SP17062-2015(47135)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado Ponente  

SP17062-2015  

Radicación N° 47135  

Aprobado Acta Nº 437  

Bogotá  D.C.,  diez (10) de diciembre de dos  mil quince (2015).   

Sería  del  caso  examinar si la demanda de  casación  presentada  en  nombre de LUIS MIGUEL  PENAGOS  RODRÍGUEZ, condenado en  primera   y   segunda   instancia   como   autor   del   delito   de   abuso  de  confianza,  reúne  los  requisitos  exigidos para su  admisión,   de   no   ser  porque  se  observa  que  antes   del  fallo  de  segundo  grado  se  configuró  el fenómeno jurídico de  la prescripción de la acción penal.   

I. SÍNTESIS FÁCTICA Y PROCESAL  

1.  En  la  sentencia de segunda instancia los hechos que originaron la  presente actuación fueron resumidos así:   

“YEFER  PULIDO  MARQUEZ  en  su  calidad de representante legal de la  cooperativa   FLORMACOOP  presentó   denuncia   contra   LUIS  MIGUEL  PENAGOS  RODRÍGUEZ,  quien  se desempeñó como gerente de la  citada  entidad  durante  el  periodo 2007 al 2009, porque en auditoría externa  que   se  practicó  a  los  libros  contables  se  determinó  un  faltante  de  $38.332.832”1.   

2.  Con  base  en  los  reseñados  sucesos,  ocurridos en la ciudad de  Bogotá,   el   6   de   junio  de  2012,  ante  el  Juez  Doce  Penal Municipal la Fiscalía General de la  Nación   llevó   a   cabo   la  audiencia  preliminar  de  imputación  contra  PENAGOS  RODRÍGUEZ, por la  conducta punible de abuso de confianza descrita en el  artículo  249  de  la Ley 599 de 2000, cargo al que no se allano el indiciado y  por  el cual, el 17 de julio  siguiente,   el  órgano  investigador  presentó escrito de acusación, formalizado en audiencia pública  celebrada  el  16  de  mayo  de 2013 ante el Juez Diecinueve Penal Municipal con  funciones  de  conocimiento, oportunidad en la que el  funcionario  instructor adujo que respecto de la conducta punible se configuraba  la   circunstancia  calificante  del  artículo  250,  numeral  4,  del  Código  Penal2.   

3.  El 19 de mayo  de  2015 la titular del despacho de conocimiento, en armonía con el sentido del  fallo,  emitió  sentencia condenatoria contra el enjuiciado, pero desestimó la  causal  de mayor punibilidad aducida en la acusación, y en tal virtud le impuso  a  PENAGOS  RODRÍGUEZ pena  principal     de     dieciséis    (16)  meses  de  prisión  y  multa equivalente a trece punto treinta y  tres   (13.33)  salarios  mínimos  legales  mensuales, así como la accesoria de ley, en calidad de autor  de   abuso   de   confianza,   según   el  artículo  249  de  la  Ley  599  de  20003.   

4.   De  la  expresada  decisión  apeló  únicamente  el  defensor  del  acusado,  y  el  Tribunal  Superior del Distrito  Judicial  de  Bogotá,  mediante  providencia  de 3 de  septiembre  de  2015, previa  constancia  en  cuanto a que si bien la circunstancia calificante fue acertada y  oportunamente  endilgada,  en  razón  de la prohibición de reforma en peor, el  pronunciamiento  atacado  debía  mantenerse  incólume  y  en  consecuencia  lo  confirmó,  fallo de segundo  grado    contra   el   que   formuló   el   recurso  extraordinario  de casación la misma parte apelante4.   

5.  El  censor  propuso  un  cargo  con  sustento  en el artículo 181,  numeral   3,   de   la   Ley   906  de  2004,  al  considerar  que  el  juzgador de  segundo        grado        incurrió  en  vulneración de las reglas de la  sana  crítica,  ya  que  para  el libelista el fallo  simplemente   hizo   eco   a  las  argumentaciones  del  a-quo,  sustentadas  en  “simples   conjeturas   y   suposiciones   de   la  prueba”  en  cuanto  a la real acreditación de los  elementos  de  la  conducta  punible  atribuida  al  acusado,  razón por la que  solicita  casar  el  fallo  impugnado, dado que el material probatorio recaudado  “es  insuficiente  para  probar  más allá de toda  duda    la    responsabilidad    penal”   de   su  defendido5.   

II.          CONSIDERACIONES:   

6.  Acerca del  fenómeno  jurídico de la prescripción de la acción penal, tiene precisado la  jurisprudencia de la Corte que:   

“La  prescripción  desde  la perspectiva de la casación, puede producirse: a) antes  de  la  sentencia de segunda instancia; b) como consecuencia de alguna decisión  adoptada  en  ella con repercusión en la punibilidad; o, c) con posterioridad a  la   misma,  vale  decir,  entre  el  día  de  su  proferimiento  y  el  de  su  ejecutoria.   

“Si en las dos  primeras  hipótesis  se  dicta  el fallo, su ilegalidad es demandable a través  del  recurso de casación, porque el mismo no se podía dictar en consideración  a  la pérdida de la potestad punitiva del Estado originada en el transcurso del  tiempo.   

“Frente a la  tercera  hipótesis  la  solución  es diferente. En tal evento la acción penal  estaba  vigente  al  momento de producirse el fallo y su legalidad en esa medida  resulta  indiscutible  a  través  de la casación, porque la misma se encuentra  instituida  para  juzgar  la  corrección  de  la  sentencia  y  eso  no incluye  eventualidades  posteriores,  como  la  prescripción de la acción penal dentro  del término de ejecutoria.   

“Cuando así  sucede,  es deber del funcionario judicial de segunda instancia o de la Corte si  el  fenómeno  se  produce  en  el  trámite  del recurso de casación, declarar  extinguida  la  acción  en  el  momento  en  el  cual  se  cumpla  el  término  prescriptivo,  de  oficio  o  a  petición  de  parte. Pero si no se advierte la  circunstancia  y  la  sentencia alcanza la categoría de cosa juzgada, la única  forma  de  remover  sus  efectos  e invalidarla es acudiendo a la segunda de las  causales    que   hacen   procedente   la   acción   de   revisión”6.   

7.  Igualmente  tiene  dicho  esta Sala7     que     la  calificación  jurídica  del  delito definida en la sentencia  irradia  efectos  sustanciales  para todos los efectos legales, no sólo para la  pena,  sino  inclusive  respecto  de  los  cómputos  de  la prescripción de la  acción  penal  en  referencia  a  cualquiera  de las fases del proceso, como de  vieja  data  lo tiene definido de manera pacífica y reiterada la jurisprudencia  de esta Corporación.   

En efecto, en fallo de revisión acerca de  esa temática hizo las siguientes precisiones:   

“Conforme a lo  anterior,  la  Corte  encuentra  fundada y probada la causal de revisión que se  invoca,   pues   ciertamente  con  la  sentencia  de  casación  atacada  debió  proferirse  simultáneamente la cesación de procedimiento por improseguibilidad  de  la  acción con base en el fenómeno prescriptivo y como consecuencia de los  efectos  que  sobre  la  calificación  jurídica  del hecho y su punibilidad se  derivaban  del  contenido  material  del  fallo  de  casación.  Al omitirse tal  resolución,  alcanzó  ejecutoria  una  decisión que así no podía producirla  con  todos sus efectos de cosa juzgada pues, se repite, la acción penal se hizo  improseguible  por  prescripción.  Por  tal  razón  se declarará sin valor la  ejecutoria   del   fallo,   al   tiempo   que  se  dispondrá  la  cesación  de  procedimiento,  por  prescripción  de la acción, en cumplimiento de lo normado  en los artículos 36 y 240 del Código de Procedimiento Penal.   

[…]  

”La ley penal  colombiana  vincula,  inexorablemente,  casi  todas  sus instituciones al cuadro  normativo  previsto  para  los  hechos que se regulan en ella. Sin embargo dicho  cuadro  normativo  va  adquiriendo  su perfil definitivo a través del juicio de  valor  que  sobre  los  hechos  y  sobre el derecho se lleva a cabo progresiva y  provisionalmente a través del trámite y las etapas procesales.   

”De allí se  deriva,  entonces,  como  lo  ha  sostenido  la  Corte, que las variaciones a la  calificación  jurídica  de  la  conducta  imputada, introducidas a través del  proceso,  deben  considerarse  para  los  cómputos propios de la prescripción,  produciendo   efectos   que  se  han  asimilado  a  los  de  la  retroactividad.  (Confrontar  sentencias  de  marzo 24/81 y noviembre 16/93 por ejemplo). Esto no  puede  ser  sino  así, si se repara en que la acción penal que prescribe es la  generada  por  el  delito  respectivo  y  que  éste  por  su parte, adquiere su  identificación plena y definitiva en el acto de sentencia.   

”De este modo,  mientras   el   sistema   prescriptivo  esté  diseñado  con  referencia  a  la  identificación  jurídica  del  hecho  punible,  pues  que allí se constata la  duración  de  su  pena  y  por  ende el término de prescripción, tendrán que  admitirse  las  repercusiones  que  sobre  el  fenómeno extintivo de la acción  tenga  la  calificación definitiva, sea que se afecten con ello fases superadas  del  proceso  o  que,  como  acá,  se  influya la sentencia misma impidiendo su  ejecutoria.   

”No se trata  de  plantear  acá  la  conveniencia  o inconveniencia de que un sistema como el  indicado  produzca  en  las calificaciones jurídicas que se formulan durante el  trámite,  actos  jurídicos  inestables  o  inseguros,  sino de que mientras el  sistema  de  prescripción  se sostenga sobre éste modelo y éstas regulaciones  de  derecho  positivo,  es inevitable que el fenómeno prescriptivo esté sujeto  al  vaivén  de  la  calificación  definitiva  hecha en la sentencia y que ella  produzca  efectos  sustanciales  y  procesales  sobre  todas  las  consecuencias  jurídicas derivables de la misma.   

”Si no fuese  así  el  asunto,  prevalecería  en  el  proceso lo formal sobre lo sustancial,  sobre  la  justicia material, e incluso podrían llegarse a patrocinar formas de  deslealtad  procesal.  Piénsese  si no, en que por otra vía hermenéutica como  la  sostenida  por  la  Corte  hasta  abril  de  1977,  el sujeto de la función  acusadora  podría  impedir  la prescripción de un delito deduciendo agravantes  inexistentes  en  la  resolución  de  acusación  en  desmedro  del derecho del  imputado  a  su  declaratoria,  puesto que se daría carácter de inmutable a lo  que  no lo tiene por naturaleza, es decir al acto calificatorio, cuya misión al  interior  del proceso es netamente funcional pues no tiene por objeto decidir la  litis  sino  el  ámbito  dentro  del  cual se desenvolverán la acusación y la  defensa”8.   

Con    posterioridad    la  Colegiatura  reiteró las             anteriores  consideraciones,  y  trajo  a  colación  otras  que  robustecen     tal  posición:   

“…‘La  calificación  sumarial impartida en la resolución de acusación no obstante su  carácter  provisorio  se  convierte  en  ley  del  proceso,  pues  es  el  hito  fundamental  a  partir  del  cual  el  Estado garantiza al acusado el derecho de  defensa  y  se  desarrolla  la actividad defensiva durante el debate del juicio,  pero  a  la  vez  está  sujeta  a  las  resultas de éste, materializadas en la  sentencia de las instancias.   

’Esta, cuando  es  condenatoria  y  se  pronuncia  bajo  los  parámetros  del debido proceso y  concordantes  con  la  resolución  acusatoria,  es  el  único  pronunciamiento  judicial   dentro   de   la   fase  ordinaria  del  proceso  con  categoría  de  definitividad  [sic]  en la imputación penal, sea que la mantenga en los mismos  términos  de  la  acusación  fiscal  o  que le introduzca variaciones de menor  compromiso  penal,  de  donde  se  colige que es el tipo penal contemplado en el  fallo  de  las instancias con las circunstancias específicas declaradas, el que  establece  el  término  de  la  prescripción  de  la acción penal’…”9.   

8.  Pues bien,  en  el  presente  asunto,  según se desprende de la  síntesis  procesal,  en  la  audiencia de imputación celebrada el 6  de  junio de 2012, se le atribuyo al  aquí  enjuiciado  la  condición  de  autor  del  delito de abuso de confianza,  comportamiento    sancionado    con    una    pena   máxima   de   seis   (6)  años  de  prisión  de acuerdo con el artículo 249  del  Código  Penal,  en armonía con la modificación dispuesta en el artículo  14 de la Ley 890 de 2004.   

Por  tal  conducta,  a  pesar de que en la  acusación  el instructor dedujo la circunstancia calificante del artículo 250,  numeral  4,  de  la  Ley 599 de 2000, el sentenciador de primer grado emitió la  decisión  condenatoria,  descartando esta causal de intensificación de la pena  al  considerar  que  fue  deducida de manera extemporánea, decisión con la que  mostraron  conformidad  no  solo  el  regente  de la  acusación,  sino  la  víctima,  y  su  apoderado,  debidamente reconocida como  interviniente,   condición  en  la  que  participó  de  manera  activa  en  la  actuación.   

El sentenciador de segunda instancia, pese  a  advertir el eventual yerro del a-quo, impedido para corregirlo en acatamiento  de  la  prohibición  de  reforma  en  pero,  el 3 de  septiembre  de  2015 le impartió confirmación a la  sentencia  de  primera  instancia,  razón  por  la  que  devino en definitiva y  vinculante,  para  todos  los  efectos,  la calificación jurídica del fallo de  primer grado.   

9.  Prevé  el  artículo  83,  inciso  primero,  de  la  Ley  599 de 2000, que la acción penal  prescribe  en  un  tiempo  igual  al  máximo de la pena fijada en la ley, si es  privativa  de la libertad, pero en ningún caso puede  ser  inferior  a cinco (5)  años   ni   superior   a   veinte  (20).   

El    cómputo    de    dicho  plazo,  en los procesos tramitados bajo las reglas de la Ley  906  de 2004, de acuerdo con su artículo 292 y en armonía con el artículo 6º  de  la  Ley  890 de 2004 (el cual modificó el inciso  primero   del   artículo  86  del  Código  Penal),  se   interrumpe   con  la  formulación  de  la imputación, a partir de lo  cual  el  término  prescriptivo  empieza a correr por un lapso igual a la mitad  del  máximo  al que remite el artículo 83 de la ley  599   de   2000,   sin   que   en   momento  alguno  pueda    ser    inferior   a   tres   (3) años.   

Ahora   bien,  de  acuerdo  con    lo   dispuesto   en   el   artículo   189   del  Código  de  Procedimiento  Penal  que  gobierna  este  asunto,  la  prescripción se produce si superado el referido  lapso  no  se  ha  dictado sentencia de segundo grado, pues a partir de ese hito  procesal   el   término   se   suspende  de  nuevo  para     empezar    a    contarse    otra   vez,   sin   que  en   este  último  evento  pueda  ser  superior   a  cinco  (5)  años.   

Dado que la pena máxima para el delito de  abuso  de  confianza  por  el que se emitió sentencia en este asunto es de seis  (6)  años,  la  mitad  de  ese  guarismo  equivale a la condición temporal que  debía  cumplirse  entre la formulación de la imputación y el fallo de segundo  grado  para  que  se configurara el fenómenos extintivo de la potestad punitiva  del  Estado,  como  en  efecto ocurrió, según lo anunció la Corte al inicio d  esta  providencia,  pues aquélla se concretó el 6 de junio de 2012, y este fue  emitido el 3 de septiembre de 2015.   

En     conclusión,     ante  el  decaimiento  de  la  facultad  sancionadora  del Estado,  con   sujeción   a  lo  normado  en los artículos  83  y  86  de  la  Ley  599  de 2000 y 292 de la Ley 906 de 2004, el juzgador de  segundo  nivel  debió  declarar  la prescripción y la consecuente cesación de  procedimiento,   de   acuerdo   con   el   artículo  331,          numeral          1,  del  Código de Procedimiento Penal  por    el   que   se   rigió   este   asunto.   

10. En   ese   orden  de  ideas,  como  es  incontrovertible   la  consolidación  del  aludido  fenómeno  jurídico  en  el  presente  asunto,  se  hace  necesario,  entonces,  recordar el criterio de la Sala en punto al camino a  seguir  dependiendo del momento procesal en el cual se presenta la prescripción  de  la  acción  penal.  Al  respecto  se  ha dicho10:   

I) Cuando  la prescripción se materializa  después  de  la  sentencia de segunda instancia, se  debe   decretar   directamente  y  cesar  procedimiento  con  independencia  del  contenido  de  la demanda (se prescinde del juicio de  admisibilidad),  por  haberse  dictado  el  fallo en  forma  válida,  en  cuanto  se  hallaba  vigente  la  facultad sancionadora del  Estado.   

II) Si  la prescripción ocurre antes de la  sentencia   de  segunda  instancia,  es  necesario  distinguir  dos  hipótesis:   

En primer lugar, habiendo sido planteado el  error   en   la  demanda,  debe  admitirse  el  libelo  y  definir  el  cargo  mediante    fallo   de   casación,   con   prescindencia   de   los   restantes  ataques,  si  han  sido  planteados.   

En  segundo término, cuando el  recurrente  no  formuló el reproche, le corresponde a la Corte  analizar  la  ocurrencia del fenómeno extintivo, casar de oficio para anular el  fallo  y,  como  consecuencia  de  ello,  inadmitir  la  demanda por ausencia de  objeto,  sin  que resulte, entonces, procedente, por innecesario y en virtud del  principio  de  economía  procesal,  agotar  el  juicio  de admisibilidad de los  cargos contenidos en el libelo.   

III)  Finalmente,   si   la  prescripción  se  produce  con  ocasión  del  fallo  de casación (tal  situación  puede  presentarse,  por  ejemplo,  si  la Corte  varía  la  calificación  jurídica  para  degradar la imputación),  en este caso la decisión de la Sala  dependerá  del  momento  en  el  cual haya operado la prescripción:  si ocurrió antes de la sentencia de  segunda  instancia,  deberá  casarla; si  ocurrió  después,  decretará directamente la prescripción y  cesará, en consecuencia, el procedimiento.   

Consecuente   con   las  argumentaciones  expuestas  en  este  proveído,  como  el  fenómeno  prescriptivo  se  produjo  antes del fallo de segundo grado y ese aspecto no fue  planteado    por    el    impugnante   la  Sala  procederá  de oficio a casar la sentencia impugnada y a  declarar  prescrita la acción penal derivada de la conducta punible de abuso de confianza.   

Es   de  advertir  que,  conforme  a  lo  contemplado  en  el  artículo  80  de  la  Ley  906  de 2004, los efectos de la  extinción  de  la acción penal no se extienden a la acción civil derivada del  injusto,  ni  a la acción de extinción de dominio11.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA DE CASACIÓN PENAL,  administrando justicia en nombre de  la república y por autoridad de la ley,   

III.          RESUELVE:   

1.    CASAR    DE   OFICIO   la   sentencia   de   3  de septiembre de 2015, proferida por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  mediante  la cual  confirmó  la  condena impuesta a LUIS MIGUEL PENAGOS  RODRÍGUEZ  por el delito  de      abuso      de      confianza.   

2.    DECLARAR   PRESCRITA  la  acción  penal  originada con la  comisión   de  la  conducta  punible  de  abuso  de  confianza  y, en consecuencia, CESAR el procedimiento  adelantado     contra    LUIS    MIGUEL    PENAGOS  RODRÍGUEZ por el referido delito.   

3. ABSTENERSE  de  calificar la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor de   LUIS  MIGUEL  PENAGOS  RODRÍGUEZ, por carencia de objeto y  economía procesal.   

4. DISPONER          que  por  conducto  del  juez  de  primera  instancia se proceda a  expedir    las   comunicaciones   correlativas   a   la   determinación   aquí  pronunciada.   

NOTIFÍQUESE y CÚMPLASE  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

PRESIDENTE  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Cuaderno del Tribunal, folio 11.   

2  Carpeta principal, folios 8, 9-14, 31 y 32.   

3  Carpeta principal, folios 99-113.   

4  Cuaderno del Tribunal, folios 11-27, y 29.   

5  Cuaderno del Tribunal, folios 31-38.   

6 Cfr.  CSJ SP 30 jun. 2004, rad. 18368 y AP 8 sep. 2004, rad. 22588.   

7 Cfr.  CSJ.   SP   23   may.   2012,  rad.  35256,  y  AP3836-2015,  8JUL.  2015,  rad.  46273.   

8 Cfr.  Fallo  de  revisión  del  5  de  marzo  de 1996, radicación Nº 8336. Criterio  reiterado  en autos de cesación de procedimiento del 15 de septiembre de 2010 y  el    9    de    agosto    de    2011,   radicaciones   Nº   34524   y   37082,  respectivamente.   

9 Cfr.  Entre  muchas  otras:  CSJ.  AP.  24 sep. 2002, rad. 12951, en el que se hace la  cita  transcrita  y  que  corresponde  al AP 9 abr. 1999, rad. 13165. Y en igual  sentido  también  es  pertinente  consultar  AP 25 feb. 2004, rad. 18641, AP 27  jul.  2007, rad. 27156, y AP 20 feb. 2008, rad. 28925, así como SP 5 nov. 2013,  rad. 40034.   

10  Cfr.   CSJ.   SP   21  agt.  2013,  rad.  40587;  SP  5  nov.  2013,  rad.  40034,  y SP14838-2015 28 OCT.  2015, rad. 42628.   

11 En  similar sentido, auto del 27 de febrero de 2012, radicación 38547.     

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