AP788-2016(45712)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

MAGISTRADA PONENTE  

AP788-2016  

Radicación No.: 45.712  

Acta No. 37  

Bogotá  D.C.,   once (11) de febrero de  dos mil dieciséis (2016).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  sobre  la demanda de  revisión  presentada  por  el  apoderado  judicial  del  condenado CARLOS  ALBERTO  ROJAS  TORRES,  contra la  sentencia  de  fecha  20  de  marzo  de  2012,  por medio de la cual el Tribunal  Superior  de  Cali confirmó la condena impartida contra el mencionado procesado  y  EMILIO  ENRIQUE  FIAT  MAYOR por el Juzgado 11 Penal del Circuito de la misma  ciudad  el  13  de  septiembre  de  2011,  por  los delitos de fraude procesal y  falsedad en documento privado.   

HECHOS  

Fueron  resumidos  por  esta  Corporación al  momento  de  dictar el auto que inadmitió la demanda de casación, de la manera  como a continuación se señala:   

Según  denuncia  formulada   el    22    de   noviembre   de   2006,   se   tiene   que  la  señora  Carmela Jurado de Bastidas era la propietaria del  inmueble  ubicado en la Avenida 9A Norte Nº 15-29 de Cali y, como tal, designó  a  Elizabeth  Domínguez  Torres como administradora del mismo. A dicho inmueble  llegaron   como   arrendatarios  los  señores  Emilio  Enrique  Fiat  Mayor  y,  posteriormente,   el  abogado  Carlos  Alberto  Rojas  Torres.    Éste   último,   valiéndose   de   un  documento   que  le  hizo  firmar  al  anterior,  en  virtud del cual aquel le cedía derechos de posesión  sobre  el mencionado inmueble que no tenía, promovió un proceso de pertenencia  por  prescripción  extraordinaria adquisitiva, el cual correspondió al Juzgado  3º  Civil  del  Circuito de la misma ciudad, autoridad que admitió la demanda,  ordenó  su  registro  en  la  Oficina  de  Registro de Instrumentos Públicos y  dispuso medida cautelar sobre el inmueble.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

El  5  de  abril de 2010, ante el Juzgado 15  Penal  Municipal con Función de Control de Garantías de Cali, la Fiscalía les  formuló   imputación   a   CARLOS   ALBERTO   ROJAS  TORRES  y a EMILIO ENRIQUE FIAT MAYOR, por los delitos  de  fraude  procesal  y  falsedad  en  documento  privado, de conformidad con lo  dispuesto  en  los artículos 453 y 289 del Código Penal. Cargos que ninguno de  los procesados aceptó.   

Radicado  el  escrito  de acusación el 4 de  mayo  siguiente,  la  fase  de juicio le correspondió adelantarla al Juzgado 11  Penal  del Circuito de Cali, despacho judicial que tras agotar las audiencias de  formulación  de  acusación, preparatoria y juicio oral, el 13 de septiembre de  2011  profirió  sentencia mediante la cual CARLOS ALBERTO ROJAS TORRES y EMILIO  ENRIQUE  FIAT  MAYOR,  fueron  condenados a las penas principales de 80 meses de  prisión,  multa  de  200  salarios mínimos legales mensuales vigentes,  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  término  de 6 años, como coautores de los delitos por los que fueron acusados.  Así  mismo,  les  negó  el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de la  ejecución de la pena y el sustituto de la prisión domiciliaria.   

Adicionalmente,   declaró   el   juzgado  cognoscente  la  falsedad  del  contrato de cesión de derechos posesorios y, en  consecuencia,  ordenó  la  cancelación  de  la  inscripción de la demanda por  prescripción  adquisitiva  extraordinaria   dispuesta  por  el Juzgado 3º  Civil  del  Circuito  de  Cali  en  la  correspondiente  Oficina  de Registro de  Instrumentos Públicos.   

Impugnada esta determinación por la defensa  de ROJAS TORRES, la misma fue  confirmada  el  20  de  marzo de 2012 por la Sala Penal del Tribunal Superior de  Cali.   

          Interpuesto  recurso  extraordinario  de casación, esta Colegiatura  en  decisión de fecha 15 de abril de 2013 (Rad. 39.139), resolvió inadmitir la  demanda  incoada  por  el  representante judicial del  acriminado.   

En  firme  la sentencia, el abogado defensor  del  citado condenado presentó ante la Secretaría de la Sala Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia, demanda de revisión, misma que acompañó del respectivo  poder,  del  acta  de  la audiencia de lectura de fallo proferida por el Juzgado  Once  Penal del Circuito de Cali, la sentencia de segunda instancia, el auto que  inadmitió la demanda de casación y otros anexos.   

LA DEMANDA DE REVISIÓN  

          El  representante judicial de CARLOS ALBERTO ROJAS TORRES acude a la  acción  de  revisión con el propósito de remover la firmeza de la providencia  dictada  por  la Sala Penal del Tribunal Superior de Cali, por medio de la cual,  según   sus   palabras   “la  autoridad  judicial  accionada  se  negó  a  corregir las violaciones por vía indirecta de derechos  fundamentales,  normas  sustanciales  y  de orden constitucional.”1   

            En   tal   propósito,   presenta  el  demandante  un  discurso  sustentado en los requisitos de procedibilidad de  la  acción  de  tutela  contra providencias judiciales, y así, bajo tal línea  argumentativa,  expresa  que  en  el caso particular de su asistido se cumplen a  cabalidad  estos  presupuestos  ya  que,  al  analizar el decurso procesal de la  actuación   penal   seguida  contra  su  prohijado,  surge  claro  “que  los  operadores  judiciales actuaron de manera arbitraria y  grosera  y  aunque  sus  decisiones  en  apariencia  estén revestidas de formas  jurídicas,  en  realidad las violaciones por las vías de hecho han brillado en  el  plenario”2.   

         Aunado  a  lo  anterior,  formula  7  cargos cuyo resumen, en lo que  resulta comprensible, es el siguiente:   

          Los       dos       primeros,      los      titula      “prescripción  extintiva  de  la  sanción  penal”  e  indica  que,  para el momento en que la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Cali  emitió la sentencia de segunda instancia, esto es, el 20 de  marzo  de  2012, la acción penal por el delito de falsedad en documento privado  se  encontraba prescrita dado que, “después del uso  del  documento  trabado  en esta litis, el cual se realizó (…) el 26 de abril  de  2005”, y hasta la fecha  de  la  mentada  decisión,  transcurrieron  6 años, 11 meses y 15 días (sic),  lapso  que  supera el guarismo máximo de pena de 6 años de prisión, fijado en  el  original  artículo  289  de  la  Ley  599 de 2000  y      cuya  aplicación  además, debió realizarse por favorabilidad  de          la          ley          penal.3   

         

De  igual  forma,  indica  que  existe  una  contradicción  entre  las decisiones adoptadas por el Tribunal Superior de Cali  y  la  Corte  Suprema  de Justicia ya que: “la fecha  tomada  por  la  Doctora Mora Insuasty, para iniciar el conteo para verificar si  existe  o no el tiempo requerido para la prescripción  extintiva  de la sanción penal es el día 05 de abril  de  2005 (folio 18), arrojando el conteo un total de SEIS AÑOS, ONCE MESES Y 15  DIAS;   y  la  que  indica la Corte Suprema de Justicia en su decisión, es  26  de abril de 2005 (Folio  26).  Denota  lo  anterior la contradicción existente en ambos fallo, en LO QUE  CONCERNIETE   (sic)   AL   USO   DEL  DOCUMENTO”.4   

Ahora,  con  relación  al  delito de fraude  procesal  afirma  el  memorialista  que  operó  el fenómeno de la “prescripción  extintiva  de la pena”  pues,  explica  que “esta es de 80 meses y el tiempo  transcurrido  entre  marzo  05  de  2005  de  uso  del  documento  y la fecha de  presentar  la demanda de este recurso extraordinario de revisión, indica que la  pena  de 80 meses ha sido extinguida por el transcurso del tiempo, por lo tanto,  el  sancionado  está  exento  de  pena  alguna”.5   

          El    cargo    tres    lo    denomina    el    actor    “delitos  de  falsedad en documento privado y fraude procesal”.  Aquí  el  memorialista,  luego  de  realizar  varios  planteamientos   acerca   de  los  errores  de  valoración  probatoria  en  que  incurrieron  los  jueces  de  instancias,  aduce  que no existe ningún medio de  convicción  que  acredite  la  materialidad  de  las  conductas punibles que le  fueron  atribuidas  a  su  representado  y  por  ende,  indica  que “no  le  queda  otra  alternativa” que  solicitar  la  absolución  de CARLOS ALBERTO ROJAS TORRES, en los términos del  artículo      8      del     Código     Penal.6   

          Por  otra  parte,  en  los  cargos  cuatro y cinco que el demandante  llama,   en   su  orden,  “pruebas  documentales  y  testimoniales     falsas”    y    “falsedad       en       documento       privado       y      fraude  procesal”,             argumenta   el  libelista que, además de que los falladores de  primer  y  segundo  grados  desatendieron todo el material probatorio presentado  por  la  defensa,  hizo  carrera  dentro  del  proceso, un documento espurio que  mantuvo  oculto  la  fiscalía  hasta  la  audiencia  preparatoria y que generó  violación  del  derecho  de  defensa del también procesado EMILIO ENRIQUE FIAT  MAYOR por absoluta orfandad defensiva.   

Al  respecto, explica el memorialista que en  ese           documento,           FIAT           MAYOR          “supuestamente” le revocó el poder a su  abogado  de  confianza porque no le convenía que fuera el mismo profesional del  derecho  que  agenciaba  los  intereses de ROJAS TORRES. Sin embargo, aun cuando  aquel  memorial  nunca  fue  reconocido  por  el  citado procesado -pues  éste  negó  de  manera rotunda haberlo firmado-,  el juez a quo lo aceptó y ordenó la designación de un defensor  público para FIAT MAYOR.   

La anterior situación conllevó a que se le  vulnerara  a  EMILIO  ENRIQUE  FIAT  MAYOR  su  derecho fundamental a la defensa  técnica  por  haber  estado  representado  por  un  defensor  de  oficio que no  cumplió   con   sus   obligaciones,   irregularidad   que  también  afectó  a  ROJAS  TORRES,  ya  que,  a  través  de aquel defensor público no pudo desvirtuar las pruebas allegadas por  la fiscalía.   

          Finalmente,   en   los   dos   últimos   capítulos  idénticos  en  redacción,  el  libelista  plantea  como cargos seis y siete, violaciones a los  derechos  a  la  igualdad  y  debido  proceso  de  ROJAS  TORRES,  toda  vez que  “el  acto  del  Juzgado  Once Penal del Circuito de  Cali,  al  negar  el  acervo  probatorio,  como  son  las  pruebas, aduciendo un  requisito  jurídicamente  inexistentes (sic), no sólo es violatorio del debido  proceso   y   concretamente   del  derecho  de  defensa,  sino  que  incurre  en  contradicción  con  la  Constitución  Nacional, violados tajantemente, postura  jurídica   de   los   juzgadores   que   ataco  en  este  libelo  por  la  vía  indirecta”.7   

         Por  lo anterior, solicita el abogado de CARLOS ALBERTO ROJAS TORRES  como  pretensión  principal,  que  se  decrete la revocatoria de las sentencias  condenatorias  dictadas  contra  su  representado  y  en su lugar, se declare la  “extinción  de  la  sanción  penal”  por  los  delitos  de  falsedad  en  documento  privado  y  fraude  procesal.  En  subsidio de lo anterior, pide que “se  produzca   la   sentencia   que   atienda   los  cargos  alegados”  en la demanda, y que desde la admisión  de  la  misma,  se  suspendan las medidas cautelares que recaen sobre los bienes  muebles  e  inmuebles  relacionados en esta actuación.            

CONSIDERACIONES  

    

1. De conformidad con lo dispuesto en  el  numeral  2°  del  artículo  32 de la Ley 906 de 2004, la Sala de Casación  Penal  de la Corte Suprema de Justicia es competente para conocer de la presente  demanda  de  revisión,  dirigida  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali.     

2.  Dado  que  la  acción  de  revisión  busca  derruir  la intangibilidad de la cosa juzgada, es  preciso  cumplir  los  requisitos  formales  para  la presentación de la misma,  reglados  en  el  artículo  194  de  la  Ley  906 de 2004, dentro de los que se  cuentan,  la  determinación  de  la  actuación  procesal  frente  a la cual se  demanda  la  revisión; el delito o delitos que motivaron la actuación procesal  y  la  decisión;   la  causal  que  invoca y los fundamentos de hecho y de  derecho  en  que  se  apoya  la  solicitud; y la relación de las pruebas que se  aportan  como  sustento  de  las  circunstancias  fácticas  que  fundamentan la  petición.   

Así   mismo,   el   inciso  final  de  la  disposición  en  comento  prevé que el escrito mediante el cual se promueve la  acción  de  revisión  deberá estar acompañado de la copia o fotocopia de las  decisiones   de   única,  primera  y  segunda  instancias,  con  su  respectiva  constancia  de  ejecutoria, según el caso, proferidas en la actuación respecto  de la cual se demanda la revisión.   

Pues bien, examinado el expediente se observa  que  el  escrito  de  demanda  no  fue  acompañado  de  la  copia escrita de la  sentencia   de   primera   instancia  –si  la  hay-  o  del  registro  de  audio  -CD-  contentivo  de  dicha  providencia,  requisito  que  fue  reemplazado  por el abogado defensor de ROJAS  TORRES,  con  el  acta  de  la  audiencia  de  lectura de fallo proferida por el  Juzgado  Once  Penal  del  Circuito  de  Cali  el 13 de septiembre de 2011. Esta  omisión  impide  que  se  admita la presente demanda de revisión, en la medida  que  el  aporte  de dicho documento constituye requisito de procesabilidad pues,  es  a  través  de  los  fallos  de  instancias que se conoce cuáles fueron los  fundamentos de la sentencia.   

Aunado  a  lo  anterior,  se  aprecia  que  el  mandatario  judicial del  condenado  tampoco cumplió la exigencia del numeral 3° del artículo 194 de la  Ley  906  de  2004  ya  que, en punto de su pretensión, se limitó a exponer de  manera  errática, confusa y repetitiva, varios reparos por los cuales considera  que  debe  removerse  la firmeza de la providencia dictada por la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de  Cali  en  contra  de  su defendido, empero no indicó de  manera  expresa  la  causal  o  causales  que,  de  acuerdo  a  lo normado en el  artículo  192  ibídem,  habilitan, en su caso, la procedencia de la acción de  revisión.   

Al  respecto,  sobre  la  invocación  de la  causal  y  la  sustentación de los hechos que acompañan la solicitud, adujo la  Sala   en   providencia   CSJ   AP,   30   de  mayo  de  2012,  Rad.  38.110  lo  siguiente:   

…la  normatividad ha previsto la carga de  seleccionar  cuidadosamente  la  causal  que  se  pretenda aducir en apoyo de la  pretensión,  al  igual  que  las  pruebas  en  que  se  funde, y la exposición  racional  tendiente a la demostración del motivo que se escoja, de modo que los  fundamentos  fácticos  y  jurídicos  en  que  se sostiene la solicitud, queden  exteriorizados  nítidamente,  por  eso  la  Sala  ha estimado que la demanda de  revisión  no  puede ser un simple alegato de instancia pues, por su contenido y  naturaleza,  debe  sujetarse  a  las  exigencias de la norma. Su elaboración no  puede  quedar  sujeta  al capricho o a la simplicidad, sino que debe acoplarse a  la  técnica  de  una  demanda  por  cuanto  lo  que  se pretende es una acción  dirigida a remover la autoridad de cosa juzgada.   

         En  este  caso,  la  defensa  de  ROJAS  TORRES  presenta un escrito  farragoso  en  el  cual  trata  de  relatar  su  particular  visión  sobre  las  diferentes              “irregularidades  procesales”  que,  en  su  criterio,  conllevaron  a  la  emisión  de  condena  en contra de su prohijado.  Además,  deja  de  lado  la mentada carga de seleccionar alguna de las causales  previstas  en  el  artículo  192  de  la  Ley 906 de 2004 y, en el marco de una  mixtura  errática y completamente desatinada entre requisitos de procedibilidad  de  la  acción  de  tutela  contra  providencias  judiciales  y  de causales de  casación  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  el memorialista  formula  siete  cargos sin que ninguno de ellos se ajuste a las causales propias  de la acción de revisión.   

          En    primer    lugar,   plantea   dos   cargos   por   “prescripción   extintiva   de   la  sanción  penal”. Sin embargo, frente a dicho tópico,  debe precisarse lo siguiente:   

Al  tenor  de lo dispuesto en el numeral 2º  del  artículo 192 del Código de Procedimiento Penal,  la   acción   de   revisión   procede  «[c]uando  se  hubiere  dictado  sentencia  condenatoria  en proceso que no podía iniciarse o proseguirse por prescripción  de  la  acción,  por  falta  de querella o petición  válidamente  formulada, o por cualquier otra causal de extinción de la acción  penal.».     (Subrayas     ajenas     al    texto  original).   

Así,   al   amparo   de  la  disposición  transcrita,  lógico  resulta  entender que es posible remover la presunción de  la  cosa  juzgada  que  recae,  en  este  caso,  sobre  la  sentencia de segunda  instancia  proferida  el 20 de marzo de 2012 por el Tribunal Superior de Cali, a  condición  de  que  se  acredite  que  la  misma  se dictó cuando la     acción    penal    –  y  no  la sanción penal- ya  estaba  prescrita.  Es decir, en tal efecto, debe el demandante,  aportar  como  mínimo,  la  información  a  través de la cual se verifique la  materialización  de la causal propuesta pues, de no cumplir con dicha carga, la  precariedad  demostrativa  de  la irregularidad denunciada, a la postre torna el  cargo carente de la idoneidad necesaria para su admisión.   

De  acuerdo  a  lo anterior, es claro que el  abogado  de ROJAS TORRES confunde los conceptos de prescripción de la acción y  de  la  sanción  penal.  No  obstante,  si  se  tratara  de  la  primera figura  jurídica,  esto  es,  que para el momento en que la Corporación citada emitió  la  sentencia  de segunda instancia en contra de CARLOS ALBERTO ROJAS TORRES, la  acción  penal  por  los  delitos  de  falsedad  en  documento  privado y fraude  procesal  se  encontraba  prescrita,  debe  indicarse  que  tales reparos fueron  enervados   por   la   Sala   en   el   auto   que   inadmitió  la  demanda  de  casación.   

Al respecto, en decisión del 15 de abril de  2013, Rad. 39.139, la Corte precisó:   

(…)    dígase    que    la  prescripción  de la acción penal no se configuró.  Por  una  parte,  el  delito de falsedad en documento privado se  consumó  con  su  uso,  ocurrido  el 26 de abril de 2005, de suerte que para la  audiencia   de   imputación,  acaecida  el  5  de  abril  de  2010,  no  había  transcurrido  siquiera  el término mínimo de prescripción, que es de 5 años,  según  el artículo 83, inciso 1º de la Ley 599 de 2000. La situación es más  evidente  respecto  del delito de fraude procesal, pues se trata de una conducta  de  ejecución  permanente,  cuyos  efectos aún se mantenían para la fecha del  fallo  de  segundo  grado,  pues  para  entonces  el proceso civil tramitado con  fundamento  en  el  documento falso seguía vigente, en perjuicio de la víctima  de las conductas punibles.   

Así  las  cosas,  si  el  fraude  procesal  mantenía  sus efectos para la época de la audiencia de imputación, diligencia  que  interrumpe  el  transcurso  del término de prescripción (artículo 86 del  Código  Penal,  modificado  por  el  6º  de  la 890 de 2004), no cabe duda que  tampoco   el   término   mínimo  de  prescripción  alcanzó  a  consolidarse.   

Así  lo  explico el ad quem, sin que dicha  conclusión  pueda  ser  desvirtuada con los argumentos del libelista, quien, de  manera  equivocada,  pretende  que el término de la prescripción se interrumpe  con la audiencia de formulación de acusación.   

Bajo  tal  reseña,  dígase  además que no  existe    ninguna   “contradicción”  entre la decisión de segunda instancia  dictada  por el Tribunal Superior de Cali y el auto inadmisorio de la demanda de  casación  proferido  por  esta  Corporación  pues,  la diferencia de los datos  relacionados  con  las  fechas  26  de  abril  de  2005  y  5  de  abril de 2010  –no  2005 como de manera  errónea  lo  expresa el actor-, es que la primera data  corresponde  al  momento  de  consumación  del  delito de falsedad en documento  privado  por  su uso, y la segunda, el día en que se llevó a cabo la audiencia  de formulación de imputación a ROJAS TORRES.   

Ahora  si lo que pretende el profesional del  derecho  es el decreto de la extinción de la sanción  penal impuesta a su asistido, debe la Sala aclarar que  dicho   asunto  resulta  totalmente  ajeno  a  la  acción  de  revisión  pues,  pretensiones  de  tal  naturaleza,  conforme  lo  normado  en el literal 8º del  artículo  38  de  la  Ley  906  de  2004,  son  de competencia de los jueces de  ejecución de penas y medidas de seguridad.   

Por  otra  parte,  en  lo  que  atañe  a la  supuesta  violación  del  derecho  de  defensa  del  también  procesado EMILIO  ENRIQUE  FIAT  MAYOR,  se  ofrece necesario precisar que el demandante carece de  interés  para  formular  este  cargo  ya  que,  en  gracia de discusión que se  hubiera  dado  dicha “irregularidad”, ésta  solamente  lo  afectaría  a  él, y no a su defendido CARLOS  ALBERTO  ROJAS  TORRES.  Además,  tal  reparo  no  es  propio  de la acción de  revisión  pues,  como  a  continuación  se  explica,  los  disensos  sobre  la  regularidad  del trámite procesal o el cumplimiento de las garantías debidas a  las  partes,  debieron  tener como escenario natural de discusión, los recursos  ordinarios o el extraordinario de casación.   

Finalmente, con relación a los demás cargos  propuestos  por  el  actor,  esto  es,  (i)  la  falta  de  acreditación  de la  materialidad  de las conductas punibles y la responsabilidad penal ROJAS TORRES,  (ii)  la indebida apreciación y valoración probatoria realizada por los jueces  de  instancia,  y  (iii)  las  violaciones  a  los  derechos al debido proceso e  igualdad,  debe señalar la Sala que los mismos no se acompasan con la finalidad  de   la  acción  de  revisión  pues,  alegaciones  como  las  descritas  sólo  demuestran  que  la  pretensión del demandante no es acreditar la existencia de  un  motivo  que  posibilite  la  revisión de la sentencia, sino controvertir la  legalidad  de  los  fallos de instancia, cuya enmienda corresponde al ámbito de  la casación, más no al ejercicio de la acción rescisoria.   

Frente  a este particular, debe aclarársele  al  libelista  que  la  acción  de revisión, por su especial naturaleza, tiene  finalidad  diferente  a  la  de  los mecanismos para controvertir las decisiones  judiciales,  que  contempla  la legislación procedimental penal.  Sobre el  particular, ha dicho en pacífica jurisprudencia la Sala que ésta:   

No  busca  subsanar  errores de juicio o de  procedimiento  porque  esa  es  la función de los recursos de instancia y de la  casación.    La   revisión,   en   cambio,  pretende  la  reparación  de  injusticias  a partir de la demostración de una realidad histórica diferente a  la  del  proceso y únicamente dentro del marco de invocación precisado por las  causales  establecidas en la ley. (En ese sentido, CSJ  AP, 16 de octubre de 2013, Rad. 41.229).   

Y además:  

La  acción  de revisión, a diferencia del  recurso  extraordinario  de  casación –a  través  del cual, con apoyo en los motivos legales que lo hacen  procedente,  es  posible  discutir  la  regularidad  del  trámite  procesal, el  cumplimiento  de  las garantías debidas a las partes, los supuestos de hecho de  la   sentencia   de  segunda  instancia  no  ejecutoriada  y  sus  consecuencias  jurídicas—,  tiene como  objeto  una  sentencia, un  auto  de  cesación  de  procedimiento  o  una  resolución de preclusión de la  investigación   que   hizo   tránsito  a  cosa  juzgada  y  como  finalidad  remediar  errores  judiciales  originados  en  causas  que  no  se  conocieron  durante  el  desarrollo  de  la  actuación y que están limitadas a las previstas en la ley.   

No  es la acción de revisión por tanto un  mecanismo  disponible  para  reabrir el debate procesal, resultando indebido por  lo  mismo  sustentarla  en  fundamentos  propios del recurso de casación.   Tampoco  es  una  tercera instancia a la que se accede para discutir lo resuelto  por  los  jueces o fiscales con base en los mismos elementos probatorios que les  sirvieron a aquellos para tomar las decisiones.   

Lo  anterior  significa que por medio de la  acción  de revisión no se puede abrir de nuevo el debate sobre lo declarado en  la sentencia.   

El juicio rescindente, en tratándose de la  acción  de revisión, opera respecto del fallo que se considera injusto gracias  a  la  prueba o hecho nuevos, y no en relación con el trámite o actuaciones ya  agotados,  independientemente  de  que se evidencien irregularidades u omisiones  trascendentes  en  curso del proceso, las cuales, se repite, debieron tener como  escenario  natural  de discusión los recursos ordinarios o el extraordinario de  casación.  (Cfr.  CSJ AP, 6 de febrero de 2007, Rad.  23.839).   

Por tanto, como quiera que el instituto de la  revisión  lo  que  busca  es  remediar  una  injusticia y no corregir presuntos  errores  judiciales  que  debieron  ser  alegados  al  interior del proceso; los  argumentos  esbozados  por  el  defensor  de  CARLOS  ALBERTO ROJAS TORRES no se  compadecen  con  los  presupuestos  exigidos  para  la procedencia del mecanismo  mediante  el  cual  pretende remover la intangibilidad de la cosa juzgada que le  asiste a la sentencia dictada por el Tribunal Superior de Cali.   

3. En consecuencia,  como  quiera  que  la  demanda  incumple  los  requisitos  que para su admisión  establece  el artículo 194 de la Ley 906 de 2004, la decisión que se impone no  puede   ser   otra   distinta   a   la  de  inadmitir  la  presente  acción  de  revisión.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE   SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

1.  INADMITIR  la  demanda  de  revisión  presentada  por  el apoderado judicial de CARLOS ALBERTO  ROJAS TORRES.   

2.  Contra  esta  decisión procede el recurso de reposición.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado  

LUIS BERNARDO ALZATE GÓMEZ  

Conjuez  

ALEJANDRO DAVID APONTE CARDONA  

Conjuez  

DIEGO EUGENIO CORREDOR BELTRÁN  

Conjuez  

WILLIAM MONROY VICTORIA  

Conjuez  

JULIO ANDRÉS SAMPEDRO ARRUBLA  

Conjuez  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria   

   

    

1  Cuaderno Corte. Folio  1.   

2  Ibíd. Folio 5.   

3  Expuso   el   abogado  en  el  escrito  de  demanda:  “cuando  se  produjo  la  sentencia  de  segunda  instancia,  20  de marzo de 2012, aplicando el principio  universal   de   favorabilidad,  el  tiempo  transcurrido  para  efectos  de  la  prescripción  extintiva  de  la  acción  penal  estaba cumplido, 6 años, once  meses,  15  días,  (83  meses  15  días) en virtud de que nuestro ordenamiento  sustantivo  penal establece una pena de uno a seis años de prisión, realidades  jurídicas  que  dan  al  traste  con  el  derecho vulnerado de la prescripción  extintiva  de  la  sanción  penal, por lo tanto, la sanción penal se encuentra  extinguid   por   el  transcurso  del  tiempo  y  conduce  a  la  cesación  del  procedimiento”.  Folio 11.   

4  Ibíd. Folio 8.   

5  Ibíd. Folio 14.   

6  Ibíd. Folio 17.   

7  Ibíd. Folio 22.     

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