AP7135-2015(44811)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Magistrado ponente  

AP7135-2015  

Radicación N° 44811  

(Aprobado   Acta  N°424)   

Bogotá D.C., veinticinco (25) de noviembre de  dos mil quince (2015).   

Se   pronuncia  la  Corte  del  recurso  de  apelación    presentado    por   el   defensor   del   postulado   JUAN  CARLOS  SIERRA  RAMÍREZ  contra  la  decisión  adoptada  a  solicitud de la Fiscalía, por la Sala de Justicia y Paz  del  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Medellín, por la cual excluyó  al  precitado del proceso transicional, por encontrar demostradas las causales 2  y  4 del artículo 11A de la Ley 975 de 2005, adicionado por el artículo 5º de  la Ley 1592 de 2012.   

ANTECEDENTES  

1. JUAN CARLOS SIERRA  RAMÍREZ  (alias  “El Tuso, El Ojón, Don César, El  Patrón”)  se desmovilizó colectivamente el 1º de agosto del 2006 del Bloque  Héroes  de  Granada  de  las  Autodefensas  Unidas  de  Colombia;  pidió,  por  intermedio  del  Comisionado  de  Paz, su postulación para ser beneficiario del  proceso  de  justicia  y  paz  por oficio fechado el 17 del mismo mes, a lo cual  accedió  formalmente el “Ministro del Interior y de  Justicia”  el  13  de  diciembre de 20061.                     

En  sus diferentes versiones rendidas ante la  Fiscalía    confesó    haber    participado    en    diferentes   “operaciones”            de  narcotráfico.           

2.  La  Fiscalía  solicitó  a  la  Sala  de  Justicia  y  Paz  del  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Medellín la  terminación   del  proceso  de  justicia  y  paz  y  exclusión  de  la  lista de postulados de SIERRA   RAMÍREZ,   de  quien  informó:   

(i)  Fue  extraditado a los Estados Unidos de  Norteamérica  para  ser  procesado por “asociación  para  fabricar  y  distribuir  cinco  kilogramos  o  más  de  cocaína,  con la  intención   y   a   sabiendas  de  que  (…)  se  importaría  a  los  Estados  Unidos”,  y  declarado culpable por el Tribunal para  el Distrito de Culumbia el 29 de septiembre de 2011.   

(ii) En su contra existen órdenes de captura  emitidas  en  el curso de investigaciones adelantadas por las Fiscalías Segunda  y Quinta Delegadas ante Jueces Penales del Circuito Especializado.   

(iii)  Actualmente el postulado se encuentra  con   “medida   de   aseguramiento  de  detención  preventiva”     impartida     por    “el   Magistrado   de   Control   de  Garantías”  y   la   actuación   “a  disposición  de”   la   “Sala   de  Conocimiento  de Justicia y Paz para la legalización de los cargos aceptados en  audiencia  de  formulación”.              

3.  El  delegado  de  la  Fiscalía  basó su  petición  de  terminación del proceso de justicia y paz en los numerales 2 y 4  del  artículo  11A de la Ley 975 de 2005, incorporado por el 5º de la Ley 1592  de  2012,  los  cuales señalan como presupuestos fácticos para ese efecto que:  (i)  el  postulado  hubiese  “incumplido alguno  de    los    requisitos    de   elegibilidad   establecidos   en   la   presente  ley”,  o (ii) “ninguno  de  los  hechos  confesados  (…)  haya  sido cometido  durante  y con ocasión de su pertenencia a un grupo armado organizado al margen  de la ley”.   

Señaló  que SIERRA  RAMÍREZ  no  perteneció a las A.U.C. y por lo mismo,  ninguno  de los hechos confesados fue cometido con ocasión de su pertenencia al  mencionado  grupo  armado organizado al margen de la ley. Fue un narcotraficante  puro  que  tuvo  a  las  A.U.C.  como socio estratégico para obtener cuantiosas  ganancias  que  iban  directamente  a  su  peculio  e inversiones personales, la  mayoría en compra y venta de inmuebles y carros.   

Estas  conclusiones  las soportó en: (i) las  versiones   libres  de  SIERRA  RAMÍREZ  rendidas  el  13  de  abril  y  28  de  noviembre  de 2007; (ii) las  declaraciones  de  otros  postulados  – RODRIGO PÉREZ  ALZATE,   alias  “Julián  Bolívar”;  IVAN  ROBERTO  DUQUE  GAVIRIA,  alias  “Ernesto  Báez”;  RAÚL  ERNESTO HASBÚN MENDOZA, alias “Pedro Bonito”,  HELBERT  VELOZA  GARCÍA,  alias  “H.H”,  y  FRANCISCO JAVIER ZULUAGA LINDO,  alias  “Gordo  Lindo”,  excluido  del  proceso de Justicia y Paz-;  (iii)  las  irregularidades  presentadas  en  el  trámite de su  postulación;  y  (iv)  la  situación  jurídica  de  los  bienes  entregados y  ofrecidos  para  reparación  de  víctimas,  de  los cuales se demuestra que su  actividad  principal  era el lavado de activos en beneficio propio, toda vez que  estaban  a  nombre  de  sus  familiares,  quienes ya han sido condenados por ese  punible.   

DECISIÓN IMPUGNADA  

1.  El Tribunal tras reconocer, como lo tiene  sentado  la  jurisprudencia  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, que es posible  contemplar  en  el  trámite  de  la  justicia transicional, no sólo las graves  violaciones  a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario, sino  todos  aquellos  delitos  comunes  incluidos  los  de  tráfico  de narcóticos,  enriquecimiento  ilícito  y  lavado  de  activos,  siempre y cuando se hubiesen  cometido  con  ocasión  de  la  pertenencia al grupo armado y se satisfagan los  demás  requisitos  señalados  en  la  Ley  de  Justicia y Paz, examinó si las  actividades  de narcotráfico  de  SIERRA  RAMÍREZ  fueron  llevadas  a  cabo  como  medio para la consecución de los fines de las A.U.C. o  como  un  fin  particular.  Para  este efecto el a quo  advirtió:   

1.1. <<[D]esde  el  comienzo del proceso (sic) se observó que fue precisamente la situación de  su  actividad  como  “narcotraficante  puro”, lo que motivó divergencias no  sólo  entre  los  miembros de las A.U.C. en la mesa de negociación en Santafé  de  Ralito,  sino  también  con  el  representante  del  Gobierno  Nacional, el  entonces  Alto  Comisionado  para  la  Paz  LUIS CARLOS RESTREPO, quien desde el  inicio   de   los   diálogos  advirtió,  como  se  dijo,  las  irregularidades  presentadas>>.   

1.2.  <<[S]i  bien  el  postulado  consiguió  su ingreso al proceso mediante su postulación,  desde  hace  ya  unos  años, quienes inicialmente dieran ese aval como miembros  representantes,  han  venido manifestando que algunos fueron engañados para que  declararan    que    SIERRA    RAMÍREZ,  pertenecía  a  la organización, pues apareció junto con DIEGO  FERNANDO  MURILLO  BEJARANO, alias “Don Berna”, en la mesa de negociación y  éste  último les dijo que dicho postulado se encargaba de la parte financiera,  cuando  realmente  lo  que  ocurría  es que se trataba de un “narcotraficante  puro”,  con  quien con el interés de aumentar su patrimonio instrumentalizaba  al   grupo   para   conseguir   sus  particulares  objetivos>>.   

1.3.  A  excepción  de  alias  “Don    Berna”,   ninguno   de   los  comandantes   describió   al   postulado   en  actividad  diferente  a  la  del  narcotráfico,  y  no  como  miembro  de  la  organización,  sino como quien la  ejercía  para  provecho  propio.  En este sentido declararon: UBER DARIO YÁNEZ  CADAVIA,  alias “Orejas”,  excomandante  militar  del  Bloque  Héroes  de  Tolová; FREDY RENDÓN HERRERA,  alias   “El  Alemán”;  RAÚL   EMILIO   HASBÚN   MENDOZA,   alias  “Pedro  Bonito”,  excomandante  del Frente Arlex Hurtado del  Bloque     Bananero;     RODRIGO     PÉREZ     ALZATE,    alias    “Julián   Bolívar”,   excomandante  militar  del  Bloque  Central  Bolívar;  IVÁN  ROBERTO  DUQUE  GAVIRÍA, alias  “Ernesto    Báez”,  excomandante  político  del Bloque precitado, y FRANCISCO JAVIER ZULUAGA LINDO,  alias   “Gordo  Lindo”,  excluido del proceso transicional.   

Este  último  señaló al postulado como una  persona:  (i)  con  autonomía operativa que le permitía adoptar decisiones sin  consultar  con  sus aducidos comandantes; y (ii) que poseía una infraestructura  amplia  y  suficiente para exportar clorhidrato de cocaína, lavar e ingresar el  dinero  a  Colombia,  cuyo  destino no eran las arcas financieras de las A.U.C.,  sino       las       propias      y      de      otros      <<“narcotraficantes  puros”  que aportaban o se embarcaban en esa  actividad ilegal>>.   

1.4.  <<[E]l  postulado  en  sus versiones libres, no se identifica como miembro de las A.U.C.  y  en  su  actuación  dentro  del  tráfico de estupefacientes hacia países de  Centro  América,  Norte América y Europa, más parece un tercero que se dedica  a    esta    actividad    al    margen    de   la   lucha   antisubversiva   del  GAOML>>.     

1.5.     [A]lias     el    “Tuso”,   no   entregaba  el  dinero  producto  del narcotráfico a las huestes paramilitares como si se tratara de un  empleado   frente   a   su  “patrono”,  como  pretende  hacerse  creer,  sino que esos emolumentos que el  referido   personaje   daba  a  las  A.U.C.,  lo  era  por  el  pago  que,  como  narcotraficante  ajeno  a  la  organización,  estaba obligado por el uso de los  corredores  para  el  paso  de  cocaína  hacia  el  exterior del país y por la  seguridad que en estas zonas prestaba el grupo paramilitar.   

Esto  también se observa del enriquecimiento  ilícito  evidenciado  en  los  familiares  de  SIERRA  RAMÍREZ,  dada  la  gran  cantidad  de  “bienes  que estaban en cabeza de aquellos, de los cuales algunos  han     sido     ya     entregados,    otros    denunciados    y    unos    más  encontrados” por la Fiscalía General de la Nación.   

2.   Consecuencia  de  lo  evidenciado,  el  Tribunal:  (i)  acogió el planteamiento del representante del ente acusador, en  el   sentido   de  que  la  actividad  del  postulado  era  la  de  “un  tercero  ajeno  a  la  organización  que  se  valía  de la  protección  que  le  brindaba  el grupo paramilitar en las zonas de influencia,  para  realizar las acciones de narcotráfico y con ello, conseguir sus objetivos  que  en  nada  transitaban  por  la lucha antisubversiva, con lo cual subyace el  interés  particular  de  enriquecimiento  ilícito derivado del narcotráfico y  del  lavado  de  activos,  como  su único objetivo”;  (ii)  consideró hallarlo  incurso en los presupuestos fácticos contenidos  en  el  artículo 11A, numerales 2 y 4, de la Ley 975 de 2005, adicionado por el  artículo  5º  de  la Ley 1592 de 2012; (iii) excluyó al postulado del proceso  transicional;    (iv)   decretó   la   expedición   de   copias   “para  que  las  actuaciones  delictivas de que trata el presente  proceso  sean investigadas por la justicia ordinaria”  y  (v)  dispuso que los bienes entregados y denunciados permanezcan “dentro  del proceso de justicia y paz, de acuerdo” con el artículo 8º de la Ley 1592 de 2012.   

LA APELACIÓN  

El  apoderado  del  postulado  solicitó  se  revoque  la  anterior decisión, por cuanto consideró que su prohijado no es un  narcotraficante  puro, sino  miembro  de  las  autodefensas unidas de Colombia, perteneciente al bloque financiero.   

En  sustento  de  esa  proposición  indicó  que:   

1. Su defendido en versión libre rendida ante  la  Fiscalía Veinte de la Unidad de Justicia y Paz contó que había adelantado  “unos  estudios”  en la  Universidad  Pontificia  Bolivariana,  sin  concluirlos;  ingresó  al  Banco de  Occidente  donde  laboró en la sección de “divisas  y  cambios”;  posteriormente trabajó en una empresa  dedicada   “al   cambio   de   moneda  extranjera,  concluyendo  con  unos  negocios  en el Centro Comercial Obelisco, actividad que  desarrolló hasta el año (…) 2004”.   

Hasta          “1998”   no  registraba  antecedente  penal   alguno.   Año   en   el   que   ingresó   a  las  A.U.C.  “por petición de alias Don Berna”.   

Señaló  que  efectivamente  llegó a Ralito  donde  conoció  al  señor  Mancuso  y  otros  jefes  de  las  A.U.C.,  pero su  conversación  estuvo centrada con CASTAÑO GIL, quien  reunió a todos sus  comandantes  y  les  dijo  que la guerra contra la guerrilla se estaba perdiendo  por   falta   de   recursos,  motivo  por  el  cual  se  creó  el  bloque  financiero  de  las A.U.C., en el  que   fue   insertado   SIERRA   RAMÍREZ  sin  que  éste  aportara  dinero  alguno,  como  tampoco  puso  a  disposición            de           las           A.U.C.           “infraestructura” (pistas, aeronaves,  laboratorios,  fincas,  caletas)  porque  no la poseía. Esta fue organizada por  los  jefes  de  las A.U.C., quienes decían por dónde salía la droga, a quién  se  le  debía  entregar, cuánto cargamento debía salir y cuál era el destino  final de la misma.   

Estando   SIERRA  RAMÍREZ   allí   a  órdenes  de  CARLOS  CASTAÑO,  SALVATORE  MANCUSO y otros, “se dedicó a cumplir el  roll  de  recibir  la  droga  y enviarla”, pero no la  producía,  no la compraba, no daba dinero para insumos ni para embarques, todos  esos recursos provenían del mismo negocio.   

Fue    ubicado    en    el   bloque  financiero, no en el “ala  militar”,  porque  conocía  el  “movimiento      bancario”      y     “no     tenía     formación  militar”.   

2.  “Para  nadie  es  un  secreto  que JUAN  CARLOS    SIERRA    RAMÍREZ    tuvo   infinidad  de  problemas  en  su inicial  proceso  de  desmovilización,  pero  ya  para  ese  entonces  (…) existía un  indictment     -por     conspiración-     proferido     por     la     justicia  americana”,  producto  de  testimonios rendidos ante  jueces  y  fiscales  de  Norteamérica, que lo señalaron como quien junto a los  jefes    paramilitares   enviaba   cocaína   a   Europa   y   a   los   Estados  Unidos.     

3.  “A  uno  le  produce  como  un  resquemor  en  el  alma  cuando  se enfrenta a la prueba  testimonial,  máxime  en Colombia cuando por naturaleza somos mentirosos y qué  decir  de  los  errores  judiciales  que  se  han cometido en Colombia cuando la  Única  prueba  en  la que se cimentan las decisiones judiciales está basada en  los  testimonios.  Cuánto dolor se ha causado, cuántas detenciones injustas se  han  proferido,  cuántas  cárceles  han  sido  testigos  mudos de los que a la  cárcel  fueron  por  declaraciones  de  testigos  falsos,  mentirosos,  que  se  dedicaron a torcer la verdad”.   

En   esta   oportunidad   se  trajeron  los  testimonios  de  los testigos mentirosos, y no de los que dijeron la verdad como  los  de  DON BERNA y MANCUSO quienes indicaron que JUAN  CARLOS   SIERRA   RAMÍREZ   era   miembro   de   las  A.U.C.   

4. De lo enunciado por alias GORDO LINDO en el  sentido  de  que  JUAN CARLOS  era  un  hombre experto en el manejo de dinero y el cambio de divisas, encuentra  justificación  en  que  esa  fue  una  de  las  condiciones  que le sirvieron a  CASTAÑO   GIL   para  “involucrarlo” en el bloque de las finanzas.   

5.  Contario  a  lo  manifestado  por RODRIGO  PÉREZ  ALZATE,  existe comunicación del 17 de agosto de 2006 firmada tanto por  éste  como  por  CARLOS  MARIO  JIMÉNEZ  NARANJO, IVÁN ROBERTO DUQUE GARCÍA,  SALVATORE  MANCUSO  GÓMEZ,  RAMÓN MARÍA ISAZA ARANGO, LUIS EDUARDO CIFUENTES,  miembros  de  las  A.U.C.,  dirigida  al  doctor  LUIS CARLOS RESTREPO en la que  reconocieron  expresamente  como  miembro  de  la  organización de las A.U.C. a  JUAN  CARLOS SIERRA RAMÍREZ.   

Dijo   el   apelante  tener  otro  elemento  probatorio  documental  en el cual CARLOS MARIO JIMÉNEZ NARANJO, RODRIGO PÉREZ  ALZATE,  SALVATORE  MANCUSO  GÓMEZ,  RAMÓN  MARÍA  ISAZA ARANGO, LUIS EDUARDO  CIFUENTES   e   IVÁN   ROBERTO   DUQUE   GARCÍA  señalaron  que  SIERRA   RAMÍREZ   es   miembro  de  las  A.U.C.   

El  periódico  El  Colombiano,  indicó  que  SALVATORE  MANCUSO “divulgó anoche (sic) el listado  oficial  de  los  jefes  ilegales  que se encuentran en la zona de ubicación de  Ralito  en  Tierra  Alta” entre los que se encuentra  JUAN     CARLOS     SIERRA     RAMÍREZ.   

6.  Desde “cuando  se  conformó  el  grupo  de  autodefensas  como  grupo  (sic)  en  contra de la  subversión,   ahí   estaba   JUAN   CARLOS  SIERRA  RAMÍREZ  por  convicción,  porque  en su pueblo fue  víctima,  como lo fue su familia, de la persecución de las FARC”.   

7.     JUAN  CARLOS  se  postuló  por  ser miembro de las A.U.C. y  “porque  entendió  el  momento  histórico y (…)  creyó  que  la  mejor  colaboración que le podía prestar al pueblo colombiano  era  la  verdad  (sic)  y  por  eso  sin  miedo,  poniendo su familia en peligro  denunció  a  quienes  con  él  en  las  A.U.C.  delinquieron y qué políticos  corruptos  con  él  hicieron  componendas  y  qué  militares  con él hicieron  componendas”.   

8.   Cuando   el   gobierno  profirió  una  resolución  que  excluía  a  JUAN CARLOS,   los  jefes  paramilitares  “JULIÁN  BOLÍVAR,  ERNESTO  BÁEZ, RAMÓN ISAZA” suscribieron  un  documento  en  el que le preguntaron al Presidente de la República, ÁLVARO  URIBE  VÉLEZ,  cuáles eran las pruebas con las que contaba para considerar que  este   no   hace   parte  de  las  A.U.C.  y  el  motivo  por  el  cual  no  fue  denunciado.   

Se   preguntó:  “¿De  dónde surge el odio que ocho años después  dos  o  tres  miembros  de las autodefensas experimentan y hacen público contra  JUAN  CARLOS? (…) es que  JUAN   CARLOS   ha  sido  valeroso,  (…)  no  ha  tenido  temor  de  decir  la verdad, y cuando se le ha  indagado  por  los jueces y magistrados por los hechos delictuosos, no ha dudado  en poner el dedo acusador sobre nadie”.   

9. Toda la fase administrativa del trámite de  justicia  y  paz, en la cual el desmovilizado señalado de pertenecer a un grupo  armado  es  postulado  por el Gobierno, la “cumplió  JUAN CARLOS SIERRA RAMÍREZ  sin  problema  alguno  y  se  constató  que de 1998 era parte integrante de las  autodefensas  unidas  de  Colombia  y  que  nunca  hasta esa época JUAN          CARLOS         era  narcotraficante”.   

LOS NO RECURRENTES  

1. La delegada de la  Fiscalía   solicitó   se  confirme  la  providencia  apelada,  porque  lo  indicado  por  el  impugnante  no  logró  desvirtuar  los  fundamentos   fácticos  con  base  en  los  cuales  se  adoptó  la  decisión.  Adicionalmente indicó:   

La  actividad de narcotráfico llevado a cabo  por   SIERRA   RAMÍREZ  se  adelantó   por   fuera  de  las  actividades  ilícitas  propias  de  la  lucha  antisubversiva,  por  tanto  no guardan correlación directa con el accionar del  grupo armado organizado al margen de la Ley   

JUAN CARLOS SIERRA se  dedicó  al  tráfico  de  estupefacientes  bajo  el amparo y protección de las  A.U.C. con interés particular.   

Su     condición    de    narcotraficante  puro fue precisamente lo  que  motivó  divergencias  entre  los  miembros de las A.U.C., como también al  interior  del  Gobierno  Nacional,  concretamente con el Alto Comisionado de ese  entonces.   

Varios miembros representantes de las A.U.C.:  UBER        DARÍO        YAÑEZ        CABADÍA,       alias       “Orejas”,  excomandante  del  bloque  Héroes    de    Tolová;    FREDY    RENDÓN    HERRERA,   alias   “El  Alemán”, excomandante del bloque  Elmer  Cárdenas; RAÚL EMILIO HASBÚN MENDOZA, alias Pedro Bonito, excomandante  del  frente  Alex  Hurtado  del  bloque  Bananero;  RODRIGO PÉREZ ALZATE, alias  “Julián   Bolívar”,  excomandante  militar  del  bloque  Central  Bolívar;  IVÁN ROBERTO DUQUE  GAVIRIA,   alias   “Ernesto   Báez”,  excomandante  político del bloque central Bolívar; atestiguaron  que  SIERRA  RAMÍREZ  sólo  ejercía    la   actividad   de   “narcotraficante  puro”  y  por  fuera  de  la  organización  para su  provecho propio.   

FRANCISCO  JAVIER  ZULUAGA LINDO, alias Gordo  Lindo,   postulado  excluido  del  trámite  transicional,  lo  ubicó  como  un  narcotraficante  que  registraba  una  autonomía  operativa impropia para quien  sigue órdenes superiores.   

<<[E]l  postulado  en  sus  versiones  libres,  no  se  identifica como miembro de las A.U.C. y en su actuación dentro  del  tráfico  de  estupefacientes  hacia  países  de  Centro  América,  Norte  América  y  Europa,  más  parece  un tercero que se dedica a esta actividad al  margen de la lucha antisubversiva del GAOML>>   

Los bienes de sus familiares dan cuenta de que  su  actividad  fue dirigida a enriquecerse y varios de quienes firmaron la carta  aducida por el apelante, indicaron haber sido engañados.   

En   las   autodefensas  se  presentaron  3  componentes:  político, militar y financiero; pero no existió un bloque de las  finanzas,  por  lo cual el desempeño de este rol implicaba seguir órdenes, sin  embargo  SIERRA RAMÍREZ      no     siguió     orden  alguna.   

En la historia del paramilitarismo, la que fue  suficientemente  decantada  por  la  Corte  Suprema  de  Justicia y las Salas de  Justicia  y  Paz  de los Tribunales, da cuenta de su génesis, de quienes fueron  los  gestores  y  partícipes  y  allí  por  ninguna parte aparece JUAN  CARLOS  SIERRA, basta con remontarnos  a  la  década  de  los 80 en el Magdalena medio con HENRY GONZÁLO PÉREZ donde  también  empezaron  a  ingresar  otros  personajes; RAMIRO VANOY MURILLO, alias  Cuco   Vanoy,  y  donde  está  FIDEL  CASTAÑO,  luego  llega  CARLOS  CASTAÑO  etc.   

Cuando   dice   el  apelante,  “que   en   1998   CARLOS   CASTAÑO   le   dice  a  JUAN  CARLOS  SIERRA que lo necesita para  ganar  la  guerra”  para  ese  momento  “ya  las  autodefensas  y  el  fenómeno  del  paramilitarismo se  había  expandido  y  tenía  una  fortaleza  y  conformaba  una gran estructura  militar  y  legal  (sic)  jerarquizada  en  casi  todo  el  país”     y     la    parte    financiera    ya    estaba    “suficientemente organizada”.   

2.  La representante  del  Ministerio  Público,  pidió la confirmación del  auto  apelado,  toda  vez  que lo observó ajustado a la ley, pues los medios de  conocimiento  allegados  por  la  Fiscalía  son suficientes para fundamentar la  decisión.   

CONSIDERACIONES  

1.  La Corte es competente para resolver este  asunto,  de  acuerdo  con  lo  dispuesto  por los artículos 26 de la Ley 975 de  2005,  modificado  por  el  27  la  Ley  1592  de  2012,  y  32-3 del Código de  Procedimiento Penal de 2004.   

2.  La  persona  que  hubiese  sido postulada  -por   su   desmovilización   de  un  grupo  armado  organizado  al margen de la ley para acceder a los beneficios establecidos en la  Ley  de  Justicia  y  Paz-, e incurra en alguna de las  causales  señaladas  en  el artículo 11A de la Ley 975 de 2005, adicionado por  la  Ley  1592  de 2012, la Sala de Conocimiento de dicha especialidad decretará  la  terminación  del  proceso  transicional  y  con base en esa determinación,  será separado de la lista de postulados por el Gobierno Nacional.   

La  culminación  de  la  actuación judicial  transicional  constituye  el  mecanismo  a  través  del  cual  el  Tribunal, de  conformidad  con  los  lineamientos de la Ley 975 de 2005, declara a una persona  sometida  a  la  misma,  no  apta  para obtener los beneficios allí contenidos,  porque  no  satisface  o  ha  desatendido  las  exigencias  establecidas  en esa  normativa o en las que la modifican y adicionan.   

En este mismo sentido se pronunció la Sala de  Casación Penal al indicar:   

<<Es  el mecanismo por medio del cual  la  Sala  con  Funciones  de Conocimiento de Justicia y Paz, decide expulsar del  trámite   previsto   en   la   Ley   975  de  2005  al  postulado  –procesado    o    condenado-,   por  incumplimiento  de  uno  de  los  requisitos de elegibilidad, o por faltar a las  obligaciones    impuestas,    bien   por   la   ley,   ora   en   la   sentencia  condenatoria>>.  (AP.  23 ago. 2011, rad. 34423).    

Uno  de estos requisitos de elegibilidad para  el  desmovilizado  consiste  en “que su actividad no  haya     tenido     como     finalidad2  el tráfico  de  estupefacientes  o  el enriquecimiento ilícito”  (artículo  11  de  la Ley 975 de 2005); exigencia que,  valga  aclarar,  no  impide el acceso a la justicia transicional al miembro  de  la  organización  al  margen  de  la  ley  que  haya  llevado a cabo esos actos, como medio instrumental para  los  fines  de  la  lucha armada. Al respecto indicó la Corte en auto del 12 de  febrero de 2014, radicado 42686:   

Si se acepta que el desmovilizado hizo parte  orgánica  del  grupo  de  Autodefensas, por compartir su ideario y métodos, de  ninguna  manera puede afirmarse que tuvo él como “finalidad” el tráfico de  estupefacientes  o  el enriquecimiento ilícito, dado que, precisamente, ese fue  apenas  el  medio,  dentro del rol que se le atribuyó en la organización, para  acceder a los fines o propósitos propios del paramilitarismo.   

La manera adecuada y lógica de entender lo  expresado  por  el  artículo 11-6, refiere a que lo pretendido es evitar que se  beneficien  con  el  trámite  de Justicia y Paz personas ajenas a los grupos de  Autodefensas,  que  lejos  de compartir sus idearios o propósitos, se dedicaban  al narcotráfico.   

Para  la  Corte  es claro que si dentro del  grupo  de Autodefensas, a determinado miembro de ellas se le encomienda la tarea  exclusiva  de  financiar  con  labores  del narcotráfico sus actividades, no es  posible  atribuirle  esta  como  finalidad  a la persona, pues, emerge obvio, la  labor es medio de financiamiento y no fin.   

3.  La  extinción  de la actuación judicial  especial  tiene  lugar  a  solicitud de la Fiscalía General de la Nación y esa  determinación  trae  como  consecuencia  que:  (i)  se  reactivan  los procesos  ordinarios  y  las correspondientes órdenes de captura que se hubiesen emitido;  (ii)  el  Gobierno  Nacional  debe  excluir  al  desmovilizado  de  la  lista de  postulados  y (iii) éste no podrá aspirar nuevamente al trámite transicional.  Así lo indicó la Sala de Casación Penal:     

La normativa implementa la terminación del  proceso  de  justicia  y  paz,  lo  cual no opera oficiosamente por parte de las  salas  de  dicha  especialidad creadas en algunos Tribunales del país, dado que  si  bien  es  en donde se toma la decisión, ésta ha de provocarla la solicitud  del  Fiscal  que  la  sustentará  en  audiencia  y  debe fincarse en una de las  causales  consagradas  en  dicha legislación o bien en otras diseñadas por las  autoridades  judiciales que ostenten competencia en esos trámites, de acuerdo a  las novísimas facultades deferidas a ellas por el legislador.   

En caso de que se acojan los planteamientos  del  ente  acusador, la determinación que adopte ese juez colegiado será la de  dar  por  terminado  el  proceso  al desmovilizado y acorde con ello, dispondrá  comunicar  a los despachos judiciales que ventilen actuaciones penales contra el  mismo  para que las reactiven, haciéndose lo propio con las órdenes de captura  y  de  igual manera, pondrá su decisión en conocimiento del Gobierno Nacional,  en  aras  de  que  lleve  a  cabo  el  trámite  de  exclusión  de  la lista de  postulados,  a  la  que  no  podrá  volver a aspirar.  (CSJ AP, 19 Feb. 2014, Rad. 41137).   

Análisis del asunto en concreto  

1.  La  Sala  de  Justicia y Paz del Tribunal  Superior  de  Medellín, por  solicitud  sustentada  en  audiencia  por  la  Fiscalía  General de la Nación,  dispuso     excluir    a    JUAN    CARLOS    SIERRA  RAMÍREZ  (alias  “El Tuso, El Ojón, Don César, El  Patrón”) del trámite transicional adelantado en su beneficio.   

Esta determinación la basó en los numerales  2  y  4 del artículo 11A de la misma normativa, adicionado por el artículo 5º  de  la  Ley  1592 de 2012, los cuales señalan como causales de terminación del  proceso  de  justicia  y  paz,  cuando:  “se  verifique  que  el  postulado  ha  incumplido  alguno de los  requisitos  de  elegibilidad  establecidos  en  la  presente  ley”              –específicamente  “que su actividad no  haya  tenido  como finalidad el tráfico de estupefacientes o el enriquecimiento  ilícito”   (art.   11   de   la  >Ley  975  de  2005)-    o  “ninguno de los hechos confesados por  el  postulado  haya  sido cometido durante y con ocasión de su pertenencia a un  grupo     armado    organizado    al    margen    de    la    ley”.   

El   Tribunal   estimó  satisfechos  estos  presupuestos  básicamente  porque  consideró a SIERRA  RAMÍREZ        como       un       “narcotraficante  puro”, es decir, que  las  actividades por este manifestadas –todas  relacionadas  con  el negocio del narcotráfico-  las  llevó  a  cabo  con  el  fin  de enriquecerse, no como medio  instrumental  para  la  satisfacción  de  los  fines  de  la lucha armada de la  organización  al  margen  de  la  ley –A.U.C.-.   

Esto,  entre  otras  razones, por cuanto UBER  DARIO  YÁNEZ  CADAVIA, alias “Orejas”,  excomandante militar del Bloque Héroes de Tolová; FREDY RENDÓN  HERRERA,    alias    “El   Alemán”;    RAÚL    EMILIO    HASBÚN    MENDOZA,    alias    “Pedro   Bonito”,  excomandante  del  Frente   Arlex  Hurtado  del  Bloque  Bananero;  RODRIGO  PÉREZ  ALZATE,  alias  “Julián   Bolívar”,  excomandante  militar del Bloque Central Bolívar; IVÁN ROBERTO DUQUE GAVIRÍA,  alias  “Ernesto  Báez”,  excomandante  político  del Bloque precitado, y FRANCISCO JAVIER ZULUAGA LINDO,  alias   “Gordo  Lindo”  -excluido  del  proceso  transicional-, describieron al postulado en actividades  relacionadas  exclusivamente  con el narcotráfico y con una autonomía impropia  para   quien   adujo   pertenecer   y   recibir  órdenes  al  interior  de  las  A.U.C.   

Al   punto   que   alias   “EL   TUSO”,  no  entregaba  el  dinero  producto  del narcotráfico a las huestes paramilitares como si se tratara de un  empleado   frente   a   su  “patrono”,  sino  que  esos emolumentos que daba a las A.U.C., lo eran por el  pago  que, como narcotraficante ajeno a la organización, estaba obligado por el  uso  de  los  corredores  para el paso de cocaína hacia el exterior del país y  por la seguridad que en estas zonas prestaba el grupo paramilitar.   

2.  Para  emprender  la Corte el examen de la  alzada,  dirigida  en parte a cuestionar la valoración de algunas declaraciones  rendidas  en  el  trámite  de justicia y paz, cabe recordar que la ponderación  que  deben  hacer  las  autoridades  judiciales  de  las descripciones fácticas  surtidas  por  los  deponentes,  se  impone  atender  los  principios de la sana  crítica  y  en  especial  lo  relativo a la naturaleza del objeto percibido, el  estado  de  sanidad  de  los sentidos por los cuales se tuvo la percepción, las  circunstancias  de lugar, tiempo y modo en que se percibió, la personalidad del  declarante,  la forma como rindió la versión y las particulares singularidades  que puedan observarse en sus manifestaciones.   

En  tales  circunstancias,  el  relato  del  declarante  se  debe  valorar  de  acuerdo  con  los  anteriores derroteros, sin  olvidar  la  constatación  de aspectos propios, como la ausencia de interés en  mentir,   las   condiciones  subjetivas  del  deponente,  la  intención  de  su  comparecencia,  la  persistencia  del  testimonio  y,  en  igual importancia, su  correspondencia con datos objetivos comprobables.   

En  este orden de ideas, desde la perspectiva  del  apelante,  la  censura  dirigida  puntualmente  contra  la  valoración del  testimonio,  entonces,  debe encaminarse a demostrar que el fallador desatendió  los  principios  orientadores  de  la  sana  crítica  en relación con alguno o  algunos  de  los  aspectos  atrás  indicados,  para  en  su  lugar  ofrecer  la  estimación que considera respetuosa de aquéllos criterios.   

3.  La  impugnación señaló de mentirosas  las  declaraciones en las que  se  basó  el  Tribunal  para  establecer  el  concreto  rol desempañado por el  postulado,  a  partir  del  cual  concluyó  que  la  actividad  de SIERRA  RAMÍREZ  no  fue la de miembro de  las    A.U.C.,    sino    la    de   “narcotraficante puro”.   

Sin embargo, el censor basó su afirmación en  la  premisa  según  la  cual,  los colombianos “por  naturaleza    somos    mentirosos”.    Proposición  inaceptable,  por cuanto no constituye máxima de experiencia y menos aún ley o  verdad  científica  alguna;  además  de traída solo convenientemente, lo cual  queda   en  evidencia  al  quebrantar  dos  de  los  parámetros  que  rigen  la  argumentación:  honestidad y  no   contradicción;   el  primero  en  cuanto no se muestra convencido de su disertación y el segundo por  incorporar premisas incompatibles entre sí (P y no P).   

Pues  el  apelante  al  tiempo de señalar de  mentirosos  -por su origen- a  los  colombianos  de  cuyas declaraciones se apoyó el Tribunal, predicó que la  verdad  se halla en lo indicado por alias DON  BERNA  y  MANCUSO, sin dar cuenta por  qué  a  estos,  contrario  a  su postulación inicial, no les atribuye la misma  condición:  la  de  ser “mentirosos” por    “naturaleza”    en razón de su nacionalidad.   

Lo  expuesto da cuenta de que la enunciación  propuesta    por    el    impugnante    sólo   fue   una   manifestación   sin  fundamento.   

4.  la  impugnación también señala que las  declaraciones  en  las que se cimentó el auto apelado son mendaces, por cuanto,  de  una  parte,  MANCUSO lo enlistó como miembro de las A.U.C. al momento de la  desmovilización  y, de otra, existen dos documentos en los que aquél junto con  CARLOS  MARIO JIMÉNEZ NARANJO, IVÁN ROBERTO DUQUE GARCÍA, RAMÓN MARÍA ISAZA  ARANGO  y LUIS EDUARDO CIFUENTES, reconocieron a SIERRA  RAMÍREZ  como  miembro de las A.U.C., particularmente  en  carta  dirigida  el 17 de agosto de 2006 al entonces Comisionado de Paz LUIS  CARLOS RESTREPO.   

Al respecto cabe precisar, que no se desconoce  la  existencia  de  uno de los documentos aducidos -el  oficio  dirigido  al  Comisionado de Paz el 17 de agosto de 2006, único obrante  en    la    carpeta–,  toda vez que si no existiera el reconocimiento expreso  de  los  comandantes  de  la  organización  en  el  sentido de que SIERRA  RAMÍREZ  perteneció  a la misma,  tampoco  éste  habría  obtenido del Gobierno Nacional su postulación; empero,  de  esta  realidad no se sigue que la verdad concerniente a su relación con las  A.U.C.  esté  necesariamente  contenida  en  esa misiva, ni que todo testimonio  recaudado  por  la  Fiscalía  General  de la Nación con el fin precisamente de  establecer   lo   realmente   ocurrido,   sea  mendaz  por  el  sólo  hecho  de  desvirtuarla.    

Adicionalmente,  el  mencionado  documento    no   señala   de   manera  específica         -con        acontecimientos  concretos-   el   rol  de  SIERRA  RAMÍREZ  en  las  A.U.C.,  de donde se pueda discernir si realmente hizo  parte  de  la  organización o simplemente esta fue una aliada estratégica para  aquél  de  cara a adelantar actividades de narcotráfico con el fin de aumentar  su  patrimonio;  mientras  que  esa  descripción  si  está  contenida  en  las  declaraciones rendidas ante  la  Fiscalía  por  diferentes  comandantes  de la organización armada ilegal y  personas  cercanas  a  su  actividad,  de  las  cuales  se  apoyó  el Tribunal.   

Por     tanto,    aquel    oficio no cuenta con la virtud suficiente  para  oponerlo  eficazmente  a los testimonios, pues la consideración de que el  postulado  perteneció -o no- a las A.U.C., no proviene de que sus miembros así  simplemente     lo     hubiesen     manifestado     inicialmente    –en  este  caso  en  carta dirigida al  Comisionado  de  Paz,  con  el  fin  de lograr la incorporación de SIERRA     RAMÍREZ    al    trámite  transicional-,  sino de sus declaraciones -debidamente   recaudadas   por   la   Fiscalía   General   de  la  Nación-,  en las que señalaron tanto las actividades  realizadas  por  aquél  como  los  hechos  que perfilan su real vínculo con la  organización.  Testimonios estos de donde constató válidamente el Tribunal su  condición  de  “narcotraficante puro”.   

5.   Señala   la   impugnación   que  las  declaraciones     que     describen     a     SIERRA  RAMÍREZ como no perteneciente a las A.U.C., provienen  del  odio  que  “dos o tres miembros” de  las  autodefensas  experimentan  y  hacen público en su contra,  producto        de       que       aquél       ha       sido       “valeroso”  en  decir  la  verdad  y  “no ha dudado en poner el dedo acusador sobre nadie  (sic)”   cuando   ha   sido   indagado  por  hechos  delictuosos.   

Obsérvese, sin embargo, que esta afirmación  resulta  insuficiente  para  censurar la valoración judicial de los testimonios  presentados  por la Fiscalía, pues el apelante no indicó: quién concretamente  odia   a   SIERRA  RAMÍREZ;  cuáles  señalamientos  puntuales  de  éste  despertaron  ese  sentimiento al grado de que “dos    o    tres”   postulados   se  determinaran  a mentir en el proceso transicional para perjudicarlo y, con ello,  arriesgarse   a   ser  excluidos  del  mismo;  ni  en  qué  medio  –  o  medios-  de conocimiento apoya su  aseveración.   

Esta  situación permite advertir que aquella  proposición  ofrecida en la sustentación del recurso, también se trata de una  manifestación subjetiva.   

6. De otra parte, explicó el apelante que la  enunciación  de  FRANCISCO  JAVIER  ZULUAGA LINDO, alias Gordo Lindo, según la  cual,     JUAN    CARLOS  SIERRA RAMÍREZ era un hombre  experto  en el manejo de dinero y el cambio de divisas, encuentra justificación  en  que  esa  fue  una  de  las condiciones que le sirvieron a CASTAÑO GIL para  “involucrarlo”  en  el  bloque de las finanzas.   

Sin embargo, FRANCISCO JAVIER ZULUAGA LINDO en  versión  jurada  del  20  de  diciembre  de  2010  tras  manifestar  haber: (i)  mantenido  una  relación de “amistad”  con  “JUAN  CARLOS     SIERRA”,  “el    TUSSO        SIERRA”,  quien “personalmente desarrollaba una  actividad   de   narcotráfico”  hacia  “Norteamérica”,  (ii)  observado que  éste  manejó  más de 1.000 o 1.500 kilos, aproximadamente, en cada una de sus  operaciones;  y  (iii)  participado  en 3 o 4 de las mencionadas diligencias, en  calidad  de inversionista, con 200 kilogramos de clorhidrato de cocaína en cada  una; señaló:   

“(…) cuando uno va hacer una inversión  en  estas  operaciones  financieras,  -a-  uno más o menos se le dice por dónde es, en qué consiste antes  de  comenzar  la  operación. Uno siempre hace esas operaciones con personas que  tengan  harta  experiencia, que sean muy hábiles en el manejo de esto porque se  trata   es   de  ganar.  EL  TUSO  SIERRA  era  una  persona  que desarrollaba muy bien esta actividad y fue  presentado  en  la  organización, en el seno de la organización fue presentado  (sic)  y  Honduras  (sic),  terminaba  en  Honduras.  Se vendía aproximadamente  –a-   4.500,   5.000  dólares,  4.500  dólares  cada  unidad.  Él  partía  por  la zona del Bloque  Bananero  y  pagaba  el  impuesto  de  salida  a  la  comisión  de finanzas del  respectivo     bloque”.     (Minuto     8:36    a  9:31).   

Mírese  cómo, cuando ZULUAGA LINDO señaló  que  “uno siempre hace esas operaciones con personas  que  tengan harta experiencia, que sean muy hábiles en el manejo de esto porque  se  trata  es  de  ganar”  y  que las inversiones de  clorhidrato   de   cocaína   las   hizo   con  SIERRA  RAMÍREZ   por   ese   motivo,   es   decir,   porque  “era  una  persona  que  desarrollaba muy bien esta  actividad  y  fue presentado en la organización”, no  hizo  referencia  a la trayectoria de éste en actividades lícitas de cambio de  divisas,  sino  a  su  experiencia  en  adelantar  operaciones de narcotráfico.   

En este sentido la afirmación del apelante no  corresponde  a lo realmente declarado por ZULUAGA LINDO, y por lo mismo, tampoco  logra  desvirtuar  lo  percibido  por  el  Tribunal  de esta declaración, en el  sentido    de    que    SIERRA   RAMÍREZ  fue descrito como una persona: (i) con autonomía operativa que le  permitía   adoptar   decisiones   sin  consultar  con  los  comandantes  de  la  organización   armada;   y  (ii)  que  poseía  una  infraestructura  amplia  y  suficiente  para  exportar clorhidrato de cocaína, lavar e ingresar el dinero a  Colombia,  cuyo  destino  no  eran las arcas financieras de las A.U.C., sino las  propias    y    de    otros    <<“narcotraficantes  puros”  que aportaban o se embarcaban en esa  actividad ilegal>>.   

7.   Indicó   el   impugnante   que   si  bien   su  defendido  tuvo  infinidad  de  problemas  en  su inicial proceso de desmovilización,  “para  ese entonces existía un indictment -por conspiración-  proferido  por  la  justicia  americana”, producto de  testimonios  rendidos ante jueces y fiscales de Norteamérica, que lo señalaron  como  quien  junto  a  los jefes paramilitares enviaba cocaína a Europa y a los  Estados Unidos.   

Al   respecto  cabe  precisar,  que  de  la  acusación  formulada  en  los  Estados  Unidos  de  América  por  “conspiración”    con   fines   de  narcotráfico   contra   SIERRA  RAMÍREZ,  actividad  adelantada  con comandantes paramilitares, no se sigue  que  aquél  hubiese  tenido  la  calidad  de  miembro  de  las  A.U.C., pues la  investigación  en la que se basó ese señalamiento judicial no estuvo dirigida  a  determinar  si su actividad fue instrumental para la lucha antisubversiva, ni  si  estaba  o  no  comprometido  con  esta  causa,  o  si  su interés fue la de  enriquecerse    mediante   actividades   relacionadas   con   el   negocio   del  narcotráfico,  pues  su  propósito tampoco fue el de establecer si tuvo -o no-  la      condición      de      “narcotraficante  puro”.  Esta concreta cuestión sólo es de interés  para el proceso de justicia y paz adelantado en Colombia.   

Lo  central  para  el trámite surtido en los  Estados  Unidos  de América, fue el de perseguir judicialmente las conductas de  concierto  para  delinquir  en  narcotráfico  llevadas  a cabo por SIERRA   RAMÍREZ  y  otros,  lo  cual  se  advierte de los cargos que le fueron formulados:    

Cargo  1.   

La conspiración.  

Aproximadamente  desde  enero  de  1997, la  fecha  exacta  siendo  desconocida  por  el  gran  Jurado,  y  continuando en lo  sucesivo  hasta  e  incluida  la  fecha  de  la presentación de esta acusación  formal,  en los estados Unidos, la república de Colombia y en otras partes, los  acusados      (…)     JUAN     CARLOS     SIERRA  RAMÍREZ,    ilícitamente,    a    sabiendas    e  intencionalmente,  se  combinaron, conspiraron, se confabularon y acordaron, con  co-conspiradores  no  acusados  formalmente en la presente, y con otras personas  conocidas  y  desconocidas  por  el  Gran  Jurado,  para  cometer los siguientes  delitos   contra   los   Estados   Unidos:  81)  ilícitamente,  a  sabiendas  e  intencionalmente,  importar  cinco  kilogramos  o  más  de  una  mezcla  y  una  sustancia  que  contenían  una  cantidad  detectable de cocaína, una sustancia  controlada  de  la  Lista  II,  a  los  Estados  Unidos  desde  la República de  Colombia,  un lugar fuera de los Estados Unidos desde la República de Colombia,  un  lugar  fuera de los Estados Unidos, en violación del Título 21, Código de  los   Estados  Unidos,  Secciones  952  y  960,  y  (2)  fabricar  y  distribuir  cinco   kilogramos  o más de una mezcla y una sustancia que contenían una  cantidad  detectable  de  cocaína, una sustancia controlada de la Lista II, con  la  intención y a sabiendas de que tal sustancia se importaría ilícitamente a  los  Estados  Unidos,  en  violación  del  Título  21,  Código de los Estados  Unidos,  Secciones  959  y 960, y del Título 18, Código de los Estados Unidos,  Sección 2…..   

Cargo  3.   

Aproximadamente  en  febrero de 2000, en la  República  de  Colombia  y  en  otras  partes,  el  acusado, (…) JUAN     CARLOS    SIERRA    RAMÍREZ,  ilícitamente,  a  sabiendas  e intencionalmente, se combinaron, conspiraron, se  confabularon  y  acordaron,  con  unos  co-  conspiradores  no  acusados  en  la  presente,  y con otros conocidos y desconocidos por el Gran Jurado, para poseer,  con  la  intención  de  distribuir, cinco kilogramos o más de una mezcla y una  sustancia  que  contenían  una  cantidad  detectable de cocaína, una sustancia  controlada   de   la  Lista  II,  a  bordo  de  una  embarcación  sujeta  a  la  jurisdicción  de  los  Estados  Unidos,  es decir, una embarcación sujeta a la  jurisdicción  de  los  Estados Unidos, es decir, una embarcación cuyo país de  matrícula,  la  República  de  Cabo  Verde,  ha dado su consentimiento para la  aplicación  de  la  Ley  de  los  Estados  Unidos  por  los  Estados Unidos, en  violación  del  Título  46,  Apéndice  del  Código  de  los  Estados Unidos,  Secciones  1903  (a)  y  (j),  y  del Título 18, Código de los Estados Unidos,  Sección 2 (…).   

Cargo 4.  

“Aproximadamente  el 19 de junio de 2000,  en  alta mar y en otras partes dentro de la jurisdicción de los Estados Unidos,  los     acusados:     …JUAN     CARLOS    SIERRA  RAMÍREZ,    ilícitamente,    a    sabiendas    e  intencionalmente,  poseyeron,  con  la  intención  de  distribuir  y  causar la  posesión,  con  la  intención  de  distribuir,  cinco kilogramos o más de una  mezcla  y  una sustancia que contenían una cantidad detectable de cocaína, una  sustancia  controlada  en  la  Lista II, a bordo de una embarcación sujeta a la  jurisdicción  de  los  Estados Unidos, es decir, una embarcación cuyo país de  matrícula,  la  República  de  Cabo  Verde,  ha dado su consentimiento para la  aplicación de la ley de los Estados Unidos por los Estados Unidos.   

En  este  orden  de ideas, lo indicado por la  Fiscalía,  y  acogido  por  el  Tribunal,  en  el  sentido  de que SIERRA  RAMÍREZ  fue  un narcotraficante  que  tuvo  a  las  A.U.C.  como  aliado  estratégico  para  obtener  cuantiosas  ganancias  que  iban  directamente  a  su  peculio  e inversiones personales, la  mayoría  en  compra  y venta de inmuebles y carros, no  resulta   desvirtuado   con  los  señalamientos  contenidos  en  la  acusación  Norteamericana.   

8.  Afirmó  el  apelante  que  toda  la fase  administrativa  del  trámite  de  justicia  y  paz, en la cual el desmovilizado  señalado  de  pertenecer  a  un  grupo  armado  es  postulado  por el Gobierno,  la  “cumplió JUAN CARLOS  SIERRA RAMÍREZ sin problema alguno”.   

No  obstante, obsérvese que en otros apartes  de  la  sustentación  indicó  el  defensor  que: (i)  “para   nadie   es  un  secreto  que  JUAN   CARLOS   SIERRA   RAMÍREZ  tuvo  infinidad  de  problemas  en  su inicial proceso de desmovilización”  y  (ii) cuando el Gobierno profirió  una    resolución    que    excluía    a    SIERRA  RAMÍREZ,  los  jefes  paramilitares JULIÁN BOLÍVAR,  ERNESTO  BÁEZ,  RAMÓN ISAZA suscribieron un documento en el que le preguntaron  al  Presidente  de la República, ÁLVARO URIBE VÉLEZ, cuáles eran las pruebas  con   las   que   contaba  para  considerar  que  este  no  hizo  parte  de  las  A.U.C.   

Esto da cuenta que aquella proposición no es  válida,   por  cuanto  con  las  últimas  enunciaciones  citadas  se  advierte  claramente  que  el  impugnante bien sabe que la postulación de su defendido no  estuvo  desprovista  de  dificultades,  precisamente  por  las  dudas  que  hubo  respecto  de  su no pertenencia a las A.U.C., lo cual también fue advertido por  el  Tribunal  al  señalar  cómo  desde  el  comienzo  se  observó  que fue la  situación     de    la    actividad    de    SIERRA  RAMÍREZ           como          “narcotraficante   puro”,   lo   que  motivó  divergencias no sólo entre los miembros del grupo organizado al margen  de  la  ley  en  la  mesa de negociación de Santafé de Ralito, también con el  entonces  Alto  Comisionado  para  la  Paz  LUIS CARLOS RESTREPO, quien desde el  inicio de los diálogos advirtió las irregularidades presentadas.   

En  consecuencia,  este  presupuesto  de  la  decisión  apelada  también  permanece  inalterado,  pues, se insiste, el mismo  apelante    aceptó    que    la    postulación    de    su    defendido    fue  problemática.   

9.  Las  demás  aseveraciones  de  la sustentación del recurso, según las cuales el postulado:  fue   ubicado  en  el  bloque  financiero,  no  en el “ala militar”  por  cuanto  conocía  el  “movimiento  bancario”  y “no tenía  formación  militar”; ingresó por convicción en las  autodefensas        sin        que        este       aportara       “infraestructura”;   y   estuvo   a  órdenes  de  comandantes  paramilitares;  solo son manifestaciones del apelante  contrarias  a  lo  observado  por  el Tribunal de los elementos de conocimientos  allegados  a  este  trámite,  pero  sin  que,  como  viene de verse, se hubiese  demostrado  algún  defecto  en  la  observación,  apreciación  y  valoración  judicial  de  los mismos; por tanto no tienen la potencialidad de desvirtuar las  consideraciones  fácticas base de la decisión proferida por el Tribunal, ni el  razonamiento  por  el que en la misma se concluyó la condición de “narcotraficante  puro”  del postulado  y  por lo cual fue hallado incurso en las causales contenidas en los numerales 2  y  4  del artículo 11A de la Ley 906, adicionado por el artículo 5º de la Ley  1592 de 2012.   

Consecuencia de lo anterior el auto censurado  permanece  inalterado  y  por  lo  mismo,  la  decisión  que  se  impone  es su  confirmación.   

No  obstante  se adicionará en el sentido de  disponer  que, en firme la decisión, se expida copia de la misma con destino al  Gobierno  Nacional  para que proceda a excluir a SIERRA  RAMÍREZ  de  la  lista  de  postulados,  a la cual no  podrá  volver a aspirar, conforme con lo indicado en el artículo 11A de la Ley  975 de 2005.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

Primero.- Confirmar  en   todas   sus  partes  la  providencia  apelada,  por  la  cual  la  Sala  de  Justicia  y Paz del Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Medellín excluyó del trámite transicional  a    JUAN    CARLOS    SIERRA   RAMÍREZ.   

Segundo.-. Adicionar  la  providencia  en el sentido de disponer que, en firme la decisión, se expida  copia  de  la  misma  con destino al Gobierno Nacional para lo de su competencia  (artículo  11A  numeral  6,  inciso  6). Esta  orden  deberá  cumplirse  por  la  Secretaria  de  la Sala de  Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín.   

Contra   este   auto  no  procede  recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Folio  13    –Cuaderno   de  anexos-   

2  Resaltado fuera de texto.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *