AP936-2015(44852)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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                                 República de  Colombia      

Corte Suprema de Justicia  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MAGISTRADO PONENTE  

AP936-2015  

Radicación nº 44852  

(Aprobado en acta nº 77)  

Bogotá. D.C, veinticinco (25) de febrero de  dos mil quince (2015).   

         Decide  la Corte si es admisible la demanda de casación presentada  por    el    defensor    de   Alba   Milena   Ocampo  Herrera,   contra  la sentencia del  20 de junio de 2014 proferida por la  Sala  de  Decisión del Tribunal Superior de Cali, mediante la cual confirmó la  emitida  por  el  Juzgado  12  Penal  del  Circuito  de  la misma ciudad, que la  condenó como autora del delito de hurto agravado por la confianza.   

HECHOS  

         Así    fueron    narrados    en    la    sentencia    de   segunda  instancia:   

         “Surgen  a  partir  de la denuncia penal instaurada el 7 de abril  de  2006  por el señor Javier Alejandro Ospina Silvestre, apoderado judicial de  la   sociedad   Modatex   Ltda.,   en   contra   de   la   señora  Alba  Milena  Ocampo  Herrera,  quien se  desempeñaba  como  auxiliar  de  cartera de la empresa en mención, labor en la  que  le  correspondió  recibir  dineros  en efectivo y cheques de los clientes,  elaborar  consignaciones  en los bancos, asentar en los cuadernos los ingresos e  informar  a contabilidad para realizar el respectivo recibo de caja, actividades  para las cuales contaba con la confianza suficiente.   

“Informó el denunciante que el día 27 de  septiembre  de  2005 la señora Liliana Torres de Asuf, Gerente, empezó a notar  inconsistencias  en el manejo de la cartera como eran faltantes en lo pagado por  los  clientes,  pues  muchos  de  los  dineros  no  ingresaron a las arcas de la  empresa,  siendo  entregados  por  el  mensajero de la sociedad a la denunciada,  quien  posterior  a que se le reclamara no volvió a trabajar, siendo su modo de  operar  el apropiarse de los dineros producto del recaudo de cartera y cubrirlos  con cheques o emitiendo paz y salvos irreales.”   

ACTUACION PROCESAL  

         1.- El 12 de abril de 2006, la Fiscalía  84   Seccional   de   Cali   abrió  investigación  penal  contra  Alba   Milena  Ocampo  Herrera,  por  la  presunta  comisión de los delitos de hurto agravado por la confianza y falsedad  en  documento privado, y el 27 de junio del mismo año la escuchó en diligencia  de     indagatoria.                      

2.-  El  19  de  noviembre  de  2010,  la Fiscalía 50 Seccional de Cali, calificó el mérito de  la  investigación,  acusando  a  Alba  Milena Ocampo  Herrera  por la posible comisión del delito de hurto  agravado  por  la confianza y con preclusión respecto del delito de falsedad en  documento   privado,   decisión   que  quedó  en  firme  el  14  de  enero  de  2011.   

         3.-    El   juicio   le   correspondió  inicialmente  al  Juzgado  6 Penal del Circuito, autoridad que tramitó la causa  que  fue  concluida  por  el  Juzgado  12 Penal de la misma especialidad, con la  sentencia  proferida  el  17  de febrero de 2014, mediante la cual condenó a la  acusada  a  la  pena principal de 28 meses de prisión como autora del delito de  hurto  calificado,  y  a  la  accesoria  de inhabilitación para el ejercicio de  funciones públicas por el mismo lapso de la pena principal.   

La  pena se suspendió condicionalmente por  un periodo de prueba de 24 meses.   

4.- El 20 de junio  de  2014,  la Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de Cali confirmó la  decisión  que  fue  apelada  por  la  defensa. Dentro de la instancia legal, el  defensor de la sindicada recurrió en casación.   

DEMANDA DE CASACION  

         Con    fundamento    en    la    causal  tercera    de   casación,   formula   un  cargo  principal contra la sentencia,  por  haberse dictado en un juicio viciado de nulidad por afectación del derecho  de  defensa (numeral 3 del artículo 207 de la Ley 600  de 2000).   

         Señala  que  antes  de  decretarse el cierre de investigación, la  defensa  le  solicitó  al  ente investigador que obtuviera los títulos valores  que  se  dice fueron adulterados por la sindicada y cobrados por el mensajero de  la   empresa,   para  someterlos  a  los  exámenes  grafológicos  pertinentes,  petición  que la fiscalía aceptó, pero cuya práctica, ante la clausura de la  instrucción,  fue  diferida  a  la  fase  del juicio, pese a la insistencia del  defensor  para  que  se  practicaran  los  exámenes  de  los  expertos antes de  concluir esa etapa procesal.   

         En  su criterio, la prueba pericial, que tampoco se practicó en el  juicio,  era esencial para demostrar que la procesada no suscribió los títulos  valores  que  las entidades financieras en las cuales se consignaron devolvieron  sin  pago,  de  manera  que  al  no haberse aportado al proceso los documentos y  practicarse  los exámenes grafológicos para demostrar la probable falsedad, se  vulneró  su derecho a la prueba, y especialmente el principio de investigación  integral,  conforme al cual, la fiscalía debe averiguar con igual celo tanto lo  favorable     como     lo     desfavorable     al     sindicado     (artículo    234    de    la    Ley   600   de   2000).   

En  su opinión, la trascendencia del vicio  es  inocultable,  pues  si  bien  se decretaron, aportaron y practicaron pruebas  testimoniales   y   documentales   tendientes   a   establecer   la  autoría  y  responsabilidad  de  la  señora  Alba  Milena Ocampo  Herrera,  no  se incorporaron al proceso los títulos  valores  solicitados  y  por  lo  tanto no se realizaron los exámenes técnicos  sobre  ellos,   indispensables  para  establecer si la procesada suscribió  esos  documentos,  y  para  definir  si fue autora del delito de hurto agravado,  cuya constatación no se puede establecer sin la prueba mencionada.   

Insiste  que  la  prueba  solicitada  era  fundamental  para  determinar  la  responsabilidad  de  la sindicada pues era la  única  directa,  ya  que las “testimoniales base de  la  sentencia  son indirectas o de referencia”, y en  orden  a  acreditar  dicha  trascendencia  hace  una narración de las fases del  proceso,  con  el fin de reiterar que solicitó en el curso de la investigación  la  prueba  que  no  se practicó en el curso de la instrucción y en el juicio,  por  cuanto la empresa afectada no aportó los documentos o títulos valores que  en su oportunidad solicitó.   

Después de referirse  al principio de  investigación  integral,  asevera  que  Sandra  Córdoba  Cuenta y Oscar Marino  Barrera  se refieren a aspectos contables y a la devolución de cheques, más no  afirman  que  la  acusada  hubiese  elaborado  títulos  valores  y  se  hubiera  apropiado  de  dineros  de  la  empresa  en  donde trabajaba, conducta que en su  opinión  tampoco  se  puede  establecer  con  la prueba pericial practicada por  agentes del CTI.   

Por todo ello, reitera que era indispensable  obtener  los documentos que solicitó y practicar la prueba grafológica, con la  cual  a su juicio se podía establecer el supuesto de hecho y la responsabilidad  de la sindicada.   

Alude  nuevamente  a  la  importancia de la  prueba  que  echa  de  menos,  y  con  apoyo en los principios de investigación  integral,  necesidad  de  prueba,  imparcialidad,  y  apreciación  de la misma,  concluye  que  la  fiscalía  no llevó al juez el conocimiento de los supuestos  fácticos  sobre  los  cuales  debe  sustentar  su  decisión,  por  lo  cual la  sentencia  se  apoyó  en las afirmaciones del denunciante, quien sostuvo que la  acusada  se  apropió  de  dineros  de la empresa empleando títulos valores sin  respaldo  en efectivo, lo cual puede ser el fundamento de una cuenta por cobrar,  pero no de un delito.   

Por lo tanto, el Tribunal ha debido decretar  la  nulidad  de  lo  actuado  a  partir del auto por medio del cual la fiscalía  cerró  la  investigación penal y ordenar la práctica de la prueba, con el fin  de restaurar las garantías quebrantadas.   

En  el  segundo  cargo subsidiario con fundamento en la causal primera  de   casación  por  infracción  directa  de  la  ley  sustancial  (numeral  1º, del artículo 207 de la Ley 600 de 2000),  denuncia  la  aplicación  indebida  de los artículos 239 y 241  numeral  2o  de  la Ley 599 de 2000, y la falta de aplicación del artículo 249  del Código Penal.   

Después  de referirse a aspectos técnicos  de  la  causal  que invoca, señala que el Tribunal realizó un indebido proceso  de  subsunción  al  adecuar  la  conducta  al  tipo penal que describe el hurto  agravado  por  la  confianza  (artículos  239  y 241  numeral  2º  de  la  Ley  599  de 2000), en  lugar  de  hacerlo  en  el de abuso de confianza, que recoge de  manera   perfecta  la  conducta  que  se  imputa  a  la  procesada  (artículo 249 idem).   

Citando  a autorizados tratadistas discurre  ampliamente  acerca  de la diferencia entre los delitos de hurto agravado por la  confianza  y  abuso de confianza, analiza su estructura, los verbos rectores que  describen  dichos comportamientos y la manera como el autor de la conducta entra  en  contacto  con el bien objeto de apropiación, para concluir que en este caso  el  proceso  de subsunción de la conducta al tipo penal ha debido realizarse en  relación  con  el  artículo 249 de la Ley 599 de 2000, pues en su criterio, la  autora  entró  en  disposición  del  bien  por  un  título  no traslaticio de  dominio.   

En   el   propósito   de   sustentar  la  trascendencia   del  error  de  juicio  que  demanda,  se  apoya  en  la  línea  jurisprudencial  de  la  Sala de Casación Penal y cita las decisiones del 26 de  junio  de  1997,  24  de  enero y 7 de marzo de 20071,  con  el  fin de señalar la  indebida  aplicación  de  los  artículos  239  y  241 numeral 2º, del Código  Penal,  y  demandar  la  adjudicación  del  artículo 249 de la misma obra, que  estima es la correcta.   

De  aceptar su tesis, solicita que la Corte  dicte  el  fallo de reemplazo de acuerdo con la correcta adecuación típica que  demanda.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Primero.   La  casación,  según  lo  tiene establecido la Sala de Casación Penal, es un  recurso  extraordinario  que  procede,  en términos del artículo 205 de la Ley  600  de  2000, contra las sentencias de segunda instancia proferidas en procesos  adelantados  por delitos sancionados con pena de prisión cuyo máximo excede de  ocho  años,  aun cuando la sanción impuesta haya sido una medida de seguridad,  e  incluso  por  conductas  punibles  que  tienen  asignada una pena inferior, a  condición  de  que  el recurso propicie el desarrollo de la jurisprudencia o la  defensa de garantías fundamentales.   

         Por  la  pena  asignada  para  el delito por el cual se procede, la  demanda  no  requiere  de  formalidades  distintas  a  las que se exigen para la  presentación  de  la demanda normal, pero sí del cumplimiento de las indicadas  en  el  artículo 212 de la ley citada, y entre ellas, la identificación de los  sujetos  procesales,  una síntesis de los hechos materia de juzgamiento y de la  actuación  procesal,  la  enunciación de la causal invocada y la sustentación  coherente  y autosuficiente de los cargos, en orden a persuadir a la Corte de la  necesidad  de  revisar  el  fallo  de  segunda  instancia  para verificar si fue  emitido o no conforme a la Constitución y la ley.   

         En      ese  orden,  la Sala debe rechazar la demanda cuando  no  cumple  con  las  exigencias formales y sustanciales que el recurso impone, bien  sea  porque  no  posee  la  aptitud  de  realizar  las  finalidades  del recurso  (artículo 206 de la Ley 600  de  2000)  o por carecer de  interés  para  acceder al mismo, o por no seleccionar la causal ni sustentar el  cargo  que  formula  contra  la  sentencia  de  segundo grado, temas que la Sala  solamente  puede  pasar  por  alto  cuando  observa la necesidad de ocuparse del  recurso      para      restaurar      garantías      quebrantadas     en     el  trámite.   

Segundo.  Las  anotaciones  anteriores  permiten  indicar  que la demanda no puede admitirse en  orden  a  tramitar el recurso extraordinario, pues su contenido dista de ser una  exposición  en  la  cual  se sustenten los cargos con la claridad, precisión y  coherencia que el recurso extraordinario exige.   

         En efecto:   

En   el  cargo  principal  que formula con apoyo en la causal tercera  de  casación,  tendiente  a asegurar la efectividad de las garantías debidas a  quienes  intervienen  en  la  actuación  penal,  como  propósito  del  recurso  extraordinario  (artículo  206  de  la  Ley  600  de  2000),  el  impugnante  pretende  que  se  acepte  a  trámite  la  censura  que  conllevaría  a  la  Sala  a decretar la nulidad del  proceso  a  partir  del  auto  de  cierre de investigación, sobre la base de no  haberse   practicado  en  la  instrucción  y  el  juicio,  pruebas  que  fueron  decretadas por la fiscalía antes del cierre de investigación.   

         Pues bien:   

La  relativa  libertad  para  denunciar  la  infracción  al  derecho  de  defensa  no  excusa al defensor de la necesidad de  indicar,  en casos como el presente en donde se demanda la falta de práctica de  pruebas,  la  trascendencia  del  medio  que se echa de menos y la importancia e  incidencia    del    mismo   en   la   demostración   de   la   inocencia   del  procesado.   

          Desde  un  punto  de  vista  meramente  objetivo  se puede pensar que para demandar la infracción al derecho de defensa  por  no  haberse practicado una prueba que fue decretada en la instrucción y el  juicio,  basta  con verificar materialmente la omisión probatoria; sin embrago,  desde  el  punto  de  vista  del  principio  de  sustentación  suficiente,  esa  constatación  es insignificante si no se respalda en el análisis del proceso y  la  sentencia,  en  sus  fundamentos  fácticos,  probatorios  y jurídicos y en  particular  en  la  relación  de  necesidad  entre la prueba no practicada y la  definición  de la autoría y de la responsabilidad, con el fin de demostrar que  dicho  medio  era  sustancial  en  orden  a  definir de manera diferente el caso  juzgado.   

         En  ese  orden,  la unidad jurídica inescindible de las sentencias  de  primer  y segundo grado, y el principio de crítica vinculante, le imponían  al  demandante  la  carga  de  señalar cuáles fueron los medios de prueba y la  apreciación  que  el juzgador hizo de los mismos, para demostrar la importancia  de  la  prueba  no  practicada y su importancia en la resolución del conflicto,  hasta  el  punto  que  no haberla incorporado al juicio implica un menoscabo del  derecho  de  defensa.  Empero,  en  la  sustentación  del  cargo  se  omite esa  necesaria  referencia y hábilmente se destaca la ausencia de la prueba desde el  punto  de vista fáctico, pero sin detenerse en el análisis sistemático de los  medios  probatorios  y  de  los  fundamentos  de  la  decisión,  con  el fin de  acreditar   una  trascendencia  que  se  ofrece  incipiente  y  precaria  en  su  fundamentación.   

         Al    respecto,   el   demandante   no  indicó  que en el proceso  se  estableció,  para  solo  citar  un  ejemplo, que  Yesid  Garzón o Confecciones Garditex, hizo un pago en  efectivo   por   valor  de  $  4.663.870  pesos,  los  cuales    la    procesada    pretendió   justificar   consignando   un   cheque   que   según      se      comprobó,        correspondía  a  una  chequera  hurtada  a  la  firma  Thomas de la Rue, y que  ese    mismo    sistema   lo   utilizó  para  cubrir  otros  pagos, como el que  hizo  Gustavo  Loaiza  por  valor  de  $ 13.300.535  pesos,  que  igualmente  fueron  cubiertos con un cheque  correspondiente  a  la  misma  chequera robada a la firma mencionada,  y con la declaración de Jorge Armando  Erazo,  persona  encargada  de  recibir  el  dinero y  entregárselos     en     efectivo    a    la  acusada,  de  lo cual se infiere que la prueba  no practicada no era esencial para  poner   en   duda  el  modus  operandi  y  la  efectiva  apropiación  de  los  recursos  ajenos.   

         Ante  esa  realidad  es  evidente  que  al  sustentar  el  cargo el  demandante  no  ofreció  una  información  completa del proceso y eludiendo la  necesaria  sujeción  a  lo  decidido  en las instancias, pretende acreditar sin  brindar  una  información  acabada del trámite, la configuración de un motivo  de  nulidad francamente intrascendente, hasta el punto de que con ese propósito  omite  señalar  que  al  calificar la investigación, la fiscalía precluyó la  investigación  penal  contra  la  sindicada  por  la  comisión  del  delito de  falsedad,  precisamente  en  relación  con  los  títulos que la defensa pidió  incorporar    al    proceso    (fs.   217   cuaderno  1),   razón   demás  para  demostrar  la  absoluta  trivialidad del cargo y la insustancialidad del reproche.   

            Por   esas   razones,   formales   y  materiales,  el  cargo  se  inadmitirá.   

         Tercero.   En  cuanto  al  segundo    cargo,    la   Corte  tiene  establecido  que  cuando  la  demanda de casación se  dirige   a    denunciar   que   el   Tribunal   incurrió  en  violación  directa  de normas de derecho  sustancial  (en este caso por aplicación indebida de  los  artículos 239 y 241, 2, y por falta de aplicación del artículo 249 de la  Ley  599 de 2000), el censor debe acoger los supuestos  fácticos  y  las  pruebas,  tal  cual  fueron  declarados aquellos y ponderadas  éstas  por  el  juzgador,  y  presentar  su  disenso en el ámbito del estricto  raciocinio  jurídico,  pues  si  para  discrepar se acude a la facticidad y los  medios  que la establecen, para ello la ley tiene reservada la vía indirecta de  violación,  por  errores  de hecho o de derecho en la apreciación de la prueba  (CSJ   AP,   del   9   de  mayo  de  2007,  Radicado  27330).   

         En  ese margen,  la Sala ha señalado  que  la  aplicación indebida y la  interpretación errónea de  disposiciones  de  derecho  sustancial,  corresponden  a  sentidos  distintos  de  violación  con   supuestos   diversos.   Conforme   lo  ha  reiterado,   la  violación  directa  de  la  ley  sustancial    puede   presentarse   por   falta   de  aplicación,  aplicación  indebida,    o   interpretación   errónea de un determinado precepto.   

        En    ese    modelo,   la   falta   de  aplicación  de  normas  de  derecho  sustancial  se  presenta  cuando  el juzgador deja de aplicar al caso la disposición    que    lo   rige;   la     aplicación    indebida    cuando  se   aduce   una  norma  equivocada,   y   la  interpretación  errónea  cuando       se  selecciona  adecuadamente  la   norma   que   regula   el  caso  sometido  a  su  consideración,  pero  se  le  confiere  un sentido  equivocado,    rebasando,    menguando    o    desfigurando   su   contenido   o  alcance.  De  otro  modo,  mientras   en   la   falta   de   aplicación  y  la  aplicación  indebida  subyace  un  error  en la selección del precepto, en la  interpretación  errónea  el  yerro  es  de  hermenéutica,  pues se parte del  supuesto  de  que la norma  aplicada   es   la   correcta,   sólo  que  con  un  entendimiento       que       jurídicamente      no      es      el  correcto.   

       Pues bien:   

       El     hecho     de     que     el     procesado,     al         sustentar       los       cargos      por  infracción   directa   de   la  ley,  no  pueda  controvertir los hechos declarados en las instancias ni  la  apreciación de las pruebas que hizo el juzgador,  eso  no  significa que no deba referirse a ellos para  demostrar  la  indebida  aplicación de la ley, y en  tal    razón,    la    sola   alusión   a   la   estructura  de  los  delitos  de  abuso  de  confianza y hurto agravado por la  confianza,   y   a  sus  diferencias  típicas,  son  insuficientes   para   acreditar  la  necesidad  de  revisar  la  legalidad del fallo.   

       Según  se  sostuvo en la sentencia de  segunda      instancia,      la     adecuación       típica   tuvo   en   cuenta   “la  confianza    a    ella    depositada   a  razón de su cargo, por parte de los  directivos    de    Modatex    Ltda”,      y     descartó      que      la      causa     esencial     del     apoderamiento     fuera     la     entrega    a    título  no  traslaticio  de  dominio, al  señalar    que    la    procesada    “carecía  de  algún  título sobre  los  dineros  que  se apoderó, aun cuando conservaba  el  vínculo  de la confianza depositada en ella por  parte  de  los  directivos  de   la   sociedad,   en  su  condición    de   auxiliar   de   cartera.”   

       Desde  ese punto de vista esencialmente  fáctico  en  el cual se  acentúa    la    confianza   como   circunstancia  determinante    de    la   apropiación,  el  Tribunal  concluyó,  como lo  ha  señalado      desde     antiguo  la  más  autorizada               jurisprudencia  de  la  Sala,   que   en   el   abuso   de  confianza  la  relación   del   sujeto   activo   con  el  bien  que  se  le  entrega  a  título  no  traslaticio  de  dominio le confiere un  poder   precario   que   el  ordenamiento  jurídico  reconoce,  mientras  que  en el hurto agravado por la  confianza   el   agente   carece   por   completo   de  poder  jurídico  sobre  el  bien  con  el  cual entra en contacto, no por una  relación jurídica, sino  por  la  confianza depositada en el autor por su propietario, poseedor o tenedor  (CSJ. SP, radicado 22.412  del  24  de  enero  de  2007  y  24.793 del 7 de marzo del mismo año).   

       Desde   ese   punto   de   vista,  al  no  referirse  al  supuesto  fáctico   que   el  tribunal  declaró   probado,   el   censor   no   logra  poner  en  duda  la  doble  presunción   de   acierto   y   legalidad   de  la  sentencia y no logra acreditar una razón  válida para poner en tela de juicio  la  articulación  que  hizo  el  Tribunal  entre la  conducta  y el tipo penal finalmente seleccionado, de  manera   que   el   cargo,   tal   como   fue   propuesto,   se   erige  en  una  reflexión     sobre     dos    tipos  penales,  pero  sin  relación con el  supuesto  fáctico que fue declarado por el Tribunal.   

Cuarto. Así las  cosas,  los  insuperables  defectos  de técnica y adecuada argumentación de la  censura  y  de  la  demanda  toda, conducen a su inadmisión, y asimismo, porque  materialmente  no  observa  la  Sala  que  en  el  trámite  se hayan conculcado  garantías fundamentales que deba oficiosamente preservar.   

DECISIÓN  

En  mérito  de  lo expuesto, La  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

Inadmitir   la   demanda   de  casación  presentada  en  representación  de  la procesada Alba  Milena  Ocampo  Herrera  contra  el  fallo de segunda  instancia  indicado  en  esta  decisión,  contra  la  cual  no  procede ningún  recurso.   

Vuélvase  el  expediente  al  Tribunal de  origen.   

Notifíquese y Cúmplase  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO   

JOSÉ LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO      FERNÁNDEZ CARLIER   

MARÍA  DEL  ROSARIO        GONZÁLEZ       MUÑOZ   

GUSTAVO  ENRIQUE  MALO FERNÁNDEZ   

EYDER  PATIÑO  CABRERA   

PATRICIA   SALAZAR   CUÉLLAR   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia  Yolanda  Nova  García   

Secretaria    

1 En su  orden, radicados  13.139, 22.412 y 24.793.     

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