AP730-2015(43817)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Eyder Patiño Cabrera  

Magistrado Ponente  

AP730-2015  

Revisión N° 43.817  

(Aprobado Acta No. 049)  

Bogotá D.C., trece (13) de febrero de dos mil  quince (2015).   

ASUNTO:  

La  Sala se pronuncia sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  revisión  presentada  por  el  apoderado  de  Eduardo  Bula  Díaz  contra  la sentencia  proferida  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal Superior de Barranquilla el 26 de  marzo  de 2012, mediante la cual confirmó la condena emitida por el Juzgado 6º  Penal  del  Circuito  de  esa  ciudad el 19 de octubre de 2011, por el delito de  falsedad en documento público y prevaricato por acción.   

HECHOS1:   

Fueron  relacionados por la Sala2   en   los  siguientes términos:   

«Se  relacionan  con las certificaciones y  licencia  expedidas en junio 23 y 28 de 1999 por Eduardo Bula Díaz, Director de  la  Oficina  de  Planeación  Municipal  y  Pedro Orellano Mendoza, Director del  Departamento  Administrativo  de  Planeación  Municipal,  por  solicitud  y  en  acuerdo  con  JOSÉ  FERNANDO  VARGAS  PALACIO, alcalde municipal de Galapa, las  cuales   permitieron  al  INURBE  declarar  elegible  el  proyecto  de  vivienda  Urbanización  Mundo Feliz presentado por ASOVIS y entregar el subsidio familiar  de  vivienda  a  1.404  unidades  familiares,  cuando en realidad el proyecto no  contaba  con  disponibilidad  inmediata  de  servicios públicos, contrario a lo  certificado en dichos documentos».   

         

ACTUACIÓN   PROCESAL  RELEVANTE   

    

1. El Juzgado 6º Penal del Circuito de  Barranquilla  condenó  el  19  de  octubre de 2011, entre otros, a Eduardo  Bula  Díaz,  a quien impuso como  pena  principal  4  años de prisión y el pago de multa de 50 salarios mínimos  legales  mensuales, como autor responsable del delito de falsedad ideológica en  documento   público   y  prevaricato  por  acción3.     

Condenó  también  a  la  pena accesoria de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas4, al pago de perjuicios a favor  del  INURBE  en  cuantía  de  $70.938.000,00  y  de  Ángela  Esther Arrieta de  Rúa5  por 15 salarios mínimos legales mensuales. Reconoció la prisión  domiciliaria6.   

    

1. En virtud del recurso de apelación  interpuesto  por  el  apoderado del sentenciado Eduardo  Bula   Díaz7,   la   Sala   Penal   del   Tribunal   Superior   de   esa  ciudad  confirmó8 el fallo de primer grado el 26 de marzo de 2012.     

    

1. La Sala de Casación Penal de esta  Corporación  inadmitió  el 9 de octubre de 2013, la demanda interpuesta contra  esta última decisión.     

LA  DEMANDA   

    

1. El accionante pretende la revisión  del  fallo  dictado por la Sala Penal del Tribunal Superior de Barranquilla, con  fundamento   en   la  causal  «ordinal  6  (seis), del artículo 192 (…)   de  la  ley  906  de  2004;  (…)  aplicable  (…)  en  virtud  del PRINCIPIO DE  FAVORABILIDAD/LEGALIDAD  contemplado en los artículo 6 de las leyes 600 de 2000  y       906       de      2004»      —subraya        y       negrilla,  originales—.     

    

1. Fundamentó  la  demanda  con  los  siguientes argumentos:     

     

1. El  A  quo   obtuvo   la  certeza  de  la  culpabilidad  del  sentenciado  Bula  Díaz, con  la  i)  Certificación  del  23  de  junio de 1999, ii) resolución 5E del 28 de  junio  de  1999  y,  iii)  resolución 007 del 8 de marzo de 2002, que encontró  auténtica y de su autoría.     

     

1. En la prueba que  sustenta el  fallo  no  se  practicó  la experticia grafológica solicitada por la defensa y  autorizada  por  el juez de primera instancia para establecer la correspondencia  de   la   rúbrica   consignada   en   los   citados   documentos   con  la  del  sentenciado.     

     

1. Reclamó  la  duda probatoria a su  favor,  pues en su parecer, i) los rasgos de la firma que obra en la resolución  5E  del  28  de  junio  de  1999  no  corresponden  a la del sentenciado, ii) la  Resolución  Nº  7   el otro sí a la misma, fueron firmados el 8 de marzo  de  2002,  cuando  Roberto Rubiano de Moya aseguró   en  indagatoria     que    desempeñó    el    cargo9  desde  enero de 2001 y según  el sentenciado, hizo entrega del cargo el 23 del mismo mes y año.     

     

1. No  se  comprobó  ni verificó la  confesión    que    hizo    Bula   Díaz  sobre su autoría en la falsificación de la resolución 007 del 8  de  marzo  de  2002,  lo  que  constituyó  yerro pues es un hecho que no podía  atribuírsele   por   no   ejercer   el   cargo  de  Director  del  Departamento  Administrativo  de  Planeación Municipal de Galapa (Atlántico) para esa fecha,  lo  que  desvirtúa  la  certeza  del  juez  para  condenar,  llevando a la duda  probatoria y de contera a la absolución.     

     

1. Bula Díaz  desconoció  posteriormente la autoría de los documentos atribuidos y solicitó  practicar peritaje grafológico sobre los mismos.     

     

1. El  Ad  quem  dio  crédito  a  lo  confesado  y  por  ello no  practicó  la  prueba grafológica en los documentos fundamento de la sentencia,  desconociendo,  en  su sentir, las atribuciones previstas en el artículo 262 de  la  Ley  600  de  2000,  por  lo  que  «suprimió la  AUTORÍA   presunta   que   pudiera  existir  y  aún  la  confesada»  —negrilla y  subraya            originales—.     

     

1. Las pruebas en las que se sustenta  el   fallo   son   falsas   y   no   demuestran   la  autoría  de  Bula  Díaz  ni  la  certeza  que exige el  artículo  232  ibídem para  condenar.     

    

1. Finalmente, peticionó, i) declarar  sin  valor  las  sentencias de primera y segunda instancia, ii) la prescripción  de la acción penal.     

CONSIDERACIONES   

     

I. Procedimiento aplicable    

El caso que ocupa la atención de la Sala se  tramitó  y  decidió  con  fundamento  en  la  Ley  600  de 2000, por lo que el  procedimiento  aplicable  en  materia  de  revisión  es  el  establecido en ese  estatuto.   

     

I. Competencia    

La  Corte es competente para conocer de esta  acción,    conforme    al    artículo    75,    numeral    2°,   ibídem,  por  estar  dirigida contra una  sentencia  dictada  en  segunda  instancia por un Tribunal de Distrito Superior,  que hizo tránsito a cosa juzgada.   

     

I. Caso concreto    

El  libelo  que  se  examina  adolece de los  mínimos    requerimientos    legalmente   establecidos   para   su   admisión.  Obsérvese:   

    

1. Ab initio,  es  preciso  señalar  que atendiendo a las especificidades del actual modelo de  enjuiciamiento  criminal,  las causales de revisión consagradas en el artículo  192  de la Ley 906 de 2004 no son aplicables a los procesos que se adelantaron y  culminaron  en  vigencia de los anteriores estatutos procedimentales, sino a las  actuaciones iniciadas en vigencia de dicha normativa.     

En  ese  sentido,  en auto del 28 de mayo de  2014,  radicado  40.189,  la Sala retomó lo considerado sobre este tópico (CSJ  AP,     2     dic.    2008,    radicado    29.59410):   

«Sobre  este  puntual tema debe advertirse  que  los  motivos  descritos  en  la  Ley  906 de 2004 para la procedencia de la  acción  de  revisión  rigen  para  procesos adelantados bajo esa normativa, no  para  aquellos  que finalizaron a la luz de ordenamientos procesales anteriores,  dada  la  variación  de procedimiento y la diferencia de algunos institutos tal  como  lo  tiene  establecido  esta Corporación, por tanto, el estatuto procesal  penal  aplicable  para este caso es el regulado por la Ley 600 del año 2000 que  rigió  para  el  trámite y fallo de esta actuación, no obstante que la causal  invocada  tiene  idéntico  tratamiento  en ambas regulaciones como se indicará  mas adelante.».   

Igual  lineamiento se siguió en auto del 29  de  julio  de 2009, radicado 31.239, en el que además estudió lo atinente a la  procedencia  de  la  aplicación del principio de favorabilidad, invocado por el  demandante:   

«1.  La aplicación, por favorabilidad, de  las  disposiciones  contenidas  en la Ley 906 de 2004 a casos tramitados bajo la  Ley  600 de 2000, no es ilimitada. Además de la sucesión de leyes en el tiempo  y   la  coexistencia  de  legislaciones,  básicamente  se  deben  cumplir  tres  condiciones:   

(i)  que las figuras jurídicas enfrentadas  tengan  regulación  en las dos legislaciones, (ii) que respecto de aquéllas se  prediquen  similares  presupuestos  fáctico-procesales,  y  (iii)  que  con  la  aplicación  favorable  de alguna de ellas no se resquebraje el sistema procesal  dentro  del  cual  se  le  da  cabida  al instituto favorable (1) [(1) sentencia  23.700 del 9 de febrero de 200].   

De donde se sigue, que el parámetro para la  aplicación  del  principio  referido  no  surge  de  la  simple  lectura de las  disposiciones  reguladoras de un mismo instituto, sino que es menester constatar  que  ese  ejercicio  no  comporta afectación sustancial del sistema acusatorio,  como  se  indica  en la providencia aludida en el libelo,  y que los rasgos  esenciales,  previstos  en  una y otra normativa, “regulan las mismas materias y  parten  de  los  mismos  presupuestos(2)  [sentencia  24.300  del 23 de marzo de  2006]” .   

3.  En  punto  de las causales de revisión  consagradas  en  el  artículo  192  de  la  Ley  906  de  2004, la Sala ha sido  enfática   en   señalar   que   no  son  aplicables  a  los  procesos  que  se  adelantaron    y   culminaron  en  vigencia  de  los  anteriores  estatutos  procedimentales,  sino  a  actuaciones iniciadas en vigencia de dicha normativa,  en  virtud  de  la  variación  del  procedimiento  y  la  diferencia de algunos  institutos (3).   

Por tanto, es inaceptable que el libelista  insista  en  sostener  lo contrario, sin fundamento alguno, en total alejamiento  de las pautas sentadas por esta Corporación.»   

    

1. Conforme al precedente expuesto es  claro  que, aún si la sentencia cuestionada se dictó en vigencia de la Ley 906  de  2004,  no  por  ello  se  autoriza a invocar las causales allí contempladas  frente  a  procesos  tramitados y agotados bajo los parámetros de la Ley 600 de  2000.     

Tampoco le asiste razón al demandante cuando  invoca  la aplicación del principio de favorabilidad al concretar la demanda en  la   causal   6ª  del  artículo  192  de  la  Ley  906  de  2004,  pues  ésta  prácticamente  reprodujo  en  su  integridad  el contenido de la prevista en el  numeral  5º  del  artículo  220 de la Ley 600 de 2000, salvo la ausencia de la  exigencia  de  la  firmeza de la sentencia que declara que el fallo demandado se  fundamentó  en  prueba  falsa, situación última que dilucidó esta misma Sala  en   auto  del  2  de  diciembre  de  2008  en  el  radicado  29.59411,  en el que  se    señaló   que   ello   era   requisito   sine  quanon para su demostración:   

«No   obstante,   la  jurisprudencia  ha  reconocido  que la causal 6ª de la Ley 906 de 2004 equivale a la prevista en el  numeral  5º  de  la Ley 600 de 2000. Si bien el legislador de 2004 no consignó  que  para demostrar la falsedad de la prueba es necesaria una decisión judicial  que  así  lo  declare, es evidente que sólo así puede acreditarse su falta de  autenticidad,  en  cuanto  de  lo  que se trata en la acción de revisión es de  remover la cosa juzgada que pesa sobre una sentencia.   

En  efecto, la Sala ha sostenido que aunque  el   requisito   de  aportar  la  sentencia  ejecutoriada  no  fue  expresamente  contemplado   en   la   Ley  906  de  2004,  como  sí  ocurría  en  anteriores  codificaciones,   ello   no   significa   que  actualmente  no  deba  adjuntarse  porque:   

“La  propia  redacción del numeral 6º del  artículo  192  del  estatuto procesal penal de 2004 lleva a esa conclusión. En  efecto,   la   norma   establece:   “Cuando  se  demuestre…que  el  fallo…se  fundamentó,  en  todo  o  en  parte, en prueba falsa…”. Resulta claro que tal  situación  sólo  ocurrirá  en  el  momento en que hay una decisión en firme,  pues  mientras  tanto  no puede afirmarse que se ha demostrado la falsedad de la  prueba”(    Auto   del   23   de   septiembre  de  2007,  radicado  28.119)  .     

La acción de revisión fue consagrada para  socavar  los  efectos  de  cosa juzgada de una providencia injusta, a través de  una  exposición  ordenada  y  coherente que demuestre sin ambages la ocurrencia  del  desacierto judicial invocado y la necesidad de rescindir el fallo objeto de  cuestionamiento.   

El  motivo  de  revisión  aludido  por  el  demandante,  comporta  la ineludible obligación de demostrar mediante sentencia  en  firme,  que  el  fallo,  decisión  preclusoria,  cesación de procedimiento  o   sentencia  absolutoria  objeto  de  revisión, se fundamentó en prueba  falsa.   

Quiere  decir  lo anterior que además de  presentar  los  argumentos  fácticos  y  jurídicos  del caso, es necesario que  aporte  copia  de  la  decisión  mediante la cual se declara la falsedad de los  elementos  de  juicio  que sirvieron de soporte a la decisión cuya remoción se  persigue.  De  esa manera se le comprueba a la Sala, fundadamente, que la prueba  en  cuestión  no  es  auténtica porque así se declaró judicialmente mediante  decisión  que  ha  hecho  tránsito a cosa juzgada (Cfr Auto del 16 de marzo de  2005, radicado No 23085).»   

    

1. Motivo adicional a la inadmisión,  es  el  no  cumplimiento del presupuesto de la causal 5ª de la Ley 600 de 2000,  que    prevé    la    procedencia    de    la    acción    «[c]uando  se  demuestre, en sentencia en  firme,  que  el  fallo objeto de pedimento de revisión se fundamentó en prueba  falsa».     

Al  demandante,  además  de  presentar  los  argumentos  fácticos y jurídicos del caso, le asiste el deber de aportar copia  de  la  sentencia  mediante  la cual se declaró la falsedad de los elementos de  juicio  que  sirvieron  de soporte a la decisión cuya remoción se persigue, la  cual,  como viene de verse, deben encontrarse igualmente en firme. En esa medida  se   tiene  fundadamente  que  el  elemento  de  conocimiento  en  cuestión  es  auténtico,  porque  así  se  declaró judicialmente, mediante decisión que ha  hecho tránsito a cosa juzgada.    

Sobre  este  tema  en  particular, esta Sala  señaló (CSJ AP, 16 de mar 2005, rad. 23.085):   

«La  exigencia  que establece la causal es  clara  y  no se presta a interpretaciones de ninguna especie: se requiere que la  decisión  cuestionada  se  hubiese  basado  en una prueba cuya falsedad hubiese  quedado  demostrada  en  una  sentencia ejecutoriada, como cuando la providencia  que  se  ataca  tuvo  por exclusivo fundamento las manifestaciones de un testigo  que  luego  es  condenado  por  falso  testimonio,  precisamente en razón de la  declaración en que se sustentó la decisión.».   

No  se  trata,  por  lo  tanto, de elaborar  construcciones  teóricas  para  acreditar  la falsedad del medio de convicción  que  tuvo  en  cuenta el funcionario judicial para proferir la providencia, sino  únicamente  de aportar la copia de la sentencia en firme que dio por demostrada  la  falsedad de aquella prueba y acreditar así mismo que ésta fue determinante  en el sentido de la decisión.».   

Nada  de  lo  anterior  fue  cumplido por el  demandante,  quien  tan solo se limitó a cuestionar el proceso y la valoración  que  el  A  quo  hizo de la  confesión  de  la  autoría  de  los  documentos  que  soportan  el  fallo y la  consecuente  decisión  de  no  practicar  la experticia grafológica dirigida a  verificar  esa  aceptación.   Dado  que  la  acción  de  revisión no fue  prevista   para   hacer   ese   tipo  de  cuestionamientos  la  Corte  no  hará  pronunciamiento alguno.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:   

INADMITIR la demanda  de  revisión  presentada  a  favor  de  Eduardo  Bula  Díaz.   

Contra  esta decisión procede el recurso de  reposición.   

Notifíquese y cúmplase.  

Eyder Patiño Cabrera  

Magistrado  

Patricia Salazar Cuéllar  

Magistrada  

Ramiro Alonso Marín Vásquez  

Conjuez  

William Monroy Victoria  

Conjuez  

Mauricio Luna Bisbal  

Conjuez  

Abel Darío González Salazar  

Conjuez  

Juán Carlos Prías Bernal  

Conjuez  

Luis Bernardo Alzate Gómez  

Conjuez  

Carlos Roberto Solórzano Garavito  

Conjuez  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria.    

1  Extraídos    de    los    hechos   consignados   en   el   fallo   de   primera  instancia.   

2  Al  inadmitir  la  demanda de casación el 9 de octubre de 2013, radicado Nº 40.270  —folio  262—.   

3  Por los mismos delitos y similar pena condenó en esa  oportunidad  a  José  Fernando  Vargas Palacio; y a Pedro Orellano Mendoza a la  pena   de   36  meses  por  el  delito  de  falsedad  ideológica  en  documento  público.   

4  A  todos los sentenciados, por término igual al de la pena principal.   

5  Solidario entre todos los sentenciados.   

6 Igual  beneficio  reconoció  al  condenado Vargas Palacio, en tanto que al sentenciado  Orellano  Mendoza le reconoció el subrogado de la suspensión condicional de la  ejecución de la sentencia.   

7 Y del  también sentenciado José Fernando Vargas Palacio.   

8 Con  la  aclaración  que  a  José Fernando Vargas Palacio se le impone la pena como  determinador y no como autor.   

9  De  Director  del  Departamento  Administrativo  de  planeación Municipal de Galapa  (Atlántico),  mismo que ocupó Bula Díaz.   

10  También,   entre   otras   decisiones,   en   auto   del   9   jun  2009,  rad.  30089.   

11  CSJ, AP, 09 junio 2009, radicado 30.089.     

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