AP3178-2016(47226)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  Ponente   

AP3178-2016  

Radicación     n°     47226   

(Aprobado Acta No.  160)   

         Bogotá, D.C.,  mayo   veinticinco   (25)   de  dos  mil  dieciséis  (2016).   

V   I   S   T   O  S   

Examina   la   Sala   los  requisitos  de  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  formulada  por  el  defensor  del  procesado  Juan  Carlos  Niño  Torralba  contra  la sentencia proferida el 2 de  octubre  de  2015  por  la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá, por cuyo  medio  confirmó  en  su  integridad  la  dictada  por  el  Juzgado Noveno Penal  Municipal  de  Conocimiento  de la misma ciudad que lo condenó como coautor del  delito   de   hurto  calificado  agravado       en      la      modalidad      de      tentativa.   

HECHOS  

         Fueron  sintetizados  por  el  sentenciador  de segundo grado de la  siguiente manera:   

El 6 de diciembre de 2014, aproximadamente a  las  5:40  de la tarde, en la Avenida Primero de Mayo con carrera 31, barrio Los  Sauces  de  la  localidad  de  Puente Aranda de esta ciudad [Bogotá], cuando el  señor  MIGUEL  ANTONIO DUARTE TORRES se transportaba [junto a]… dos pasajeros  más  en  un  vehículo  de  servicio  público  (colectivo),  se  subieron  dos  sujetos…  y  le  hurtaron  los  bienes a una señora, la cual después de ello  procedió  a bajarse del vehículo… luego uno de los sujetos se sentó al lado  de  la víctima [MIGUEL ANTONIO DUARTE TORRES], exigiéndole entregara el dinero  que  llevaba o de lo contrario le pegaría un tiro, haciendo el ademán [de] que  en  la  pretina  del  pantalón tenía el arma, [pero] al percatarse el ofendido  que  no  tenía  nada,  intentó  pararse,  recibiendo  un golpe en el forcejeo,  entretanto  la  otra  persona  también lo golpeó y le dijo que le entregara el  dinero,  siendo la reacción de la víctima gritar pidiendo auxilio, por lo cual  los  asaltantes  le  apretaron  la  nariz  y  la boca tratando de asfixiarlo, lo  esculcaron  y le quitaron su teléfono celular marca Alcatel… [sin embargo] la  víctima  se  los  quitó,  todo  lo  cual  fue observado por una patrulla de la  policía  que  procedió  a detener la marcha del colectivo y a capturar a estas  personas  que  se identificaron como JUAN CARLOS NIÑO TORRALBA y BRAYAN ANDRÉS  GUZMÁN (…).   

A la víctima el Instituto de Medicina Legal  y   Ciencias   Forenses   le   fijó   una   incapacidad   definitiva   de  ocho  días.   

La  víctima  avaluó  el  bien  hurtado en  trescientos  mil  pesos  ($300.000)  y  los  daños  y  perjuicios en un millón  quinientos mil pesos ($1.500.000).    

ACTUACIÓN PROCESAL  

         1.  Por  los  anteriores hechos, el 7 de  diciembre  de  2014,  ante el Juzgado 71 Penal Municipal con Función de Control  de  Garantías  de  esta  ciudad,  una  vez legalizada la captura de Juan Carlos  Niño  Torralba, la Fiscalía le formuló imputación como coautor del delito de  hurto     calificado     agravado     en  la modalidad de tentativa, previsto en los artículos 239, 240,  inciso  2º,  241,  numerales  10  y  11,  y 27 del Código Penal; cargo que fue  rechazado por el prenombrado.   

         Asimismo,  a  instancia  de  la Fiscalía, el imputado fue afectado  con    medida    de   aseguramiento   de   detención   preventiva   en   centro  carcelario.   

         Cabe  anotar,  que  en  relación  con  Brayan  Andrés Guzmán, el  delegado  del  ente  acusador  retiró la solicitud de legalización de captura,  imputación y medida de aseguramiento.   

         2.  El  30  de  diciembre  de  2014,  se  radicó  el  escrito  de  acusación  y, el 27 de marzo de 2015, ante el Juzgado  Noveno  Penal  Municipal con Función de Conocimiento de Bogotá, se cumplió la  audiencia   respectiva,  en  la  que  se  reiteró  el  cargo  atribuido  en  la  formulación de imputación.   

         3.  En  la fecha señalada para realizar  la     audiencia    preparatoria    –8   de   mayo   de   2015–,  Fiscalía  y acusado presentaron preacuerdo a consideración del  juez  de  conocimiento,  de  conformidad  con el cual Juan Carlos Niño Torralba  aceptó  su  responsabilidad  en  el  delito  objeto  de acusación, a cambio de  recibir   una   rebaja   de   pena   del   8.33%,   siendo   éste   el   único  beneficio.   

         Efectuado  el  respectivo  control  judicial al preacuerdo en cita,  por  encontrarlo  ajustado  a  la  legalidad,  el juez le impartió aprobación,  anunció  el  sentido  de  fallo de carácter condenatorio y corrió el traslado  contemplado  en  el  artículo 447 de la Ley 906 de 2004, cumplido lo cual fijó  fecha para llevar a cabo su lectura.   

         4.  El  30  de  julio  siguiente, dictó  sentencia  por cuyo medio condenó a Juan Carlos Niño Torralba como coautor del  ilícito  de  hurto  calificado agravado en  la modalidad de tentativa por el que fue acusado, imponiéndole  como  pena principal 66 meses de prisión y la accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo término de la  sanción  restrictiva  de  la  libertad;  asimismo,  le negó el subrogado de la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y el sustituto de la  prisión domiciliaria.   

5.  Apelada  la  anterior  decisión  por el defensor del procesado, en fallo adiado 2 de octubre  de  2015,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá lo confirmó integralmente.    

         6. Contra esa determinación, el abogado  que  representa  los intereses del condenado Niño Torralba interpuso recurso de  casación,     cuya     admisibilidad     es     el    objeto    del    presente  pronunciamiento.   

SÍNTESIS   DE   LA  DEMANDA   

         Sin   reparar   en   los   fines   que   persigue  con  el  recurso  extraordinario,  el  demandante  formula  un  reproche  contra  la sentencia del  Tribunal  al  amparo de la causal prevista en el numeral 2º del canon 181 de la  Ley 906 de 2004, que se sintetiza de la siguiente manera:   

         Manifiesta  que  el  fallo  impugnado  se  profirió  en  un juicio  viciado  de  nulidad  por  afectación  sustancial  del  debido proceso y de las  garantías  de  su  prohijado,  concretamente  la posibilidad que éste tiene de  obtener  una  rebaja  punitiva  por reparación del daño (art. 269 C.P.), vicio  que  afirma  se  originó  en  la  actuación  irregular  del  juez  a quo en la  audiencia  de  lectura  de fallo, dado que al negar a la defensa la petición de  «dar   una  espera  a  fin  de  hacer  efectiva  la  indemnización»,  pues  la  persona  que  traía  el  dinero  aún  no  se  había  hecho  presente  en  la  sala donde se cumplía la  diligencia,  «no  se  permitió el resarcimiento del  daño   causado   a   la  víctima  y,  de  contera,  el  descuento  punitivo…  indicado».   

         Considera  desacertado  el  argumento  del  juez  colegiado,  en el  sentido  de  que no se dio la alegada vulneración de derechos fundamentales del  acusado,  pues  éste  contó  con  un  término  más  que  suficiente  para la  cancelación  de los daños causados al ofendido, dado que en su opinión lo que  sucedió  fue  que,  en  la audiencia de lectura de fallo, el juzgador de primer  nivel  «no  permiti[ó]  el  pago de los perjuicios,  situación  que  desencadenó  el desmedro para la víctima y el procesado, pues  la  primera  no fue indemnizada y el segundo no pudo recibir la rebaja [de pena]  referida».   

         Luego  de  aludir  a los principios que rigen las nulidades, de los  cuales  destaca el de protección, ya que estima «que  no  es  posible  indicar  que en forma alguna el procesado o su defensa técnica  hayan   dado   lugar  a  la  creación  del  error  que  lleva  a  invalidar  la  actuación»,  el  censor  reitera  que,  según  lo  anotado,  se configura irregularidad sustancial que quebranta el debido proceso,  por  lo  que  solicita  a  la  Corte  casar  el  fallo impugnado y, en su lugar,  declarar  la nulidad de la actuación a partir del proferimiento de la sentencia  de  primer  grado,  inclusive,  para  posibilitar que el procesado indemnice los  perjuicios y obtenga la rebaja respectiva.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. De acuerdo con  lo  normado  en  el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el recurso de casación  se  concibe  con el doble propósito de servir de control constitucional y legal  de  las  sentencias  proferidas en segunda instancia en procesos adelantados por  delitos, cuando afecten derechos o garantías procesales.   

Claramente  se  advierte  que  la  citada  codificación  no  establece  que  el  delito  de que se trate tenga previsto un  mínimo   de   pena  legal,  como  exigencia  para  acceder  a  la  impugnación  extraordinaria,  ni  señala  unos  requisitos  formales  que  deba  cumplir  el  libelo.   

Sin  embargo,  según lo tiene decantado la  jurisprudencia  de  la  Sala,  la  demanda  no  puede  elaborarse  utilizando un  discurso  de libre composición, ni la casación penal puede entenderse como una  instancia   adicional   para   debatir   aspectos   que  ya  fueron  materia  de  controversia, o como facultad ilimitada para revisar el proceso.   

Por  el  contrario,  de  acuerdo  con  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  para  que el libelo sea admitido se  requiere  que  el recurrente (i) cuente con interés para impugnar; (ii) indique  la  causal  conforme  a la cual se estructura el reproche de las contempladas en  el  artículo  181  ibídem;  (iii)  postule y desarrolle el cargo siguiendo los  requisitos  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  que  contemple  el motivo  casacional  escogido;  (iv)  acredite  a  través  de  la  censura  formulada la  vulneración   de   derechos  fundamentales;  y,  finalmente  (v)  demuestre  la  necesidad  de  la  intervención  de  la Corte en orden a alcanzar alguno de los  fines  señalados  en  el artículo 180 ibídem, valga decir, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación  de la  jurisprudencia.                

         Además,  en  la postulación y desarrollo de los cargos la demanda  debe  observar  los  principios que gobiernan la impugnación extraordinaria, en  especial  los  de  coherencia,  claridad y precisión, prioridad, autonomía, no  contradicción,  sustentación suficiente y crítica vinculante, por lo cual, en  orden     a     demostrar     los     errores    in  iudicando  o  in procedendo  en que haya podido incurrir el fallador, no es viable  argumentar  a  la  manera  de  un  alegato  de instancia, sino de acuerdo con la  dialéctica  propia  del  recurso  de  casación, evidenciando su trascendencia.   

Ahora,  sin  perjuicio  de lo dicho, la ley  otorga  a  la  Sala  de  Casación  Penal de la Corte la facultad de superar los  defectos  de  la  demanda  para  decidir de fondo en aquellos eventos en que los  fines  de  la casación, su fundamentación, posición del impugnante dentro del  proceso e índole de la controversia planteada, así lo ameriten.   

Significa   lo   anterior,  que  dada  la  preponderancia  de los fines del recurso extraordinario en la sistemática de la  Ley  906  de  2004,  aun cuando la demanda de casación no reúna las exigencias  formales  y sustanciales, la Corte puede superar sus defectos y decidir de fondo  el  asunto  si  lo  advierte  necesario para garantizarlos; y de igual forma, no  obstante  cumplir  el libelo los requisitos de lógica y debida fundamentación,  procede  su inadmisión si de acuerdo con dichos fines no se precisa de un fallo  de mérito.    

         2.  Atendiendo  a  lo dicho, desde ya la  Sala  anuncia  que inadmitirá la demanda, por cuanto además de la omisión del  libelista  de  referirse  a los fines que persigue con el recurso extraordinario  de  casación,  previstos  en  el  artículo  180  de  la  Ley  906 de 2004, son  evidentes  los  desatinos de lógica y adecuada fundamentación que se advierten  en   la   postulación   y  desarrollo  del  reparo  propuesto,  según  pasa  a  explicarse.    

         Sostiene  el  defensor  del  acusado  que el vicio de garantía que  denuncia  se  origina  en  la actuación irregular del juzgador de primer grado,  quien  en  desarrollo de la audiencia de lectura de fallo, negó a la defensa la  solicitud  de «dar una espera a fin de hacer efectiva  la  indemnización»,  pues  la persona que traía el  dinero  aún  no  se  había  hecho  presente  en  la  sala donde se cumplía la  diligencia,   con   lo  cual  «no  se  permitió  el  resarcimiento  del  daño  causado  a  la  víctima  y, de contera, el descuento  punitivo… indicado».   

         Sobre  la  censura  formulada,  resulta  oportuno  recordar  que la  jurisprudencia  de  la Sala ha considerado que aun cuando la nulidad no requiere  cumplir  elevadas  exigencias  argumentativas  en  orden  a su acreditación, es  carga  de  quien  la  alega  proceder con precisión y claridad a identificar la  clase  de  irregularidad  sustancial que determina la invalidación; señalar si  se  trata  de  un  vicio  de  estructura  o  garantía; plantear sus fundamentos  fácticos;  indicar  los preceptos que considera conculcados; expresar la razón  de  su quebranto; y, especificar el momento de la actuación a partir de la cual  se produjo el vicio.   

         Asimismo,  compete  al  impugnante  informar  la  cobertura  de  la  invalidez,  evidenciar que procesalmente no existe manera diversa de restablecer  el   derecho  afectado  y,  lo  más  importante,  comprobar  que  la  anomalía  denunciada  tuvo  injerencia  perjudicial  y  decisiva  en  la  declaración  de  justicia   contenida    en    el    fallo    impugnado   –principio     de  trascendencia–, dado que  el  recurso  extraordinario  no  puede  fundarse  en especulaciones, conjeturas,  afirmaciones   carentes   de   demostración   o   en  situaciones  ausentes  de  quebranto.   

         Además,  exige  tener  en  cuenta  los  principios  que  rigen esa  materia,  por  lo  cual debe quedar claro que: i) se trate de uno de los motivos  expresamente  contemplados  en  la ley –taxatividad–;  ii)  afecte de manera real y cierta las garantías fundamentales  o    altere    las    bases    esenciales    de   la   actuación   –trascendencia–;  iii)  el acto tachado de irregular  no   haya   cumplido  su  propósito  –instrumentalidad–;   vi)  quien  la  solicite  no  haya  dado  lugar  al  motivo  de  invalidación              –protección–;   v)   la  irregularidad  no  haya  sido  convalidada  expresa  o  tácitamente   por  el  perjudicado,  siempre  que  no  vulnere  sus  garantías  fundamentales              –convalidación–;  y,  vi)  no haya otra manera de enmendar el agravio –residualidad–.   

         Sobre  la  manera  de acreditar el reproche por nulidad, en CSJ AP,  17 jun. 2015, rad. 45544, esta Corporación expresó:   

Inicialmente  cabe  recordar, que cuando se  invoca  la  causal segunda de casación consagrada en el artículo 181 de la Ley  906  de  2004,  como  ocurre  en  este  caso,  se  asume  que la aspiración del  libelista  es  poner  al  descubierto la presencia de un yerro in procedendo, ya  con  motivo de la violación del debido proceso por la afectación sustancial de  su  estructura,  o  por  el  desconocimiento  de las garantías fundamentales de  cualquiera  de  las partes o intervinientes, por tanto, si bien la Corte, con el  propósito  de asegurar la vigencia de aquel y de éstas, tradicionalmente viene  atemperando   las   exigencias   para   su   formulación,  dado  el  compromiso  constitucional  de  salvaguardarlas,  en  todo  caso, en razón de la naturaleza  extraordinaria  del  recurso  y  debido  a  que  las  causales  de  nulidad  son  taxativas,  ha  señalado que su denuncia impone al demandante una presentación  clara, precisa y debidamente argumentada.   

Adicionalmente,   ha   dicho   que   es  indispensable  que  se  identifique  la  clase de irregularidad que determina la  invalidación  alegada,  se  planteen  los  fundamentos fácticos necesarios, se  indiquen  las disposiciones que se consideren conculcadas y se ponga de presente  el  sustento  del quebranto, amén de que le corresponde al actor especificar el  límite  de la actuación a partir del cual se produce el vicio y, por igual, es  de su resorte fijar la cobertura de la nulidad.   

Ahora,  al  libelista  también  le compete  evidenciar  que procesalmente no existe manera diversa de restablecer el derecho  afectado  que reponiendo la actuación y, lo más importante, debe comprobar que  la  irregularidad  denunciada se proyectó de manera decisiva en la declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo  impugnado,  atendiendo  al  principio de  trascendencia,  pues el recurso extraordinario no está consagrado para intentar  especulaciones,  hacer  conjeturas o lanzar afirmaciones imposibles de constatar  o ajenas a la realidad procesal.   

         Retornando   al  caso  examinado,  la  Corte  no  advierte  que  la  actuación  del  juez  a  quo  en  la  audiencia  de  lectura de fallo configure  irregularidad  sustancial como infundadamente lo postula el casacionista, puesto  que  si bien éste da cuenta del supuesto fáctico en que la funda, valga decir,  que  en dicha oportunidad el fallador de primer nivel no accedió a suspender la  mencionada  diligencia  para  que se concretara la indemnización integral de la  víctima,  que  supuestamente  iba  a  cumplir  el  acusado  Niño  Torralba por  intermedio  de  un  familiar,  hasta ahí llega su labor argumentativa, dado que  incumple  la  carga  de demostrar cómo esa circunstancia truncó el derecho del  prenombrado  a  acceder a la rebaja por reparación prevista en el artículo 269  de la Ley 906 de 2004.   

         En  efecto,  tal  como acertadamente lo destacó el Tribunal, desde  el  mismo  momento  de  la  formulación  de  imputación,  verificada  el  7 de  diciembre  de  2014,  y  hasta  antes  de  proferirse  la  sentencia  de primera  instancia  el  30  de  julio  de  2015, el procesado tuvo oportunidad de reparar  integralmente  los  perjuicios  ocasionados  a Miguel Antonio Duarte Torres, con  ocasión  del  delito  contra  el patrimonio económico del cual fue víctima el  mencionado, pero no lo hizo.       

         En  esa  medida,  resulta  inadmisible  la tesis del demandante que  ahora  pretende  atribuir  a  la  actuación  del  juez  a  quo quien, se itera,  rechazó  la  petición  de  la  defensa  de posponer la audiencia de lectura de  fallo,  la  causa  por  la que su prohijado no accedió a la rebaja punitiva por  reparación,  cuando  es lo cierto que éste contó con cerca de ocho meses para  satisfacer  los  requisitos  previstos en el artículo 269 de la Ley 906 de 2004  que,  valga  destacar,  deben  cumplirse  antes de proferirse el fallo de primer  grado,  lo cual supone, en el procedimiento previsto en la normativa procesal en  cita,  que  la  prueba de la indemnización integral a la víctima se allegue en  la  audiencia  donde se surte el traslado del artículo 447 ídem, pues es allí  donde  las  partes,  entre otros aspectos, presentan las solicitudes atinentes a  la  imposición  de  la  sanción, frente a la cual es evidente la incidencia de  tal  conducta  posdelictual, aun cuando ello no constituye una camisa de fuerza,  pues  la  misma  puede  darse  en cualquier momento del trámite, siempre que no  rebase  el límite legal indicado ut supra1.              

         Por  el  contrario,  en  el  asunto  examinado  se  advierte que el  sentenciador  de  primer  nivel  garantizó  a  cabalidad  la  prerrogativa  del  procesado  Niño  Torralba  a  obtener  el descuento punitivo por indemnización  integral,  según  se  desprende  de  que  en  la  audiencia en la que impartió  legalidad  al  preacuerdo suscrito entre la Fiscalía y el acusado, realizada el  8  de  mayo  de  2015,  luego  de  anunciar  el  sentido  del fallo de carácter  condenatorio  y correr el traslado previsto en el artículo 447 del C.P.P., ante  la  manifestación  del  defensor  del prenombrado, en cuanto a que éste tenía  interés  en  reparar  los  perjuicios  causados  a  la  víctima,  expresamente  señalara  que  en orden a obtener dicho cometido, fijaba para el 30 de julio de  esa  misma  anualidad  la fecha para la audiencia de lectura de fallo, es decir,  casi  tres  meses después, advirtiéndole a dicha parte que esa oportunidad era  el  límite  máximo  para  tal  efecto,  porque si ese día no se acreditaba la  reparación,   procedería   a   dictar   sentencia2.   

         Luego,  no  hay  razón  alguna  para  aducir  que  el  juez  a quo  «impidió»  al  acusado  indemnizar  integralmente a la víctima del delito, pues lo que está demostrado  en  la  actuación  es precisamente lo contrario, esto es, que no obstante dicho  funcionario  judicial  haber  concedido  un  plazo  considerable  para que Niño  Torralba  cumpliera  las  exigencias  del  artículo 269 del C.P.P., y prevenido  éste  de  las  consecuencias  de  un  eventual  incumplimiento,  no efectuó la  anunciada  reparación,  por  causas  que  si  bien  se desconocen, sin duda son  imputables exclusivamente a la voluntad del mencionado.   

         Agréguese  que,  como  lo  refirió  el  ad quem, se ignora si los  familiares  del  procesado  efectivamente  estaban  en disposición de pagar los  perjuicios  a  la víctima el día de la audiencia de lectura fallo, y que si no  se  dio  la  reparación,  fue porque éstos llegaron tarde a esa diligencia; de  donde  se  sigue  que  el supuesto fáctico sobre el cual el censor construye su  discurso  es  abiertamente especulativo, en tanto parte de afirmaciones carentes  de demostración.     

         Finalmente,  cabe  anotar  que  al  margen de que la actuación del  juzgador  de  primer  grado  no  constituye  irregularidad  sustancial  capaz de  vulnerar  las  garantías  del  procesado, según quedó visto, tampoco tiene la  potencialidad  de  afectar  los  derechos fundamentales de la víctima, como sin  razón  lo  sostiene  el  recurrente,  puesto que ésta cuenta con la opción de  promover  el  incidente  de  reparación integral, una vez en firme la sentencia  condenatoria.   

         Así  las  cosas, las protuberantes falencias de lógica y adecuada  fundamentación  advertidas en la demanda, aunado a la falta de demostración de  la censura propuesta, conducen a su inadmisión.   

         4.  Resta señalar que no se observa que  con  ocasión del fallo impugnado o dentro de la actuación se violaran derechos  o  garantías  de  los  intervinientes,  como para que tal circunstancia imponga  superar  los  defectos del libelo en orden a decidir de fondo, según lo dispone  el inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia,  en  los  términos establecidos por la Sala en CSJ AP, 12 dic.  2005, rad. 24322.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Juan  Carlos Niño  Torralba.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, es viable la interposición del mecanismo  de insistencia en los términos precisados por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 CSJ  SP, 19 jun. 2013, rad. 39719.   

2  Audiencia del 8 de mayo de 2015, minuto 21:06.     

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