SP3052-2015(42337)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrado Ponente  

SP – 3052 – 2015  

Radicación 42337  

Aprobado Acta No. 105  

Bogotá  D.C., dieciocho de marzo de dos mil  quince (2015).   

V    I   S   T   O  S   

Se  examina en sede de casación el fallo de  segunda  instancia  emitido  por el Tribunal Superior de Medellín el 16 de mayo  de  2013, en el cual se confirmó la decisión condenatoria de primera instancia  proferida  por el Juzgado 21 Penal del Circuito con funciones de Conocimiento de  la  misma  ciudad  el  29 de febrero de 2012, en contra de JOSÉ DANIEL JIMÉNEZ  CONTRERAS   por  el  delito  de  Omisión  de  agente  retenedor  o  recaudador,  por  el  cual  lo acusó la  Fiscalía General de la Nación.   

H    E   C   H   O  S   

Los hechos que motivaron este proceso fueron  consignados  en  la  denuncia  presentada  el  9 de enero de 2007 por la doctora  María      Magdalena      López      Bedoya,      funcionaria     –  abogada  de  la  División Jurídica  Tributaria  de  la  Dirección  de  Impuestos  y Aduanas Nacionales –DIAN-,  local  Medellín,  quien  hizo  saber   que   el   señor   JOSÉ   DANIEL  JIMÉNEZ  CONTRERAS,  actuando  como  Representante   Legal   de   la   sociedad   Danyova  E.U.,  para  el  año  2.004  suscribió declaraciones  tributarias  por concepto de impuestos sobre las ventas IVA, sin haber efectuado  el  pago  completo de las sumas retenidas o recaudadas en el tiempo indicado por  la  ley tributaria (Ley 383 de 1997, Decreto 3050 de 1997 y Orden Administrativa  007  de  2000),  correspondiente  a los períodos 2 y 3 de ese año y cuyo valor  total  asciende  a  la  suma  de  cinco millones ciento setenta y seis mil pesos  ($5.176.000).   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Con  fundamento  en  los anteriores hechos y  previa  la  denuncia  presentada  por  la representante legal de la Dirección   de   Impuestos   y   Aduanas  Nacionales  –DIAN-,  la  Fiscalía  Cincuenta  y  Tres  de la Unidad de delitos contra la Administración  Pública  y  de  Justicia, decretó la apertura de la instrucción el día 23 de  enero de 2007.   

Habiéndose   ordenado  la  recepción  de  indagatoria  al  señor  JOSÉ  DANIEL  JIMÉNEZ  CONTRERAS  y no lográndose su  comparecencia  para tal efecto, mediante resolución del día 29 de mayo de 2008  dispuso  su  vinculación  procesal  mediante  declaratoria  de persona ausente,  nombrándole en la misma decisión defensora de oficio.   

El día 18 de septiembre de 2008 se declaró  cerrada  la  investigación, procediendo la Fiscalía a calificar el mérito del  sumario  el  día  28  de  octubre  de  ese  año, profiriendo preclusión de la  investigación  en favor del procesado. Decisión impugnada mediante recursos de  reposición  y  apelación,  interpuestos  por  la  representante  de la entidad  denunciante.   

La  resolución  fue  revocada  en  segunda  instancia  por  la  Fiscalía  Quinta  de  la  unidad  Delegada ante el Tribunal  Superior  de  Medellín,  mediante  decisión  del  3  de  septiembre  de  2010,  profiriendo  en  su lugar resolución de acusación en contra del procesado, por  el   delito   de  omisión  del  agente  retenedor  o  recaudador.   

Le  correspondió al Juzgado Veintiuno Penal  del  Circuito  de  Medellín  adelantar  la  etapa  de  juzgamiento  y, luego de  celebrada  la  audiencia  pública,  emitió  sentencia el día 29 de febrero de  2012,  condenando  a  JIMÉNEZ  CONTRERAS  a las penas  principales  de  treinta  y ocho (38) meses de prisión y multa de diez millones  trescientos   cincuenta   y   dos   mil  ($10.352.000.oo)  pesos; a la sanción accesoria de inhabilitación  para   el   ejercicio   de   derechos   y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso;  se  le  negó  el  derecho  al  subrogado de la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena; y, se le reconoció la  sustitución  de  la prisión domiciliaria; además, se condenó al procesado al  pago  de  perjuicios  en  suma  de  cinco  millones  ciento  setenta  y seis mil  ($5.176.000.oo) pesos.   

Apelada  la  decisión  por  el defensor del  acusado,  fue  confirmada  la condena por la Sala Penal del Tribunal Superior de  Medellín.   

La   sentencia   de   segundo   grado  fue  oportunamente  recurrida  y,  luego, sustentada en casación por el defensor del  procesado.   

RESUMEN DE LA IMPUGNACIÓN  

El  demandante invoca como motivo casacional  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  por  interpretación errónea  «de  las  normas  relacionadas  con  el  derecho  de  Defensa   y   las   actuaciones   de   las  notificaciones”.    

Aduce que la defensa que lo antecedió en la  representación   del   procesado  JIMÉNEZ  CONTRERAS  no  tuvo  la  suficiente  diligencia  en  el  ejercicio de su cargo, pues la profesional que oficiaba como  tal  ni  siquiera  fue  ubicada  a  efectos  de notificarle personalmente de las  actuaciones  relevantes  dentro  del proceso, a tal punto que no fue enterada de  la  resolución  de  acusación  emitida  por el fiscal de segundo grado, lo que  atenta contra el derecho de defensa.   

Adicionalmente,   refiere   que   una  vez  notificada  de  su  designación como defensora de oficio y de la resolución de  cierre   de   la   investigación,   la   abogada   entró  en  un  «letargo   procesal»,   pues  no  tuvo  comunicación  alguna  con  el procesado y no presentó alegatos de conclusión,  lo que se tradujo en la falta de defensa técnica.   

Con  lo anterior, solicita que se decrete la  nulidad de lo actuado desde la resolución de acusación.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

El representante de la Procuraduría General  de  la  Nación se opuso a las pretensiones del demandante. Al respecto, indicó  lo siguiente:   

Las  condiciones  para que pueda alegarse la  violación  al  debido proceso por falta de defensa técnica, son verdaderamente  excepcionales,  las  mismas  que  en  este  caso no se presentaron, puesto que a  pesar  de  la  pasividad  de  la  defensora en cierta etapa del proceso, no hubo  ningún efecto nocivo para el procesado.   

Fundamenta aquella conclusión en el hecho de  que  la  defensora  fue  notificada  de  las  diferentes  actuaciones por correo  certificado,  entre  ellas de la resolución de acusación, sobre la que además  no    procedía   recurso   alguno   por   haber   sido   emitida   en   segunda  instancia.   

Afirma, igualmente, que no siendo obligatoria  la   presencia   de   la   defensora   en  la  audiencia  preparatoria,  ninguna  irregularidad  se  deriva  de  su  no  asistencia. De la misma manera no se hizo  presente  la  representante  de  la  entidad  constituida  como parte civil. Fue  entonces  que el juez decretó de oficio unas pruebas relacionadas con el estado  actual  de  la  deuda  a  la DIAN y copia del RUT del procesado, sin que ello en  modo alguno afectara el derecho de defensa.   

Ahora, en relación con la nulidad impetrada  por  el  demandante,  recuerda que era su obligación demostrar la trascendencia  de  la  irregularidad  en  relación  con las bases de la estructura del juicio,  debiendo  acreditar  que  si  se  hubiera cumplido de manera cabal el derecho de  defensa, la decisión, potencialmente, habría sido distinta.   

Enfatiza  que  para  que las falencias en la  asistencia  letrada  tengan la capacidad de quebrantar el derecho fundamental de  la  defensa,  es  necesario  que  de manera razonable hayan podido causar algún  perjuicio  al  procesado,  pues  de  lo  contrario  sus  consecuencias  resultan  meramente formales.   

Sin embargo, el demandante no explica de qué  manera  la inactividad de la abogada del procesado tuvo incidencia en el núcleo  esencial  de  la  garantía  de  una eficaz defensa letrada, pues precisa, entre  otras  cosas,  que  el  contradictorio no se ejerce únicamente en el momento de  aducción   del   medio   probatorio,  sino  a  lo  largo  de  todo  el  proceso  penal.   

En  este  caso,  sostiene,  el recurrente se  conforma  con  señalar  la  indiferencia  mostrada por la defensora del acusado  durante  el  trámite procesal, pero ninguna sustentación lleva a cabo dirigida  a  demostrar  «la  forma  como los resultados de una  específica    actuación   hubiera   podido   exonerar   de   toda   culpa   su  apadrinamiento».  Su obligación consistía, además,  en  comprobar  a  la  luz  del  análisis de las pruebas, que la actividad de la  letrada habría variado el sentido de la decisión final.   

Por  lo  anterior,  solicita  no  casar  la  sentencia impugnada.      

CONSIDERACIONES   

Toda  vez  que  la  demanda  presentada  fue  declarada  ajustada conforme con los parámetros del artículo 213 de la Ley 600  de   2000,   la   Corte   analizará  los  problemas  jurídicos  propuestos  de  fondo.   

El  derecho  a  la  asistencia  jurídica  cualificada  durante la investigación y juzgamiento escogida por el procesado o  provista  por  el Estado, es garantía fundamental del  debido  proceso,  de aplicación general, presupuesto para la realización de la  justicia   como  valor  superior  del  ordenamiento  jurídico,  y  se    encuentra    consagrado    en   el   artículo   29  de  la  Constitución  Política,  así  como  también  en los  artículos  8.2  literales  d) y e) de la Convención de San José de Costa Rica  (Ley  16  de  1972)  y 14.3 del Pacto de Nueva York (Ley 74 de 1968),  los  cuales a su vez forman parte del  Bloque  de  Constitucionalidad  por mandato expreso del artículo 93 de la carta  constitucional.   

El concepto de defensa, como derecho público  subjetivo  del  imputado,  constituye  junto  con  las  nociones  de  acción  y  jurisdicción,  uno de los pilares básicos sobre los que se asienta la idea del  proceso  penal  como  estructura  normativa destinada a armonizar la pretensión  punitiva  del  Estado,  la libertad individual y las exigencias de la correcta y  legítima  administración  de  justicia dentro del Estado de Derecho trazado en  la Constitución Política.   

En  este  sentido,  el derecho a la defensa  técnica,  resulta determinante para la validez constitucional del proceso penal  y  su  eficacia  no  está  librada  a  la  mera  postulación  de un profesional  contratado      por      el      procesado      o     a     uno     nombrado de manera oficiosa por    el   funcionario   o   designado  por     la     Defensoría    Pública,   sino   que  se  materializa  en  una  adecuada  participación en  el   proceso,  resultando  determinante  su  activa  intervención  y permanente  vigilancia  de  la gestión  judicial, a fin de llevar a  cabo       una       auténtica      refutación  práctica  a la pretensión  punitiva  del  Estado,  siempre  en favor      de      los     intereses     del     incriminado.   

Es  al  juez, director del proceso, a quien  atañe   el   control   sobre   la   efectividad   de  la  garantía,  de tal modo que la asistencia técnica  trascienda  el  plano  formal  y  se materialice en actos concretos con  sentido material dentro del trámite  procesal  que  acorde  con el conocimiento jurídico del profesional permitan la  plena   vigencia   del   postulado   consagrado  en  el  artículo  29    de    la    Carta    Fundamental;  además,  en virtud de la preservación del derecho a  la       igualdad,       debe       asegurarse  que  los sindicados ausentes  cuenten  con  las  mismas  garantías  y  oportunidades  procesales concedidas a  quienes    están    presentes   en   el   proceso1.   

La posición consolidada en la jurisprudencia  de  esta  Corporación  en relación con la garantía del derecho de defensa que  asiste  a  cualquier persona que es objeto pasivo del proceso penal, se condensa  de la siguiente manera:   

2. Ninguna discusión se presenta en torno a  que  toda  persona que sea vinculada a un proceso de naturaleza penal debe gozar  de  la asistencia profesional de un abogado durante todo su desarrollo, bien sea  por  designación  que  haga  el  imputado  o procesado o porque el Estado se lo  prevea,   conforme   el   precepto   contenido   en   el   artículo   29,   que  señala:   

“Toda persona se presume inocente mientras  no  se  le  haya  declarado  judicialmente  culpable.  Quien sea sindicato tiene  derecho  a  la  defensa  y  a la asistencia de un abogado escogido por él, o de  oficio,  durante  la  investigación  y  el  juzgamiento;  a  un  debido proceso  público  sin  dilaciones  injustificadas;  a presentar pruebas y a controvertir  todas  las que se alleguen en su contra; a impugnar la sentencia condenatoria, y  a no ser juzgado dos veces por el mismo hecho.”   

Luego,   el   derecho   a   la   defensa  técnica   constituye  una garantía de rango constitucional, cuya eficacia  debe  ser  vigilada y procurada por el funcionario judicial, sin que pueda   quedar  al  libre  ejercicio  de  quien oficiosamente es postulado e incluso del  defensor  de confianza, sino que debe ser controlada eficazmente por el director  del  proceso  con  el propósito de que dicha asistencia técnica no se quede en  el  plano meramente formal, sino que se traduzca en actos que la materialicen en  el  trámite  que  se  cumple,   sólo de esta manera se podrá entender el  cabal   respeto   a   lo   dispuesto   por   el   artículo   29   de  la  Carta  Política.   

De  manera tal, que el derecho a la defensa  no  se  concibe  sólo  como  la  posibilidad  de  que  el imputado, procesado o  condenado  esté  representado por un defensor técnico, sino que  su   ejercicio    debe   ser  calificado  en  virtud  a  sus  conocimientos  especializados,    para   que    garantice   efectivamente   sus   derechos  fundamentales  y  haga  respetar el debido proceso que le otorgan los preceptos,  igualmente,      de     rango     constitucional2  y  sea permanente, esto  es,    hasta   cuando   la   situación   de   la   persona   sea  resuelta  definitivamente3.   

4.           (sic) La Corte tiene definido de antaño  que  el derecho a la defensa técnica, como garantía constitucional, posee tres  características  esenciales, debe ser intangible, real o material y permanente,  en  todo  el  proceso.  La intangibilidad está relacionada con la condición de  irrenunciable,  por  lo  tanto,  en  el  evento de que el imputado no designe su  propio  defensor,  el Estado debe procurárselo de oficio;  material o real  porque  no  puede  entenderse  garantizada  por la sola existencia nominal de un  defensor  profesional  del  derecho,  sino  que  se requieren actos positivos de  gestión   defensiva  y  finalmente  la  permanencia  conlleva  a   que  su  ejercicio  debe  ser  garantizado en todo el trámite procesal sin ninguna clase  de  limitaciones4.   

En  consecuencia,  la  no  satisfacción de  cualquiera  de  estas  características,  por  ser  esenciales,  deslegitima  el  trámite  cumplido,  y por lo tanto, se impondrá la declaratoria de su nulidad,  una     vez     comprobada    su    trascendencia5.   

De igual manera, la  Sala ha precisado que la violación a la garantía de  la   asistencia   letrada   se   presenta   no   solamente  cuando  el  procesado  carece  de  un abogado que lo represente,  sino  también en situaciones en que habiéndose proveído de un  profesional  del  derecho  o, en su defecto, asignándosele uno de oficio, éste  abandona  las  funciones  que  el  cargo  le  imponían  como gestión defensiva  durante el curso del proceso penal:   

[C]oncretamente   frente  al  derecho  de  defensa,  ha sostenido la Sala que su vulneración deviene en inobjetable cuando  el  procesado ha permanecido desprovisto de ella durante la actuación procesal,  esto  es, ante la absoluta falta de defensa técnica, que bien puede presentarse  porque  no  habiendo  designado  defensor  de  confianza  el  Estado permaneció  indiferente  ante  dicha  situación,  absteniéndose  de proporcionarle uno que  asuma  la  protección de sus intereses. También cuando a pesar de estar dotado  formalmente  de  un  defensor, éste ha desatendido por completo los deberes que  el  cargo  le  impone,  abandonando  a  su propia suerte a quien debe asistencia  técnica,   al   punto   que   aparezca   ostensible   que   no   actuó  o  que  estratégicamente  tampoco  ejerció  ningún  control  o  vigilancia  sobre  el  proceso  para que al final el fallo de condena hubiere podido evitarse, o por lo  menos  atenuarse6.   

         Bajo  este  marco teórico y descendiendo al problema jurídico que  ocupa   la  atención  de  la  Sala,  se  tiene  que  JOSÉ  DANIEL  JIMÉNEZ  CONTRERAS fue vinculado a la  investigación   mediante  declaratoria  de  persona  ausente,  por  resolución  emitida  por  la  Fiscalía 53 Seccional de Medellín,  el       29      de      mayo      de      20087.  En  esa  oportunidad, se le  designó  como  defensora de  oficio a la abogada Carmenza Mosquera Ramos.   

         La  aludida profesional del derecho fue notificada personalmente de  su nombramiento el 6 de abril de 2008.   

         El   18  de  septiembre  de  2008  se  declaró  el  cierre  de  la  investigación,  decisión  de  la que se notificó personalmente a la defensora  el 30 de octubre de 2008.   

El  30  de  marzo  de  2009 se calificó el  mérito  de  la  instrucción, decretándose la preclusión de la investigación  en  favor de JOSÉ DANIEL JIMÉNEZ CONTRERAS. Decisión confirmada por el propio  funcionario    instructor,   el   5   de   mayo   de  2009, ante el recurso de reposición interpuesto por  la  representante  de  la  parte civil; sin  embargo,  el  3  de  septiembre de  2010,  fue revocada por la  unidad  de  Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Medellín, que en su  lugar profirió resolución de acusación en contra del procesado.   

Importa  resaltar  que ninguna de las tres  decisiones       atrás      reseñadas      fue  notificada  de  manera  personal  a la defensora del  acusado,  pues no obstante haber sido citada no se hizo presente a los despachos  judiciales.  Las notificaciones para ella y para el acusado ausente se surtieron  por estados.   

Radicado el proceso en el Juzgado 21 Penal  del  Circuito  de  Medellín,  asignado  para adelantar la etapa de juzgamiento,  se  corrió  el traslado del artículo 400 de la Ley  600  de  2000,  para  que  las partes e intervinientes prepararan las audiencias  preparatoria   y  pública.  La  defensora  no  fue  enterada  de  manera  personal del traslado y aunque se le libró oficio para su  conocimiento,  no  hay constancia de haberse hecho presente a la Secretaría del  Juzgado  a  efectos  de  enterarse de la actuación8.   

Finalizado  el término de aquel traslado,  fue  fijada  fecha  para  la audiencia preparatoria,  enterándose  de ello a los sujetos procesales, excepto al procesado ausente y a  su   defensora,  quien  no  obstante  haber  sido  citada  tampoco  se  dio  por  enterada9.    

La audiencia preparatoria se llevó a cabo  el  27  de julio de 2011, con la intervención de las  partes,  excepción  hecha  del  acusado y su defensora. Se ordenaron pruebas de  oficio  por  parte  del  juez  y  se  citó  a  la  audiencia  pública  para el  día    23    de    agosto   de   201110.   

En  vano, enviándole telegramas y fijando  avisos  de  requerimientos  en  el edificio de justicia de Medellín11,  entre  otros  medios,  el  Juzgado trató de localizar a la  defensora  para  enterarla  de la audiencia pública,  frustrándose por este motivo su realización.   

Lo  anterior  motivó que a última hora,  para   posibilitar   la   continuación   del  proceso  penal,  se  nombrara  un  defensor  de  reemplazo,  quien  de inmediato fue notificado de una nueva fecha para la realización de la  audiencia  pública,  la misma que finalmente pudo efectuarse el 9 de febrero de  2012,  en  la  cual  el  novísimo  defensor  de  oficio  del acusado, de manera  explicable,    que    no    excusable,   ninguna   consideración   relevante   llevó   a   cabo  en  su  intervención  en  relación  con  los  hechos  y  con  la  responsabilidad  del  enjuiciado,       limitándose   a  poner  de presente la ausencia de  defensa  técnica y, con ello, a solicitar la nulidad  de lo actuado.   

El  29  de febrero de 2012, el Juzgado 21  Penal  del  Circuito de Medellín emitió el fallo condenatorio, dentro del cual  desestimó  la  pretensión  de  nulidad  de la defensa, entendiendo que en modo  alguno  fue  quebrantado  el  derecho de defensa del acusado, en tanto en lo que  concierne   a   su   asistencia  técnica  estuvo  proveído  de  una  defensora  de   oficio   desde  el  momento   en  que  fue  declarado  persona  ausente,  profesional  que  fue notificada de su designación y  de   la   resolución   de  cierre  de  la  investigación.  Además,  adujo  el  A  quo,  la pasividad de  quien  ofició  como  defensora  del  procesado,  no  se  tradujo en ausencia de  asistencia     técnica     que    afectara    su  garantía.   

El   fallo,  siendo  apelado  por  el  defensor  del acusado, fue  confirmado  por la Sala Penal del Tribunal Superior de Medellín, consignándose  en  relación  con el debatido derecho de defensa que  el    mismo    no   fue   quebrantado   en   tanto   que   aunque   «podría  pensarse  que  existe  una  vulneración  al  núcleo  esencial  del  derecho de  defensa,   pero  aparece  claro  que  la  Fiscalía  realizó   las   gestiones  tendientes  a  notificar  a  la  defensa».   

Agrega  el  Ad  quem, en relación con el principio de trascendencia  que  gobierna  el  instituto de la nulidad procesal,  que   «la  defensa  se  limitó  a  decir  que la Resolución de Acusación no le fue notificada a quien  entonces  asumía  la  defensa, siendo importante indicar que para el momento en  que  se profirió la pluricitada decisión, ya no cabía ningún recurso, por lo  que  ninguna  trascendencia  hubiese  tenido  la  intervención de la defensa en  aquel       momento       procesal».   

Por  último,  plantea  que  en  virtud  del  principio de preclusión de los actos procesales,  para   el   momento   en   que   se   demandó    la   nulidad  por  parte  del  sustituto  defensor  de  oficio del acusado, ya  había  sido  superada  la  etapa  procesal  definida  por  el  legislador  para  invocarla,     por     lo    que    «el  principio constitucional que impone la prevalencia del derecho  material  sobre  el  formal,  no excluye el respeto a los términos establecidos  por  el  legislador  para  ejercitar  las  distintas  actividades  probatorias sin que resulte admisible que con sorprendimiento a los  sujetos  procesales  y bajo el pretexto de garantizar derechos fundamentales, se  habiliten términos inexistentes».   

Pues  bien,  la  Sala  estima  necesario  precisar  que  no  puede  perderse  de  vista  que  la cláusula constitucional  que  otorga  a  los  ciudadanos  el  derecho inviolable a defenderse,  se materializa sobre la idea de otorgar al acusado los derechos  suficientes   para   poderse   resistir,   en   términos   de  igualdad,  a  la  persecución  del Estado,  esto  es, representa el equilibrio en las posiciones  del   acusador   y  el  acusado,  de  allí  que  la  regla   general  es  que  no  se  pueden  adelantar  investigaciones o juicios en ausencia del procesado.   

Sólo  de  manera  excepcional,  y con el  único  propósito  de  dar  continuidad  y  eficacia  a  la  administración de  justicia  en  tanto  que  servicio  público  esencial,  la  Constitución y los  tratados  internacionales  sobre  derechos  humanos,  admiten  la  figura  de la  declaratoria  de persona ausente y, con ello, el procesamiento de los individuos  en  contumacia, ya sea porque éstos desconocen la existencia del proceso que se  adelanta  en  su  contra  o  porque,  conociéndolo,  de  manera  voluntaria han  decidido ausentarse del mismo, por ocultamiento o indiferencia.   

La   declinación  del  procesado,  por  desconocimiento   o   por   voluntad,   de  la  facultad  de  intervenir  en  el  procedimiento  penal  para  decidir  en  relación  con  la  reacción penal del  Estado,  representa su imposibilidad de ser oído en el juicio, de controlar las  pruebas  presentadas  en  su  contra,  probar  los  hechos que él mismo invoca,  valorar  la  prueba  producida  y exponer sus razones fácticas para obtener una  decisión  favorable  a  sus  intereses,  cuestiones  que  por  defecto  de suyo  comportan  una  sensible  mengua en la garantía constitucional del ejercicio de  defensa.   

En tales eventos, el ejercicio del derecho  de  defensa se radica de manera exclusiva en el defensor designado por el fiscal  al   momento   de   la   declaratoria   de  persona  ausente,  quien  por  tales  circunstancias  ostenta  la doble condición de sostener la defensa material del  ausente  y  solventar,  con  su  conocimiento  técnico, su defensa profesional.  Razón  suficiente  para  entender  que  el  reconocimiento  de la condición de  contumaz  del  procesado,  así  como  las  actuaciones  que en lo sucesivo debe  llevar  a  cabo en su nombre el defensor de oficio, tienen que estar rodeadas de  las   debidas  garantías  procesales  y  ser  objeto  de  un  estricto  control  judicial.   

En    consecuencia,   las   condiciones  desventajosas  que  se  deducen  para  el  contumaz  en  razón  de afrontar las  consecuencias  del  proceso  penal  sin poder ejercitar sus facultades de cuerpo  presente,  hacen  que  la  prerrogativa  de  defensa  en  su  acepción técnica  adquiera  una  mayor  relevancia  de  cara  a las garantías del procesado, pues  encontrándose  ausente  por  declaración  judicial,  la gestión de su defensa  gravita  exclusivamente  en  el profesional de oficio que para tal efecto le sea  designado,  quien  en  consecuencia debe procurar con mayor celo desplegar todas  sus  habilidades  técnicas,  en  términos  vigilantes  y  propositivos, de tal  manera  que se encuentre en situación de competir con quien ostenta la potestad  punitiva.   

La Corte Constitucional, sobre esta materia  en particular, se ha pronunciado de la siguiente manera:   

[P]or  otra  parte,  nuestro  sistema  de  procedimiento  penal  acepta  que  se  procese  penalmente  a un sindicado en su  ausencia,  posibilidad  que,  como  ya  lo  ha  establecido  esta  Corporación,  encuentra     plena     aceptación     a     la     luz     del    ordenamiento  constitucional.12  Ello requiere, empero, que  dentro  del  proceso,  los  derechos  e  intereses  de la persona ausente estén  representados  por  un  abogado  defensor  que,  en  la  medida  en que ello sea  posible,  aporte  y controvierta pruebas e impugne las decisiones judiciales. El  ejercicio  de  la  función  de  defensoría  de  oficio  de una persona ausente  presenta  ciertas  dificultades específicas, pues la inasistencia del sindicado  al   proceso,   además   de  imposibilitar  la  defensa  material,  limita  las  posibilidades  de llevar a cabo una adecuada defensa técnica. Esto implica que,  en     estos     casos,     los     defensores     de    oficio,    —abogados    titulados—,    deben   ser   particularmente  diligentes  y por tanto, responden hasta por culpa levísima, correspondiente al  nivel  de  experto,  pues  están  representando  los intereses de personas que,  además  de ver comprometida su libertad individual, no tienen la posibilidad de  ejercer    por    sí    mismos    sus    derechos13.   

No  obstante,  tiene  dicho  esta Corte que la ausencia de defensor  o  el  abandono  de  la  gestión, salvo en los casos en los cuales la  ausencia  defensiva  operó durante  una      etapa     completa     del     proceso14,   no   es   vicio   que  representa  por  si  mismo  violación a la garantía constitucional, por manera  que  la  falta  temporal,  durante  una  etapa  o  estadio  procesal  parcial,  sólo  es  susceptible  de  invalidar  la actuación cuando en las circunstancias  particulares  del  caso  concreto  terminan  siendo  relevantes,  esto  es,  que  comporte  tal  trascendencia que con asistencia letrada  durante  el respectivo intervalo, el resultado del proceso habría sido distinto  y         favorable        al        acusado15.   

Es   así   en  virtud  del  principio     de     trascendencia,  que   en   términos  del  artículo  310 del Código de Procedimiento Penal,  supone  que “quien  alegue  la  nulidad  debe demostrar que la irregularidad  sustancial,  afecta  garantías  de los sujetos procesales o desconoce las bases  fundamentales    de    la    instrucción    y   el   juzgamiento”,  porque la  nulidad  como  remedio  procesal extremo no  opera  en  este  caso por        la       simple       enunciación       del  supuesto  vicio,  ni  en  interés  exclusivo  del  ordenamiento, sino en tanto se pueda  erigir   en   un  error  de  garantía  que    diezme    las   prerrogativas  procesales en perjuicio del acusado:   

[S]i   en  un  momento  determinado  el  procesado  dejó  de  tener  asistencia  técnica,  ello  no  significa  que  la  actuación  así  cumplida  devenga  en  ineficaz por ese solo motivo, ya que en  virtud  del principio de trascendencia que orienta la declaración de nulidades,  sólo  si  la  irregularidad  afecta  de  manera  irreparable las garantías del  sujeto  procesal,  o  desconoce  las bases fundamentales de la instrucción o el  juzgamiento, resulta inevitable su criterio.   

Tal posición encuentra arraigo en que si  la  irregularidad es oportunamente corregida, de manera que el abogado designado  pueda  ejercer  adecuadamente  los  actos  defensivos  que  pudo haber realizado  durante   el  tiempo  que  el  procesado  careció  de  defensa  técnica,  debe  entenderse  que  el derecho no ha sido conculcado o que se ha restablecido, pues  ningún  sentido  tendría  invalidar  el  proceso  para que la defensa vuelva a  tener    una    oportunidad    que    ya    tuvo16.   

En  esta  perspectiva,  la  Sala entiende  necesario  hacer algunas precisiones sobre aspectos que en relación con el tema  se   han  ido  desfigurando  a  partir  del  desarrollo  jurisprudencial  atrás  reseñado,  especialmente  en  lo  que  atañe  con  la  ausencia  defensiva, el  ejercicio  pasivo  de la defensa y el principio de trascendencia que gobierna el  instituto de las nulidades procesales.   

En  cuanto  a  lo  primero,  según se ha  precisado  líneas  atrás,  la  Sala  ha  sostenido  de  manera  constante  que  la  ausencia  de  defensor  o  el  abandono  de  la  gestión   sólo   es  relevante,  como  vicio  que  compromete  la garantía  de   defensa,   en   los   casos   en  que  se  presenta  durante  una  etapa  completa  del  proceso. Criterio que ha servido para  interpretar,  que  la  ausencia  de  defensor  o  su  inactividad,  ninguna consecuencia tendría para la validez del procedimiento si  en   algún   interregno  de  los  estadios  procesales  hubo  presencia  activa  –o  estratégicamente  pasiva-  del  profesional  del  derecho encargado de  guardar los intereses del acusado.   

Sin     embargo,     tal     manera     de     apreciar    las    cosas,    parece   que   pugna   con  la  misma  caracterización  con  que  la Corte ha definido el derecho de defensa, en tanto  garantía  constitucional  definida  como intangible,  real   o   material,   y   permanente   en   todo   el   proceso.   Intangibilidad,       referida       a       su      condición  de irrenunciable, por lo que  el   Estado   se  encuentra  precisado  a  designarle  un  defensor  de  oficio,  en   el  evento  de  que  el  imputado  no  designe  uno  de  su  confianza;  material  o  real,  en la medida en que su ejercicio  debe  gobernarse  por  actos  positivos de gestión defensiva y no como una mera  presencia  formal;  y,  por  último, la permanencia  se  refiere  a  que  su  ejercicio  debe  ser  garantizado en todo el trámite procesal sin ninguna clase  de       excepciones      ni      limitaciones17   

.  

Así  que  no  es  cierto, como pareciera  interpretarse,  que  resulta inane para las garantías del procesado la ausencia  de   su   defensor  y  su  inactividad  procesal  en  segmentos   de   las  distintas  etapas  procesales.  Lo  que  puede  entenderse  es  que  la  inmovilidad  defensiva,     por     ausencia     o    pasividad  injustificada,  durante  toda  la  etapa  procesal,  contiene   tan   crasa   y  evidente  violación  al  derecho  fundamental,  que  resultaría    innecesaria    su    demostración;  empero,      se  precisa  de la   verificación  de  la  inacción  segmentaria  para  dar por acreditado el mismo vicio  de garantía.   

En el caso que concita la atención de la  Sala,  es  un  hecho  cierto  que  desde  el  mismo momento en que fue declarado  persona  ausente  se  le  proveyó  de  defensora  de oficio al acusado JIMÉNEZ  CONTRERAS,  por manera que al menos desde el punto de  vista  nominal  estuvo  presente en todas las etapas  procesales,  desde  la  instrucción  hasta  el  juicio, siendo relevada para la  audiencia  pública,  donde igual se mantuvo como constante la existencia de una  defensa técnica para el procesado.   

Así las cosas,  de  bulto  no  se  advertiría  la afectación de la  garantía  de  defensa  en  su acepción técnica, al  menos  en  la  presencia  formal  de  un  defensor  encargado  de  guardar  los  intereses  del procesado,  pues  además  tampoco se  evidencia  la  existencia de algún tipo de falta de  idoneidad  profesional  de  quien  oficiaba  como  su  asistente   judicial.   Sin   embargo,  lejos  estuvo  la defensora designada de cumplir a cabalidad con  las funciones que el cargo le demandaba.   

Y  es  que  el  ejercicio defensivo no se  puede    limitar   al   enteramiento   del   nombramiento   como   defensora   de  oficio  o  a  la  mera  notificación  de  la  resolución  de cierre de la investigación, como hizo la  profesional  nombrada  para  tal  efecto.  Se  compone la defensa de una serie  de  actividades  que  por lo menos deben delatar     la     existencia    de  una   posición   de  vigilancia  de  la  gestión  judicial  con la potencialidad de intervención en  favor  de los intereses del procesado, de modo que se  alcance  a  percibir  un  auténtico  contraste dialéctico en relación con las  tesis  que  desarrolló el acusador, probatoria y argumentativamente.   

La  defensora, a partir de aquellos actos  de  comunicación,  se  comportó  dentro del proceso  como   si   no   existiera,   mostrando  un  total  alejamiento  del  trámite  procesal,  que en las circunstancias particulares no  puede  interpretarse de manera distinta a un total abandono de sus obligaciones.   

No   desconoce   la  Sala  que            el  derecho de defensa puede ejercerse  no  solo  a  través  de actos positivos de gestión, sino también de actitudes  pasivas  que  dentro  del  marco  de una planeación  estratégica   busque  mejores  resultados  para  el  procesado  que aquellos que se podrían obtener  de  una activa participación  en  el  desarrollo  del  proceso. No obstante, sería  una  ingenuidad  entender  en este caso que la falta de actividad procesal de la  defensora,   obedeció  no  a  una  grosera  negligencia  de  su parte, sino  a  una  estratégica  postura  frente  a  la acción  defensiva que debía desplegar en pro del acusado.   

Su  actitud  frente al proceso fue de una  absoluta  dejadez,  lo que se deduce no propiamente  del  hecho  de  no  haber  llevado   a   cabo  actos  positivos  de  actuación  procesal,  tales  como  interposición  de recursos,  presentación     de     alegatos    precalificatorios     o  solicitud  de pruebas en la audiencia  preparatoria,  pues  se  acepta  que  la abogada gozaba de total libertad para intervenir o no conforme a  su  táctica  defensiva,  sino  porque  evidentemente   no   tuvo  el  menor  acercamiento  al  curso  de  la investigación y posterior juzgamiento  de  su  defendido,  tal  y  como  lo  demuestra     la  circunstancia      de      no      atender     las    continuas    citaciones    para    hacerse  presente  al  juzgado para el  seguimiento del proceso.   

Su ausencia en la audiencia preparatoria,  que  por  si  sola no se traduce en la invalidez de dicha diligencia, obedeció,  sin  duda,  a  un abandono nugatorio de su ejercicio  profesional,   que   de   hecho  se  generalizó  como  se  patentiza  en  las  diferentes  constancias  secretariales a través de las cuales fue convocada sin  respuesta alguna.   

Significativo es, para evidenciar la total  inercia  en  el ejercicio de sus deberes, que además  de  las citaciones enviadas, por avisos fijados en el  Palacio  de  Justicia  de  Medellín  y  por  constantes  llamadas  telefónicas  de    los  funcionarios  de la Secretaría del  despacho                  judicial18,    se    procuró    la  comparecencia   de   la   defensora   en   la   audiencia   pública,     concluyéndose     por     el    juez    que    «nunca  fue  posible su ubicación»19.    

No  es ese propiamente el contexto de una  estrategia  defensiva,  sino  el  absoluto  abandono  de la gestión   técnica   encomendada,  lo  que  hace  ilusorio  el derecho  fundamental,   por   lo  que  resulta  por  completo equivocado el raciocinio  del  Tribunal  en  el  sentido de entender que no se  vulneró   el  privilegio  porque  «[l]a  Fiscalía  realizó  las  gestiones  tendientes  a  notificar  a  la  defensa».     También    la    judicatura     hizo    esfuerzos  por  obtener  la  presencia  de  la abogada,   pero   con   ello,   por   obvias  razones,   no   se   satisface   la   exigencia  de  intangibilidad de la garantía.   

Ahora bien, la exigencia de acreditación  de   la  trascendencia  del  vicio,  también  merece  especial  consideración.   

Tratándose de una garantía de  rango superior, que es legitimadora  del  proceso penal y que se constituye en   el  principal  derecho  del  acusado,  correlativo   a   la   acusación,   como   la   concreción  del  principio  de  contradicción,  mal  puede  ligarse  su trascendencia a un curso hipotético de  los  acontecimientos  procesales,  para  afincar su relevancia en el supuesto de  que  de  no  haberse  presentado  el  vicio,  la decisión habría favorecido al  procesado.   

Sin duda, la ausencia material de la defensa  técnica,  como  ocurre  en  el  caso que ocupa la atención de la Corte, reduce  sustancialmente  las  posibilidades defensivas, con perjuicio para el procesado,  traduciéndose  en  una  violación  de  la garantía fundamental. De manera que  exigir  la  prueba de cuál habría sido la acción defensiva que en concreto se  dejó   de   ejecutar,   como   lo   plantea   el  Ad  quem,   siguiendo  de  manera  distorsionada  líneas  jurisprudenciales  de esta Sala, se torna en una inconsistencia sistemática, en  tanto  su  vigencia  no  puede  estar  atada  al cumplimiento de una determinada  finalidad.   

En  este  sentido, la Sala reivindicando la  importancia  tutelar  del derecho de defensa en punto de la validez del proceso,  ha  precisado20:   

[s]obresale lo  repetitivo  que fue el legislador en cuanto a que la validez de la actuación no  puede  admitirse  en  detrimento del derecho de defensa, como garantía procesal  que  es,  aún  cuando  el  acto cumpla la finalidad o el sujeto reclamante haya  coadyuvado  con  su  conducta  o  anuencia  en la formación de la irregularidad  sustancial,  toda  vez  que  en  tales  casos  la  nulidad es la única forma de  enmendar  el vicio, dado que no es posible de otra manera resolver el conflicto,  debiéndose  regresar  las  cosas  a  su  cauce  normal,  pues  es  obvio que la  agresión  a  dicha garantía conlleva consecuencias que no pueden restablecerse  sino   con   la   invalidación   de   lo  actuado21.   

         Por  lo  tanto, estima la Sala que es necesario matizar aquella idea  relativa  a  la trascendencia del vicio que, tratándose del derecho de defensa,  impone  la demostración de que la presencia de la asistencia letrada durante el  respectivo  intervalo,  habría  variado  el  resultado del proceso en favor del  acusado22   

.  

         La  tesis  correcta  debe comprenderse sobre el fundamento de que el  derecho  de  defensa  en una garantía fundamental e inmanente al proceso penal,  que  no  está  librada  a  los  resultados  obtenidos  en la gestión sino a la  protección   permanente   del  procesado,  en  procura  del  mantenimiento  del  equilibrio  de  los  poderes  que confluyen en el juego dialéctico de cara a la  pretensión  punitiva  radicada en el Estado, debiéndose propugnar por sostener  una  real  equiparación entre la acusación y la defensa. Dicho de otra manera,  la  trascendencia  de una irregularidad por ausencia o abandono en el derecho de  defensa  se  justifica  así  misma,  esto  es,  es  trascedente  por  sí sola.   

         Los  resultados  hipotéticos derivados del ejercicio del derecho de  defensa,  en  sus  aspectos  material y técnico, no pueden validar un estado de  orfandad  para  el  acusado en el decurso procesal, pues la garantía estriba en  que  de  manera  permanente  exista  una  efectiva resistencia a la persecución  penal,  sin  importar  la  fortaleza  de  la  pretensión  punitiva  o la fuerza  persuasiva de la prueba practicada a instancias del acusador.   

         De  lo contrario, bien podría legitimarse la ausencia de la defensa  y  la  construcción  de  juicios  potestativos  en  los eventos en que desde un  comienzo  de  la  investigación,  a juicio del instructor, pueda despuntar como  evidente  la  responsabilidad  penal del acusado, desconociéndose de tal manera  las  consecuencias  que  una postura de tal laya tendrían para el mantenimiento  de una garantía inherente al mismo Estado de Derecho.   

         La  bilateralidad  del  proceso  penal  impone el establecimiento de  condiciones   propicias   para   el  ejercicio  de  los  derechos  del  acusado,  brindándole  las  garantías y los instrumentos necesarios para enfrentar en un  plano  de  igualdad  a  su  legítimo  contendor procesal. El Estado, aún en la  dinámica  procesal  de  la  Ley  600  de  2000,  debe  garantizar el pleno goce  material  de los derechos del acusado en la contienda que traza el proceso penal  y  para  ello,  su  ausencia, como consecuencia de su  decisión  voluntaria  o de la física imposibilidad de hacerlo comparecer, debe  ser  equilibrada  con  la  presencia  de  una defensa oficiosa participativa, de  manera activa o pasiva, pero vigente, actual y permanente.   

         Es  asunto  notorio que en el presente caso no hubo construcción de  la  bilateralidad  procesal  y,  a  consecuencia  de  ello,  no  se  edificó el  necesario  contradictorio  entre  las  hipótesis  de la fiscalía y la defensa,  puesto  que  a la ausencia del acusado se sumó la de su defensora, quien con su  abandono   cumplió  una  mera  función  formal,  sin  trascendencia  para  los  intereses a cuya protección se comprometió.   

         La  defensa  no  cumplió con su mandato constitucional de servir de  límite  y  opositor  al  poder  punitivo  del  Estado,  no  se  resistió  a la  pretensión  punitiva  de  la  fiscalía,  no  ofreció  razones  en  favor  del  procesado,  no  participó en la construcción de una teoría en beneficio de su  apadrinado,  no  procuró la aminoración de los efectos de la sanción penal y,  en general, no fue partícipe del necesario balance procesal.   

En resumen, a la falta de defensa técnica,  se  sumó  la  inexistencia de la real defensa calificada, lo que de suyo denota  el  quebrantamiento  de una garantía fundamental, cuyo restablecimiento solo es  posible  llevar  a  cabo  retrotrayendo la actuación  al momento procesal en que se evidenció el abandono  de  la  defensora  oficiosa  que  le fue designada por la Fiscalía al procesado  JIMÉNEZ  CONTRERAS,  concretamente  a  partir de la  resolución  mediante  la  cual  el  Juzgado  21º  Penal del Circuito avocó el  conocimiento     del  juzgamiento23.   

Por   último,   ante  el  posible  incumplimiento de los deberes  en  que  pudo incurrir la  abogada  que  fungió  como  defensora  del      acusado,     la   Sala   compulsara   copias   ante   la   Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria   del   Consejo   Seccional   de  la  Judicatura  de  Antioquia,  con   el   fin   de   que  esa  autoridad  dilucide  si   dicha   letrada  está  incursa  en falta  alguna de las previstas en el estatuto de la profesión.   

En  mérito de lo expuesto, la Sala    de    Casación    Penal    de    la    Corte   Suprema   de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

PRIMERO:  CASAR la  sentencia  de  segunda  instancia  dictada por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial    de    Medellín    el    16    de   mayo   de   2013,   mediante  la  cual  confirmó  la emitida el 29 de febrero de 2012  por   el   Juzgado   Primero   Penal   del   Circuito   especializado   de   esa  ciudad.   

SEGUNDO: DECLARAR  LA  NULIDAD  PARCIAL del proceso, inclusive desde la  resolución   de  26  de  octubre de 2010, mediante  la  cual  el  Juzgado  21º  Penal  del  Circuito de  Medellín  dispuso avocar  conocimiento  del  juicio, momento a partir del cual  deberá  reponerse  la  actuación con pleno respeto del derecho a la defensa de  JOSÉ DANIEL JIMÉNEZ CONTRERAS.   

TERCERO:  Se  ordena   compulsar   copias,  dirigidas  a  la  Sala  Jurisdiccional   Disciplinaria   del  Consejo  Seccional  de  la  Judicatura  de  Antioquia, a fin de que se investigue la conducta de  la abogada Carmenza Mosquera Ramos.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Despacho de origen.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1                     Corte Constitucional, Sentencia C-488 de 1996   

2                     Sentencia      C      – 488 del 26 de septiembre de 1996   

3                     Sentencias  C-836/02,  C-451/03  y fallo T-16081 del 21 de abril de  2004 de esta Corporación   

4                     Sentencias  de  casación  del  22  de  septiembre  de 1998 y 22 de  octubre de 1999.   

5                     CSJ SP. 19 Oct. 2006, Rad. 22432   

6                     CSJ SP. 3 Dic. 2001, Rad. 11085   

7                     Folios 46 y s.   

8                     Folios 18 y s.   

9                     Folios 133   

10                     Folios 141   

11                     Folios 143 y s.   

12                     Sentencia C-488 de 1996, M. P. Carlos Gaviria Díaz.   

13                     T-957 de 17 de noviembre de 2006   

14                     CSJ  SP,  11  Jul. 2007, Rad. 24297. Anterior, en el mismo sentido,  CSJ SP, 12 Oct. 2003, Rad. 20132.   

15                     CSJ AP 907-2014, 26 Feb. 2014, Rad. 38654   

16                     CSJ SP, 30 May. 2014, Rad. 22917   

17                     CSJ SP, 18 Abr. 2012, Rad. 34465   

18                     Fls. 143 y ss.   

19                     Fls. 146   

20                     CSJ SP, 18 Abr. 2012, Rad. 34465   

21                     Cfr.  Sentencias  de 22 de junio de 2006 y 6 de septiembre de 2007,  Radicaciones N° 22304 y 16958, respectivamente.   

22                     CSJ AP 907-2014, 26 Feb. 2014, Rad. 38654   

23                     Fls. 128     

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