10332(02-05-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 10332  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACIÓN PENAL   

          Magistrado Ponente:   

Dr. JORGE CÓRDOBA  POVEDA   

                                                   Aprobado acta N° 63   

Bogotá,  D.C., mayo dos (2) de dos mil uno  (2001).   

         V I S T O S   

Decide  la  Sala  el  recurso  de casación  interpuesto  por  el  defensor del procesado GUILLERMO  RICARDO         ARCINIEGAS        NARVAEZ  contra  la sentencia fechada el  20  de  octubre  de 1994, por medio de la cual el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Pasto,  al  confirmar la del Juzgado Primero Penal del Circuito de  Ipiales,  lo  condenó  a  la  pena  principal  de  10  años de prisión y a la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo  lapso, como autor del delito de homicidio.   

         H E C H O S   

Fueron   sintetizados   así,   por   el  Tribunal:   

         “Ocurren  en  el  corregimiento JOSÉ MARIA HERNANDEZ, municipio de  PUPIALES,  el 12 de julio de 1992, siendo aproximadamente las 12:00 p.m., cuando  se  encontraban  en  el  parque del lugar el sindicado ARCINIEGAS NARVAEZ con el  occiso  JORGE VELA y su hermano HECTOR OLMEDO CHAVEZ VELA y dos personas tomando  licor,  y  el  sindicado  procedió  a  darle un puñetazo al occiso en disgusto  porque  éste  había  dicho  que  le  dieran la copa llena al sindicado, lo que  originó  una riña entre estos dos, luego de la cual el sindicado sacó un arma  de fuego y le disparó a JORGE VELA ocasionándole la muerte”.   

         ACTUACIÓN PROCESAL   

El Fiscal 28 Seccional, con resolución del  28 de agosto de 1992, dispuso la apertura de investigación previa.   

Recibidos   varios  testimonios,  ordenó  iniciar proceso, mediante resolución del 11 de septiembre de 1992.   

Allegados  varios  elementos  de juicio, el  Fiscal  30  Seccional,  a quien habían pasado las diligencias, declaró persona  ausente,  el  11  de marzo de 1993, a Guillermo Arciniegas Narváez y le nombró  defensor de oficio.   

La  situación jurídica se le resolvió al  procesado  el  21  de  abril  de 1993, con medida de aseguramiento de detención  preventiva,  como  autor  del  delito  de  homicidio cometido en Jorge Guillermo  Vela.   

La  investigación se cerró el 30 de julio  de  1993  y  el  mérito  del  sumario se califico el 24 de septiembre del mismo  año,  con  resolución  de acusación en contra del procesado, por el delito de  homicidio, la que quedó ejecutoriada el 3 de noviembre de 1993.   

La etapa de juzgamiento le correspondió al  Juzgado  Primero Penal del Circuito de Ipiales, el que celebró la diligencia de  audiencia  pública  y  profirió la sentencia de primera instancia, el  19  de  agosto  de  1994,  en la que condenó al procesado a la pena principal de 10  años de prisión, como autor del delito de homicidio.   

Apelado  el  fallo, el Tribunal Superior de  Pasto,  al  desatar el recurso, concluyó con su confirmación, el 20 de octubre  de 1994.   

         LA DEMANDA DE CASACION   

El  defensor  del procesado formula dos (2)  cargos  contra  la sentencia de segunda instancia, con base en la causal primera  de casación.   

Primer  cargo   

Acusa  al  sentenciador  de  haber  violado  indirectamente  la  ley  sustancial,  por  error  de hecho, lo que determinó la  aplicación  indebida  del  artículo  323  del  C. Penal y del 247 del C. de P.  Penal  y,  en consecuencia, “la falta de aplicación  del    artículo    que    regula    el    in   dubio   pro   reo”.   

En    el    capítulo    que    llamó  “Fundamentación”,  asevera  que el sentenciador desfiguró el sentido de la  prueba, incurriendo en un falso juicio de identidad.   

Así,  el  declarante  Iván  Olmedo  Coral  aseveró  que  no  fue  testigo  presencial  de los hechos, en tanto el Tribunal  supone  que  sí  estuvo  presente, “suposición que  deriva  de la incondicional declaración de Héctor Olmedo Vela, que dice que el  testigo estuvo presente”.   

Posteriormente, transcribe un segmento de la  declaración  de  Hermel Herney Vallejo Ibarra y concluye que el sentenciador de  segunda  instancia  también  la  tergiversó,  pues  en  ningún  momento éste  manifestó  que  estuvo  en  las afueras del Teatro San Martín en compañía de  los  hermanos  Jorge  Guillermo  Vela  y Héctor Olmedo Chávez Vela y, además,  advierte   que   sobre   la   muerte  de  Jorge  Guillermo  Vela  no  le  consta  nada.   

Sin  embargo,  el Tribunal afirma que ni el  declarante  Hermel Vallejo, ni el anterior contradicen a Chávez Vela, cuando es  evidente  que  éste  último  dice  que  Vallejo  y  Coral estaban presentes al  momento de producirse la muerte.   

Dice  que  el fallador de segunda instancia  violó   el  principio  lógico  de  no  contradicción,  ya  que  ratificó  la  expedición  de las copias que se ordenaron con el objeto de que se investigaran  penalmente,  por  falso testimonio, a Iván Olmedo Coral y Hermel Herney Vallejo  Ibarra,   lo   que   implica  una  duda  sobre  la  expresión  fáctica  de  la  prueba.   

Transcribe apartes del testimonio de Armando  Augusto  Pantoja  Guerrero,  para  aseverar  que  el  sentenciador desfiguró el  contenido   material   de   la  prueba  al  tildarlo  de  sospechoso  y  mendaz,  “al extraer conclusiones de mera SOSPECHA que varían  en  la sentencia los hechos que se reconocen en disparidad con los procesalmente  fijados”.   

Critica  al  fallador por haber manifestado  que  no  encontraba explicación a lo aseverado por el testigo Pantoja Guerrero,  quien  al  mismo   tiempo aparece en las poblaciones de Ipiales y Pupiales,  para  calificarlo  de  sospechoso,  sin  tener  en  cuenta  que no señaló hora  precisa   sino   aproximada   y   que   las   dos    poblaciones   son  muy  cercanas.   

Sostiene  que  si  el  Tribunal  no hubiera  cometido   los   errores   denunciados,  “le  hubiera  otorgado  valor  a estos cuatro testimonios con los que están en contradicción  sobre  lo  fundamental,  como  mínimo se establecía la duda … y por lo tanto  tenía    que    darse    aplicación   al   in   dubio   pro   reo”.   

En  un  aparte  de  la demanda que denomina  “Fijación  del contenido de la prueba para demostrar  el  error  que  conjuntamente  con  los  demás  condujo  a negarles valor en la  fijación  de  los  hechos  de la sentencia y con ello la condena indebida de mi  patrocinado”,  transcribe  nuevamente  apartes  de la  declaraciones  de  Pantoja Guerrero, Villota Rosero y de la sentencia de segundo  grado, para concluir:   

         “…todos   esos   errores   que   relacionamos,   fueron  los  que  permitieron  al  sentenciador  la  facticidad  de  la  prueba  en  lo  que a los  testimonios  de  HERMEL  HERNEY  VALLEJO  IBARRA,  IVAN  CORAL,  ARMANDO PANTOJA  GUERRERO,  HUGO VILLOTA ROSERO, para desestimarlos en la fijación de los hechos  de  la  sentencia y que de no haber existido esos errores el procesado GUILLERMO  RICARDO  ARCINIEGAS  jamás habría sido condenado porque al otorgarles valor en  los  hechos  de la sentencia a estos testimonios que por su contenido como se ha  narrado y transcrito exculpan al procesado ARCINIEGAS NARVAEZ…”   

Segundo  cargo   

El  segundo  reproche lo formula el censor  con  fundamento  en  el  cuerpo  primero de la causal primera de casación, pues  considera  que  la sentencia viola directamente una norma de derecho sustancial,  esto   es,   “el   artículo  248  del  Código  de  Procedimiento  Penal, que consagra el in dubio pro reo, es decir, que cuando una  duda  no  se  ha  podido  eliminar  debe  absolverse  al  procesado”.   

En  la  sustentación  del cargo, luego de  transcribir  el numeral quinto de la parte resolutiva de la sentencia, en el que  se  ordena  la  compulsación  de  copias  para  que  se  investigue  la posible  comisión  del  delito  de  falso testimonio, por parte de Olmedo Coral, Vallejo  Ibarra,  Augusto Pantoja y Hugo Efrain Villota, sostiene que éstos “son  fundamentales  para  la absolución del procesado constituye  en  nítida  y clara prueba de que el sentenciador tanto de primer grado como de  segundo  grado  al  confirmarlo,  hacen  con  tal  proceder  EXPRESA ADMISION DE  RECONOCIMIENTO  DE  QUE  EL  PROCESO  ARROJA  SUS DUDAS y no obstante las mismas  condena”.   

Posteriormente,  hace un recuento personal  de  lo  acaecido,  citando  varios  testigos,  para  luego  anotar  que  en  las  sentencias  se  habla  de  sospecha,  expresión que necesariamente conduce a la  duda,  “como  si  fuera  poco termina la providencia  compulsando  copias para que se investigue si cometieron o no falsedad todos los  testigos  que exculpan al procesado de donde se anula toda la defensa legalmente  producida,  al  haber  dispuesto la condena y no la absolución por in dubio pro  reo del procesado ARCINIEGAS NARVAEZ”.   

Concluye  la  disertación  afirmando  que  condenar   al   procesado   de   conformidad   con   el  art.  323  del  Código  Penal,  “constituye  un  error de hecho y violación  directa”   del   artículo   248   del  Código  de  Procedimiento  Penal,  ya que la “plena” prueba de responsabilidad del procesado  jamás  se allegó “por lo cual se aplicó en forma  indebida    el    artículo    247    del    C.    de    P.    P.”.   

Solicita a la Sala casar la sentencia y, en  su  lugar,  absolver al procesado del cargo que se le formuló en la resolución  de acusación.   

        CONCEPTO DEL PROCURADOR   

TERCERO DELEGADO EN LO  PENAL   

Sobre  el  primer  reproche formulado a la  sentencia,  considera  el  representante  del Ministerio Público que si bien la  enunciación  del  cargo  se  podría  ajustar  a  las  exigencias técnicas del  recurso  de  casación,  sin embargo, lo que pretende el libelista es oponerse a  la  estimación  probatoria  que  el  Tribunal  le otorgó a cuatro testimonios.   

Asegura  que  el  censor tiene un concepto  erróneo  sobre  lo  que  es  el  falso  juicio  de identidad, desconociendo que  consiste  en  la  tergiversación  del  contenido  de  la  prueba,  “esto  es,  en  variar  los hechos que con la misma se pretenden  acreditar,  de tal forma que los que de la prueba deriva el sentenciador no sean  iguales a los contenidos en ella”.   

Conceptúa   que   en   el  análisis  y  valoración  que de los medios de convicción realizó el juzgador de instancia,  no   se   observa   que   haya   incurrido   en   yerro   alguno,   “pues  los  criterios  expuestos  en  el fallo resultan atendibles  frente  a la situación fáctica y procesal estudiada, así como ajustados a las  reglas de la sana crítica”.   

Desechar  por inverosímil la aserción de  un  testigo,  anota,  cuando tal rechazo se produce como consecuencia de admitir  como  cierta  otra declaración, no es variar el hecho demostrado con la primera  sino  no  otorgarle  credibilidad  a la primera y sí a la segunda. “Es  un  problema  de  convicción,  no  de hecho”.   

El Tribunal le otorgó mérito al dicho del  menor  Héctor  Olmedo  y  le  restó  credibilidad  a  los  demás declarantes,  “concluyendo  que  todos ellos dijeron mentiras en  la   investigación,   lo   que  originó  la  expedición  de  copias  para  la  averiguación    del   posible   delito   de   falso   testimonio”.   

Agrega que además de la anterior falencia,  el  actor  incurre en otra no menos seria, como es la de no atacar la prueba que  sustenta   la   sentencia,   “dejando  por  tanto  subsistentes   razonamientos   conclusivos   en   relación   con   la   condena  pronunciada”.   

Por  lo anteriormente expuesto, solicita a  la Sala no casar el fallo recurrido.   

En  cuanto  al  segundo  cargo  formulado,  advierte  que  corre  igual  suerte,  como  quiera que pretende edificar la duda  sobre  la  expedición  de  copias  ordenadas  contra varios testigos, lo que de  ninguna  manera  puede  entenderse como muestra de inseguridad del sentenciador,  “sino como medida de respeto a las normas legales en  vigencia  y  a  las  garantías  constitucionales de los presuntos implicados, a  quienes   no   se   puede   condenar   sin   haberlos   oído   y   vencido   en  juicio”.   

Solicita  a  la  Sala  no  casar  el fallo  recurrido.   

       CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

Es  necesario reiterar, una vez más, que  la  casación  no es una tercera instancia, donde en forma libre se puedan hacer  toda  clase  de cuestionamientos a una sentencia que, por ser la culminación de  todo  un  proceso,  está  amparada  por  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  sino  que  se  está  en  presencia  de  un  medio  de  impugnación  extraordinario  y  rogado,  en  el  que  sólo  es posible acusar los errores de  juicio  o  de  procedimiento  cometidos por el fallador, al tenor de los motivos  expresa  y  taxativamente  señalados  en  la  ley, demostrarlos y evidenciar su  trascendencia  en  la  parte  dispositiva  del  fallo, parámetros que no fueron  observados  por  el  censor,  por  lo  que desde ya se manifiesta que los cargos  presentados están condenados al fracaso.   

Primer cargo  

Lo formula por violación indirecta de la  ley  sustancial,  determinada  por error de hecho por falso juicio de identidad,  al haber el sentenciador desfigurado el sentido de la prueba.   

Este  reproche  no  puede  tener  ninguna  posibilidad  de  éxito,  como  quiera  que,  como  lo  conceptúa el Procurador  Delegado,  el  censor  desconoce  que esta clase de yerro consiste en falsear el  contenido  material de la prueba, en forma tal que no hay identidad entre lo que  ella  materialmente  dice  y  lo  que  el  sentenciador  manifiesta que su texto  contiene,  y  no  en discrepar de la credibilidad otorgada o negada a los medios  de  prueba,  lo  que  no  configura desatino demandable en casación, dentro del  método  de la persuasión racional que nos rige, en el que el juzgador goza del  poder  discrecional  de  valorar la prueba, sólo limitado por los postulados de  la  sana  crítica,  cuya  vulneración  debe denunciarse y desarrollarse por la  vía del error de hecho por falso raciocinio.   

En  este  caso, el casacionista en vez de  mostrar  que el contenido material de los testimonios que cita fue tergiversado,  dedica  el  extenso  y  farragoso  escrito  a  cuestionar  el  mérito  que  los  falladores  le  otorgaron  a  la declaración del menor Héctor Olmedo Vela y le  negaron  a  los  de  Iván  Olmedo  Coral, Hermel Herney Vallejo Ibarra, Armando  Augusto Pantoja y Hugo Efraín Villota Rosero.   

Así,  por  ejemplo,  y  con  relación a  Olmedo  Coral,  ataca  al Tribunal por haber “supuesto” que éste sí estuvo  presente  en   el  lugar  y  al  momento de los hechos y no haberle creído  cuando  lo  negó,  y,  en  cambio,  si haberle creído a Héctor Olmedo, cuando  sostuvo que el primer declarante si estuvo allí.   

Además  de  esta  falla, suficiente para  rechazar  el  cargo,  tampoco demuestra la trascendencia del error que denuncia,  pues  no  señala  en qué medios de convicción se fundamentó el Tribunal para  condenar  al  procesado  y cómo de no haberse cometido el  error, el fallo  hubiera sido distinto y favorable al acusado.   

Ahora bien, si lo pretendido por el censor  era  acusar  que  el  Tribunal  al valorar el mérito de los testimonios citados  vulneró  los  postulados  de  la  sana  crítica y que este dislate lo llevó a  declarar  una verdad distinta de la que revela el proceso, ha debido orientar el  reproche  por la vía del error de hecho por falso raciocinio, indicando cuáles  fueron  las  leyes  científicas  o  los  principios lógicos o las reglas de la  experiencia  quebrantados,   de qué manera lo fueron y cuál su incidencia  en la parte dispositiva del fallo, labor que no emprendió.   

Por  las  anteriores razones, el cargo no  prospera.   

Segundo cargo  

Lo aduce por violación directa de la ley  sustancial,   al    considerar  que  aunque  el  sentenciador  reconoce  la  existencia  de  la  duda  sobre  la  responsabilidad del acusado, sin embargo lo  condena,  cuando  ha debido absolverlo, con lo que quebrantó los artículos 323  del  C.  Penal  y  247  y  248 del C. de P. Penal, éste último por aplicación  indebida.   

Este  reproche, al igual que el anterior,  no  puede  prosperar,  pues no sólo adolece de insalvables desatinos técnicos,  sino que ninguna razón le asiste al casacionista, así:   

No distingue entre preceptos sustanciales  y  procesales,  pues le da el carácter de tales a normas de naturaleza procesal  como  los  artículos  247  y  248  del  C.  de  P. P. y  si bien cita como  infringido  el  artículo  323  del C. Penal, no indica cuál fue el sentido del  quebrantamiento,  esto  es,  si lo fue por falta de aplicación, por aplicación  indebida o por interpretación errónea.   

Aunque  es  cierto que cuando el juzgador  admite  que  existe  duda  probatoria  sobre  la existencia del hecho o sobre la  responsabilidad  del  procesado  y,  sin  embargo,  no  la  reconoce en la parte  resolutiva   y  condena,  el  ataque  en  casación  debe  formularse  bajo  los  postulados  de  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  no es el caso  presente,  ya  que  aparece  evidente  que  el   sentenciador concluyó que  existía  certeza  sobre  el  hecho  y  certeza  sobre  la responsabilidad, como  consecuencia  del  análisis  mancomunado  de  las  pruebas, pero de ese estudio  también  coligió  que  varios de los testigos faltaron a la verdad, por lo que  pudieran  haber  incurrido  en el delito de falso testimonio, por lo que dispuso  que  se  expidieran   copias para que se investigaran, que era lo lógico y  procedente,  pues  lo  contrario  llevaría al exabrupto de condenar, sin juicio  previo,   a   quienes,   según  el  fallador,  faltaron  a  la  verdad  en  sus  declaraciones.   

Por  lo  demás, revela absoluta falta de  seriedad  que un profesional del derecho acuda ante la Corte a argumentar contra  toda  evidencia  que  se  reconoció  una  duda  que  no  estuvo en la mente del  sentenciador.   

El cargo se rechaza.  

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, administrando justicia en nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

       R E S U E L V E   

NO  CASAR  la  sentencia impugnada   

Cópiese  y  devuélvase  al  Tribunal de  origen. Cúmplase.   

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO  ARBOLEDA  RIPOLL                  JORGE  E.  CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                           CARLOS   AUGUSTO   GALVEZ  ARGOTE                         No hay  firma   

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ GALLEGO             EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

No  hay  firma                                                        No hay firma   

ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN            NILSON  PINILLA PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

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