AP5902-2016(48410)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP5902-2016  

Radicación N° 48410  

(Aprobado acta N° 274)  

Bogotá,  D. C., treinta y uno  (31) de  agosto de dos mil dieciséis (2016)   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Con el fin de resolver sobre su admisión, la  Corte  examina  la  demanda de casación presentada por la defensora contractual  del   Teniente1      Giovanny     Francisco     Botero  Yanquen   contra   la  sentencia  dictada  el  22  de  septiembre  de  2015  por  la  Sala  Única  del Tribunal Superior de Yopal, que  confirmó  la  proferida  el  4  de  junio  de 2014 por el Juzgado Promiscuo del  Circuito  de  Paz  de Ariporo (Casanare) y condenó al nombrado, al Cabo Segundo  Fredy  Hernán  García  Torres  y  a  los soldados profesionales Elver Chiriví  Hernández  y  Luis  Fernando Lemus Silva como coautores del delito de homicidio  agravado,  en  concurso  homogéneo  (dos).   

HECHOS  

Fueron  así consignados por el ad    quem   en   el   fallo   que   se  discute:   

De conformidad con los cuadernos los mismos  suceden  el  día  veinte  de  octubre del año dos mil siete a eso de las 23:40  aproximadamente,  en  el  área  rural  de  la  vereda  candela  alta del vecino  municipio  de  Paz de Ariporo, Casanare, cuando el pelotón “acorazado 4” al  mando  del  teniente  BOTERO  YANQUEN  GIOVANNY  FRANCISCO,  en  desarrollo  del  presunto  combate con ocasión de la misión táctica “otoño 4” dio de baja  a  CARLOS  MANUEL  HURTADO  MOTA  Y  DONALDO  ADAN  MADERA  CONTRARAS, presuntos  integrantes  de  bandas  criminales al servicio del narcotráfico. Circunstancia  que  puede  no  corresponder  con  la  realidad,  puesto  que las víctimas eran  empleados encargados de fincas.   

Agrega  la  Corte  que  a  ese  destacamento  pertenecían  el  Cabo  Segundo  Fredy  Hernán  García  Torres  y los soldados  profesionales  Elver  Chiriví  Hernández  y Luis Fernando Lemus Silva, quienes  participaron activamente en el procedimiento.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  La  Fiscalía  18  Seccional  de  Paz de  Ariporo  dispuso  investigación  previa  el  21  de octubre de 20072 y,   el  12  de  diciembre  siguiente,  la  Fiscalía  32  Especializada – Comisión Especial de Ejecuciones Extrajudiciales  ordenó  apertura  de  instrucción  en  contra  de los uniformados Giovanny  Francisco  Botero  Yanquen, Fredy  Hernán  García Torres, Elver  Chiriví  Hernández  y  Luis  Fernando  Lemus Silva3.   

2.    Luego   de   ser   escuchados   en  indagatoria4,  el  17  de marzo de 2008 se les resolvió su situación jurídica  con   imposición   de   medida   de  aseguramiento5,   y   esa   decisión   fue  confirmada   por  la  Fiscalía  2ª  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Villavicencio  el  6  de  junio  de  esa  anualidad6.   

3.  El  20  de  junio posterior se cerró el  ciclo                   instructivo7   y   el  1°  de  septiembre  sucesivo  la  Fiscalía  62  de la Unidad Nacional de Derechos Humanos y Derecho  Internacional  Humanitario  profirió resolución de acusación en contra de los  militares,  como  presuntos coautores de un doble homicidio agravado,  según  los  numerales  4,  7  y  9 del  artículo      104     del     Código     Penal8.   

La  determinación quedó ejecutoriada el 26  de      septiembre      del      mismo      año9.   

4.  La  etapa  del juicio estuvo a cargo del  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de  Paz  de  Ariporo,  autoridad  que  avocó  conocimiento   el   15   de   diciembre   ulterior10  y,  finalizada  la audiencia  pública  de  juzgamiento, profirió sentencia el 4 de junio de 2014.   

El  Juez  condenó  a  los procesados por el  concurso  homogéneo endilgado, agravado únicamente por la causal del numeral 7  del  artículo  104,  y  les  impuso  480  meses  de  prisión  y  240  meses de  inhabilidad  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas, al tiempo que  les  negó  la suspensión condicional de la ejecución de la pena y la prisión  domiciliaria11.   

5.  En fallo del 22 de septiembre de 2015 la  Sala  Única del Tribunal Superior de Yopal, al resolver la apelación propuesta  por  la  bancada defensiva, confirmó la providencia12.   

6.  Los  representantes  de  los  acusados  interpusieron      recurso      de     casación13, pero solamente la apoderada  de   Giovanny  Francisco  Botero  Yanquen   presentó   la  demanda  dentro  del  término  legal14.   

LA DEMANDA  

Luego   de   identificar   los   sujetos  intervinientes  y la decisión impugnada, de sintetizar la situación fáctica y  la  actuación  procesal,  y  de  revelar  el interés para recurrir, la abogada  formula  un  único cargo al  amparo de la causal primera, cuerpo primero, de casación.   

Afirma  que  el ad  quem  violó indirectamente la ley sustancial a través  de  errores  de hecho derivados de falsos juicios de existencia y de raciocinio,  que explica así:   

Falso    juicio   de   existencia   por  suposición.   Recayó   en   el   acta  de  pago  de  información  n.°  137,  con  sus anexos, a nombre de Aldrumas Belliza Morales,  con   la   cual   se  adelantó  la  misión  táctica  “otoño”,  al  mando  del  Teniente  Botero  Yanquen; el informe de investigador  de  campo n.° 153 en el que se hace diagramación de la trayectoria de disparos  de  los  protocolos  de  necropsia  041  y  042  y el informe de investigador de  laboratorio  n.°  127,  que  determina  las  características  y  uniprocedencia  de  las vainillas entre los  patrones  de  las  armas  incautadas y los casquillos encontrados en el lugar de  los hechos.   

La  fiscalía,  una  vez  culminada la etapa  probatoria  en  el  juicio,  quiso  introducir  esos elementos y, a pesar de que  inicialmente  el  Juzgado  decretó  su incorporación, el Tribunal Superior, en  auto  del  6  de  abril de 2011, revocó la decisión y los rechazó.   

Por consiguiente, esos documentos no podían  ser  valorados  por  los  sentenciadores, sin embargo, con ellos desvirtuaron la  existencia  de  un  combate.  Aunque  en  la  alzada hizo un reclamo similar, el  ad quem tan solo los apartó  del  caudal  probatorio  bajo  el  argumento  que  no fueron el fundamento de la  condena,  para  lo  cual  confundió  los  conceptos de valoración probatoria y  libertad probatoria.   

Falso    juicio   de   existencia   por  omisión. No se tuvo en cuenta el dictamen de residuos  de  disparo  realizado  a  los  occisos, cuya resultado es positivo –no   suministra  más  información-.   

Luego de reproducir un aparte de la sentencia  de  segunda  instancia,  asegura  que allí se dio por cierto que los muertos no  dispararon  contra los militares, cuando con la referida experticia se evidencia  que   se   enfrentaron   con   la   tropa   y   no   se   trató   de  un  falso  positivo.   

Se violaron los artículos 232 (por falta de  aplicación),  237  y  238  (aplicación  indebida) del Código de Procedimiento  Penal.   

Falso  raciocinio.  El Tribunal ignoró máximas de la experiencia.   

Después  de traer a colación segmentos del  proveído  impugnado,  la  jurista  manifiesta que no corresponde a la realidad,  como  lo dijo el juez colegiado, que: (i) «los  campesinos  o  trabajadores  de la región no hagan parte de  grupos   insurgentes   o   no   son   facinerosos»15,  pues  se ha demostrado que  los   que  actúan  al  margen  de  la  ley  utilizan  fachadas,  como  humildes  campesinos;  (ii) en combates  de  encuentro  se  utilicen  armas sofisticadas, en tanto la experiencia enseña  que   entre  los  grupos  insurgentes  hay  «rangos,  funciones  y  demás al interior de sus estructuras y que cada individuo realiza  una          actividad          diferente»16  y  existen  avanzadas  que  «se  componen  de  dos  o tres integrantes con armas  cortas      sin     ninguna     sofisticación»17,  y   (iii)   esos  enfrentamientos se desarrollen en sitios predeterminados, pues  se caracterizan por el factor sorpresa.   

Hay  pruebas  que indican que los occisos se  dedicaban   a   actividades  ilícitas  y,  aunque  en un documento aportado ante el juez de primera instancia  –no  precisa-  no  están  enlistados  aquellos  como  integrantes  de  grupos  armados  ilegales,  ello se  explica porque allí solo figuran los cabecillas o los importantes.   

La  mala  utilización  de  las  máximas de  experiencia  condujo  al Tribunal a una conclusión errónea: la inexistencia de  un  combate. Trasgredió los preceptos 232 y 238 del estatuto procesal penal por  no aplicar las reglas de la sana crítica.   

Solicita a la Corte casar el fallo impugnado  y en su reemplazo dictar uno absolutorio.   

CONSIDERACIONES  

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  213  del  Código de Procedimiento Penal de 2000, la Sala inadmitirá  la   demanda  porque  no  reúne  las  exigencias  previstas  en  el  canon  212  ejusdem  y tampoco advierte  la  necesidad  de  penetrar  oficiosamente  en  el  fondo del asunto. Estas son las razones:   

1.  El  falso  juicio  de  existencia  por  suposición  tiene  ocurrencia  cuando  el  sentenciador de segundo grado da por  existente  una  prueba  que materialmente no se halla dentro del expediente o un  hecho del cual ningún elemento de convicción da lugar.   

Al  actor  le  corresponde  acreditar que el  medio  al  cual  hace  mención  el  juzgador  fue  inventado  y que,   de  no  haber  considerado  el  hecho  supuestamente  revelado  por  él, otra habría sido la decisión adoptada en la  providencia  recurrida.  Sin  embargo,  si  se  constata  que  los  elementos a los que alude el impugnante no  fueron  considerados  por  el  ad  quem, ningún yerro se evidencia.   

La  casacionista  asegura  que  (i)  el acta de pago de información n.°  137,  a  nombre  de Aldrumas  Belliza  Morales;  (ii)  el  informe  de investigador de campo n.° 153,  relativo  a  la diagramación de la trayectoria de disparos de los  protocolos   de   necropsia   y   (iii)  el  informe  de  investigador  de  laboratorio  n.° 127,  que  determina  las  características y  uniprocedencia  de  las  vainillas,  llevados  por  la fiscalía tardíamente al  juicio,  no  podían  ser  valorados  porque su incorporación fue rechazada por  auto del 6 de abril de 2011.   

Razón le asiste a la letrada al sostener que  en  esos  eventos  no  hay  prueba que examinar, sin embargo, no ocurre lo mismo  frente  al yerro denunciado, puesto que el Tribunal, tras reconocer la falencia,  decidió apartar esos elementos del examen probatorio.   

En  efecto, de la revisión de los fallos de  instancia  emerge  que  aunque  el  a quo los    tuvo    en    cuenta,    el    ad  quem,  al  resolver la alzada propuesta por la bancada  defensiva,     registró     la     anomalía    y    sostuvo    que,     en     todo     caso,  ellos  no  fueron  la  esencia  de  la  condena,  toda  vez  que el Juez tomó «también como  fuente   las   necropsias   y   otros   informes»18,   y,  adicionalmente,  era  abundante     la     «prueba     testimonial    y  documental»19.   

Ahora,  pese  a denunciar al juez plural por  recaer  en  este  tipo  de  error de hecho,  la recurrente reconoce, más adelante, la sustracción que de esos  documentos  se  hizo  en el proveído atacado, no obstante, exterioriza molestia  por las expresiones allí utilizadas.   

Lo anterior deja entrever lo incoherente del  reparo  y  el  desconocimiento  del principio de taxatividad que rige el recurso  extraordinario.   

En  cambio,  si  lo que pretendía denunciar  eran  inexactitudes  en  la motivación, ha debido hacerlo por vía de la causal  tercera,  precisando  si  el  defecto    ocurrió    por    ausencia   absoluta,   insuficiente,   ambigua   o  sofística.  La  Corte,  por  virtud  del principio de limitación, no puede redireccionar la demanda, máxime  cuando en ella ninguna mención se hizo al respecto.   

2. El falso juicio de existencia por omisión  tiene  lugar  cuando el juzgador deja de valorar una prueba que materialmente se  halla en el plenario.   

Al  censor le asiste la carga de identificar  con  claridad  el  elemento  ignorado,  sea documental o testimonial, exhibir su  contenido  y  confrontarlo  con  la totalidad del fallo, para enseñar cómo, de  haber  sido examinado, tanto las imputaciones fácticas como jurídicas habrían  sido distintas.   

La  jurista  amonesta  al  Tribunal porque,  según  dice, dejó de considerar el dictamen de residuos de disparo realizado a  los  occisos.  No  obstante,  olvidó  acreditar  que efectivamente ese informe técnico obra en el plenario y  en  dónde,  así  como indicar cuál fue la autoridad que lo emitió, la fecha,  el  detalle  del  asunto examinado y cómo el mismo, pese a no ser prueba única  sino  de  orientación, tendría, a la luz de las demás evidencias y hallazgos,  la  fuerza  suficiente  para  cambiar  el  sentido  de  la decisión.   

Adicionalmente,  dicho  reparo  carece  de  trascendencia,  en  la  medida  en  que  el  ad  quem  manifestó  que,  aun  de  aceptar  que  las víctimas  hubiesen  disparado  contra  la  tropa,  queda  sin explicación lógica que las  «heridas  mortales en la totalidad de sus cuerpos se  dan  por la espalda, las trayectorias son supero inferiores, es decir los mismos  se   encontraban   en   el   suelo,   indefensos»20.   

3.     Los    errores    por    falso  raciocinio  surgen cuando al  realizar  la  inferencia  lógica el fallador se aparta de las reglas de la sana  crítica  y declara una verdad diversa a la que revela el proceso. De manera que  se  incurre en él si en ese ejercicio intelectivo se inobservan las máximas de  la experiencia, los principios de la lógica o de la ciencia.   

Quien cuestiona una sentencia por esta vía  le  asiste  la  carga  de  señalar  (i) en   cuál   de   esas   pautas   recae   el   vicio;   (ii)  la  causa de la incorrección, esto  es,  qué  fue  lo  que  el sentenciador infirió o dedujo, cuál fue el mérito  persuasivo  otorgado  y  cuál la regla de la lógica, la ley de la ciencia o la  máxima    de    experiencia    que    aplicó   inadecuadamente;   (iii)  acreditar el postulado lógico, el  aporte  científico  correcto  o  la regla de la experiencia que debió tener en  cuenta,  y  (iv) demostrar la  trascendencia  del  error, es decir, cómo de haber sido apreciado correctamente  el  medio  de prueba, frente al resto de elementos de convicción, el sentido de  la  decisión  habría  sido  sustancialmente opuesto, obviamente a favor de los  intereses de quien recurre.   

Así mismo, debe tener presente que, pese a  que  los  postulados  de  la  experiencia  son  irreductibles  de  catalogarse o  enlistarse,  tampoco  pueden  responder  a  reflexiones simplemente supositivas,  personales  o  individuales.  Por  ende,  una  máxima  no puede consistir en la  percepción  particular  de  quien  la  formula  o en especulaciones carentes de  objetividad.  Para  que se pueda considerar como tal es forzoso demostrar que el  enunciado  expuesto  se  aplica  de  forma  más  o  menos  uniforme en el mundo  material  o  histórico social (CSJ AP, 30 jun. 2006, rad. 21321). De igual modo  que,  para  justificar  el  equívoco  en  la  deducción  lógica  hecha por el  funcionario  judicial,  no resulta apropiado exhibir otra que también se adecua  a  la  regla presuntamente desconocida, sino aclarar cómo aquélla desborda sus  variables.   

La  libelista  censura  al  juez  colegiado  porque,  según  dice,  utilizó  mal  algunas  reglas  de  experiencia, empero,  desatendió   los   parámetros  expuestos  en  precedencia  para  una  correcta  postulación del cargo.   

Su  discurso,  en  vez  de  señalar  con  precisión   los   motivos   de  la  infracción  que  denuncia,  se  diluye  en  cuestionamientos  dispersos  a  las  reflexiones  del  Tribunal,  con los que se  aspira  desvirtuarlas.  Intenta rebatir los argumentos  del  sentenciador  acudiendo  a proposiciones que, pese a denominarlas reglas de  experiencia,   no   cumplen   con   las  exigencias  para  alcanzar  tal  rigor,  y   no   reflejan   en  su  integridad  los  fundamentos  fácticos  y jurídicos contenidos en el fallo que  discute.   

Es  así  que  las  afirmaciones  de  los  juzgadores,     según    las    cuales,  las  víctimas  Hurtado Mota y Madera Contreras eran campesinos no  dedicados  a  actividades  ilegales  y  que  fueron  dados  de  baja sin existir  confrontación   alguna,  no  resultaron  de  aplicar  reglas  de experiencia, sino que emergieron acreditadas  con  las  pruebas  documentales  y  testimoniales arrimadas al proceso, tal como  fácilmente surge de las decisiones de instancia.   

Allí  se  dejó consignado cómo varios de  los  declarantes manifestaron que los fallecidos eran campesinos del sector, que  ese   día   los  observaron  desarrollando  sus  actividades  cotidianas  y  no  avizoraron  ni  se  enteraron que se hubiese presentado un enfrentamiento armado  en  lugar.  Así lo narraron, entre otros, Carlos José Hurtado Mota21,    Sandra    Patricia    Ávila,    José   Polidecter   Hernández  Vargas22   y   Ciro   Alfonso   Guarín   Valor23.   

La  impugnante  confecciona  máximas  de  experiencia  a  partir  de  datos  que  no  constan  en el proceso y de acciones  imaginarias     que,     además     de     resultar    inadmisibles, impiden confrontar alguna falencia de la  sentencia,  como  sugerir  que  los  inmolados  pertenecían  a  la avanzada  de un grupo armado al margen de  la ley y que por ello no portaban armas sofisticadas.   

Tal  inquisición no solo carece de soporte  demostrativo,   sino  que  desconoce  la  información  que  sobre  lo  ocurrido  suministraron   los  mismos  uniformados,  como  bien  lo  dejó  consignado  el  Tribunal:   

No  resulta  admisible  de  los  propios  informes  de  las fuerzas militares la situación aludida en el contentivo visto  de  folio  94  del  primer  cuaderno original y que fuera parte del origen de la  misión  que  diera  como  resultado  la  baja  de dos personas de la población  civil,  toda  vez  que  en  el  mismo  se  da cuenta que la fuerza enemiga está  conformaba  (sic)  por  un  grupo  aproximado  de  ochenta  bandidos  en armas y del resultado del operativo  solo   dos   enfrentan   supuestamente   a   la   institucionalidad.24   

El  desarrollo  del  reparo  se  diluye  en  alegaciones    propias    del    trámite    de    las    instancias,  al  intentar,  desde  una  perspectiva  subjetiva, dar soporte a conclusiones meramente personales.   

Lo anterior conduce a inadmitir la demanda y  la  Sala  ha revisado íntegramente la actuación y no ha encontrado causales de  nulidad  ni flagrantes violaciones de derechos fundamentales, razón por la cual  no puede penetrar al fondo del asunto oficiosamente.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Inadmitir   la  demanda  presentada  contra la sentencia dictada por la Sala Única del Tribunal  Superior    de    Yopal.   

En  consecuencia, devolver la actuación al  Tribunal de origen.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Grado  que ostentaba para la fecha de los hechos.   

2 Folio  1 del cuaderno original 1.   

3  Folios 156 a 160 Id.   

4  Folios 171 a 187 y 194 a 207 Id.   

5  Folios 210 a 218 Id.   

6  Cuadernillo de Fiscalía Delegada, sin numerar.   

7 Folio  51 del cuaderno original 2.   

8  Folios 83 a 104 Id.   

9 Folio  122 Id.   

10  Folio 118 Id.   

11  Folios 258 a 286 del cuaderno original 3.   

12  Folios 5 a 10 del cuaderno del tribunal.   

13  Folios 17 y 18 Id.   

14  Cuadernillo separado.   

15  Folio 28 Id.   

16  Id.   

17  Id.   

18  Página 9 del fallo.   

19  Id   

20  Página 8 del fallo.   

21  Página 6 del fallo de segunda instancia.   

22  Página 7 Id.   

23  Página 6 Id.   

24  Página 7 Id.     

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