AP5787-2015(42374)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada ponente  

AP5787-2015  

Radicación n° 42374  

(Aprobado Acta n° 350)  

Bogotá  D.C.,  treinta (30) de septiembre de  dos mil quince (2015).   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  requisitos  formales  que condicionan su admisión, bajo la ritualidad de la Ley  600  de  2000,  la  Sala  examina  la  demanda  de  casación presentada por los  defensores  de  los  soldados  profesionales  JOSE WILSON ORREGO NOREÑA y CESAR  AUGUSTO  VÁSQUEZ ORDOÑEZ, y del sargento FERNANDO RIVEROS SARMIENTO, en contra  la  sentencia  proferida  el  seis  de junio de 2013 por el Tribunal Superior de  Neiva,  que  confirmó  la  emitida  el  doce  de febrero de 2013 por el Juzgado  Primero  Penal del Circuito de Pitalito (Huila), que condenó a los procesados a  la  pena  principal  de prisión de 360 meses y multa de 2.000 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes para la fecha de los hechos, “al haberlos hallado  responsables  de  materializar  la  conducta  punible  de  homicidio  en persona  protegida  prevista  en  el  artículo  135  del Código Penal”, y les impuso,  además,  la  pena  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones públicas por el término de quince años.   

HECHOS  

          En el fallo se segunda instancia fueron narrados así:   

Según  lo  revela  la  actuación,  siendo  aproximadamente  las  siete  de  la  mañana  del  22 de marzo del año 2006, en  desarrollo  del  operativo  militar  denominado  MISIL,  por  parte del personal  adscrito  al  pelotón  Berlín,  Batallón  27  de  Infantería,  en  la vereda  Kennedy,  Inspección  de  Bruselas, Municipio de Pitalito, fueron dados de baja  en  sitios  cercanos  pero  distintos,  los señores Saúl Ortiz Muñoz y Danilo  Yepes Pineda.   

ACTUACIÓN RELEVANTE  

          El  22  de  marzo  de  2006  el  Comandante  del  Pelotón  Berlín,  perteneciente  al  Batallón de Infantería número 27, informó de la muerte de  los  señores  Saúl  Ortiz  Muñoz  y  Danilo Yepes Pineda, ocurrida durante un  operativo  militar  realizado  en  la  vereda Kennedy del municipio de Pitalito.  Basado  en  este reporte, el Juzgado 65 de Instrucción Penal Militar inició la  respectiva investigación preliminar.   

          El  4 de mayo de 2009 el Juzgado 35 de Instrucción Penal Militar se  declaró  sin  competencia  para  continuar  con la investigación y remitió lo  actuado  a  la  Fiscalía  76 Especializada de Neiva. El 12 de noviembre de 2010  este  despacho  ordenó la apertura de la instrucción y dispuso la vinculación  mediante  indagatoria  del sargento FERNANDO RIVEROS SARMIENTO y de los soldados  profesionales  JOSÉ  WILSON  ORREGO NOREÑA y CÉSAR AUGUSTO VÁSQUEZ ORDOÑEZ,  además  de  otros  militares  que  hacían parte del grupo que participó en el  operativo   donde   perdieron   la  vida  Saúl  Ortiz  Muñoz  y  Danilo  Yepes  Pineda.   

          El   17  de  junio  de  2011  la  Fiscalía  les  impuso  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  al  sargento RIVEROS y a los soldados  profesionales ORREGO y VÁSQUEZ.   

          El  cuatro  de diciembre de 2011 se calificó el mérito del sumario  y  se emitió acusación en contra de los procesados, así: al sargento FERNANDO  RIVEROS  SARMIENTO  y  al soldado CÉSAR AUGUSTO VÁSQUEZ ORDOÑEZ se les acusó  en  calidad  de coautores de la muerte el señor Danilo Yepes Pineda. Al soldado  JOSÉ  WILSON ORREGO NOREÑA se le acusó en calidad de coautor de la muerte del  señor  Saúl Ortiz Muñoz. Esta decisión fue apelada por los defensores de los  procesados  y  confirmada  por  la  Fiscalía  Tercera Delegada ante el Tribunal  Superior de Neiva, mediante resolución del 17 de febrero de 2012.   

          La  audiencia  preparatoria se llevó a cabo el 14 de mayo de 2012 y  la  del  juicio  oral  los  días  28  de  junio,  14 y 28 de septiembre y 14 de  diciembre de 2012.   

El  14  de  enero de 2013 el Juzgado Primero  Penal  del  Circuito  de  Pitalito  reinició  la  actuación y el 12 de febrero  decidió  “condenar  a  FERNANDO RIVEROS SARMIENTO,  JOSÉ  WILSON  ORREGO  NOREÑA  y  CÉSAR  AUGUSTO  VÁSQUEZ ORDOÑEZ, a la pena  principal  de  360  meses  de prisión y multa de 2000 salarios mínimos legales  mensuales   vigentes   para  la  época  de  los  hechos,  al  haberlos  hallado  responsables  de  materializar  la  conducta  punible  de  homicidio  en persona  protegida  prevista  en  el  artículo 135 del C.P.”.  Además,  condenó  “a  los sentenciados a pagar el  equivalente  a  sesenta  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes para la  época  de  los  hechos,  por cada una de las muertes, como perjuicios morales a  favor   de   los   familiares   de   Saúl   Ortiz   Muñoz   y   Danilo   Yepes  Pineda”.   

          La  sentencia  condenatoria  fue  apelada por la defensa de los tres  procesados  y  confirmada  en  su  integridad por el Tribunal Superior de Neiva,  mediante decisión del seis de junio de 2013.   

         

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

          El  defensor  del  sargento  FERNANDO RIVEROS SARMIENTO y el abogado  que  tiene  a  cargo  la  representación judicial de los soldados profesionales  CÉSAR  AUGUSTO  VÁSQUEZ  ORDOÑEZ  y JOSÉ WILSON ORREGO NOREÑA interpusieron  sendas  demandas  de  casación  contra el  fallo proferido por el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Neiva,  en los términos que se indican a  continuación.    

     

1. Demanda  presentada  por  el defensor de FERNANDO RIVEROS SARMIENTO.     

     

1. Primer  cargo: La sentencia se dictó en un  juicio viciado de nulidad.     

El  impugnante  invoca  la  causal  3ª  del  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000, porque considera que “la   resolución   de   acusación  emitida  por  la  Fiscalía  76  especializada  de  derechos  Humanos y Derecho Internacional Humanitario  y  toda  la  actuación   que  se  deriva  está  viciada  por irregularidades  sustanciales   que   afectan  el  debido  proceso  y  por  ende  el  derecho  de  defensa”.   

Sostiene  que  la  acusación  proferida  en  contra  del  sargento RIVEROS “fue generalizada como  coautor,  sin  especificar  claramente cómo se cumplió este requisito para tal  acusación,  pese  a  que esta conducta ofrece variables de adecuación en tipos  básicos, alternativos o especiales”.   

Luego  de hacer algunas reflexiones sobre la  forma  cómo  debe  hacerse la acusación y sobre los aspectos del Código Penal  que  deben  incluirse en la misma, el libelista relaciona las pruebas tenidas en  cuenta  por  la  Fiscalía  al  momento  de  calificar  el mérito del sumario y  concluye  que  al  sargento  RIVEROS  se  le atribuyó el delito de homicidio en  persona   protegida  en  un  pliego  de  cargos  que  considera  “ambiguo     y     por     consiguiente    anfibológico”,  como  quiera  que no se precisó la forma de participación de  su  representado  y, en cuanto a la coautoría, no se aclaró si “se   trató   de  propia  o  impropia,  determinando  sus  aspectos  esenciales     que     la     identifican     o    la    diferencian”.   

Reitera que la acusación es “ambigua  y  anfibológica” porque frente  a  la  responsabilidad  del  sargento  FERNANDO  RIVEROS  SARMIENTO  no  se hizo  claridad  sobre  el “acontecer fáctico y jurídico,  objetivo    y    subjetivo”,    y   la   Fiscalía  “la  edifica  sólo por el hecho de haber estado en  el  sitio de los hechos, la deduce por el ser el Comandante del grupo que dio de  baja  a  un  insurgente,  pero  carece  de  entendimiento ya que no se encuentra  dónde  está  demostrada su coautoría en relación a los presupuestos exigidos  por  esta forma de participación en el injusto …”.   

Añade  que  la  Fiscalía,  al calificar el  mérito  del  sumario,  se  limitó a relacionar las pruebas recaudadas, pero no  precisó  “cuál  fue la verdadera conducta que los  acusados   cometieron   y   no  dejarlo  a  la  sola  imaginación  –deducción-”,  lo que acarrea confusión para la defensa.  Concluye que  “de  la  resolución de acusación difícilmente se  puede  establecer,  indicar, mostrar o reflejar, o de sus contenidos fácticos y  de  intervención  de  las  pruebas  conocer  cuál  fue  el  verdadero grado de  intervención  en  el  comportamiento  delictuoso  en  sus aspectos subjetivos o  materiales  del  señor  SV.  RIVEROS  que nos reflejen una participación en el  hecho de manera clara y concreta…”.   

Basado  en  lo anterior, solicita a la Corte  “decretar  la  nulidad de lo actuado a partir de la  resolución   de   acusación   por   ser   esta   indeterminada   y   por  ende  anfibológica”.   

     

1. Segundo   cargo.   La  violación  de  la  garantía  fundamental  a  la  presunción de inocencia y del principio in dubio  pro reo.     

Luego   de   relacionar   algunos  apuntes  doctrinarios  y  jurisprudenciales  sobre el sentido y alcance de la presunción  de  inocencia,  el  libelista asegura que a su defendido se le violó el derecho  en  mención,  porque  fue  condenado  sin  que esté demostrada “alguna  de  las conductas descritas en el artículo 29 del Estatuto  Penal”.   

A  renglón  seguido,  tras  relacionar  las  pruebas  allegadas  al plenario, expuso las siguientes razones para concluir que  la   sentencia   condenatoria  proferida  en  contra  del  sargento  RIVEROS  es  infundada.   

Comienza  diciendo:  (i)  ninguno  de  los  testigos  señala  a  su  defendido  como  coautor del homicidio de Danilo Yepes  Pineda;  (ii)  el  informe  del  teniente Mahecha es incompleto y deja por fuera  circunstancias  de  tiempo, modo y lugar, para lo que debe tenerse en cuenta que  “en  los informes de resultados de patrullaje sólo  se  limitan  a  indicar personal que participó a efectos de enumerar el mínimo  de  ellos  a  fin  que  se  les  conceda  pocas  felicitaciones  a un mínimo de  personal”,   por   lo   que   no   puede  derivarse  responsabilidad  penal “por el solo hecho de haberse  relacionado  el  total  de  los  nombres de todo el pelotón Berlín”;  (iii) aunque se realizó inspección al lugar de los hechos no  se  hizo  un  análisis  de  trayectorias  de  disparos y, por tanto, no se pudo  establecer  si  el  sargento RIVEROS “con su arma de  dotación  participó  en  el  homicidio del hoy occiso Danilo Yepes”.   

Luego,   agrega:   (iv)  el  Tribunal  comparte  lo expresado por la segunda instancia de la Fiscalía en el sentido de  que  es  contrario a la experiencia que un hombre armado con un arma pequeña se  enfrente   a   un   grupo  de  soldados  que  portan  armas  de  largo  alcance,  “pero  olvida el honorable Tribunal mencionar cuál  es  la  regla  de lógica y la experiencia que riñen con lo manifestado por los  militares  en  relación  con  este  asunto”; (iv) la  prueba  de  residuos  de  disparo  “se practicó con  deficiencias   técnicas   y   de  ella  de  ninguna  manera  se  puede  derivar  responsabilidad  sobre  el  señor S.V. RIVEROS”; (v)  en  relación  con  la coautoría, “la conclusión a  la   cual   arribó   tanto   el  ad-quo  como  el  ad-quem  apuntan  sobre  una  participación  mancomunada, armónica, complementaria y con división de tareas  por  los  integrantes  del grupo de militares, pero se olvida de describir cuál  fue  la  participación  mancomunada,  armónica,  complementaria y división de  trabajo  que  realizó cada soldado, especialmente el SV. RIVEROS”.   

Y  más  adelante  añade:  (vi)  durante la  inspección  judicial  al  cadáver  se  entrevistó  al  señor Gildardo Gómez  Álvarez  y  éste, así como el joven Edwin González Triana, no mencionó a la  señora  Yolanda  Rodríguez  Sánchez,  “lo que se  prueba  es  que  su declaración es bastante dudosa”;  (vii)  no se puede derivar responsabilidad para el sargento RIVEROS del hecho de  que  el  teniente  MAHECHA  no  hubiera  relacionado en su reporte al informante  PABLO,  pues  el  oficial  no  relacionó a todos los soldados y “nombrar  en  el  informe  a  un  reinsertado  no  se  ajusta  a los  protocolos”,  además  que  éste era el guía de la  patrulla  y  al  sargento  RIVEROS   le  correspondió  su custodia; (viii)  reconoce  que  existen  imprecisiones  en  las  versiones  de los militares pero  resalta  que  “estas son de carácter sustancial, ya  que  todos  son  unánimes  en  relatar  cómo  se  desarrollaron  los  hechos e  inclusive  fueron  lo  mismo  en sus revelaciones a pesar que algunas sucedieron  casi  5  años  después”; (ix) los testigos de cargo  son  familiares  de  Saúl  Ortiz  y  Danilo  Yepes  y  sus declaraciones fueron  rendidas  casi  4 años después, “tiempo que genera  duda en sus realidades”.   

Finalmente,  hace  algunas  consideraciones  sobre  el  in  dubio  pro  reo  y  su ligamen con el derecho a la presunción de  inocencia,   para   concluir  que  en  la  sentencia  de  segunda  instancia  se  desconoció  este  derecho,  por  lo que “las normas  sustanciales   reguladoras   de   la   presunción   de  inocencia  –los  artículos  29  de  la C.P. y el  inciso    segundo    del    art.    7º   del   C.   de   P.   Penal­-,  resultaron evidentemente excluidas  en  la  solución  que  el  honorable  Tribunal  le  dio  al proceso”.   

     

1. Tercer  cargo:  violación indirecta de la  ley sustancial.     

A  juicio  del  libelista, la sentencia  condenatoria   objeto   de   impugnación   es   producto   de   “una  falsa  adecuación  del comportamiento de intervención dentro  del  acontecer fáctico del señor SV. RIVEROS”, pues  se  consideró  “probado que éste participó en la  realización  conjunta  de  un  delito  y que su contribución fue planeada y su  colaboración  fue  consciente  y  voluntaria  y de mutuo acuerdo, razón por la  cual   lo   condenó   por   coautoría   sin   corresponder   a   la   realidad  fáctica”.   

Trae    de   nuevo   a   colación   los  argumentos   expuestos  en  el  segundo  cargo  sobre  la  inexistencia  de  testimonios  que señalen a su defendido como partícipe del homicidio de Danilo  Yepes  y  sobre  la  explicación  que  pueden  tener las inconsistencias de las  versiones de los militares.   

Hace   una   nueva  trascripción  de  los  declaraciones  de  los  testigos  y  de las indagatorias de los procesados, para  concluir  que  en  este  caso  “no  existe  ningún  elemento  probatorio  lo  suficientemente  claro   y  directo  que  permita  predicar  que  el  señor  SV  RIVEROS intervino como coautor sin especificar su  especialidad   en   los   hechos   donde  perdiere  la  vida  el  señor  Danilo  Yepes”.   

Dice, “el señor  SV.  RIVEROS  fue  vinculado  al  proceso  mediante  indagatoria casi seis años  después,  precisamente  el  17  de  junio de 2011, la Fiscalía le resolvió la  situación  jurídica  profiriéndole  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  fecha  en la cual el ente acusador le atribuyó la coautoría en el  homicidio  de  DANILO YEPES, sin entrar a analizar cuál fue el verdadero aporte  que  constituyó éste, en el hecho delictual, pese a éste fue vinculado muchos  años   después   de  haberse  consumado  la  conducta  investigada”.   

Insiste  en  que  la  muerte de Danilo Yepes  ocurrió  porque  éste atacó con un arma de fuego a los uniformados y ello dio  lugar  a  la  reacción  de  uno  de  ellos,  quien le disparó, “situación  que sucede en cuestiones de segundos. Lo que indica que  todo   sucede   en  la  voluntad  autónoma  de  un  solo  hombre  en  reacción  militar”.   

Añade que “dicha  situación  se  produjo  sin  ningún otro aporte que hubiera tenido relevancia,  pues  cualquier  incidencia  que se hubiera podido presentar ya fue posterior al  hecho   materializado,  e  imposible  para  el  señor  SV.  RIVEROS  determinar  tácticamente  el curso causal de los mismos”, por lo  que,   según   él,   era   obligatorio  preguntarse  “¿cuál  fue  el  aporte  atribuido  al  señor  SV.  RIVEROS  que facilitó,  intensificó    o   aceleró   la   ejecución   de   Danilo   Yepes?   

Luego,  expone  las siguientes ideas, según  él  indicativas  del error en que incurrió el Tribunal: (i) en la sentencia de  segunda  instancia se hicieron deducciones sobre la responsabilidad del sargento  RIVEROS,  “con clara violación de lo preceptuado en  el   artículo   12  de  la  Ley  599  de  2000  que  proscribe  toda  forma  de  responsabilidad  objetiva”;  (ii)  los falladores no  tuvieron   en   cuenta   “todos   los   contenidos  normativos,  doctrinales  y jurisprudenciales de estos institutos”;  (iii) el indicio en materia penal “no  puede  concebirse,  ni aprehenderse en el exclusivo plano de procesos lógicos y  deductivos,  ni  al  margen  del comportamiento humano objeto de juzgamiento, ni  por  fuera  de  la  teoría  de  la  imputación fáctica y subjetiva, ni de los  principios   de   necesidad,   legalidad  y  licitud  de  la  prueba…”.   

Finalmente,    bajo    el   título   de  “las       normas      infringidas”,  concluye  que  “con los vicios de  juicio  examinados  en  los  diferentes  cargos,  el Tribunal debió decretar la  nulidad  de  acuerdo  a lo preceptuado en el artículo 306 numeral 2”,  por  la  comprobada existencia de irregularidades sustanciales  que  afectan  el  debido  proceso.  Añade  que el Tribunal dejó de aplicar los  artículos  29  de  la  Constitución  Política  que  consagra  el derecho a la  presunción  de  inocencia y el artículo 7º de la Ley 600 de 2000 que consagra  el principio in dubio pro reo.   

A    su   vez,   dice,   “aplicó  indebidamente  el artículo 29 inciso 2 y 135 del estatuto  penal,  que  consagran  la  coautoría  y  el  delito  de  homicidio  en persona  protegida,  respectivamente. Además, dejó de aplicar los artículos 9, 10, 11,  12   y  232  inciso  segundo,  toda  vez  que  no  se  podrá  dictar  sentencia  condenatoria  sin  que  obre  en el proceso prueba que conduzca a la certeza del  hecho    punible    y    de   la   responsabilidad   del   procesado”.   

          A  partir  de  lo  expuesto  en  los  tres cargos, solicita casar la  sentencia  emitida  por  el  Tribunal  Superior  de Huila y en consecuencia: (i)  decretar  la  nulidad de lo actuado a partir de la resolución de acusación por  ser  esta  indeterminada  y por ende anfibológica; (ii) aplicar el principio in  dubio  pro  reo  en  favor  del  sargento  FERNANDO  RIVEROS  SARMIENTO y, (iii)  disponer la libertad inmediata de su defendido.   

     

1. Demanda  presentada  por  el  defensor de los soldados profesionales  CÉSAR   AUGUSTO   VÁSQUEZ   ORDOÑEZ  y  JOSÉ  WILSON  ORREGO  NOREÑA.      

     

1. Primer  cargo: haberse dictado la sentencia  en un juicio viciado de nulidad.     

El  libelista considera que el proceso está  viciado  de  nulidad  porque  el  asunto  no  era  de competencia de la justicia  ordinaria.  Lo  anterior  por cuanto, “los militares  objeto  de  cuestionamiento  estaban  cumpliendo  una  orden  superior  y  no se  hallaban  en  actividades diferentes a su labor y la misma tenía por objeto una  actividad   relacionada   con  su  función  garante  de  los  derechos  civiles  fundamentales”.   

Al  efecto,  se apoya en el informe suscrito  por  el  teniente  Carlos Andrés Mahecha, que da cuenta de la orden impartida a  los  integrantes  del  pelotón  Berlín  para realizar labores de control en la  vereda  Kennedy  del  municipio  de  Pitalito  (Huila)  y  de la manera cómo se  desarrolló  el operativo durante el cual perdieron la vida Saúl Ortiz y Danilo  Yepes.   

Luego,  menciona la normatividad relacionada  con  el  juez  natural,  las  excepciones a la jurisdicción penal ordinaria, el  fuero  militar  y los delitos relacionados con el servicio militar, así como la  jurisprudencia  que,  en  su sentir, debe tenerse en cuenta para solucionar este  asunto.   

Agrega   que  en  este  caso  no  existió  intención  dolosa  por parte del personal de soldados, suboficiales u oficiales  de  infligir  “daños  o  lesiones  a la población  civil,  o  por lo menos de las pruebas jamás se puede inferir ese aspecto… no  existe  dentro del proceso prueba alguna o indicio al menos, que permita colegir  que  los  miembros  de  la Fuerza Pública que intervinieron en el operativo del  día  22  de  marzo de 2006, hubiesen preconcebido un plan criminal contra Saúl  Ortiz Muñoz y Danilo Yepes Pineda…”.   

Basado   en   lo  anterior,  concluye  que  “resulta  indiscutible  que  el  juez  natural para  adelantar  la  presente  investigación  era  el juez penal militar y no el juez  ordinario,  por  lo  que  toda  la  actuación  surtida por el juez ordinario se  encuentra  viciada  de  nulidad,  vicio  que  debe  ser  corregido  mediante  la  declaratoria  de  nulidad a partir de la providencia que resolvió la situación  jurídica de los sindicados…”.   

          Por  tanto,  solicita  a  la  Corte  “se  decrete  la  nulidad  a  partir  de  la  decisión  que  resolvió la situación  jurídica  de  mis  representados y se ordene rehacer la actuación ante el JUEZ  NATURAL      esto      es      el      Juez     Penal     Militar…”.   

     

1. Segundo  cargo: no encontrarse la sentencia  en    consonancia   con   los   cargos   formulados   en   la   resolución   de  acusación.     

El   libelista  sostiene  que  el  soldado  profesional  CÉSAR  AUGUSTO  VÁSQUEZ  ORDOÑEZ fue acusado por el homicidio de  Danilo  Yepes  Pineda,  y  que  a  su homólogo JOSÉ WILSON ORREGO SARMIENTO le  formularon  cargos   en  calidad  de  coautor  de  la muerte de Saúl Ortiz  Muñoz.  Sin  embargo,  dice, cado uno de ellos fue condenado por los homicidios  de estas dos personas.   

Así,   “se  vulneró  el  principio  de  congruencia  que  debe  imperar  entre  los  cargos  formulados    en    la    resolución    de    acusación    y    la   sentencia  condenatoria”,  lo que considera trascendente porque  “no  se  le permitió a JOSÉ WILSON ORREGO NOREÑA  defenderse  de  la  condena respecto de la muerte de Danilo Yepes Pineda, puesto  que  se  le  sorprendió en la condena atribuyéndole este punible que no había  sido  endilgado  en  la  acusación;  de la misma manera se le impidió a CÉSAR  AUGUSTO  VÁSQUEZ ORDOÑEZ defenderse del juicio de reproche como responsable de  la  muerte  de  Saúl  Ortiz  Muñoz  ya que tal delito no se le atribuyó en la  acusación”.   

Basado  en  lo  anterior, solicita a la Sala  casar   la  sentencia  recurrida,  “y  proceda  consecuentemente  a proferir fallo de reemplazo de contenido absolutorio por las  conductas  atribuidas  a  mis representados, de conformidad con el segundo cargo  por  no  estar  la  sentencia  en  consonancia  con  los cargos formulados en la  resolución de acusación”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.  El  artículo  213 de la Ley 600 de 2000  establece  que  se  inadmitirá  la  demanda  cuando  el  libelo  no  reúna los  requisitos establecidos en el artículo 212, ibídem.   

Estos presupuestos, en su orden, corresponden  a  la identificación de los sujetos procesales y de la sentencia demandada, una  síntesis  de  los hechos materia de juzgamiento y de la actuación procesal, la  enunciación  de  las  normas que se estiman infringidas, la correcta selección  de  la  causal invocada y el adecuado desarrollo de los cargos formulados contra  la sentencia atacada.   

Igualmente,  se  debe  tener  claro  que  la  presentación  de  la demanda de casación no constituye una instancia adicional  en  la  que  se  continúa  discutiendo  posturas  que  ya  fueron  debatidas  y  derrotadas  al  estudiar  el  recurso  de apelación, bajo similares parámetros  argumentales, como si de un alegato ordinario se tratase.   

Así mismo, la Sala ha puntualizado de tiempo  atrás  que  al  impugnante le es exigible conjugar la sustentación del recurso  extraordinario  con  sus  precisos  fines,  por  lo que los reproches formulados  deben  estar  encaminados  a  obtener  la efectividad del derecho material y las  garantías  de  los  intervinientes  en  el proceso penal, la unificación de la  jurisprudencia  nacional  y/o  la  reparación  de  los agravios inferidos a las  partes  con la sentencia demandada, conforme lo establece el artículo 206 de la  Ley 600 de 2000.   

2.  La Sala examinará los cargos formulados  por  los demandantes en el orden presentado en sus libelos. Primero abordará la  demanda  del defensor del sargento FERNANDO RIVEROS  SARMIENTO y, luego, la  del  defensor  de  los soldados profesionales CÉSAR AUGUSTO VÁSQUEZ ORDOÑEZ y  JOSÉ WILSON ORREGO NOREÑA.   

2.1.  La  demanda presentada por el defensor  del sargento FERNANDO RIVEROS SARMIENTO.   

     

1. Primer  cargo: La sentencia se dictó en un  juicio viciado de nulidad.     

Alega  el  impugnante  que  la acusación es  “ambigua     y     anfibológica”,     al    punto    que    “difícilmente  se  puede establecer, indicar, mostrar o reflejar, o  de  sus contenidos fácticos y de intervención de las pruebas conocer cuál fue  el  verdadero  grado  de  intervención  en  el comportamiento delictuoso en sus  aspectos  subjetivos  o  materiales  del  sargento  RIVEROS que nos reflejen una  participación  en el hecho de manera clara y concreta o peor aún si a éste no  se      le      podía      atribuir      responsabilidad     alguna”.   

El  libelista  incurre  en varios errores al  sustentar    el    cargo,    que    impiden    tenerlo    como   suficientemente  fundado.   

En  primer  término,  orienta  su  ataque  exclusivamente   a  la  resolución  a  través  de  la  cual  la  Fiscalía  76  Especializada  de  Neiva  calificó  el  mérito  del  sumario, emitida el 14 de  diciembre  de  2011,  a  pesar  de  que  dicha  decisión  fue  apelada  por los  defensores  de  los  procesados  y  luego  confirmada  por  la Fiscalía Tercera  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de Neiva, mediante resolución del 17 de  febrero  de  2012,  donde  se  hicieron algunas precisiones importantes sobre el  contenido  de  la  acusación,  razón  por  la  cual si el libelista pretendía  censurar  el contenido de la acusación, necesariamente tenía que considerar lo  expuesto   por   la   Fiscalía   en  las  resoluciones  de  primera  y  segunda  instancias.   

De otro lado, el impugnante orienta parte de  su  censura  a  los  supuestos  errores en la valoración de las pruebas, en los  que,  según él, incurrió la Fiscalía al calificar el mérito del sumario. En  efecto,   resalta   que  el  ente  investigador,  al  ocuparse  de  la  probable  responsabilidad  penal  del  sargento  RIVEROS,  “la  edifica  solo por el hecho de haber estado en el sitio de los hechos y la deduce  por  ser  el Comandante del grupo que dio de baja un insurgente”, y    más    adelante   aduce   que   la   acusación   “carece  de  entendimiento  ya  que  no se encuentra dónde está  demostrada  su coautoría…”. Así, resulta difícil  desentrañar  si su inconformidad se orienta a la forma cómo fueron presentados  los  cargos  o  si  lo que pretende cuestionar es el raciocinio de la fiscal que  calificó  el  mérito  del  sumario,  aspecto  éste  que  fue analizado por el  superior  jerárquico  de esta funcionaria al resolver el recurso de apelación.   

Lo  anterior, de entrada, conspira contra la  posibilidad  de  admitir  la  demanda  por  este cargo. A las anteriores razones  pueden sumarse las siguientes:   

Es  cierto  que la resolución de acusación  emitida  por la Fiscalía 76 Especializada de Neiva no es un dechado de claridad  y  precisión,  pero  también  lo  es  que  en la misma, y en la resolución de  segunda  instancia emitida por la Fiscalía Tercera Delegada ante el Tribunal de  esa   ciudad,   se   enuncian   los   cargos,   en   los   ámbitos  fáctico  y  jurídico.   

En la parte resolutiva de la resolución de  primera  instancia  la  funcionaria  explicitó  su decisión de acusar a CÉSAR  AUGUSTO  VÁSQUEZ  ORDOÑEZ  y  a  FERNANDO  RIVEROS  SARMIENTO por el delito de  homicidio  en persona protegida, en calidad de coautores, por haberle causado la  muerte  a  Danilo  Yepes  Pineda,  hechos  ocurridos  el  22  de  marzo de 2006,  “en la vereda Kennedy de la Inspección de Bruselas  de  la  comprensión  Municipal de Pitalito (Huila)”.   

En la parte motiva, la Fiscalía en mención  aclaró   que   “son  dos  homicidios  en  persona  protegida  que  no  concursan;  por  lo tanto para el procesado FERNANDO RIVEROS  SARMIENTO  y  CÉSAR  AUGUSTO  VÁSQUEZ  ORDOÑEZ  por  el  homicidio en persona  protegida  en  calidad  de  coautores  (sic)   Danilo  Yepes  Pineda  y  el  procesado  JOSÉ  WILSON  ORREGO SARMIENTO por el homicidio en persona protegida  de Saúl Ortiz Muñoz”.   

En  la  resolución de primera instancia se  hacen   las   siguientes   precisiones   sobre   los   cargos  incluidos  en  la  acusación:   

Se  resalta  que Saúl Ortiz y Danilo Yepes  perdieron  la  vida  el 22 de marzo de 2006, a manos de militares pertenecientes  al  pelotón  Berlín  al mando del teniente CARLOS ANDRÉS MAHECHA. También se  indica   que  los  hechos  ocurrieron  en  la  vereda  Kennedy,  “territorio  de  la  Inspección  de  Bruselas  adscrita   a la  comprensión  territorial  de  Pitalito  (Huila)  en  donde  el Batallón No. 27  Magdalena   ejerce   su   injerencia   militar”.  Se  relacionan las pruebas que sirven de sustento a estos hechos.   

Luego, se establece que el sargento FERNANDO  RIVEROS  SARMIENTO  y  los  soldados  profesionales  JOSÉ WILSON ORREGO NOREÑO  y   CÉSAR  AUGUSTO  VÁSQUEZ  ORDOÑEZ  admiten  haber accionado  sus  armas, bajo las condiciones expuestas en sus indagatorias.   

A continuación, se establece como un hecho  debidamente  fundado  que  Saúl Ortiz y Danilo Yepes se dedicaban a actividades  agrícolas  y  eran  conocidos  como  personas  trabajadoras  y  dedicadas  a su  familia,  lo  que  permite catalogarlos como integrantes de la sociedad civil en  los  términos  del  artículo 135 del Código Penal. Luego,  se aclara que  así   se   demostrara   que  Ortiz  y  Yepes  eran  integrantes  de  las  FARC,  “la  forma  como  fueron  ejecutados en sus propios  territorios,  también tienen la calidad de persona protegida en razón a que ya  estaban  bajo el dominio del grupo militar al mando del teniente Mahecha, por lo  tanto  les  debían  una  protección a su integridad física…”.   

A renglón seguido, la Fiscalía 76 explica  por  qué  los  testimonios de los familiares de las víctimas, los hallazgos de  la  necropsia  y los resultados de la prueba de residuos de disparo practicada a  los  cadáveres,  permiten  desvirtuar  lo  expresado  por  los  militares en el  sentido  de que Danilo Yepes  les disparó y que fue ello lo que generó la  supuesta  reacción que desencadenó su muerte y la de Saúl Ortiz.  A todo  esto  añade  que “el revólver calibre 38 apto para  disparar  sólo  se le encontró una vainilla percutida pero como los occisos no  arrojaron  residuos  de  disparo  positivo en mano, se hace más evidente que la  escena  fue  alterada  ya  que  la  prueba  pericial  de  residuos de disparo es  enfática  que los occisos no dispararon por lo tanto el arma no fue accionada y  como  consecuencia  de  ello  pues  no  atacaron  a  la  tropa  militar. Así se  desmiente  el  dicho  de los procesados que fueron atacados cada uno en su punto  de  observatorio  que tenía. La típica coartada de que primero fueron atacados  por los maleantes”.   

A continuación, la Fiscalía se ocupa de la  participación  del  sargento  FERNANDO  RIVEROS  SARMIENTO  y resalta que éste  estuvo  presente  para  cuando  ocurrieron los hechos y no hizo nada para evitar  que  se  causaran  los  homicidios, “ya que es obvio  que  éste no pudo haber estado indiferente al cruce de disparos que hacían sus  subalternos  y  más  cuando  se ubica, según él, en la parte alta del lugar y  con    óptimas    condiciones   de   visibilidad”.   

En  la  resolución de acusación se lee, a  manera  de  conclusión  de  los  cargos  estructurados  en  contra del sargento  FERNANDO  RIVEROS,  que  tanto  éste como el soldado profesional CÉSAR AUGUSTO  VÁSQUEZ   ORDOÑEZ,   “dirigieron   su   voluntad  intencional  y  coordinadamente  para  colaborar en el deceso de Danilo Yepes el  día  22  de marzo de 2006, en la vereda Kennedy…”.   

En  el  fallo  de  segunda  instancia,  la  Fiscalía  hizo  las  siguientes  precisiones  sobre  los cargos incluidos en la  acusación:   

En  primer  lugar,  que de las pruebas  puede  concluirse  que  “el operativo militar estaba  debidamente  diseñado para llegar a la zona de las viviendas de los occisos. Lo  anterior  en razón a lo que señala el implicado John Fredy Parga, quien indica  que   el   famoso   PABLITO   tenía   información  que  dichos  señores  eran  guerrilleros,  o  sea,  no fue ocasional su ubicación en las viviendas, como se  pretende  indicar”. A renglón seguido se resalta que  “lo  que  indica  la  prueba testimonial es que los  hechos  no  sucedieron  como  pretenden  afirmarlo  los  militares, sino que, al  contrario,  los testigos presenciales dan fe de que los occisos fueron ultimados  y   luego   pretendieron   dar   la   apariencia   de   un   combate”.   

Luego de hacer algunas reflexiones en torno  a  la  coautoría,  el  Fiscal de segunda instancia resaltó que “no  se  discute  que haya habido una orden de operación y por ello  la  tropa  se  trasladó a dicho lugar (…) lo que revelan los hechos es que se  elaboró  una  operación  para  llegar  a las viviendas de Saúl y Danilo, como  efectivamente  lo  hicieron,  allí  pretendieron aludir a un enfrentamiento con  varios  sujetos  que dispararon, cuando los testigos están refiriendo que Saúl  fue  retenido  por  uno  de  los miembros del Ejército y luego fue ultimado por  varios  disparos  que  dejaron huellas en su humanidad, como se dejó constancia  en  la  necropsia, que los disparos fueron recibidos a corta distancia; por ello  el  afán  de  los  militares  de  indicar  que hubo un forcejeo entre GIRALDO y  Saúl,  tratando  con  ello  de  justificar  el  porqué de los tatuajes, cuando  inicialmente   habían   revelado  que  su  muerte  fue  en  el  intercambio  de  disparos…”.   

Y  más  adelante precisó: “aquí  se  refleja  un  plan  criminoso  común,  una  división de  trabajo  para  la ejecución de su plan que efectivamente se llevó a cabo, pero  que  sus afirmaciones de combate se fueron desvirtuando en razón a lo dicho por  los  testigos y la prueba técnica, por ende, el presunto ataque nunca existió,  sino   que   fue   un   actuar   de   los   militares   debidamente  planeado  y  ejecutado”.   

Luego  de  realizar  un  detenido análisis  sobre  las  pruebas y su credibilidad, en la resolución de segunda instancia se  lee:   “sobre  el  tema de la coautoría no se  puede  pretender  señalar  que  conforme  se  desarrollaron  los hechos, por lo  contado  por  los  testigos  se  deduce,  sin  ninguna  dificultad, la  forma  coordinada  como  actuaron  los  militares  en la acción  criminal  contra  Danilo,  mientras  unos  lo  retuvieron y le disparaban, otros  obstaculizaron  la  salida de los testigos, hay un claro consenso de lo que iban  a   realizar  y  la  forma  como  lo  iban  a  ocultar  (combate)”1.   

En  cuanto a la participación del sargento  RIVEROS,  se destaca que “hacía parte del grupo que  participó  en  la  muerte  de  DANILO”,  y luego se  indican las razones por las que no son aceptables sus descargos.   

En síntesis, en la acusación, contenida en  las  resoluciones  de  primera  y segunda instancias proferidas por la Fiscalía  General  de  la  Nación,  se  explicitó  que  el  grupo  de  militares planeó  trasladarse  hasta  el lugar de residencia de Saúl Ortiz y Danilo Yepes, con la  finalidad  de  causarles  la  muerte, que distribuyeron sus funciones en orden a  lograr  los  homicidios y hacerlos parecer como si se hubiera tratado de muertes  en  combate,  lo que llevó al ente acusador a concluir que el sargento FERNANDO  RIVEROS  SARMIENTO  y  el  soldado  profesional CÉSAR AUGUSTO VÁSQUEZ ORDOÑEZ  debían  ser  acusados  en  calidad  de  coautores  de  la muerte e Danilo Yepes  Pineda.   

Conforme  se indicó en la primera parte de  este  apartado, el libelista omitió analizar conjuntamente las resoluciones que  en  primera  y  segunda instancia emitió la Fiscalía para calificar el mérito  del  sumario,  y  orientó  sus  críticas  sólo  a  algunos  fragmentos  de la  resolución   emitida   el   14  de  diciembre  de  2011  por  la  Fiscalía  76  Especializada  de Neiva.  Así, evade el análisis del texto completo de la  acusación  y  se  limita  a  hacer  críticas aisladas, que impiden analizar de  fondo el asunto que ha puesto en conocimiento de la Corte.   

Por  proceder  de  manera  contraria  a las  reglas  establecidas  por  esta  Corporación  sobre la unidad que conforman las  decisiones  de  primera  y  segunda instancia que tienen identidad temática, el  libelista  no explica por qué la forma como fue estructurada la acusación pudo  afectar  el  derecho de defensa de su representado, toda vez que, se insiste, se  limitó  a  censurar  algunos  apartes  de  la resolución de primera instancia.   

          Por   lo  expuesto,  la  demanda   será  inadmitida  frente  a  este  cargo en particular.   

     

1. Segundo   cargo:  desconocimiento  de  los  principios de presunción de inocencia e in dubio pro reo.     

El libelista incurre en notables errores en  la  formulación del cargo, porque elige la senda de la violación directa de la  ley  sustancial  para  ventilar  sus  discrepancias  sobre  la  manera  como los  falladores  de  primera  y  segunda instancias valoraron la prueba, aspectos que  debió  haber  analizado  en  el  contexto  de la violación indirecta de la ley  sustancial,  con  las consecuentes cargas de demostrar los errores de hecho o de  derecho  que  eventualmente  podrían  desvirtuar  la presunción de legalidad y  acierto que ampara la decisión impugnada.   

Además,  su  escrito  se  aparta  de  los  lineamientos  trazados  por  esta  Corporación  sobre  la  manera  cómo  deben  abordarse  los  ataques  por  las  presuntas  violaciones  a  la  presunción de  inocencia y al principio in dubio pro reo.   

De  tiempo  atrás la Sala ha resaltado que  las  supuestas  violaciones  a  la  presunción  de inocencia y a la consecuente  obligación  de  resolver las dudas a favor del procesado, pueden ventilarse por  el  cauce  de  la  violación directa de la ley sustancial cuando el fallador ha  aceptado  la  existencia  de  la  duda  y  a  pesar  de  ello opta por emitir la  condena.    En  esos  casos,  al  impugnante  le  está  vedado   “  hacer  reproches  acerca  de  la  situación  fáctica  que se declaró probada en las instancias y respecto de la  valoración  de  los  elementos de persuasión incorporados en el juicio, siendo  su  obligación  desarrollar una crítica de estricto orden jurídico encaminada  a         demostrar         que        los        juzgadores        explícitamente    reconocieron    que  campeaba  la  incertidumbre  acerca  de  la  responsabilidad del procesado y sin  embargo  emitieron  fallo  de  condena contra éste”  (CSJ SC, 07 Jul. 2011, Rad. 36157).   

La Corte también ha hecho  énfasis en  que  “cuando el ataque se  hace  consistir  en  la  existencia  de  dudas  probatorias,  que el juzgador no  reconoce,  el  cargo  debe  plantearse  por la vía de la causal primera, cuerpo  segundo,  por  violación indirecta de la ley, con indicación clara de la clase  de  error  cometido (si de hecho por falso juicio de existencia, falso juicio de  identidad,  o  falso  raciocinio; o de derecho por falsos juicios de legalidad o  falsos juicios    de   convicción),   sujetando   su   demostración   a   los  requerimientos  lógicos  del  error alegado»  (CSJ  SC,  27  Abr.  2011, Rad.  35236).   

          En  este  caso,  es  claro  que  en los fallos de primera y segunda  instancias  se  dio  por probado que los procesados se dirigieron el 22 de marzo  de  2006 a la vereda Kennedy del municipio de Pitalito (Huila) con la intención  de  causarle  la  muerte a Saúl Ortiz Muñoz y Danilo Yepes Pineda, para lo que  se  hicieron  acompañar  de  un  desmovilizado  de  la guerrilla y simularon un  enfrentamiento  militar.  Si  el Juzgado y el Tribunal descartaron la existencia  de  duda en torno a la responsabilidad penal de los procesados, no había cabida  para  la  impugnación  propuesta por el libelista por la senda de la violación  directa  de  la ley sustancial, por la ausencia del principal requisito para que  ello  sea  procedente: que en la sentencia se reconozca la existencia de la duda  y a pesar de ello se opte por la condena.   

          Sumado  a  los  errores  en la selección de la causal invocada, se  tiene  que  en  el  escrito  presentado por el censor no se observan razones que  permitan  tener como debidamente sustentado un cargo por violación indirecta de  las  normas  que  consagran  la presunción de inocencia y el principio in dubio  pro  reo,  porque el libelista no hizo alusión a posibles errores de hecho o de  derecho  atribuibles al Juzgado Primero Penal del Circuito de Pitalito (Huila) o  al  Tribunal  Superior  de  Neiva.  El  impugnante  se  limitó a trascribir las  pruebas  y  a  exponer sus consideraciones sobre la manera como las mismas deben  valorarse,  lo que bajo ninguna circunstancia puede tenerse como fundamentación  suficiente  del recurso de casación, según lo explicado por la Sala al iniciar  el acápite de consideraciones.   

          El  censor  dedicó  varias páginas de su escrito a trascribir las  pruebas,  para  luego  emitir  críticas  y  conceptos  ambiguos y completamente  alejados  de  la  lógica  que impera para fundamentar un error en casación. No  explica  si  el Juzgado o el Tribunal valoraron una prueba inexistente o dejaron  de  valorar  una prueba legalmente practicada (falso juicio de existencia), o si  tergiversaron,  cercenaron  o  adicionaron  el  contenido  de  alguna  prueba en  particular  (falso  juicio  de  identidad),  o si en la valoración de la prueba  trasgredieron  las  reglas  de  la  sana  crítica (falso raciocinio), ni muchos  menos  dejó  entrever  alguna forma de violación indirecta de la ley por error  de derecho.   

          En  los  puntos  más explícitos de su censura, se limitó a decir  que                 ninguna  de  las  pruebas permite señalar al sargento RIVEROS como  coautor  del  homicidio  de  Danilo Yepes, pero no explica los fundamentos de su  conclusión;   aduce   que  el  teniente  Mahecha  omitió  relacionar  a  alias  “Pablo”  en  su  reporte  porque  incluir  a  este  tipo de colaboradores es  contrario  a los protocolos militares, pero no explica cuál es el fundamento de  esa  conclusión  ni  de qué manera puede asociarse a un error atribuible a los  falladores  de primera y segunda instancias; resaltó  que el Tribunal dijo  que  era  contrario a la experiencia que un sujeto con un arma corta se enfrente  a   un  grupo  de  soldados  armados  de  fusiles  y  que  dejó  de  considerar  “cuál  es la regla de lógica y la experiencia que  riñen   con   lo   manifestado   por   los   militares   en  relación  a  este  asunto”, sin realizar el más mínimo esfuerzo para  explicar  cuáles fueron esa reglas desconocidas o indebidamente aplicadas en el  fallo  condenatorio;  dice  que  el procedimiento de toma de residuos de disparo  practicado  a  los  cuerpos  de las víctimas tuvo deficiencias técnicas y que,  por  tanto,  los  hallazgos  no son indicativos de  la responsabilidad  penal  de  su  representado, pero no explica ninguna de estas conclusiones ni se  ocupa  de  analizar  lo  expuesto  en los fallos de primera y segunda instancias  sobre el particular.   

          Del  mismo  nivel  son sus críticas a  los testigos de cargo,  pues  se  limitó  a decir que los declarantes Gildardo Gómez y Edwin González  no  mencionaron  en  sus  entrevistas a la señora Yolanda Rodríguez Sánchez y  que   de   ello   se   deduce  que  la  declaración  de  ésta  “resulta   bastante  dudosa”,  pero  no  desarrolla  ningún  tipo de argumentación orientada a sustentar su conclusión  ni  explica  la  incidencia  de  la  misma  en el fallo condenatorio que intenta  cuestionar.   

De  la  misma manera, dice que los militares  incurrieron  en  imprecisiones y que las mismas “son  de           carácter           sustancial2,        “ya  que  todos  son unánimes en relatar cómo se desarrollaron los  hechos  e  inclusive  fueron  lo  mismo  en sus revelaciones a pesar que algunas  sucedieron  casi  5  años  después…”,  pero  no  analiza   lo  expuesto  en  el  fallo  impugnado  sobre  el  mismo  punto.    

          Además,  el  impugnante no analiza lo expuesto por el Juzgado y el  Tribunal  sobre  la  versión  de  las  personas que aseguran que esa mañana el  grupo  de  militares,  del que hacía parte el sargento RIVEROS, llegó hasta la  vereda  Kennedy  y  le  causó  la muerte a Saúl Ortiz y a Danilo Yepes estando  éstos  totalmente indefensos y sin que mediara ningún enfrentamiento; también  hace  a  un lado lo expuesto en el fallo sobre los hallazgos del Médico Legista  y  el  resultado  de  la  prueba de obtención de residuos de disparo  y la  importancia  de  los  mismos  para  concluir  que la versión de los testigos de  cargo es creíble.   

En   el   mismo   sentido,   elude   los  razonamientos  expuestos  en  el  fallo  condenatorio  sobre  la manera como los  militares  iban  acomodando sus versiones en la medida en que los hechos se iban  esclareciendo,  y  sobre la actitud de los militares en torno a la presencia del  informante  conocido  como  Pablo,  quien  decía tener la información sobre la  pertenencia de las víctimas a una agrupación guerrillera.    

          En  síntesis,  el  cargo  no fue debidamente sustentado, porque el  impugnante  no  analizó  el  requisito  fundamental para que la violación a la  presunción  de  inocencia  y  al  principio  in  dubio  pro reo  pueda ser  demandada  por  la  causal  primera  de  casación en la modalidad de violación  directa  de  la  ley  sustancial (que el fallador haya aceptado la existencia de  duda  sobre  la  responsabilidad  penal  y,  no obstante, haya emitido sentencia  condenatoria).  Tampoco expone razones orientadas a demostrar que las normas que  consagran  el  derecho en mención fueron objeto de violación indirecta, porque  no  identifica el tipo de error de hecho o de derecho que parece querer atribuir  al   Juzgado   y  al  Tribunal  y  se  limita  a  exponer  de  manera  vaga  sus  consideraciones  sobre la forma cómo se debió valorar la prueba. Estas razones  son  más que suficientes para que la demanda deba ser inadmitida por este cargo  en particular.   

     

1. Tercer  cargo:  violación indirecta de la ley sustancial     

Frente   a   este   cargo  también  son  ostensibles  los  errores  del  impugnante, porque hace alusión a la violación  indirecta  de  la  ley, pero inmediatamente después se refiere a la aplicación  indebida,  que  es  una  de  las  formas  de   violación directa de la ley  sustancial.   

Aunque  es  evidente  que su propósito es  cuestionar  la valoración de las pruebas realizada por el Juzgado Primero Penal  del  Circuito  de  Pitalito y el Tribunal Superior de Neiva, no especifica cuál  es  el  tipo  de error atribuible a los falladores  y se limita, como en el  anterior  cargo,  a  emitir  opiniones sobre la forma cómo se deben valorar las  pruebas                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              

Así,  por  ejemplo,  dice que el sargento  RIVEROS  “nunca  realizó comportamiento anterior a  los  hechos  para  predicare  (sic)  un  plan a fin de cegarle la vida al señor  Danilo  Yepes,  al  contrario  todos  los  deponentes aseguran que éste siempre  estuvo  en  el  puesto  de  observación”,  e   insiste   en   que   ningún   testigo  “dirige  su  acusación  de  manera  directa” al suboficial, pero  omite  estructurar argumentos que le permitan a la Sala realizar un análisis de  fondo.   

Trae  de  nuevo a colación el tema de las  inconsistencias  en  las  versiones  de  los militares, limitándose a decir que  “estas  se surtieron casi en intervalos de 7 años,  lo  que  pudo  generar confusión u olvido”, pero no  dedica  una  sola  línea  a  analizar  las  conclusiones  expuestas en el fallo  condenatorio  sobre  los  cambios que los militares hicieron de sus relatos para  tratar de justificar los hallazgos de las pruebas técnicas.   

De  nuevo,  el  libelista  se  inclina por  trascribir  los  contenidos  de las declaraciones de los testigos, pero no emite  ningún  cuestionamiento  a  lo expuesto por el Juzgado y el Tribunal en torno a  la credibilidad de los mismos.   

Además,  algunas  de  sus conclusiones se  edifican  sobre  las versiones que fueron desvirtuadas en el fallo condenatorio.  Dijo,  por  ejemplo,  que “(…)el soldado repele el  ataque  y  dispara  contra la humanidad de quien en ese momento se desconocía y  que  luego fue reconocido como Danilo Yepes, situación que sucede en cuestiones  (sic)  de segundos, lo que indica que todo sucede en la voluntad autónoma de un  solo  hombre  en  reacción militar…”; a sabiendas  de  que  la  condena  se  estructura  sobre la base de que los integrantes de la  patrulla  militar  fueron  a  la vereda Kennedy con la intención de causarle la  muerte  a  Saúl  Ortiz  y  Danilo  Yepes,  para  lo  cual simularon un ataque y  dispusieron  un  operativo  para  darle  visos  de  legalidad a un procedimiento  abiertamente  ilegal. Incurre de esa forma en una petición de principio, porque  utiliza  como  fundamento  de su conclusión el aspecto que se está debatiendo.   

Las  reflexiones  del  impugnante sobre el  manejo  de  las  inferencias  en  el ámbito penal, son muestra fehaciente de la  indebida  sustentación del cargo. Dijo, “el indicio  en  materia penal, no puede concebirse, ni aprehenderse en el exclusivo plano de  procesos  lógicos  inductivo  y  deductivos,  ni  al  margen del comportamiento  humano  objeto  de  juzgamiento,  ni  por  fuera de la teoría de la imputación  fáctica  y subjetiva,  de los principios de necesidad, legalidad y licitud  de  la  prueba”; pero a esta deshilvanada mezcla de  categorías  jurídicas no le añadió ningún razonamiento sobre la manera como  en  el  fallo  recurrido  se  transgredieron  las  reglas  de  la sana crítica.   

Luego,  bajo  la  promesa  de  hacer  una  exposición más clara, señaló:   

…lo  que  se quiere significar es que el  medio  de  convicción de la referencia no se agota ni se explica al interior de  una  actuación   penal  con el simple ejercicio discursivo de repetir como  frase  gastada  que  aquél  es un hecho debidamente probado que por medio de la  reflexión  y  el  raciocinio nos lleva de un hecho conocido a uno descocido. En  su  aplicación,  es claro que la estructura del silogismo antes vista, como los  procesos  lógicos  y  los postulados de la sana crítica tienen operancia, pero  apenas  son  una  parte  y  no  lo  abarca  su totalidad comprensiva.   

Se  trata, sin duda, de un discurso vago y  poco  coherente,  que  está  lejos  de  constituir  un  verdadero  ataque a las  reflexiones  que  hicieron  los  falladores en torno a la decisión del grupo de  militares  de  simular  un  ataque  con  el  fin  de darle muerte a dos personas  desarmadas.  En  efecto,  el  libelista  no  cuestiona  abiertamente los datos a  partir  de  los  cuales se llegó a la indicada conclusión, ni explica si en el  paso  de  lo  conocido  a  lo desconocido se dejó de considerar o se aplicó de  manera   indebida   alguna   máxima  de  la  experiencia,  una  regla  técnica  científica, el sentido común o las reglas de la lógica.   

En  resumen,  tal  y  como sucedió con el  segundo  cargo,  el  defensor  del  sargento FERNANDO  RIVEROS SARMIENTO se  equivocó  en  la  selección de la causal invocada y omitió exponer argumentos  que  entrañen  un verdadero ataque a la decisión impugnada, lo que le impide a  la  Sala   realizar  un  análisis  de fondo. Por estas razones, la demanda  será inadmitida en lo que respecta al tercer cargo.   

     

1. La  demanda presentada por el defensor de los soldados profesionales  JOSÉ WILSON ORREGO NOREÑA y CÉSAR AUGUSTO VÁSQUEZ BOLAÑOS.     

     

1. Primer  cargo: haberse dictado la sentencia  en  un  juicio  viciado  de  nulidad  por  falta  de competencia del funcionario  judicial.     

El  libelista  sostiene  que  el  juez  que  dirigió  el proceso y emitió la condena no era competente para hacerlo, porque  las  conductas investigadas fueron realizadas por miembros de la Fuerza Pública  en servicio activo y en relación con el mismo servicio.   

Desde hace varios años la Sala ha sostenido  que  los  cargos orientados a cuestionar la falta de competencia, como motivo de  nulidad,  deben  postularse  al  tenor  de  la causal tercera de casación, pero  deben  desarrollarse  conforme  con la causal primera. Si el impugnante elige la  senda  de  la violación directa de la ley sustancial, debe explicar si se trata  de  un  yerro  en  la  selección  de las normas aplicables al caso, o si lo que  cuestiona  es  la interpretación del cuerpo normativo correctamente elegido por  el  fallador.  Si,  por  el  contrario,  la  censura  se orienta a la violación  indirecta  de  la  ley sustancial, deben presentarse los argumentos orientados a  demostrar  los errores de hecho o de derecho atribuibles al fallador (CSJ SP, 09  Jun.  2010,  Rad.  31835,  en  su esencia ratificada por el auto CSP SP, 29 Nov.  2014), Rad. 40695).   

          En  cuanto  a  las  cargas  argumentativas  inherentes al recurso de  casación,  de  tiempo  atrás  la  Sala ha reiterado que el censor “no  debe  perder  de vista que la lógica del proceso se refleja  en   las  causales  legales  que  permiten  acceder  al  medio  de  impugnación  extraordinario,  y  que  los  deberes  de  una  correcta  postulación  y debida  fundamentación  encuentran  su razón de ser en que, de una parte, la sentencia  llega  a esta sede extraordinaria amparada por la doble presunción de acierto y  legalidad  y,  por  la  otra,  el recurso es de naturaleza rogada, razón por la  cual  es  exigible  al  demandante  un mínimo de claridad y de coherencia en la  manera  de  la  presentación  del  caso ante a Corporación” (CSJ SP, 02 Feb.  2008, Rad. 30707).   

          En  este  caso,  aunque el libelista  acierta al seleccionar la  causal  tercera  de  casación,  consagrada en el artículo 207 de la Ley 600 de  2000,  incumple  la  obligación de precisar si el ataque se orienta por la vía  de  la  violación directa de la ley sustancial, o si ha elegido el camino de la  violación  indirecta,  con  las  cargas  argumentativas que de ello se derivan.   

          La  falta de claridad sobre la ruta elegida para presentar el cargo,  se  ve  reflejada  a  lo  largo  del  escrito,  porque  el censor entremezcla la  relación  de  varias  normas  que, según él, tienen incidencia en el presente  asunto, con cuestionamientos someros a la valoración de la prueba.   

          En  cuanto a los referentes normativos, el libelista  relaciona  varias  normas  constitucionales  y  legales  atinentes  al  debido  proceso, el  principio  de  legalidad,  el  juez natural y las excepciones a la jurisdicción  penal  ordinaria,  pero  no  explica  si  su  ataque  se  orienta  a la indebida  aplicación  de alguna de ellas, o si lo que cuestiona es la interpretación que  de ese cuerpo normativo hicieron el Juzgado y el Tribunal.   

          De  otro  lado,  cuando  centra su atención en la valoración de la  prueba,  se  limita  a  dar  por  sentado  que los hechos ocurrieron conforme la  teoría  que  ha  sostenido la defensa a lo largo de la actuación, esto es, que  los  hechos ocurrieron conforme los narró el teniente Carlos Andrés Mahecha en  su  informe, de lo que colige que “los hechos en que  perdieron  la  vida  los  ciudadanos  Saúl  Ortiz Muñoz y Danilo Yepes Pineda,  independientemente  si  fueron  objeto de una acción-reacción a procedimientos  militares  de  control,  partieron  según  da  cuenta el informe de fecha 22 de  marzo  de  2006  a  una  orden  emitida por el comando del batallón al personal  integrante  del  pelotón  BERLIN 6 con el fin de neutralizar posibles ataques a  la  población  civil  y saboteo a las elecciones presidenciales a celebrarse en  esos días”.   

          Con  el  evidente  ánimo  de cuestionar la valoración de la prueba  que  hizo  la Fiscalía a lo largo de la actuación, resalta que “es  evidente  que  la  señora  Fiscal 76 Especializada no realizó  ningún  estudio  respecto  de si los hechos investigados guardan o no relación  con  el  servicio, incurriendo justamente en lo que denomina el Consejo Superior  de     la    Judicatura    como    desestabilización    de    las    garantías  procesales”.   

          En     esa    misma    línea,    concluye    que    “resulta   indiscutible  que  el  JUEZ  NATURAL  para  adelantar  la  presente   investigación   era   el   JUEZ   PENAL   MILITAR   y   NO  EL  JUEZ  ORDINARIO…”.   

          Por  demás,  el impugnante se limita a hacer una relación caótica  de  la jurisprudencia, pues no identifica con precisión las reglas establecidas  en  los  fallos  traídos a colación, no indica la analogía fáctica entre los  casos  resueltos en esas decisiones  y el asunto que ahora debe resolverse,  ni  hace  algún  tipo  de  esfuerzo  para  explicar  de qué manera en el fallo  impugnado    se    dejó   de   aplicar   el   precedente   judicial.   

          Así,  es claro que el censor elude tener en cuenta los términos de  la  acusación,  a  los  que  se hizo alusión al resolver el primer cargo de la  demanda  presentada  por  el  defensor  el sargento RIVEROS, y desconoce que los  falladores  de  primera y segunda instancia concluyeron que la teoría propuesta  por  la  Fiscalía  fue debidamente probada.  Ante esa realidad, no entrega  ninguna    explicación    sobre    por   qué   podría   concluirse   que   la  concertación   de  los  militares   para  trasladarse hasta la vereda  Kennedy  del  municipio  de  Pitalito,  en  compañía  de un informante, con la  finalidad  de  darle  muerte a dos personas indefensas, y simular un ataque para  darle  visos  de  legalidad  a  unas  ejecuciones  extrajudiciales, pueden tener  relación  con el servicio y, menos, como ese proceder puede asociarse de alguna  manera  a  la  obligación que tiene la Fuerza Pública de proteger los derechos  fundamentales  de  los  ciudadanos,  tal  y  como  lo  insinúa  en  su escrito.   

          En  cuanto  a los cuestionamientos a la forma cómo fueron valoradas  las  pruebas  a  lo  largo  del  proceso,  el impugnante se limita a exponer sus  conclusiones  sobre los hechos, pero no insinúa siquiera los errores de hecho o  de  derecho  en  que   eventualmente  pudieron  incurrir  los falladores de  primera  y  segunda instancias, que pudieran constituir una violación indirecta  de la ley sustancial.   

          Finalmente,  el  libelista  se  queja de que el despacho que hizo la  acusación  no  haya  propuesto un conflicto negativo o positivo de competencias  cuando  el  proceso  pasó de la Justicia Penal Militar a la Fiscalía, pero, de  un  lado,  no  explica  por  qué  debió proceder en tal sentido, y de otro, no  dedica  una sola línea a sustentar la trascendencia que ese supuesto error pudo  tener para los derechos de sus defendidos.   

          Por  las  razones expuestas, la Sala inadmitirá la demanda por este  cargo en particular.   

     

1. Segundo  cargo: no encontrarse la sentencia  en   concordancia   con   los   cargos   formulados   en   la   resolución   de  acusación.     

El  defensor  de los soldados profesionales  JOSÉ  WILSON ORREGO NOREÑA y CÉSAR AUGUSTO alega que éstos fueron condenados  por cargos no incluidos en la acusación.   

Como quiera que el libelo, únicamente en lo  que  concierne  a  este  cargo,   reúne  las  exigencias  señaladas en el  artículo  212 de la Ley 600 de 2000, se declarará AJUSTADO y, por tanto,   se  dispondrá  correr traslado del mismo, por el término de veinte (20) días,  al  Procurador Delegado para la Casación Penal, de conformidad con el artículo  213 ibídem.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

1.- Admitir   la   demanda   de   casación  presentada  por  el  defensor  de los soldados profesionales JOSÉ WILSON ORREGO  NOREÑA  y CÉSAR AUGUSTO VÁSQUEZ ORDOÑEZ, únicamente frente al segundo cargo  (no  encontrarse  la sentencia en concordancia con los  cargos   formulados   en   la   resolución  de  acusación).  En  consecuencia,  córrase   traslado  del  mismo,  por  el término de veinte (20) días, al  Procurador  Delegado  para  la  Casación Penal, de conformidad con el artículo  213 de la Ley 600 de 2000.   

Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del  sargento  FERNANDO  RIVEROS SARMIENTO y la demanda presentada por el defensor de  los  soldados  profesionales  JOSÉ  WILSON  ORREGO  NOREÑA  y  CÉSAR  AUGUSTO  VÁSQUEZ  ORDOÑEZ,  en lo concerniente al primer  cargo (nulidad por falta  de   competencia   del   funcionario   judicial),  conforme  a  lo  expuesto  en  precedencia.   

Contra  la  presente  decisión no procede  recurso algo.   

         

        Cópiese,       notifíquese       y  cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria.  

    

1  Negrillas fuera del texto original.   

2  Es  difícil  establecer  si  quiso  decir  que  las  inconsistencias  son  sustanciales,  o  se  trató de uno más de los múltiples  errores de redacción detectados en su escrito.     

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