11362 (08-03-96)

1996

Asistente Jurídico Inteligente

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    TERMINACION ANTICIPADA DEL  PROCESO   

La  sentencia anticipada del artículo 37 del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  la  sentencia  anticipada previa audiencia  especial  del  37A,  ibídem,  son  parte de los mecanismos político-criminales  tendientes  a  que  principios  como  los  de  celeridad,  economía  procesal y  eficacia   tengan   cabal   operancia,  a  cambio  de  hacer  menos  gravosa  la  pena.   

Proceso No. 11362  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                                 Magistrado  Ponente   

                                                    Dr.  JORGE E. CORDOBA  POVEDA   

                                                             Aprobado      Acta  No.35   

          (Marzo 6/96)   

Santafé de Bogotá, D.C., ocho (8) de marzo  de mil novecientos noventa y seis (1996).   

          V I S T O S   

Se  pronuncia la Corte sobre la viabilidad o  no  del  recurso  extraordinario  de  casación, interpuesto por el defensor del  procesado   PEDRO  JOSE  NIÑO  CASTILLO.   

          A N T E C E D E N T E S   

Celebrada  la  diligencia de formulación de  cargos,  la  Fiscalía  General  de  la  Nación, mediante resolución del 10 de  agosto  de 1994, dispuso remitir este proceso al Juez Regional de Cúcuta, “para  los  trámites  del  inciso  4°  del  artículo 37 del Código de Procedimiento  Penal,  modificado por el artículo 3° de la Ley 81 de 1.993, atendiendo que el  día  anterior había llevado a cabo la correspondiente audiencia para sentencia  anticipada con el procesado PEDRO JOSE NIÑO CASTILLO”.   

Un Juzgado Regional de la mencionada ciudad,  mediante  sentencia  del  9  de  febrero de 1995, condenó a Niño Castillo a la  pena  principal  de 26 de años de prisión y multa de ochenta salarios mínimos  mensuales,  por  los  delitos de homicidio con fines terroristas en concurso con  terrorismo,   secuestro   extorsivo   y   rebelión   y   a  las  accesorias  de  rigor.   

Apelado  el  fallo  por  el  defensor  del  procesado,  el Tribunal Nacional decidió “no declarar la nulidad” impetrada, al  mismo  tiempo  que  modificó  el  quantum punitivo disminuyéndolo a 19 años y  cuatro meses de prisión.   

Inconforme   el  defensor  del  procesado,  interpuso  el  recurso de casación contra la sentencia de segunda instancia, el  cual   fue   concedido,   razón   por   la   cual   presentó   la   respectiva  demanda.   

         L A    D E M A N D A   

El libelista, al amparo de la causal primera  de  casación, cuerpo primero, formula dos cargos contra la sentencia de segundo  grado, a saber:   

a)            El  Tribunal violó directamente la ley  sustancial,  toda  vez  que  penalizó  como  actos de terrorismo hechos que son  propios  del  delito  de  rebelión,  yerro  éste  que  implicó la aplicación  indebida  del  artículo  1° del Decreto 180 de 1988, el cual fue adoptado como  legislación permanente por el decreto 2266 de 1991.   

Desconociendo  el  acuerdo, considera que la  situación  de  su  defendido  se  hizo  más  gravosa, ya que actos propios del  delito  de  rebelión  por el cual fue condenado, se le imputaron como conductas  ilícitas  tipificadas  en  el  delito  de terrorismo, “con claros efectos en la  punibilidad”.   

b)  La  sentencia  es  violatoria  de la ley  sustancial,  toda  vez  que  aplicó  indebidamente  los  artículos 29 y 30 del  Decreto  180  de  1988  y,  consecuencialmente,  excluyó  el  artículo 323 del  Código Penal.   

Como  fundamento de la censura, sostiene que  el  fallo  admite  que el señor Alirio Beltrán Luque formaba parte de un grupo  paramilitar  de  la  región.  “No obstante ello, decide que su homicidio, en el  cual  Pedro  José  Niño Castillo tomó parte directa o indirectamente, era con  fines terroristas por tratarse de sujeto pasivo calificado”.   

Concluye  afirmando  que  dicho homicidio no  puede  adecuarse  al  tipo penal que lo consagra como con fines terroristas. Las  siguientes son sus razones:   

         “Primero,  porque  el  móvil  central,  debidamente expuesto en la  sentencia,  fue  que era un líder paramilitar; segundo, porque al marginarse de  la  legalidad  que  estaba obligado a respetar como primera autoridad municipal,  su  muerte  no  puede ser sancionada a título de sujeto pasivo calificado, como  si  ese  marginamiento no se hubiera producido, y tercero, porque al tomar parte  en  el  conflicto no al lado de la fuerzas que institucional y legalmente estaba  obligado  a  respaldar,  sino al lado de un grupo irregular e ilegal, deviene en  objetivo militar de la guerrilla”.   

En fin, solicita se case el fallo recurrido y  en  su lugar se absuelva al procesado del delito de terrorismo e, igualmente, se  le  condene  por  el delito que originariamente contemplaba el artículo 323 del  C.P.”   

         CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

La sentencia anticipada del artículo 37 del  Código  de  Procedimiento   Penal   y  la sentencia anticipada previa  audiencia   especial   del   37A,   ibidem,   son   parte   de   los  mecanismos  político-criminales   tendientes  a  que  principios  como  los  de  celeridad,  economía  procesal  y  eficacia tengan cabal operancia, a cambio de hacer menos  gravosa la pena.   

Pero  esta  facultad del Estado en favor del  acusado  no  es gratuita, sino que exige de parte de éste una contraprestación  consistente  en  que debe reconocer su responsabilidad penal con relación a los  cargos  que  se le imputan en el acta de presentación de los mismos y renunciar  a  parte del trámite procesal, optando por uno abreviado, previsto en la ley, y  una  sentencia  inmediata,  que sólo podrá impugnar en los casos taxativamente  señalados  en ella. Por lo mismo, se extingue para él cualquier posibilidad de  retractación     o     negación     de    su    responsabilidad,    libremente  aceptada.   

De   ahí   que   el   legislador  plasme,  consecuentemente  con  la teleología de la terminación anticipada del proceso,  como  regla general, la imposibilidad de recurrir la sentencia, salvo en algunos  eventos.   

En efecto, el numeral cuarto del artículo 37  B, intitulado “Interés para recurrir”, señala:   

         “4°)  Interés  para  recurrir.  La  sentencia  es apelable por el  fiscal,  el  ministerio público, por el procesado y por su defensor, aunque por  estos  dos  últimos sólo respecto de la dosificación de la pena, el subrogado  de  la  condena de ejecución condicional, la condena para el pago de perjuicios  y la extinción del dominio sobre bienes”.   

O sea que la consagración normativa que se  hace   en  precedencia,  es  producto  de  una  lógica  interrelación  de  los  principios  orientadores  referidos,  pues  no  sería  entendible y mucho menos  razonable  que  aceptada  libre  y voluntariamente la responsabilidad penal, con  sus  consecuencias jurídicas, posteriormente sobrevenga su propia negación, lo  que  sin discusión no sólo contraría el instituto referido, sino que al mismo  tiempo lo haría inoperante.   

Ahora  bien,  ello  no  descarta  que  en  desarrollo  de este abreviado trámite queden eventualmente expuestos derechos y  garantías  fundamentales  que  la  Carta  Política  contempla  por  encima  de  cualquier  actuación  judicial, razón por la cual el mismo instituto prevé la  posibilidad  de  no  dictar  sentencia  cuando  el  juez  advierta violación de  garantías  fundamentales.  Si  ellas  son desconocidas, inmediatamente surge el  interés  para  recurrir.  Por  ejemplo:  por  inasistencia  del  defensor  a la  diligencia  de  formulación  de  cargos,  incompetencia  del Juez, vicios en el  consentimiento  del  procesado (error, fuerza), incongruencia entre la sentencia  y los cargos admitidos, etc.   

Como  garante  del orden jurídico y de los  derechos  y  garantías  fundamentales,  no  debe  olvidarse  que  el agente del  Ministerio  Público  está  obligado  a  velar por la legalidad de ese acto, la  que,  en  consecuencia, no sólo es controlada por el juez de la causa, sino por  aquél funcionario y el defensor.   

Ha dicho al respecto la Sala:  

        “Esto  permite  afirmar  que también en la actuación cumplida en  el   marco   de  la  sentencia  anticipada  y  de  la  audiencia  especial  debe  encasillarse  dentro  del  principio  del  respeto  absoluto  a  las  garantías  fundamentales,  y  que  si  éstas se desconocen, se impone la invalidación del  proceso,   de  oficio  como  lo  prescribe  el  artículo  305  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  o  por  solicitud  de los sujetos, pero, a condición eso  sí,  de  que  con  su  conducta  no hayan contribuido a la producción del acto  irregular  en  los  términos  del  artículo 308.3 del Código de Procedimiento  Penal,  a  tal  punto  que  su  actitud se traduzca en deslealtad procesal, pues  entonces  mal  podrían  tener  interés  para  presentar  solicitudes  en dicho  sentido”.   (Casación   No.9714.  Marzo  4/96.  M.  P.Dr.Fernando  E.  Arboleda  Ripoll)   

Así  las  cosas,  si bien es cierto que el  numeral  cuarto del artículo 37 B ibidem,  hace  referencia  a  la  expresión  “apelable”,  también debe  hacerse  extensivo  al  recurso de casación, ya que éste hace parte igualmente  de  los  mecanismos  legales  que  se  han  establecido  para  controvertir  las  decisiones  judiciales.  Es  más,  la  misma  norma  se  titula  “Interés para  recurrir”.   

En  el  caso  concreto,  el actor carece de  interés  para  recurrir,  pues conforme enunció su censura, se advierte que su  inconformidad  con  la  sentencia  emitida  por  el  Tribunal  Nacional, la hace  consistir  en la adecuación típica de  algunas de las conductas imputadas  en  la  diligencia  de formulación de cargos, las cuales considera que debieron  ser  enmarcadas bajo el delito de rebelión y el de homicidio simple en lugar de  terrorismo y homicidio con fines terroristas.   

Ello  sugiere, pues, que el reproche al que  se  contrae  el  libelo  desborda  las  limitaciones  anteriormente  reseñadas,  máxime  cuando  el  cuestionamiento  recae  en  la selección normativa, lo que  implícitamente  se  traduce  en  controversia  del  grado  de  responsabilidad,  representando  una  censura  jurídica que indudablemente descarta el legislador  como base de impugnación.   

Y el afirmar, como lo hace el actor, que el  grado  de  responsabilidad  por  él  demandado  implica  “claros  efectos en la  punibilidad”,  no  es  suficiente  para  predicar  que  se  encuentra  bajo  los  parámetros   de   que  trata  la  norma  transcrita,  pues  el  aspecto  de  la  dosificación  punitiva prevista en este precepto, atañe únicamente a aquellos  errores  en que el juez incurre al momento de tasar la pena, con relación a los  punibles  contenidos  en  el  acta  de  presentación  de  cargos,  y como tales  aceptados    por    el    procesado,    y   no   a   los   propuestos   por   el  casacionista.   

Fuera  de los casos previstos en el ordinal  4o.  del  artículo  37B  y del desconocimiento de las garantías fundamentales,  cualquiera  otra  inconformidad  de  la  parte  defensora  resulta absolutamente  impertinente,  pues  será  violatoria  del ordenamiento procesal que regula tal  instituto  y,  por lo mismo, del debido proceso. Tal ordenamiento nos indica que  para  que  el  acusado se haga acreedor a la rebaja concreta de la tercera parte  de  la pena, es decir, para que el Estado morigere su potestad sancionatoria, es  menester  que  aquél  acepte  los cargos y su tipificación, tal como le fueron  presentados  por  el  Fiscal. Si existe divergencia sobre la adecuación típica  de  los  hechos  imputados,  como  lo  alega  el recurrente en el presente caso,  simplemente  el  procesado,  asesorado  por  su  defensor,  no  debe  acudir  al  mecanismo de la sentencia anticipada.   

Por tales razones resulta inadmisible que se  consienta  una determinada adecuación típica, se suscriba el acta respectiva y  luego    se    alegue    que    estaba    equivocada,   retractándose   de   lo  aceptado.   

En    reciente    fallo    afirmó   la  Sala:   

        “Demasiado  evidente  es  de otra parte la ausencia de interés de  la  defensa  para  recurrir  en  casación  con  el  fin  de  que  se  varíe la  denominación   del   delito,  pues  tal  postura,  en  el  fondo,  implica  una  retractación  sesgada de lo ya aceptado, de imposible admisión en cuanto tiene  que  ver  con  el  instituto  de la sentencia anticipada  o de la audiencia  especial.   

        “Este    principio    de   irrectractabilidad   está   consagrado  implícitamente  en  el  numeral  4°  del  artículo  5°  de la ley 81 de 1993  (art.37B  C.  P.  C.),  en la medida que limita el objeto de la apelación de la  sentencia  anticipada  por  parte del procesado y de su defensor, a aspectos que  tienen  que  ver exclusivamente con la dosificación de la pena, el subrogado de  la  condena  de  ejecución  condicional,  los  perjuicios,  y la extinción del  dominio sobre bienes.   

        “Y  si  la  ley  considera  que uno y otro no tienen interés para  apelar  el  fallo  en  aspectos  relacionado  con  la  aceptación o el acuerdo,  tampoco   lo  tendrán  para  impugnarlos  en  sede  de  casación,  puesto  que  implicaría  utilizar  el  recurso  extraordinario  para  burlar  la limitación  anotada  e  introducir  una  retractación,  como ya esta Sala, en referencia al  original  artículo  37  del Código de Procedimiento Penal, lo había advertido  (Auto  de  16  de  septiembre  de  1993,  Magistrado  Ponente  Dr.  Duque  Ruíz  -Casación    No.9714.    marzo    4/96-    M.    P.Dr.Fernando    E.   Arboleda  Ripoll).   

El  ejercicio  de  la  función  punitiva  comporta  la  más  contundente  de  las  intromisiones  del  Estado  frente  al  individuo.  Esa intervención comporta un choque, un conflicto, entre el Estado,  interesado  en  investigar  y  sancionar  el  hecho  y  el acusado interesado en  defenderse,   no   importa   si  es  inocente  o  no.  Ese  conflicto  debe  ser  estrictamente  regulado,  en  forma  tal que se fijen los derechos del uno y del  otro,  fundamentalmente  para  precaver  extralimitaciones de la autoridad, pero  también   para   que  el  procesado  sepa  qué  derechos  le  asisten  y  qué  obligaciones  tiene  y  obre  de  conformidad.  La función del derecho procesal  penal  es  precisamente  establecer las reglas que deben regir esa relación, de  manera que si se violan se estará desconociendo el debido proceso.   

Los  preceptos  que  rigen  la  sentencia  anticipada  son  parte  de  ese  ordenamiento,  de  modo que si se infringen, se  estará  faltando  al  debido  proceso y al deber de lealtad y buena fe que debe  presidir  todas  las  actuaciones, tanto de quienes administran justicia como de  los demás intervinientes en el proceso penal.   

Por otra parte, sería aconsejable que en lo  sucesivo  cuando  se  interponga  el  recurso de casación y ha habido sentencia  anticipada,  en  los  eventos  de  los  artículos  37  y 37A del C. de P.P., se  requiriera  al  impugnante  para  que manifestara lo que se propone, a efecto de  que  el  Juez  o Tribunal de instancia pueda, de una vez, determinar si existe o  no  interés  y  proceder  de conformidad. Si eso no ocurre y falta el interés,  procederá  el  rechazo  in  limine  por  parte  de  la Corte. Así mismo, de la  sustentación  de  la  apelación  se  podrá  inferir  o  no ese interés, para  conceder o no este otro medio de impugnación.   

De lo anterior se colige que el actor carece  de   interés   para   recurrir,   lo   que   conlleva  a  rechazar  el  recurso  impetrado.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL.   

        R E S U E L V E   

PRIMERO: RECHAZAR  IN  LIMINE  el  recurso  extraordinario de casación  interpuesto  por  el  defensor  del  procesado,  por las razones expuestas en la  parte motiva. En consecuencia se declara desierto el recurso.   

SEGUNDO: Devolver el expediente al Tribunal  de origen.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                        RICARDO CALVETE RANGEL   

JORGE   E.   CORDOBA   POVEDA                                                CARLOS  AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR                                                     DIDIMO PAEZ VELANDIA   

NILSON    PINILLA   PINILLA                                                     JUAN MANUEL TORRES FRESNEDA   

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria   

     

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