ha delinquido ni por  acción ni por omisión”, concluye el abogado.   

Se refiere a la noción de indicio y expresa  que  en  el  presente  caso  se  sustituyó  ese  medio de prueba y se impuso la  subjetividad  del  funcionario judicial, es decir la sospecha, “una gravísima  aberración   del   proceso   penal”.   Su  representado,  entonces,  fue  condenado con apoyo en simples conjeturas.   

“La   sentencia  impugnada  –concluye—no  está en consonancia con los cargos  formulados  en  la resolución de acusación”.  Y la razón que arguye el  abogado  es  que  esta  última providencia se fundamentó en conjeturas y no se  explica   por   qué  el  Tribunal  confirmó  la  sentencia  en  contra  de  su  poderdante.   

Consideraciones de la Sala:  

El  sujeto  procesal  que decide acudir a la  casación  debe  tener claro, en primera medida, que el medio de impugnación no  es  una  tercera  instancia  del  proceso penal y que las sentencias de primer y  segundo  grado  se  presumen  ciertas  y  legales.  La comprensión de  éste  punto de partida es definitiva para el buen entendimiento de la dinámica  del   instrumento   procesal,  ya  que  si  el  fallo  viene  precedido  de  las  presunciones   anotadas,  ello  hace  transparente  que  un  alegato  de  simple  oposición  en relación con su contenido probatorio y jurídico,  se torna  insuficiente  para  el  resquebrajamiento  de  su lógica y a la vez para que la  Corte  disponga el trámite procesal respectivo y se pronuncie de fondo sobre la  censura.   

La casación, entonces, no es una posibilidad  para  el  discurso  sin límites, sin orden y sin método.  Es un escenario  de   reflexión  organizada  sobre  el  proceso  que  le  impone  al  demandante  precisarle  de  manera  clara  a  la Corte, para que el recurso sea admitido, la  causal  que  invoca, sus fundamentos y su trascendencia, e igualmente las normas  que          resultaron          infringidas.1   

   Esto  implica entender, como segunda  medida,  la  lógica  asociada  a  cada  una  de  las  circunstancias  que hacen  procedente  la  impugnación,  en aras de que el cargo planteado se ajuste a sus  reglas  y  pueda  considerarse una proposición completa desde el punto de vista  jurídico.   

La  demanda lo único que revela es el total  marginamiento  respecto  de  los  principios  más  elementales  vinculados a la  lógica  del  recurso  de casación.  La causal invocada, la segunda, está  prevista  como  salvaguardia  del principio de consonancia entre la acusación y  la  sentencia.   Para  su  propuesta  es  necesario  señalar  cuál fue el  supuesto   fáctico   y   jurídico  de  la  imputación   en  el  auto  de  enjuiciamiento  y  cuál el del fallo, demostrando cómo este desbordó el marco  del  primero,  al  deducir  impropiamente  otra  imputación  (salvo cuando ella  corresponda  a  los  mismos título y  capítulo del Código Penal donde se  encuentra  el delito objeto de la acusación y resulte menos gravosa al acusado)  o   circunstancias   agravantes   no   consideradas   por  la  Fiscalía  en  la  calificación.   

Lejos  estuvo  el casacionista de armonizar,  sin  embargo,  la causal invocada con la fundamentación aportada.  Esta es  una  referencia  categórica  a  que  la  resolución  acusatoria,  aparte de no  cumplir  con  ciertas  exigencias  formales, se basó sólo en conjeturas.   Tal  circunstancia  no  dice  nada  sobre  el  planteamiento  de inconsonancia y  tampoco  sobre  alguna  equivocación  en  concreto del juzgador, diferente a la  descalificación  concluyente  que  hace  el  demandante  de sus conclusiones, a  partir   de   la   simple  consideración  global  de  que  su  representado  es  inocente.   

Si  a  lo  anterior  se  suma la impropiedad  adicional  de involucrar en la censura la supuesta violación de la garantía de  investigación  integral, que podía proponerse pero en cargo separado y bajo el  desarrollo  pertinente,   es manifiesta la inidoneidad de la demanda y como  consecuencia  la  Sala la inadmitirá. Así las cosas, se declarará desierto el  recurso  de  casación y no se notificará la providencia de conformidad con los  artículos 226 y 197 del Código de Procedimiento Penal.   

Por  lo expuesto, la Sala de Casación Penal  de la Corte Suprema de Justicia,   

Resuelve:  

INADMITIR la demanda  presentada  a nombre del procesado IVAN MANUEL MONTOYA MONTOYA y en consecuencia  DECLARAR DESIERTO el recurso de casación.   

Cúmplase.  

CARLOS EDUARDO MEJIA ESCOBAR  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL                              JORGE E. CORDOBA POVEDA   

HERMAN            GALAN  CASTELLANOS           CARLOS  AUGUSTO GALVEZ ARGOTE         

JORGE        ANIBAL       GOMEZ  GALLEGO                     EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

ALVARO       ORLANDO       PEREZ  PINZON                         NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  .  Cfr. Providencia de la Sala de abril 22 de 1998. Casación 13.079.     

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