AP3052-2016(45973)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

AP3052-2016  

Radicación    N°    45973.   

Aprobado acta N° 155.  

Bogotá,  D.C., dieciocho (18) de mayo de dos  mil dieciséis (2016).   

I. MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La  Sala se pronuncia sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  revisión  presentada  por Calixto  Domingo  Ramos Petro, a través de apoderado especial,  contra  la sentencia dictada el 17 de mayo de 2011 por  el  Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial  de Montería, quien confirmó el  fallo  del  30  de  marzo  de  2011 emitido por el Juzgado Penal del Circuito de  Cereté  (Córdoba),  en  el  que  se le condenó a la  pena  principal  de  232  meses  de  prisión  y  24  SMLMV  de multa como autor  responsable de los delitos de homicidio y lesiones personales.   

II. HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

2.1.  Extraídos de la sentencia de primera  instancia se tiene que:   

(…)  [E]l Día 11 de mayo de 2010, siendo  aproximadamente  las  7:45  de  la  noche,  en  la vereda Tierra Seca ubicada en  jurisdicción  del  municipio  de  San  Pelayo,  cuando en la sala de la casa de  habitación  de  la  señora  Lida  Rosa Galinda Díaz, estaba el señor EDUARDO  ANTONIO  MARTÍNEZ  HERNÁNDEZ, y dos infantes de 8 y 12 años de de (sic) edad,  identificados   como   AAA   y   BBB;   estos   últimos  desarrollaban  labores  estudiantiles   que   se  vieron  interrumpidas  ante  la  repentina  impresión  ocasionada  por  la  escucha de un tiro a modo de carpeta navideña que hizo que  los  niños  tomaran diversa reacción, pues el varoncito se escondió debajo de  la  mesa  y  la  niña  enfrentó  la sorpresiva aparición en su estancia de un  hombre  que  disparó contra su padre EDUARDO ANTONIO MARTÍNEZ HERNÁNDEZ y sin  motivo  alguno nuevamente oprimió el gatillo del revolver que portaba, haciendo  blanco  en  4 ocasiones en su humanidad, consiguiendo su cometido de quitarle la  vida  a  la  persona  objeto de su acción dolosa. De los proyectiles de arma de  fuego  disparados en esa noche, uno de ellos lesionó a la menor BBB en el brazo  derecho.   

2.2. Por estos hechos y agotada la actuación  procesal,  con  plena observancia del sistema regido bajo la Ley 906 de 2004, se  profirió,  el 30 de marzo de 2011, por el Juzgado Penal del Circuito de Cereté  (Córdoba),   fallo  por  los  punibles  de  homicidio  y  lesiones  personales,  imponiendo  al procesado como pena principal 232 meses de prisión y 24 SMLMV de  multa.   

2.3  La  Sala Penal del Tribunal Superior de  Montería  confirmó  aquella  decisión  mediante  sentencia  del 17 de mayo de  2011.   

III.      LA  DEMANDA   

3.1.          El          apoderado  de  Calixto  Domingo  Ramos  Petro, luego de realizar el recuento de  los  hechos,  la  actuación  procesal  y  las  partes  intervinientes,  invocó  el  numeral  3°  del  artículo  192  de  la  Ley  906  de  2004, como causal de  revisión.   

3.2.    Enunció    que    BBB,   hija   del  occiso  «fue  inducida  a  afirmar  en  contra  del  señor Calixto  Domingo   Petro   y  ocultar  la  verdadera  identidad  del  asesino»1.  Así mismo,  expresó que en:   

[E]l      proceso      penal     no     se     valoró     (sic)  las  pruebas con el mismo rasero,  en  una  franca violación indirecta de la ley sustancial por desconocimiento de  las  reglas  de producción y apreciación de la prueba, sobre la cual se fundó  la  sentencia.  Hubo  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad de los  testimonios.  No  hubo  el  más mínimo asomo por investigar posibles conductas  desplegadas  por Jamer (sic)  Romero  Banda  y Eder Nel Montalvo Oviedo, a pesar de  la  existencia  de  registros  penales  en  su contra, que obran en las carpetas  penales.  Lo  que  quiere  decir esto, es que si hubiesen apreciado con la misma  observancia  todos  los  testimonios,  se hubiese inferido razonablemente que no  procedía  fallo  condenatorio  en  contra  del  hoy condenado (…)2.   

Adicionalmente,   esgrimió  en    su   escrito   de   demanda   que  «el  ente  acusador, como  las  agencias judiciales de primera y segunda instancia no observaron garantías  procesales   y   del  debido  proceso,  tales   como   apreciar   la   prueba  con  los  indicadores  de  la  (sic) reglas de la lógica  y   de   la   experiencia,   que   le   pedía   al  juez  valorar  los   testimonios   con   la  misma  profundidad  (…)»3.   

3.3.  Por  otra  parte,    aporta    como    prueba    sobreviniente  «declaración           jurada»   de   Eder   Nel  Montalvo  Oviedo,  soportada     en    i)  formato  FPJ-15  de  la  Policía  Judicial (Sijin de  Cereté   –  Córdoba);  y  ii)     acta  suscrita  ante  la  Notaria  Única del Círculo de ese mismo  municipio,   las   cuales  coinciden  en  señalar  a  James    Romero   y   David   Angulo   como  los  responsables  de quitarle    la    vida    a    Eduardo  Martínez.  Lo  precedente, a su juicio, se ajusta al  testimonio  rendido  por  Abel  Antonio  Villa  Guevara,  quien  afirmó  que el  causante  del  hecho  sancionado no fue Calixto Domingo  Ramos Petro.   

Añade que Eder Montalvo Oviedo fue ultimado  en  2013  por  actores al margen de la ley que actúan en San Pelayo (Córdoba),  por  declarar  en  favor  del  esclarecimiento  de  este  proceso  y  ajuste  de  cuentas4, presuntamente.   

3.4.    Con  fundamento  en  lo  expuesto,  solicitó «Revisión  de la Sentencia (…), y en  consecuencia  con  esta  decisión  declararse  sin valor la misma, así como el  decretar  la  libertad (…) del señor Calixto Domingo Ramos Petro, sin imponer  caución  alguna  dada  las  condiciones  de pobreza por la que atraviesa el hoy  condenado,    por    lo   que   se   pide   el   amparo   respectivo».   IV.  CONSIDERACIONES   

4.1. De conformidad con lo establecido en el  numeral  2° del artículo 32 de la Ley 906 de 2004, a esta Sala compete conocer  de   la  acción  de  revisión  presentada  por  el  defensor  de  Calixto  Domingo Ramos Petro, por cuanto es  promovida  en  contra  de sentencia de segunda instancia dictada por un Tribunal  Superior de Distrito Judicial.   

En efecto, se trata del fallo condenatorio de  segundo  grado  emitido  por la Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de  Montería,  a  través  del cual confirmó el proferido por el Juzgado Penal del  Circuito   de  Cereté  (Córdoba),  declarando  la  responsabilidad  penal  del  mencionado      procesado      por      los      delitos     de     homicidio       y      lesiones personales.   

4.2.  Ahora  bien,  la Sala ha sostenido, en  múltiples   oportunidades,   que   la  acción  de  revisión  tiene  carácter  excepcional,  pues,  por su conducto, se busca quebrar la fuerza de cosa juzgada  que  reviste la sentencia, en defensa de la justicia. De allí que el legislador  haya   establecido  no  sólo  causales  taxativas  para  su  procedencia,  sino  requisitos  de forma y fondo en la demanda, que resultan indispensables para que  la   Corte  pueda  pronunciarse  sobre  su  admisión  y  disponer  el  trámite  correspondiente.   

4.3.  De  manera  reiterada    ha   venido   afirmando   la  Sala  de  Casación  Penal  que  por  constituir la acción de  revisión  un  ataque  contra  la  solidez  de  la  cosa  juzgada, no sólo debe  someterse  a  las taxativas causales que para su prosperidad indica el artículo  192  de  la  Ley 906 de 2004 (art. 220 L. 600/00), sino que además requiere del  aporte  de medios de prueba serios, procedentes, idóneos y con suficiente grado  de  credibilidad y trascendencia para conducir a la rectificación del error que  se  le adjudica a la providencia atacada, superando en ella la injusticia que el  actor le atribuye.   

4.4.    De    la    causal    3ª    de  revisión.   

4.4.1.  En  el  presente  caso,  el  defensor  de Calixto Domingo Ramos  Petro  acude  a  la causal 3ª del artículo 192 del  Código  de  Procedimiento Penal, que se refiere al surgimiento de hechos nuevos  o  pruebas no conocidas al tiempo de los debates que establezcan la inocencia de  la persona condenada o su inimputabilidad.   

4.4.2. En orden  a  fundamentar  su  pretensión,  el  demandante  trae  a colación i)   el   supuesto   error  de  hecho  en  que  incurrieron los  jueces   naturales  por  falso   juicio   de  identidad  de  los  testimonios  acopiados;          y          ii)           una           nueva             declaración  emitida  por  Eder Nel Montalvo Oviedo, quien  señaló  –contrario       a              lo             demostrado     en     el    proceso  penal    y   mediante  manifestación     ante    Notario    y    Policía   Judicial-         la        irresponsabilidad  del  procesado  por  el  homicidio  de  Eduardo  Antonio   Martínez   Hernández   y  las  lesiones  personales  producidas  a  la  niña  BBB.   

4.4.3.   Lo  primero     que     debe     señalar    la    Sala    es    que    el   planteamiento   del   solicitante  consistente  en  el supuesto error de hecho por falso  juicio  de identidad de los testimonios, no corresponde  a  la  causal  de  revisión  invocada, ni a ninguna otra de las previstas en el  artículo 192 del estatuto procesal.   

Esa  alegación está encaminada a demostrar  la  ilegalidad  de  los  fallos  de instancia, imprecisiones que de ser válidas  sólo   podrían   cuestionarse   acudiendo   al   recurso   de  casación,  que  efectivamente   interpuso   el   defensor   del   condenado  e  inadmitió  esta  Corporación  considerando,  además,  que  no se evidenciaba la vulneración de  ninguna   garantía   fundamental   de   los   intervinientes   en   el  proceso  penal5.   

Reiteradamente  ha  explicado  la  Sala  que  sustentar  la  revisión  con  motivos  propios  de  la  casación constituye un  despropósito  lógico y jurídico, en consideración a las marcadas diferencias  entre  los  dos  institutos  jurídicos,  no  sólo por sus causales, trámite y  técnica,  sino también porque con la revisión no se busca subsanar errores de  legalidad,  pero  sí  las  injusticias de las decisiones judiciales, por causas  distintas   a   errores   in  iudicando     o    in    procedendo.   

4.4.4.  Extrañamente    se  argumenta    en   la  demanda   que  no  hubo  participación     de    Calixto    Domingo    Ramos  Petro  en  el homicidio de Eduardo Antonio Martínez  Hernández     y     las     lesiones     personales    causadas    a     la     niña     BBB,      porque      Eder   Nel   Montalvo   Oviedo,   quien   no   intervino   en   el  debate,    así    lo    manifestó   ante      Notario     y    la    Policía   Judicial,   con  posterioridad   a   la  emisión de los aludidos fallos.   

Sin embargo, adrede desconoce el accionante  que   precisamente  todos  esos  aspectos  fueron  objeto  de  amplia             discusión  en  las  instancias  y, por  supuesto,    de    consideración    en    los   fallos   demandados,      pues     fueron  desechados  en   la   pertinente   confrontación   dialéctica  propia  de  la  valoración  probatoria,    tras    considerarse   que   lo   expresado   por   la   niña  BBB    ofrecía  completa  credibilidad  y, en consecuencia, llevaba a la  certeza     de    su    actuación    en tales hechos.   

4.4.5.             Entonces,  si  lo  que  ahora  se trae como prueba nueva es apenas  la    declaración  que  efectuó  Eder  Nel  Montalvo  Oviedo  ante el  Notario  Único  del Círculo de Cereté6    y  la      Policía  Judicial7             –documento   este   último   donde  ni  siquiera  es  legible  la  firma  y  el  nombre  del  servidor      público      que      atendió     esa     diligencia–,  para soportar la tesis defensiva  examinada  en el proceso y  dejada  de lado por los falladores, el asunto no remite a demostrar la inocencia  del  condenado  sino que  trata  de  socavar  los  fundamentos  de  las  sentencias,  pasando por alto que  están  ejecutoriadas   y   se  encuentran  revestidas  de  una  doble  connotación  de  acierto  y  legalidad,  aspectos  esenciales  que  difícilmente podrían          desvirtuarse          con          la   nueva  declaración  reafirmante  de  una  hipótesis  que,  contrario a lo que afirma  el    demandante,    sí   fue   objeto    de   la   valoración   probatoria  efectuada  por las instancias.   

Es  más,  lo  declarado     por     la    niña    BBB,  en   el   curso  del  proceso  penal,  descarta  la singular propuesta del  defensor,     toda    vez    que,    siendo  ella  también  víctima en el  mismo  instante de los sucesos narrados, fue  quien  exclamó  al  victimario  que no le causara daño a su  padre8.   

4.4.6.  Desde  luego,  la  naturaleza y finalidades de la acción de revisión no pueden servir  de  escenario  a  un  nuevo  debate  probatorio o controversial, como quiera que  siempre  será  posible  allegar  más  elementos  de  juicio  o tesis novedosas  encaminadas  a  demeritar  las  razones  que  motivaron  la  condena   o,  cuando  menos,  fortalecer  la  postura contraria.   

4.4.7.     No     obstante,  cuando  se pretende dejar sin efecto  la   cosa   juzgada   es   imprescindible   que  lo  anexado  comporte  una  objetividad  y  trascendencia  tal,  que su sola auscultación permita verificar  evidente  el  yerro judicial o evidencie la comisión  de  una  injusticia  que  requiere remedio. Lo otro,  vale  decir,  la  presentación de pruebas más o menos pertinentes que soportan  una   posición   contraria  a  la  del  juzgador,  no  pasa  de  constituir  un  insustancial  intento  por revivir debates clausurados, tratando de perpetuar la  discusión  y  dejando de lado el efecto benéfico de  los  principios  de     seguridad     jurídica     y    confianza  legítima.   

4.4.8.  En  el presente caso, se itera, la tesis aducida por  la   defensa   en   el   curso   del  proceso  ordinario  se  basó  en  que  su  representado no   fue   quien   propició   la   muerte   a  Eduardo  Martínez  Hernández,   para   lo   cual   presentó  pruebas  testimoniales  que   se   encaminaban   a   demostrar  que el 11  de   mayo   de   2010   estaba   en   «su   casa   de  habitación  recostado  en  su  hamaca»    y  «dispuesto  a  conciliar  el  sueño»9,  aunado a  que  se  dedicó a controvertir las de la Fiscalía,  especialmente    el   testimonio   de   la   citada  niña,  quien  lo   delató   en   el  juicio.   

4.4.9.  Todos  esos  elementos  fueron  contrastados por los  falladores,  particularmente el testimonio de la hija  del     de    cujus,  quien  afirmó,   insistentemente,   sobre   la     conducta    desplegada    por  Calixto Domingo Ramos Petro  para  propiciar  la defunción de su progenitor. Así  se refirió a tales aspectos la primera instancia:   

Respecto  de  este objetivo de la defensa,  solo  quedó  la incertidumbre, pues todos ellos [los  testimonios  aportados por la defensa] se cifraron en  detalles  tan  precisos  tales  como  la  hora  que  distrajera la presencia del  procesado  en  el  momento  y  lugar  del  evento;  así  como las fechas que no  pudieron   concretar   al   ser   interrogados  por  la  fiscalía  (sic)   a  efectos  de  desvirtuar  la  memoria   falaz  de  estas  personas  que  pretendieron  levantar  una  realidad  diferente    de    la    verdad    dispuesta    por    la   menor   BBB.  Todos  dieron  detalles precisos  acerca  de  la  presencia  del  procesado en su casa de habitación la noche del  día  11  de  mayo  de  2010,  pero ninguno de ellos consiguió echar de lado el  testimonio de la hija de la víctima del homicidio en este evento.   

Esta  realidad  probatoria  tan claramente  demostrada,  supera  cualquier  ardid  que tuviere la defensa tendiente a lograr  desvirtuar    la    teoría    del    caso    de   la   fiscalía   (sic).   Lo   anterior  sin  dejar  de  lado  que  BBB  no  está  sola  en  la actividad  probatoria  de  la  responsabilidad de CALIXTO DOMINGO RAMOS PETRO, en la muerte  de  EDUARDO  ANTONIO  MARTÍNEZ  HERNÁNDEZ, pues la acompaña LIDA ROSA GALINDO  DÍAZ,  quien  puede  considerarse  como  testigo  directo  en este caso, ya que  personalmente     y     sin     pretenderlo,     escuchó     a     BBB,  cuando  instantes  después  de  ocurrido  el  evento  señaló  sin  lugar a equívocos, a CALIXTO DOMINGO RAMOS  PETRO,  como  el  hombre  que  le  quitó  la  vida  a EDUARDO ANTONIO MARTÍNEZ  HERNÁNDEZ,  información  que  trató  de  catapultar  LIDA ROSA GALINDO DÍAZ,  cuando  le  exigió  a la menor que no repitiera lo percibido en esa noche y que  por  poco  le  cuesta  la  vida  si no acude a hacerse la muerta sobre su padre,  luego de recibir el impacto de arma de fuego en su brazo derecho.   

El    testimonio    de    BBB,  le  ofrece  total  crédito  al  despacho,  ya  que la tranquilidad con la que expuso lo vivido por ella, unido a  su  comportamiento  sosegado  que  guardó  en  todas  sus  respuestas, permiten  asegurar  su  gran  capacidad de memoria con la que en efecto logró identificar  plenamente  en esta audiencia a CALIXTO DOMINGO RAMOS PETRO, con la certeza más  allá    de   toda   duda   de   quién  efectivamente  presenció  el  momento en que dieron muerte a su  padre,  resultando  igualmente  víctima  de  las  lesiones personales agravadas  padecidas        en       su       humanidad.10   

Cuestiones que fueron igualmente debatidas  en segunda instancia y ratificadas por el Tribunal:   

Es  incuestionable  entonces,  que  el  abogado  defensor,  a  soslayo  de la prueba  citada,  de  la que se ha dicho que es articulada y coherente, invoca argumentos  fútiles  para  crear  un  estado dudoso totalmente inexistente, en tanto que no  presentó  razones  serias,  con  referente probatorio cierto, que le permitiera  especular  hipótesis  alternativas  a  lo  afirmado  por  la menor BBB   y,  entonces,  acude  a  criticar  dicho  testimonio  sin  indicar  cuáles  son  las  razones  que  tiene ella para mentirle a la justicia  sobre un hecho tan grave.   

En coherencia con la tesis de la Fiscalía  y  con  los  argumentos  del  señor  Juez  de  Primera  instancia,  este cuerpo  colegiado   encuentra   totalmente   errático  el razonamiento del abogado defensor cuando trata de hacer  aparecer  un  estado  de  duda probatoria en la actuación, lo que no es cierto,  pues  como  ya  se dijo, el testimonio de la menor es  contundente,  mírese  como  en  todas  sus  intervenciones en juicio oral nunca  dudó  en  señalar  a  CALIXTO  RAMOS  como el autor de las conductas ilícitas  aquí  juzgadas.  No  obstante  su  edad,  doce  años, la sala encuentra que su  dicho  es  claro,  ponderado, seguro, sin  dubitación,  razón  por la que no se puede soslayar de manera  olímpica,  como  lo  pretende  el  togado;  y es que, además, la sala no puede  olvidar  que  ella también fue víctima en este caso concreto, pues el homicida  la lesionó en un brazo.   

(…)  

De  lo  dicho  en  precedencia,  se  puede  concluir,  que  el  dicho  de  la  menor  es  digno  de  toda  credibilidad y es  suficiente  para demostrar que el acusado fue el autor de las conductas punibles  aquí                  investigadas11.   

4.4.10.  Por    lo    tanto,    la   alegada   ausencia   del   victimario   en   el  lugar  y  tiempo de los hechos narrados fueron  ampliamente  discutidas  en  el  proceso penal,  pues  quedó  acreditado  que  Calixto  Domingo  Ramos  Petro fue quien ocasionó la muerte a  Eduardo  Martínez  Hernández  y  las  lesiones  en  la  humanidad  de la niña  BBB.   

4.4.11.  No  es  posible  que  ahora  se  pretenda reabrir el  debate  sobre  una  tesis  derrotada,  entre  otras  cosas  porque  lo sostenido  en   la   demanda   no  demuestra    la   inocencia   del   condenado;  únicamente  entrega  unos elementos con los que pretende continuar apoyando  la  tesis defensiva, los que  por    sí    mismos    no    derrumban    la   justeza   de   la   sentencia  ni determinan otro panorama  probatorio,   dado   que,   se   repite,  los  falladores  les  dieron  completa  credibilidad  y  efectos incriminatorios a las pruebas testimoniales presentadas  por  la  Fiscalía, en particular el testimonio de la  referida   niña,   sin   que   esas  consecuencias  desaparezcan  bajo  la  justificación que  ahora  otro  testigo  conceptúe  que  el  procesado  no fue  quien    ultimó   a   Martínez   Hernández;   ni  porque,  a  juicio  del  accionante   en  revisión,  las  instancias  dejaron  de  valorar  los   testimonios  en  su  integridad.   

4.4.12. Además,  dicho  testigo no fue directo sino de oídas, lo cual  le  resta valor probatorio y credibilidad, pues en el  contenido  de  las declaraciones expresó que el presunto homicida le manifestó  que    él    fue    quien   había   acabado   con   la   vida   de   Martínez  Hernández    y    no   el   condenado.   

4.4.13.   Debe  entender     el     peticionario     que  siempre será posible encontrar testigos o pruebas en general  para    hacer   más  contundente   una   determinada  tesis  defensiva  u  ofensiva,  para  contraponerla  a aquella que en los  estrados  judiciales  salió  avante.  Pero  el  proceso  penal  y, en concreto,  los principios  de  seguridad jurídica    y    confianza    legítima   se  desnaturalizan  por completo si esa sola circunstancia pudiera derrumbar la cosa  juzgada  o  facultara  adelantar  un  nuevo  trámite  encaminado  a dejarla sin  efecto.   

4.4.14.  De esta  manera   cobra   relevancia   lo   expuesto   en   ocasión   anterior   por  la  Sala:   

Precisamente, la condición de cosa juzgada  busca  proteger  valores  como  los  de  la  seguridad  jurídica, definiendo un  momento  concreto  en  el que el debate o discusión probatoria se hacen inanes,  dado  que  siempre  será  posible, con mayores o mejores argumentos, razonar en  contrario   de   lo   decidido   y,  por  esta  misma  vía,  habrá  múltiples  oportunidades  posteriores en las que unos u otros testigos que no comparecieron  al  proceso, manifiesten conocimientos más o menos cercanos a lo sucedido, que,  conforme  la particular interpretación o intereses de quien los escuche, puedan  conducir  a diversas interpretaciones acerca de la concreta intervención de los  condenados.   

Pero,  esas  circunstancias no son las que  validan  acudir  al  mecanismo  excepcionalísimo  de  controversia  dirigido  a  derrumbar  la  cosa  juzgada,  en  tanto,  si  así  fuese,  perdería  éste su  condición  especial y siempre sería posible acudir ante la judicatura para que  se  hagan  reexámenes  impertinentes  de  lo  probado  y decidido. (CSJ  SP,  30  abr.  2008, rad. 25132, reiterada en CSJ SP, 7 nov.  2013, rad. 42142).   

4.4.15. Así las  cosas,    la   presentación   de   un   testimonio  en  esta  acción  excepcional, el cual contradice   los   ventilados  en  el  juicio  oral,   y  la  simple  afirmación  que  es  una  prueba  nueva  y  desconocida  al tiempo de los  debates,  porque  –desde  la         particular         perspectiva        del        defensor–   no   fue   valorada   por   las  instancias,   de   ninguna   manera   exhiben   la  contundencia  necesaria  que  invariablemente  conduzca  a  verificar  que  la  sentencia  condenatoria  está  errada,  o  que  es  ajena al valor de la   justicia,   en   tanto,   representan   apenas  unos  elementos  probatorios  que  la  defensa no pudo controvertir, buscando que hoy se tomen en  cuenta  aisladamente,  como  si en contrario otras más significativas probanzas  no hubiesen sido allegadas.   

4.4.16.  La  razón de ser de la acción de  revisión  es  la  de  subsanar los defectos materiales de aquellas providencias  que  ponen  fin  al  proceso  penal, tanto en la instrucción como en el juicio,  proferidas  en  contravía  de una recta administración de justicia, atendiendo  al  interés  general  de  la  verdad  y  justicia  como forma de garantizar una  convivencia  pacífica  y un orden justo para el conglomerado social. Pero no es  un   mecanismo   para   revivir   debates  finiquitados,  sino  la  justicia  en  su dimensión positiva, para  evitar que se condene a inocentes o se absuelva a los responsables.   

4.4.17. Por lo tanto, al no tener la prueba  aducida  el  poder  de  desvirtuar  el  juicio  de  reproche  recaído  sobre el  condenado,   la   condición   de   res   iudicata,  que  ampara  la  decisión  atacada, se alza incólume  frente a los alegatos del demandante.   

4.5.  En  razón  a la manifiesta y objetiva ausencia de idoneidad de  la  demanda  propuesta,  así  como  de  la  inobservancia  de  los presupuestos  sustanciales     de     admisibilidad,    es    el  rechazo  del  libelo  la  solución  que  se  impone  adoptar (CSJ AP, 26 feb 2014 Rad. 40168).   

En  mérito de lo expuesto, la Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal,   

  V.   R E S U E L  V E   

INADMITIR  la  demanda  de  revisión  presentada  por  el  apoderado  especial  de  Calixto  Domingo Ramos Petro.   

Contra  esta decisión procede el recurso  de reposición.   

Notifíquese y cúmplase.  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

LUIS BERNARDO ALZATE GÓMEZ  

Conjuez  

GUILLERMO ANGULO GONZÁLEZ  

Conjuez  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

RICARDO POSADA MAYA  

Conjuez  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 Cfr.  Folio 6 de la demanda de revisión.   

2 Cfr.  Folio          15          Ibídem.   

3 Cfr.  Folio 16 Ibídem.   

4 Cfr.  Folio 15 Ibídem.   

5  Cfr.     Folios     85     a    94    Ibídem.   

6  Cfr.     Folios     72     a    73    Ibídem.   

7  Cfr.     Folios     74     a    76    Ibídem.   

8  Cfr.        Folio        49        Ibídem.   

9  Cfr.        Folio        66        Ibídem.   

10  Cfr.     Folios     66     a    67    Ibídem.   

11  Cfr.     Folios     2     a     45    Ibídem.     

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