AP2313-2016(47618)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

Magistrado Ponente  

AP2313-2016  

Radicación N°47618  

(Aprobado   Acta  No.130)   

Bogotá D.C., veinte (20) de abril de dos mil  dieciséis (2016).   

Se pronuncia la Sala sobre la admisión de la  demanda  de  casación  presentada por el procesado       ÓSCAR      PERLAZA  ARBOLEDA    contra   la  sentencia   dictada  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito       Judicial      de      Cartagena      el      5      de     agosto     de     2015,  mediante  la cual confirmó  la    proferida   por   el   Juzgado   Primero  Penal del Circuito Adjunto   de   la   misma   ciudad   el  20   de   marzo   de   2013,    que  condenó al procesado por el delito  de    fraude   procesal.   

Hechos  

El  12  de septiembre de 2OO5, LUIS  IGNACIO LYONS ESPAÑA, en condición de apoderado judicial de  la  Sociedad  Portuaria  Regional  de Cartagena, denunció penalmente al abogado  ÓSCAR  PERLAZA  ARBOLEDA  de  haber  incurrido en el delito de fraude procesal,  al   promover  contra  la  sociedad,    en    el    año   2004,   repetidas      demandas     laborales  y   civiles   para   la  reclamación     de    indemnizaciones,    donde    los    hechos,    los   sujetos   procesales   y   las  pretensiones     eran    las    mismas,   a  sabiendas  de  que  ya  habían sido decididas o que   existía  pleito  pendiente.    

Actuación  procesal  relevante       

1.  La fiscalía  vinculó  al  proceso  mediante indagatoria al abogado  ÓSCAR  PERLAZA ARBOLEDA y 4 de mayo de 2011 calificó  el  sumario con resolución de acusación en su contra  por  el  delito  de  fraude  procesal,  tipificado  en  el  artículo  453 del Código Penal. Esta  decisión causó pacífica ejecutoria  el       16       de       mayo      siguiente.1   

2.  Rituado  el  juicio,  el  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito de  Adjunto  de  Cartagena condenó a ÓSCAR PERLAZA ARBOLEDA a las penas de 4 años  y     6    meses    de    prisión,    multa  equivalente  a  300  s.m.l.m.v., interdicción de derechos y  funciones   públicas   por   el   término  de  cinco  (5)  años  e  inhabilitación  para el ejercicio de  la  profesión  de  abogado  por  el mismo término.2   

3.  Apelado este  fallo  por  el  procesado  y  su  defensor,  el  Tribunal Superior de Cartagena,  mediante  el  suyo de 5 de agosto de 2015, que ahora el primero de ellos recurre  en casación, lo confirmó en todas sus partes.   

La demanda  

Con fundamento en la causal prevista en el  numeral   primero,   cuerpo   segundo,   del   artículo   207  de  la  Ley  600  de  2000,  el demandante  acusa  la  sentencia  impugnada  de  violar en forma  indirecta  la  ley  sustancial,  debido  a un error de hecho por falso juicio de  identidad.  Como  normas  infringidas  cita los artículos 7°, 10° y 232 de la  Ley  600  de  2000, y 27, 29 y 31 de la Ley 599 del mismo año.    

En el capítulo  destinado  a  la demostración del cargo sostiene que  los       juzgadores       no      valoraron      las      declaraciones  de  los  testigos  LEWIS ANTONIO  PEÑARANDA  PÉREZ,  LINO ALFARO CHICO, DILSILA CHÁVEZ, RAFAEL RODRÍGUEZ, JUAN  GREGORIO  LEMUS VALENCIA y otros, quienes    manifestaron  que sus demandas eran justas, porque venían laborando al servicio  de  COLPUERTOS  desde  tiempo  atrás,  y que cuando esta empresa se quebró por  malos   manejos  pasaron  a  prestar  sus  servicios  portuarios  como  coteros,  wincheros  y  descargadores  de  tractomulas en las instalaciones de la Sociedad  Portuaria.   

   Argumenta    que    de   esta   situación   fue   informado   en  su  momento  el  presidente  de la  república  doctor  CÉSAR  GAVIRIA  TRUJILLO,  y  todos  los presidentes que le  sucedieron,  de  suerte  que  “si  la  negativa para atender y reconocer estos  derechos  a  estos  ancianos  trabajadores,  se  hace  con mala fe, y para hacer  violencia,  y  aplicar  en  Colombia  esa  desastrosa  pena  perpetua contra los  derechos  del hombre, de la mujer y de la familia, es  decir  se  viola  el  artículo  25  de  la Carta Magna, que nos enseña: Que el  trabajo  es fuente de paz y alegría y sanidades en la vida de la sociedad y del  trabajador”.   

Afirma  que  los juzgadores tergiversan la  verdad  procesal  e  incurrieron  en  un  falso juicio de identidad al tener por  cierto  lo  narrado  por  el  apoderado  de Sociedad Portuaria en la denuncia, y  que  de  no  haberse  configurado  estos  errores de  apreciación,  la  decisión  habría  sido  distinta,  por cuanto no se hubiera  desembocado   en   una  aberrante injusticia contra seres humanos inocentes.   

Sustentado   en   estas  consideraciones  solicita  a la Sala casar  la    sentencia    impugnada    y    dictar    en    su   lugar   una   de   reemplazo,   de   carácter  absolutorio,  por ser inocente, y porque la pena para  el  delito  imputado  ya  prescribió,  y  porque además ya fue cumplida, y por  haber  incurrido  los  juzgadores en un falso juicio de identidad al       tergiversar       la       verdad      procesal.    

Concluye   diciendo   que   al    proceso    fue    aportada la  declaración  del  doctor GUSTAVO FLÓREZ DULCEIS, quien ante el Juzgado Tercero  Laboral  del  Circuito  de Cartagena, en el proceso de LEWIS PEÑARANDA y otros,  manifestó  que  la  Sociedad  Portuaria  recibió instrucciones de colocar como  operadores  portuarios  a las Cooperativas COOWINCHEROS, COOSENAPOR y ECOSERPOR,  “para  que ellos les pagaran los servicios portuarios de pólizas de seguros y  seguridad  social  a sus patronos, para aminorar los gastos de seguridad social,  para  que  la  empresa  pudiera  salir  adelante,  y  no se fuese a quebrar como  FONCOLPUERTOS”.   

Alegaciones      de     los     no  recurrentes   

La    apoderada    de   la  parte  civil  se  opone  a las pretensiones del casacionista por  estimar,   de  una  parte,  que  los  hechos  denunciados  quedaron  debidamente  demostrados  en  el proceso, puesto que el abogado PERLAZA ARBOLEDA  indujo  en  error  a  varios  jueces  laborales  y  civiles de Cartagena al presentar un  sinnúmero  de  demandas  con  identidad  de  sujetos,  causas,  pretensiones  y  afirmaciones  que no correspondían a la verdad, y de  otra,  que no cumplía con la carga de establecer con  claridad  y  precisión  la causal o causales en que sustentaba la impugnación,  ni  los  errores  en  que  habían  incurrido  los juzgadores.    

SE         CONSIDERA   

La Corte inadmitirá la demanda de casación  que  se  estudia  por  no concurrir el presupuesto punitivo previsto  en el  artículo  205 de la Ley 600 de 2000 para la procedencia de la casación común,  que  el  demandante  propone,  y  porque  no  cumple  las exigencias mínimas de  idoneidad  formal y sustancial exigidos para su admisión a trámite por la vía  alternativa de la casación discrecional.   

        El  artículo  205  de  la  Ley 600 de 2000, estatuto aplicable al  caso  por  la fecha en que ocurrieron los hechos, establece como condición para  la  viabilidad  del  recurso  de   casación  que  el  delito por el que se  procede   tenga   señalada   pena   privativa   de   la  libertad  cuyo máximo exceda de ocho (8) años.   

          Este  presupuesto  punitivo  no se cumple en el caso que se estudia,  porque  el  artículo  453  del  Código  Penal,  que define el delito de fraude  procesal,  por el cual fue condenado el procesado, tiene adscrita pena privativa  de la libertad cuyo máximo no supera los ocho (8) años.   

          El  demandante  contaba  con la alternativa de acudir a la casación  discrecional,  de  acuerdo  con  lo  previsto en el inciso tercero del ya citado  artículo  205,  pero  no se esfuerza en hacerlo, ni ajusta su fundamentación a  las exigencias de la norma.    

El  mencionado  precepto  permite  a la Sala  admitir  discrecionalmente  la  demanda  cuando  no  concurren  los presupuestos  exigidos  para  la  procedencia  de  la  casación  común,  pero  exige  que el  demandante  cumpla  dos  condiciones,  (i)  demostrar que la intervención de la  Sala    es   necesaria  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  protección  de  las  garantías  fundamentales, y (ii) presentar una demanda en  forma,   sustancialmente   apta   para   la   realización   de  los  fines  que  persigue.   

Estas exigencias no las cumple el libelista,  pues  en relación con la primera ningún argumento presenta para persuadir a la  Sala  de  la  necesidad  de  su  intervención  con  el  fin  de  desarrollar la  jurisprudencia  o amparar las garantías fundamentales, y en cuanto a la segunda  son   manifiestos  los  vacíos  y  errores  de  fundamentación  que  el  cargo  contiene.        

La  Corte ha sido insistente en sostener que  el  error  de hecho por falso juicio de identidad se presenta cuando el juzgador  distorsiona  el  contenido material de la prueba porque le atribuye afirmaciones  o   negaciones  que  no  contiene  (distorsión  por  adición),   o   cercena   su   expresión   material  (distorsión     por    cercenamiento),  o  cambia su literalidad (distorsión  por  trasmutación), haciendo que la prueba diga lo que  su contenido realmente no expresa.    

Siendo este su marco conceptual, demostrarlo  impone   al   demandante  seguir  una  secuencia  argumentativa  acorde  con  su  estructura  lógica,  que  incluye identificar la prueba en la cual se presentó  el  error, indicar qué expresiones de su contenido fueron agregados, cercenados  y  transliterados  por  el juzgador, precisar qué afirmaciones en concreto, que  la  prueba  no  contiene,  se hacen en la sentencia, y demostrar qué incidencia  tuvo  la distorsión denunciada en el sentido de la decisión.      

Estos, sin embargo, no son los derroteros que  la  demanda  secunda, pues el casacionista, como se dejó visto,  se limita  a  sostener  que  los  juzgadores  tergiversaron la verdad procesal al tener por  cierto  lo  narrado  por el apoderado judicial de la Sociedad Portuaria Regional  de  Cartagena  en  la denuncia, sin decir en concreto de qué manera cercenaron,  adicionaron  o  transmutaron  el  contenido material de las pruebas, ni por qué  las   afirmaciones   del   denunciante   sobre   la  presentación  de  demandas  consecutivas por los mismos hechos contrarían la verdad.    

En  la  labor de sustentación del ataque lo  único  que  dice  es  que  los  juzgadores  ignoraron  los testimonios de LEWIS  ANTONIO   PEÑARANDA   PÉREZ,   LINO  ALFARO  CHICO,  DILSILA  CHÁVEZ,  RAFAEL  RODRÍGUEZ  y  JUAN  GREGORIO  LEMUS  VALENCIA,  quienes  manifestaron  que  sus  demandas   laborales   eran   justas  porque  prestaban  sus  servicios  en  las  instalaciones  de  la  Sociedad  Portuaria, planteamiento que en nada afecta los  fundamentos  de la sentencia, porque el procesado no fue condenado por adelantar  procesos  sin  sustento  jurídico,  sino  por  promover  acciones que ya había  intentado.    

Tampoco   guarda  correspondencia  con  el  desacierto  que  se  denuncia,  porque  el  error  de identidad presupone que la  prueba  haya  sido  apreciada,  y  lo que aquí se plantea es que los juzgadores  ignoraron   los   referidos  testimonios,  variante  argumentativa  que  exigía  orientar  el  ataque  por  la  vía  del  error  de  hecho  por  falso juicio de  existencia,  por  omisión  de  las  referidas pruebas, pero el demandante no lo  hace, ni lo demuestra.   

Simplemente  asegura  que  los  juzgadores  ignoraron   estos  testimonios,  sin  explicar  por  qué  sus  contenidos  eran  importantes  para la definición del asunto. Y la Sala no advierte que tengan la  trascendencia  que  les  atribuye,  porque estos deponentes, como el propio  demandante  lo  reconoce,  declaran  fundamentalmente  sobre los vínculos   laborales  que  mantenían  con  la  Sociedad  Portuaria  Regional de Cartagena,  aspecto que no es objeto de debate en este asunto.   

Sin  plantear  un  cargo  específico,  el  casacionista    adicionalmente   sostiene   que   la  acción  penal  está  prescrita.  Esta  apreciación  carece de fundamento, porque el término de  prescripción  para  el delito de fraude procesal, de acuerdo con lo previsto en  los  artículos  83  y  86  del  Código  Penal, es de ocho (8) años en la fase  instructiva,  y  de cinco (5) años en el juicio, que no se han cumplido, porque  entre  la  época  de  los  hechos  (2004)  y  la  ejecutoria  de  la resolución de acusación (16  de  mayo  de  2011) no transcurrieron  ocho  (8)  años,  y desde entonces a hoy no han transcurrido cinco (5). Y no es  acertado  invocar  prescripción  de  la pena, porque la sentencia no ha cobrado  todavía ejecutoria.        

Decisión  

Visto, entonces, que la demanda no cumple los  requerimientos   mínimos  de  orden  formal  ni  sustancial  exigidos  para  su  selección  a  estudio,  se la inadmitirá a trámite y se ordenará devolver el  proceso  a  la  oficina  de  origen,  no  advirtiendo  violaciones  a garantías  fundamentales  que  la  Sala  esté  en el deber de proteger de manera oficiosa.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

         

          RESUELVE   

         

          INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el procesado  ÓSCAR        PERLAZA       ARBOLEDA.   

Contra   esta   decisión   no   proceden  recursos.   

NOTIFÍQUESE y CÚMPLASE.  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

              FERNANDO      ALBERTO     CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Folios   25,   52-58,   59-68   del   cuaderno   No.1  y  265-275  del  cuaderno  No.3.   

2  Folios 95-119 del cuaderno original No.     

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