AP3308-2016(47963)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP3308-2016  

Radicación N° 47963  

(Aprobado acta N° 160)  

Bogotá,   D.   C.,   veinticinco   (25)  de  mayo  de  dos  mil  dieciséis  (2016)   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La  Corte  examina  el  cumplimiento  de las  exigencias  de  orden  lógico,  jurídico  y  argumentativo  de  la  demanda de  casación  presentada  por  el defensor de Julio César  Becerra  Hernández  contra  la  sentencia  del  18 de  diciembre  de  2015, en virtud de la cual la Sala Penal del Tribunal Superior de  Bogotá  confirmó  la  dictada  el  23 de septiembre anterior por el Juzgado 26  Penal  del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de  la ciudad y declaró  penalmente  responsable al acusado del delito de fabricación, tráfico, porte o  tenencia de armas de fuego.   

LA SITUACIÓN FÁCTICA  

Así    la   relató   el   ad    quem   en   el   fallo   que   se  discute:   

Los  hechos que dieron origen a la presente  actuación  tuvieron  ocurrencia  el  ocho  (8)  de  septiembre  de dos mil once  (2011),  a  la  una y treinta de la madrugada, en el establecimiento de comercio  “El   Paisa”,   ubicado   en   la   carrera   16   A   No.  23  –   56   de   esta   ciudad,   cuando  uniformados  de  la  Policía  Nacional  que  patrullaban  por  el sector fueron  alertados  por un empleado del mencionado bar, debido a que Julio César Becerra  Hernández  se negaba a cancelar las bebidas que había consumido, por lo que se  realizó  registro  personal y se halló en la pretina del pantalón una pistola  marca  HS2000,  calibre 9×9 milímetros con un proveedor contentivo de cinco (5)  cartuchos.   

Para   acreditar   su   tenencia  Becerra  Hernández   exhibió   el  permiso  para  porte  No.  1548388,  con  sus  datos  personales, el cual resultó falso.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.    Al    día    siguiente    -9   de  septiembre-, en el Juzgado 38  Penal  Municipal con funciones de control de garantías de la capital del país,  se  llevó  a  cabo  audiencia  preliminar  en la que se legalizó la captura de  Julio    César    Becerra    Hernández  y se le imputó, por parte de la Fiscalía, la conducta punible de  fabricación,  tráfico, porte o tenencia de  armas  de  fuego, en concurso  heterogéneo  con  la  de  falsedad  material  en documento público,   agravada  por  el  uso.  Becerra    Hernández   aceptó   cargos  únicamente  por  el  primer injusto, lo que condujo a decretar la ruptura de la  unidad  procesal.  En  seguida,  la  Juez  le  impuso  medida  de  aseguramiento  privativa    de    la   libertad   en   establecimiento   carcelario1, la que luego  fue  sustituida  por  domiciliaria,  según  lo  dispuso  el  Juzgado  23  Penal  Municipal   con   funciones   de   control  de  garantías  el  2  de  diciembre  posterior2.   

2.  El allanamiento sirvió de base para que  la  Fiscalía 270 Seccional radicara escrito de acusación el 26 del mismo mes y  año3.   

3.   Después   de   múltiples   intentos  -184-   el  4  de  junio  de  2015,  bajo  la  dirección  del  Juzgado  26 Penal del Circuito con funciones de conocimiento de  Bogotá,   se   surtió   la   audiencia   de   individualización   de  pena  y  sentencia5.   

4.  El  23  de  septiembre posterior la Juez  dictó   fallo   en   el   que   condenó   a  Becerra  Hernández  a 94 meses de prisión e igual término de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas; le negó  la   suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria6.   

5.  El  18 de diciembre ulterior el Tribunal  Superior  de  este Distrito Judicial, al resolver la apelación propuesta por la  defensa7,  confirmó  la determinación de primera  instancia8.   

LA DEMANDA  

El abogado hace una síntesis de los hechos,  la  providencia  impugnada  y la actuación procesal y luego invoca las causales  primera  y segunda del artículo 181 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  indicando  que  iniciará  sus  críticas con apoyo en la última de ellas, toda  vez   que,   de   prosperar,   habría   lugar   a   declarar   la  nulidad  del  proceso9. Fundamenta así sus reproches:   

CAUSAL SEGUNDA – Único cargo  

Se  trasgredieron  los cánones 4 y 29 de la  Carta      Política;      6      –numeral   2-   y   351   –inciso  primero-  de  la  Ley  906  de 2004, lo que conlleva nulidad  «por  violación  a las garantías fundamentales que  trata   el  Art.  457  de  la  Ley  906  de  2004»10.  Se  lesionó  la estructura  del debido proceso.   

En   relación   con   el   beneficio  por  terminación  anticipada  del  proceso,  coexisten  dos preceptos en el estatuto  adjetivo    de    2004:   el   301   –parágrafo-,  según  fue modificado por el 57 de la Ley 1453 de 2011, y el 351. De manera que  por  virtud  del  principio  de favorabilidad se ha debido inaplicar el primero,  por  contrariar  la  Constitución Política, y hacer prevalecer el segundo, que  contempla una disminución de la pena en el cincuenta por ciento.   

La  colegiatura  no  entendió  su verdadera  pretensión,  esto es, que la discusión gira en punto de la favorabilidad entre  disposiciones  de  un  mismo  código.  Su  propuesta  es  distinta  al problema  jurídico  resuelto  por  la Corte Constitucional en la sentencia C-645 de 2012,  citada  en el fallo que objeta, toda vez que el inciso primero del artículo 351  no  hace  distinción  fáctica  alguna para otorgar la rebaja de la mitad de la  sanción,  mientras  que  el  parágrafo  del 301 sí, y eso resulta perjudicial  para su defendido.   

Por  consiguiente,  al preferir esta última  disposición,     el     ad    quem    vulneró el debido proceso.   

CAUSAL PRIMERA – Primer cargo  

El  Tribunal  violó  directamente  la  ley  sustancial  por  interpretación  errónea de «normas  legales»11.  Infringió «el inciso 2° del Art.6 de  la   Ley   906  de  2004  y  el  inciso  1°  del  Art.351  de  la  Ley  906  de  2004»12.   

Reitera    el    argumento,     según     el    cual,  cohabitan  dos  normas  relativas  a la  terminación   anormal,   lo   que  impone  que,  por  favorabilidad,  se  excluya el parágrafo del artículo  301  y  se  aplique el 351, en su inciso primero, para reconocer a su cliente la  rebaja de la mitad de la pena.   

Menciona, de nuevo, la pertinencia de acudir  a  la  figura  de  la  excepción  de  inconstitucionalidad  porque «la  rebaja  de  la  pena  por terminación anticipada del proceso  resulta  más  amplia  y  generosa en beneficio del procesado y de esa manera se  solicita  a  la  Corte que se concrete en la decisión de fondo que resuelva los  argumentos          de          casación»13.   

CAUSAL PRIMERA – Segundo cargo  

Se  violó  en forma directa el «Art.38G  de  la  Ley  599 de 2000, adicionado por el Art.28 de la  Ley          1709          de         2014»14.   

Al  Tribunal  se  le planteó que para hacer  más  flexible  el  precepto  38B  del  Código  Penal,  que  regula la prisión  domiciliaria,  era  necesario  excluir  algunos  apartes.  Sin  embargo, ello no  impedía   que   para   resolver   el   asunto  «los  magistrados    examinaran    otras    alternativas    bajo    el    principio  de favorabilidad»15,  como  el  artículo 38G, en donde no está enlistado el delito por  el  cual  se  procedió en esta oportunidad y, además, se adecua al caso porque  su  representado  ha  estado  privado de la libertad por un tiempo superior a la  mitad  de  la  pena impuesta «reconociéndose de esta  forma,    el   principio   de   favorabilidad   que   se   reclama»16.   

Solicita a la Corte casar el fallo impugnado  y,  subsidiariamente, superar los defectos de la demanda, para resolver de fondo  y  garantizar  los  derechos de su prohijado. Seguidamente, reclama que se anule  la  sentencia  de  segunda  instancia  para  que,  aplicando  la  excepción  de  inconstitucionalidad,   se   excluya   el   artículo  57  de  la  Ley  1453  de  201117  y  se  reconozca al acusado la rebaja de la mitad de la pena. Así  mismo,     se     le     otorgue     la     prisión    domiciliaria.   

CONSIDERACIONES  

1. De acuerdo con el Código de Procedimiento  Penal  de  2004,  la  finalidad  del  recurso de casación es la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios inferidos y la unificación de la jurisprudencia.  No  obstante,  es indispensable que quien a él acuda posea interés, indique la  causal  que  lo  hace  procedente y desarrolle, a través de un discurso lógico  jurídico,  el  cargo propuesto, demostrando no solo su trascendencia en el caso  concreto  sino  por  qué se hace necesaria la intervención de la Corte Suprema  de Justicia.   

Es que el libelo no puede consistir tan solo  en  un  memorial  simplista  o en una intervención más dentro del proceso, por  virtud  del  cual,  de  manera  libre,  desorganizada  y carente de técnica, se  busque  continuar  con  el  debate  propio  de  las  instancias.  Es forzoso que  contenga  una  argumentación sólida, clara, lógica y coherente en la que, con  fundamento  en  los  motivos  expresamente  señalados  por  el  legislador,  se  planteen  los  errores  de  juicio  o  de  procedimiento en que pudo incurrir el  fallador  y  se  resalte  su  importancia en la determinación objetada, de modo  que,  de  no  haber  recaído  en  ellos, el sentido sería totalmente diverso y  benéfico    al    sujeto    en    favor    de   quien   se   actúa.   

De      no     verificarse     tales  presupuestos,  la  demanda  será  inadmitida,  salvo  que la Corporación considere vital, por la posición  del  impugnante  dentro  del  proceso  o  por  la  índole  de  la  controversia  planteada,  superar  los  defectos  para  cumplir  alguno  de  los  fines  de la  casación.   

2.  En  esta  oportunidad  es  evidente  la  inobservancia  de  las exigencias mínimas necesarias para dar curso al libelo y  la  Sala  no  considera  indispensable  pronunciarse  de fondo para alcanzar los  propósitos del medio extraordinario. Obsérvese:   

2.1. Lo que de entrada se advierte es que el  jurista  no  esgrimió  argumentos  dirigidos  a  convencer  a la Corte sobre su  ineludible  intervención.  Olvidó  indicar si lo buscado era lograr el respeto  de   garantías,   el   restablecimiento   de  algún  derecho  fundamental,  la  reparación   de  un  agravio  inferido  a  su  cliente  o  la  unificación  de  jurisprudencia.   

Si quiso trasladar esa carga para el instante  de  exhibir  los fundamentos de los reproches, es claro que no lo consiguió. La  simple  referencia  a  la  violación  del  principio  de  favorabilidad  o a la  inaplicación  de la excepción de inconstitucionalidad resulta insuficiente por  carecer de sustento jurídico y argumentativo.   

2.2. Son tres las censuras formuladas por el  letrado,  una  por  vía  de la causal segunda y dos al amparo de la tercera, no  obstante,  pasó  por  alto  su  obligación  de  señalar cuál era principal y  cuáles  subsidiarias.  Si  bien  manifestó que iniciaría por la que implicaba  anulación,  olvidó  revelar  la  irregularidad  cometida y el momento procesal  desde  el  cual  había  lugar  a  recomponer  lo  actuado,  lo que imposibilita  entender su preponderancia.   

2.3.   En   el   reproche   (único)  propuesto  por  el  cauce  de  la  causal  segunda,  asegura  el  actor  que se quebrantó la estructura del debido  proceso     y     que    ello    impone    declarar    la    nulidad.   

Cando  se  cuestiona  una sentencia por esta  vía,  es imperioso demostrar que, en efecto, se configuró una irregularidad en  alguna  de  las actuaciones concatenadas, sucesivas y armónicas que componen el  proceso  penal,  y  que  la misma es trascendente, de modo que si no se sanea es  totalmente inviable mantenerlo incólume.   

Además   de  guardar  silencio  sobre  la  fracción  procesal  que  debía  ser  cobijada con ese remedio extremo, en modo  alguno   enseñó  el  abogado  en  qué  consistió  la  falla  de  estructura.  Únicamente  mostró  desconcierto  porque  al  acusado,  pese al allanamiento a  cargos,  no  se  le  hizo  la  rebaja  de la mitad de la pena, como –dice-  lo pregona el artículo 351 del  Código    de    Procedimiento    Penal.   

Tal  proceder  deja  claro  su  equívoco al  momento  de  elegir  el  camino de censura. Nótese que, de hallarle la Corte la  razón  en  ese  punto de disenso, lo procedente no sería anular la providencia  de  segunda  instancia,  sino  dictar  en  su  reemplazo  otra  reconociendo  al  procesado una mengua punitiva mayor.   

2.4.  En  el primer  cargo   que   formula   con   apoyo   en   la  causal  primera,   el   impugnante  endilga  al  Tribunal  una violación directa de la ley sustancial, no obstante,  desatendió    los    presupuestos   exigidos   para   hacer   esta   clase   de  críticas.   

En  efecto, en estos eventos el casacionista  tiene  la  obligación  de  precisar  si  a  dicha  infracción  se  arribó por  (i)  falta  de aplicación,  (ii) aplicación indebida, o  (iii)    interpretación  errónea  de  una norma del bloque de constitucionalidad, constitucional o legal  llamada  a  regular el caso, lo que debe cumplir sin hacer reparo en torno a los  hechos  o a las pruebas, tal como fueron declarados y valoradas por el Tribunal,  toda vez que la discusión gira en aspectos de pleno derecho.   

La  mera  enunciación  de  la forma en que  ocurrió  el quebrantamiento resulta insuficiente para la correcta propuesta del  cargo.  El  impugnante  debe  indicar  cuál  fue  la  disposición trasgredida,  explicar  cómo  se  violentó  y  la  incidencia  que  ese equívoco tuvo en la  determinación.   Para   ello   ha  de  tener  en  cuenta  que  la  falta  de  aplicación  surge  cuando  el  juzgador  reconoce  una situación de hecho pero no asigna la consecuencia en el  derecho,  de  modo  que deja de aplicar la norma que regula el caso concreto, ya  sea  porque  la  olvida,  la  desconoce,  la  tiene por derogada o inexequible o  simplemente  no  es  de  su  recibo;  la  aplicación  indebida,  acaece cuando el  juez  se  equivoca  en  el proceso de adecuación típica, esto es, entre varias  disposiciones  válidas  escoge  aquella  que  no  corresponde  al  caso;  y, la  interpretación       errónea      implica  un  yerro hermenéutico del funcionario, porque le dio a la  normativa  un sentido que no tiene o le asignó efectos distintos o contrarios a  su  contenido.  Como  el  contenido  de  una y otra es disímil, es abiertamente  desacertado  que  respecto  de un mismo precepto se predique, al tiempo, más de  una modalidad de yerro.   

Así  las  cosas,  es claro el desatino del  actor   al   amonestar   al   ad  quem  por  una  inadecuada  interpretación,  sin  siquiera especificar el  canon   sobre   el   que   recayó.   También  se  equivoca  cuando,      más      adelante,  lo  increpa  por  dejar  de  aplicar el  parágrafo  del  artículo  301  y emplear el primer inciso del 351, con lo cual  pasa  por  alto  que al momento de considerar el monto de la rebaja de pena, los  juzgadores  acudieron, no solo  al  contenido del primer canon, sino que para su aplicación se remitieron a las  previsiones  del  segundo.  Así las cosas, hicieron uso de ambas normativas, lo  que hace evidente la falencia del abogado.   

Su  inconformidad, al igual que en el cargo  anterior,   reside  en  que  los  falladores  interpretaron  armónicamente  dos  disposiciones  llamadas  a  regular  el  caso,  las  que,  si bien se ocupan del  beneficio  punitivo  por  el  allanamiento a cargos, a diferencia de lo afirmado  por  el  libelista, no chocan  entre  sí,  sino  que se complementan, por expresa disposición del legislador.  Además,  no  desconocen  el principio de igualdad, tal como lo afirmó la Corte  Constitucional   en   CC  C-645/12  cuando  revisó  la  constitucionalidad  del  parágrafo  del  artículo  57  de  la  Ley  1453  de 2011, mediante el cual fue  modificado  el  artículo  301 de la Ley 906 de 2004, y lo declaró exequible en  el   entendido   que  «la  disminución  en  una cuarta parte del beneficio punitivo allí consagrado, debe  extenderse  a  todas  las  oportunidades  procesales  en  las  que es posible al  sorprendido  en  flagrancia  allanarse  a  cargos  y  suscribir  acuerdos con la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  respetando  los  parámetros  inicialmente  establecidos por el legislador en cada uno de esos eventos.»   

Dijo el alto tribunal:  

9.3.  Como  se  indicó, la redacción del  parágrafo  del artículo 57 de la Ley 1453 de 2011, hace referencia únicamente  a  que  en caso de flagrancia, “sólo tendrá ¼ del beneficio de que trata el  artículo  351  de  la Ley 906 de 2004”, norma que consagra las modalidades de  aceptación  de  cargos  y  preacuerdos  o negociaciones durante la audiencia de  formulación de la imputación.   

La  iniciativa  del legislador, como quedo  visto,  se  encaminó a luchar contra la criminalidad y eliminar la impunidad y,  en   particular,  tratándose  de  la  norma  demanda,  evitar  que  la  persona  sorprendida  en  flagrancia  que  acepta  cargos  o  preacuerda con la Fiscalía  obtenga  el  mismo beneficio que aquella que no lo es, pero decide colaborar con  la administración de justicia.   

Tal  medida,  prima facie, no desconoce el  principio  de  igualdad al establecer esa limitación de los beneficios para las  personas  sorprendidas  en flagrancia, porque como se ha expresado profusamente,  no  es  equiparable su colaboración para reducir el desgaste del Estado, frente  a  aquella  persona  que,  voluntariamente  adelanta  la  misma  actuación, sin  existir dicha flagrancia.   

En  consecuencia,  según  el  legislador,  acorde  con  la jurisprudencia reseñada, los beneficios punitivos no pueden ser  equiparables  entre el individuo sorprendido en flagrancia y aquel que no lo es,  cuando  hay  allanamiento  o aceptación de cargo y preacuerdos o negociaciones,  toda  vez  que en el primer evento el eventual desgaste de la administración de  justicia en principio resultaría siendo menor.   

Igualmente,  en principio, la norma objeto  de  censura  atiende uno de los principios del derecho premial y la negociación  propia  de  la  Ley  906  de  2004,  según  la cual a mayor compromiso hacia la  colaboración  con  la administración de justicia y la economía procesal, más  significativa    debe    ser    la    respuesta    premial    que   otorgue   la  legislación.   

9.4.  Con  todo,  el  legislador  omitió  señalar  qué ocurriría en los casos en que existiendo flagrancia, el imputado  o  acusado  acepte  los  cargos  formulados,  o acuerde con la Fiscalía, en una  etapa  procesal más avanzada, como puede ser en la audiencia de formulación de  acusación o en durante el juicio oral.   

Esa circunstancia ha generado una serie de  interpretaciones   que   desconocen  el  principio  de  igualdad,  la  seguridad  jurídica  y la filosofía inherente a las formas de terminación anticipada del  proceso.   

9.4.1. De un lado, hay voces que consideran  que  la  reforma  al  artículo  301  de  la  Ley  906 de 2004, únicamente hace  referencia  al  artículo  351  ibídem,  por  tanto,  sólo es predicable a los  allanamientos  o  preacuerdos que se celebran, cuando exista flagrancia, durante  la audiencia de formulación de imputación:   

Audiencia   de  imputación   

Art. 351 (L. 906/04)            

Rebaja  original   

hasta ½ (50%)            

Modelo    de  rebaja   

hasta 12.5 % (1/4 de la mitad)  

Audiencia  preparatoria   

Art. 356 numeral 5  

(L. 906/04)            

hasta    1/3  (33.3%)             

hasta    1/3  (33.3%)  

Audiencia  juicio  oral   

Art. 367 (L. 906/04)            

1/6  (16.6%)             

1/6  (16.6%)  

Esa interpretación no es razonable y viola  los   principios   de   igualdad   y   seguridad  jurídica,  así  como  el  de  “progresividad”,  propio  de  la  filosofía  de  esas  instituciones,  pues  permiten  casos donde el interesado acuda a una forma anticipada de terminación  del  proceso  posterior,  para  que no se aplique la limitación señalada en la  norma, y así obtener una rebaja punitiva mayor.   

9.4.2. Igualmente, la falta de claridad de  la  norma  ha  permitido  que,  en  ciertos  eventos,  se  afirme  que aunque la  limitación  impuesta  por  el  legislador al modificar el artículo 301 ibídem  tiene  lugar  en  cualquier  etapa  procesal, en los casos de una aceptación de  cargos  o  preacuerdo  con  la  Fiscalía  donde exista flagrancia, el beneficio  siempre será de ¼ parte de la pena:   

Audiencia   de  imputación   

Art. 351 (L. 906/04)            

Rebaja  original   

hasta ½ (50%)            

Modelo    de  rebaja   

1/4 de la pena  

Audiencia  preparatoria   

Art. 356 numeral 5  

(L. 906/04)            

hasta    1/3  (33.3%)             

1/4   de   la  pena  

Audiencia  juicio  oral   

Art. 367 (L. 906/04)            

1/6  (16.6%)             

1/4   de   la  pena  

Un  alcance  de  la  norma  en ese sentido  afecta  la  autonomía  e  independencia de la administración de justicia, como  quiera  que  impediría  a  la Fiscalía tener un margen razonable para negociar  con  el  imputado  o  acusado,  en  caso  de  preacuerdos,  y al juez ejercer la  discrecionalidad  que le es propia para fijar la pena en el caso de allanamiento  a  los  cargos,  en  ambos  casos, según el aporte benéfico que se brinde a la  investigación, pese a la latente flagrancia.   

9.5.  Interpretaciones como las reseñadas  desconocen  principios como el de legalidad, igualdad y seguridad jurídica, sin  embargo,  no  puede  por  ello  predicarse la inexequibilidad del parágrafo del  artículo  57  de la Ley 1453 de 2011, pues un fallo en ese sentido anularía la  finalidad  legítima  del legislador de procurar una razonable distinción a los  beneficios  punitivos entre aquellas personas que son sorprendidas en flagrancia  y quienes no lo son.   

Ante el silencio que guardó el legislador,  lo   imperativo   es   acoger   aquella  interpretación  que  se  ajusta  a  la  Constitución,  en  aplicación  del  principio de conservación del derecho, de  modo  que  se salvaguarde la finalidad procurada por el Congreso en el ejercicio  de su actividad democrática.   

(…)  

La  hermenéutica  adecuada del parágrafo  del  artículo 57 de la Ley 1453 de 2011, en lo que respecta a la limitación de  los  beneficios  punitivos  en  caso  de  allanamiento o aceptación de cargos y  preacuerdos  o  negociaciones entre la fiscalía y el imputado o acusado, cuando  exista  flagrancia  resulta  aplicable no sólo cuando esa forma de terminación  anticipada  del  proceso  tenga  lugar en (i) la audiencia de formulación de la  imputación  (hasta  en  1/4 parte del beneficio, que allí es hasta la mitad de  la  pena  individualizada,  es  decir,  entre  un  día  y el 12,5% de la pena a  imponer);  también en posteriores actuaciones como durante (ii) la audiencia de  formulación  de  acusación  (hasta en 1/4 parte del beneficio a otorgar que es  hasta  1/3, esto es, entre un día y el 8.33% de la eventual pena) y (iii) en el  juicio  oral  (1/4  parte  de  la 1/6 que allí se otorga, es decir, 4.16% de la  pena respectiva).   

Por   consiguiente,   la   excepción  de  inconstitucionalidad,   cuya   aplicación  reclama  el  demandante,  carece  de  sustento,  máxime cuando no manifestó cómo el parágrafo del artículo 301 es  abiertamente  incompatible con otros cánones de la Carta Política o con normas  jurídicas  que  integran el bloque de constitucionalidad en materia de derechos  fundamentales.   

Vale  la  pena  recordarle  al  jurista que  conforme  a  la jurisprudencia de esta Sala, apoyada por la Corte Constitucional  en  el  fallo  aludido  en precedencia, el parágrafo del canon 301 del estatuto  procesal  penal de 2004, según la modificación introducida por el 57 de la Ley  1453  de  2011,  no  prevé  una  rebaja  de pena autónoma de ¼ parte sobre la  sanción  a  imponer, sino de ¼ del beneficio que, a su vez, se contempla en el  artículo  351  del Código de Procedimiento Penal de 2004, esto es, ¼ parte de  la  mitad  (½)  de  la  pena.  Así mismo, que esa disposición debe entenderse  aplicable  a todas las oportunidades en las que se sea viable allanarse a cargos  o celebrar acuerdos con la Fiscalía.   

En ese orden, importa traer a colación, una  vez  más,  lo  que  esta  Corporación  sostuvo  en  CSJ SP, 11 jul. 2012, rad.  38285:   

En efecto, dígase de manera imperativa que  el  artículo 57 de la Ley 1453 de 2011 lejos de alterar la sistemática reglada  en  el  Código de Procedimiento Penal de 2004, lo que hizo fue modular el monto  de  la  rebaja  de  pena  a  que  tenían  derecho  las  personas  capturadas en  flagrancia   y  que  se  hubiesen  allanado  a  cargos  en  la audiencia de  imputación.   

Es    decir,    esa    reforma    no  desconoció los institutos de allanamiento a cargos y  preacuerdos  y  negociaciones,  los  cuales  se  edifican sobre la base de que a  mayor  colaboración y mayor economía procesal, más significativa ha de ser la  respuesta premial.   

Así,  se puede concluir que el legislador  en   el   estudio   y  redacción  de  la  norma,  acató  los  presupuestos  de  razonabilidad  y proporcionalidad del sistema acusatorio diseñado en la Ley 906  de  2004,  en  tanto  no  estableció procedimientos especiales ni modificó las  bases del proceso penal.   

(…)  

Para  prever ese tipo de situaciones en la  aplicación  de  la justicia premial, la Sala en su fallo del 5 de septiembre de  2011,  señaló  que respetando el principio de progresividad de las rebajas por  los  institutos tantas veces mencionados, “los verdaderos sentido y alcance de  la  restricción  de la ¼ parte de la rebaja de pena en los casos de flagrancia  conduce  a  concluir  que  tal  guarismo es único y que tiene aplicabilidad con  independencia   de las etapas del proceso o en cualquiera de los momentos u  oportunidades  en  que  el  imputado  o  acusado  acepte los cargos bien sea por  allanamiento    o    preacuerdo   con   el   fiscal”   (página   42   de   la  sentencia).   

En  ese  propósito, de acuerdo con la Ley  1453  de 2011 el esquema de rebajas por razón de dichos institutos, corresponde  realizarse  teniendo  en cuenta la flagrancia, pero obviamente respetándose las  reducciones  de  pena  inicialmente consagradas para el allanamientos a cargos y  preacuerdos  y  negociaciones entre la fiscalía y el imputado o acusado, de las  cuales  el  sujeto  sólo  tendrá  derecho  a una cuarta parte de las regladas,  interpretación  que  se  ajusta  al  mencionado  principio  de  progresividad y  consulta con el querer del legislador.   

Así,  como  lo  destacó la Procuradora  Delegada,  la disminución del beneficio punitivo en una cuarta parte consagrada  en  el artículo 351 de la Ley 906 de 2004, debe extenderse a todos los momentos  o  etapas  procesales en que se autoriza allanarse a cargos y suscribir acuerdos  entre  las  partes,  respetando  desde  luego  las  rebajas de pena inicialmente  previstas para cada momento.   

Conforme  con  lo anterior, la persona que  haya  sido  capturada  en flagrancia tendrá derecho a las siguientes rebajas de  penas   progresivas   según   el   momento  en  que  se  allane  a  los  cargos  formulados:   

Rebajas  punitivas  por  aceptación  de  cargos   

Audiencia    de  formulación   

Art. 351            

Rebaja  original   

½ (50%)            

Rebaja  actual   

12.5 % (1/4 de la mitad)  

Audiencia  preparatoria   

Art.356 N.5            

1/3 (33.3%)             

8.33%  (1/4  de  la  tercera parte)  

Audiencia   juicio  oral   

Art. 367            

1/6 (16.6%)             

4.16% (1/4 de la sexta  parte)  

En   lo   atinente   a  los  preacuerdos  posteriores  a  la  presentación de la acusación, dado que el artículo 352 de  la  Ley 906 de 2004 prevé una rebaja de la pena imponible en una tercera parte,  ésta  quedará  únicamente  en  un  8.33  por  ciento,  conforme  a  la  operación  aritmética  hecha  en  precedencia.   

Y  en  lo  que  atañe  a  los preacuerdos  celebrados  antes  de  la  presentación del escrito de acusación, la rebaja de  pena  no  podrá  exceder  del  12.5%,  que  es  la  cuarta  parte  de la mitad.   

Huelga  señalar  que  dichas  rebajas  se  harán efectivas luego de individualizarse la respectiva sanción.   

Lo anterior pone en evidencia el ostensible  equívoco   del   demandante   y   el   correcto   actuar   de   los  jueces  de  instancia.   

2.5. En el segundo  reparo,  por vía de la causal primera, el jurista atribuye al Tribunal una  violación  directa del artículo 38G del Código Penal, tal como fue adicionado  por el 28 de la Ley 1709 de 2014.   

Lo  primero  que  al respecto debe decir la  Sala  es  que  se  detecta  falta  de  interés  para  plantear  este  punto  en  específico  en sede extraordinaria, toda vez que no fue esbozado por la defensa  en    el    recurso    de    apelación,    lo    que   impidió   al   Tribunal  pronunciarse.   

Si  bien  en la alzada el mismo abogado que  suscribe  la  demanda  mostró  desacuerdo  con  la  negativa  del  a    quo   en   conceder   la   prisión  domiciliaria,  el  fundamento  para  tal  reparo  descansó  en que a juicio del  jurista  debía  crearse  una  lex tertia,  en la que se  suprimiera,  del  artículo  38B de estatuto sustantivo penal, algunos segmentos  desfavorables  al  procesado  y  que impedían el otorgamiento de tal subrogado,  empero   ninguna   mención   hizo  a  la  viabilidad  de  aplicar  el  precepto  38G.   

Ahora, en criterio del actor, la colegiatura  debió  abordar  su  estudio  oficioso,  teniendo  en  cuenta  que  Becerra  Hernández  lleva  privado  de la  libertad  un  tiempo superior a la mitad de la pena impuesta y, en ese orden, se  reúnen  los  requisitos  descritos  en  la  norma  referida  para  enviar  a su  representado  a  cumplir  la  pena en casa.   

Sobre  este  tema  conviene  recordarle  al  demandante  que  el  sistema  procesal penal regido por la Ley 906 de 2004 es de  partes,  lo  que  impone  a  la  defensa  una  labor  activa,  así  como  hacer  explícitas  sus  pretensiones ante el juez en procura de lograr sacar avante su  postura.   

La   Corte  no  ignora  que  el  juez  de  conocimiento  es  garante  de  derechos  y que, en ciertos eventos, frente a una  situación  evidente,  de  factible  verificación,  deba  proceder  a reconocer  medidas  que  sean menos lesivas al procesado o que afecten en menor proporción  su  libertad  de  locomoción, sin embargo, basta una simple mirada al canon 38G  del  estatuto  sustantivo, conforme fue adicionado por la Ley 1709 de 2014, para  confirmar  que  la  posibilidad  allí  prevista  para  el condenado,  de purgar la pena privativa de libertad  en  su residencia o morada, no  tiene  lugar  solamente cuando éste haya cumplido la mitad de la pena impuesta.  Es   preciso,   también,   que   (i)   no   se   trate   de   alguno  de  los  injustos  allí  enlistados,  (ii)   el  sentenciado  no  pertenezca  al  grupo  familiar  de la víctima, (iii)  se   demuestre   su  arraigo  familiar  y  social,  y  (iv)        se  garantice, mediante caución,  el  cumplimiento de las obligaciones descritas en el numeral 4 del artículo 38B  ibídem18.   

Ni     en    la    alzada,  menos  en  el  libelo  casacional,  el  demandante  acreditó  el  arraigo  de  su representado y el cumplimiento de las  obligaciones  adquiridas por éste en el acta de compromiso. Tales aspectos, por  demás,   no   eran  verificables  de  manera  sencilla  o  simple  –en  segunda  instancia y en casación  no  hay  etapa probatoria-, pues, pese a que un juez de  control  de  garantías  de  la  capital  del  país le concedió a Becerra  Hernández  la  detención  en su  lugar   de   domicilio   (Bogotá),   para   lo   cual   firmó   un   acta   de  compromiso19,   en   la   carpeta   existen  varias  constancias  del  Instituto  Penitenciario  y  Carcelario, INPEC, ECBOG,  en  las  que  se  informa al juez de primer grado que el procesado  «no   cumple   con   la   medida   de   detención  impuesta»20.           Además,  con posterioridad emerge que aquél fue  capturado,      de  nuevo, el 18 de mayo de 2015  en        la        ciudad       de       Buga21.   

Las   precedentes   consideraciones   son  suficientes  para  inadmitir  el  libelo  y la Sala ha revisado íntegramente la  actuación  y  no ha encontrado causales de nulidad ni flagrantes violaciones de  derechos  fundamentales,  razón  por  la  cual  no  puede penetrar al fondo del  asunto oficiosamente.   

3. Al amparo del artículo 184 de la Ley 906  de   2004,   es   procedente  la  insistencia,  cuyas  reglas,  en  ausencia  de  disposición  legal,  han  sido definidas por la Sala desde el año 2005, en CSJ  AP,   12   dic.  2005,  rad.  24322,  y  precisadas  en  AP3481-201422.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. INADMITIR  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  Julio  César  Becerra Hernández contra la  sentencia   proferida   por   la   Sala   Penal   del   Tribunal   Superior   de  Bogotá.   

Segundo.  Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Folios 14 y 15 de la carpeta.   

2 Folio  130 Id.   

3  Folios 16 a 18 Id.   

4 En su  gran  mayoría  por  inasistencia  del  procesado  y de su defensor –el primero sin causa justificada y el  segundo  aportó  constancias  médicas  y  de  asistencia  a  otras diligencias  judiciales-  (folios 71, 73, 87, 96, 98, 101, 103, 108, 110, 116, 124, 128, 132,  144,      146      y      149      Id.).   

5  Folios 192 a 198 Id.   

6  Folios      221      a      228     Id.   

7  Exhibió  inconformidad  con  la dosificación punitiva y la negativa de otorgar  la prisión domiciliaria.   

8  Folios 14 a 24 del cuaderno del tribunal.   

9 Folio  37 Id.   

10  Folio 38 Id.   

11  Folio 45 Id.   

12  Id.   

13  Folio 49 Id.   

14  Id.   

15  Folio 50 Id.   

16  Folio 51 Id.   

17  Folio 56 Id.   

18  Dice  así  el  artículo  38G:  «La ejecución de la  pena  privativa  de  la libertad se cumplirá en el lugar de residencia o morada  del  condenado  cuando  haya  cumplido  la  mitad  de la condena y concurran los  presupuestos  contemplados en los numerales 3 y 4 del artículo 38B del presente  código,  excepto  en los casos en que el condenado pertenezca al grupo familiar  de  la  víctima  o en aquellos eventos en que fue sentenciado por alguno de los  siguientes  delitos:  genocidio;  contra  el  derecho internacional humanitario;  desaparición  forzada;  secuestro  extorsivo;  tortura; desplazamiento forzado;  tráfico  de  menores;  uso  de  menores  de  edad para la comisión de delitos;  tráfico   de   migrantes;  trata  de  personas;  delitos  contra  la  libertad,  integridad   y   formación   sexuales;  extorsión;  concierto  para  delinquir  agravado;  lavado  de  activos;  terrorismo;  usurpación  y  abuso de funciones  públicas  con  fines terroristas; financiación del terrorismo y de actividades  de   delincuencia   organizada;  administración  de  recursos  con  actividades  terroristas  y  de  delincuencia  organizada;  financiación  del  terrorismo  y  administración   de   recursos   relacionados   con   actividades  terroristas;  fabricación,  tráfico  y  porte  de armas y municiones de uso restringido, uso  privativo  de  las  fuerzas  armadas  o  explosivos; delitos relacionados con el  tráfico  de  estupefacientes,  salvo  los contemplados en el artículo 375 y el  inciso 2o del artículo 376 del presente código.»   

19  Folio 37 Id.   

20  Folios 114, 142, 143, 151, 161 y 162 de la carpeta.   

21  Folios 153 y 210.   

22  Radicado 42597.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *