AP1676-2016(47426)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

AP1676-2016  

Radicación N° 47426  

Aprobado acta N° 93  

Bogotá, D. C., treinta (30) de marzo de dos  mil dieciséis (2016).   

     

I. V I S T O S     

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  el   defensor   del   procesado  ORLANDO  JAVIER  CALA  GONZÁLEZ  en  contra  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  dictada, el 25 de  agosto   de   2015,  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bucaramanga,  Sala de Decisión  Penal.   

Mediante  el fallo que es objeto del recurso  extraordinario,  la  Corporación judicial antes mencionada revocó la sentencia  absolutoria  proferida  por  el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado  de  Bucaramanga  y,  en  su  lugar,  condenó a ORLANDO  JAVIER   CALA  GONZÁLEZ  como  autor  del  delito  de  fabricación,  tráfico  y porte de armas, municiones de uso restringido, de uso  privativo  de las fuerzas armadas o explosivos (artículo 366 del Código Penal,  modificado  por  el artículo 20 de la Ley 1453 de 2011), a la pena principal de  ciento   cuarenta  y  dos  (142)  meses  de  prisión  y  a  las  accesorias  de  inhabilitación   para   el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  y  privación  del  derecho  a  la  tenencia  y  porte de armas por el mismo tiempo  fijado  para  la  prisión, sin derecho a mecanismos sustitutivos de la sanción  privativa  de  la  libertad. En consecuencia, dispuso la expedición de orden de  captura.   

     

I. H E C H O S     

A las 6:00 p.m. del 1° de enero de 2013, en  vía  pública del barrio José A. Morales del municipio de Socorro (Santander),  frente  a  la  nomenclatura  calle  15  N°  6-18,  miembros  de  la policía de  vigilancia    de   la   Policía   Nacional   le   incautaron   a   ORLANDO  JAVIER CALA GONZÁLEZ un bolso que  contenía  dos  (2)  granadas  de  fragmentación  GM  IM-M26 HE, fabricadas por  INDUMIL,    que    presentaban   en   sus   respectivas   espoletas   la   serie  M8524A2.      

I. ANTECEDENTES  PROCESALES     

1.  El  2  de  enero  de 2013, en el Juzgado  Primero  Promiscuo  Municipal  con función de control de garantías de Simacota  (Santander)  se  llevaron a cabo audiencias preliminares de control de legalidad  de  la  captura, de la incautación de las granadas, formulación de imputación  e imposición de medida de aseguramiento.   

El  precitado  juzgado  declaró  ilegal  la  aprehensión     de     ORLANDO     JAVIER     CALA  GONZÁLEZ,  por  cuanto  no  se  le  enteró  en forma  inmediata  de  los  derechos del capturado,  y  ordenó su libertad. Interpusieron apelación la Fiscalía y el  Ministerio   Público.   A  continuación,  declaró  legal la incautación y dio paso a la formulación de la  imputación.  La  Fiscalía  la  efectuó  a  título  de  autor  del  delito de  fabricación,  tráfico  y porte de armas, municiones de uso restringido, de uso  privativo  de las fuerzas armadas o explosivos, cargo que no aceptó.  Por  último,  el  despacho judicial, a  solicitud  de  la  Fiscalía,  impuso la medida de aseguramiento privativa de la  libertad  consistente  en  detención  en  establecimiento carcelario (artículo  307-A-1  de  la Ley 906 de 2004), decisión que fue impugnada por el procesado y  su defensor.   

Con  posterioridad,  el  10  de  enero  de  2013,  el  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de Socorro (Santander) revocó la declaratoria de ilegalidad  de    la    captura    y    confirmó   la   imposición   de   la   medida   de  aseguramiento.   

2. Correspondieron las diligencias al Juzgado  Primero  Penal  del Circuito Especializado de Bucaramanga, que celebró el 20 de  mayo  de  2013  la audiencia de formulación de acusación y la preparatoria, el  13  de agosto del mismo año. El juicio oral se adelantó durante los días 11 y  18  de  octubre  de 2013 y 27 de enero de 2014, emitiéndose en la última fecha  sentido  absolutorio  del  fallo,  dictándose  la sentencia el 27 de febrero de  2014.  El  fundamento  de  la  absolución  consistió  en  que  la Fiscalía no  acreditó  uno  de  los  elementos estructurales del tipo, cual es que el sujeto  agente  no  tenga permiso expedido por autoridad competente para el porte de las  armas,  catalogando  así  como  atípica  la conducta endilgada, determinación  frente  a  la  cual  el  Fiscal  Único  Especializado  de  San  Gil interpuso y  sustentó el recurso de apelación.   

3. El Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Bucaramanga,  Sala  de  Decisión  Penal,  en fallo de fecha 25 de agosto de  2015,   revocó   la   absolución   y   condenó   al   acusado  al  considerar  que, desde la sentencia C-296  de   1995   de  la  Corte  Constitucional,  la  posesión  o  porte de las armas de guerra es exclusiva de las  fuerzas  militares sin que haya lugar a la expedición de permiso alguno, lo que  excluye  la  necesidad  de  exigir  a  la  Fiscalía  demostrar  la  carencia de  salvoconducto     respecto    de    este    tipo    de    artefactos.   

4.  En  contra de la determinación adoptada  por  el  ad quem,   el  defensor  de  ORLANDO  JAVIER  CALA  GONZÁLEZ  interpuso  y  sustentó  oportunamente  el  recurso extraordinario de casación.   

     

I. LA  DEMANDA  DE  CASACIÓN     

Aunque    lo    denomina    “primer   cargo”  y  aclara  que  es  “principal”, el defensor  en  realidad  formula  un  cargo  único  que  presenta  así: “VIOLACIÓN DIRECTA  DE  LA  LEY  SUSTANCIAL  POR  INTERPRETACIÓN  ERRÓNEA DEL ART. 366 DEL CÓDIGO  PENAL”.   

Luego  de  traer a colación la disposición  constitucional  sobre  el  debido  proceso,   acota   que   este  derecho  fundamental  integra  el  bloque  de  constitucionalidad  y comprende, entre otras, las garantías de ley preexistente  y  legalidad.  De  ésta  destaca sus funciones: garantizadora, fundamentadora y  sistematizadora.  Con  este  preludio,  acude  al  texto  literal  del  artículo  366  del Código Penal, del cual resalta el ingrediente  normativo     “sin    permiso    de    autoridad  competente”  y  realiza la integración del precepto  con  el  Decreto  2535  de  1993,  que contiene normas sobre armas, municiones y  explosivos,  con  el  fin  de destacar que el artículo 8°, literal g), de esta  regulación  clasifica  las granadas de fragmentación como armas de guerra o de  uso  privativo  de la fuerza pública y que en el parágrafo 1° dispone que ese  material   “podrá   ser   autorizado   de  manera  excepcional,  previo  concepto  favorable  del Comité de Armas, de que trata el  artículo   31”   del   mismo   decreto.   

Entonces,  a  partir  de  dichas  premisas,  concluye   que,   en  estricta  legalidad,  las  granadas  de  fragmentación sí pueden recibir autorización  del  Comité  de  Armas y que, por tanto, “le asiste  razón  al juzgador de primera instancia al absolver por atipicidad en atención  a  que  la  Fiscalía  no  demostró  la  ausencia  del  permiso de la autoridad  competente   como   era   su   obligación”  y,  en  consecuencia,   “yerra  el  Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial  de  Bucaramanga  al  interpretar  (…) que por este tipo de  armas  (…) no se otorga autorización alguna”, toda  vez  que  “es  la  misma  ley  la  que establece lo  contrario  como  está visto en el parágrafo primero (…) Y la sentencia C-296  de  1995  en  la  parte resolutiva numeral PRIMERO declaró la exequibilidad del  art.      31      sin      condicionamiento      alguno     (…)”.   

En   ese   orden  de  ideas,  afirma  que,  “como  la  ley  es  la  ley  y  a ella nos atenemos  (…)  yerra el Tribunal al  interpretar  erróneamente  tanto  el  contenido  gramatical expreso del Decreto  2535  de  1993  en  especial el art. 8 literal g) en concordancia con el art. 31  como   la   jurisprudencia   de  la  Honorable  Corte  Constitucional  C-296  de  1995”.   

En  ese  orden,  invocando  la  necesidad de  “un    mejor    desarrollo    de    unificación  jurisprudencial  sobre  este  aspecto”,  y  ante  la  “flagrante” vulneración  de   garantías   fundamentales   que  se  percibe  en  este  asunto,  solicita  a la Corte casar la sentencia  impugnada  y  confirmar  el fallo absolutorio emitido en primera instancia, pues  de  no  haber  mediado  el  yerro anotado “jamás la  decisión hubiere sido la de condena”.      

I. CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA     

1.    La   casación   es   un   recurso  extraordinario,  instituido  como  medio  de  control  constitucional  y  legal  de las sentencias de segunda  instancia  proferidas  en  procesos  adelantados  por  delitos,  que  puede  ser  ejercido  por  quien  tenga  legitimación e interés para lograr la efectividad  del   derecho   material,   el  respeto  de  las  garantías  fundamentales,  la  reparación  de  los  agravios inferidos y la unificación de la jurisprudencia,  cuando  el  juzgador  haya  incurrido  en  los  yerros previstos en las causales  taxativamente fijadas por la ley.   

Su   ejercicio  exige  la  elaboración  y  presentación  oportuna  de  una demanda en forma que contenga la indicación de  la  causal  invocada,  el  desarrollo  de  los cargos de sustentación de manera  precisa,  clara y lógica, con sujeción a los presupuestos propios de la causal  y  del  sentido  de  violación  alegados,  así como la demostración de que se  necesita  del  fallo  para  alcanzar  alguna  de las finalidades del recurso. El  incumplimiento   de   estos   presupuestos   conduce   a   la   inadmisión  del  libelo.   

2.  Conforme a la Ley 906 de 2004, la causal  esgrimida    en    este    caso   por   el   recurrente,   esto   es,  la  del  numeral 1° del artículo 181,  violación    directa    de   la   ley   sustancial   (norma   del   bloque   de  constitucionalidad,  constitucional  o  legal llamada a regular el caso), admite  tres   posibles   sentidos:   falta   de  aplicación,  aplicación  indebida  o  interpretación errónea.   

Ahora, son presupuestos comunes a cualquiera  de  dichas  modalidades  de  infracción  que  el  recurrente  acepte  tanto los  hechos,  en  la forma que se  declararon   probados   en  la  sentencia,  como  la apreciación probatoria efectuada por el juzgador, lo que  implica   que   el   debate   es   de   puro   derecho,   o  sea,  estrictamente  jurídico.   

Así  mismo,  si el actor acude a la vía de  reproche   por  interpretación  errónea,  tiene  una  exigencia  adicional  que  consiste  en admitir que se  aplicó  la  norma  que  correspondía,  en otras palabras, que no hubo error de  selección  normativa.  En  consecuencia, lo único que tiene cabida censurar en  esta  hipótesis  es  que  a  la  disposición  escogida  se  le  dio un alcance  equivocado,   bien   sea   para   ampliar, restringir o tergiversar su sentido.   

De  igual  modo,  aunque una interpretación  equivocada  puede llevar a la indebida aplicación de una norma, en tal supuesto  éste  ha  de  ser  el  sentido  de  violación  alegada, puesto que,  desde  esta  perspectiva,  la decisión  impugnada  sería  el  producto de un error de selección normativa, más que de  su equivocada hermenéutica.   

3.   En   el  presente  asunto,  el censor pretende que la Corte case la  sentencia  de  segunda  instancia  y,  como  consecuencia  de  ello, confirme la  absolución   dispensada  por  el  a  quo,   lo   que   significa  que  su  pretensión  se  encamina  a  que  no  se  aplique el artículo  366  del  Código  Penal, que prevé el delito de fabricación, tráfico y porte  de  armas,  municiones  de  uso  restringido,  de  uso  privativo de las fuerzas  armadas   o   explosivos,   aplicado   por   el   ad  quem   al   emitir   condena   contra   ORLANDO JAVIER CALA GONZÁLEZ.   

De  acuerdo  con lo anterior, surge palmario  que  la sustentación del cargo presentado en la demanda no se ajusta al sentido  de   violación  invocado  (interpretación  errónea),  sino  a  uno  diferente  (aplicación   indebida),   por   lo   que  la  demanda  debe  ser  inadmitida   debido   a  la  incoherencia  existente  entre  lo  pretendido  y  lo  alegado y, adicionalmente, porque no se  justificó  de  modo consistente la necesidad del fallo para obtener la eventual  unificación  de la jurisprudencia, pues la afirmación en ese sentido no supera  la  llana  alusión  genérica,  quedando  así  la  propuesta  discursiva en lo  abstracto.   

4.  Pese  a  estas falencias, debe acotar la  Sala  que  aunque  le  asiste  razón  al recurrente en lo concerniente a que el  parágrafo  1°  del  artículo 8° del Decreto 2535 de 1993 no fue retirado del  ordenamiento  jurídico  ni expresamente condicionado en su entendimiento por la  Corte  Constitucional  mediante  la  sentencia  C-296  de  1995,  no puede pasar  inadvertido  que el mismo entra en colisión con lo dispuesto por los artículos  9° (parcialmente declarado inexequible) y 14 ibídem. Véase:   

La  primera  de las disposiciones citadas se  refiere  a  las armas de uso restringido, esto es, aquellas que excepcionalmente  pueden  ser  autorizadas  por  la  autoridad competente para la defensa personal  especial,  entre  las  cuales,  por  disposición de la Corte Constitucional, no  pueden   estar  comprendidas  las  de  guerra  o  uso  privativo  de  la  fuerza  pública.   

El  segundo  precepto,  en  su  literal  a),  prohíbe  la tenencia y porte en todo el territorio nacional de las armas de uso  privativo  o  de  guerra,  sin  que,  por razón de lo dispuesto en la sentencia  C-296  de  1995, sea aplicable la excepción que contemplaba el artículo 9° en  cuanto a las armas de guerra.   

En consecuencia, a menos que se prohíje una  lectura  normativa  que  aísle  la  teleología  de  los preceptos, frente a la  hipotética  antinomia  planteada  se  tiene  que  la Corte Constitucional, como  guardiana  de  la integridad y supremacía de la Carta, en la sentencia C-296 de  1995, decantó el siguiente criterio:   

(…)  no podrán  existir   en   Colombia   civiles   provistos  de  armas  de  guerra,  que sirven justamente a los fines arriba descritos, pues  con  ello se viola el principio de la exclusividad consagrado  en los artículos 216, 217 y 218 de la Carta   

8.  El  decreto  contempla  una  categoría  especial   de   armas   denominadas   ‘de    uso    restringido’   que,  según  el  artículo  9°  transcrito  puede,  de  manera  excepcional,  ser  objeto  de permisos a los particulares para la protección de  bienes  o personas. Al respecto debe precisarse que no  se  puede  tratar  de  armas  de  guerra,  pues su uso está reservado a ciertos  organismos   armados   del   Estado.   El  legislador  no  puede  desvirtuar  la  prohibición  constitucional  de  dotar  a  la  población  civil  de  armas  de  guerra,  de  tal  manera  que, de hecho, se conformen  grupos  de  fuerza  pública  que  pugnen con lo dispuesto por el artículo 216.  (Se subraya).   

Respecto  de  otras  expresiones  similares  utilizadas  por  el  decreto  mencionado,  la  Corte Constitucional dispuso que:  “deberán  ser  interpretadas de conformidad con lo  dispuesto en esta providencia”.   

Ahora,  el  artículo  31  del mismo decreto  tampoco   impone  una  solución  diferente,  porque  se  limita  a  regular  la  conformación  del  Comité  de  Armas  y  a  atribuirle  la decisión sobre las  solicitudes  de  permisos  en  los  términos  establecidos  en  el mismo cuerpo  normativo,  mismos  que,  a  su  vez,  quedaron condicionados por el fallo de la  Corte       Constitucional       examinado       en      precedencia.   

5. Por último, no está de más recordar que  la  Sala  se  ha  pronunciado  reiteradamente  sobre  la  necesidad de probar la  carencia  de  salvoconducto,  como     supuesto    fáctico    del    ingrediente    normativo    “sin  permiso de autoridad competente”  y  al  respecto  ha señalado que no existe tarifa legal. Por tanto, también es  viable  la  acreditación  de  este  aspecto  con  prueba  indiciaria, basada en  objetividades    debidamente   comprobadas,   eso   sí,   con   exclusión   de  argumentaciones  sofísticas  y falsas reglas de experiencia (CSJ SP,  23  Nov.  2011,  Rad. 36544; CSJ SP, 25  Abr.  2012,  Rad.  38542;  CSJ SP, 7 Nov. 2012, Rad. 36578; CSJ AP 247-2014; CSJ  SP3388-2014; CSJ SP1077-2015; CSJ AP 5746-2015).   

Por  tanto,  si se prueba la incautación de  armas  a  un civil y que la identificación, características  y aptitud de  los  artefactos  permiten  clasificarlos  como  armas  de guerra, a partir de la  aplicación  de  la  regla  según la cual,         por         prohibición         constitucional,  en  Colombia  no pueden existir civiles  provistos  de armas de guerra,  se  puede  inferir  la ausencia de salvoconducto ya que, se insiste, en tal caso  la expedición del mismo no está autorizada.   

6.  En  resumen,  conforme  se anticipó, la  demanda   de  casación  será  inadmitida,  sin  que, por otra parte, del estudio de las diligencias la Corte  encuentre  motivo  que  amerite  superar  sus defectos con el fin de asegurar de  oficio   el   cumplimiento   de   garantías   fundamentales  o  los  fines  del  recurso.   

En  contra de esta determinación procede el  mecanismo  de  insistencia, en los términos precisados por la jurisprudencia de  la Sala (CSJ SP, 12 de diciembre de 2005, Rad. 25322).   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del  procesado  ORLANDO  JAVIER CALA GONZÁLEZ.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Presidente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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