SP8753-2016(39290)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

Magistrado Ponente  

SP8753-2016  

Radicación No. 39290  

(Aprobado  Acta No.  194)   

Bogotá D.C., veintinueve (29) de junio de dos  mil dieciséis (2016).   

Resuelve  la Corte el recurso extraordinario  de   casación  interpuesto  por  el  Procurador  121  Judicial  Penal  II  de  Medellín,  contra  la sentencia absolutoria que por el  desplazamiento  forzado  de Blanca Nubia Arango Pérez y su familia profirió el  Tribunal  Superior  de Distrito Judicial de esa ciudad el 27 de marzo de 2012, a  favor    de    JUAN    DAVID    GARCÍA.   

ANTECEDENTES  

Durante el año 2005, en la Vereda Granizal,  Municipio  de Bello, Antioquia, sectores Altos de Oriente I y II, Adolfo Paz, El  Pinal  y  El  Regalo  de  Dios,  hizo  presencia  un grupo aproximado de treinta  paramilitares  reinsertados  del  Bloque  Cacique  Nutibara comandados por Fabio  Acevedo,   quienes   aprovechando   la   condición  de  vulnerabilidad  de  los  habitantes,  por  la  fuerza  de  la  armas, la intimidación y la violencia, se  asentaron  en  el  sector  y  permearon  la  Junta  de  Acción  Comunal  con el  propósito  de  controlar  la  vida  de la comunidad y percibir de ella ingresos  económicos por medio de prácticas delictivas en su contra.   

Seguidamente,   ingresaron   a  la  banda  criminal,  jóvenes  delincuentes  de la zona, que obedeciendo al plan delictivo  de  la  organización,  cometieron  indiscriminadamente diversos punibles, tales  como    lesiones   personales,   amenazas,   hurtos,   consumo   de   sustancias  alucinógenas,  desapariciones  forzadas, homicidios, extorsiones, cobros por la  prestación  de  servicios  públicos,  porte  ilegal de armas y desplazamientos  forzados, entre otros.   

En  el  año 2006, JUAN DAVID GARCÍA alias  “el   profe”,   lideró   la  empresa  criminal  y  planeó  y  ejecutó  el  desplazamiento  forzado  de Blanca Nubia Arango y su grupo familiar.    Para  ello, se presentó junto con un grupo de hombres encapuchados y armados en  la  morada de la víctima el  5 de enero de esa anualidad, a las 2:17 de la  mañana,    exigiéndole   abandonar   el   barrio   en   un  plazo  de  24  horas.   

Al día siguiente, cuando la señora Arango  Pérez  y  su  familia  se  disponían  a  abandonar  su  residencia, JUAN DAVID  GARCÍA,  en  compañía  de  un grupo de integrantes de la asociación criminal  que  se hallaban armados y con la intención de prenderle fuego al vehículo que  transportaba   a  la  familia  y  sus  bienes,  arengaron  palabras  soeces  que  expresaban su satisfacción porque la desplazaban del lugar.   

Las  diversas  víctimas  de  los  reatos  cometidos  por  la  organización  delincuencial  han sufrido amenazas contra su  vida  y  la  de sus seres queridos, pese a ello, un grupo significativo de ellas  presentó  las correspondientes denuncias y concurrieron a la audiencia pública  del  juicio  oral  de  la  presente causa para reconocer y señalar a JUAN DAVID  GARCÍA  como  el autor del desplazamiento forzado de Blanca Nubia Arango Pérez  y su núcleo familiar.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

          El  14  de  septiembre  de  2009 le fue formulada imputación a JUAN  DAVID  GARCÍA1  como presunto autor de los delitos de concierto para delinquir con  fines  de desplazamiento forzado contra Blanca Nubia Arango Pérez y su familia,  Nancy   Jiménez   Manco   y   Edilberto  Manuel  Pacheco  Osorio;  en  concurso  heterogéneo   con   los  punibles  de  constreñimiento  ilegal,  extorsión  y  tráfico,  fabricación  o  porte  de estupefacientes. A la vez, le fue impuesta  medida   de   aseguramiento   privativa   de   la  libertad  en  establecimiento  carcelario.   

En  audiencia realizada el 6 de noviembre de  2009,  la  Fiscalía  formuló acusación contra GARCÍA por los punibles que le  fueron imputados.   

Surtido  el  juicio oral, el 3 de octubre de  2011  el  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  Especializado  de Medellín con  Funciones  de  Conocimiento condenó a JUAN DAVID GARCÍA a la pena principal de  72  meses  de  prisión  y  multa  por  el equivalente a 2.000 salarios mínimos  legales   mensuales   vigentes   para   el  año  2005,  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por igual  tiempo,   al  hallarlo  responsable  del  delito  de  concierto  para  delinquir  agravado,  y  lo  absolvió del concurso homogéneo de desplazamientos forzados,  así  como del constreñimiento ilegal y la extorsión. De la misma forma, negó  la   suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria.      

Contra la decisión, la Fiscalía2    y   el  Ministerio                  Público3  promovieron  el  recurso  de  apelación,  solicitando  la  primera,  que se revocara el fallo absolutorio del  a  quo  y que en su lugar se  emitiera  condena  contra  el  procesado  por  el  desplazamiento forzado de que  fueron  víctimas  Blanca  Nubia  Arango Pérez y Nancy Jiménez Manco, y por el  constreñimiento ilegal sufrido por la última de las mencionadas.   

El  Ministerio  Público  reclamó decisión  condenatoria  para  el  procesado  por  el  delito  de desplazamiento forzado en  perjuicio de Blanca Nubia Arango Pérez y su familia.   

El 27 de marzo de 2012, la Sala de Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial  de  Medellín  confirmó  íntegramente    la    sentencia   al   desestimar   los   argumentos   de   los  recurrentes.   

Debido  a  lo  anterior,  el  Procurador 121  Judicial  Penal  II  de  Medellín  interpuso  y sustentó de manera oportuna el  recurso  extraordinario  de  casación,  admitido  por la Corte el 2 de junio de  2015  superando  los  defectos  de  postulación,  a fin de examinar de fondo la  valoración probatoria surtida dentro del proceso.   

LA DEMANDA  

Con  fundamento  en  la  causal  tercera del  artículo  181  de la Ley 906 de 2004, el Procurador 121 Judicial Penal II   plantea  un  cargo contra la sentencia emitida por el Tribunal, por falso juicio  de  identidad  y  falsa valoración y apreciación de la prueba sobre la cual se  funda   la  sentencia.                   

Sustenta  la  censura  en  las  afirmaciones  realizadas  por  Blanca  Nubia  Arango  Pérez, única testigo presencial de los  sucesos,  quien señaló al procesado como uno de los sujetos que el día de los  hechos  se  presentaron  en  su  casa  armados,  con  sus  rostros cubiertos con  pasamontañas y ropa oscura, pese a lo cual lo identificó.   

Recuerda  que  la testigo se reafirmó en su  señalamiento  tanto  en las entrevistas «como en las  diligencias   que   rindió»,   y  que  también  lo  reconoció    en    el    juicio   oral,   sosteniendo   su   versión   en   el  contrainterrogatorio  de  la  defensa, en el redirecto, en el contra redirecto y  en  las preguntas que le formuló el a quo.   

Reprocha  que  el  juez  de segundo nivel le  restara  credibilidad  a  este  testimonio  y lo tildara de falso, porque Arango  Pérez  fue  reiterativa  en  que  alcanzó a ver, no solo a JUAN DAVID GARCÍA,  sino  también  a  Jonathan  Hernández,  a  quienes  observó  a  una distancia  relativamente     cercana     de     casi     tres  metros,  suficiente  para distinguirlos a pesar de que  vestían  con  pasamontañas  y ropas oscuras, pues sus movimientos, su silueta,  su porte y sus gestos, así lo revelaron.   

Sostiene  que  basta con la descripción del  acusado  que  hiciera  la  víctima  del  acusado  con  absoluta  imparcialidad,  autonomía  e  independencia,  para  acreditar  su  presencia en el lugar de los  hechos,  pues  lo conocía de tiempo atrás por una relación de amante que tuvo  con  él  y porque sabía que integraba el grupo delincuencial que operaba en la  zona,   sin   ser   necesario   que   estuviera   con  el  rostro  completamente  descubierto.   

Se  opone  a  considerar que el lugar de los  acontecimientos  estaba  completamente  oscuro,  pues la linterna del celular de  Blanca  Nubia  lo  iluminaba,  permitiéndole  reconocer  con mayor veracidad el  cuerpo  de  los  individuos  que  llegaron  a presionarla para que abandonara su  lugar de residencia.   

Estima   que  el  juez  de  segundo  grado  desconoció  el  testimonio de Deisy Alejandra Arango Arango, quien expuso en el  juicio oral que escuchó cuando amenazaban de muerte a su mamá.   

Arguye que las aserciones de Arango Pérez se  confirman  cuando, en la claridad de la mañana, fue abordada por varios sujetos  del  mismo  grupo  delincuencial, entre los que se hallaban JUAN DAVID GARCÍA y  Jonathan  Hernández,  quienes  continuaron  lanzándole  frases  de  coacción,  reconfirmando  las  amenazas  de muerte para que abandonara el lugar, lo cual lo  conduce  a  preguntarse por qué razón si JUAN DAVID GARCÍA no tenía interés  o  intervención  alguna  en  el  desplazamiento  forzado  se  presentó allí y  participó   en   los   actos   de   presión,   coacción,  constreñimiento  y  amenazas.   

Anota  que Nancy Jiménez Manco y su hermana  también   reconocieron   al  procesado  durante  el  juicio  como  uno  de  los  integrantes  de  la  banda  criminal  y  expresaron que se enteraron  de  la  salida  de  Arango  Pérez  del  barrio.   Que  al igual que otros testigos identificaron a los miembros del  grupo  delictivo  por  sus  apodos y señalaron a Fabio Orlando Acevedo Monsalve  como su líder, y a sus posteriores sucesores.   

Para  el censor, el Tribunal incurrió en un  “falso   juicio   de   credibilidad”  al  deducir  que  Arango  Pérez  no se ciñó a la verdad sin que  mediara  un verdadero proceso de percepción de los hechos, y en un falso juicio  de  identidad  al  considerar  que la víctima no percibió con suma claridad al  procesado,  como  lo hicieron los demás declarantes que comparecieron al juicio  oral.   

LA AUDIENCIA DE SUSTENTACIÓN  

En la audiencia de sustentación del recurso  extraordinario se realizaron las siguientes intervenciones:   

    

1. El Procurador Judicial Segundo para  la Casación Penal.     

Considera  que  el  fallo  del  Tribunal  no  contiene  el  cercenamiento  o  la adición probatoria de que trata la demanda y  que  la  decisión se produjo porque la prueba no lo llevó al convencimiento de  la  responsabilidad  penal del procesado en el delito de desplazamiento forzado.   

Manifiesta  que comparte la duda que condujo  al  a  quo  a  absolver  al  enjuiciado  por  el  punible aludido y solicita no casar la decisión de segunda  instancia.   

    

1. La   Fiscalía   Primera   Delegada  ante  la  Corte  Suprema  de  Justicia.     

Estima  que  el Tribunal realizó un estudio  juicioso   de  la  prueba  aportada  al  proceso,  pero  que  incurrió  en  una  contradicción  al afirmar que la testigo Blanca Nubia Arango fue sincera en sus  exposiciones   y,   al  mismo  tiempo,  sostener  que  pudo  equivocarse  en  su  percepción  de los hechos, lo cual generaría un falso razonamiento del juez de  segunda instancia al creerle y no creerle al mismo tiempo.   

Destaca  que  la  hija  de  la  víctima que  rindió  testimonio  en  el  proceso,  aseguró  que el acusado hacía parte del  grupo  que  el  día  en  que  abandonaron  su residencia arengaba en su contra,  razón por la que no se explica la duda del Tribunal.    

Solicita casar parcialmente la decisión, en  el  sentido  de  condenar  al  procesado por el desplazamiento forzado de Blanca  Nubia Arango Pérez y su familia.   

    

1. La defensora del procesado.     

Expresó  que  no  existe  el falso juicio de  identidad  alegado,  sino  que  el Tribunal no logró superar las dudas sobre el  delito  de  desplazamiento  forzado  atribuido al procesado, pues la víctima no  pudo identificarlo por los rasgos físicos que adujo.   

Relieva  que  en  el sitio de los hechos no  había  alumbrado  público, que ella no prendió la luz de su casa y que estaba  asustada  ante  la  presencia  de  hombres  armados  en  su  morada.     

Afirma  que  el Tribunal abordó los aspectos  neurálgicos  de su testimonio, que no es posible reconocer a una persona por su  silueta  y que la duda se fortalece a favor de su representado cuando la hija de  la  víctima  y  Edilberto Manuel Pacheco no lo identificaron. Solicita no casar  el fallo demandado.   

CONSIDERACIONES  

Previamente a examinar el cargo propuesto por  el  impugnante  en  contra  de  la  sentencia  objeto  de censura, debe la Corte  destacar  la naturaleza jurídica del recurso de casación como medio de control  constitucional  y  legal  de  las  sentencias  de  segunda  instancia  cuando se  adviertan    violaciones    que   afectan   derechos   o   garantías   de   las  partes4.   

De acuerdo con lo consagrado por el artículo  180  de  la  Ley  906  de  2004, el recurso extraordinario de casación tiene la  finalidad  de  salvaguardar  la  efectividad del derecho material, el respeto de  las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios a estos  inferidos  y  la  unificación  de la jurisprudencia5.   

La  Sala  anuncia  desde  ya  que casará la  decisión  demandada,  pues  al  examinarla,  se  advierte  que  la  valoración  probatoria se aparta de los parámetros establecidos por la Corte.   

Para   ello,   la   Sala   desarrollará  el siguiente análisis: (i) describirá la naturaleza  del  delito  de  desplazamiento forzado y sus consecuencias en la valoración de  la  prueba;  (ii)  corroborará  la  existencia  de  la estructura delincuencial  organizada  que  operaba  en  el  lugar  de los hechos; (iii) analizará el plan  criminal   de   la   banda  y  sus  prácticas  ilícitas;  (iv)  estudiará  la  vinculación  del procesado a ella; (v) examinará su posición en su jerarquía  al  momento  de  los  hechos;  (vi)  valorará  el  compromiso de la asociación  delictiva  en  el  desplazamiento  forzado  de  Blanca  Nubia Arango Pérez y su  familia;  (vii) considerará el temor que le asistió a las víctimas durante la  producción  probatoria del presente proceso; luego de lo cual, (viii) expondrá  la  verdad  conclusiva  de  la  responsabilidad del procesado más allá de toda  duda  en el desplazamiento forzado mencionado; y, (ix) finalizará estableciendo  sus consecuencias jurídicas.   

     

I. Naturaleza  jurídica  del  delito  de  desplazamiento forzado y sus  consecuencias en la metodología de valoración probatoria.     

El  desplazamiento  forzado  constituye  una  grave  violación de los derechos humanos  que  suele  producirse  en  contextos  de transgresión general de  éstos o del derecho internacional humanitario.   

Los  Principios  Rectores  de  los  Desplazamientos  Internos  de las Naciones Unidas  emitidos  en  1998  por el Representante del Secretario General de  las  Naciones Unidas son particularmente relevantes para determinar el contenido  y   alcance   que   este   delito   tiene.   Así   lo  ha  definido6:   

“Se entiende por desplazados internos las  personas  o  grupo de personas que se han visto forzadas u obligadas a escapar o  huir  de  su  hogar  o  de  su  lugar de residencia habitual, en particular como  resultado  o  para  evitar los efectos de un conflicto armado, de situaciones de  violencia  generalizada,  de  violaciones de los derechos humanos (…) y que no  han       cruzado       una       frontera       estatal      internacionalmente  reconocida.”.    

El  anterior concepto ha sido acogido por el  Sistema   Interamericano  de  Derechos  Humanos7  al  considerar que el punible  de  desplazamiento  forzado constituye un fenómeno complejo, pluriofensivo, que  no  puede  ser  desvinculado  de  otros  delitos,  que suele cometerse contra la  población  más vulnerable, que se produce por la violencia interna padecida en  el    país8  y que constituye uno de los problemas más graves de la situación  de    los    derechos    humanos    en    Colombia9.   

El artículo 22.1 de la Convención Americana  Sobre  Derechos  Humanos reconoce el derecho de circulación y residencia.   En   este   sentido,   la   Corte   Interamericana   de   Derechos   Humanos  ha  establecido10  que  el  artículo también protege el derecho a no ser desplazado  forzadamente  dentro  de  un  Estado  Parte.   Igualmente  ese  Tribunal ha  señalado  de  forma  reiterada que la libertad de circulación y residencia son  condiciones   indispensables   para  el  desarrollo  de  la  persona11.   

En  la  legislación  interna, el punible de  desplazamiento  forzado fue tipificado por primera vez por la Ley 589 de 2000, y  actualmente  se halla consagrado en el artículo 180 de la Ley 599 de 2000 de la  siguiente manera:   

“…el  que  de  manera  arbitraria,  mediante violencia u otros actos coactivos dirigidos contra  un  sector de la población, ocasione que uno o varios de sus miembros cambie el  lugar     de     su     residencia…”.   

Así,  el  desplazamiento  forzado  protege  bienes  jurídicos  de  elevada  importancia  social e individual, tales como el  derecho  fundamental  a  tener  un  domicilio,  a  acceder  a  la  tierra,  a la  locomoción y a la circulación, entre otros.   

De  igual  forma,  el  Comité  de  Derechos  Humanos   de  Naciones  Unidas  en  su  comentario  General  No.  2712,    ha  sostenido  que el contenido de este derecho consiste, entre otros, en el derecho  de  quienes  se encuentren legalmente en un Estado a circular libremente por ese  Estado  y  a  escoger  su  lugar  de  residencia, lo cual incluye la protección  contra toda forma de desplazamiento interno forzado   

La  Ley  387 de 1997 define la condición de  desplazado, así:   

“Del  desplazado.-  Es  desplazado toda persona que se haya  visto  forzada  a migrar dentro del territorio nacional abandonando su localidad  de   residencia  o  actividades  económicas  habituales,  porque  su  vida,  su  integridad  física, su seguridad o libertad personales han sido vulneradas o se  encuentran   directamente   amenazadas,   con  ocasión  de  cualquiera  de  las  siguientes   situaciones:  conflicto  armado  interno,  disturbios  y  tensiones  interiores,   violencia   generalizada,  violaciones  masivas  de  los  Derechos  Humanos,   infracciones   al   Derecho   Internacional   Humanitario   u   otras  circunstancias  emanadas  de  las  situaciones  anteriores  que puedan alterar o  alteren        drásticamente        el        orden        público”.   

Con base en lo anterior, podemos afirmar que  el  desplazamiento  forzado  comporta  el ejercicio de una violencia o coacción  arbitraria  que  menoscaba  la  libertad  de  la víctima de elegir el lugar del  territorio  nacional  en el que desea habitar y desarrollar su proyecto de vida,  pues  es  sometida  a  intimidación  y  al sometimiento de su voluntad a fin de  obligarlo   a   variar   su   lugar  de  residencia13.   

Conforme  con  la descripción típica de la  conducta,  el  desplazamiento  forzado es un delito permanente cuya comisión se  extiende  y  actualiza  mientras  se  mantenga el desarraigo de las víctimas en  virtud  de  la  violencia  que  ejerce  el  sujeto activo por medio de amenazas,  intimidaciones,  muertes,  etc.,  que obligan a los habitantes de un específico  grupo  humano  a estar alejados de sus  predios14.   

La  Corte  Constitucional  ha  analizado  el  alcance del delito de desplazamiento forzado en Colombia.   

En la Sentencia SU 1150 de 2000 expresó que  esta  situación  conlleva  una  violación  múltiple, masiva y continua de los  derechos  de  las  personas  obligadas  a  migrar,  pues tienen que abandonar su  domicilio  en razón del riesgo que observan para su vida e integridad personal,  peligro  derivado  de  las  amenazas  directas  que  les  son formuladas o de la  percepción  generada  por los múltiples actos de violencia que tienen lugar en  sus sitios de residencia.   

Por tal motivo, no sólo la violencia física  o   las  amenazas  directas  pueden ocasionar el desplazamiento de un grupo  poblacional   sino   también   el   miedo   imperante,  dadas  las  condiciones  particulares         de        la        zona15.   

Analizando la situación de las víctimas de  esta  conducta, en la Sentencia T-025 de 2004, la Corte Constitucional constató  la  ausencia  de  un  trato  digno  y  respetuoso de los derechos de los sujetos  pasivos,  por parte de las instituciones encargadas de su protección, e indicó  que  estas víctimas deben ser consideradas por el Estado y por la justicia como  sujetos       de       especial      protección  constitucional.   

En su auto 008 de 2009, de seguimiento a la  Sentencia  T-025  de  2004, consideró que uno de los factores que contribuyen a  mantener  el  estado  de  cosas  inconstitucional en relación con la población  desplazada,   se   relacionaba   con   una  altísima  impunidad  del  delito  de  desplazamiento  forzado, y  destacó  la  ausencia de estrategias para solucionar los obstáculos procesales  y la incapacidad institucional para solucionarlos.   

Con ocasión de la Sentencia T-321 de 2008,  estimó   que   la  condición  de  desplazado  por  la  violencia  es    una    circunstancia   de   carácter   fáctico,  que se presenta cuando se ha ejercido cualquier forma de coacción  para  imponer el abandono del sitio habitual de morada o de trabajo, obligando a  la  víctima  a  movilizarse  a  otro  lugar dentro de las fronteras del Estado.   

Igualmente,  la  Corte  Constitucional  ha  reconocido  reiteradamente  los  derechos  a  la  verdad,  a  la  justicia, a la  reparación  integral  y  a las garantías de no repetición de las víctimas de  desplazamiento forzado.   

Específicamente, en el Auto 219 de 2011, de  seguimiento  a la tutela T-025 de 2004, sostuvo que tales prerrogativas implican  “el  derecho a conocer la verdad de lo ocurrido y a  que   se   esclarezcan   los   hechos   que  implican  vulneraciones  masivas  y  sistemáticas  de  los  derechos humanos de esta población, el derecho a que se  investigue  y  sancione  a  los  responsables de estos delitos, el derecho a ser  reparado    de    forma    integral,    así   como   las   garantías   de   no  repetición”16.   

Y  en la Sentencia C-579 de 2013, catalogó  al  desplazamiento  forzado  como  una  de  las graves  violaciones  a  los  derechos  humanos,  junto  con la  desaparición  forzada,  el  genocidio,  homicidio  y  la  tortura, entre otros.   

Las  especiales circunstancias en que suele  ser  cometido  este  delito tales como los contextos de macrocriminalidad en que  se  desarrolla,  el  sujeto  agente de carácter plural, el uso de la coacción,  fuerza,  armas,  intimidación,  la evitación del rastro que permita dar con el  paradero  del  victimario, entre otros, conlleva a que la valoración probatoria  del  testimonio de las víctimas del delito no se fragmente, sino que se aprecie  conjuntamente con las demás piezas probatorias en su conjunto.   

Debido  a  ello,  la  Corte  Constitucional  destacó, con relación a este punible, que:   

“Hay  hechos  de  los cuales es difícil  aportar  prueba diferente del testimonio de quien lo presenció. Esta situación  se  presenta   por  ser  este  el único testigo y no haber constado en ningún  documento  la  ocurrencia  del  mismo,  ya  sea  por  la sutileza misma que pude  caracterizar  al  hecho en algunas ocasiones, la cual lo hace imperceptible para  personas  diferentes  a  quien  es  afectado  por  el  mismo.  Estos  hechos  de  naturaleza  sutil  son  difíciles  de  probar,  ya que muchas veces no hay más  testigo  que quien vive la tensión de la amenaza”17.   

Consecuente con esta realidad, el análisis  probatorio  de los sucesos sometidos a examen debe ser extremadamente cuidadoso,  pues  las  intimidaciones  a  las que son sometidas las víctimas de este delito  suelen  realizarse  de  manera  clandestina  y  sin  dejar huella, para con ello  restar  credibilidad  al  testimonio  del afectado y asegurar la impunidad de la  conducta.   

En similar sentido, la jurisprudencia de la  Corte  Suprema de Justicia ha llamado la atención respecto del deber de abordar  el  estudio  de  conjunto  de  la  prueba  en  este  tipo  de  delitos,  teniendo  en  cuenta  las especiales  circunstancias  que rodearon el desplazamiento, la época en que se cometió, el  lugar   y   las   reglas   de  la  experiencia  extraídas  de  nuestro  entorno  nacional18.   

A  fin  de  dar aplicación a esta forma de  apreciación  probatoria  es  necesario  que  en  el  estudio  de  cada  caso se  constaten  indicadores  objetivos  que suelen, por regla general, ser expresión  de  la configuración de éste crimen, tales como: (i) la falta de presencia del  Estado  en  la  zona; (ii) la existencia de grupos armados organizados al margen  de  la  ley en el sector; (iii) la estructura de la organización criminal; (iv)  su  plan  delictivo;  (v)  su  modus operandi; (vi) la naturaleza de los delitos  cometidos;  (vii)  la  intimidación poblacional; (viii) la cantidad de noticias  criminales   que  dan  cuenta  del  punible  y  de  sus  responsables;  (ix)  la  concurrencia  de  un  número plural de testigos al proceso; (x) la coherencia y  soporte  de los relatos de los afectados; y, (xi) la corroboración por parte de  los testigos de la versión que suministra la víctima.   

    

En  otras  palabras,  la  verificación del  desplazamiento  forzado  no  puede  reducirse a un problema de orden subjetivo o  individual,   sino  que  implica  la  comprobación  de  ciertas  circunstancias  objetivas  como  las  anteriormente  descritas  y  el  análisis  global  de  la  totalidad   de   la   prueba   legalmente   producida   en   la   audiencia   de  juzgamiento.   

En efecto, si bien la consagración del tipo  penal  de desplazamiento forzado se halla incorporada en el plexo de delitos que  atentan   contra   la   libertad   individual   y  otras  garantías19,   en  su  concreción,    a    los    desplazados    se    le    transgrede    de   manera  permanente20  otros derechos fundamentales que tornan la conducta pluriofensiva:  dignidad                   personal21,  integridad  psicológica y  física,  el  derecho  a  la  vivienda,  al domicilio, a tener una familia, a la  seguridad,      a      la      paz     colectiva22  y  al  buen  nombre,  entre  otros,  que  tornan   altamente  recomendable  que  al valorar la prueba se  consideren características como las anteriormente mencionadas.   

Con todo, estas realidades no conllevan a la  asignación  colectiva  de responsabilidad penal, que deberá determinarse, como  en  todos  los  casos, de manera individual, solo que,  la investigación y  la  valoración  probatoria no debe concentrarse exclusivamente en el testimonio  de  la  víctima  o  en  quien  realiza  los concretos actos intimidatorios para  lograr  el  desplazamiento,  sino que debe extenderse a quienes idearon el plan,  lo  lideraron, apoyaron, y lograron la permanencia del desplazamiento forzado, y  a  que  se  consideren  las circunstancias temporales, geográficas, políticas,  sociales  y  económicas en que los miembros de la estructura criminal actuaron,  para  lo  cual  el  plan  delictivo, la distribución del trabajo, el relato del  sujeto  pasivo  de  la  concreta conducta, así como el de otras víctimas de la  organización   y   demás   testigos   deben   ser   considerados   de   manera  conjunta.   

Se  utilizará  en  consecuencia,  una  estrategia  valorativa  que  tenga en consideración que los hechos investigados  fueron  ejecutados  como  parte  de  la estrategia criminal de una organización  ilegal  de  la que era parte el procesado, pues la existencia de una agrupación  que  actúa como agente del punible, imprime una notable diferencia en el examen  del  material  probatorio, que obliga a determinar previamente la existencia del  aparato  organizado  de  poder,  su  estructura,  sus  planes,  la existencia de  patrones  sistemáticos,  el reparto de funciones a su interior, la vinculación  del  procesado  a  ella  y  su  posición  dentro  de  la  banda. Finalmente, el  testimonio  de  la  víctima  debe apreciarse con el resultado de este ejercicio  valorativo a fin de determinar su veracidad.   

     

I. Existencia  de  una estructura criminal organizada que operaba en la  Vereda  Granizal,  sectores Altos de Oriente 1 y 2, Adolfo Paz, El Pinal y   El Regalo de Dios.     

Las distintas atestaciones realizadas en el  presente  caso  dan cuenta de la existencia de una organización criminal que en  la  fecha  de los hechos operaba en la Vereda Granizal, Barrios Altos de Oriente  1 y 2, Adolfo Paz, El Pinal y El Regalo de Dios.   

De  sus orígenes, los testigos relatan que  este  sector era una arboleda de eucalipto y ciprés que fue habitada en octubre  del   año   2003  por  varias  personas  -43  familias-  desplazadas  de  otros  sectores23 de la región.    

En  una  primera  fase,  construyeron  un  albergue  común en el que moraban todos los grupos familiares separados unos de  otros  por  plásticos y, posteriormente, en lotes que ellos mismos demarcaron y  que     no     tenían     servicios    públicos24.  Poco  a  poco construyeron  sus ranchos dando forma al barrio.    

Seguidamente,       “se  pegaron”  de las redes primarias  de  las  empresas de servicios domiciliarios y, “por  su  cuenta”,  distribuyeron  energía  eléctrica al  sector,  que  era  suministrada  por  medio  del material que adquirían con los  dineros  aportados  por  la  comunidad.  Seguidamente,  hicieron lo mismo con el  servicio de agua.   

Poco  después  constituyeron  una Junta de  Acción   Comunal,   cuyo   propósito   consistía  en  pedir  ayudas  para  la  comunidad.   

Estando en ello, hizo presencia en el sector  una  banda  de  reinsertados del Bloque paramilitar Cacique Nutibara25  comandada  por  Fabio  Acevedo  a la que posteriormente ingresaron jóvenes delincuentes de  la    zona26.   

Igualmente, los testigos informaron que bajo  la  coordinación  de  Acevedo,  estos  jóvenes  permearon  la Junta de Acción  Comunal,   a   través  de  la  cual  operaban  e  imponían  sus  reglas  a  la  comunidad27  abrogándose  la  facultad estatal de dirimir conflictos e imponer  sanciones  tales  como  golpizas,  señalamientos,  amenazas  y  desplazamientos  forzados28.    

La intrusión de la banda armada en la Junta  de  Acción  Comunal  se  produjo aproximadamente hasta el año 200729, aunque los  testigos  dieron  cuenta que para la fecha de sus atestaciones el grupo criminal  continuaba                  operando30.   

Blanca   Nubia   Arango   Pérez  sostuvo  permanentemente,  que los miembros del grupo armado de  muchachos31,   eran   desmovilizados   del   Bloque  Cacique  Nutibara  de  las  autodefensas32  y  que  hacían  parte  de  él  alias “don Fabio”, “el  paisa”,   “la   fierra”,  JUAN  DAVID  GARCÍA,  “machete”33     y  Richard34.   

Nancy Jiménez Manco, señaló la existencia  de  esta  estructura  que  se  identificaba  ante los pobladores del sector como  paramilitares35  y  que  la conformaban alias “machete” “yiyo”, “rolo”,  “puntudo”,  “el paisa”, JUAN DAVID, “la chinga”, “la chinga 2” y  “muñeco”36.    

Gloria Amparo Jiménez Manco, indicó que su  hermana  Nancy  vivió  en el Barrio El Regalo de Dios hasta que el grupo armado  de    paramilitares    que   operaba   y   mandaba37  en   él la hizo salir  de   allí38.  Específicamente  afirmó  que esta banda delincuencial vigilaba,  mataba  a  las  personas,  amenazaba  y  desplazaba39.   

Edilberto  Manuel  Pacheco Osorio, al igual  que  los  anteriores  declarantes,  adujo  la  existencia  de  una organización  delictiva      compuesta      por      jóvenes40,  quienes  lo  obligaron  a  desplazarse           del           barrio41   y   señaló   entre  sus  componentes  a  alias  “don  Fabio”, “la zorra”, Gabriel Giraldo y a dos  profesores,    JUAN    DAVID     y    Aníbal42.   

Jorge Luis Borrero Rangel, esposo de Blanca  Nubia  Arango, indicó que en la época del desplazamiento forzado de su familia  operaba  en el sector un grupo de desmovilizados de las autodefensas43  que  era  liderado  por  los  alias  “don Fabio Acevedo” y “el paisa”, dedicados a  “andar    por   todo   el   barrio”44,   y  que  fueron   quienes   intimidaron   a   su   esposa  para  desplazarlos45.   

Wilson Octavio Ceballos Pemberti señaló la  existencia  de  un  grupo  que actuaba en el barrio cuyos miembros afirmaban ser  paramilitares    desmovilizados    del   Bloque   Cacique   Nutibara46, que para la  época    de   su   desplazamiento   –año                 200847-,    era   comandado   por  “Richard”48  y del que también hacía parte alias “el gato”, “balazo”,  “la    zorra”    49,     “don     Fabio”,  William50,  “machetazo”,  “puntudo”, “el rolo”, “el costeño”  y   Wilmar51.   Del  mismo modo, expresó que el número de integrantes era  mayor52   y   que   se   reunían  en  el  sector  donde  se  lavaban   carros53.   

Alberto   Pastor   Jaramillo54 indicó que  en  el  año  2004 conocieron a Carlos Eduardo Yarce alias “el paisa”, quien  comandaba   una   banda   de   paramilitares   que  ejercía  el  mando  en  esa  región55   y   que   era   dirigido   o   coordinado   por   alias  “Fabio  Acevedo”56.   

Advirtió  igualmente,  que  la asociación  criminal  obró  desde el año de 2004 al llegar como Bloque Cacique Nutibara de  las                   autodefensas57, hasta el año 2008 cuando a  él             lo            desplazaron58.    Afirmó   que   la  agrupación  era liderada por alias “don Fabio” quien tuvo como mano   derecha   a  alias  “Richard”  durante  la  época  en  que él vivió en el barrio59.   

El  suboficial  de  la  Policía  Norvey de  Jesús  Villada  Ospina,  Comandante  de  Reacción  e integrante del Grupo Anti  Bandas  de  la  Estación  de  Santodomigo,  a  cuya  jurisdicción  se  hallaba  vinculado  el  barrio  El  Regalo  de  Dios,  informó  que  allí  conoció una  organización  criminal  compuesta  por varios sujetos, entre ellos, alias “la  zorra”,  “el  profe”,  “el  divino”,  “el  gato”,  y  “el señor  Fabio”,            entre           otros60.    

Argemiro Dávila Zuluaga, aseguró que en el  año  2003  llegó  al barrio “un grupo de gente muy  armada”,   integrado  aproximadamente  por  treinta  hombres61,  quienes  tomaron  el  dominio  del  territorio,  y  que de éstos  quedaron  permanentemente  alrededor  de quince sujetos, a los que dado el poder  de la banda, se unieron otros muchachos del barrio.   

Señala  como  algunos de sus integrantes a  alias  “la  zorra”, “John Jaime”, “puntudo”, “el costeño” “el  mico”,  “yiyo”,  “el  gato”,  Octavio  y “don Fabio”, inicialmente  conocido  como  “don  Efra”  pero  posteriormente  como “Fabio Acevedo”,  encargado  de  dirigir  el  personal  y  quien  con posterioridad a la muerte de  Octavio,  les  dijo  “que iba a llevar a una persona  muy   capacitada   para   manejar   el   grupo   de  muchachos”,  que    fue    “Carlos”    alias    “el    paisa”62.   

El  investigador  de  la SIJIN de Medellín  Carlos  Mario  Mosquera  Hernández,  especificó que en la Vereda Granizal solo  opera  una  banda criminal denominada Regalo de Dios63,  de  la  que  se  señalaba  hacían  parte  alias  “don  F”  o  “don  Fabio”,  “el paisa”, “la  fiera”,  “Richard”,  “la zorra”, “el gato”, “el rolo”, William  Ospina  y  JUAN  DAVID  GARCÍA -a quien reconoció en la audiencia del juicio-,  algunos  integrantes  de  la  Junta de Acción Comunal y colaboradores del mismo  grupo64.   

De acuerdo con las anteriores atestaciones,  para  la Sala constituye un hecho cierto que en la Vereda Granizal del Municipio  de   Bello,   Antioquia,   durante   los   años   2004   a   2008  –al   menos-,  operó  una  estructura  criminal  organizada,  conformada  por  desmovilizados  del  Bloque  paramilitar  Cacique  Nutibara,  que  aprovechando  la  condición  de  vulnerabilidad de los  pobladores  de  los  barrios  Altos  de Oriente 1 y 2, Adolfo Paz, El Pinal y El  Regalo  de  Dios,  se  asentó  en  el  sector  por  la  fuerza de las armas, la  intimidación  y  la violencia y controló la vida de sus habitantes, quienes se  hallaban   a   merced  de  su  voluntad  y  eran  objeto  de  sus  decisiones  y  ajusticiamientos.   

Con fundamento en lo anterior, la Sala halla  probada  existencia de una estructura criminal armada que operaba en el lugar en  donde  se  produjo  el desplazamiento forzado de Blanca Nubia Arango Pérez y su  familia.   

     

I. El    plan    de    la    banda    delictiva    y   sus   prácticas  criminales.     

De  las pruebas incorporadas a la audiencia  pública  del  juicio  oral,  la  Sala  puede determinar el plan delictivo de la  organización  criminal, su modus operandi   e   incluso,   trazar   la   línea  evolutiva  de  la  actividad  delincuencial desplegada.   

En efecto, los testigos del presente proceso  informan    que    la    banda   criminal   armada65   inició  sus  actividades  ilegales  cobrando los servicios de energía y el agua, cuyas redes habían sido  construidas     por     la     misma    comunidad66.   

Seguidamente,   se   dedicaron  al  cobro  “vacunas”  a  los  carros, el lavado obligatorio67   de   los   vehículos  de  servicio  público – taxis,  buses  y  colectivos-, los cobros de “vacunas” a las casas, y a los negocios  grandes68.   

Respecto  del  significado de la expresión  cobro  de  “vacunas”,  Argemiro  Dávila  Zuluaga informó que se trataba de  pasar  de  casa  en casa para cobrar el agua, la luz, la cuota de vigilancia que  ellos  prestaban  -y  que  no  se necesitaba-, “pues  ellos  eran  los  que  tenían  el  poder  y  amenazaban  con  que  nadie podía  denunciarlos      a      las      autoridades”69.   

Posteriormente,   incursionaron   en   la  enajenación  de  lotes  en  el  sector,  “venta de  viviendas”  sin el consentimiento de sus propietarios,   sin   contraprestación  económica,  aún habitadas por las familias, el despojo de parcelas y bienes de  las      personas      de      la      comunidad70,  la usurpación de mejoras,  como  por  ejemplo,  de  café o plátano que tenían sus habitantes71, el hurto de  combustible   por  medio  de  un  válvula  ubicada  en  la  zona  de  Altos  de  Oriente72,  el  hurto  de  las donaciones provenientes de las Naciones Unidas  para             la             comunidad73,        linchamientos,  señalamientos,  hurtos,   consumo  de sustancias alucinógenas74, golpizas a  las  personas  que  no le caían bien al grupo, la vigilancia armada de la zona,  desplazamientos  forzados  de  los  habitantes  que  se  negaban  a  seguir  sus  instrucciones75,  desapariciones  forzadas,  extorsiones  y  homicidios76.   

Para   la   planeación  de  todas  estas  actividades    delictivas   el   lavadero   de   carros   era   el   centro   de  operación77.   

Argemiro  Dávila  Zuluaga,  sostuvo que la  organización  criminal  era  la  que  promovía  todos  los  desplazamientos  y  desapariciones   forzadas  del  sector,  y  que  en  la  zona  no  operaba  otra  organización                delictiva78.  Relata  que  la estructura  criminal  desapareció a Fabio Franco, a quien le vendieron su casa, las mejoras  de  café  que  poseía  y sus propiedades, e informa que a éste lo encontraron  muerto  y  decapitado  en  la  carretera de El Pinal79.   

Igualmente, relaciona como desaparecidos por  la  estructura  delictiva  a  Leonardo  Manso y a Alfonso García Oquendo, cuyas  familias   fueron   desplazadas  forzadamente,  además  de  otros  diez  grupos  familiares80   a   quienes   alias   “el  paisa”  los  visitó  “con   una   gente”   de   noche  en  camuflados            y            armados81.   

Expresó  que  el  sitio  de reunión de la  banda  delincuencial era el lavadero de carros, e indicó que era utilizado como  una  fuente  de  ingreso y de “vacunas” que inicialmente era propiedad de la  comunidad   pero   del   que   la   cofradía   criminal   se   apoderó   a  su  llegada82.   

Amparo  Jiménez Manco refirió un episodio  de  la  organización  delincuencial  según  el  cual,  al  día  siguiente  de  percatarse  que  ella  y  su  hermana les escucharon una conversación en la que  planeaban  el  homicidio  de  una joven del barrio que tuvo conocimiento de unas  fosas   que   la   banda   tenía   en   el  sector83,  llegaron cuatro o cinco de  ellos   en   la   noche,   con   la   cara   cubierta  a  amenazarla84.   

Jorge  Luis Borrero Rangel mencionó que el  grupo   delictivo   le  propinó  una  golpiza  a  un  niño  en  presencia  del  procesado85.   

Alberto  Pastor  Jaramillo  sostuvo que las  soluciones  que  el grupo le daba a los problemas que se presentaban consistían  en  lesiones,  intimidaciones  y  desplazamientos  forzados,  y cita a manera de  ejemplo  la  golpiza  con tablas y palos que le dieron a su hijo Faber Jaramillo  por  haberle  advertido  a unos visitantes del barrio la inseguridad del sector,  motivo  por  el  cual  también  amenazaron  de  muerte tanto al joven como a la  familia    si     contaban    lo    sucedido86.   

Ignacio  de  Jesús  Sepúlveda  García,  informó  que fue desplazado por los desmovilizados del Bloque Cacique Nutibara,  en  una  operación  de  alias “la zorra”, quien con ocasión de un juego de  azar    lo    golpeó    “bastante”    y    lo    amenazó    de   muerte87.   Informó  que  este  sujeto        pertenecía       al       grupo88   y  que  la  organización  criminal  era  la  responsable  del  homicidio  de  Gustavo  Zuleta, quien fuera  Presidente   de   la   Junta   de  Acción  Comunal89  y  especificó que el grupo  se    rotaba    en    el    lavadero   de   carros90.   

Wilson Octavio Ceballos Pemberti se refirió  al          lavado          de         buses91  que  según  Alberto Pastor  Jaramillo92  era  de  carácter  obligatorio, pues se lavaran o no los rodantes  tenían  que  pagarles,  y  sostuvo  que en este lavadero permanecían todos los  muchachos        de       “el       paisa”93,  afirmando  haber observado  allí             al            procesado94.   

El  suboficial  de  la  Policía  Norvey de  Jesús  Villada  Ospina,  informó  que  los  integrantes  de  la  organización  criminal  permanecían  concentrados  en  el lavadero de vehículos y realizaban  atropellos  contra  la comunidad tales como la venta de alucinógenos y porte de  armas,   y  que  conoció  del  hurto  de  un  taxi95.   

El  investigador  de  la SIJIN Carlos Mario  Mosquera  Hernández  indicó  que  en  desarrollo  de  su  trabajo conoció las  denuncias  de  Blanca  Nubia  Arango,  Nancy  Jiménez  Manco y Edilberto Manuel  Pacheco  Osorio, en las que afirmaban la existencia de un grupo armado al margen  de  la  ley que operaba en la Vereda Granizal y que se dedicaba a la extorsión,  el  desplazamiento  forzado,  a  amenazar  a  la comunidad, a la venta ilegal de  lotes  y  a  cobrar  por  los  servicios  de agua y luz en la vereda96; hechos que  fueron  denunciados  penalmente  y  ante  la  Personería  de  Bello97, entidad que  les  informó  que  allí  se  registraron  19  quejas adicionales a la de Nancy  Jiménez  Manco  que  se  radicó  en  la  Personería  de Medellín98.   

Es  claro  para  esta  Corporación, que el  grupo  criminal  conocido como “los muchachos” de la Vereda Granizal, tenía  como  plan  criminal  el  control  total de los sectores Altos de Oriente 1 y 2,  Adolfo  Paz,  El  Pinal y El Regalo de Dios, con el propósito de sacar provecho  económico de las actividades ilegales.   

Para ello, no se detuvieron en la ejecución  de  diferentes  conductas  punibles,  sin consideración de la vulnerabilidad de  las  víctimas,  su origen predominantemente rural, su condición de desplazados  intraurbanos,  su  escaza  o avanzada edad, la desarticulación de las familias,  la  pérdida  de  la  totalidad de los mínimos recursos económicos con los que  contaban,  las  vergonzantes  situaciones  a  las que eran sometidas, el pésimo  ejemplo  que brindaban a los menores de edad, la usurpación de la autoridad del  Estado  y  la situación de humillación, peligro de vida, riesgo y zozobra para  la comunidad que generaban.   

          Con  base  en  lo  anterior,  la  Corte  considera acreditado que la  organización  criminal  que  operaba  en  la geografía en la que se produjo el  desplazamiento  forzado  de Blanca Nubia Arango Pérez y su familia, tenía como  plan  criminal  ejercer  el  control  social  y económico de la población para  lucrarse  de  ella, para lo cual la ejecución del delito mencionado constituyó  una de sus prácticas criminales frecuentes.   

     

I. La  vinculación  del procesado a la banda delincuencial en la fecha  de los hechos.     

Una  vez  establecida  la  existencia de la  estructura   delincuencial   armada,   su   plan  y  su  práctica  sistemática  actividades  criminales  tales  como el desplazamiento forzado, le corresponde a  la  Sala determinar si para la fecha en que se produjo el desplazamiento forzado  de  Blanca Nubia Arango Pérez y su familia el procesado JUAN DAVID GARCÍA hizo  parte de ella.   

Blanca  Nubia  Arango  Pérez  denunció el  desplazamiento   forzado  que  sufrió  con  su  familia  y  señaló  como  sus  responsables  al  grupo  armado de muchachos que operaban en el sector, del cual  era  integrante,  entre  otros,  JUAN  DAVID GARCÍA99.   

Deisy  Alejandra Arango afirmó que siempre  vio  en  el  lavadero  a  “machete”,  “la zorra”, “el rolo” y a JUAN  DAVID100,  y que éste empezó a andar con la banda criminal cuando dejó de  dar    clases    en    la   escuela   del   barrio101.   

Nancy  Jiménez  Manco  aseveró  que  el  procesado  estuvo vinculado a la organización ilegal hasta el año 2007, cuando  le     “pegaron     una     tunda”102.   

Sostuvo que en las actividades delictivas de  la  cofradía  delincuencial  algunas  veces  participaban  la  totalidad de sus  integrantes,  pero  en  otras oportunidades solo parte de ellos, pues algunos se  quedaban  cuidando  el  lavadero  “y otros se iban a  hacer      lo     que      correspondía”103.   

Edilberto Manuel Pacheco Osorio sostuvo que  tenía  la  convicción  de  que  el procesado pertenecía al grupo porque   siempre  estaba  en el lavadero de carros y “fumando  vicio”104,   y   que   ellos  se  repartían  las  actividades105.   

Igualmente,   indicó   que   JUAN  DAVID  GARCÍA      andaba     con     el     grupo106  y  que  esta  asociación  ilegal  fue  la  causante  del desplazamiento de Nubia Arango Pérez107.   

Jorge  Luis  Borrero Rangel expresó que el  procesado     pertenecía     a     la     banda108    y   que   lo  vio  andando con los del grupo109  y  cuando  golpeaban a un  niño     sin     que    evitara    la    golpiza110.   

Gloria Amparo Jiménez Manco señaló que en  cuatro     o    cinco    oportunidades111  vio  al  procesado    reunido    con    los   demás   integrantes   de   la   estructura  delincuencial112.   

Alberto      Pastor      Jaramillo  señaló113  a  JUAN  DAVID  GARCÍA como el integrante del grupo delictivo con  quien            tuvo            problemas114    pues    lo   lesionó  repetidamente  con  una varilla debido a las denuncias de estafa por parte de la  Junta  de  Acción  Comunal,  que  realizó  frente  a  representantes  de  unas  organizaciones  del  Municipio  de  Bello y de la OEA, suceso en el que también  participó         alias         “poter”115.    

En la audiencia pública del juicio oral el  testigo   incorporó   la   noticia   criminal   por   las  lesiones  personales  referidas116  y  reconoció  al  procesado  como  el  autor de ellas117.  Posteriormente,  reiteró  la  pertenencia del enjuiciado a la banda118.   

Del  mismo modo, el señor Pastor Jaramillo  afirmó  que  fue  amenazado  de  muerte por los miembros de la Junta de Acción  Comunal,  situación que le comentó a “Fabio Acevedo” quien le aseveró que  a  “a usted no lo han matado, usted está pegado de  un  hilito,  usted  no  lo  han  matado  por  mí”119.   

Argemiro  Dávila  Zuluaga,  indicó  que  conoció  a JUAN DAVID GARCÍA, alias “el profe”120  en  el lavadero de carros  en  el  año  2005  reemplazando a “el paisa”. Destacó que el enjuiciado, a  quien   reconoció   en   la  audiencia  pública  del  juicio  oral121,    ingresó a la banda delincuencial a principios de ese  año122,  pues  “tuvo un gran error y por la..,  (sic)  por  el  poder  que  tenía   el   grupo   es   lo  que  yo  soy  consciente  de  que  tuvo  un  gran  error.”123.   

Ignacio   de  Jesús  Sepúlveda  García  singularizó  a  JUAN  DAVID  GARCÍA  como  uno  de los integrantes de la banda  criminal  que  permanecía  en el lavadero de carros124 y afirmó que «Juan  David cuando yo lo distinguí, cuando yo lo distinguí ahí  lo  vi  como…  como  tal  con  los  compañeros porque de por sí él no puede  negarlo  que  él  con  ellos  le  tocaba ahí compartir lo que realizaban en el  lavadero                    …»125        .   

Refirió  que los compañeros del procesado  eran     quienes     en     ese     momento     se     hallaban     presos,       pues      él    se    asociaba    con    todos126  y  lo calificó como  parte   de   la   agrupación   criminal   porque   se   movilizaba   con  todos  ellos127   durante   los   años  2005  a  2007128.   

El  investigador  de  la SIJIN Carlos Mario  Mosquera  Hernández,  sostuvo  que  como  investigador  de  campo  produjo  los  informes  26/03/2008  y  17/09/2008, que ingresaron al proceso como pruebas, por  medio  de  los  cuales se identificaron los nombres de los alias que operaban en  la  estructura  criminal  de  la  Vereda  Granizal,  logrando  determinar  a dos  personas  que  respondían  al  alias  de  “el profe” y que correspondían a  Aníbal  de Jesús Hernández y a JUAN DAVID GARCÍA129.   

Para  la  Sala  es  un  hecho cierto que el  procesado   andaba  armado  en  compañía  de  los  demás  integrantes  de  la  estructura criminal:   

Deisy Alejandra Arango sostuvo que observó  a  Juan David el día que estaba limpiando su arma en compañía de los miembros  de        la        banda        delincuencial130.   

Jorge  Luis  Borrero  Rangel  indicó  que  observó  de  manera  directa  que  los  integrantes  del  grupo criminal al que  pertenecía  el  procesado  andaban  armados  de  noche  mientras  recorrían el  barrio131,    específicamente    con    revólver   y   changón132;  que vio  armados  a  “la  zorra”, “el gato”, “machete” y a JUAN DAVID, cuando  en     horas     de    la    noche    deambulaban133     por     todo     el  barrio134.   

Este testigo también reconoció al acusado  dentro     de     la     sala    de    audiencias135  e  informó  que lo vio a  finales  de  2005  hurtando un taxi en compañía de otros integrantes del grupo  que      llevaban      la      cara     cubierta136.   

Refirió igualmente que el procesado militó  en       la       organización       criminal137  desde  el año 2005 y que  imaginaba  que  para  comienzos  del  año  2006,  cuando  fue desplazado con su  familia,   continuaba   haciendo   parte   de  ella138.   

Ignacio de Jesús Sepúlveda García sostuvo  que  la  comunidad  de El Regalo de Dios señalaba a JUAN DAVID GARCÍA  de  participar   en   robos139  que  se  extendieron  del  año          2005          al          2007140.   

Como  resultado  de  lo  anterior, la Corte  halla  probada  la  vinculación  del  procesado  a  la  estructura criminal que  operaba  en  el  barrio  en  que  se produjo el desplazamiento forzado de Blanca  Nubia  Arango Pérez y su núcleo familiar, la cual tenía la ejecución de este  delito como una de sus políticas delictivas.   

     

I. La  posición  del  acusado  en la banda criminal en la fecha de los  hechos investigados.     

Según los habitantes de la Vereda Granizal,  en  la  fecha  del  desplazamiento  forzado  de  Blanca Nubia Arango Pérez y su  familia,   JUAN   DAVID   GARCÍA   fungió  como  líder  de  la  organización  delictiva.   

Nancy Jiménez Manco, afirmó que a finales  del              año              2005141  el  procesado recibió el  segundo  mando  dentro  de  la  estructura criminal,  porque el primero era  “el                    paisa”142,   información  que  obtuvo    por    las    jóvenes    del    barrio143.   

Expresó que cuando ocurría cualquier cosa  en  la  zona,  acudían a “el paisa” por ser este la cabeza de la estructura  delictual  y  que  cuando no se hallaba, debían hablar con el procesado por ser  el          segundo         al         mando144.   

Gloria   Amparo   Jiménez   Manco,  tuvo  conocimiento  que  el  enjuiciado  era  el jefe de la banda, un día en que ella  estaba  en  el  barrio  y  observó  al  grupo, momento en el cual su hermana le  señaló  a  JUAN  DAVID  GARCÍA  como  el líder de la agrupación145,  a quien  reconoció     en     la    audiencia    pública146.   

Sostuvo de manera reiterada, que su hermana  le  indicó  que  JUAN  DAVID  GARCÍA  lideraba  la  banda criminal durante las  ausencias   de   alias   “el   paisa”,   momento  en  el  cual  “el   que   seguía   de   cabeza   era  el  profe”147  y  que tanto su familiar, como Blanca Nubia y Argemiro  se   hallaban   en   el   programa   de   protección   de   víctimas   de   la  fiscalía148.   

Argemiro Dávila Zuluaga, especificó que el  ascenso  de  JUAN  DAVID  GARCÍA  a  la  jefatura  de la banda delincuencial se  produjo  a  mediados  del  año  2005  y  se prolongó hasta el 2006149,   en  reemplazo     de     alias     “el     paisa”150     y     hasta     su  regreso151.   Adujo que la comunidad reconocía al procesado “como  quien  mandaba en el grupo”, la  persona    principal    de    la    organización152.   

Indicó  que  en virtud de tal liderazgo el  acusado  se  hallaba  a  cargo  de alias “el puntudo”, “la zorra”, “el  gato”,   “machetazo”,   “el   mico”,   “el   costeño”   y   otros  más153.    

Carlos  Mario  Mosquera Hernández, afirmó  que  JUAN  DAVID  GARCÍA  se  hallaba  en  un  tercer nivel de jerarquía de la  estructura  criminal.   Destaca  como  cabecilla  superior a Fabio Acevedo,  seguido  por  alias  “el  paisa”;  seguidamente el procesado y luego a “la  zorra”,  “el  gato”  y  “puntudo”, a quienes le sucedían las personas  que  hacían  parte  de la Junta de Acción Comunal como William Ospina, Horacio  Cifuentes   y   demás   colaboradores   del   grupo   delincuencial154,  y  que  cuando   él   realizó   la  investigación  alias  “el  paisa”  ya  estaba  muerto155.   

Así,  la Colegiatura estima demostrado que  en  la  fecha en que se produjo el desplazamiento forzado de Blanca Nubia Arango  Pérez  y su familia, JUAN DAVID GARCÍA fungió como el líder de la estructura  criminal  que operaba en el sector y que tenía como plan delictivo controlar la  vida  de  la  comunidad  y  percibir  de  ella ingresos económicos por medio de  prácticas   delictivas   tales   como   el   desplazamiento   forzado   de  sus  habitantes.   

     

I. Consideraciones   respecto   del   temor  de  las  víctimas  en  la  producción probatoria de la investigación.     

Sabido  es  que  el  accionar delincuencial  organizado  y  armado  genera una especial situación de temor de las víctimas,  más aún cuando se hallan en una posición vulnerable.    

El  presente  asunto  no  constituye  una  excepción.   Los  testimonios  de  las  víctimas  y pobladores objeto del  accionar  criminal  del  grupo  delincuencial  al  que  se  hallaba vinculado el  procesado así lo evidencian:   

Manuel   Pacheco   Osorio,   afirmó  que  “todo  el  mundo  se  daba  cuenta de lo que estaba  pasando  pero  como  tenían  miedo  no se atrevían a decir nada”156,  que  todo el  mundo  le  decía  que  no hablara porque lo iban  a matar y que él tenía  miedo porque “don Fabio”  decía  que  el que hablara o fuera a una fiscalía, o donde un abogado, o donde  fuera,  él  lo  sabía  porque  todo el mundo se lo comentaba a él157.   

Argemiro  Dávila  Zuluaga,  aseguró  que  debido  a  las  amenazas  de  la  banda  criminal  todos  los  integrantes de la  comunidad     tenían     miedo    a    denunciar158.   

Ignacio de Jesús Sepúlveda García sostuvo  que    era    necesario    desenmascarar   lo   que  pasaba   cueste   lo  que  cueste159  y  que si uno  quiere  que  se  haga  justicia  tiene  que  comenzar  el aseo en la casa por la  sala160.   

También  señala  que a él lo desplazaron  del   barrio   y  que  desde  la  cárcel  los  miembros  de  la  banda  criminal lo llamaban por teléfono a  amenazarlo161,  razón  por  la  cual  se  desplazó y se integró al programa de  protección           a           víctimas162.   

El  suboficial  de  la  Policía  Norvey de  Jesús  Villada  Ospina  indicó  que  conoció de la denuncia de una señora de  nombre  Blanca que fue desplazada del sector y de otras que se hicieron por vía  telefónica  porque  la  gente  no  iba  a  formularlas  por escrito por temor a  posteriores  represalias  por  parte  de los integrantes de la banda163.   

Con  relación  a  la  noticia  criminal de  Blanca  Nubia,  señaló  que ella llegó a la estación solicitando protección  policial  porque  integrantes  de  la organización criminal la amenazaron y que  por  ello  la  acompañó  a  abandonar  el  sector164.   

Como  puede advertirse, a los pobladores de  la  Vereda  Granizal  fueron  sometidos a una técnica de terror que les produjo  temor  a  denunciar  y  poner  en  conocimiento de la autoridad la situación de  violencia  que  generó  la  estructura criminal a la que pertenecía JUAN DAVID  GARCÍA.   No  en  vano  muchos  de  ellos fueron vinculados al programa de  protección de víctimas y testigos.   

La Corte destaca la valiente actitud de las  víctimas  al  concurrir  a  la audiencia pública y señalar al enjuiciado como  integrante  de la asociación delincuencial que participó activamente en varios  episodios  delictivos  y  quien  la  lideró  desde  finales del año 2005 hasta  mediados  del año 2006, época en que, justamente, se produjo el desplazamiento  forzado de Blanca Nubia Arango Pérez y su familia.   

Las víctimas confiaron en sus autoridades y  expusieron  su  vida  con  sus  denuncias,  sus testimonios y sus señalamientos  contra  los  integrantes  de  la estructura criminal, en particular a uno de sus  líderes, JUAN DAVID GARCÍA.   

La  Sala  considera  demostrado  que  las  víctimas  de  los  delitos  cometidos por la empresa criminal que operaba en el  lugar  en  el  que  acaeció  el  desplazamiento  forzado de Blanca Nubia Arango  Pérez  y  su familia, y que tenían como práctica delictiva este reato, fueron  sometidas  a  una  situación  de  temor  generalizado  y, aún con ello, fueron  coherentes  en  señalar  al  procesado  y  a su empresa criminal, como el   responsable de tal conducta delictiva.   

     

I. La  valoración  conjunta  del  testimonio  de  Blanca  Nubia Arango  Pérez con los hechos acreditados por la Corte.     

La  Sala ha establecido hasta este momento:  (i)  la  existencia  de  una  empresa  criminal que operaba para la fecha de los  hechos,  en la Vereda Granizal del Municipio de Bello, Antioquia, sectores Altos  de  Oriente  1  y 2, Adolfo Paz, El Pinal y El Regalo de Dios, lugar en donde se  halla  ubicada  la  residencia  de  la  señora  Blanca Nubia Arango Pérez y su  familia;  (ii) su plan delictivo consistente en ejercer la hegemonía en la zona  por  medio  de  actividades  ilegales tales como el desplazamiento forzado, para  con  ello  percibir  réditos económicos de la población; (iii) la pertenencia  del  procesado  a  la asociación ilícita; (iv) su liderazgo en ella durante la  fecha  del  desplazamiento forzado de Blanca Nubia Arango Pérez y su familia; y  (v)  el  temor ocasionado por la cofradía delictiva a sus víctimas para evitar  su denuncia, su señalamiento y asegurar la impunidad.   

En este apartado le corresponde analizar las  atestaciones   de  Blanca  Nubia  Arango  Pérez  e  introducirlas  al  panorama  demostrativo  de  la  Corte,  a  fin  de  derivar  si éste es coherente con las  conclusiones extraídas de los apartados anteriores.   

Pues  bien,  del testimonio de Blanca  Nubia Arango Pérez, realizado el 5  de  abril de 2010, se desprende que ella se marchó del barrio El Regalo de Dios  de  la  Vereda Granizal del Municipio de Bello, porque unos hombres encapuchados  llegaron  a  su  casa  el  5  de  enero  de  2006  a las 2:17 de la mañana y la  amenazaron,    diciéndole    que    tenía   24   horas   para   abandonar   el  barrio165.   Que  de  los  cuatro hombres que llegaron a su morada, solo  uno,  a  quien  nunca  había  visto  ni  escuchado166,  y  con  el  único  que  habló167,  llamó  a  su puerta mientras los demás esperaron afuera a menos  de      tres      metros      de      distancia168  y que esa visita duró de  cinco         a         siete         minutos169.   

Especificó que el portal de su casa tenía  un   murito   y   que   el   hombre   que   la   amenazó   estaba  “afuerita  del  bordito” y que ella se  paró          en          la         puerta170,   desde   donde   tenía  visibilidad       plena       al       exterior171.   

Igualmente adujo que ella salió alumbrando  con  el  celular,  que  el  hombre  que  llamó  a  su  portón  vestía  con un  pasamontañas,  una  camisa  de  soldado  y  un  fusil grande, similar a los que  utiliza  el  Ejército.  Que  debido al susto que le produjo, intentó cerrar la  puerta,   pero   que   éste   se   lo   impidió,   que  ella  se  “asomó  un  poquito”  a mirar quién  más   se   hallaba   en  la  calle  y  vio  a  otros  tres  sujetos172   que  vestían  con  ropas  oscuras,  pasamontañas  de los que tapan toda la cabeza y  dejan  ver  hasta  “más debajo de la nariz… hasta  la  boca”173;  que portaban armas cortas “como     de     medio    brazo”174,  “unas  escopeticas  de  aproximadamente  de 50 a 60  centímetros”175.   

Indicó que debió alumbrar con el celular y  no  con  la  luz  de  la  casa  para  no  despertar  a su esposo y que no había  alumbrado                  público176     en     todo     el  sector177.   

Al interrogársele si reconoció a alguna de  las  personas que habían acudido a su residencia, informó que al hombre que se  paró   en   su   puerta   nunca   lo   había   visto,  pero  que  “por        la       silueta”178   pudo  reconocer  a  dos  hombres  de  los  que estaban afuera de la casa y que eran Jonathan Hernández y  JUAN             DAVID            GARCÍA179.   

Debido a la respuesta anterior, se requirió  a  la  testigo  para  que explicara con más detalle su afirmación, sosteniendo  que  los  había  reconocido  “por el borde, por los  gestos    y    los    movimientos    que   tenían   cuando   estaban   hablando  afuera”,  que  ella llevaba mucho tiempo180  “reconociéndolos”  –más     de     un  año181-,  “entonces  no  fue  difícil  en la  noche,  como  la  noche  no estaba tan oscura, reconocerles por el porte, por el  caminado,    por    la    forma    de   moverse”182        “porque  ellos  caminan  en zigzag”183,  y  que  reconoció a JUAN DAVID por el porte, por el caminado, por el movimiento  de               las              manos184,   que   ninguno  de  los  hombres   que   estaba   afuera   había   hablado185,  pero que la noche estaba  clara  y perfectamente se podía ver la silueta de las personas, pues pese a que  la  vestimenta era oscura, el contorno del sujeto con quien había compartido el  trabajo    “por    largo    tiempo”   no   era   difícil   de  distinguir186.   

Sostuvo que la visita no fue presenciada por  algún     vecino     “porque    era    muy    de  madrugada”187        –    las    2:17    a.m.-188, y que su  esposo  y su hija estaban en la casa cuando los hechos sucedieron, que su esposo  no  se dio cuenta de lo ocurrido porque había llegado cansado de trabajar   y  que  su  hija sin levantarse de la cama había escuchado desde el interior de  la   casa189.   

De  los hechos acaecidos el día 6 de enero  de  2006,  vale decir, el siguiente al que recibió las amenazas en la puerta de  su  residencia,  sostiene  que cuando iban a salir de ella, a eso de las 9:00 de  la  noche con algunas cosas en un camión,  apareció de frente el grupo de  muchachos  que  operaba  en  el barrio, entre ellos Juan David García, con unos  tarros,  en  los  que  supuso  que llevaban gasolina190 porque había escuchado el  rumor  de  que  habían  dicho  que  si no salía del barrio le iban a quemar el  vehículo191;  que  algunos  de  ellos  iban  armados  y  con  la  intención de  prenderle  fuego al carro con su familia y sus cosas adentro, razón por la cual  se  bajaron  del  automotor  y  ella  llamó a policía, y cuando pudieron salir  resguardados  por  los  uniformados,  el  grupo  de  jóvenes  les  gritaron con  palabreas  soeces  que  al  fin  la  habían  hecho  salir del lugar192.   

De  igual  modo  sostiene que su esposo, su  hija,  una vecina de nombre Carmen que ya no vive en el barrio y una señora que  vivía   al   frente   cuyo   nombre   no  recuerda193  fueron  testigos de tales  sucesos.   

Pues  bien, las particulares circunstancias  que  rodearon  el  desplazamiento  forzado  de  Blanca Nubia Arango y su familia  resultan   plenamente   coherentes   con   las   verificaciones   de   la  Sala,  así:   

Las amenazas provinieron de un grupo armado  de  jóvenes,  como  el  que  los múltiples testigos afirman que operaban en el  sector  y  que  eran  liderados,  para  la  fecha  de los acontecimientos por el  procesado.   

Estos sujetos, al igual que ocurrió en los  casos  de  los  desplazamientos  forzados  de que dieron cuenta Argemiro Dávila  Zuluaga194,      Amparo     Jiménez     Manco195,  Gloria  Amparo  Jiménez  Manco196,     Argemiro     Dávila    Zuluaga197   e   Ignacio  de  Jesús  Sepúlveda198,  la  visitaron en su casa, en horas de la noche, vestidos de negro  y  con  los  rostros  cubiertos  con  pasamontañas,  exigiéndole  que  debían  abandonar la residencia en un plazo de un día.   

En  todos los supuestos la empresa criminal  se  apoderaba  de  los bienes que las víctimas eran obligados a dejar, luego de  lo  cual  eran  vendidos  y  su  producto  apoderado  por  la banda, tal como lo  informaron       Nancy      Jiménez      Manco199,  Gloria  Amparo  Jiménez  Manco200,   Edilberto Manuel Pacheco Osorio201,  Wilson  Octavio Ceballos  Pemberti202    y    Argemiro    Dávila   Zuluaga203  quienes  reconocieron  a  JUAN   DAVID   GARCÍA   como   uno   de   los   sujetos  que  desplegaba  estas  conductas204   

Los  testigos  también  fueron  acordes en  informar  que  una  de  las  razones que generaban el desplazamiento forzado por  parte  de  la  banda delincuencial consistía en que los habitantes tuvieran  varias  cosas.  El motivo que se  le  endilgó  a Blanca Nubia fue el tener unos fogones  a    gas205,  a  Nancy  Jiménez  Manco  que ella y su esposo tuvieran casas, a  Edilberto     Manuel    Pacheco    sus    neveras206   y  a  Argemiro  Dávila  Zuluaga  las  mejoras  de  café  y plátano que tenía en su predio207.   

El  desplazamiento  forzado  por  parte del  grupo  criminal  también  era  suscitado  cuando  los ciudadanos advertían los  manejos    ilícitos    de   la   Junta   de   Acción   Comunal.    Blanca  Nubia208  se percató de la venta ilegal de lotes, circunstancia corroborada  por        Deisy        Alejandra       Arango209,   Jorge   Luis   Borrero  Rangel210,   Wilson  Octavio  Ceballos  Pemberti211   e   Ignacio  de  Jesús  Sepúlveda212,  quien  corrió  la  misma  suerte  por  el mismo motivo de Blanca  Nubia.   

El uso de armas y el tipo de las utilizadas  por  los sujetos que obligaron a desplazarse a la señora Arango y a su familia,  también  es  concordante con la que los testigos manifiestan haber observado al  procesado  y  a  su  pandilla,  tales  como  Deisy  Alejandra Arango213,  Jorge  Luis            Borrero            Rangel214   e   Ignacio  de  Jesús  Sepúlveda215.   

Adicionalmente  se  debe  considerar que el  investigador   de  la  SIJIN  de  Medellín  Carlos  Mario  Mosquera  Hernández  confirmó  las  afirmaciones  de Blanca Nubia Arango216  respecto  que la banda de  GARCÍA  era  la  única  que  operaba  en el sector en el que Blanca Nubia y su  familia  residían  y  que  los  testigos  fueron  enfáticos en sostener que el  barrio no pasaba nada sin el control de ellos.   

De esta forma, para la Sala resulta nítido  que   la  persona  que  el  día  de  los  hechos  Blanca  Nubia  Arango  Pérez  reconoció   era  JUAN  DAVID  GARCÍA  y  que  la  apreciación probatoria  realizada por los jueces de instancia no es aceptable.   

Más desatinado aún resulta el raciocino de  los  juzgadores,  cuando  se  repara en la presencia del procesado al momento en  que  Blanca  Nubia  Arango  y  su familia abandonaban su morada, arengando en su  contra  y expresando su satisfacción por haber logrado su cometido.     

Como  se  observa,  la  apreciación  del  sentenciador  contradice  el  estudio  conjunto  de la prueba, pues lo que ésta  demuestra,  a  través  de  las  versiones vertidas por los afectados, es que el  desplazamiento  tuvo lugar en las circunstancias descritas reiteradamente por la  víctima,  pese  a  estar sometida a amenazas e intimidación tanto ella como su  familia.   

     

I. Superación  del estándar probatorio de la convicción más   allá   de   toda   duda   en  la  responsabilidad del procesado.     

En este apartado, le corresponde establecer  si  estas  demostraciones cumplen con el estándar probatorio de proporcionar un  convencimiento  más  allá  de toda duda.   

Para    la   jurisprudencia217,   el  convencimiento  más  allá  de  toda  duda  de  la  responsabilidad  penal  del  procesado  pertenece  a  un  estadio  del  discernimiento  propio  de la certeza  racional,     que     se     refiere     a     una     seguridad    relativa,       o       aproximativa,   dado  que  llegar  a  la  seguridad absoluta resulta un imposible gnoseológico.   

En consecuencia, conforme con la teoría del  conocimiento,  no  es exigible que la demostración de la conducta humana objeto  de    investigación    sea    absoluta, pues tal precepto es un ideal imposible de alcanzar.   

En   este   sentido,   la  Corte  sostuvo  que218:   

“[…]  sería  una ilusión metafísica  esperar  la  certeza  absoluta  de  la  prueba  testimonial  (y  en especial del  conjunto  de  aserciones  que  la  integran,  pero en general de cualquier medio  probatorio  incorporado  al  proceso),  pues  los criterios de aceptación de la  verdad  (o  credibilidad)  conducen  a  decisiones que implican en menor o mayor  medida    focos    de    discreción    incontrovertibles   desde   un   ámbito  racional”.   

“El   proceso  penal  […]  no  puede  garantizar  de manera completa la justicia material del caso concreto (aunque lo  busca),  sino  se satisface con reducir al mínimo (y no con eliminar, pues ello  sería  inalcanzable)  los momentos potestativos y las posibilidades de arbitrio  en  la  actuación  mediante  un  modelo  que dé cabida a la refutación de las  teorías e hipótesis en pugna”.   

Cierto es, que el proceso de valoración de  la  prueba tiene al menos dos fases bien definidas en las que el juez debe tener  en   cuenta  criterios  disímiles.   La  primera  etapa,  consiste  en  la  determinación  de  la  existencia  o  no de actividad probatoria de cargo, vale  decir,  en  establecer  si en la audiencia pública del juicio constan elementos  de  convicción  acopiados, introducidos y practicados con todas las garantías,  que tengan un sentido objetivamente incriminatorio.   

Definido  lo  anterior,  inicia  el segundo  ciclo  de  la valoración, cuyo objeto radica en precisar si la prueba de cargo,  analizada  de  manera  individual  y  en  su  conjunto,  es suficiente o no para  condenar,  momento  en  el  cual,  se  aplicará  el  estándar de la prueba que  contempla la legislación.   

Así,   la   formulación  de  un  baremo  probatorio  tiene  como  objetivo servir de guía para el juez que valorará los  medios  de  conocimiento  introducidos  al  juicio,  al  indicarle  el  grado de  confirmación  necesario  para  que  la hipótesis objeto de prueba –teoría    del    caso-,   pueda   estimarse  acreditada,  lo  cual  debe  constar  en  la  exposición  de  los  argumentos  por  los  cuales considera que ha alcanzado el  nivel  exigido –motivación  de la decisión-.   

Al  mismo  tiempo,  la  escala probatoria  actúa  como  mecanismo  de  control  de  la valoración judicial, lo cual   responde  a  razones  más  de  tipo político que de índole epistémica.   Así,  por  ejemplo, la exigencia de prueba más allá  de  toda  duda, tiene su fundamento en el modelo según  el   cual   es  más  aceptable  absolver  a  un  culpable  que  condenar  a  un  inocente.   

El  Código  de Procedimiento Penal de 2004  adoptó  como  criterio  de  decisión un estándar probatorio de acuerdo con el  cual,  la  condena  debe  ir  precedida de prueba más  allá  de  toda  duda, y aunque nuestra legislación no  especifique    que    la   incertidumbre   probatoria   a   superar   deba   ser  racional219,  así debe ser entendida, puesto que la  duda  generada  en la sospecha, sentimientos, intuición o en el presentimiento,  deben ser desechadas sin esfuerzo.   

En   el  presente  asunto,  el  análisis  probatorio  realizado  en  los  apartados  anteriores,  le  permite  a  la Corte  concluir   que  cualquier tipo de duda seria, relevante y concreta respecto  de  la  responsabilidad  del  ciudadano  JUAN DAVID GARCÍA en el desplazamiento  forzado   de   la   señora   Blanca   Nubia   Arango  y  su  familia,  ha  sido  superada.   

Los jueces de instancia consideraron que la  participación  del  JUAN  DAVID  GARCÍA en el desplazamiento forzado de Blanca  Nubia  Arango Pérez no se acreditó porque el reconocimiento que ésta realizó  de  aquél  –por su figura,  su  porte  y  sus  ademanes-,  se ofrecía especulativo y no podía tenerse como  estructurante  de la certeza exigida por la legislación para la declaración de  responsabilidad                 penal220.   

Así,  se  efectuó  por ellos un análisis  valorativo     basado    exclusivamente  en  las  afirmaciones  la  señora  Arango  y  de  su  hija  Deisy  Alejandra,   para  derivar  que  al  no  existir  un  pleno  reconocimiento  del  procesado,    devenía   la   ausencia   de   certeza   de   su   participación  criminal.   

En  momento  alguno  se  consideraron otras  variables  demostrativas  puestas  de  manifiesto por los numerosos testigos que  concurrieron  al  juicio, tales como la precaria situación social que se vivía  en  las  zonas Altos de Oriente 1 y 2, Adolfo Paz, El Pinal y El Regalo de Dios,  de  la Vereda Granizal; la situación de seguridad en la zona, o la presencia de  grupos   armados   ilegales   que   aprovecharon   la   vulnerabilidad   de  sus  habitantes.   

De  este  modo,  el  método de valoración  probatoria  articulado  por  los  juzgadores fue inadecuado, pues se examinó de  forma   insular   y   exclusiva  las  atestaciones  de  Blanca  Nubia  y  de  su  descendiente,  sin considerar los múltiples testimonios que daban cuenta que se  trataba   no   de  un  delito  individual,  sino  de  un  caso  de  graves  violaciones a los derechos humanos  acaecido  en  situación de macrocriminalidad, generado, desarrollado y liderado  por  una  organización  delictiva  compuesta  por,  al  menos,  treinta sujetos  reinsertados  del  Bloque  paramilitar  Cacique Nutibara al que se unieron otros  muchachos  de la zona, que por la vía armada impusieron su voluntad y generaron  masivas vulneraciones a los derechos humanos de los pobladores.   

En  esos  términos, la responsabilidad del  acusado  se  halla  acreditada  más  allá  de  toda  duda.   

Fundamentar la absolución del procesado en  La   valoración   insular   del  testimonio  de  la  víctima  es  un  criterio  insuficiente  y  errado.  La Sala no desconoce los descargos realizados por  el  acusado durante la audiencia pública del juicio, en donde adujo que sostuvo  una  relación  de amante con Blanca Nubia Arango Pérez -que no fue demostrada-  y,  que  aunque  se  admitiera,  no debilitaría el panorama demostrativo al que  conduce la prueba de cargo.   

Tampoco ignora que durante el desarrollo del  juicio  se  efectuaron  afirmaciones  como  las  de Ignacio de Jesús Sepúlveda  García,   quien   sostuvo  que  desde  su  punto  de  vista  el  procesado no pertenecía a las autodefensas  porque   no   lo   vio   portando  armas;  y  que  otros  testigos  informaron que no lo observaron propinar  amenazas directamente.    

Sin  embargo,  estas  aserciones analizadas  conjuntamente  con la integridad de las versiones plasmadas por los testigos que  las  efectúan  y con los demás testimonios, no le restan fuerza demostrativa a  las  que,  pese  a  la  presión  de  la intimidación, un número importante de  habitantes  de la zona objetivo de la corporación criminal, formularon respecto  de la responsabilidad de JUAN DAVID GARCÍA en los hechos.    

Estas  pruebas, examinadas en su conjunto y  dentro  del  contexto social en el que se desarrollaron los sucesos, son para la  Corte   suficientemente   convincentes   para  respaldar  la  hipótesis  de  la  acusación respecto de la responsabilidad del procesado.   

Bajo  tal  comprensión, la responsabilidad  del    procesado   supera   el   estándar   del   convencimiento   más   allá   de   toda   duda   en  el  desplazamiento  forzado  de  Blanca  Nubia  Arango  Pérez y su familia, como lo  exige  el  artículo  7º  de  la  Ley  906  de 2004221.   

          Con  base  en todo lo anterior, para la Corte se halla acreditado el  yerro    previsto    por   la   causal   tercera   de   casación   –numeral  3 del artículo 181 de la Ley  906  de  2004-, consistente en error de hecho por falso juicio de existencia por  omisión  que  se  materializó  cuando  el cuerpo colegiado fundó su decisión  exclusivamente  en  el  testimonio  de  la  víctima  y de su hija y omitió los  restantes  elementos  de  convicción  que tenían trascendencia jurídica en la  declaración de justicia.   

El cargo prospera.  

     

I. Consecuencias de la decisión.     

De acuerdo con las conclusiones del acápite  anterior,   la  Corte  habrá  de  casar  parcialmente  la providencia impugnada. En tal virtud, declarará la  responsabilidad     penal     de     JUAN     DAVID  GARCÍA  por  el  delito  de desplazamiento forzado de  Blanca  Nubia Arango Pérez y su núcleo familiar y procederá a redosificar las  penas, como enseguida se detalla.   

Redosificación de la pena.  

Debido a que con ocasión de esta decisión  el  enjuiciado  JUAN  DAVID  GARCÍA,  quedará  penalizado  por  un concurso de  delitos  –concierto  para  delinquir   agravado   y   desplazamiento   forzado-,    es  necesario  dar  aplicación  al  artículo  31  de  la  Ley  599  de  2000,  que estipula que el  responsable:   

“…   quedará   sometido  a  la  que  establezca  la  pena  más  grave  según su naturaleza, aumentada hasta en otro  tanto,  sin  que  fuere superior a la suma aritmética de las que correspondan a  las   respectivas   conductas  punibles  debidamente  dosificadas  cada  una  de  ellas.”   

De  allí  surge  necesario,  que  antes de  determinar  cuál es la pena que corresponde al conjunto de delitos concursales,  se  dosifique  de forma independiente cada una de ellas como si se tratara de un  delito  único,  con  el  objetivo  de  saber  cuál  es  el  punible más grave  según      la     pena     imponible.   

Ahora bien, la dosimetría penal relacionada  con  el  delito de concierto para delinquir agravado222  fue realizada por el juez  de  instancia,  quien  determinó  una  sanción  de setenta y dos (72) meses se  prisión  y  multa  de  dos  mil  (2.000)  salarios  mínimos  legales mensuales  vigentes.   

Resta  entonces  determinar  la  sanción  imponible  al  encausado  por el delito de desplazamiento forzado ocurrido en el  año  2006223,  el  cual apareja una sanción que oscila entre los noventa y seis  (96)  meses  (8  años)  a  doscientos  dieciséis  (216)  meses  (18  años) de  prisión,  multa  que  fluctúa  entre  ochocientos  (800)  a dos mil doscientos  cincuenta  (2.250)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes224.   

Así las cosas, surge nítido que el primer  cuarto  de  punibilidad (dentro del que se individualizará la pena privativa de  la  libertad,  pues  la  acusación  no contempló motivos de mayor punibilidad,  abarca  desde  los  noventa  y seis (96) a los ciento veintiséis (126) meses de  prisión (8 años a 10.5 años).   

La Colegiatura considera que en el presente  asunto  no  es  procedente  fijar la sanción en el mínimo del cuarto inferior,  debido   a  la  calidad  de  las  víctimas  seleccionadas,  esto  es,  humildes  pobladores  de una de las zonas más pobres de la región, que habían invertido  su  escaso  capital  económico en la vivienda de la que fueron despojados y que  no  tenían  la  capacidad de defenderse de la agresión física, psicológica y  armada de sus victimarios.   

Tampoco lo aconseja así la forma en que la  conducta  fue  ejecutada, vale decir, desplegada por una organización criminal,  en  hechos  en  que  participó un número plural de sujetos actores, utilizando  armas  de  fuego, intimidando a las víctimas incluso en el momento del abandono  involuntario  de la residencia y como parte de un plan consistente en ejercer el  dominio  territorial,  erigirse en autoridad y ejercer el control absoluto sobre  la población.   

Por  tanto,  respetando  los  límites  que  impone  el  primer  cuarto  de punibilidad, la Corte fijará la pena de prisión  para  el  delito  de  desplazamiento  forzado  en  ciento catorce (114) meses de  privación  de  la  libertad  personal,  conclusión  que permite afirmar que es  éste,  y  no  el  concierto para delinquir agravado, el delito más grave entre  los concursantes.   

Ahora  bien,  debido  a  que  la  sanción  imponible  por  el  concurso  no puede ser superior a la suma aritmética de las  penas  dosificadas individualmente, en el caso que nos ocupa, el zenit imponible  será  de  ciento  ochenta  y  seis  (186)  meses de prisión (72+114).  No  podrá  exceder,  de igual modo, a la pena que corresponda al delito más grave,  derivada  de  todos los factores de la conducta punible, aumentada hasta en otro  tanto.   

Teniendo  en  consideración  que  para  el  fallador  de  instancia  la  conducta  de  concierto  para delinquir agravado no  revistió  mayor  gravedad  y  que  las  consecuencias punitivas asignadas a ese  delito  no  fueron objeto del recurso de casación, no es posible incrementar la  pena  de  prisión  prevista  para  el  delito  base  (114  meses)  en  72  más  (correspondientes  al  concierto  para  delinquir agravado), pues ello solamente  sería  posible  si  para el sentenciador la pena de este último delito, vistos  los  criterios  descritos  en los incisos 3º y 4º del artículo 61 del Código  Penal,  ameritara  una  sanción  más  alta.  Como el juzgador no advirtió esa  gravedad,   la   Corte   debe   determinar   el  incremento  de  “hasta  en otro tanto” según el criterio  ya fijado en el fallo de instancia.   

Así   las   cosas,  la  Sala  habrá  de  incrementar  la  pena  de  prisión de ciento catorce (114) meses en veinte (20)  meses  más,  aumento acorde con la escasa gravedad que el fallador le concedió  al  concierto  para  delinquir  agravado,  para  obtener  así  una pena  privativa de la libertad definitiva de ciento treinta y cuatro  (134) meses de prisión.   

Respecto  de  la  determinación de la pena  principal  pecuniaria,  la  Sala  partirá  de  la  dosificada  realizada por el  a  quo  para  el  delito de  concierto  para  delinquir  agravado,  fijada  en  valor  equivalente  a dos mil  (2.000)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  y en aplicación del  numeral  4º  del  artículo  39  del Código Penal, adicionará, por razón del  incremento  debido  a  la  concurrencia  del  delito  de desplazamiento forzado,  novecientos  cincuenta  (950) salarios mínimos legales mensuales vigentes, para  un  total  de dos mil novecientos cincuenta (2.950) de  dichos   salarios   como   pena  principal  de  multa.   

En   lo   que   atañe   a   la  pena  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas, la Sala  observa  que  el  delito de desplazamiento forzado la prevé como principal y el  punible  de concierto para delinquir agravado como accesoria, concurriendo así,  de manera simultánea las dos calidades.   

Siguiendo  los  derroteros  trazados por la  Corte225  es  necesario  respetar  los siguientes  criterios para su graduación:   

“Impera  aclarar  que  respecto de éste  procesado  la  pena de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  está  llamada  a  ser impuesta bajo dos modalidades: como principal,  por  un  lapso  de  diez  (10)  años  —según      la     estimación     atrás     reseñada—   en  el  delito  de  desaparición  forzada,   y  como  accesoria,  por  una  duración  de  veinte  (20)  años  de  conformidad  con  los  artículos  51  y  52  de  la  Ley 599 de 2000, frente al  concurso  con  los  otros  delitos  contra  la  vida por los cuales se le halló  responsable.   

Tratándose entonces de una misma sanción  que  está  prevista  en diferente grado y magnitud en los delitos concurrentes,  para  su  adecuada  tasación debe acudirse a las reglas de dosificación en los  casos  de  concurso de conductas punibles (Ley 599 de 2000, artículo 31), y con  base  en  esos  criterios,  de  acuerdo  con  los  cuales el sujeto agente queda  sometido  a  la  del  delito  que  “establezca  la  pena  más grave según su  naturaleza,   aumentada   hasta  en  otro  tanto”,  habrá  de  preferirse  la  inhabilitación  de  derechos y funciones públicas en  modalidad    principal,   por   diez   (10)   años,  incrementada   —por  los  demás    comportamientos    que   la   consagran   como   accesoria— en otra cantidad igual, para un gran  total      de      veinte      (20)      años.226”227   

Para dar cumplimiento a tales lineamientos,  la tasación   

debe consultar las reglas de dosificación en  los  casos  de  concurso  de conductas punibles (Ley 599 de 2000, artículo 31),  partiendo  del  delito que, en concreto, establece la  pena  más  grave  de acuerdo a su naturaleza, razón por la cual se debe partir  de   la   prevista   en  la  modalidad  principal,  que  corresponde  al  delito  de     desplazamiento  forzado,  aumentada  hasta  en  otro  tanto,  sin que  supere  su  suma  aritmética  y  sin que desborde el límite impuesto para esta  clase  sanción  por  el  inciso  primero  del  artículo  52  de  la Ley 906 de  2004.   

Teniendo en cuenta que la pena principal de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  delito  de  desplazamiento forzado oscila entre noventa  y  seis (96) meses a doscientos dieciséis (216) meses, y teniendo en cuenta las  mismas  consideraciones  que  en el proceso dosimétrico de la pena privativa de  libertad,  la Sala se moverá dentro del primer cuarto, vale decir, de noventa y  seis  (96) meses a ciento veintiséis (126) meses y se aumentará el mínimo del  cuatro  en  la  misma  proporción  que  aquella, para fijarla en ciento catorce  (114)  meses,  los que, siguiendo los mismos criterios  establecidos  para  la fijación de la pena restrictiva de la libertad, se fija,  definitivamente, en ciento treinta y cuatro (134) meses.   

Debido  a  que  la  Sala  ha sostenido que  «cuando    concursan  conductas  punibles  en  donde  por lo menos una de ellas tiene prevista pena de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derecho  y  funciones  públicas  como  principal,  la  inhabilitación  respecto  de  los  otros delitos, que por igual  concursen,  a  pesar  que  de conformidad con lo consagrado en el inciso 3º del  artículo  52  del  Código  Penal  son accesorias, debe entenderse que todas se  reputan          como          principales»228,     la     pena     de  inhabilitación   para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  se  impondrá como pena principal.   

     

I. Consideraciones Finales.     

1.    El   cambio  del  sentido  del  fallo.   

Para la Sala es importante hacer mención al  cambio  del  sentido del fallo en que incurrió el juez de primer nivel y que ha  sido puesto en consideración por la agencia fiscal.   

La Colegiatura advierte que en la audiencia  de  3  de  junio  de  2011 se anunció el sentido del fallo condenatorio por los  delitos  de  concierto  para  delinquir  agravado  y  desplazamiento  forzado en  concurso  homogéneo  respecto  de  Blanca  Nubia  Arango, su núcleo familiar y  Nancy  Jiménez  Manco,  y  por  el  constreñimiento  ilegal de esta última; y  sentido  absolutorio  por  el delito de desplazamiento forzado de Víctor Manuel  Pacheco Osorio.   

Posteriormente,  el 30 de agosto de 2011 se  divulgó  la  modificación  del  sentido  del  fallo,  en  esta oportunidad con  carácter  mixto,  vale  decir, se mantuvo el alcance condenatorio por el delito  de  concierto para delinquir agravado, pero se varió a absolutorio frente a los  demás punibles estudiados.   

La  Sala debe precisar que si bien se tiene  dicho  que  al juez de conocimiento le está vedada la modificación del sentido  del   fallo  una  vez  finalizado  el  debate  probatorio,  debiendo  éste  ser  congruente  con  el  contenido  de  la  decisión  vertida en la correspondiente  sentencia,  en  el  caso  que  nos  ocupa, la irregularidad, además de resultar  intrascendente   puesto  que  el  nuevo  anuncio  fue  claramente  a  favor  del  procesado,  ninguna  de  las  partes  interesadas  demandó  su nulidad, lo cual  provocó la convalidación de la irregularidad.   

2.   El   rol   del  Juez  en  el  Estado  Constitucional y Social de Derecho.   

La  adopción de un modelo de Estado Social  de  Derecho  implica que la principal función que están llamados a cumplir los  jueces  sea  la  protección  de  los derechos fundamentales. En tal sentido, el  ámbito  de  sus  competencias  no  se  limita,  como antaño, a interpretar y a  aplicar  la  ley para la resolución de un caso concreto, sino que se extiende a  la  adopción  de todas aquellas medidas eficaces que conduzcan a satisfacer los  derechos  a  la  verdad, la justicia y la reparación de las víctimas de graves  violaciones    a    los    derechos   humanos   y   al   derecho   internacional  humanitario.   

En este orden de ideas, el cumplimiento del  mandato  constitucional  e  internacional  de  protección  de  esta  calidad de  víctimas  implica  que  si  al  momento de ejercer sus competencias legales los  jueces  se  percatan  de  la  existencia  de  una situación que respecto de sus  víctimas  amerita  desplegar  un  ámbito  especial  de protección, el máximo  órgano   de   justicia   ordinaria   pueda  adoptar  ciertos  actos  procesales  encaminados a revertir tal estado de cosas.   

Aquello   no  comporta  un  exceso  o  un  desbordamiento  en  el  ejercicio  de  sus  competencias  legales  como Corte de  Casación.    Por   el   contrario,   hacer   caso  omiso  ante  casos  que  probatoriamente  están  evidenciando  la posible comisión de un crimen de lesa  humanidad  y  la  lesión  de derechos tanto individuales como colectivos de las  víctimas,   que  ameritan  una  necesidad  de  intervención  del  Estado  para  garantizar  las  medidas de resarcimiento, conllevaría a un desconocimiento del  imperativo  constitucional  de  protección  de  derechos,  y  de  contera, a un  incumplimiento    de    los    compromisos    internacionales    asumidos    por  Colombia.   

En  otras  palabras, en un Estado Social de  Derecho  la comprensión del principio de legalidad, que limita la actuación de  todas  las  autoridades públicas incluidas las judiciales, debe acompasarse con  los mandatos de optimización en materia de derechos humanos.   

Así las cosas, si al momento de analizar un  caso,  la  Sala  Penal  de  la Corte Suprema de Justicia advierte que, a primera  vista,  pudo  perpetrarse  un  crimen de lesa humanidad, que el mismo ha quedado  impune,  o  que  las  víctimas requieren un acompañamiento especial en aras de  garantizar   sus   derechos,  con  base  en  la  Constitución  y  los  tratados  internacionales  sobre  derechos humanos, específicamente, el artículo 2 de la  Convención   Americana   sobre   Derechos  Humanos229   

,  cuenta con la competencia para compulsar  las  respectivas  copias a la Defensoría del Pueblo a efectos de que analice la  posibilidad  de  asistir  a  las  víctimas  en la presentación de las acciones  respectivas  y  a  que  se  verifique e impulsen las actuaciones administrativas  tendientes   a   garantizarles   la   restitutio  in  integrum, lo que en efecto se ordenará.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley   

R E S U E L V E  

Primero:  CASAR  parcialmente  la   sentencia  impugnada por el Procurador 121      Judicial     Penal     II     de     Medellín.   

Segundo:  Como  consecuencia   de  lo  anterior,  CONDENAR   a   JUAN   DAVID   GARCÍA  a  las penas principales de ciento treinta y cuatro (134) meses de  prisión,  multa  por  valor equivalente a dos mil novecientos cincuenta (2.950)  salarios   mínimos   legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas, por término semejante al de la  pena  privativa  de  la libertad, como autor penalmente responsable del concurso  de  delitos de concierto para delinquir agravado y del desplazamiento forzado de  Blanca Nubia Arango Pérez y su núcleo familiar.   

Tercero: Compulsar  copias  de  esta  decisión  a  la Defensoría del Pueblo para lo expuesto en la  parte motiva de esta decisión.   

En  lo  demás,  la  sentencia  mantiene su  vigencia.    

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase.  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

                         FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Ante  el  Juzgado Treinta y Ocho Penal Municipal de Medellín con Funciones de Control  de Garantías.   

2 Cfr.  Folios 122 a 127 ibídem.   

3 Cfr.  folios     117     a     121    ibídem.   

4 Cfr.  Ley 906 de 2004, art. 181.   

5 Cfr.  ibídem,  inciso  3º  del  art. 184.   

6 Cfr.  https://www.icrc.org/spa/resources/documents/misc/5tdmhb.htm, búsqueda de 11 de mayo de 2016.   

7 Cfr.  Corte   Interamericana   de  Derechos  Humanos,  Caso  Masacre  de  Mapiripán  vs. Colombia, Sentencia de 15  de   septiembre   de  2005,  Fondo,  reparaciones  y  costas,  párrafo  175;  y  Caso  Masacre  de  Ituango  vs.  Colombia,  Sentencia  de  1 de julio de 2006, Excepción preliminar, fondo,  reparaciones  y  costas,  párrafo  234; Caso Masacres  del  Rio  Negro  vs. Guatemala, Excepción preliminar,  fondo,  reparaciones y costas. Sentencia de 4 de septiembre de 2012, párr. 173.   

8 Cfr.  Comisión     Interamericana    de    Derechos    Humanos,     Informe   sobre   la   situación   de   los  derechos  humanos  en  Colombia, 1993.   

9 Cfr.  Comisión     Interamericana    de    Derechos    Humanos,     Informe  sobre  la  situación de los derechos humanos en Colombia,  1999,             disponible            en  http://www.cidh.org/countryrep/Colom99sp/indice.htm   

10 Cfr.  Corte  Interamericana de Derechos Humanos, Caso de las  Masacres  de  Río  Negro  vs.  Guatemala,  Excepción  preliminar,  fondo,  reparaciones  y  costas.  Sentencia  de  4 de septiembre de  2012.   

11  Cfr.  Corte  Interamericana  de Derechos Humanos, Caso  Masacres  de  el  Mozote  y  lugares  aledaños  vs.  El  Salvador. Fondo,  reparaciones  y  costas,  Sentencia  de  25  de  octubre de  2012.   

12Cfr.http://www.acnur.org/t3/fileadmin/scripts/doc.php?file=t3/fileadmin/Documentos/BDL/2001/1400   

13  Cfr. CSJ. SP. de 26 de marzo de 2014, Rad. 38795.   

14  Cfr. Ibídem.   

15  Cfr. ídem.   

16  Cfr. ídem.   

17  Cfr. Sentencia de la CC. T-323 de 2001, de 26 de marzo.   

18  Cfr. CSJ. SP. de 26 de marzo de 2014, Rad. 38795.   

19 Si  bien  la  conducta  puede  materializarse  con  el  desplazamiento  de  un  solo  individuo,   generalmente  se  presenta  de  manera  sistemática  y  grupal  de  comunidades completas.   

20 De  allí  que  se  trate  de  un  delito  de ejecución permanente, que se extiende  durante el tiempo que dure el desplazamiento.   

21 La  Corte   Constitucional   en   su   sentencia   T-025  de  2004  afirmó  que  el  desplazamiento  forzado,  su  prolongación  y su no corrección constituyen una  clara afrenta contra la dignidad de sus víctimas.   

22  Cfr. SCC C-370 de 2006.   

23  Cfr.   Record   07:08´´   CD   7,   reiterado   01:10´12´  ibídem.   

24  Cfr. Record 01:37´16´´ CD 7.   

25  Cfr.  Declaración de Argemiro Dávila Zuluaga, record 01:08´00´´, de Ignacio  de  Jesús  Sepúlveda  García,  record  01:32´55´´CD  8, reiterado a record  02:27´45´´            ibídem.   

26  Cfr.   ibídem,   record  01:05´08´´, CD 8.   

27  Cfr. Record 26´15´, CD 7.   

28  Cfr. Record 01:12´53´´ CD 7.   

29  Cfr. Record 01:28´26´´ CD 7.   

3030 Cfr. Declaración de Argemiro Dávila  Zuluaga, record 01:08´50´´ CD 8.   

31  Cfr.  Record  20:57,  22:45,  27:32,  28:38,  30:05, 34:56, 36:29, 38:52, 39:58,  42:11 CD 3, entre otros.   

32  Cfr. Record 41:06 CD 3.   

33  Cfr.      Record     41:42     ibídem.   

34  Cfr.      Record     42:11     ibídem.   

35  Cfr. Record 01:36´37´´ CD5.   

36  Cfr. Record, 01:45´58´´ CD 5.   

37  Cfr.   Record   11´51´´CD  6,  reiterado  a  record  55´53´´  ibídem.   

38  Cfr. Record 11:51 CD 6.   

39  Cfr. Record 23´51´´ CD6.   

40  Cfr. Record 02:32´58´´ CD 5.   

41  Cfr. Record 02:34´08´´, reiterado a record 02:37´07´´ CD 5.   

42  Cfr. Record 02:37´16´´y 02:37´28´´CD 5.   

43  Cfr. Record 03:06´36´´, CD 5.   

44  Cfr.  Record  03:06´45´´  CD  5,  reiterado record 03:13´44´´ ibídem.   

45  Cfr.    Record   03:07´17´´   ibídem.   

46  Cfr. Record1:20´08´´ CD 6.   

47  Cfr. Record 01:26´35´´ CD 6.   

48  Cfr. Record 01:20´25´´ ibídem.   

49  Cfr.    Record   01:14´41´´   ibídem.   

50  Cfr.    Record   01:21´37´´   ibídem.   

51  Cfr. Record 01:20´49´´ ibídem.   

52  Cfr.    Record   01:22´46´´   ibídem,     reiterado     a     record     01:36´37´´     ibídem.   

53  Cfr.    Record   01:30´58´´   ibídem.   

54  Cfr. Record 16´58´´ CD 7.   

55  Cfr. Record 12:13 CD 7.   

56  Cfr.  Record  20´27´´  CD  7,  reiterado  a record 01:14´31´´ ibídem.   

57  Cfr.Reiterado a record 01:39´14´´ CD 6.   

58  Cfr.   Record   01:23´16´´,   reiterado   a  record  01:36´26´´  y  record  01:39´14´´   ibídem.   

59  Cfr.  Record  01:33´21´´  CD 6, reiterado a record 01:40´00´´ ibídem.   

60  Cfr. Record 01:51´44´´ CD 7.   

61  Cfr. Record 12´24´´ CD 8.   

62  Cfr. Record 13´26´´CD 8.   

63  Cfr. Record 08´11´´ CD 9.   

64  Cfr. Record 12´13´´ CD 9.   

65  Cfr. Record 01:24´56´´ CD 8.   

66  Cfr. Record 1:05´44´´ CD7.   

67  Cfr.  Record 01:22´29´´ CD 8, en el mismo sentido record 01:58´38´´ CD 8 y  Carlos  Mario  Mosquera  Hernández  a  record 01:02´38´´ CD 9, corroborado a  record      01:04´48´´      ibídem.   

68  Cfr. Record 02.17´36´´ CD 5.   

69  Cfr.  Record  41´04´´  CD  8,  reiterado  a  record  58´18´´  ibídem.   

70  Cfr. Record 25´55´´ CD 8.   

71  Cfr. Record 52´54´´  CD 8.   

72  Cfr. Record 02:29´39´´ CD 8.   

73  Cfr.    Record.   02:00´11´´,   corroborado   a   record   02:31´30´´   CD  8.   

74  Reiterado records 58´18´´ y 01:02´02´´ CD 8.   

75  Cfr.  Declaración  de Blanca Nubia Arango Pérez, record 36´29´´ CD 3, Deisy  Alejandra Arango Arango, record 35´10´´CD 5 y record 54´07 CD5   

76  Cfr. Record 01:17´43´´, CD 8.   

77  Cfr. Record 01:24´08´´ CD 8.   

78  Cfr. Record 01:17´43´´ CD 8.   

79  Cfr. Record 01:18´18´´ CD 8.   

80  Cfr. Record 01:19´45´´CD 8.   

81  Cfr. Record 01:21´50´´ CD8.   

82  Cfr. Record 21´41´´CD 8.   

83  Cfr. Record 14´03´´ CD 6.   

84  Cfr.     Record     15:08,     ibídem.   

85  Cfr. Record 03:11´55´´CD 5.   

86  Cfr. Record 21´54´´ CD 7.   

87  Cfr. 01:36´11´´ CD 8.   

88  Cfr.    Record   01:37´19´´   ibídem.   

89  Cfr.    Record   02:10´54´´   ibídem.   

90  Cfr.    Record   01:50´33´´   ibídem.   

91  Cfr. Record 01:23´08´´ CD 7.   

92  Cfr.  Record  58´16´´  CD  7,  reiterado  a record 01:22´07´´ ibídem.   

93  Cfr.    Record    59´34´´    ibídem.   

94  Cfr.    Record   01:19´21´´   ibídem.   

95  Cfr.    Record   01:58´55´´   ibídem.   

96  Cfr. Record 29´14´´ CD 9.   

97  Cfr.    Record    30´36´´    ibídem.   

98  Cfr.    Record    48´00´´    ibídem.   

99  Cfr. Record 37:18, CD 1.   

100  Cfr. Record 46´08´´CD 5.   

101  Cfr. Record 1:06´49´´y 1:07´05´ CD 5.   

102  Cfr.  Record  01:5´50´´,  reiterado  record  02:22´04´´y  02:22´14´´ CD  5.   

103  Cfr. Record 02:07´50´´y 02:08´51´´ CD 5.   

104  Cfr. Record 21:42´48´´, reiterado 02:42´59´´ CD 5.   

105  Cfr. Record 02:43´45´´ CD 5.   

106  Cfr.   Record  02:38´28´´,  reiterado  a  record  32:39´57´´  ibídem.   

107  Cfr.    Record   02:47´45´´   ibídem.   

108  Reiterado record 03:25´36´´ ibídem.   

109  Reiterado      folio      03:26´10´´     y     03:26´31´´     ibídem   

110  Cfr.    Record   03:25´42´´   ibídem.   

111  Cfr. Record 43´44´´ CD 6.   

112  Cfr.    Record    33´02´´    ibídem.   

113  Cfr. Record 28´37´´ CD7.   

114  Cfr.    Record    28´36´´    ibídem.   

115  Cfr.    Record    37´28´´    ibídem.   

116  Cfr.    Record    43´56´´    ibídem.   

117  Cfr.    Record    31´11´´    ibídem.   

118  Cfr.    Record   01:22´59´´   ibídem.   

119  Cfr.    Record    1:00´21´´   ibídem.   

120  Cfr. Precisión realizada en el record 31´34´´ CD 8.   

121  Cfr.    Record    34´30´´    ibídem.   

122  Fecha   de   ingreso   corroborada  por  este  testigo  a  record  01:10´10´´  ibídem.   

123  Cfr.    Record    19´57´´    ibídem.   

124  Cfr.    Record   01:47´45´´   ibídem,     reiterado     a     record     01:53´22´´     ibídem.   

125  Cfr.    Record   01:53´44´´   ibídem.   

126  Cfr.    Record   01:54´35´´   ibídem.   

127  Cfr.    Record   01:56´10´´   ibídem.   

128  Cfr.    Record   02:40´44´´   ibídem.   

129  Cfr. Record 19´47´´ CD 9.   

130  Declaración de Deisy Alejandra Arango record 01:07´55´´ CD 5.   

131  Cfr.    Record   03:16´13´´   ibídem.   

132  Cfr.   Record  03:18´32´´,  reiterado  a  record  03:25´29´´  ibídem.   

133  Cfr.    Record   03:16´13´´   ibídem.   

134  Cfr.     Record     03:08´44´´,    reiterado    03:08´58´´    ibídem.   

135  Cfr.     Record    03:09´422´´y    03:10´19´´  ibídem.   

136  Cfr.  Record 03:10´19´´ CD 5, reiterado a record 03.15´25´´y 03.15´45´´  y           03:16´55´´ibídem.   

137  Cfr.     Record    03:17´41    ibídem.   

138  Cfr.    Record   03:17´23´´   ibídem.   

139  Cfr. Record 02:02´25´´ CD 8.   

140  Cfr.    Record   02:06´29´´   ibídem.   

141  Cfr. Record 01:50´00´´. CD 5.   

142  Cfr.       Record      01:48´54´´      y      01:54´45´´      ibídem.   

143  Cfr.    Record   01:50´49´´   ibídem.   

144  Record  01:56´34´´,  reiterado record 02:12´18´´  ibídem.   

145  Cfr. Record 28´12´´ CD 6   

146  Cfr.    Record    28´27´´    ibídem,      reiterado      a      record     29´50´´     ibídem.   

147  Cfr.    Record    45´58´´    ibídem,      reiterado      a      record     58´20´´     ibídem.   

148  Cfr.    Records   41´45´´,   01:00´04´´   y   00:01´23´´   ibídem.   

149  Cfr. Record 37´33´´ CD 8.   

150  Cfr.    Record   01:00´52´´   ibídem.   

151  Cfr.    Record.    49´16´´    ibídem.   

152  Cfr.    Record    38´51´´    ibídem.   

153  Cfr.    Record    39´57´´    ibídem.   

154  Cfr. Record 01:03´19´´ CD 9.   

155  Cfr.    Record   01:05´15´´   ibídem.   

156  Record 02:35´11´´  CD 5.   

157  Cfr.    Record   02:44´04´´   ibídem.   

158  Cfr. Record 41´04´´ CD 8.   

159  Cfr.    Record   01:37´19´´   ibídem.   

160  Cfr.    Record   01:38´24´´   ibídem.   

161  Cfr.    Record   02:35´02´´   ibídem.   

162  Cfr.    Record   02:35´28´´   ibídem.   

163  Cfr. Record 01:56´22´´CD 7.   

164  Cfr.    Record    01:57´11´   ibídem.   

165  Cfr.  Carpeta  3,  audio  de  la  audiencia  pública  del  juicio  oral, record  20´20´´.   

166  Cfr.   Ibídem,   record  01:3828´´´.   

167  Cfr.   Ibídem,   record  02:22´26´´.   

168  Cfr.   Ibídem,   record  20´35´´, 01:35´24´´ y 01:40´23´´.   

169  Cfr.   Ibídem,   record  20:22´14´´.   

170  Cfr.   Ibídem,   record  02:23´18´´   

171  Cfr.   Ibídem,   record  02:23´35´´.   

172  Cfr.   Ibídem,   record  20´57´´.   

173  Cfr.   Ibídem,   record  02:25´07´´.   

174  Cfr.   Ibídem,   record  22´45´´.   

175  Cfr.   Ibídem,   record  01:37´25´´.   

176  Cfr.   Ibídem,   record  01:35´53´´.   

177  Cfr.   Ibídem,   record  01:36´08´´.   

178  Cfr.   Ibídem,   record  25´16´´.   

179  Cfr.   Ibídem,   record  25´34´´ y record 01:39´25´´.   

180.  Cfr.   Ibídem,   record  26´13´´.   

181  Cfr.   Ibídem,   record  26´13´´ y 01:17´21´´   

182  Cfr.   Ibídem,   record  25´46´´. 02:23´00´´.   

183  Cfr.   Ibídem,   record  01:40´00´´.   

184  Cfr.   Ibídem,   record  01:39´38´´.   

185  Cfr.   Ibídem,   record  01:39´52´´.   

186  Cfr.   Ibídem,   record  01:40´33´´.   

187Cfr.  Ibídem,  record 02:22´47´´   

188  Cfr.   Ibídem,   record  20´20´´.   

189  Cfr.   Ibídem,   record  32´31´´.   

190  Cfr.   Ibídem,   record  3005´´.   

191  Cfr.   Ibídem,   record  01:42´49´´.   

192  Cfr.   Ibídem,   record  28´53´´.   

193  Cfr.    Record    32´57´´    ibídem.   

194  Cfr. Record 21´41´´ CD 8.   

195  Cfr. Record 01:30´55´´CD 5 y 15´08´´ CD 6.   

196  Cfr.    Record    15´42´´    CD    6,   record   01:06´34´´   ibídem    y    record   01:05´02´´  ibídem.   

197  Cfr. Record 01:10´19´´ CD 8.   

198  Cfr.     Record    10´45´´    CD8,    record    02:08´11´´    ibídem.   

199  Cfr. Record 02:00´15´´ CD 5.   

200  Cfr.    Record    18´03´´    CD    6    y   record   5´07´´   ibídem.   

201  Cfr. Record 02:45´23´´ CD 5.   

202  Cfr. Record 01:18´38´´ CD6.   

203  Cfr. Record 01:12´00´´ CD 8.   

204  Cfr.  01:47´25´´  CD  5;  record  03:09´25´´ CD 5; record 24´32´´ Cd 6,  record   26´36´´   CD   6;   record  28´46´´  CD6,  record  31´23´´  CD  6;   

205  Cfr.  Record  21´50´´  CD  3, corroborado por Deisy Alejandra Arango a record  10´57´´ CD 5.   

206  Cfr. Record 03:33´19´´ CD 5.   

207  Cfr. Record 25´55´´ CD 8.   

208  Cfr. Record 23´08´´ CD 3.   

209  Cfr. Record15´16´´ CD5.   

210  Cfr. Record 03:05´51´´ CD 5.   

211  Cfr.     Record     16´58´´     CD    7    y    01:00´21´´    ibídem.   

212  Cfr. Record 01:34´10´´ CD 8.   

213  Cfr. Record 01:07´55´´ CD5.   

214  Cfr. Record 03:18´32´´ reiterado a record 03:25´29´´ CD 5.   

215  02:25´31´´ CD 8.   

216  Cfr. Record 01:28´26´´ CD 3.   

217  Cfr. CSJ, SP. de 23 de febrero de 2011, Rad. 32120.   

218  Cfr. CSJ, SP. de 23 de febrero de 2011, Rad. 32120, cit.   

219  Las  actas  redactoras de la Ley 906 de 2004 dan cuenta de la inexistencia de un  debate  respecto  de este aspecto.  Cfr. Osorio Isaza, Luis Camilo, Morales  Marín,  Gustavo,  Proceso penal acusatorio, Ensayos y  actas, Acta número 005, Ediciones jurídicas Gustavo  Ibáñez, 2005, págs. 127 a 138.   

220  Cfr.  Sentencia de primera instancia, folio 50 y ss, correspondiente a folio 111  reverso  y  ss.  de la carpeta 2, y sentencia de segunda instancia, folios 147 y  ss. ibídem.   

221  Ley  906  de  2004,  artículo  7º.  “…Para proferir sentencia condenatoria  deberá  existir  convencimiento  de  la  responsabilidad penal del acusado más  allá de toda duda”.   

222  De  acuerdo  con  lo  establecido en las sentencias de instancia, este delito se  ejecutó en el año 2005.   

223Cfr. Apartado VI de la presente decisión.   

224  Debido  a  que en ese momento había cobrado vigor la  Ley 890 de 2004.   

225  Cfr. CSJ. SP. de septiembre 30 de 2015, Rad. 42241.   

226  CSJ.  SP.  3397-2014, 19 mar. 2014, Rad. 38793. En el  mismo  sentido,  CSJ  SP.  6955-2014, 4 jun. 2014, Rad. 42737. (cita textual del  documento).   

227  Cfr. ídem.   

228  Cfr. CSJ. SP. de 16 abril de 2015, Rad. 43870.   

229   Artículo   2,   CADH.  «Deber  de  Adoptar  Disposiciones  de Derecho Interno.- Si el ejercicio de los  derechos  y libertades mencionados en el artículo 1 no estuviere ya garantizado  por  disposiciones  legislativas  o  de  otro  carácter,  los Estados Partes se  comprometen  a  adoptar,  con  arreglo a sus procedimientos constitucionales y a  las  disposiciones  de  esta  Convención,  las  medidas  legislativas o de otro  carácter   que   fueren  necesarias  para  hacer  efectivos  tales  derechos  y  libertades.».     

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