15997(28-09-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso N° 15997  

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                DR.     JORGE     ANIBAL     GOMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta Nro: 147   

          Bogotá D.C., veintiocho de septiembre de dos mil uno.   

VISTOS  

          Proveerá  la  Sala  sobre la casación propuesta por el defensor de  WILLIAM    EDINSON    PALADINES   ARGOTE  contra  la  sentencia  de  segundo grado proferida por el Tribunal  Superior  de  Cali  el  3  de febrero de 1999, confirmatoria de la condena de 25  años  y  6  meses  de  prisión  que  como  sanción  corporal  le impusiera al  procesado  el  Juzgado  12  Penal  del  Circuito  de  esa  ciudad,  al  hallarlo  responsable  de  los  delitos  de  homicidio  y porte ilegal de arma de fuego de  defensa personal, en concurso.   

  HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          El  19  de mayo de 1996 en un centro de diversión del corregimiento  “La  Leonera”, comprensión municipal de Cali, Valle, departían miembros de  la  familia  López  Ortega y  algunos  de  sus  amigos  y  allegados,  dos  de cuyos integrantes, WILLIAM  ORTEGA  y  ARLEX MONTOYA, a eso de  las  8  de  la  noche  y  por motivos de poca monta se pelearon con WILLIAM  EDINSON PALADINES ARGOTE, quien de  paso  por el lugar y en posesión de un arma de fuego observaba la juerga.   Aplacados  los ánimos, el mentado individuo prosiguió su camino teniendo a sus  espaldas  como  perseguidores  a  varios de los circunstantes, entre ellos, a un  pariente   de   William  su  contendiente,   Gonzalo   Ortega   López,  sujeto  que  con  el  propósito  de  desarmar al rijoso y evitar  problemas mayores luchaba por darle alcance.   

          Finalmente    Ortega   López  pudo  alcanzar  a  PALADINES,  quien  previamente  a ser alcanzado disparó al aire en señal de  advertencia  a  sus hostigadores para que cejaran en su empeño.  Inquirido  por  aquél  acerca  de  la  persona  que  en posesión de instrumento tan letal  pretendía  armar  camorra,  el  abordado  respondió que era él y de inmediato  disparó  contra  su  interlocutor  y  le  ocasionó  una  lesión en la región  precordial  que  por  su  gravedad  y  entidad  desencadenó  la  muerte  de  la  víctima.   

          A  la  Fiscalía  14  Seccional de la Unidad 1ª de Vida con sede en  Cali  le  correspondió  conocer  del  asunto,  despacho que una vez decretó la  apertura   de   instrucción   vinculó   mediante  indagatoria  a  PALADINES    ARGOTE,    resolviendo   su  situación  jurídica  con  medida  de  detención  como presunto responsable de  homicidio y porte ilegal de arma de fuego de defensa personal.   

Perfeccionada en lo posible la investigación  y  ordenado  su  cierre, por proveído del 23 de agosto de 1996 la Fiscalía del  conocimiento  calificó  su  mérito con resolución de acusación en contra del  procesado,  pliego  de  cargos  que  dice  relación  con  las mismas ilicitudes  deducidas  en  la  definición  de  situación  jurídica,  cuya impugnación se  declaró  desierta  el  20  de  septiembre  siguiente  por no haberse sustentado  oportunamente el recurso de alzada interpuesto (Fls. 128).   

Rituado el juicio, cuyo trámite impulsó el  Juzgado  14  Penal  del Circuito de dicha ciudad, y celebrada la vista pública,  por  fallo  del  30  de  septiembre  de  1998  se  condenó al acusado a la pena  corporal  de  la  que  se hizo mérito en el introito de esta decisión, la cual  fue    confirmada    por    el    que    ahora    es    objeto    del    recurso  extraordinario.   

LA DEMANDA  

          Al  amparo de la causal tercera, dos cargos formula el censor contra  la  sentencia  recurrida por violación de los principios que informan el debido  proceso y el derecho a la defensa.   

          Primer cargo   

          Propone  el  impugnante  extraordinario la nulidad de la actuación,  por  estimar que se vulneró el artículo 180-4 del C. de P. Penal de 1991 en la  medida  en que, habiéndose solicitado en la vista pública el reconocimiento de  la  diminuente  punitiva consagrada en el artículo 60 del Código Penal de 1980  -subsidiaria  de  la  de legítima defensa y del error invencible argüidos como  tesis    principales-,    ningún    pronunciamiento    hizo   el   A-Quo  acerca  de  aquella pretensión, no  empece    a   estar   probatoria   y   jurídicamente   sustentada   en   debida  forma.   

          Afirma  que  si  bien la sentencia condenatoria de primera instancia  resume  la  intervención  de  la  defensa, sin embargo la juez del conocimiento  “omitió   hacer  el  análisis  y  la  valoración  jurídica  sobre  la  petición del defensor de la atenuante de la ira e intenso  dolor      art.      60     C.P.,    constituyéndose  una  total  falta  de motivación sobre la  atenuante art. 60 C.P., en mención”.   

De acuerdo con lo dispuesto en los artículos  304-2  y  3°  del  C.  de  P.  Penal derogado, una tal irregularidad acarrea la  nulidad  de  la  actuación,  la  cual  solicita  se  decrete  a  partir  de  la  expedición  del  fallo de primer grado, para que una vez devuelto el expediente  al  juez  competente,  éste  proceda  de  conformidad con lo reglado en el Art.  229-2 ibídem.   

Segundo cargo  

Aduce  el  censor  como  fundamento  de esta  censura  el  hecho  de  que,  habiéndose impugnado la sentencia de primer grado  tanto  por  el  procesado  y  el  defensor,  como  por  el agente del Ministerio  Público  -cuya sustentación dijeron realizarla por escrito los dos primeros en  tanto  que  el  tercero  manifestó  hacerlo oralmente-, a la audiencia que para  dicho  cometido  se  citó  solamente  acudió  la Procuradora Judicial 64 en lo  Penal,  pues,  al  acusado  no  se  le remitió, y el defensor no pudo concurrir  porque  la  comunicación  que se le envió para enterarlo de tal acto se hizo a  una dirección errada.    

Agrega  que “esta  citación  errónea,  fue  la  causa  de  que  no  me  haya  enterado, de que la  audiencia  de  sustentación  oral,  del  recurso  de  apelación,  era  el 3 de  diciembre  de  1998  a  las 9 y 30 a.m.”.    

Con  una tal ausencia, resultaron vulnerados  los  derechos  a  la  defensa,  contradicción, igualdad ante la ley y el Debido  Proceso,  alega  el  casacionista,  porque en virtud a lo dispuesto en el inciso  3º  del artículo 196B del C. de P. Penal de 1991, al no surtirse los traslados  de  los  que  trata  el artículo 196A idem  respecto  de  los  recurrentes  y  no  recurrentes,  por  no estar  expresamente   regulado   cuál   es  el  procedimiento  que  deben  asumir  los  impugnantes  que se comprometieron a sustentar por escrito, entiende que existen  dos  vías  para  hacerlo:  La  primera, sometiéndose a la sustentación oral y  asistir  a  la  correspondiente audiencia en razón del principio de igualdad de  las  partes  -art. 20 ibidem-.  Y  la  segunda,  sustentar  por  escrito,  lo  cual  ha  de  hacerse antes de la  iniciación  de la audiencia de sustentación oral de la apelación, conforme lo  tiene dicho la Corte.   

En su caso, no existe equívoco, advierte el  impugnante   extraordinario,  puesto  que  “como  no  presentó   la   sustentación  por  escrito,  su  única  opción  era  hacerlo  oralmente,   asistiendo   a  la  audiencia  de  sustentación  oral.”   Y la sustentación por escrito que anunció el procesado,  agrega,  no  lo  privaba  del derecho de asistir a la audiencia de sustentación  oral  para  escuchar  las razones que el Ministerio Público tuvo para apelar la  sentencia.   Su   no   concurrencia   a  dicha  diligencia  le  restringió  por  consiguiente  su  derecho  a  la  defensa,  vulnerándosele “el   derecho   a   la   contradicción,  coadyuvar  o  replicar  las  sustentaciones  de  los  sujetos procesales (…) La única forma de posibilitar  el  derecho  a  la contradicción, es conduciendo al sindicado a la audiencia de  sustentación  oral,  por  cuanto  esta  es  la  última y única oportunidad de  ejercer el derecho de defensa.”   

Además,  considera  el  casacionista que en  razón   de   la   glosa  que  viene  de  relacionarse  se  incurrió  en  otras  irregularidades  no  menos  trascendentes, por resultar comprometidos el derecho  de defensa y el debido proceso, a saber:   

A) El escrito de sustentación del acusado no  fue  incorporado  al  acta de la audiencia de sustentación oral, para que fuera  tenido en cuenta por los otros sujetos procesales.   

B)  Por  consiguiente,  el  juzgador ignoró  dicho  escrito,  pues  ningún pronunciamiento hizo en la sentencia respecto del  mismo,  silencio  por  cuyo medio resultaron afectados los derechos a la defensa  material  e  igualdad  de las partes en el proceso, así como el debido proceso.   

C)   La   falta  de  sustentación  de  la  impugnación  por  parte  del  defensor,  daba  lugar  a  que el recurso por él  interpuesto   se   le  declarara  desierto.  Como  ello  no  se  hizo,  una  tal  irregularidad  lo  privó  de  que  a través del recurso de reposición pudiera  justificar  su “inasistencia involuntaria”  a  la  audiencia  de  sustentación  oral, por cuanto no había  desistido de la sustentación de la impugnación.   

Que  se  declare  la  nulidad  del  proceso  “desde  el acta de la diligencia de sustentación de  la  apelación  oral  de  la sentencia condenatoria”,  señala  como  fin el censor con este reproche, para que se proceda conforme con  lo   normado   en   el   Art.   229-2   del   Código   de  Procedimiento  Penal  derogado.   

ALEGACIONES DE LA NO RECURRENTE  

          Entiende  la  agente del Ministerio Público de la instancia que los  vicios  argüidos  por el impugnante extraordinario como motivo de casación, el  primero  como principal y el otro como subsidiario, se fincan en la misma causal  de  casación  -la  tercera-  por  haberse  proferido  la sentencia recurrida en  juicio  afectado  de  nulidad,  sólo  que difieren en el momento procesal de su  configuración.   

          Después   de  realizar  una  síntesis  de  lo  que  constituye  el  fundamento  de la demanda y de señalar en qué consisten las formas propias del  juicio,  aduce  la  Procuradora  Judicial  64 en lo Penal que el procedimiento a  aplicar  en  este evento dada la clase de sustentación que ella eligió -oral-,  era  el  consagrado en el inciso 2º del artículo 214 del C. P. Penal anterior,  “por  lo  que  de  inmediato  este  recurso  debía  surtirse  ante  la  segunda  instancia y este funcionario señalar fecha para la  audiencia  de  sustentación oral.” Por consiguiente,  los  apelantes no orales estaban obligados a allegar sus sustentaciones escritas  dentro del término legal al Tribunal.   

          Como  el  Defensor  no  cumplió  con  aquel  deber, el Ad-Quem      debió     “declarar     DESIERTO     el  recurso  mediante  auto motivado que obligaba su notificación a  las  partes  -arguye la citada funcionaria haciendo eco  de  las alegaciones de la defensa letrada-, siendo esta  la   oportunidad  para  el  defensor  justificar  su  no sustentación escrita oportuna y de esta forma a su  vez  sustituirla  por  la forma oral en la misma audiencia de sustentación oral  del  recurso  de  apelación  interpuesto por el Ministerio Público”,   donde   igualmente   bien   pudo   ejercitar   el   derecho  de  contradicción.     Por   consiguiente,   la   no  declaratoria  de  deserción  del recurso de apelación por su no sustentación,  vulnera  el  debido  proceso  y  el  derecho  de defensa, presentándose de esta  manera  la  causal de nulidad   prevista en el artículo 304-2º y 3º  del Código de P. Penal.   

          A  más  de  aquella  irregularidad  -prosigue-, el citatorio que al  defensor  se  le  envió  con  ocasión  de  la  programación de la pluricitada  audiencia  de  sustentación oral, jamás lo recibió, puesto que se le remitió  a  una  dirección  equivocada;  ignoró  pues,  la  fecha de celebración de la  misma,  ausencia  “que no provino del descuido ni de  la   voluntad   del   defensor   de   sustraerse   a   sus   deberes”.   Al   carecer  de  la  oportunidad  de  contradecir  el  fallo  impugnado, se le violó el derecho de defensa y el debido proceso.   

Esas   irregularidades   conforme  con  lo  dispuesto  en  el artículo 304-2 y 3° del desaparecido C. de P. Penal, afectan  de  nulidad la decisión de segunda instancia, sostiene la Procuradora Judicial,  viciando   lo   actuado   desde  el  acta  de  la  diligencia  de  audiencia  de  sustentación  oral.   Observa que este cargo es el que el censor ha debido  presentar   como   principal   y   no   el   que   como   tal   planteó  en  la  demanda.   

También  le  asiste la razón al impugnante  extraordinario  en relación con el otro reproche, afirma la no recurrente, pues  resulta   ser   cierto   que   el  A-Quo  no  se  pronunció  en  la  sentencia  respecto  del  estado  de ira  planteado  como tesis subsidiaria de la defensa letrada en la vista pública; no  examinó  el  factor  de  ánimo  “miedo”  expuesto  como atenuante punitiva al amparo de la circunstancia  prevista  en  el  artículo 60 del C. Penal de 1980.  Al incumplirse con lo  ordenado  en  el  artículo  180-4 del C. de P. Penal anterior, una tal omisión  igualmente  trasciende  a irregularidad sustancial constitutiva de nulidad (Art.  304-2 y 3) por violar el derecho de defensa y el debido proceso.   

Que  se  case “la  demanda”, pide esta sujeto procesal.   

CONCEPTO     DE    LA    PROCURADURÍA  DELEGADA   

                     En relación  con  el  primer cargo, adverso se muestra el Procurador Tercero Delegado para la  Casación  Penal  a las pretensiones del demandante y de la Procuradora Judicial  64 en lo Penal.   

                           Para  determinar  si  el  casacionista  solicitó  de  manera  clara  y  expresa en la  audiencia  pública  el  reconocimiento  de la aminorante punitiva del estado de  ira,  examinó  la  Delegada  lo  que  acerca  del  tema alegó la defensa, y la  respuesta     que     sobre     la     materia     brindó    el    A-Quo.  Al efecto se pudo establecer,  afirma,  que  el  defensor  del  procesado  sí  pidió  que  se  hiciera  dicha  declaración;  de  esta  manera  le  fijó  al juez el tema sobre el cual debía  pronunciarse en la sentencia.   

                     No obstante,  ese  planteamiento  “se hizo en forma poco técnica,  porque  el  argumento central del defensor lo constituyó una presunta agresión  verbal  y física que sufriera el procesado, en lugar de un comportamiento grave  e  injusto  que  lo  llevara a actuar atacado por el fenómeno sicológico de la  ira”.   

Si   bien   en  la  sentencia    -agrega-,  no  se  dio  una respuesta explícita al planteamiento  del  actor acerca del tema debatido, lo cierto fue que se hizo un estudio somero  de  los  elementos  que  conforman el delito emocional bajo los límites fijados  por  el defensor, esto es, la presunta agresión de la que se hiciera víctima a  PALADINES, y al examinar los  presupuestos  de  la  legítima  defensa y la conducta de quienes perseguían al  procesado,  “estimó que tal comportamiento no podía  calificarse  como  agresivo,  en  tanto  que la única finalidad que motivó tal  acercamiento  fue la de desarmar a quien tenía un elemento idóneo para agredir  a  cualquiera  de  los contertulios.” En apoyo de sus  argumentos,   el   agente   del   Ministerio  Público  transcribe  los  apartes  pertinentes del fallo de primer grado.   

No hubo pues conducta violenta o atentatoria  de  la  integridad  física del procesado, por lo que su reacción a todas luces  resulta  “desproporcionada  e inesperada”,  aduce la Delegada, respuesta que tampoco guardó relación con  el  antecedente  que  la motivó, como quiera que de éste mal podía originarse  “un   comportamiento   ajeno   causante   de   una  perturbación   emocional   airada.    En  otras  palabras,  dentro  de  la  actuación  jamás  se  estableció  que  la  reacción  de  Paladines estuviera  acompañada  de  un sentimiento de ira. Para el fallador, el miedo fue el factor  determinante  de una respuesta agresiva del procesado a los requerimientos de la  víctima   y   sus   acompañantes   perseguidores.”   

Así  entonces,  la argumentación sobre el  estado  de  ira  cuyo  desconocimiento  alega  la defensa, deviene confuso en el  entendido  de  que  el  togado  nada  hizo  por  demostrar  la existencia de los  factores  que  la  determinan,  y  su adecuación a la conducta observada por su  defendido.   

         Vistas   así   las   cosas,  no  es  que  el  funcionario  se  haya  desentendido  de  las pretensiones de la defensa, explica, lo que aconteció fue  que  las  abordó  desde  de  la  perspectiva  en  que fueron expuestas, pues al  examinar  lo  atinente  a la legítima defensa que como tesis central arguyó el  letrado,  el  sentenciador  asumió  que  no  había existido agresión actual o  inminente  por  parte  de  la víctima o sus acompañantes hacia el justiciable,  desechando  de  esta  manera  los  planteamientos  del  defensor  acerca  de  la  existencia  de  un  comportamiento  antecedente  agresivo,  desencadenante de la  reacción violenta reprochada.   

Con  base  en esas premisas, la ausencia de  motivación  alegada  deviene  infundada,  como  también  el conculcamiento del  derecho  a  la  defensa  y al debido proceso argüidos. En consecuencia, no debe  prosperar este cargo, plantea en su parecer el Procurador Delegado.   

Respecto   de  la  segunda  censura,  por  contrario  modo,  sostiene  la  Delegada que al casacionista le asiste la razón  habida  consideración  de  que, la falta de citación oportuna al defensor para  que  concurriera a sustentar el recurso de apelación que contra la sentencia de  primer  grado  interpuso,  ciertamente viola el derecho a la defensa y el debido  proceso.   

Después  de  referir  la  manera  como  se  cumplieron  los  actos  procesales  previos a la configuración de la violación  aducida,  y  acorde con la posición jurisprudencial de la Sala en relación con  la  aplicación  de las preceptivas contenidas en el artículo 196B del C. de P.  Penal   derogado,   sostiene   la   Delegada   que   al   haber  manifestado  el  recurrente    su   propósito   de  sustentar  por  escrito  la  respectiva  impugnación  contaba  con  esa  posibilidad,  desde la fecha de fijación de la  audiencia   para   aquel   efecto  hasta  el  día  antes  de  su  realización.   

Empero,  la  equivocación  que cometió la  dependencia  judicial al enviarle la citación a una dirección errada, aduce el  Ministerio   Público,   “no  permitió  al  abogado  conocer  las  fechas  que  limitaban  la  presentación  de  su  escrito, lo que  constituyó  un  impedimento insalvable para el ejercicio de la defensa técnica  y  con  esta  actividad  apoyar  las  pretensiones  del  procesado, quien había  presentado  su  impugnación,  en  ejercicio de la defensa material.”    

Ante  un  tal  obstáculo,  el  cual  no le  permitió  al  defensor acudir a participar en la sustentación oral del recurso  de  apelación  formulado  contra  la  sentencia,  impidiéndole  de  contera el  adecuado  ejercicio  del  derecho a la defensa técnica, la nulidad reclamada se  impone  como  sanción,  sostiene  el  Procurador 3º Delegado para la Casación  Penal,   invalidación  que  en  su  criterio  debe  decretarse  “desde  el  acta  de  la  diligencia  de  sustentación  oral  de  la  apelación  de  la  sentencia,  de  fecha  tres  de diciembre de mil novecientos  noventa  y  ocho, para que el Tribunal ordene la situación de manera correcta y  restablezca la actuación viciada.”   

También  le  asiste  razón al demandante,  igualmente  conceptúa  la  Delegada,  en  cuanto que en la sentencia de segunda  instancia  solamente  se dio respuesta a los alegatos de la Procuradora Judicial  64  en  lo  Penal,  quien  en la sustentación de la impugnación esgrimió como  tesis   la  causal  de  inculpabilidad  por  error  sobre  la  justificante  que  supuestamente   amparaba   al   procesado.  Sin  embargo,  también  se  mostró  inconforme  el  acusado  con  la sentencia de primer grado -y por eso la apeló-  porque  no  se  le  reconoció  la  legítima  defensa  ni  la  defensa putativa  argüidas, advierte el agente del Ministerio Público.   

La   ausencia   de   respuesta   a   los  planteamientos  de  los  sujetos  procesales,  como  aquí acontece respecto del  sentenciado,  violenta el mandato contenido en el artículo 180-4 del Código de  Procedimiento  Penal  de  1991  que  impone  al  funcionario  la  obligación de  examinar  sus  alegaciones, irregularidad que sumada a la falta de notificación  del  auto  de  citación  a  audiencia  de sustentación del recurso, vulnera la  garantía fundamental del derecho a la defensa.   

El   cargo   debe   prosperar,  opina  la  Delegada.   

Al  margen  de  lo  anterior, consideró el  representante  del Ministerio Público que ninguna irregularidad constitutiva de  nulidad  cabe  predicar  de  la  no  asistencia  del procesado a la audiencia de  sustentación   por   falta   de   citación,  puesto  que  el  cometido  de  la  sustentación  del  recurso  de  apelación ya se había cumplido con el escrito  que  oportunamente  hizo  llegar  para tal efecto. Y, de igual manera, no existe  norma  que disponga que el mentado escrito deba ser incorporado durante la etapa  procesal  pertinente,  al  acta de la audiencia de sustentación oral, como para  que  se alegue que una tal omisión es causal de invalidación de la actuación,  concluye  la  Delegada,  cuya verificación en su contenido le incumbe al sujeto  procesal interesado.   

                              

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         1.   Previo  el  examen  de fondo que aquí se impone, conviene  realizar   algunas   precisiones  acerca  de  la  falencia  advertida,  pero  no  desarrollada, por la no recurrente.   

Ciertamente,  incurre el casacionista en un  trastocamiento  de  la  lógica, al aducir como cargo principal el de la nulidad  por  ausencia  de  respuesta  en la sentencia al planteamiento de la defensa, en  cuanto   que  el  procesado  actuó al amparo de la diminuente punitiva del  estado  de  ira,  y  como subsidiario el que igualmente reclama la invalidación  del  proceso,  pero  por no haber podido concurrir el representante judicial del  acusado  a la audiencia de sustentación oral de la apelación, por el yerro que  supuestamente  se  cometió  al  enviarle  la  respectiva  comunicación  a  una  dirección   errada;   de   esta   manera,   dizque   ignoró  la  fecha  de  su  realización.   

En efecto, si llegare a prosperar el primer  cargo,  señalado  por  el  censor  como  principal,  la decisión por él mismo  reclamada   para   restañar   el   agravio   infligido  sería  “anular   el  proceso  desde  la  sentencia  condenatoria   de   primera   instancia”;   lo  que  obviamente  implicaría  dejar intacta la actuación precedente, valga decir, el  trámite  atinente  a  la carga procesal de sustentación de la impugnación del  fallo  de  primer  grado,  que  de  acuerdo con el reproche subsidiario también  deviene  ilegal y para cuya reparación, de fructificar esta segunda censura, en  palabras    del    propio    demandante,    resulta   menester   “declarar  la  nulidad  del proceso desde el  acta  de  la  diligencia  de sustentación de la apelación oral de la sentencia  condenatoria.” -subraya la Corte-.   

En  tales términos, el planteamiento de la  nulidad  deviene  equívoco  porque,  independientemente de la facultad oficiosa  que  le  asiste  a  la  Corte,  si  por  el  carácter rogado de la casación se  atendiera  en primer lugar al reproche formulado como principal, de tener algún  fundamento,   sus    efectos   invalidantes   tendrían  un  menor  alcance  rescisorio  que  los  del cargo aducido como subsidiario, en el entendido que la  nulidad  reclamada a partir de aquél, cobijaría sólo  la  sentencia  condenatoria  de  primera  instancia, en  tanto   que   con   el   segundo,  esa  nulidad  abarcaría  desde  el  acta  de la diligencia de sustentación de la apelación oral de  la sentencia condenatoria.   

Admitir una tal inconsistencia, implicaría  dejar  por  fuera  del  examen correspondiente la irregularidad cuyos efectos se  irradian  a  un mayor tramo procesal, aunque condicionado su estudio al supuesto  no   cumplido   de   que   el   cargo   planteado   como  principal  no  hubiere  prosperado.   

“(…)  subordinar  el  estudio  de  la  censura  llamada  a  producir  el  mayor efecto  invalidatorio,   a   la   improsperidad  de  la  de  menor  alcance  rescindente  -tiene  dicho la Corte-, es  anteponer  lo  subsidiario  o  secundario  a  lo  prioritario  o  verdaderamente  principal,   trastocando   la   lógica   propia   de  la  casación.”  (Sentencia de casación de febrero 6  de 2001, Rdo. 14.850, M.P. Jorge Aníbal Gómez Gallego).   

         No  empece  la  reseñada  falencia, en el orden de prioridad de los  cargos  según  su  proyección  en  la  eventual  anulación  del  trámite, se  examinarán  las  censuras  porque,  como  ya  se advirtió, si llegaren ellas a  prosperar,  la Corte tendría que entrar a invalidar oficiosamente la actuación  viciada  conforme a lo previsto en el artículo 228 del C. de P. Penal derogado,  vigente para la época de los hechos.   

         2.       De     las     nulidades  argüidas   

         2.1   Por  ignorar el defensor del procesado la fecha en que se  celebraría  la audiencia de sustentación oral de la impugnación promovida por  la  agencia del Ministerio Público contra la sentencia de primer grado, no pudo  concurrir  a  la  misma,  aduce  el  actor  como  fundamento  de  esta  censura,  desconocimiento  que  atribuye  el casacionista al hecho de que la comunicación  que  para  el  efecto  se  le envió, se hizo a una dirección equivocada.    

Ello contribuyó, asegura, a que no hubiera  podido  ejercer  el  derecho  de contradicción, bien replicando las alegaciones  del  sujeto  procesal  que  eligió  esta  forma de sustentación del recurso de  apelación interpuesto, ora coadyuvando las de su pupilo.   

         Pues  bien,  conforme con las constancias procesales que obran en la  foliatura,  desde  el  momento  en que el impugnante asumiera la representación  judicial  del  encartado  (f.  181),  hasta  el instante en que afirma operó la  irregularidad  sustancial alegada (f. 442), veinticuatro (24) citaciones le hizo  el  funcionario del conocimiento a fin de que atendiera el encargo, quince  (15)  de  ellas a la Calle 8ª Nº 9-36, apartamento 202 de  la  nomenclatura  urbana  de  la  ciudad -fs. 190, 191,  194,  213,  214,  229,  230,  244,  252, 254, 273, 290, 304 y 320-; y  las  restantes  a la Carrera 8ª Nº 9-36, Apto. 202  -fs.  326,  334,  343,  352, 361, 365, 367, 426 y 442- (Subraya la  Corte).    

Aquí  conviene  advertir que la penúltima  citación  para  que  concurriera  al juzgado (f. 426), se le hizo al recurrente  con  la  finalidad de notificarlo personalmente del fallo, lo cual evidentemente  ocurrió   como   cabe   observar   a   folio   427,  manifestando  en  el  acto  “Apelo        por        escrito.”   

Si,  conforme  con  el  planteamiento  del  demandante,  la  dirección  equivocada es la Carrera 8ª Nº 9-36, Apto. 202 de  Cali,  resulta  extraño  que  sólo en una (1) oportunidad de las nueve (9) que  allí  se  le citó, como viene de verse, no se hubiese enterado de la finalidad  para  la  cual  se  reclamaba  su  presencia,  precisamente  la  atinente  a  la  comunicación  de la fecha y hora de la celebración de la pluricitada audiencia  de  sustentación  oral  de  la  impugnación promovida por la representante del  Ministerio  Público,  apelación  que  en relación con él -con el demandante-  bueno   es   recordarlo,   debía  sustentar  por  escrito,  omitiendo  hacerlo.   

Es  que, de estas citaciones, atendió ocho  (8),  pues  en  siete  (7)  ocasiones  estuvo  presente en la vista pública -su  instalación,  subsiguientes  ampliaciones y su culminación-; y en razón de la  otra,  concurrió  al despacho, como ya se vio, para enterarse de los resultados  del fallo.    

Así,  entonces,  queda  claro  que  jamás  reclamó  por  la  pretextada  irregularidad, o dejó de cumplir con su deber de  defensor  del  sentenciado durante el tramo procesal de la primera instancia que  le  correspondió  representarlo,  por  supuestamente  ignorar el momento en que  debía asistirlo. Por lo menos de ello no existe constancia.   

El  sujeto procesal que haya coadyuvado con  su  conducta a la producción del acto irregular, no puede invocar su nulidad, a  menos   que   se   socave   el  derecho  a  la  defensa  técnica  -principio  de  protección-,  disponía el  ordinal  3º del artículo 308 del antiguo Estatuto Procesal Penal(art. 310-3 de  hoy).   Igualmente  aquella  norma en su numeral 4º (en la actualidad Art.  310-4  C.  de  P. Penal), preceptuaba que siempre y cuando no se atentara contra  garantías  superiores,  los  actos  irregulares  pueden ser convalidados por el  consentimiento    del   perjudicado   -principio   de  convalidación-.   

Si,  como viene de verse, el demandante con  su  silencio  contribuyó  a  la  ejecución  del acto presuntamente irregular y  consintió  en  él, mal puede ahora alegar la nulidad como motivo de casación,  estando   probado  que  al  procesado  no  se  le  han  violado  sus  garantías  constitucionales  fundamentales,  pues,  no  sólo  contó  con la asistencia de  defensor  letrado,  sino que también en su propio nombre ejerció el derecho de  defensa material.   

2.2   De  ahí  que  la  omisión  del  juzgador  de  primera  instancia  en  proferir  el  auto  por  cuyo medio debió  declarar  desierta  la  impugnación  del  defensor,  deviene  en  irregularidad  intrascendente,  como  quiera  que  de  una tal falencia mal puede sacar partido  pretextando  falta  de  oportunidad para justificar su comportamiento negligente  -no  allegar  el  correspondiente  escrito de sustentación-, si de lo dicho con  antelación  perfectamente  cabe  colegir  que  la  causa  de  su incuria no fue  precisamente   el   desconocimiento  que  supuestamente  tuvo  de  la  fecha  de  realización    de   la   audiencia   de   sustentación   oral,   como   quiere  aparentarlo.   

Otra    faceta    del    principio  de  protección,  aplicable  al  caso,  consiste  en  que,  si  el  defensor  había  anunciado  su compromiso de  sustentar  por escrito, una conducta cuidadosa que no contribuyera a acentuar la  irregularidad,  lo  obligaba  pedir  justificadamente la prórroga del término,  antes  de  su  vencimiento,  o a manifestar su propósito de cambiar de opinión  para acogerse a la dinámica de la sustentación oral.   

Por  consiguiente,  ignorándose  de  qué  manera  se  violaron  en este evento las garantías de los sujetos procesales, o  en  qué  forma  se desquiciaron las bases fundamentales de la instrucción o el  juzgamiento  -principio  de  trascendencia-,  la nulidad invocada no es más que un enunciado genérico, ayuno  de demostración en los autos.    

2.3  Así mismo, ninguna irregularidad  constitutiva  de  nulidad  cabe  predicar de la no asistencia del procesado a la  citada  audiencia de sustentación, como con acierto lo expone en su concepto el  representante  del  Ministerio  Público,  puesto  que el cometido que con dicha  diligencia  se  esperaba  cumplir,  quedó  satisfecho con el escrito que aquél  oportunamente  hizo  llegar  como  expresión  de  su inconformidad con el fallo  atacado.  De  igual  manera, no existe norma que disponga que el mentado escrito  deba  ser  incorporado  durante  la  etapa  procesal  pertinente,  al acta de la  audiencia  de  sustentación  oral, como para que se alegue que una tal omisión  es  causal  de  invalidación  de  la  actuación,  pues  la verificación de su  contenido,  como  también  lo  advierte  la  Delegada, es de la exclusiva   incumbencia  del  sujeto procesal interesado.  Entre otras cosas, porque la  audiencia  de  sustentación  oral,  por  la  naturaleza jurídica de las cosas,  constituye  un  intercambio  verbal  entre las partes con la presencia directiva  del  juez,  no  una  circulación  de  escritos precedentes, así después de la  intersubjetividad pueda dejarse la memoria escrita.   

Por  suerte  que,  la  nulidad reclamada en  virtud  de  las  falencias  pretextadas  que  vienen  de relacionarse, deben ser  desestimadas.   

2.4   Ahora,  dentro  de  las  glosas  secundarias  traídas a colación por el censor en este mismo cargo, se halla la  que   dice  relación  con  el  desconocimiento  presunto  que  del  escrito  de  sustentación  de  la impugnación propuesta por el procesado, hizo el fallador.  Como  que  acerca  de sus pretensiones hubo un absoluto mutismo en la sentencia,  puesto  que  en  el  momento  de desatarse el recurso de apelación, el juzgador  sólo  adujo  como  motivo  de  la  decisión, y así lo expresó concretamente,  asegura  el censor, “Decidir el recurso de apelación  interpuesto  por  la  procuradora  64  en lo penal contra la sentencia (…) que  condenó  a  WILLIAM  EDISON  PALADINES (…)”.   Dicha irregularidad viola el derecho de igualdad y de defensa.   

Respecto de dicha glosa, textualmente acotó  la Delegada:   

“Con relación  a   que   la   sentencia   de  segunda  instancia  sólo  dio  respuesta  a  los  planteamientos  esbozados  por  la  Procuradora  Judicial, debe indicarse que la  inconformidad  del  procesado  propuesta  a través de su escrito, radicó en no  reconocérsele  la  legítima  defensa,  ni  la  defensa putativa. En efecto, la  sentencia  únicamente  se ocupó de la causal de inculpabilidad por error sobre  la  justificante  que  lo  amparaba,  sin que hiciera algún pronunciamiento con  relación a la legítima defensa.   

“Le  asiste  entonces  razón  al  demandante  al  plantear  la  vulneración al derecho a la  defensa,  por  no  obtener  respuesta  a  una de las propuestas que el procesado  señaló  en  su  escrito  de  sustentación,  en  tanto  que  el  numeral 4 del  artículo  180  del  Código  de Procedimiento Penal de manera imperativa ordena  analizar   los  alegatos  que  presenten  los  sujetos  procesales,  luego  esta  equivocación,  sumada  a  la  falta  de  notificación del auto que impidió la  sustentación  del  recurso,  vulneró  esta  garantía fundamental.”   

         Como   quiera  que,  como  lo  advierte  el  actor,  al  desatar  la  impugnación  el Tribunal fue enfático en manifestar que decidía el recurso de  apelación  interpuesto  por  la  Procuradora  Judicial 64 en lo Penal contra el  fallo  de  condena  proferido  el  30  de  septiembre  de  1998  en  disfavor de  WILLIAM   EDISON  PALADINES  (Fls.  453),  para la estimación de los argumentos expuestos por el censor como  razón  específica  de  invalidación,  resulta  imprescindible establecer qué  alegó  el  procesado  como  motivo  de  inconformidad con el fallo cuestionado,  cómo  impugnó  el Ministerio Público de la instancia y si lo hizo a favor del  acusado,  y  cuál o cuáles fueron las respuestas que en la sentencia se dieron  a  las  tesis  o  inquietudes  de los sujetos procesales impugnantes, puesto que  conforme  con  lo  regulado  en  el  artículo  308-1  del  antiguo  Código  de  Procedimiento  Penal (hoy Art. 310-1) si el acto acusado cumple con la finalidad  para  el  cual  está  destinado,  no  se  declarará su invalidez -principio    de    instrumentalidad    de   las   formas-.   

         En  su  escrito  de  sustentación  de folios 432 a 434, reiteró el  procesado,  en  lo  esencial,  los  alegatos  expuestos  por  su  defensor en la  audiencia  pública  de  juzgamiento, esto es, que fue víctima por parte de los  parientes  del  interfecto  “de injusta provocación  llevado  (sic) a las vías de  hecho” por motivo nimio, pues sin que mediara ofensa  o  irrespeto  hacia la dama que estaba con el grupo familiar de aquéllos -sólo  la   miraba  insistentemente  a  través  de  la  ventana  del  lugar  donde  se  divertían,   asevera-,  “me  atacaron  a  golpes  y  puntapiés,   viéndome  obligado  a  huir  del  lugar  de  los  hechos,  siendo  perseguido  por  un  numeroso  grupo  de  personas encabezadas por el hoy occiso  GONZALO  ORTEGA”.   Y  agrega  que la señal de  advertencia  que  utilizó  -disparo  al  aire-  no  sirvió para disuadir a sus  hostigadores  de  la  inminente  agresión  que  estaban  por ejecutar en su contra, pues superado en número,  presa fácil hubiera sido de un linchamiento.   

         Agrega  que  la  juzgadora  de la primera instancia no escuchó a su  defensor,  quien  con  sustento  en aquellos hechos pidió se reconociera que el  acusado  había  actuado  al  amparo de la justificante descrita en el artículo  29-4  del  derogado  C.  Penal,  “cuando se vio en la  necesidad   de   defender   su  vida  ante  la  injusta  agresión  de  que  fue  objeto”, o admitir que la conducta desplegada por el  procesado  obedeció  a  su  estado  anímico perturbado por el miedo, fenómeno  explicativo  “de  la  defensa  putativa por un error  respecto   de  la  prohibición  de  que  trata  el  artículo  40  numeral  4º  (sic)”.   

Aspiraba  el  sentenciado a que esas mismas  alegaciones  tuvieran   eco  en  la  segunda  instancia,  en procura de una  absolución  “de  acuerdo  a un análisis crítico y  objetivo                de                los                hechos.”                          

         Por  su  parte,  la  Procuradora  Judicial 64 en lo Penal expuso una  sola  tesis  en la diligencia de audiencia de sustentación oral como fundamento  de   su   impugnación,   la   de  que  el  procesado  había  actuado  bajo  el  convencimiento  errado  e  invencible  de  hallarse  amparado  por una causal de  justificación  (Art.  40-3),  como  quiera que, conforme con lo relatado por el  testigo  Wilson Benavides, el  acusado  actuó al ver que el  hoy     interfecto,    Gonzalo    Ortega,   “se   llevó   las   manos   a   la  cintura”,  o como dice otro testigo, “colocó   las   manos   en   la   cintura   como   jarra”,  y  bajo  el estado anímico en que se hallaba, “golpeado,  correteado,  encerrado” y con  miedo,  su  reacción no fue más que la respuesta del instinto de conservación  ante el peligro o amenaza que enfrentaba (Fls. 450).   

         El  Tribunal  en  respuesta  a  los  argumentos  de  la Procuradora,  empieza  sus consideraciones dejando en claro que como la impugnante planteó la  existencia  de  la  circunstancia  prevista  en  el artículo 40-3 del C. Penal,  “a   ese   tópico   específico  se  referirá  la  Sala”  (f.  457),  como  efectivamente aconteció al  explicar  con  cita  inclusive  de un pronunciamiento de la Sala acerca de dicha  materia,  puesto que de esa manera actúa “quien mata  a  otro  en  la  creencia  de  defenderse,  en  forma  legítima, de una acción  ilegítima  que sólo está en su pensamiento”, falsa  percepción  que  debe  provenir del convencimiento equivocado que de los hechos  tuvo  el  agente,  a  tal  punto  que  se  genere  el error en la significación  antijurídica de los acontecimientos (f. 458).   

         Después  del examen probatorio pertinente, decidió el Ad-Quem impartir confirmación integral al  fallo  recurrido  en  el entendimiento que, “en forma  alguna  se  probó  que la conducta de WILLIAM EDINSON PALADINES fuera resultado  del   creer,   erradamente,   ser   agredido   por  el  hoy  occiso.”     -f.     463    infra-   

         Estimadas  así  las  cosas,  claro  resulta  que el sentenciador de  segunda  instancia sólo respondió, como lo había dejado anunciado, a la tesis  de  la  defensa putativa que como fundamento de la impugnación promovida contra  la  sentencia  de primer grado, expuso en la audiencia de sustentación oral del  recurso  la  agente  del  Ministerio  Público,  uno  de  los  argumentos en que  igualmente  se sustentó la apelación del acusado.  Así entonces, ninguna  irregularidad  se  otea,  pues,  aunque  no se hubiera referido en concreto a la  postulación  del procesado, lo cierto es que de manera conjunta el fallador dio  respuesta  a  las inquietudes de los dos citados sujetos procesales impugnantes,  respecto  del tema común presentado por ambos -defensa  putativa-  como  materia de inconformidad con el fallo  atacado.   

         Similar  dinámica se advierte respecto de la legítima defensa como  causal  de justificación, porque si bien el fallo impugnado no la invoca por su  denominación  jurídica  ni  en  calidad de reivindicación del procesado en el  memorial  de  apelación,  lo  cierto  es que controvierte sus presupuestos y la  niega por medio de argumentaciones claras del siguiente tenor:   

“Según  lo demuestran las pruebas luego  de  este  primer  enfrentamiento  y  disparo,  GONZALO  ORTEGA  LÓPEZ,  en  compañía  de  varios  de sus amigos, persiguió a WILLIAN  EDINSON  PALADINES  con el objeto de desarmarlo.   Esta  razón,  que  se afirmó por varios de los declarantes, no fue rebatida en  forma  alguna;  por  tal  razón  el  ánimo  motivante  de la persecución debe  tenerse por cierto.   

“Ahora  bien,  según  lo  declaran  los  testigos  presenciales  FERNEY  ADOLFO  MEJÍA  (cfr. fls. 47 y ss); PAUL COPETE  CASTAÑO  (fls.  54);  OFELIA  ORTEGA  LÓPEZ  (fls. 56) y JENNY MERCEDES ORTEGA  (fls.  88),  el  occiso GONZALO ORTEGA LÓPEZ al dar alcance a WILLIAN PALADINES  preguntó  quién  era  el del arma.  A la interrogación WILLIAN PALADINES  contestó   con   el   disparo  que  cegó  (sic)  su  vida.   Estos  testigos  de  forma  clara  aseguran que de parte de GONZALO  ORTEGA   no   existió  movimiento  que  pudiera  indicar  agresión”     (f.     459.     Se    ha  subrayado).   

         Y  en  la apreciación del testimonio del señor OSCAR ARCOS, único  que  pretende  respaldar  el  presunto asedio o el uso de la fuerza en su contra  como  alegación  del  procesado,  el  Tribunal hace razonamientos del siguiente  jaez:   

“Señala  además  este  testimoniante  que  en  ningún momento vio que PALADINES hubiese  recibido  agresiones  tales  como  puntapiés  y  golpes  en la cara  y  al  ponerle  de presente el dicho del implicado según el cual  él  fue  quien lo defendió de los golpes de que era víctima respondió:   ‘no señora yo no vi nada  de  eso,  la  verdad  yo  no  lo  vi” (f. 461.   Énfasis agregado).   

         Y agrega:   

“Por otra parte  resulta  importante  relievar  que  la  agresión  que dice el implicado sufrió  quedó   en   el   testimonio   de  OCAR  ARCOS  reducida  a  simples  empujones  controvirtiendo  de  forma  clara,  en  el riguroso interrogatorio, que nunca lo  defendió   ni   de   puntapiés   ni   de   golpes   en   la   cara.   

“En   este  aspecto  conviene  considerar  que  según  dictamen pericial a que fue sometido  para  despejar  dudas  sobre  las  lesiones  que  dijo  sufrir,  se  estableció  presentaba  equimosis  moderada  en la rodilla derecha y laceración pequeña en  la  cara  anterior  de  la  misma pierna (cfr. fls. 71); el entendimiento de las  zonas  de  las  lesiones  permite  inferir,  habida  consideración  del  suceso  probado,  que  bien  pudieron ser causadas en el momento de la precipitada huida  que  realizó  luego  de  disparar  contra  GONZALO ORTEGA.  Siendo que, en  consecuencia,  por no existir evidencia probatoria, resulta descartada cualquier  agresión  que conllevara golpes por parte de miembros de la familia ORTEGA o de  personas  cercanas a ellos”  (f. 463.  Se ha destacado).   

         De  modo  que  la reiteración del fallador de segunda instancia, en  el  sentido  de  que  no  está  probado  que el procesado haya sido víctima de  golpes  o  acometimientos antes de que él disparara en contra de GONZALO ORTEGA  LÓPEZ,  significa  a  derechas  que  no  existió la injusta agresión actual o  inminente  que  justificara su reacción violenta con el arma de fuego en contra  del   mencionado   ciudadano.    Si  prueba  de  esa  violencia  calificada  constituye  el  substrato  de  la  causal de justificación denominada legítima  defensa,  indudablemente  desde  el  punto  de  vista material está razonada la  negación  de  dicha excluyente de la responsabilidad, bien en los términos del  artículo  29-4  del  anterior  Código Penal ora en la redacción del artículo  32-6  de la Ley 599 de 2000, estatuto penal vigente, máxime que la “necesidad  de   defenderse”   pregonada   por  el  acusado  tanto  en  el  curso  de  sus  intervenciones  orales  de descargo como en el memorial de apelación fue basada  en el hecho de que había sido atacado a “golpes y puntapiés”.   

         Es  claro  que  dar las razones por las cuales se comparten o no las  alegaciones  de  las partes, tiene dicho la Corte, es un requisito formal que se  relaciona  con  la  debida motivación de la providencia, cuya omisión entraña  nulidad   de   lo   actuado   si  con  ello  resulta  vulnerado  el  derecho  de  contradicción,  el  cual  en  ese  sentido asiste al derecho de defensa, siendo  ambos   elementos   estructurales   de   la  garantía  fundamental  del  debido  proceso.   

         Ha dicho la Corporación:   

“Si el sujeto  procesal  tiene la carga de sustentar, se logra el equilibrio con la imposición  al  Estado  de  escucharlo,  analizar  lo  que  dice  y  ofrecerle una respuesta  motivada.  La  técnica  de  la  casación, por otro lado, no se explica sino en  concordancia  con  estas  exigencias.  Una  sentencia inmotivada dificulta hasta  hacer  imposible,  la crítica clara y la impugnación precisa de sus premisas y  conclusiones.  Los  falladores  deben comprometerse con el contenido del proceso  para  que  sus análisis puedan luego ser debatidos en el recurso extraordinario  dado  que  este  demanda atacar sus fundamentos y demostrar la inconsistencia de  los  juicios de valor allí formulados…” (Sentencia  de  casación   de  marzo  25  de  1999,  Rdo.  11.279,  M.P.  Carlos          Eduardo          Mejía          Escobar).   

         En  este  caso,  el  Tribunal  no atinó a invocar al procesado como  apelante,  al  igual  que  el  Ministerio  Público,  sin  embargo  de  lo  cual  materialmente  existe  en el texto de la sentencia una respuesta suficientemente  motivada  a  las  dos  inquietudes  sobre  defensa  putativa o error concreto de  prohibición  y  legítima  defensa que planteaba el acusado.  De modo que,  no  obstante  la falta de referencia expresa al otro sujeto procesal impugnante,  el  fallo  contiene  la  requerida  justificación para facilitar su control por  medio  de  las  impugnaciones  posteriores, hasta el punto de que el defensor en  hipótesis  pudo  haber  atacado  en casación los razonamientos probatorios del  juzgador  para  negar  el  supuesto fáctico de la legítima defensa (“injusta  agresión  actual  o inminente”), siempre y cuando adicionalmente satisficiera  los requerimientos del error de hecho o de derecho.   

De   la   manera   como   quedaron   las  justificaciones  dispuestas  en  el fallo, no puede asegurarse una violación al  debido  proceso,  como  contradicción  y  defensa,  así  haya  faltado la cita  expresa  de  uno  de  los  impugnantes  que con su intervención dio lugar a los  razonamientos  sobre  legítima  defensa  y  error  de  prohibición,  porque la  motivación  de  las  decisiones,  como  elemento  definitorio  de  la  función  judicial,  no  es  un  mero acto de cortesía con las partes sino la sustancial,  objetiva  y  explícita confrontación y respuesta a sus inquietudes, con el fin  de   propiciar   el  control  posterior  de  las  mismas.   Tal  sería  la  teleología  del  numeral  4°  del  artículo  180 del Código de Procedimiento  Penal  anterior  (correspondiente  al  artículo  170-4  de la Ley 600 de 2000),  porque,  lo contrario, exacerba la forma por la forma y habría que decretar una  nulidad   que  conduzca  a  reponer  una  sentencia  que  contendría  la  misma  motivación  de la que se revisa, sólo que ahora con el respeto y la delicadeza  de invocar al autor u origen del argumento desencadenante.   

Ahora  bien, aunque el fallo ciertamente no  citó  el  artículo  29-4 del Código Penal derogado, regulador de la legítima  defensa,  lo cierto es que materialmente fue discutido y definido su presupuesto  configurante  (agresión  injusta), de modo que la omisión de la cita normativa  no  oscureció ni dificultó el ejercicio dialéctico, máxime que se trataba de  evaluar  una  causal  excluyente  de la responsabilidad y no de un elemento para  formular la acusación.   

Así las cosas, tampoco prospera el cargo de  nulidad propuesto marginalmente por el actor.   

         En   mérito  a  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sala  de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,   

  RESUELVE:   

         

        No   casar  la  sentencia examinada.   

             Cópiese,  cúmplase y  devuélvase.   

CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS               CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                       

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO               EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

                   

ALVARO  ORLANDO PÉREZ  PINZÓN                NILSON PINILLA  PINILLA                                

No hay firma  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria.    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *