AP1018-2016(45852)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP1018-2016  

Radicación N° 45.852  

(Aprobado Acta Nº 46)  

Bogotá,  D. C., veinticuatro (24) de febrero  de dos mil dieciséis (2016).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina  la  Corte  las  bases  jurídicas  y  lógicas  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  C3  Eduan    Enrique    Úsuga   Valencia   y   el   C1  José  Ariel  Labio  Mulcué  contra  la  sentencia  del  4  de  noviembre  de  2014  de   la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Pasto,  que confirmó la  impartida  el  6  de  mayo  de  2013  por  el  Juzgado del Circuito de Samaniego  (Nariño),  mediante  la cual los condenó por el delito de homicidio en persona  protegida, en concurso homogéneo, en grado de cómplices.   

HECHOS     Y     ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1.  La cuestión fáctica fue sintetizada por  el  a  quo en los siguientes  términos:   

Sucedieron en horas de la madrugada del 9 de  noviembre  de  2006,  en el sector de El Huilque, jurisdicción municipal de Los  Andes  (Nar.),  lugar  éste  donde  se  encontraba  asentada  la  tropa  de  la  contraguerrilla  del  Ejército  Nacional,  denominada  FARAON  IV, al mando del  Sargento  viceprimero  Jaime  Coral Trujillo; pelotón conformado por más de 30  hombres,  distribuidos en 4 escuadras, comandadas por 4 suboficiales, atendiendo  la  misión  San  Lucas  OTAN, a fin (sic)  desarrollar  operaciones  ofensivas  de  destrucción mediante la  técnica   búsqueda  y  provocación  contra  los  terroristas  del  Frente  29  NOT-FARC,  y  Frente  Comuneros  del Sur E.L.N., grupos ilegales al servicio del  narcotráfico  y  delincuencia  común,  que  delinquen en la vereda La Planada,  jurisdicción  municipal  de  Los  Andes  (Nar.);  aplicando  normas  de Derecho  Internacional  Humanitario  y de Derechos Humanos con el personal civil y con el  enemigo  en  todo momento y bajo cualquier circunstancia, aplicando el principio  de  trato  humanitario,  conforme  al artículo 3 de los Convenios de Ginebra de  1949,  y  el Protocolo II de 1977, ratificados por el Gobierno Colombiano; sitio  a  donde  arribaron  los  jóvenes  EIVARth  (sic)  ÁLVAREZ GARCÉS y ALEXANDER  MEDINA   HERNÁNDEZ,  luego  de  haber  sido  engañados  y  extraídos  de  sus  residencias  ubicadas  en la vereda Villanueva del municipio de Bolívar (Cauca)  por  el  soldado  Richard  Almeida  Córdoba,  perteneciente  a ese destacamento  militar,  por  orden  del  mencionado  sargento,  según  acuerdo  previo con su  comandante;  con  la promesa de trasladarlos al poblado de Sotomayor (Los Andes)  a  trabajar en actividades agrícolas con atrayente remuneración, en cuyo sitio  eran  esperados  por  el Sargento Viceprimero Coral Trujillo para ser conducidos  posteriormente  al área de los hechos, zona donde estos civiles fueron vestidos  con  pantalón  camuflado  y  camisetas  oscuras,  frente  a los miembros de esa  patrulla  militar;  debido  al  tránsito de los grupos al margen de la ley para  que   no   los   confundieran  como  informantes;  simulando  posteriormente  un  enfrentamiento  con  grupos armados ilegales; contexto en el que participaron la  mayoría   de  sus  integrantes,  mientras  la  escuadra  del  mencionado  Coral  Trujillo,  fusilaba  a  los  inermes  muchachos,  dándoles  de  baja  o  mejor,  causándoles  sus  inmediatos decesos; los procesados JOSÉ ARIEL LABIO MULCUÉ,  al  mando  de otra escuadra se hacía en la parte del sector de El Huilque, para  prestar  seguridad  al  supuesto  enfrentamiento  armado,  incluso disparando la  ametralladora  a  una  peña y el otro acusado EDUAN ENRIQUE ÚSUGA VALENCIA, el  (sic)  mando  de  otra escuadra, también prestando seguridad o cerrando la vía  veredal  que  del  sector  El  Huilque  conduce  al corregimiento de Pizanda del  municipio  de  Cumbitara  (Nar.),  con  el  fin  de  evitar que alguna persona o  automotor   transitara  por  ese  sector,  donde  se  escenifica  el  sospechoso  enfrentamiento  armado entre la patrulla militar y un grupo armado ilegal, en el  que   fueron   ejecutados  aquellos  indefensos  jóvenes;  ya  abatidos  aquél  justiciable  les  colocó  un fusil AK 47, que previamente había disparado; una  subametralladora,  dos  granadas  y  un chaleco multipropósito para simular que  les  pertenecía.  Días después de aquél trágico hecho, los dos suboficiales  declararon  ante  el Juzgado 91 de Instrucción Penal Militar de Pasto, de aquel  “legal  combate”  en  que  se  presentaron  las dos bajas o la muerte de los  jóvenes  EIVARTH  ÁLVAREZ  GARCÉS  y ALEXANDER MEDINA HERNÁNDEZ tildándolos  como  integrantes  del  grupo  armado de la Nueva Generación, cuando eras (sic)  dos  personas  civiles que nada tenían que ver con el conflicto armado que vive  Colombia,  es  decir  haciéndolos  pasar  como  resultados  positivos  ante los  comandos  superiores  del  Batallón Batalla de Boyacá con sede en la ciudad de  Pasto  (Nar.);  en  cuyo  estrado  judicial también entregaron el informe de la  gran  cantidad  de  munición  que  demandó  ese imaginario combate; de lo cual  tenían  pleno conocimiento y voluntad para tal fin, con el único propósito de  hacerse   a   permisos,   condecoraciones,   ascensos,   viajes  al  exterior  o  felicitaciones    en    su    hoja    de    vida.1   

2.  Inicialmente,  en  proveído  del  21 de  septiembre  de  2008, emitido por el Juzgado 91 de Instrucción Penal Militar se  profirió  resolución  inhibitoria  por  el delito de homicidio y se dispuso el  archivo    provisional    de    las    diligencias2.   

3.  Luego,  con  ocasión  de  un  memorial  suscrito  por  el  ex  soldado  Richard  Eusebio  Rodríguez  Córdoba, el 30 de  octubre  de  2008  la  Fiscalía  45 Seccional de Neiva profirió resolución de  apertura      de      investigación      previa3.   

4.  El  22  de mayo de 2009, la Fiscalía 70  Especializada  de  Cali  solicitó  a  la  justicia  penal militar el envío del  expediente     y,     en     subsidio,    propuso    colisión    positiva    de  competencia4.   

5.  El 1º de junio siguiente, el Juzgado 91  referido   ordenó   la   remisión   por   competencia   del   diligenciamiento  preliminar5.   

6. El 13 de julio del mismo año se declaró  formalmente  abierta la instrucción y se ordenó vincular mediante indagatoria,  entre  otros,  al  C3  Eduan  Enrique  Úsuga Valencia  y al  C1    José    Ariel    Labio    Mulcué6.   

7.  La  situación jurídica de Úsuga  Valencia  se  definió  el  25  de  octubre  de  2010,  en  el  sentido  de  imponerle  medida  de  aseguramiento de  detención  preventiva,  en calidad de presunto coautor material impropio de los  punibles   de   homicidio   en   persona   protegida,  en  concurso  homogéneo,  desaparición  forzada,  concierto para delinquir y falso testimonio7.   

8.  Igual determinación se adoptó el 3  de   noviembre   posterior   en  relación  con  Labio  Mulcué8.   

9.  El  31 de agosto de 2011 se clausuró el  ciclo                   instructivo9.   

10.  El mérito del sumario se calificó con  resolución  mixta  del  3  de  octubre  siguiente,  por  cuyo medio se acusó a  Eduan    Enrique    Úsuga   Valencia   y  José  Ariel  Labio Mulcué  en  calidad  de  coautores  impropios  del injusto de homicidio en  persona  protegida  en  concurso homogéneo y sucesivo, descrito en el artículo  135  del  Código Penal con la circunstancia de mayor punibilidad prevista en el  canon         58.10         ejusdem.   

En  el  mismo  proveído,  se  precluyó  la  investigación  en  favor  de  los  nombrados  por los delitos de concierto para  delinquir  y  desaparición forzada y se ordenó compulsar copias penales por el  injusto  de  fraude procesal, aclarando en la parte motiva de la providencia que  el  reato  de  falso  testimonio  por  el  que se les había definido situación  jurídica  se  subsume  en  dicha  conducta  típica10.   

11.  El  juzgamiento  le  correspondió  al  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de  Samaniego  (Nariño), despacho que avocó  conocimiento  del  asunto el 11 de enero de 2012 y dispuso correr el traslado de  que  trata  el  artículo  400 de la Ley 600 de 200011.   

12. La audiencia preparatoria inició el 8 de  marzo         de         esa        anualidad12  y  culminó  el 16 de abril  ulterior13.  Por  su parte, la pública de juzgamiento empezó el 15 de agosto  posterior14,   prosiguió   al   día   siguiente15 y el 3 de diciembre de igual  año16  y  finalizó  el  5 de febrero de 201317.   

13. Mediante sentencia del 6 de mayo de 2013  Eduan    Enrique    Úsuga   Valencia   y  José  Ariel  Labio Mulcué   fueron  declarados  penalmente  responsables  por  el  delito  de  homicidio   en   persona  protegida,  en  concurso  homogéneo,  en  calidad  de  cómplices,  razón por la que se les impuso las penas principales de doscientos  noventa  y  seis  (296)  meses  de prisión, multa en cuantía de mil quinientos  (1500)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes, la accesoria de veinte  (20)  años  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones  públicas  y  la  obligación  de  pagar  perjuicios morales de doscientos (200)  s.m.l.m.v.  a  favor  de  cada  una  de  las  madres  de  las víctimas o de sus  parientes   consanguíneos  más  próximos  según  el  orden  sucesoral.  Así  también,  el  juez  de  conocimiento les negó la suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena  y la prisión domiciliaria18.   

14.  Inconforme  con  el  fallo  de  primera  instancia,  el  defensor  interpuso recurso de apelación y el 4 de noviembre de  2014   la   Sala   de   Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Pasto  lo  confirmó19.   

15.  La   defensa   contractual   interpuso20   y   sustentó21  el recurso  extraordinario de casación en tiempo.   

LA DEMANDA  

Previa   identificación   de  los  sujetos  procesales  y  de  las  sentencias,  el  recurrente  sintetiza  los  hechos y la  actuación  procesal  y postula dos censuras (principal y subsidiaria) al amparo  de la causal primera del artículo 207 de la Ley 600 de 2000.   

Primer cargo (principal)  

Acusa       la      «violación   de   una   norma   de  derecho  sustancial»22 por aplicación indebida del  artículo  30  del  Código  Penal  y  exclusión  del  canon  446  ejusdem,  esto  es,  por  condenar  a sus  asistidos  en calidad de cómplices del delito de homicidio en persona protegida  y dejar de hacerlo por el de favorecimiento.   

En  desarrollo del reproche, tras aludir a la  técnica  de  demostración  de  la  infracción directa, cita la primera de las  normas  señaladas  y  jurisprudencia  de  la  Sala de Casación Penal sobre los  elementos  que  rigen el instituto de la complicidad (CSJ SP, 25 abr. 2007, rad.  26.617),  luego  de  lo  cual  sostiene  que,  en  el caso concreto, ellos no se  satisfacen    porque    de    acuerdo    con    las    sentencias   –que     transcribe    en    algunos  segmentos-:   

i)  La  colaboración  de sus defendidos fue  post  factum,  o  sea,  no  incidió  de  manera eficiente o trascendente en el resultado, habida cuenta que  «la  actividad  desplegada  por los suboficiales fue  una     simple     solidaridad     posterior     a     los    hechos»23.   

ii)  El  comportamiento de los procesados no  está  «atado a la comunidad de ánimo o plan común,  es  decir  no participaron ni en la fase preparatoria del iter criminis ni en la  fase     ejecutiva»24, pues aquel se limitó a una  ayuda externa.   

En este punto, recuerda que para el Tribunal  la  imputación  en grado de coautoría realizada por la Fiscalía fue excesiva,  estando  de  acuerdo  con  la degradación a cómplices que hizo el a      quo,     al     «considerar,  sin mayores argumentos, que la ayuda de LABIO MULCUE y  USUGA  VALENCIA  fueron  (sic)  concomitantes  (sic)  al hecho y con concierto o  acuerdo  previo;  dejando  entrever  que, a pesar de no compartir los argumentos  del  a  quo,  resalta  que  acertó el fallador de primera instancia»25.   

iii) Como no existió acuerdo o división del  trabajo   para   lograr   un   fin,  ni  los  aportes  de  los  acusados  fueron  trascendentes,    no   hubo   dolo   porque   no   sabían   de   «las    intenciones    malignas    y   desproporcionadas»26  del  sargento  Coral, quien  sólo  daba órdenes por radio o teléfono que debían ser acatadas por provenir  de un superior jerárquico.   

A tono con la providencia de la Corte atrás  referenciada  y  con  la sentencia CSJ SP, 15 may. 2013, rad. 34.320, que según  el  censor  se  asimila  al  asunto de la especie, estima que la conducta de sus  asistidos es atípica.   

Al respecto, asevera que las conclusiones de  los  falladores  son  contrarias a las de la Corte Suprema de Justicia, toda vez  que,  según  el juzgador de primer nivel, venían sucediendo casos similares al  examinado  y  existía   interés  para  delinquir  de  los  acusados;  sin  embargo,  estos no estuvieron en la unidad militar cuando aquellos otros eventos  ocurrieron;  aunque los procesados rindieron declaraciones falsas y se dedujo el  indicio  de oportunidad para delinquir, ello no prueba la concertación previa o  concomitante a los acontecimientos.   

Explica  que,  si  bien  sus  representados  prestaron  una ayuda posterior al haber declarado ante la justicia penal militar  sobre  un  combate  inexistente,  poner  armas  en  los  occisos  y disparar una  ametralladora  a  un  cerro  tras  el  homicidio  de  los  civiles por parte del  «Sargento   Coral   y   sus   secuaces»27,  no  se  cumple el elemento  relativo  a  que la ayuda sea «por concierto previo o  concomitante  a  la misma»28,,   pues   el  a   quo   indicó   que   «por   no   existir   el   acuerdo  previo  o  concomitante  de  los  suboficiales  de  cometer  esas  ejecuciones  extrajudiciales,  ni  división de  trabajo  en  pro  de ese fin, solo existió una colaboración o ayuda externa de  parte   de   aquellos»29.   No   obstante,   fueron  condenados  en  calidad  de  cómplices,  siendo  que su conducta es atípica en  cuanto  hace  relación con el punible de homicidio en persona protegida, habida  cuenta que, en verdad, ejecutaron el punible de favorecimiento.   

Enseguida,   previa   transcripción   del  artículo  446 del Código Penal, asegura que el comportamiento de sus asistidos  se  adecua  a  dicha  norma  porque «solo aportaron o  prestaron  colaboración  con el sargento CORAL posterior a la ocurrencia de los  ilícitos;  es  decir  no existió acuerdo previo, otra cosa es que se prestaron  para  mostrar  un  combate  que  realmente no existió, así lo deja claro el ad  quem»30,  cuando admite que hubo una  colaboración  externa  de  los acusados pero no acuerdo previo o concomitante a  las   ejecuciones  extrajudiciales  ni  división  de  trabajo  en  pro  de  tal  fin.   

A  juicio  del letrado, si los falladores no  justificaron  de manera razonada la existencia de tal acuerdo y tampoco se puede  predicar  que  la  presencia  en  el lugar de los hechos, el fingir el combate y  declarar  falsamente  ante  la  justicia  penal  militar  fueron  fruto de dicho  convenio,  se  debe  dar  aplicación  a la sentencia CSJ SP, 15 may. 2013, rad.  34.320,  en  la que se sostiene que la «actuación de  haber  intervenido  en  un  combate  que  no  existió o en un operativo fingido  revela  acaso  el  encubrimiento  de  los  hechos  de muerte o un perjurio en su  declaración,  pero  en  manera  alguna  su  participación  en  los  homicidios  (…)»31.   

Con   ocasión   del   yerro  in  iudicando  denunciado, solicita casar  los fallos de primer y segundo nivel.   

Segundo cargo (subsidiario)  

Por la senda de la violación indirecta de la  ley  sustancial,  en  su  vertiente  de  error  de  hecho  por  falso  juicio de  identidad,  reprueba  las  sentencias  de instancia, en tanto las acusa de haber  tergiversado   las   versiones   de   los   enjuiciados,  la  prueba  documental  –no  la identifica- y los  testimonios de la mayor parte de los soldados de la unidad militar.   

En  el  cometido de demostrar la censura, el  demandante    empieza    por    opinar    que    los    jueces    «interpretaron  erróneamente»32  la  prueba  testimonial  y  destaca  que  sus  defendidos  no pertenecían a la escuadra que  ejecutó  los  homicidios  sino  a  las  «ubicadas en  lugares  estratégicos, a fin de no ser sorprendidos por el enemigo y reaccionar  en  apoyo  mutuo  frente  a  un  eventual combate con los grupos al margen de la  ley»33.   

Luego,  sintetiza  algunos de los argumentos  del  fallo  de primera instancia, entre ellos, los que sostienen que la versión  inicial  –ante la justicia  penal  militar-  de  los inculpados sobre un enfrentamiento armado fue cambiando  hasta  revelar  cómo ocurrieron los hechos, que los encartados participaron sin  tener  previo  conocimiento  de que las víctimas iban a ser asesinadas, pero de  acuerdo  con  la prueba documental y los testimonios de algunos de los militares  los  procesados  sí  sabían  del  falso  operativo  planeado  por  el sargento  Coral.   

En  similar  forma,  resalta  que  según el  ad   quem  los  encartados  «cerraron la zona para proteger el acto criminal y/o  colaboraron       en       la      simulación      del      combate»34.   

De  esta  manera,  luego  de  argüir que el  juicio   de   reproche  contra  Eduan  Enrique  Úsuga  Valencia  y José Ariel Labio  Mulcué  se  derivó  de que el primero hubiera estado  cuidando  que  no transitaran automotores y transeúntes al momento del ilícito  y  el  segundo  de  simular  el  enfrentamiento  al disparar la ametralladora al  cerro,  acusa  a  los sentenciadores de darle a la prueba testimonial un sentido  contrario  a  lo que ella demuestra, «es decir mutan,  cambian  o distorsionan su real contenido»35.   

Sobre el particular, indica que del dicho de  Richar  Eusebio  –no aporta  el  apellido-  en  el  sentido  que  «dicen  que los  suboficiales  sabían  pero no estaban de acuerdo», no  se  extrae  que los procesados participaron con sus escuadras activamente en los  ilícitos del 9 de noviembre de 2006.   

Igualmente, para el censor, resulta obvia la  expresión  «era a los suboficiales los que Coral les  informaba     lo     que     ocurría»36 pronunciada  por  Wilson  Orlando  –sin  apellido-,  pues  los  subordinados  del  mentado comandante estaban obligados a  acatar  sus  órdenes;  por  eso,  es  de  la  idea  que  si aquel impartió las  directrices  de  prestar  seguridad en el cerro o de ubicarse en la salida de la  vía  veredal,  «no necesariamente tuvo que ser para  (sic)   EDUAN  ENRIQUE  VALENCIA  (sic)  impidiera  el  paso  de  automotores  o  transeúntes  o  para  que  JOSE  ARIEL LABIO MULCUE contribuyera a los macabros  planes  de  su  superior»37,   porque   esto  no  está  probado.   

Tampoco,  a  juicio  del  libelista,  de  la  afirmación  –no probada-  de  Villota  –no aporta el  nombre-  según la cual «los comandantes solo tiraban  granadas»38,  se  puede  colegir que los  acusados    estaban    en    lugares    distintos    contribuyendo    al    plan  criminal.   

Aunque  es verdad, dice el jurista, que como  lo  afirma  Jaiber  Adrián  Pinta, «los suboficiales  daban    las    ordenes    (sic)    que   les   daba   coral   (sic)»39,  es  decir,  situarse en el  cerro  y  en  el extremo de la vía veredal, esto «no  demuestra  que  la  intención  de  los suboficiales fuera ni evitar el transito  (sic)  ni  fingir  un  combate,  como  lo  hacen  ver los juzgadores»40.   

También  es lógico para el impugnante que,  como  lo  aduce Criollo –no  se  reporta el nombre-, «los suboficiales coordinaban  con  Coral  sus actividades a través de celulares», y  radios  de  comunicación,  pero esto resulta irrelevante, dice, si se considera  que,  «las  comunicaciones entre el comandante y sus  subordinados  es  estricta,  es  así como se coordinan los movimientos y se dan  las  ordenes (sic), de lo contrario al no existir estos medios, obligaría a que  la  tropa  este  (sic)  reunida  siempre, cosa que resulta contraria a Tácticas  Militares,  más  aún  cuando  se  encuentran en zona de (sic) roja de eminente  peligro  por  la  presencia  de  grupo  (sic)  al  margen  de la ley»41.    Por    ello,    aduce,  corresponde  a una tergiversación pensar que dicha declaración informa que los  procesados    cumplían   órdenes   relacionadas   con   la   muerte   de   los  ofendidos.   

Como  ninguno  de  los  medios  de  prueba  reseñados  indica  que  sus  representados tuvieran conocimiento de lo planeado  por  el  sargento  Coral,  en  criterio  del  abogado, los juzgadores erraron al  estimar  que los suboficiales sabían del falso operativo, que la ayuda prestada  por  ellos no fue post factum  sino  concomitante a los hechos y que existió acuerdo previo porque cerraron la  zona y colaboraron en la simulación del combate.   

Insiste en que no es posible colegir que los  enjuiciados  participaron  en dichas muertes o que estuvieran de acuerdo con las  mismas  por  el  hecho  de  haber  colaborado  de  manera  posterior  y  mentido  inicialmente.   

En un acápite dedicado a la demostración de  la  trascendencia  del  yerro,  aduce  que  no  se  valoraron  las  pruebas como  «núcleo    central    del    proceso»42  y  que  fue tergiversado su  real contenido.   

Explica  que el error deviene de la falta de  análisis  en  conjunto  de  las  mismas,  ya  que únicamente se apreciaron las  declaraciones  en  las  que  se  señaló que Úsuga observó cuando dos civiles  llegaron  donde  el  sargento Coral, que éste se acercó al lugar tras escuchar  los  disparos  y  que  Labio  disparó  la  ametralladora  luego  de  que  su superior ultimó a los jóvenes,  dejando  de  considerar  que  «había  declaraciones  basadas  en  suposiciones,  es  decir  no  hay  certeza  de que los suboficiales  conocían  de antemano lo que iba a pasar»43.   

En  opinión  del recurrente la apreciación  conjunta de los medios cognoscitivos sería de la siguiente manera:   

i)  Si bien LABIO y USUGA hacían parte del  pelotón  FARAON  IV,  los mismos llegaron días antes de tan macabro hecho, por  lo  tanto desconocían las actividades criminales que venía desarrollando CORAL  y  por  simple  sentido  común, CORAL sin conocer a sus nuevos suboficiales les  iba  a  confiar  o  a ordenar hacer actividades para cometer esos crímenes; ii)  LABIO  y USUGA son subalternos de CORAL, por lo tanto deben cumplir órdenes que  les  da  su  superior,  y más tratándose de ordenes (sic) tan normales como es  prestar  seguridad  en  la  carretera  o  hacer  un registro en la parte alta en  segundo  lugar;  iii)  la  colaboración de los suboficiales fue posterior a los  hechos,  esto es: colocarles las armas a los occisos, disparar la ametralladora,  declarar  falsamente ante la Justicia Penal Militar.44   

Añade  que  si  se  hubieran  seguido  los  postulados  de  la  sana  crítica se habría concluido que no se está ante una  modalidad   de   la   coparticipación   sino  frente  al  delito  autónomo  de  favorecimiento,  dado  que  no  hubo  un  acuerdo  anterior o concomitante a los  hechos.   

Solicita  seleccionar la demanda, declararla  ajustada  a  derecho,  casar  el fallo impugnado y dictar otro de reemplazo, por  cuyo  medio  se reconozca el falso juicio de identidad postulado, la aplicación  indebida  del  artículo 30 del Código Penal, así como la exclusión del canon  446     ejusdem.    En  consecuencia,  reclama  la  emisión  de  sentencia  absolutoria  por  el delito  endilgado y la imputación del punible de favorecimiento.   

CONSIDERACIONES  

En  orden a derruir la doble presunción de  acierto  y  legalidad  que  recae  sobre  el  fallo de segundo grado, el recurso  extraordinario  de  casación  debe  ser  elaborado  respetando las formalidades  técnico  jurídicas previstas en la ley y la jurisprudencia, según se trate de  cada  una  de  las  causales  establecidas  en el artículo 213 de la Ley 600 de  2000.   

En ese sentido, la demanda debe ser íntegra  en  su  formulación, suficiente en su desarrollo y eficaz en la pretensión, de  tal  suerte  que  ha de estar soportado en los principios que rigen este tipo de  impugnación,   en  especial,  los  de  claridad,  precisión,  fundamentación,  prioridad,  no  contradicción,  corrección  material y autonomía, sin que sea  viable  argumentar a la manera de un alegato de instancia.  La proposición  de  los  cargos  exige  escoger  adecuadamente  la  causal  y  el  sentido de la  violación y, concretar el disenso en términos de trascendencia.   

De  conformidad  con  el  artículo 213 del  Código  de Procedimiento Penal del 2000, la Sala inadmitirá la demanda, porque  no  reúne  las  exigencias  mínimas  previstas  en  el  canon  212  del  mismo  Estatuto.   

1. Primer cargo (principal)  

Recuérdese  que  cuando  se  intenta  la  postulación  de  la  censura  por  la  ruta  de la violación directa de la ley  sustancial,  el  libelista  debe  hacer  completa  abstracción de lo fáctico y  probatorio  y,  en  ese  sentido,  admitir  los  hechos y la apreciación de los  medios  de  convicción  fijados  por  los  sentenciadores, de manera tal que le  corresponde  desarrollar  el  reproche  a  partir  de un ejercicio estrictamente  jurídico,  en  el  que  establezca la vulneración del precepto normativo en el  asunto  específico,  a  través de cualquiera de las tres modalidades de error:  falta   de  aplicación,  aplicación  indebida  o  interpretación  errónea  y  seguidamente,   demuestre   la   trascendencia   del   yerro   en  la  decisión  impugnada.   

Mientras  que la falta de aplicación opera  cuando  el  juzgador  deja  de  emplear  el  precepto  que  regula el asunto, la  aplicación  indebida,  deviene  de  la  errada elección por el fallador de una  disposición  que  no  se ajusta al caso, con la consecuente inaplicación de la  norma  que  recoge  de  forma  correcta el supuesto fáctico. La interpretación  errónea,  en  cambio,  parte de la acertada selección de la norma aplicable al  asunto  debatido,  pero conlleva un entendimiento equivocado de la misma, que le  hace producir efectos jurídicos que no emanan de su contenido.   

Ahora,  como  se  invocó  un  defecto  de  selección   normativo,   en  punto  de  atipicidad  por  razón  del  grado  de  participación,  como  lo es la complicidad, el demandante debía demostrar que,  pese  al  expreso  reconocimiento,  en la parte motiva del fallo, de la falta de  estructuración  de los elementos estructurales de tal categoría dogmática, el  sentenciador  no  le confirió la consecuencia jurídica de rigor, condenándolo  cuando  había  de  absolverlo  porque no se logró acreditar la tipicidad de la  conducta.   

En   igual   sentido,   si  a  manera  de  proposición  jurídica  completa  el  censor  utilizó  la  vía  directa  para  reprochar  la  ausencia  de  aplicación  de  la norma que tipifica el delito de  favorecimiento,  estaba  conminado  a  acreditar  que los juzgadores encontraron  configurado   dicho  punible  pero  no  emitieron  juicio  de  reproche  por  el  mismo.   

Ninguna   de   estas  hipótesis  aparece  comprobada en los fallos de instancia.   

En  verdad,  de  un  lado, ambas decisiones  fueron  manifiestas  en  tener por establecida la complicidad de los acusados en  el  reato de homicidio en persona protegida, en concurso homogéneo en la medida  que,  independientemente  del acierto o no de los falladores en la no deducción  de  la  coautoría  impropia  imputada a los acusados en el pliego de cargos, la  colaboración   de   la   que   se  los  hace  responsables,  a  juicio  de  los  sentenciadores,  de  carácter  coetánea y subsiguiente a los hechos, no lo fue  frente a un delito propio sino ajeno.   

Es así como el defensor, en el cometido de  probar  el  incumplimiento de los presupuestos configurativos de la complicidad,  le  brinda  una  interpretación  propia  a  los  razonamientos de los jueces de  instancia,  dejando  de lado que, aunque en las providencias se detectan algunas  falencias  dogmáticas  que  eventualmente  podrían  llevar  a  confusión,  en  últimas,   son   consistentes   en  indicar  que  existió  un  acuerdo  previo  –para  el  ad    quem-   y   concomitante   tácito  –en    criterio   del  a   quo-  de  Úsuga     Valencia    y    Labio   Mulcué,  para  colaborar  en  la  perpetración    de    las    conductas    punibles,    derivado    de   prestar  seguridad,   

el  primero  en  el extremo de la vía que  conduce  al  citado  corregimiento,  para  evitar  el tránsito de automotores y  transeúntes,  con  el  fin  de  no  entorpecer el supuesto operativo militar, y  luego  de  escuchar  los  disparos  que  acabaron  con la vida de los muchachos,  colocarles  dos  armas  de  fuego  de  uso  restringido  de  la fuerza pública,  municiones,  granadas  y  un  chaleco  multipróposito,  como  se  lo indicó su  comandante;  y  el  segundo,  permanecer  en la parte alta de esa zona, haciendo  disparos  al  aire  y  con  una ametralladora a las peñas o maraña, es decir a  ningún  o  algún objetivo militar, cuando ese no era su deber, de ahí que los  dos  suboficiales  tenían  conocimiento  de  lo  que  iba a suceder con los dos  civiles  esa  madruga (sic),  es  decir  que los iban a acribillar, de manera cobarde e inmisericorde; sin que  estos  se abstuvieran de actuar o de denunciar estos repugnantes hechos ante sus  superiores  o  las  autoridades  administrativas o judiciales; tiempo suficiente  tuvieron  para  hacerlo,  incluso  hasta  la  supuesta extorsión que les había  hecho  el  sargento  Coral  Trujillo  para  no  comprometer  su  participación;  (…).45   

Así mismo, aunque los juzgadores estimaron  que  los acusados no desarrollaron de forma trascendente las conductas homicidas  en  tanto  no  dispararon  contra  las víctimas, destacaron la relevancia de su  aporte   en  el  propósito  de  «proteger  el  acto  criminal  y/o  colaborar  (…)  en la simulación del combate ante la orden del  Sargento  CORAL  TRUJILLO»46.   

De  igual  manera,  falta  al  principio de  corrección  material  el  libelista,  cuando  afirma  que,  los  sentenciadores  sostuvieron   que   el   comportamiento   de   los   acusados  fue  post  factum,  pues  aunque  el  fallo de  primer  grado  pareciera  señalarlo  así,  el  de  segundo  nivel,  aclara que  «no   resulta   cierto   que   las  ayudas  de  los  suboficiales  LABIO  MULCUE  y  USUGA  VALENCIA hayan sido estrictamente “post  factum”,  como  se  indica  en  el  escrito  de  impugnación, dado que fueron  concomitantes   al   hecho   y   con   concierto  o  acuerdo  previo»47,  a  fin  de salvaguardar la  comisión de los ilícitos.   

A lo anterior se suma que, tampoco responde  a  la  realidad,  aseverar  que los militares encausados no tenían conocimiento  previo  de lo que iba a suceder, ya que, según lo informan los fallos, es claro  que,  no  solo por lo menos Úsuga Valencia,  observó a los ofendidos antes de que fueran ejecutados, en poder  de  Coral  Trujillo  y  sus  subalternos,  sino  que  existe prueba indiciaria y  testimonial  del mentado oficial que comprueba que ambos comandantes de escuadra  sabían   del   falso  operativo  diseñado  para  dar  muerte  a  las  incautas  víctimas.   

Igualmente,  si  la  discusión se enfilaba  hacia  los  indicios  de  interés  y  oportunidad  para delinquir, modus  operandi  y  mala justificación y  mentira  es  claro  que  el  defensor equivocó la ruta de ataque, habida cuenta  que,  cuando  se  acude  a  la  infracción  inmediata  de la ley sustancial, es  menester  mostrar  conformidad  con  los  hechos  y  la  valoración  probatoria  deducida por los jueces de conocimiento.   

De  otro  lado,  la  verificación  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  permite  advertir  que, de manera expresa, se  descartó  la  comisión  del injusto de favorecimiento, en tanto la colegiatura  advirtió  la  existencia  de  un  acuerdo  previo  de  los  procesados  con los  ejecutores  directos de la conducta, luego, no podría haberse utilizado la vía  directa  para  denunciar  la  falta de aplicación del precepto que regula dicho  tipo penal.   

Ahora,  si  la divergencia se predica de la  ausencia  de  argumentos  razonados  para  deducir  dicho  acuerdo,  tampoco  el  seleccionado  era  el  sendero  correcto, pues los defectos de motivación sólo  pueden   ser   postulados   al   amparo   de   la  causal  tercera  –nulidad-.   

Finalmente, es necesario puntualizar que el  precedente  jurisprudencial  en  que  se apoya el letrado (CSJ SP, 15 may. 2013,  rad.  34.320),  no  consulta  las  particularidades  del  caso en examen, habida  cuenta  que  en el estudiado por la Corte el allí procesado no participó en la  ideación  o  fase alguna de la ejecución de las muertes investigadas, sino que  la  ayuda  fue  estrictamente  posterior, mientras que, en el caso de la especie  existió acuerdo previo y colaboración concomitante a los hechos.   

De  este  modo, no hay lugar a admitir este  reproche.   

2. Segundo cargo (subsidiario)  

2.1.  Frente  al  error  de hecho por falso  juicio  de identidad, la Sala ha sido consistente en reiterar que se perfecciona  cuando  el  sentido  literal  de  un  medio de prueba es cambiado para ponerlo a  decir  lo  que  no  revela.   Ello puede ocurrir por tergiversación, si se  varía  el  contenido  material  de  la  prueba; por adición, cuando se agregan  aspectos  o  resultados fácticos no comprendidos por el medio de convicción; o  por   cercenamiento,   si  se  suprimen  hechos  fundamentales  del  instrumento  cognoscitivo.   

En  cualquier caso, la postulación de este  tipo  de  yerro,  exige del casacionista el deber de identificar la prueba sobre  la  que  recae,  revelar  en  términos  exactos  tanto lo que dimana de ella de  acuerdo  con su estricto contenido literal, así como lo apreciado por parte del  sentenciador   del   mismo   medio  de  convicción,  y  concretar  el  tipo  de  desfiguración  (adición,  supresión  o tergiversación) en que haya incurrido  el  juzgador,  para lo cual se debe efectuar el correspondiente cotejo entre los  dos  textos  y  rematar  enseñando  la  incidencia  del defecto en la decisión  final.   

2.2.  En  el asunto examinado, el censor no  señala,  con  claridad,  cuáles  son  los  medios de prueba desfigurados, pues  asegura  que la anomalía recae en las versiones de los inculpados, en la prueba  documental  y  en  los  testimonios  de la mayor parte de los soldados pero solo  enlista algunas declaraciones.   

Además,  sin  rigor  alguno,  cita  unos  fragmentos  de  algunos  de  los  testimonios,  dejando  de  lado  el  deber  de  especificar  cuáles fueron las consideraciones de los sentenciadores en las que  se  ven  reflejadas  las supuestas distorsiones, impidiendo, de este modo, hacer  la confrontación respectiva.   

Y  es  que,  el letrado exhibe una profunda  confusión  argumentativa en la medida que su divergencia no apunta a cuestionar  la  vulneración  de  la  literalidad  de la prueba por parte de los falladores,  como  sería  necesario  cuando se trata del falso juicio de identidad, sino que  tiende  a  rebatir el mérito asignado por aquellos a los medios de convicción,  el    cual   no   puede   ser   objeto   de   ataque   casacional   –dada  la  relativa discrecionalidad de  los  juzgadores  para  valorar  las  pruebas  en  el  marco  de  las  reglas  de  persuasión  racional-,  sino,  si acaso, a través del error de hecho por falso  raciocinio,  cuando se demuestra la violación de las leyes de la sana crítica,  cometido no emprendido adecuadamente por el censor.   

Lo  anterior  es  palmario,  cuando,  por  ejemplo,  el  jurista  asegura  que  del  dicho  de  Richar Eusebio –sin   apellido-  en  el  sentido  que  «dicen  que los suboficiales sabían pero no estaban  de   acuerdo»,  no  se  extrae  que  los  procesados  participaron  en  los  hechos  investigados,  pues  tal  proposición no enseña  ninguna  tergiversación  de  lo  narrado  por  el  testigo, en la medida que no  acredita  que  al  aprehender  la prueba los juzgadores le dieran un significado  diverso  a  su  contenido,  máxime  si  se  considera  que  el fallo de primera  instancia  es  literal  al  reproducir  el pliego de cargos, contentivo de dicha  cita del mencionado aparte del testimonio.   

En   cambio,   la   inferencia  planteada  corresponde  a una deducción general que hicieron los falladores al analizar el  acervo  probatorio,  la  que  para  ser  controvertida  tendría  que haber sido  sustentada a través del falso raciocinio.   

Lo mismo sucede respecto de las expresiones,  referenciadas  por  el a quo,  de  Wilson  Orlando,  Villota,  Jaiber  Adrián  Pinta  y  Criollo, dado que, se  recaba, el juzgador no hizo modificación alguna de su contenido.   

Distinto  es  que  el  recurrente  esté en  desacuerdo  con  que  la  magistratura,  a  partir  de la prueba recaudada en el  proceso,   haya   construido   diversos  indicios  enderezados  a  acreditar  el  conocimiento  previo,  por  parte  de  los suboficiales involucrados, acerca del  falso operativo diseñado por su comandante.   

Además,  el letrado convenientemente omite  que,  aplicando  la  regla  de  la  experiencia  que  indica  que «nadie  conoce  mejor un hecho que aquel que lo ideó, lo preparó e  intervino     en     su     desarrollo»48, el Tribunal  destacó,   de   acuerdo  con  lo  revelado  por  Coral  Trujillo,  que  quienes  participaron  con  él en los hechos fueron, entre otros más, los acusados, que  tenían   pleno   conocimiento  de  la  actividad  criminal,  que  previo  a  la  simulación  del combate para dar de baja a las dos víctimas aquél le informó  al   pelotón,  libre  de  cualquier  amenaza,  sobre  lo  que  iba  a  suceder,  manifestando  sus  miembros  estar  de  acuerdo  con  esto y que todos aportaban  $10.000  para  la  compra  del  material  de  guerra  a  ser  utilizado  en  las  “legalizaciones” de civiles.   

Esta  versión  resultó respaldada con los  dichos  de  los  otros  soldados mencionados, quienes dieron cuenta de que aquel  oficial  mantenía  permanente  comunicación  con los comandantes de escuadra a  fin  que  «se  distribuyeran  el área como para que  bajo  ciertas  señales  que él [Coral] les daba actuaran cerrando las vías de  acceso,  para  no  permitir que otros ciudadanos se acercaran al lugar (caso del  señor  EDUAN  ENRIQUE USUGA VALENCIA), o para que dispararan la ametralladora a  una  peña  o  cerro que dejara en la comunidad la sensación del activo combate  con  las  fuerzas  insurgentes, como ocurrió en este caso con JOSE ALIRIO LABIO  MULCUE      (…)»49.   

Para  cerrar,  el  libelista señala que se  dejaron  de  apreciar  las pruebas, pero no indica cuáles y tampoco lo denuncia  por  la  ruta  adecuada,  cual  es,  la  del  error de hecho por falso juicio de  existencia por omisión.   

De este modo, tampoco es viable admitir esta  censura.   

Por  último, la Sala no observa flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  causales  de  nulidad, ni motivos que  conduzcan  a la necesidad de un pronunciamiento profundo frente al expediente en  razón de las finalidades de la casación.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  Eduan        Enrique        Úsuga       Valencia       y  José  Ariel Labio Mulcué contra  la sentencia proferida el 4 de noviembre de 2014 por la Sala  Penal del Tribunal Superior de Pasto.   

Segundo.  Contra  esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Presidente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Cfr.  folios  401-403  del  cuaderno original 5.   

2  Cfr.  folios  227-234  del  cuaderno original 1.   

3  Cfr.    folios   11-12  ibidem.   

4  Cfr. folio 242 ibidem.   

5  Cfr.   folios   250-252  ibidem.   

6  Cfr.    folios   31-36  ibidem.   

7  Cfr.  folios  72-101  del  cuaderno original 3.   

8  Cfr.   folios   149-179  ibidem.   

9  Cfr. folio 200 del cuaderno  original 4.   

10  Cfr.   folios  6-71  del  cuaderno original 5.   

11  Cfr. folio 131 ibidem.   

12  Cfr.   folios   153-154  ibidem.   

13  Cfr.   folios   172-174  ibidem.   

14  Cfr.   folios   282-310  ibidem.   

15  Cfr.   folio   311-312  ibidem.   

16  Cfr.   folios   349-353  ibidem.   

17  Cfr.   folios   376-397  ibidem.   

18  Cfr.   folios   401-445  ibidem.   

19  Cfr.  folios  48-61  del  cuaderno del Tribunal.   

20  Cfr.    folios   72-73  ibidem.   

21  Cfr.   folios   75-114  ibidem.   

22  Cfr.       folio       87      ibidem.   

23  Cfr. folio 92 ibidem.   

24  Ibidem.   

25  Cfr. folio 93 ibidem.   

26  Cfr. folio 94 ibidem.   

27  Cfr. folio 98 ibidem.   

28  Ibidem.   

29  Cfr. folio 99 ibidem.   

30  Cfr. folio 100 ibidem.   

31  Cfr.   folios   100-101  ibidem.   

32  Cfr. folio 103 ibidem.   

33  Cfr.   folios   103-104  ibidem.   

34  Cfr. folio 107 ibidem.   

35  Ibidem.   

36  Cfr. folio 108 ibidem.   

37  Ibidem.   

38  Ibidem.   

39  Ibidem.   

40  Ibidem.   

41  Cfr. folio 109 ibidem.   

42  Cfr. folio 110 ibidem.   

43  Cfr. folio 111 ibidem.   

44  Cfr.   folios   111-112  ibidem.   

45  Cfr. folio 432 del cuaderno  original 5.   

46  Cfr.  folio  59 vuelto del  cuaderno del Tribunal.   

47  Ibidem.   

48  Cfr. folio 55 ibidem.   

49  Cfr.   folio  55  vuelto  ibidem.     

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