SP116-2015(44934)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  Ponente   

SP116-2015  

Radicación     n°     44934   

(Aprobado Acta No.  011)   

          Bogotá, D.C.,  veintiuno   (21)   de   enero   de  dos  mil  quince  (2015).   

V   I   S   T   O  S   

Decide la Sala sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de Orlando Vesga Niño contra  la  sentencia dictada por la Sala Penal del Tribunal Superior de Yopal, por cuyo  medio  se  confirmó  parcialmente la proferida por el Juzgado Tercero Penal del  Circuito  de  la  misma  ciudad,  que  lo  condenó como autor de los delitos de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales,  interés  indebido  en la  celebración  de  contratos  y falsedad ideológica en documento público, todos  ellos  en  concurso homogéneo y heterogéneo, junto a Jorge Cortés Colmenares,  a  quien  declaró  penalmente  responsable  por  el primero de los ilícitos en  mención,  y  absolvió  de  los  mismos  a Hilda Mery Campos Tolosa, Juan José  Castillo  Camargo,  Edwin  Hofrey Giraldo Peña y Sandra Milena Cuevas Amaya; en  tanto  revocó  la  condena  emitida contra el primero por el delito de contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales, declaró extinguida la acción penal  por  prescripción  en  relación  con  el  ilícito  contra  la  fe  pública y  absolvió   a   Jorge   Cortés  Colmenares  de  los  cargos  formulados  en  su  contra.               

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                      

          1.  Los  primeros fueron sintetizados por  el ad quem de la siguiente manera:   

Sucedieron  entre  el  veinticuatro (24) de  septiembre  de  dos  mil  uno  (2001)  y  el cinco (5) de febrero de dos mil dos  (2002).  ORLANDO VESGA NIÑO, para entonces Secretario de Salud Departamental de  Casanare,  intervino en el trámite y celebración de 12 contratos que presentan  diversas irregularidades:   

1.  [Contratos]  de  suministro número[s]:  100-01 y 108-01 con la organización “CONSTRUMED LTDA.”.   

2.  [Contratos]  101-01  con  la  entidad  “AGROSIP  E.U.”  y  114-01  con  la  entidad  “CONASES  E.U.”,  en  cuya  suscripción  se  presentaron  irregularidades y se omitieron fases y requisitos  precontractuales,  lo  cual conllevó a que se adquirieran por la Secretaría de  Salud  elementos  con  sobrecostos  y  a  contratar  con empresas que no tenían  ningún  reconocimiento  en  el  mercado,  exiguo  capital  social y sin ninguna  experiencia en el objeto social.   

3.  Contratos  números:  327-01,  331-01,  617-01,  640-01,  643-01  y  657-01  que  a  la  postre  se  suscribieron con la  organización “CONSTRUMED LTDA.”.   

4. Contrato 612-01 con la entidad “CONASES  E.U.”.   

5.   [Contrato]  613-01  con  la  entidad  “GP&S CONSTRUCTORES Y CONSULTORES LTDA.”.   

En  la  adjudicación  contractual  ORLANDO  VESGA  NIÑO,  asistido  y  secundado  por  HILDA  MERY  CAMPOS TOLOSA, para ese  entonces  Jefe  de  División  de  Seguridad  Social de la Secretaría [de Salud  Departamental  de  Casanare], dirigió, favoreció y eligió ilícitamente a las  empresas  contratistas conforme al interés y conocimiento previo y personal que  tenía  con  REINALDO  HERNÁNDEZ  GÓMEZ,  JUAN JOSÉ CASTILLO CAMARGO Y SANDRA  MILENA   CUEVAS   AMAYA,   respectivamente,   representantes  de  las  entidades  comerciales arriba aludidas.   

VESGA  NIÑO,  asistido  y secundado por la  señora  CAMPOS  TOLOSA,  realizó y agotó la fase precontractual o de trámite  de  los  contratos números: 327-01, 331-01, 617-01, 640-01, 643-01 y 657-01 que  a  la postre se suscribieron con la organización “CONSTRUMED LTDA.”; 612-01  con   la  entidad  “CONASES  E.U.”  y  613-01  con  la  entidad  “GP&S  CONSTRUCTORES  Y  CONSULTORES LTDA.”, representada legalmente por EDWIN HOFREY  GIRALDO  PEÑA.  Todos  estos  con  similares  irregularidades  y omisiones, que  conllevaron  a  que el Gobernador del Departamento, autoridad que suscribió los  contratos,  incurriera  en  la  misma  afectación  para  (sic)  el patrimonio y  administración  pública,  cuya verificación de la documentación allegada por  los  contratistas  no  fue  verificada  por JORGE CORTÉS COLMENARES, quien para  [ese]  entonces  fungía como Jefe de la Oficina Jurídica y Asesor Jurídico de  la Gobernación del Departamento.   

2. Vinculados a la  investigación  Orlando  Vesga  Niño,  Hilda  Mery Campos Tolosa, Jorge Cortés  Colmenares,  Juan  José  Castillo  Camargo, Edwin Hofrey Giraldo Peña y Sandra  Milena  Cuevas  Amaya mediante sendas indagatorias, y cerrada la instrucción, a  través  de  resolución  adiada 8 de mayo de 2007 la Fiscalía 1ª de la Unidad  Nacional  de Delitos contra la Administración Pública calificó el mérito del  sumario,  profiriendo  acusación  en  contra de los dos primeros como presuntos  autores  de  los  delitos  de  interés indebido en la celebración de contratos  (art.  409  ibídem),  contrato sin cumplimiento de requisitos legales (art. 410  del  C.P.)  y  falsedad  ideológica  en  documento público (art. 286 ejusdem),  todos  ellos en concurso homogéneo y heterogéneo; en tanto que respecto de los  restantes  la acusación se les formuló por las dos últimas conductas punibles  en  cita; decisión que cobró ejecutoria el 6 de junio  de 2007.   

         3. Celebradas la audiencia preparatoria y  la  vista  pública  de  juzgamiento,  el  Juzgado Tercero Penal del Circuito de  Yopal,  el  22  de noviembre de 2013, dictó sentencia en la cual condenó a los  acusados  Orlando Vesga Niño y Jorge Cortés Colmenares a las penas principales  de  96  meses  de  prisión,  multa  de  100 salarios mínimos legales mensuales  vigentes  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos  y funciones  públicas  por  el  término  de 120 meses, al primero como autor responsable de  los  delitos  de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales, interés  indebido  en  la  celebración  de contratos y falsedad ideológica en documento  público  en  concurso  homogéneo  y  heterogéneo  y,  al  segundo, como autor  responsable  del  ilícito de contrato sin cumplimiento de requisitos legales en  concurso  homogéneo;  en  tanto  que  a  Hilda  Mery  Campos Tolosa, Juan José  Castillo  Camargo,  Edwin  Hofrey Giraldo Peña y Sandra Milena Cuevas Amaya los  absolvió   de   las   conductas   punibles  por  las  cuales  fueron  acusados.   

         De  igual  forma,  se  abstuvo  de pronunciarse en relación con la  condena   en   perjuicios   y,   de  otra  parte,  negó  a  los  condenados  el  reconocimiento  del  subrogado de la suspensión condicional de la ejecución de  la  pena y nada dijo sobre el mecanismo sustitutivo de la prisión domiciliaria,  disponiendo  que en firme la sentencia se libraran las correspondientes órdenes  de captura para el cumplimiento de la sanción impuesta.   

4. Apelado el fallo  por  los procesados Vesga Niño, quien directamente sustentó la impugnación, y  Cortés  Colmenares, el cual lo hizo por medio de su defensor, la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de  Yopal,  mediante decisión adiada 5 de junio de 2014, lo  confirmó  parcialmente, por cuanto revocó la condena emitida contra el primero  en  mención  por  el delito de contrato sin cumplimiento de requisitos legales,  declaró  extinguida  la  acción  penal  por  prescripción en relación con el  ilícito  contra  la  fe  pública  y  absolvió  al segundo de todos los cargos  formulados                                 en                                 su  contra.               

          5.  Frente  a  lo  anterior, el implicado  Orlando  Vesga  Niño interpuso recurso de casación y la respectiva demanda fue  oportunamente presentada por su nuevo apoderado.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

         

          Con  fundamento  en la causal tercera, prevista en el artículo 207  de  la  Ley  600 de 2000, el demandante formula un cargo contra la sentencia del  Tribunal, que se sintetiza de la siguiente manera:   

          Manifiesta  el censor que la sentencia confutada se profirió en un  juicio  viciado  de  nulidad, por cuanto se desconoció la garantía del derecho  de defensa.     

          Refiere  que  dicha  vulneración  aconteció  porque  proferido el  fallo  de  primer  grado,  el 22 de noviembre de 2013, contra el cual el acusado  Orlando  Vesga  Niño  interpuso el recurso de apelación, y mientras corría el  término   para  sustentarlo,  el  mencionado  revocó  el  poder  conferido  al  profesional  del  derecho  que  ejercía  la  defensa técnica, mediante escrito  presentado  el  11  de  diciembre de 2013 ante el juzgado de conocimiento, mismo  día  en que aquel se entiende terminado, según lo normado en los artículos 69  del  Código  de Procedimiento Civil y 76 del Código General del Proceso.    

          Agrega  que  no  obstante  la revocatoria del poder, con lo cual su  defendido  quedaba  huérfano de defensa técnica, al punto que allí manifestó  que  asumía  directamente  la sustentación del recurso de apelación formulado  contra  la  sentencia  de  primer  nivel,  como en efecto lo hizo a pesar de ser  profesional  de  la  medicina,  ningún pronunciamiento al respecto hicieron los  falladores  de instancia, por lo cual desde ese momento y hasta cuando confirió  poder  a  un  nuevo defensor para presentar la demanda de casación, careció de  defensor técnico.   

          Concluye  señalando que como la defensa no solo debe ser integral,  técnica  y  material,  sino también ininterrumpida, a voces del artículo 8 de  la  Ley  600  de  2000,  es  evidente  que  durante  un  lapso  del  proceso  su  representado  careció  totalmente de defensa técnica, de donde se sigue que se  incurrió  en la causal de nulidad prevista en el numeral 3 del artículo 306 de  la codificación citada.   

          En  esa medida, solicita a la Corte casar la sentencia impugnada y,  en   consecuencia,   decretar   la   nulidad  de  la  actuación  a  partir  del  «momento  en que se revocó el poder al doctor Jorge  Hernando  Barragán», quien fungió como defensor del  acusado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.   Conviene  recordar  que  dado  el  carácter  extraordinario  del recurso de casación, al  recurrente   compete   elaborar   la  demanda  bajo  los  estrictos  parámetros  contemplados  en  la  ley  y  decantados  por  la  jurisprudencia  de  la Corte.   

Por  tanto,  no  basta  con  afirmar que se  cometió    un    error   in   iudicando     o    in    procedendo,  pues debe demostrarse la existencia del vicio y su trascendencia  frente al contenido del fallo.   

De acuerdo con la jurisprudencia de la Sala,  es  bien  sabido  que el recurso de casación constituye el medio por el cual se  revisa  la  legalidad  de  la  sentencia. De ahí que el libelo deba cumplir las  formalidades   estatuidas   en   el  artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000,  principalmente  enunciar  la  causal y formular el cargo con el cual se pretende  la  infirmación del fallo, señalando de manera clara y precisa sus fundamentos  y  las  normas infringidas, igualmente, evidenciando cómo el vicio in     iudicando    o    in  procedendo conduce a resquebrajar la  providencia.   

Ahora bien, sin desconocer la facultad legal  de  la  Corte  para  casar  la  sentencia  cuando  sea  ostensible  que la misma  transgrede  las  garantías  fundamentales  de  las  partes (art. 216 Ley 600 de  2000),   la   impugnación   extraordinaria   no  es  un  mecanismo  carente  de  rigor.       

Por  ende, el recurso de casación no puede  entenderse  como  una  instancia  adicional  para debatir aspectos que ya fueron  materia  de  controversia, o como facultad ilimitada para revisar el proceso, ni  la  demanda  puede  elaborarse utilizando un discurso de libre composición; por  el  contrario,  dado  el  carácter  extraordinario  y rogado del recurso, está  ligado  a  causales  taxativas que tienen contenidos propios, referidas a vicios  sustanciales o procesales.   

Además, en el desarrollo de cada uno de los  reparos  formulados  se  deben  cumplir  unos  requisitos  mínimos de lógica y  adecuada  fundamentación,  cuyo desconocimiento conlleva a la inadmisión de la  demanda,  como  lo establece el artículo 213 del Código de Procedimiento Penal  de 2000.   

Así,  no resulta atinado solo denunciar la  presencia  del  error  que se invoca, sino que al libelista incumbe demostrar su  existencia  y  cómo  el  mismo tiene la trascendencia suficiente para romper la  doble  presunción  que  cobija a la sentencia de segundo grado y, por lo mismo,  la  necesidad  de  que la Corte intervenga como Tribunal de Casación en procura  de  hacer  efectivo  el  derecho  material  y  las  garantías debidas a quienes  intervienen  en  la  actuación  penal,  reparar  los agravios ocasionados a las  partes con la decisión confutada o unificar la jurisprudencia.   

2.  La  Corte  de  entrada   anuncia  que  la  demanda  se  inadmitirá  porque  el  impugnante  no  desarrolla  adecuadamente  el  cargo  formulado  contra  la sentencia de segundo  grado,   en   tanto   incurre   en   protuberantes   falencias,  según  pasa  a  explicarse.   

2.1 Cargo único.  

Sostiene el actor que el vicio de garantía  que  denuncia  se  origina  en  que durante una etapa del proceso, concretamente  entre  el  momento  en  que  corría  el  término  para sustentar la apelación  interpuesta  contra  la sentencia de primer grado, oportunidad en que el acusado  Vesga  Niño  revocó  el  poder  conferido  al  profesional  del derecho que lo  asistía,  y  hasta  cuando  designó  un  nuevo  abogado para que presentara la  demanda  de casación, el mencionado careció de defensa técnica, circunstancia  que  lo  llevó incluso a tener que sustentar la impugnación en cuestión, pese  a no ser abogado, sino médico de profesión.     

          Previo  a  estudiar el reproche propuesto, conviene recordar que si  bien  la  Sala ha dicho que la nulidad es menos exigente en su demostración que  las  otras causales de casación, lo cierto es que impone al demandante proceder  con  precisión  y  claridad  a identificar la clase de irregularidad sustancial  que  determina  la invalidación; señalar si se trata de un vicio de estructura  o  garantía;  plantear  sus  fundamentos  fácticos;  indicar los preceptos que  considera  conculcados;  expresar  la  razón de su quebranto; y, especificar el  momento de la actuación a partir de la cual se produjo el vicio.   

          Asimismo,  compete al censor informar la cobertura de la invalidez,  evidenciar  que procesalmente no existe manera diversa de restablecer el derecho  afectado  y,  lo  más  importante,  comprobar  que la anomalía denunciada tuvo  injerencia   perjudicial   y   decisiva   en   la   declaración   de   justicia  contenida    en   el   fallo   impugnado   –principio              de  trascendencia–, dado que  el  recurso  extraordinario  no  puede  fundarse  en especulaciones, conjeturas,  afirmaciones   carentes   de   demostración   o   en  situaciones  ausentes  de  quebranto.   

          Además,  exige  tener  en  cuenta  los  principios  que  rigen esa  materia,  por  lo  cual debe quedar claro que: i) se trate de uno de los motivos  expresamente  contemplados  en  la ley –taxatividad–;  ii)  afecte de manera real y cierta las garantías fundamentales  o    altere    las    bases    esenciales    de   la   actuación   –trascendencia–;  iii)  el acto tachado de irregular  no   haya   cumplido  su  propósito  –instrumentalidad–;   vi)  quien  la  solicite  no  haya  dado  lugar  al  motivo  de  invalidación              –protección–;   v)   la  irregularidad  no  haya  sido  convalidada  expresa  o  tácitamente   por  el  perjudicado,  siempre  que  no  vulnere  sus  garantías  fundamentales              –convalidación–;  y,  vi)  no haya otra manera de enmendar el agravio –residualidad–.   

          Descendiendo  al  asunto  de  la  especie,  claramente  se advierte  acreditado  el  supuesto  fáctico sobre el cual se soporta el vicio denunciado,  valga  decir,  que  durante  la  fase  del proceso que señala el recurrente, su  defendido  no  contó  con  asistencia  letrada,  puesto que el último día del  término  para  sustentar  la  apelación  contra  la  sentencia de primer grado  –11  de  diciembre  de  2013–,  revocó el poder  al   togado   que   fungía   como   su   defensor1  y,  en  nombre  propio, como  expresamente   lo  advirtió,  sustentó  la  referida  impugnación2.     

          No   obstante,   como   reiteradamente   lo   ha   sostenido   esta  Corporación,  la  demostración  del  cargo  de  nulidad  no se cumple con solo  evidenciar   el   yerro,   sino  que  impone  a  quien  lo  alega  acreditar  su  trascendencia,  valga  decir,  de  qué  manera  se  afectó la garantía que se  afirma  conculcada  o  la  estructura  del  proceso, y cómo ello incidió en la  declaración  de  justicia  contenida  en  la  decisión  impugnada,  carga cuyo  incumplimiento  conduce  a su rechazo, pues conviene recordar que no hay nulidad  sin perjuicio concreto.   

          Frente  a  la situación particular relativa a la ausencia temporal  de  defensa técnica, el criterio de la Sala ha sido el de que esa circunstancia  no   comporta  per  se  la  nulidad,  pues  es  necesario  verificar  en  el  caso  concreto qué incidencia  negativa  tuvo  en  el  derecho  de  defensa la referida carencia momentánea de  asistencia  letrada,  en  otras  palabras,  si  el  haber contado el acusado con  abogado  defensor  durante  dicho  lapso,  habría  trocado,  en este asunto, la  sentencia de condena en absolución.    

          Así  lo  ha  sostenido  de  tiempo  atrás la jurisprudencia de la  Corte, que sobre el punto tiene dicho:   

En  relación  al  derecho  a  la  defensa  técnica,  la  Corte  tiene  dicho  que  tal  garantía implica que el inculpado  cuente  con  asistencia  profesional  durante  todo  el  trámite  procesal, con  características  de  continuidad y permanencia, puesto que sin posibilidades de  contradicción  no es factible concebir el proceso como legítimo. Pero también  se  ha  establecido  que  si  en  un  momento  determinado el procesado dejó de  tenerla,  ello  no  significa  que la actuación así cumplida devenga ineficaz,  por  ese  solo motivo, pues en virtud del principio de trascendencia que orienta  la    declaratoria    de   nulidades,   sólo   si   la   irregularidad   afecta  insubsanablemente  las  garantías  de  los  sujetos procesales, o desconoce las  fases  fundamentales  de la instrucción o el juzgamiento, resulta inevitable su  decreto.    (CSJ    SP,    20   Oct.   2005,   rad.  19511)   

          Y sobre el mismo tema, recientemente expuso:   

La ausencia de defensa técnica durante una  porción  de  la instrucción o del juicio, como es sabido, no representa por si  misma  violación del debido proceso. Esto significa que en casación, cuando se  plantea  un  reproche  de  nulidad  apoyado en la falta temporal de defensor, es  carga  de  quien lo formula demostrar la trascendencia de la irregularidad, esto  es,  que  con  asistencia  letrada durante el respectivo intervalo, el resultado  del   proceso  habría  sido  distinto  y  favorable  al  acusado.  (CSJ AP, 26 Feb. 2014, rad. 38654)   

          Cabe  destacar  que  durante el intervalo en que el procesado Vesga  Niño  no  contó  con  defensor  técnico,  esto  es,  desde  poco  después de  proferida  la sentencia de primera instancia y hasta cuando confirió poder a un  nuevo  profesional  del  derecho  para  presentar la demanda de casación que se  examina,  la  única  actividad  procesal  relevante  que  se  presentó  fue la  relativa  a  la  sustentación  del  recurso  de  apelación  interpuesto por el  supranombrado    contra    el    fallo    de    condena,   que   éste   asumió  directamente.     

          Surge  patente  entonces,  que  no  obstante adolecer de asistencia  letrada,  el  incriminado  Vesga Niño cumplió con la carga procesal de exponer  las  razones  de disenso frente a la sentencia del a quo que lo condenó por los  delitos  materia  de  acusación, que si bien fue confirmada parcialmente por el  juez  colegiado,  no  es menos cierto que los planteamientos defensivos expuesto  por  aquel  fueron examinados a fondo en el fallo de segundo grado, al punto que  en   esta  última  decisión  se  lo  absolvió  del  delito  de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales  y se declaró extinguida la acción penal  por  prescripción  respecto  del  ilícito de falsedad ideológica en documento  público,  fenómeno  procesal  que  se  materializó  el 6 de febrero de 2014 a  consecuencia,  precisamente, de la impugnación de la sentencia de primer nivel.   

          Ahora   bien,   ningún  comentario  siquiera  tangencial  hizo  el  libelista  en torno a la trascendencia del vicio denunciado, salvo mencionar que  su  prohijado,  médico  de profesión, se vio forzado a sustentar la apelación  del  fallo  de  primera  instancia, dado que no contaba con abogado defensor que  asumiera  de  manera  técnica  esa  labor,  pero  resignó  indicar  cómo  esa  circunstancia  repercutió  negativamente  en  las  garantías fundamentales del  incriminando  Orlando  Vesga  Niño,  es decir, cómo ello determinó la condena  proferida  en  contra  del mencionado, reduciendo tan significativo aspecto a la  irregularidad misma.   

          Un  adecuado  desarrollo  del  reproche  imponía  al  casacionista  evidenciar  a  la  Corte que de haber contado su representado con un profesional  del  derecho  durante  el  lapso  en  que  adoleció  del mismo, la decisión de  segundo  grado le habría sido aún más favorable que la finalmente emitida que  lo  condenó  por el delito de interés indebido en la celebración de contratos  en  concurso  homogéneo, lo absolvió de otra conducta y cesó el procedimiento  a su favor por prescripción de una más.   

            Ello  a  su  vez  requería  que  en el libelo se relacionara, en  concreto,   qué  tesis  defensiva  o  cuáles  argumentos  de  orden  fáctico,  probatorio  o  jurídico  dejó  de  plantear  el  acusado  Vesga  Niño  en  la  impugnación,  que  sí  habría expuesto un togado, o cómo podrían haber sido  formulados  de  mejor  manera  por un letrado, de modo que tales planteamientos,  confrontados  con la prueba legalmente allegada al proceso, habrían conducido a  absolverlo  del  mentado ilícito, nada de lo cual se asume en la demanda y que,  por  ende,  deja  sin  demostración  la glosa intentada, máxime si se tiene en  cuenta  la  brevedad  del  intervalo  en  que  el supracitado no tuvo asistencia  profesional  y  el  hecho  de  que,  aun cuando no es abogado, asumió su propia  defensa y de manera adecuada sustentó la apelación.   

          En  conclusión,  el demandante no demuestra ni la Sala avizora que  la  irregularidad  alegada  tuviera  incidencia  perjudicial  en  el  derecho de  defensa del procesado.   

          Así las cosas, se inadmitirá el cargo.   

          3.  En ese orden, las falencias de lógica  y  adecuada  fundamentación  en  la  presentación de la censura, conducen a la  inadmisión de la demanda de casación.   

          4.   Casación  oficiosa.   

No obstante la inadmisión de la demanda, la  Corte  observa  que  se  violaron  garantías fundamentales al procesado Orlando  Vesga  Niño,  en  punto de la legalidad de la pena, por tanto, entrará a casar  oficiosa  y  parcialmente  el fallo, tal como lo autoriza el artículo 216 de la  Ley 600 de 2000.   

          En  primer  lugar, es necesario referir que el marco fáctico de la  acusación  se  circunscribió  a las irregularidades que se presentaron en doce  contratos  de  suministro  en  los  que  el  acusado Vesga Niño intervino en su  trámite  y  celebración,  cuando  se  desempeñó  como  Secretario  de  Salud  Departamental de Casanare.   

          Acorde  con  lo  anterior,  al  mencionado la fiscalía le formuló  cargos  como  autor  de los ilícitos de interés indebido en la celebración de  contratos,   contrato   sin   cumplimiento  de  requisitos  legales  y  falsedad  ideológica   en   documento  público,  «todos  los  delitos   en   concurso   homogéneo   y  sucesivo»,  previstos   en  los  artículos  409,  410  y  286  del  Código  Penal,  en  su  orden.       

          Asimismo,  en la sentencia condenatoria de primer grado, atendiendo  a  la  imputación  fáctica y jurídica consignada en el pliego de cargos, el a  quo  consideró  que  la  conducta  del  incriminado  Vesga Niño configuraba un  concurso  homogéneo  de  cada  uno  de  los  delitos  materia  de acusación, y  heterogéneo  entre  dichos  comportamientos,  y  por  tal  razón al momento de  determinar  la  sanción,  individualizadas las penas principales para el delito  base  –interés indebido  en   la   celebración   de  contratos–  en  48  meses de prisión, 50 salarios mínimos legales mensuales  de  multa  y  60  meses  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y  funciones  públicas, le efectuó un incremento punitivo equivalente al doble de  cada  uno  de  dichos  factores, de conformidad con el artículo 31 del Estatuto  Punitivo,  para un total de 96 meses de prisión, 100 SMLMV de multa y 120 meses  de interdicción en el ejercicio de derechos y funciones públicas.   

          Al  resolver  el  recurso  de  apelación  contra  la  sentencia de  primera  instancia,  el Tribunal la confirmó parcialmente, por cuanto absolvió  al  encartado por el ilícito de contrato sin cumplimiento de requisitos legales  y  declaró  extinguida  la  acción  penal por prescripción respecto del reato  contra  la  fe  pública,  en  tanto  que  mantuvo  la condena por el punible de  interés  indebido  en  la celebración de contratos, no obstante lo cual,   ninguna  modificación  hizo  a  la  sanción impuesta por el fallador de primer  nivel,  bajo  la consideración de que «de una u otra  forma  se  trata de un concurso [de delitos]…», con  lo  que trasgredió el debido proceso y desconoció el principio de legalidad de  la  sanción, puesto que las referidas conductas, por las que el a quo profirió  condena,  fueron  tenidas en cuenta por éste al momento de determinar las penas  impuestas  al  sentenciado  Vesga  Niño,  luego al absolvérsele de las mismas,  ello  necesariamente debió repercutir en la sanción, obviamente para favorecer  al acusado.                       

          En  consecuencia,  ante la evidente violación del debido proceso y  el  principio  de  legalidad  de  la  pena,  lo  procedente es casar de oficio y  parciamente  el  fallo impugnado y, por contera, que la Corte adecue la sanción  impuesta  por  los  juzgadores  de  instancia,  lo  que se hará de la siguiente  manera:    

          Si  el  fallador de primer grado incrementó la pena en 48 meses de  prisión,  50  salarios  mínimos  legales  mensuales  de  multa  y  60 meses de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas, en razón  del  concurso  homogéneo  y  heterogéneo  con  los  once ilícitos de interés  indebido   en  la  celebración  de  contratos,  doce  reatos  de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos legales y doce conductas de falsedad ideológica en  documento  público, es de colegir que por cada uno de dichos comportamientos el  sentenciador  aumentó  1  mes  y  11  días  de  prisión, 2.17 SMLMV de multa,  haciendo  claridad  que  la falsedad no prevé esta sanción, y 1 mes y 22 días  de    inhabilitación    para    el    ejercicio   de   derechos   y   funciones  públicas.   

          En  esa  medida,  el monto de pena a excluir por las doce conductas  de  contrato sin cumplimiento de requisitos legales y doce ilícitos de falsedad  ideológica  en  documento  público,  frente  a  los  cuales en la sentencia de  segundo  grado,  de  una  parte,  se  absolvió al procesado y, de otro lado, se  cesó  el  procedimiento  por  haber  operado  el fenómeno de la prescripción,  respectivamente,  es  de 32 meses y 24 días de prisión, 26.04 SMLMV de multa y  41 meses y 18 días de interdicción de derechos.   

          De  suerte  que, en definitiva, las penas que corresponde purgar al  acusado  Orlando  Vesga  Niño son: sesenta y tres (63)  meses  y  seis  (6)  días  de prisión, setenta  y  tres  punto  noventa  y  seis  (73.96) SMLMV  de  multa  y setenta y ocho (78) meses y  doce  (12 ) días de inhabilitación para el ejercicio  de derechos y funciones públicas.   

          Ahora  bien, no obstante la anterior redosificación punitiva, cabe  destacar  que  en  el  presente  asunto  no  procede  el  reconocimiento  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena,  pues  frente  a tal  subrogado  no  se  satisface el factor objetivo consagrado en el artículo 63 de  la  Ley  599  de  2000,  como quiera que la pena impuesta supera los 36 meses de  prisión  que  fija la norma en cuestión, ni en dicho tópico resulta aplicable  por   favorabilidad   la  Ley  1709  de  2014,  según  lo  tiene  decantado  la  jurisprudencia        de        la        Sala3, por cuanto el nuevo precepto  resulta  ser  menos  beneficioso  a  los  intereses  del  procesado,  ya  que el  artículo  32  de  la  mencionada normativa, modificatorio del artículo 68A del  Código  Penal,  prohíbe  expresamente conceder el referido sustituto cuando se  trate  de  delitos  dolosos  contra  la  administración pública, dentro de los  cuales   está  aquel  por  el  que  se  condenó  al  incriminado  Vesga  Niño  –interés indebido en la  celebración      de      contratos–;  luego  en  tal  aspecto se mantendrá incólume la decisión del  juzgador de primer grado.   

          De  otra  parte,  en  relación  con el mecanismo alternativo de la  prisión  domiciliaria, respecto del cual ninguna mención se hizo en los fallos  de  instancia,  la  Corte  no se pronunciará, puesto que como lo tiene dicho la  jurisprudencia,  el funcionario competente para resolver sobre la procedencia de  dicho  sustituto es el Juez de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad cuando  quiera  que  la  materia  en  cuestión  no  haya sido objeto de decisión en la  sentencia,  al igual que tal omisión no la torna ilegal, ni puede ser subsanada  en  sede  del  recurso extraordinario (CSJ AP, 24 sep. 2014, rad. 44080; CSJ AP,  24   sep.  2014,  rad.  44309  y  CSJ  AP,  22  oct.  2014,  rad.  43650;  entre  otras)            

          Sobre el punto en pretérita decisión dijo la Sala:   

En efecto, la Sala ha precisado que en sede  de  casación  no  es  posible alegar la ilegalidad o inconstitucionalidad de la  sentencia,  bien porque los juzgadores de instancia no hayan hecho referencia al  tema  de  la  sanción alternativa, o bien porque la hubiesen negado con razones  equivocadas  o  que en todo caso no comparte el recurrente, toda vez que el juez  de  ejecución  de  penas  y  medidas de seguridad, en eventos como el presente,  conserva  competencia  para  hacer el respectivo pronunciamiento. En palabras de  la Corporación:   

“El  punto  viene  siendo  tratado por la  Corte      —desde  antes— en los siguientes  términos:   

’Al  Juez  de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de Seguridad, que adquiere competencia con la  ejecutoria  del  fallo,  le  está  permitido  pronunciarse  sobre  la  prisión  domiciliaria en los siguientes casos:   

’(a)  Cuando  un  cambio  legislativo varíe favorablemente  las    circunstancias   que   fueron   consideradas   por   el   fallador   para  negarla.   

’(b)  Cuando  el asunto no haya sido objeto de decisión en  las sentencias.   

’Este ha sido el  criterio  de la jurisprudencia de la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema  de  Justicia,  como se desprende, por ejemplo, del auto del 2 de marzo del 2005,  dentro del radicado número 23.347.   

’(c)  En  los  eventos  previstos  en  el  artículo 461 del Código de Procedimiento Penal. La  norma  dispone  que  puede  ordenar la sustitución de la ejecución de la pena,  previa  caución,  en  los  mismos  casos  de  la  sustitución de la detención  preventiva’4.   

”Por   manera   que   no  es  la  Corte  —en     sede    de  casación—  la instancia  para  alegar  la sustitución de la prisión efectiva por prisión domiciliaria,  pues  la exclusión de aquél tema en la decisión no  es  razón  suficiente  para  demostrar la ilegalidad de la sentencia de segunda  instancia objeto del recurso extraordinario de casación.   

(…)’5.”6 (CSJ  SP, 5 Oct  2011, rad. 35670)   

         Conviene  precisar  que  si  bien  en  el  asunto  de la especie se  redosificó  la  pena impuesta al sentenciado en razón de la casación oficiosa  de  la  sentencia  rebatida, por lo cual correspondería a la Corte pronunciarse  sobre   los   subrogados   y   sustitutos   penales7,  como  en  efecto se hizo en  relación  con  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena, ello no  se  ofrece  necesario  en  punto  de  la  prisión  domiciliaria,  puesto que la  decisión  que  se  profiere  en  esta  sede  ninguna  incidencia  tiene  en los  presupuestos  fácticos  y  jurídicos  que  demanda  la aplicación del mentado  mecanismo  sustitutivo  que,  valga  recalcar,  son los mismos que en su momento  debieron  tener  en  cuenta  los  juzgadores  de  instancia  y que ulteriormente  deberá  examinar  el Juez de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad a quien  corresponda         vigilar         el         cumplimiento         de        la  pena.           

Finalmente, cabe señalar que salvo lo aquí  decidido,    las    demás    determinaciones    del    fallo    se    mantienen  incólumes.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,   

RESUELVE  

         1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado Orlando Vesga Niño.   

         2.  CASAR  de  oficio  y  parcialmente  la  sentencia  de  5  de  junio de 2014 proferida por el Tribunal Superior de Yopal.   

3.  DECLARAR,  en  consecuencia,  que  la pena principal que debe cumplir Orlando Vesga Niño es de  sesenta  y  tres  (63)  meses y seis (6) días de prisión, setenta y tres punto  noventa  y  seis  (73.96) SMLMV de multa y setenta y ocho (78) meses y doce (12)  días  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas,  en  razón  de  su  autoría  en  el  concurso homogéneo sucesivo de delitos de  interés indebido en la celebración de contratos.   

          4.  PRECISAR  que en lo demás el fallo se  mantiene incólume.   

         Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

         Cópiese,  comuníquese  y  cúmplase.  Devuélvase  al Tribunal de  origen.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

IMPEDIDO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Folio  111 del cuaderno original No. 15.   

2  Folios 112 a 134 ídem.   

3 CSJ  AP,  2  abr.  2014,  43342;  CSJ  AP, 30 jul. 2014, rad. 38262 y CSJ SP, 20 ago.  2014, rad. 43771; entre otros.   

4  «Corte  Suprema de Justicia, Sala de casación penal  rad.    núm.    24530   del   16/3/2006».   

5  «Corte   Suprema  de  Justicia,  Sala  Penal,  auto  del  27  de junio de 2007, radicación número 26931;  en  el  mismo sentido, auto del 19 de agosto de 2008, rad. núm. 29982; Ib. rad.  30463  del  29  de  octubre  de  2008;  auto del 27 de julio de 2009, rad. núm.  31963;   auto   del   31   de  agosto  de  2009,  rad.  núm.  31984».   

6  «Cfr.  Auto  de casación de 3 de diciembre de 2009,  radicación 32982».   

7 CSJ  SP, 26 Feb 2014, rad. 39492 y CSJ SP, 5 Mar 2014, rad.41232.     

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