SP335-2015(45182)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

SP335-2015  

Radicación N° 45182.  

Aprobado acta No. 23.  

Bogotá, D.C., veintiocho (28) de enero de dos  mil quince (2015).   

V I S T O S  

Se decide sobre la  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  instaurada  por  el  defensor  de VICTOR MANUEL CADENA NAVIA y  CONCEPCIÓN    GUEVARA    CÁRDENAS    en  contra de la sentencia  proferida por el Tribunal Superior  de   Cali   el              26  de  agosto  de    2014,   mediante  la  cual  se  confirmó, con  algunas  modificaciones, la  que  a  su  vez  había dictado el Juzgado  16  Penal  del  Circuito  de    la    misma   ciudad   el  23  de  enero  de  2013,  en el sentido de declarar penalmente  responsables a               los  procesados  en        mención       como       coautores    de  los  delitos  de  Estafa (tentativa) y Falsedad en documento privado en  concurso homogéneo.   

A N T E C E D E N T E S  

    

1. Fácticos     

En  la sentencia recurrida se destacan como  hechos jurídicamente relevantes los siguientes:   

El  14  de  octubre de 2004, el odontólogo  Víctor  Manuel  Cadena Navia, en su condición de representante legal de la IPS  “Centro  Médico  Clínica  de Occidente” de Cali, presentó con cargo a los  recursos  de  la  subcuenta  de Eventos Catastróficos y Accidentes de Tránsito  (ECAT)   –del  Fondo  de  Solidaridad  y  Garantía  (Fosyga)-,  creada  para  pagar  los gastos médicos,  insumos  e  intervenciones  prestadas  a las personas lesionadas en accidente de  tránsito       con      vehículos      no      identificados      –“fantasmas”-,  doce reclamaciones  –las   cuales   fueron  radicadas  con  los  números 7760941 a 7760952- por un total de $58.419.400 por  concepto   de  servicios  médicos,  exámenes  y  procedimientos  de  implantes  odontológicos  a  igual  número  de  pacientes  que  en  el  año  2004 fueron  arrolladas  por buses de servicio público no identificados y solo perdieron sus  dientes.   

Tales reclamaciones fueron elaboradas en los  correspondientes  formularios  por  Concepción  Guevara  Cárdenas –secretaria del aludido odontólogo- y  cuyos  soportes  documentales  resultaron falsos en once de los casos porque los  tratamientos  nunca  se realizaron pues, de un lado, uno de los pacientes había  muerto  con  anterioridad a la fecha de la supuesta intervención odontológica;  otros  no habrían sufrido accidentes de tránsito ni se les había prestado tal  servicio  y la información personal de otros correspondía a personas distintas  y,  de  otro,  no  se hallaron las historias clínicas ni los documentos que dan  cuenta de la existencia del correspondiente accidente de tránsito.   

    

1. Procesales     

El      1      de      noviembre     de     2005,    con   base   en   la  denuncia  instaurada  por  un  apoderado  especial  del Consorcio  Fisalud,   una  Fiscalía  delegada  de Cali profirió resolución de apertura de  investigación  previa1  y, luego, el 21 de julio de  2006  la  de instrucción en contra de VICTOR MANUEL CADENA NAVIA, quien rindió  indagatoria    el    30   de   agosto   siguiente2.   

El  8  de  septiembre de 2006, se declaró  cerrada           la          instrucción3; sin embargo, en  virtud del recurso de reposición que  interpuso  el defensor, se revocó la decisión y se ordenó vincular al proceso  a      CONCEPCIÓN      GUEVARA      CÁRDENAS4,   lo   cual   se  cumplió  en los días 25   de   enero   y   12  de  febrero  de   2007,  cuando  ésta  rindió  indagatoria5.   

El  16  de  abril  de  2009, nuevamente se  decreta   la   clausura   de   la   investigación6 y, el 31 de julio siguiente,  una  vez  agotado el término de traslado a los sujetos procesales, la fiscalía  calificó  el  mérito  del  sumario  profiriendo  resolución  de acusación en  contra  de  los  dos  procesados  como  coautores  de los delitos de Falsedad en  documento    privado    (concurso    homogéneo)    y   Estafa   en   grado   de  tentativa7.   Esa   decisión  fue  confirmada  en  primera  y  en    segunda   instancia   (30   de   octubre   de   2009   y   18   de  agosto  de  2010,  respectivamente),  al  desatarse  los  recursos  de  reposición    y    de    apelación    (subsidiario)    que   interpusiera   la  defensa8.   

El  trámite  de  la  etapa de juzgamiento  correspondió  al  Juzgado  16  Penal  del  Circuito  de Cali, el cual, luego de  surtido  el  traslado  previsto en el artículo 400 del C.P.P./2000, realizó la  audiencia   preparatoria   el    6   de   diciembre   de   20109.  Posteriormente,   en   sesiones   del  24          de          enero10,  14 de febrero11  y 30 de  junio12  de 2011, y  del      25      de      abril      de     201213        se celebró la vista pública de juzgamiento.   

El    22  de   enero  de  2013,  el       Juzgado       dictó       sentencia14      mediante      la  cual  se condenó a los procesados como coautores de  los   delitos   de  Estafa  y  Falsedad  en  documento  privado  (11  conductas).  En  tal  virtud, se les  impusieron  las  penas  principales  de  prisión  por un término de 60 meses y  multa  por valor de $11.933.333,33, negándoseles el subrogado de la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena.  Así  también,  a  título  de  pena accesoria, se ordenó la inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  igual  período  al de la  prisión.   

El          26        de        agosto    de    2014,   ante   el   recurso  de  apelación  promovido  por  el  defensor,  el     Tribunal    Superior    de    Cali   confirmó   la   condena  aunque  modificó la cantidad  de  la  pena  de  prisión  a  imponer  para  fijarla  en 48 meses y concedió el subrogado que en primera  instancia       había       sido       negado15.  Contra  esta  sentencia, el defensor  interpuso  el  recurso  extraordinario de casación16 y lo sustentó mediante la  presentación    de    la    respectiva   demanda17.  En  relación  a  la misma, no hubo pronunciamiento por parte de  los sujetos procesales no recurrentes.   

L A  D E M A N D A  

Una   vez   se  identifican  la  sentencia  impugnada,  los sujetos procesales, los hechos juzgados y la actuación procesal  relevante,  se  afirma  que  aquella  providencia vulneró derechos o garantías  fundamentales y se procede a formular 2 cargos, así:   

Cargo No 1: Nulidad  

Se  aduce  que  la sentencia condenatoria se  dictó  en  un  proceso que no podía proseguirse por haber prescrito la acción  penal   desde  la  etapa  de  la  instrucción.  Ello,  por  cuanto  los  hechos  constitutivos  de  Estafa  (tentativa) y Falsedad en documento privado (concurso  homogéneo)  ocurrieron  el 14 de octubre de 2004 y la resolución de acusación  adquirió  ejecutoria el 18 de agosto de 2010, por lo que, advierte, entre tales  extremos  habrían  transcurrido más de 6 años, período éste que es superior  a  los  montos máximos de la pena de prisión imponible a los delitos de Estafa  (tentativa)  y  de  Falsedad  en  documento  privado  que, según el demandante,  equivalen a 48 meses y de 6 años, respectivamente.   

Con  fundamento  en lo anterior, solicita se  case  el  fallo  y,  en  su lugar, se declare la nulidad de la actuación.    

Cargo  No  2: violación directa de la ley  sustancial   

En segundo lugar y de manera subsidiaria, se  acusa  la  sentencia  de infringir directamente, por exclusión evidente, la ley  sustancial contenida en los  artículos   9,   10   y  11  del  Código  Penal,  toda  vez  que  “no  tuvo  en cuenta la tipicidad de las conductas por virtud de  las condiciones requeridas para la punibilidad”.   

Cita la página 56 de la sentencia en la que  se  afirmó  que  no hubo detrimento del patrimonio público, para concluir que,  siendo  así,  la antijuridicidad no se presentó, por lo que falta el requisito  de  punibilidad previsto en el artículo 11 sustantivo. Ahora bien, reconoce que  esta  norma  tiene  por  satisfecha  la  exigencia,  no  solo cuando se lesionó  efectivamente  el  bien  jurídico,  sino también cuando se le pone en peligro;  sin   embargo,  descarta  esta  última  opción  porque,  estima,  la  conducta  ejecutada  constituye  una  “tentativa  imposible”  en  el marco del rígido  sistema  de controles (auditorías) a que se someten los cobros que hicieron los  procesados.   

En ese orden, destaca que el juzgador omitió  el  examen  de la antijuridicidad, la eficacia de las acciones ejecutadas y, por  esa  vía,  la  aplicación de normas rectoras. La valoración de esos tópicos,  continúa,  determinaba  la  declaratoria  de  ausencia  de  punibilidad  en las  conductas.  Lo  contrario,  implicó condenar por responsabilidad objetiva a los  enjuiciados  violando  así  la prohibición consagrada en el artículo 12-2 del  estatuto penal.   

Finalmente, solicita se case la sentencia y,  en su lugar, se absuelva a los procesados.    

C O N S I D E R A C I O N E S  

De  conformidad  con  lo  previsto  en  el  artículo  213 del Código de Procedimiento Penal de 2000, la Corte entra   a   calificar  la  demanda  de  casación  instaurada por  el   defensor   de  los  señores  VICTOR MANUEL CADENA NAVIA y CONCEPCIÓN GUEVARA CÁRDENAS   con  el  objeto  de  determinar si es admisible o no, lo cual dependerá del cumplimiento  de   los   requisitos   consagrados   en   el  citado  estatuto  para  ese  acto  procesal.   

Sea  lo  primero  advertir que,   conforme   a   lo   establecido   en   el  artículo  205  del  C.P.P./2000,  el  recurso  de  casación interpuesto  no  es procedente porque  si  bien se dirige  contra una sentencia proferida en segunda instancia por un  Tribunal  Superior  de Distrito Judicial –el de Cali-, ninguno de los delitos  por   los  cuales  se  adelantó  el  proceso  tiene  señalada pena privativa de la libertad cuyo máximo  exceda     de    8  años.   En   efecto,  para   la   época   de  los  hechos  (año  2004),  el   artículo  246  de  la    Ley   599   de  2000   sancionaba   la  conducta  de  Estafa  con prisión de hasta 8 años,  mientras  que  el  artículo  289  ibídem  hacía lo  propio  con  la  Falsedad  en  documento  privado con  pena    de    igual    naturaleza    que        no       podía           superar los  6 años.   

A más de ello, ni el demandante invocó la  vía   de  la  casación discrecional ni la Corte  la     considera     necesaria    para      desarrollar     la     jurisprudencia     o     para      garantizar      derechos  fundamentales,   siendo  ésta    la   única  excepción  posible  a  la regla de los máximos punitivos imponibles, según lo  permite    el   mismo   artículo   205      del     C.P.P./2000.  A  pesar  de  lo  anterior,  desde  ya  se   anuncia  que,  con  base  en  la  facultad   oficiosa   prevista   en  el  artículo  216  procesal,  se  casará  parcialmente  la  sentencia  aludida para corregir el  término  de  la pena accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas, que le fuera impuesta a los  procesados.   

Ahora  bien,  aun  cuando  se hiciera caso  omiso  a  la  causal  de  improcedencia  de la casación que se anotó,  los  cargos  formulados  en  la  demanda  parten  de premisas  notoriamente   erróneas   y  carecen  de  los  más  mínimos    fundamentos    lógico-jurídicos,    tal   y   como   se   pasa   a  demostrar:    

Cargo No 1: Nulidad  

Según  la demanda, la acción penal por los  delitos  de  Estafa  y  Falsedad  habría  prescrito  antes  que  la resolución  acusatoria  adquiriera  ejecutoria  (18  de  agosto de 2010), pues esto ocurrió  cuando  ya  se  había sobrepasado un lapso equivalente al monto superior de las  penas  de  prisión  imponibles,  desde la fecha en que sucedieron las conductas  punibles  (14  de  octubre  de  2004).  Este  cargo  parte  de  sendas  premisas  manifiestamente  erróneas,  ambas relativas a los límites temporales empleados  en  el  cálculo  de  la prescripción: en el caso de la Estafa, se equivocó el  recurrente  en  la  determinación de la pena máxima imponible, mientras que en  lo  que  respecta  al  delito  de  Falsedad  erró  al  contabilizar el período  transcurrido    entre   los   sucesos   y   la   firmeza   del   llamamiento   a  juicio.   

En  efecto,  sostiene  el  impugnante que la  mayor  pena aplicable al delito de Estafa es de 48 meses y no la señalada en el  artículo  246  del Código Penal (8 años), si se tiene en cuenta que aquél no  se  consumó  y  ello implicó la reducción punitiva que establece el artículo  27  ibídem.  Pues  bien,  es  cierto  que la acusación y la sentencia versaron  sobre  un ilícito contra el patrimonio económico en grado de tentativa, por lo  que  la  pena  imponible  debe  reducirse  de  la mitad (1/2) a las tres cuartas  partes  (3/4);  sin embargo, el resultado de esa operación aritmética no es el  de  un  tope  punitivo  superior de 48 meses sino de 72 o, lo que es igual, de 6  años,  toda  vez  que  es  esta la cifra que queda al disminuirse al monto de 8  años,  la  última  proporción  que  se mencionó18.   

Así  pues, yerra la demanda en la fijación  de  ese  extremo  y, de contera, en la conclusión según la cual el término de  la  prescripción  de la acción penal por el delito de Estafa se había agotado  cuando  la  resolución  de  acusación  adquirió  ejecutoria, siendo éste, se  recuerda,   el   único  evento  que  produce  la  interrupción  del  fenómeno  extintivo,  tal  y  como  lo  dispone  el original artículo 86 de la Ley 599 de  200019.  En efecto, desde el día en que acaecieron las conductas punibles  juzgadas,  que fue aquél en que se impulsó el trámite de cobro de dineros del  FOSYGA   utilizando   documentos   privados  falsos  según  lo  declararon  las  sentencias  de  instancia,  hasta  cuando se inició la etapa de juzgamiento con  acusación  en  firme;  transcurrieron 5 años, 10 meses y 4 días, siendo éste  un  término inferior a los 6 años que hubiesen generado la prescripción de la  acción penal durante la instrucción.   

Ahora,  en lo que respecta al cálculo de la  prescripción  de  la  acción  penal  adelantada por los delitos de Falsedad en  documento  privado,  el error del demandante es más evidente porque a pesar que  reconoce  que la pena máxima imponible es de 6 años, lo cual descarta de plano  el  acaecimiento  del  fenómeno  extintivo conforme ya se explicó, asevera que  ese   término   se   superó   antes   que   existiera  providencia  acusatoria  ejecutoriada.  Esa  premisa no solo es falsa sino demostrativa, por lo menos, de  un  craso  error  o  ignorancia en las más elementales operaciones aritméticas  que permiten calcular el tiempo sucedido entre dos extremos.   

Así  pues, como quiera que la acción penal  no   prescribió  en  la fase de instrucción ni por el delito de Estafa ni  por  los  de Falsedad en documento privado, y tampoco ello ha sucedido luego que  el  término  de  prescripción se interrumpiera porque aún no han transcurrido  los   5   años   que  prevé  el  artículo  86-220   

sustantivo  para  casos  que,  como  en el  presente,  la  mitad  del  tope  superior  de las penas aplicables es inferior a  aquel monto; la demanda es notoriamente inadmisible.    

Cargo  No  2: Violación directa de la ley  sustancial   

De   manera   subsidiaria,  el   recurrente  aduce  la  violación  directa  de  la ley sustancial debido a la exclusión  evidente    de    los  artículos   9,   10   y   11   del  Código  Penal.  Las      razones     en     que     soporta   tal   afirmación  son  las  siguientes:  en  un inicio, destaca que no se tuvo en cuenta la tipicidad de las  conductas,  luego  que la misma sentencia impugnada reconoció que no se produjo  un  detrimento  al  patrimonio  estatal  por  lo  que  la  conducta “no   puede   ser   objeto   de   condena  alguna”,  y,  por  último,  que  las acciones  ejecutadas   por   los   procesados  no  tenían  la  potencialidad  de  afectar  el     bien     jurídico    tutelado    (tentativa   imposible),   dado   los   múltiples   controles  a   que   se  sujeta el trámite de los pagos que  se pretendía obtener.   

En   primer   lugar,   se   observa  que  el  cargo  formulado  se  dirige  a  cuestionar  la  declaratoria  de  responsabilidad  penal exclusivamente  en lo que respecta a la  conducta  que  perseguía  socavar  el  patrimonio  económico   estatal,   es   decir,   al   delito   de   Estafa  en  grado  de  tentativa,  mas  en nada se refiere a los múltiples  comportamientos  lesivos  de  la  fe  pública.  Por  tal  razón,  en  el mejor de los escenarios para los  intereses     del  recurrente,   jamás   tendría  la  eficacia  para  desvirtuar  la  totalidad  de  los  fundamentos  de  la  condena,  sólo los del  atentado   contra   el  patrimonio  económico,  perviviendo  así  los  que  justifican    la    sanción   por   el   concurso   de   Falsedades.    En   otras   palabras,   a   lo  sumo,   la   casación  pretendida   tendría   una  trascendencia  parcial.   

   

En   segundo   lugar,   se  advierte   en   la  sustentación  del  cargo  una  contradicción  irresoluble:    o   la  conducta      se      calificó     erróneamente   como  típica  por  la  exclusión  evidente  del  artículo  10  de  la  Ley  599 de 2000, descartándose  así  cualquier  examen  dogmático  adicional por  sustracción  de  materia; o la conducta se  tuvo  irregularmente  por     antijurídica    debido    a  la   falta   de   aplicación   del   artículo  11  ibídem,                 presuponiendo  ello  su    adecuación    al    supuesto   de   hecho   prohibido.     Así    pues,    la    invocación    conjunta    de    un    ilegal   juicio  de  tipicidad y de lesividad de  la   conducta  y,  en  general,  de  todas   las  categorías   estructurales  del  delito     que    aparecen    consagradas   en   el   artículo   9  sustantivo,  es  contradictoria porque cualquiera de  ellas   o  excluye o  presupone          a          las             demás.   

Entonces  bien,  en  lo  que respecta a la  inaplicación     del     artículo    10    precitado    que    consagra  el  principio  de tipicidad, el  cargo  carece  absolutamente  de  sustentación, pues el demandante en    su    desarrollo    se   limita  a  expresar una frase que  es  confusa y, en todo caso, axiomática:  que  la  sentencia  “no  tuvo en cuenta la tipicidad de las  conductas    por    virtud    de    las    condiciones    requeridas   para   la  punibilidad”. Además,  recuérdese   que   el  precepto   que   se   estima   excluido   ostenta   la   naturaleza  de  un  “principio”,  lo que implica que en su estructura no se halle un específico  supuesto  de  hecho  y  su  respectiva  consecuencia,   como  ocurre  con  las  normas  jurídicas que, a la manera de los tipos penales, asumen la forma de una  “regla”.   De  allí   que,   en  estricto  sentido,  la     invocación     de    una    infracción    autónoma  al  mentado  principio no  parece viable,    a    no   ser   que,        precisamente,   el   reproche   consista  en  la  atipicidad  absoluta  de  los  hechos.   

La   segunda   razón  que  esgrime   el   libelista   en   apoyo  de      su      tesis      es      desvirtuada   por  la  tercera,  pues  inicialmente  sostiene  que  la          sentencia          reconoció       que  en  el  caso bajo examen no se produjo detrimento patrimonial al  Estado  y  ello, continúa, implicaría la ausencia de lesividad de la conducta.  Sin   embargo,   a  renglón  seguido  destaca  que  es  el  mismo  artículo 11 del Código Penal el que  enseña  que  la antijuridicidad deriva no  solo de la efectiva lesión al bien  jurídico     protegido     sino     también    de    su    puesta    en  peligro.  Como fácil es  concluir,  esta  última  aserción  excluye la inicial, además, la afirmación  que  del  fallo  relieva  el  impugnante   es   lógica   y   acertada  porque  efectivamente   los  procesados  no  obtuvieron  el  provecho    ilícito    que    buscaban,  lo  cual  explica  que la   imputación   jurídica  correcta  fuera  por  Estafa en grado de tentativa,  como  se  hizo,  y  no por   la  modalidad  consumada.   

         

Por      último,     asegura     el    censor  que  la  conducta  de los procesados  configuró  una tentativa imposible y que,  en  consecuencia, no creó  un  riesgo  efectivo al patrimonio  estatal,     pues  los  eficaces  sistemas  de  vigilancia a  los que  se  encuentran sometidos los procesos de cobro de dineros del FOSYGA,   no   lo   permitían.   Es   evidente   que  tal    planteamiento    se    funda    no   en   razones   legales,  jurisprudenciales    o    meramente   dogmáticas,  sino  en  una particular  opinión      del      demandante      que,     por     demás,     luce   alejada  de  los  más     básicos     conocimientos  en   derecho   penal  porque     confunde  la     denominada  tentativa     imposible     que     abarca  eventos  que  ni siquiera   reúnen  los  requisitos  para    ingresar    al    espectro    de        la        tipicidad   (por   ausencia   de   objeto  material  o  de  sujeto  pasivo,    o,    en  general,  por inidoneidad de la conducta),   con  la  inexistencia     de     riesgo     para    el    bien    jurídico,  cuyo  examen  da  por  sentada  la  concurrencia   de  una  conducta              típica.   

Ante  la inquietud que se examina, resulta  pertinente  traer  a  colación  la  reconstrucción  histórica  de los sucesos  contenida  en  la sentencia de primera instancia, no  sin  antes  recordar  que  los cargos de violación directa de la ley sustancial  como  el  propuesto  por  el  recurrente,  presuponen  la  aceptación  de  esas  conclusiones    fácticas    y    de   la   valoración   probatoria   que   las  soporta21.      Precisado      lo      anterior,      se     transcriben   a   continuación   las   apreciaciones  del juzgador:     

Sucedió  en este caso que el Dr. Víctor  Manuel   Cadena  Navia,  odontólogo  domiciliado  en la ciudad de Cali, creó la “IPS Cadena García e  hijos  Centro  Médico  Clínica  de  Occidente” S.C.S., con NIT. 805011280-3,  también  domiciliada  en la ciudad de Cali, con el fin de prestar los servicios  de  salud  especializados  a  los  lesionados  en accidentes de tránsito que no  estuvieran  amparados  con  el SOAT por tratarse de vehículos no identificados.  De  esa  manera  cobró a la cuenta ECAT del Fosyga grandes sumas de dinero y la  entidad efectivamente autorizó su pago.   

El aspecto fáctico en el presente asunto  tiene  que ver con las conductas que se anotan a continuación. En los casos que  se  van  a  relacionar, presentó el Dr. Cadena Navia a Fisalud cuentas de cobro  mediante  la  presentación  del  formulación  de  reclamación  respectivo, el  certificado  médico  de  atención  y  la  correspondiente  factura y su valor,  consignando  hechos  falsos;  pues  no  es  cierto  que  hubiera  realizado  los  procedimientos  odontológicos  allí  indicados,  pero  lo  hizo  aparecer como  reales  con  el  fin de que autorizara el pago de dichas sumas de dinero, con lo  cual  trató  de  hacer  caer en error a los funcionarios auditores médicos que  presentaban  sus  servicios  para Fisalud; ilicitudes  que  se descubren por la disimilitud en el tiempo, en  el  procedimiento, en las circunstancias en que se produjeron los traumatismos y  por   la   ausencia   de   reporte   en   los  sistemas  de  la  existencia  del  siniestro.     22     

Esa  relación de los acontecimientos y las  circunstancias  en  que  fueron ejecutados, descarta, sin duda alguna, cualquier  forma   de   tentativa  impune  porque  en  tal  relato  se  reúnen  todas  las  exigencias   contempladas  en  el artículo 27 del Código Penal (inicio de  la  ejecución,  idoneidad y  univocidad  de  la  acción,  y  falta  de  consumación  de  la  misma  por una  circunstancia  ajena  a  la  voluntad  del  agente),  incluidos,  obviamente, la  existencia  del  sujeto  pasivo  (Estado)  y  del objeto material de la conducta  (recursos del FOSYGA).   

Además,  la  especial  aptitud (personal y  jurídica)  del  procesado  VICTOR  MANUEL CADENA NAVIA para efectuar cobros por  prestación  de  servicios  médicos  originados  en  accidentes de tránsito no  amparados  por  el  SOAT,  pues ostenta la profesión de odontólogo y, además,  actuaba  a  través de una institución prestadora de salud constituida para tal  objeto,  así  como  la aptitud de los medios fraudulentos utilizados (numerosos  documentos  falsificados)  para engañar al sujeto pasivo del delito; determinan  la  idoneidad de la conducta para poner en riesgo el patrimonio económico, como  efectivamente   ocurrió   desde   el  mismo  instante  en  que  se  inició  el  procedimiento    tendiente    a    obtener    pagos    ilícitos    de   dineros  públicos.   

Finalmente,  no  sobra  advertir  que  la  exclusión  evidente  no se configura si, a pesar de no mencionarse el número o  la  denominación  del  artículo  que  contiene  una  específica  disposición  normativa,  ésta  se  ha  aplicado  cabalmente, tal y  como ocurrió en el  presente  evento,  según  puede  constatarse en las siguientes afirmaciones del  fallador de segunda instancia:   

Tal  afirmación  del  apelante  en  nada  desvirtúa  que, de una parte, los procesados dieron principio de ejecución del  punible  de  estafa cuando presentaron la reclamación con la documentación que  deliberadamente  falsificaron  como  artificio  para  inducir  en  error  a  las  personas  encargadas  de  pagar  los procedimientos a cargo de la subcuenta ECAT  del  Fosyga  y  así obtener la entrega de los $58.419.400; empero, de otro, por  razón  de  la  auditoría  especial  que  se  le  hizo  a esas reclamaciones no  lograron  la  finalidad  que  se  propusieron,  razón  por la que, aunque no se  realizó  la  estafa,  sí pusieron en peligro el bien jurídico de los recursos  públicos  destinados  a  recuperar  la  salud de las víctimas de accidentes de  tránsito   con   “autos  fantasmas”.23   

Así pues, el cargo de violación directa de  la  ley  sustancial por falta de aplicación del artículo 11 del Código Penal,  carece de una mínima sustentación adecuada y veraz.   

Casación oficiosa  

Como       al      principio        se       anunció,      con  base en la facultad oficiosa prevista en el artículo 216 del  C.P.P./2000,    la    Corte    casará  oficiosa  y parcialmente la sentencia  condenatoria   proferida   contra   VICTOR   MANUEL  CADENA  NAVIA  y   CONCEPCIÓN   GUEVARA  CÁRDENAS,  con  el  objeto  de  ajustar  el  monto  de  la pena  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas.   

La  razón  de  la  casación  oficiosa y  parcial,  es  que en primera instancia se impuso una  pena  de  prisión  de  60  meses  y la accesoria por igual período,  mas luego  el superior funcional, al  desatar  el  recurso  de  apelación  interpuesto  por el defensor, decidió  modificar  el término de la  sanción  principal porque  en su cómputo se habían  desconocido   las   reglas  punitivas  que  rigen  el    concurso    de  delitos   (art.   31  C.P.)24.        No  obstante lo anterior, dejó intacta  la cuantía de la pena accesoria.   

En  razón  de  lo  anterior,   la  protección  de  las  garantías  fundamentales  de los procesados, especialmente del  principio    de    legalidad    en    lo   referente   a   la   punibilidad  aplicable   al   concurso   de   delitos   (art.  31  C.P.)  y  a la duración de las sanciones accesorias  (art.    52,    inc.   3º,   C.P.);   determina  la necesidad de modificar el  monto  de  la  pena de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas,  fijándola  en término idéntico al de la prisión, es decir, en 48  meses,  con  lo  cual  también  se  respetan  las valoraciones que realizó  el sentenciador al     momento    de    dosificar  las  sanciones.      

Conclusión  

En consecuencia  de  lo  expuesto, la Corte  inadmitirá   la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de VICTOR MANUEL CADENA NAVIA  y     CONCEPCIÓN     GUEVARA    CÁRDENAS.    Sin  embargo,  se  casará la  sentencia  exclusivamente para disponer que la pena accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas, tendrá una duración de  48 meses.   

D E C I S I Ó N  

En  mérito  de lo expuesto, la    Corte    Suprema    de    Justicia,    Sala   de   Casación  Penal,   

R E S U E L V E  

Primero:  INADMITIR  la  demanda  de casación presentada por el  defensor de VICTOR MANUEL  CADENA      NAVIA      y      CONCEPCIÓN      GUEVARA     CÁRDENAS.   

Segundo:  CASAR    oficiosa    y  parcialmente,   la   sentencia  proferida  en  contra  de  VICTOR MANUEL CADENA  NAVIA  y  CONCEPCIÓN  GUEVARA CÁRDENAS.  En  consecuencia,  se  establece  que  la  duración  de la pena  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas, es de 48 meses.    

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Cuaderno Original No 1, folio 58.   

2  Ibídem, folios 153-160.   

3  Ibídem, folio 171.   

4  Ibídem, folios 195-196.   

5  Ibídem, folios 203-211 y 213-215.   

6  Ibídem, folio 228.   

7  Ibídem, folios 249-264.   

8  Ibídem, folios 277-281 y 287-298.   

9  Cuaderno Original No 2, folios 340-345.   

10  Ibídem, folios 358-365.   

11  Ibídem, folios 367-371 y 377-387.   

12  Ibídem, folios 409-412.   

13  Ibídem, folios 485-496.   

14  Ibídem, folios 499-559.   

15  Ibídem, folios 580-598.   

16  Cuaderno Original No 3, folio 1.   

17  Ibídem, folios 15-23.   

18  Recuérdese  que  según  lo  dispone  el artículo 60, numeral 5º, del Código  Penal,  si  la  pena  se disminuye en dos proporciones, la mayor se aplicará al  mínimo y la menor al máximo de la infracción básica.   

19  Es  decir,  antes  de  ser  modificado  por  el  artículo  6º de la Ley 890 de  2004.   

20  “Producida  la  interrupción  del  término  prescriptivo, éste comenzará a  correr  de  nuevo  por  un tiempo igual a la mitad del señalado en el artículo  83.  En  este  evento  el  término no podrá ser inferior a cinco (5) años, ni  superior a diez (10)”.   

21  CSJ  AP,  9  May. 2012, Rad. 37987; CSJ AP, 10 Jul. 2013, Rad. 41411; CSJ AP, 11  Dic.   2013,   Rad   42737;   y   CSJ  AP,  30  Abr.  2014,  Rad.  43248;  entre  otras   

22  Folios 501-502 del Cuaderno Original No 2.   

23  Cuaderno Original No 2, folio 593.   

24  En  un  razonamiento  correcto  manifestó  el  Tribunal  de  Cali: “Como   se   ve,   el  Juez  desconoció  la  regla  básica  de  dosificación  de la pena en el concurso de delitos según la cual, la pena para  el  autor  de  varios  punibles es la que se determine para el delito más grave  –en este caso la de 24  meses  de  prisión  por  el  delito  de  falsedad-  “aumentada  hasta en otro  tanto”  (Art. 31 del C.P.); el otro tanto de 24 meses son 24 meses, razón por  la  que,  por  disposición  legal el límte máximo de la pena para el concurso  sea  cual  fuere el número de delitos es de 48 meses  de  prisión.”.  Folio  595 del Cuaderno Original No 2.     

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