AP7345-2015(46405)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  Ponente   

AP7345-2015  

Radicación     n°     46405   

(Aprobado Acta No.  446)   

          Bogotá, D.C.,  diciembre   dieciséis   (16)   de  dos  mil  quince  (2015).   

V   I   S   T   O  S   

Examina   la   Sala   los  requisitos  de  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  formulada  por el apoderado de la  empresa  Tax  Sur S.A., vinculada como tercero civilmente responsable, contra la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de Bucaramanga, que confirmó  parcialmente   la   dictada  por  el  Juzgado  Décimo  Penal  del  Circuito  de  Conocimiento  de  la  misma ciudad, por cuyo medio condenó a Luis Eduardo Niño  Lizarazo  como  autor  de  los  delitos  de  homicidio  y  lesiones  personales,  agravados, ambos en la modalidad culposa.    

HECHOS  

         Fueron   sintetizados   por   el   ad   quem   en   los  siguientes  términos:   

El 3 de mayo de 2008, aproximadamente a las  8:00  p.m.,  cuando  la  señora  Elba  Lucía Mancilla Pinto iba con su hermano  José  Luis  Mancilla  por  el  andén de la calle 14A con carrera 50 del barrio  Villa  Luz  [de  Bucaramanga], el taxi marca Sprint de placas XMA-516, conducido  por  el  señor  Luis  Eduardo  Niño  Lizarazo,  atropelló  a los mencionados,  golpeando  a  la  señora  Elba  Lucía  quien  cayó  sobre el pavimento, quien  falleció  el 7 de mayo siguiente como consecuencia del trauma craneoencefálico  severo producido en el accidente.   

Las lesiones irrogadas a José Luis Mancilla  le    produjeron    una    incapacidad   para   trabajar   de   25   días   sin  secuelas.     

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.   Por  los  anteriores  hechos,  el  1º  de diciembre de 2009, ante el Juzgado Noveno Penal  Municipal  con  Función  de  Control de Garantías de Bucaramanga, la Fiscalía  formuló  imputación  a  Luis Eduardo Niño Lizarazo como autor del concurso de  delitos   de  homicidio  culposo  y  lesiones  personales  culposas,  agravados,  previstos  en  los  artículos  109,  110,  num.  1º  y 2º, 111, 112 y 120 del  Código Penal; quien aceptó los cargos.   

         Cabe  destacar  que  la  delegada  del  ente acusador se abstuvo de  solicitar   la   imposición   de   medida   de   aseguramiento  en  contra  del  supranombrado.   

         2.  Habiéndole  correspondido el asunto  al  Juzgado  Décimo  Penal del Circuito de Conocimiento de Bucaramanga, el 9 de  julio  de  2010  se  cumplió  la  audiencia  de verificación de allanamiento e  individualización  de  pena,  donde  la  Fiscalía precisó la acusación en el  sentido  de  que  la  circunstancia  de agravación, respecto de ambas conductas  punibles  imputadas,  era  la  prevista  en el numeral 2º del artículo 110 del  Estatuto  Punitivo; asimismo que el ilícito de lesiones personales culposas por  el  que  se procede es el tipificado en el inciso 1º del artículo 112 ibídem;  luego  de  lo  cual  el  apoderado  de  las  víctimas manifestó su interés de  promover el incidente de reparación.   

         3.  En la primera audiencia celebrada el  24  de  agosto  de  2010,  previo  a  que el apoderado de víctimas expresara la  pretensión  y  ante  la  manifestación  de  las  partes de llegar a un posible  acuerdo   en  relación  con  el  pago  de  los  perjuicios,  se  suspendió  la  misma.   

         En   su  continuación,  realizada  el  24  de  mayo  de  2011,  el  representante   de   víctimas   formuló   la  pretensión  indemnizatoria  con  indicación  de  las  pruebas que haría valer en el trámite, asimismo señaló  las  personas  naturales  y  jurídicas  que  estaban  llamadas a satisfacer esa  obligación,  por  lo  cual  se suspendió la audiencia para que se citara a los  terceros   civilmente   responsables  –Isaías    Lizarazo    Carrillo    y   Tax   Sur   S.A.–  y  a  los  llamados  en  garantía  –Seguros  del  Estado  y  Colseguros  S.A.– con el  fin de que ejercieran su derecho a la defensa.      

         En  sesiones  de 6 de diciembre de 2011 y 21 de febrero de 2012, se  reconoció  a  los  representantes  de los terceros civilmente responsables y de  las  aseguradoras  llamadas en garantía, ante quienes el apoderado de víctimas  nuevamente   formuló  la  pretensión  indemnizatoria,  que  trasladada  a  los  primeros    fue    rechazada,    manifestando    éstos    no    tener    ánimo  conciliatorio.   

         En  la  segunda  audiencia  del  incidente, llevada a cabo el 20 de  febrero  de  2013,  donde  el juez de conocimiento promovió infructuosamente la  conciliación  entre las partes, éstas realizaron las solicitudes probatorias y  se  decretó su práctica, que se cumplió en varias sesiones, al término de lo  cual  los  intervinientes  hicieron  sus  respectivas  alegaciones,  dictándose  sentencia  el  29  de  abril  de  2014,  en la que se condenó al procesado Luis  Eduardo  Niño  Lizarazo  a las penas principales de 26 meses de prisión, multa  equivalente   a  21  SMLMV  y  privación  del  derecho  a  conducir  vehículos  automotores  y motocicletas por el lapso de tres años, así como a la accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  mismo  término de la sanción privativa de la libertad, como autor del concurso  de   delitos  por  el  que  se  allanó;  reconociéndole  el  subrogado  de  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

         Además,  se  condenó en forma solidaria al acusado Niño Lizarazo  y      a      los      terceros     civilmente     responsables     –Isaías  Lizarazo  Carrillo y Tax Sur  S.A.–  a pagar a Álvaro  Santos  Villamil,  compañero  permanente  de  la  obitada,  y  a  sus dos hijos  menores,  por  partes  iguales,  la  suma  de  $341.550.000.oo  por  concepto de  perjuicios  materiales,  y  el  equivalente  a  40 SMLMV a cada uno de ellos por  daño moral.   

         De  otra  parte,  se  condenó a los obligados a indemnizar citados  ut  supra, a pagar a José  Luis  Mancilla  Pinto,  víctima  del delito de lesiones personales culposas, la  cantidad  de  $147.000.oo  por  perjuicios  materiales  y  por  daño  moral  el  equivalente a 5 SMLMV.       

         Asimismo,  se  condenó  a  las  aseguradoras  Seguros del Estado y  Colseguros  S.A.  a  responder  por  los  perjuicios  reseñados, en la cuantía  pactada  en  las  respectivas  pólizas  de  seguro  suscritas  con  el  tercero  civilmente responsable Isaías Lizarazo Carrillo.   

         4.  Apelado el fallo por el apoderado de  la  empresa  Tax  Sur  S.A.,  vinculada  como tercero civilmente responsable, en  sentencia  adiada el 30 de abril de 2015, el Tribunal Superior de Bucaramanga lo  confirmó  parcialmente, en tanto declaró la extinción de la acción penal por  prescripción  respecto  del delito de lesiones personales culposas agravadas y,  en  consecuencia,  cesó el procedimiento por dicha conducta punible a favor del  acusado  Luis  Eduardo  Niño  Lizarazo, modificando la sanción impuesta por el  juez  a quo, la que redujo a 25 meses y 6 días de prisión y mantuvo la pena de  multa,  prevista  únicamente  para  el  delito  de  homicidio culposo agravado.  Además,  aplicó  el  descuento por allanamiento, en el monto reconocido por el  juzgador  de  primer  grado,  a  la  pena  de  privación del derecho a conducir  vehículos   automotores   y   motocicletas,   que   fijó  en  21  meses  y  18  días.     

         En  cuanto a la pena accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos y funciones públicas, la señaló por el mismo término de la pena  privativa de la libertad.   

         5.  Contra  la  anterior  decisión,  el  abogado  que  representa  los  intereses  de  la empresa Tax Sur S.A., interpuso  recurso de casación.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

         Al  amparo de la causal primera de casación prevista en el numeral  1º  del  368 del Código de Procedimiento Civil, en concordancia con el numeral  4º  del  artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el demandante formula un reproche  contra  el  fallo  de  segunda  instancia,  cuyos argumentos se sintetizan de la  siguiente manera:   

         Manifiesta  que el Tribunal incurrió en la violación indirecta de  la  ley  sustancial  por  error  de  hecho determinado por falso raciocinio, que  afirma  recayó  sobre  la  certificación  laboral  expedida  por Martha Lucía  Ávila  Zambrano,  propietaria del salón de belleza donde laboraba la fallecida  Elba  Lucía  Mancilla Pinto, en la que se hizo constar que la prenombrada, para  la fecha de su muerte, devengaba la suma de $900.000.oo mensuales.   

         Reprocha  que  los  juzgadores  de  instancia tuvieran en cuenta el  referido  documento  en  orden  a  determinar  el  monto  del perjuicio material  –lucro  cesante pasado y  futuro–, toda vez que en  su  opinión  la  mentada  certificación  «carece de  idoneidad  puesto  que huno (sic) una mala apreciación de la prueba, siendo que  el  juez  no  puede  condenar por indicios», de donde  concluye  que  no  se  acreditó  debidamente  el  monto  de  los ingresos de la  obitada.   

         Resalta  que  el  pluricitado «documento  se   aleja   de   los   preceptos   de  la  conducencia  y  la  eficacia  de  la  prueba», por lo que no es idóneo para demostrar los  ingresos   de   la   occisa,  los  cuales  debieron  establecerse  a  partir  de  «los  reportes  realizados  al  Sistema  General  de  Seguridad   Social»,   dado  que  aquella  era  una  trabajadora  dependiente,  y si bien ese medio de convicción no fue allegado al  trámite  incidental  por  el  apoderado  de  las  víctimas, el juzgador debió  decretarlo  de  oficio,  de conformidad con lo dispuesto en los artículos 179 y  180 del Código de Procedimiento Civil.     

         Así,   anota  el  censor,  en  el  evento  de  que  «resultare  que  la señora Elba Mancilla no tenía contrato laboral  suscrito  con  la  propietaria del salón de belleza, ni esta última la tuviera  afiliada  al Sistema General de Seguridad Social», la  base  para  liquidar  el perjuicio material no sería la suma de $900.000.oo que  se  le  certificó  a  la  supranombrada  como  ingreso mensual, sino el salario  mínimo legal mensual vigente para la época de su muerte.   

         Afirma  que  el  yerro  de  valoración probatoria también recayó  sobre  la  declaración jurada de la extinta Elba Lucía Mancilla Pinto, rendida  ante  la  Notaría  Primera  del Círculo de Bucaramanga el 24 de julio de 2000,  donde  reconoció  que  para  esa  época  llevaba dos años conviviendo bajo el  mismo  techo  con  Álvaro Santos Villamil, aspecto que el juez de segundo grado  encontró  corroborado  con  la  declaración  de  su  compañero Álvaro Santos  Villamil y una de sus hijas.   

         No   obstante,   el   recurrente   considera   que   «el  juzgador  no tuvo en cuenta que para acreditar la existencia de  una  unión  marital  de  hecho  no basta con una declaración juramentada de la  parte,  pues  esto  solo se torna en un indicio para probar la misma»,       sino       que      es      necesario      «demostrarla» a través de alguno de los  medios  establecidos en el artículo 4º de la Ley 54 de 1990, modificado por la  Ley  979  de  2005,  artículo 2º, esto es, por escritura pública ante notario  por   mutuo   consentimiento   de  los  compañeros  permanentes,  por  acta  de  conciliación  suscrita  por éstos ante centro de conciliación o por sentencia  judicial.   

         En  esa  medida,  acota  el  libelista,  como  el ad quem encontró  acreditado   que  Álvaro  Santos  Villamil  tenía  la  calidad  de  compañero  permanente  de  la  occisa Elba Lucía Mancilla Pinto, fundándose para ello, de  una   parte,   en   un   documento   –declaración  extrajuicio–  que carece de «conducencia»  y,  de  otro  lado,  en  las manifestaciones realizadas por las  víctimas,  valga  decir, por el mencionado y su hija menor, pero «nunca  entró…  a  estudiar  a  fondo  las pruebas aportadas para  determinar   su   conducencia,  pertinencia,  idoneidad  y  eficacia»,  quebrantó  el  contenido  del  artículo  187  del Código de  Procedimiento  Civil,  que  le impone al juzgador la obligación de realizar una  valoración  probatoria de acuerdo con los principios de la sana crítica y, por  contera,  se  condenó  a su representada al pago de perjuicios, que no habrían  tenido    lugar    de    haberse   apreciado   adecuadamente   los   medios   de  convicción.   

         Por  tanto,  solicita  casar la sentencia confutada y, en su lugar,  absolver   a  la  empresa  Tax  Sur  S.A.,  vinculada  como  tercero  civilmente  responsable,   del   pago   de   perjuicios   al   que   fue  condenada  en  las  instancias.      

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. De acuerdo con  lo  normado  en  el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el recurso de casación  se  concibe  con el doble propósito de servir de control constitucional y legal  de  las  sentencias  proferidas en segunda instancia en procesos adelantados por  delitos, cuando afecten derechos o garantías procesales.   

Claramente  se  advierte  que  la  citada  codificación  no  establece  que  el  delito  de que se trate tenga previsto un  mínimo   de   pena  legal,  como  exigencia  para  acceder  a  la  impugnación  extraordinaria,  ni  señala  unos  requisitos  formales  que  deba  cumplir  el  libelo.   

Sin  embargo,  según lo tiene decantado la  jurisprudencia  de  la  Sala,  la  demanda  no  puede  elaborarse  utilizando un  discurso  de libre composición, ni la casación penal puede entenderse como una  instancia   adicional   para   debatir   aspectos   que  ya  fueron  materia  de  controversia, o como facultad ilimitada para revisar el proceso.   

Por  el  contrario,  de  acuerdo  con  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  para  que el libelo sea admitido se  requiere  que  el recurrente (i) cuente con interés para impugnar; (ii) indique  la  causal  conforme  a la cual se estructura el reproche de las contempladas en  el  artículo  181  ibídem;  (iii)  postule y desarrolle el cargo siguiendo los  requisitos  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  que  contemple  el motivo  casacional  escogido;  (iv)  acredite  a  través  de  la  censura  formulada la  vulneración   de   derechos  fundamentales;  y,  finalmente  (v)  demuestre  la  necesidad  de  la  intervención  de  la Corte en orden a alcanzar alguno de los  fines  señalados  en  el artículo 180 ibídem, valga decir, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación  de la  jurisprudencia.                

         Además,  en  la postulación y desarrollo de los cargos la demanda  debe  observar  los  principios que gobiernan la impugnación extraordinaria, en  especial  los  de  coherencia,  claridad y precisión, prioridad, autonomía, no  contradicción,  sustentación suficiente y crítica vinculante, por lo cual, en  orden     a     demostrar     los     errores    in  iudicando  o  in procedendo  en  los  que  haya podido incurrir el fallador, no es  viable  argumentar  a  la manera de un alegato de instancia, sino de acuerdo con  la    dialéctica   propia   del   recurso   de   casación,   evidenciando   su  trascendencia.   

Ahora,  sin  perjuicio  de lo dicho, la ley  otorga  a  la  Sala  de  Casación  Penal de la Corte la facultad de superar los  defectos  de  la  demanda  para  decidir de fondo en aquellos eventos en que los  fines  de  la casación, su fundamentación, posición del impugnante dentro del  proceso e índole de la controversia planteada, así lo ameriten.   

Significa   lo   anterior,  que  dada  la  preponderancia  de los fines del recurso extraordinario en la sistemática de la  Ley  906  de  2004,  aun cuando la demanda de casación no reúna las exigencias  formales  y sustanciales, la Corte puede superar sus defectos y decidir de fondo  el  asunto  si  lo  advierte  necesario para garantizarlos; y de igual forma, no  obstante  cumplir  el libelo los requisitos de lógica y debida fundamentación,  procede  su inadmisión si de acuerdo con dichos fines no se precisa de un fallo  de mérito.    

2.  La  demanda,  adviértase  desde  ahora,  se  inadmitirá  debido  a que el tercero civilmente  responsable  Tax  Sur  S.A.,  carece  de  interés  jurídico  para  recurrir en  casación,  amén que la única censura propuesta evidencia desatinos de lógica  y    adecuada    fundamentación    en    su    desarrollo,    según   pasa   a  explicarse.   

2.1 En efecto, en  el  único cargo propuesto se alega la violación indirecta de la ley sustancial  por  falso  raciocinio, con la pretensión de que se case la sentencia recurrida  y  se  absuelva  a  la  empresa  Tax Sur S.A. de pagar los perjuicios a favor de  Álvaro  Santos  Villamil,  en  su  condición  de  compañero  permanente de la  fallecida  Elba  Lucía  Mancilla  Pinto,  en  concreto  por  concepto  de daño  material  la  suma  de $113.850.000.oo –176,68        SMLMV–,  que  corresponde  a  una  tercera parte del monto total de dicha  condena                 –$341.550.000.oo–  que también favorece a los dos menores hijos de la mencionada, y  por  perjuicio  moral  el  equivalente a cuarenta (40) salarios mínimos legales  mensuales  vigentes,  quantum  fijado  por  el  juez  a quo para cada una de los  perjudicados.   

Surge  patente entonces, que la pretensión  del  impugnante  es  eminentemente  económica,  en tanto persigue desvirtuar la  obligación  del  tercero  civilmente responsable de indemnizar los perjuicios a  favor de una de las víctimas.      

         Al  respecto  cabe  anotar  que  en  razón  de  la  naturaleza del  incidente  de reparación integral, regulado por los artículos 102 y siguientes  de  la  Ley  906 de 2004, a su vez modificados por la Ley 1395 de 2010, por cuyo  medio  se  busca  la  indemnización  pecuniaria  de  los daños causados con el  delito1;  es  preciso  plegarse  a  lo  previsto  en  el  numeral  4º del  artículo 181 de la Ley 906, al acudir al recurso de casación.   

Entonces,  como  allí  se establece que se  deben  tener  en  cuenta  «las causales y la cuantía  establecidas   en   las   normas  que  regulan  la  casación  civil»,  en  ese sentido se observa que el artículo 366 del Código de  Procedimiento  Civil,  modificado por el Decreto 2282 de 1989 y el artículo 1º  de  la  Ley  592  de  2000,  expresamente  dispone  que  procede la impugnación  extraordinaria   «cuando  el  valor  actual  de  la  resolución   desfavorable   al   recurrente   sea  o  exceda  de  cuatrocientos  veinticinco  (425)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes».   

         De     otra    parte,    la    Corte2   ha   señalado   de  forma  constante  que  la  cuantía se establece por el valor del salario mínimo legal  para  la  fecha  en  la cual es dictado el fallo de segundo grado, habida cuenta  que   es   en   tal   momento   en   el   que   se   concreta   la   afectación  patrimonial.   

         

         Asimismo,   ha  precisado  que  en  los  eventos  en los cuales hay varias víctimas, el interés para recurrir en razón  de  la  cuantía  debe  ser  establecido en forma independiente en relación con  cada  una  de  ellas,  valga  decir, que no  puede  derivarse  de  la  suma  de las condenas por perjuicios,  incluso  cuando  el  recurrente  pretenda con el recurso debatir la legalidad de  todas aquéllas:   

De manera insistente esta Sala de Casación  ha  señalado, en torno al tema de la cuantía del interés para recurrir cuando  se  trate de víctimas múltiples, que se integra por los montos de las condenas  en  perjuicios materiales y morales que por cada una se haya decretado, pero que  es  equivocado sumar los perjuicios para tener ese resultado total como una sola  cuantía,  pues  tal  forma de proceder pasa por alto que la pretensión de cada  víctima   –o  de  sus  legitimados–    es  individual  y, por tanto, la condena es de similar estirpe, no colectiva, aunque  el  llamado  a  sufragarlo sea una sola persona, natural o jurídica3.   

De lo anterior se sigue, que el monto al que  fue  condenado  el  tercero  civilmente  responsable  por concepto de perjuicios  –materiales     y  morales–,  en  relación  con  Álvaro Santos Villamil, compañero permanente de  la  obitada,  no  supera  los  425  salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes  de  que  trata  el  artículo  366  del Código de  Procedimiento  Civil,  por  cuanto  sumado  el  daño  material  ($113.850.000.oo)  y  el  perjuicio moral (40 SMLMV), arroja una cifra  equivalente  216,68  salarios  mínimos legales mensuales, si se tiene en cuenta  que  la  sentencia  de segunda instancia se dictó el 30 de abril de 2015 y para  dicho  año  el  salario en cuestión asciende a $644.350, de conformidad con el  Decreto 2731 de 2014.   

         En   ese  orden,  sin  dificultad  advierte  la  Sala  que  la  empresa  Tax  Sur  S.A.,  en su  calidad  de  tercero civilmente responsable, carece de interés para recurrir en  casación  por  razón  de  no  concurrir  la  cuantía necesaria en punto de la  resolución   desfavorable,   situación   que   per  se    conduce    a    la    inadmisión    de    la  demanda.   

         Al  margen de lo anterior, al desarrollar el único cargo propuesto  por  la  senda  de  la  violación indirecta de la norma sustancial originado en  error  hecho  por  falso  raciocinio,  el  casacionista  incurre en desatinos de  lógica  y  adecuada  fundamentación, puesto que si bien identifica las pruebas  sobre  la  cuales  dice  recae el yerro de valoración probatoria, omite indicar  cómo  en  esa  labor el Tribunal quebrantó los postulados de la sana crítica,  valga  decir,  de  qué  manera  desconoció  las  reglas de la experiencia, los  principios  de  la lógica o las leyes de la ciencia4.      

         Así,  dando muestra de su desconocimiento sobre los principios que  gobiernan   el   recurso   extraordinario,  se  concentra  en  lanzar  críticas  personales  a  los razonamientos del juez colegiado en torno a la estimación de  las  pruebas  practicadas en el incidente de reparación, tales como, cuestionar  que  se  determinara  el monto de los ingresos de la occisa con fundamento en la  certificación  expedida  por  la  empleadora  de  aquella, por el mero hecho de  tratarse  de  una  persona  natural, pero no expone por qué dicha circunstancia  conlleva  a rechazar tal medio de convicción, ni cuál es el motivo para que la  única  manera  de  demostrar  el salario de aquella sea mediante «los   reportes   realizados   al   Sistema   General  de  Seguridad  Social»,  evidenciando  con  ello  la pretensión de  entronizar  su  criterio frente al del ad quem, lo cual resulta inane en sede de  casación  en  orden  a  quebrar la doble presunción de acierto y legalidad que  ampara   la   sentencia   de   segundo   grado.                 

         Tampoco  explica  cuál  es  la razón para que el Tribunal tuviera  que  desechar la declaración jurada que la fallecida Elba Lucía Mancilla Pinto  rindió  ante  la  Notaría  Primera del Circulo de Bucaramanga en el año 2000,  donde  reconoció  que  para  esa  época  llevaba dos años conviviendo bajo el  mismo  techo  con  Álvaro  Santos  Villamil,  o  por  qué las atestaciones del  mencionado  y  una  de  sus  hijas carecían de la capacidad de persuasión para  apuntalar  dicho  aspecto y, de esa manera, concluir que el supranombrado era el  compañero  permanente de la obitada, con derecho a constituirse como víctima y  reclamar   el  pago  de  los  perjuicios  derivados  de  su  deceso.     

         Sobre  los  aspectos  objeto  de  inconformidad,  el juez colegiado  concluyó:   

Como se anticipó, la Sala no advierte falta  de  idoneidad  en  la  prueba  documental  que el representante de las víctimas  presentó  para  fundamentar  el  salario  percibido  por  Elba  Lucía Mancilla  [Pinto]  y  que  el  juez  acogió  como  base de la tasación de los perjuicios  materiales,  porque  la  labor  certificadora  de hechos de contenido privado le  compete  a  los  particulares,  quienes  pueden  hacer  constar en documentos de  diversa  índole  las  relaciones  jurídicas  en  que  intervengan. De ahí que  ningún  reparo merece la certificación aportada, ni pierde poder suasorio bajo  la  argumentación  del  censor,  porque  si  pretendía que el factor base para  calcular  el  monto  de  los perjuicios materiales se extrajera de los aportes a  seguridad  social de Elba Lucía Mancilla [Pinto], debió solicitar esa prueba o  refutar el contenido documental. (…)   

[E]l  recurrente  cuestiona  la  calidad de  víctima  del señor Álvaro Santos Villamil, pues [afirma] no demostró que era  compañero  permanente  de la occisa conforme [lo] señala la legislación en la  materia  –artículo 2º de  la  Ley  54  de  1990  con  la  modificación  de la Ley 979 de 2005–,  a  través  de escritura pública,  por  manifestación expresa mediante acta suscrita en un centro de conciliación  o por sentencia judicial. (…)   

En ese orden de ideas, la unión marital de  hecho  se  declara a través de los actos jurídicos ya citados y, en el último  evento,  en  que  su  declaratoria  es[tá] precedida de una sentencia judicial,  emerge  incuestionable  que  los  jueces  basan  sus decisiones en los medios de  prueba  incorporados al proceso y autorizados por la legislación, [tales como],  testimonios,  documentos,  indicios,  por citar algunos de ellos. El juez penal,  por  su  parte,  cuenta  con  la  potestad  de  definir  ese  punto a través de  elementos  de  convicción  de  similar  entidad,  con  el foco valorativo de la  libertad probatoria y la sana crítica. (…)   

Estos   testimonios  [de  Álvaro  Santos  Villamil  y  Yesica  Yurleny  Santos  Mancilla],  valorados de acuerdo a la sana  crítica  y  la experiencia se muestran espontáneos y creíbles, con suficiente  mérito  probatorio  para  demostrar la existencia de la unión marital de hecho  entre  Álvaro  Santos  Villamil  y  Elba  Lucía  Mancilla Pinto. La referencia  temporal  que  indicó  el  declarante  Santos  Villamil  coincide con la prueba  documental  militante, en concreto la declaración jurada de la señora Mancilla  Pinto  otorgada el 24 de julio de 2000, ante la Notaría Primera del Círculo de  Bucaramanga,  donde…  manifestó  que  convivía  en  el mismo techo en unión  libre  con  éste  dos años atrás, correlación probatoria que le da solidez a  los asertos de los declarantes.   

                 

         Como  el censor incumple con la carga de identificar de qué manera  se   desconocieron   los   principios   de  la  sana  crítica,  limitándose  a  descalificar  desde  su particular óptica la labor de estimación probatoria de  los  falladores  de  instancia, pero además carece de  interés   para   recurrir   en   razón   de  la  cuantía  de  la  resolución  desfavorable,  de  lo anterior se sigue que el libelo  debe ser inadmitido.   

         3.  Resta señalar que no se observa que  con  ocasión del fallo impugnado o dentro de la actuación se violaran derechos  o  garantías  de  los  intervinientes,  como para que tal circunstancia imponga  superar  los  defectos del libelo en orden a decidir de fondo, según lo dispone  el inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia,  en  los  términos establecidos por la Sala en CSJ AP, 12 dic.  2005, rad. 24322.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada   por   el   apoderado   de   la  empresa  Tax  Sur  S.A.,  vinculada  como tercero civilmente responsable.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, es viable la interposición del mecanismo  de insistencia en los términos precisados por la Sala.   

Notifíquese  y  cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 CSJ  SP, 13 abr. 2011, rad. 34145.   

2 CSJ  AP,  el  15  jul. 2003, rad. 18934; CSJ AP, 20 feb. 2008, rad. 28785 y CSJ AP, 9  mar. 2011, rad. 35672, entre otras.   

3 CSJ  AP,  12  dic.  2012, rad. 39986. En el mismo sentido, CSJ AP, 11 dic. 2003, rad.  19058;  CSJ  AP,  26  sep. 2007, rad. 27934; y CSJ SP, 16 oct. 2013, rad. 39961;  entre otras.   

4 CSJ  SP,  23  nov. 2000, rad. 10479; CSJ AP, 18 ago. 2010, rad. 33919; CSJ AP, 6 ago.  2013,  rad.  41368;  CSJ AP, 20 nov. 2013, rad. 42344; CSJ AP, 3 dic. 2014, rad.  42658; y CSJ AP, 25 may. 2015, rad. 45542; entre otras.     

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