AP4447-2015(46279)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP4447-2015  

Radicación N°. 46.279  

(Aprobado Acta No.  271)   

Bogotá D.C., cinco (5) de agosto de dos mil  quince (2015).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide la Corte si es procedente admitir la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Alejandro  Antares  Rizo  Bermúdez contra  la  sentencia  dictada  el  26  de  marzo de 2015 por la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Cali,  que  confirmó  la  proferida el 19 de junio de 2012 por el  Juzgado  Once  Penal  del  Circuito  con  funciones  de conocimiento de la misma  ciudad,  mediante  la cual lo condenó, a título de autor, del delito de acceso  carnal abusivo con menor de catorce años, en concurso homogéneo.   

HECHOS    Y    ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1.  Las  instancias  consignaron  así  la  cuestión fáctica:   

A  través  de  denuncia  instaurada por el  señor  LFVA,  padre  de  la  menor a quien para proteger su identidad, se hará  referencia  por  sus  iniciales  M.C.V.B.,  se obtiene que a través de llamadas  telefónicas  anónimas  efectuadas  por  vecinos de la Unidad Residencial donde  habitaban,  ubicada  en  la  Carrera  (…)  del  Barrio  (…)  de  esta ciudad  [Cali],  fue  alertado  el  denunciante  así como su esposa de conductas o acercamientos inapropiados entre  el  señor  ALEJANDRO  ANTARES  RIZO de 37 años de edad y su hija menor, por lo  que  la  abordaron,  negando  inicialmente  lo ocurrido, pero luego aceptó ante  ellos  que  venía  sosteniendo  relaciones  sexuales  con  el antes mencionado,  [las  cuales  se  remontan  a  los  meses de agosto y  septiembre   de   2009].1   

2.  El  14  de  septiembre de 2010, ante el  Juzgado  Veintiuno  Penal  Municipal  con  funciones de control de garantías de  Cali,  se  legalizó  la  captura  y  el  Fiscal  Treinta y Ocho Local CAIVAS le  imputó  a Alejandro Antares Rizo Bermúdez  el  punible  de acceso carnal abusivo con menor de catorce años,  agravado,  en  concurso  homogéneo,  previsto en los artículos 208 y 211.2 del  Código  Penal,  en  calidad  de  autor,  cargo  que  no  admitió.  En la misma  oportunidad  se  le  impuso  medida de aseguramiento de detención preventiva en  establecimiento              carcelario2.   

3.  El  11 de octubre de dicha anualidad se  presentó     el     escrito     de    acusación3 y el 8 de noviembre siguiente  se   llevó   a   cabo   la  audiencia  de  formulación  respectiva4.   

4. El 10 de diciembre ulterior se surtió la  audiencia                preparatoria5   y   el   juicio   oral  se  desarrolló     en     varias     sesiones    (206  y  21  de  enero7  de  2011,  18  y  8  de  abril9,        15        de       junio10,        111  y  7  de  septiembre12,       23       de      noviembre13       y      9      de  diciembre14   de   ese   año,   16   de  febrero15,        916  y  11  de  abril17       y       4      de      mayo18  de  2012).  Al  cabo de la  última,    el    juzgador    anunció    que   el   sentido   del   fallo   era  condenatorio.   

5. Mediante sentencia del 19 de junio de la  última  calenda  mencionada,  el  Juez  de conocimiento condenó a Alejandro   Antares  Rizo  Bermúdez,  en  calidad  de  autor  del  injusto  de  acceso  carnal abusivo en menor de catorce  años,  en  concurso homogéneo, a la pena principal de diecisiete (17) años de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  igual  término.  Así mismo, le negó la suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria19.   

6. Recurrida esta decisión por el procesado  y  su  apoderado,  fue  confirmada  el 19 de marzo de 2015 por la Sala Penal del  Tribunal        Superior        de        Cali20.   

7.  Un nuevo defensor contractual interpuso  oportunamente     el    recurso    extraordinario    de    casación21 y presentó  el          libelo          correspondiente22.   

LA DEMANDA  

Tras identificar a las partes y autoridades  judiciales  que  conocieron del caso, cita los hechos como fueron concebidos por  las  instancias  y  sintetiza la actuación procesal y el fallo impugnado, para,  enseguida,  referirse  a  la legitimidad e interés jurídico que le asiste para  intentar  el  recurso  extraordinario  y  postular  dos  cargos al amparo de las  causales tercera y primera, respectivamente.   

«CAUSAL PRIMERA.  CARGO      UNO»23   

Con apoyo en el motivo tercero del artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004  acusa  la  sentencia  de  segunda instancia por  quebrantar   «el  principio  de  legalidad,  en  su  producción  y  aducción  al proceso, tratándose de un documento anónimo, que  no  fue  acreditado  en  su  autenticación, planillas de control motel LA TORRE  considerándose   NO   PUEDE   ADMITIRSE   COMO  MEDIO  PROBATORIO»24.    En  consecuencia,  es  del  criterio  que ante la vulneración del derecho al debido  proceso,  particularmente, del artículo 430 del Código de Procedimiento Penal,  dicho   elemento   de   convicción   no   puede   ser   el  soporte  del  fallo  condenatorio.   

Tras volver a mencionar el referido precepto  normativo      y      los      cánones      425      y     426     ejusdem,  se  refiere  a  la  sesión de  audiencia  pública  del 1º de abril de 2011, en la que Juan Gabriel Rodríguez  Bastidas,  investigador  de  la  fiscalía, introdujo el aludido documento, para  significar  que  «careció de acreditación para ser  introducido  al  juicio  oral,  sin  los requisitos y llenos de forma y de fondo  esenciales,  como  son  la  acreditación de quien (sic) lo elaboro (sic) habida  cuenta  de que (sic) se trata de manuscrito CON VARIOS TIPOS DE LETRA, siendo un  documento  de  origen  privado, que carece de la presentación de la persona que  elaboro  (sic)  o  produjo  la  EVIDENCIA  DOCUMENTAL,  ni la identidad de quien  cumple   el   principio   de   autenticación,   resultando   ser  un  documento  anónimo»25.   

Resalta cómo «lo  único     certero»26   es   que   el   aludido  funcionario  lo  recibió  de manos del administrador del motel de nombre Nelson  Cur,  pero,  se  desconoce  quién  lo  elaboró, pues, insiste, además, que se  observan  distintos tipos de letra y la planilla de control de vehículos carece  de  «titulo (sic) y REFERENCIA de (sic) inmueble que  se   menciona   como   MOTEL  LA  TORRE»27.   

Pese  a  lo  anterior,  dice,  el  Tribunal  valoró  ese  medio  de  convicción  ilegal  que  no  cuenta con los requisitos  esenciales de producción y autenticación.   

Estima  que  «la  contradicción  en  cuanto  a  los  hechos sucesivos y homogéneos no encuentran  coincidencia,  en  cuanto  al  tiempo de la relación, ni en la sucesión de los  mismos,  toda  vez  que  se  precisa  una por semana, cuando el mes tiene cuatro  semanas,  y  cuando  la  duda de la sucesión de las copulas (sic), no encuentra  coincidencia   de   circunstancias   en   el   tiempo   y  espacio»28, razón por  la que cree que opera la duda probatoria.   

A juicio del letrado, como la manifestación  de  la  menor  no  aparece respaldada por ninguna prueba, no está demostrado el  concurso homogéneo de delitos.   

Agrega, de manera confusa, que al no existir  «acierto        de       legalidad»29  respecto de las planillas,  por    falta   de   «llenos   de   identificación,  autenticación»30  es inviable concluir, como  lo  hiciera  el  ad  quem,  coincidencia  alguna acerca de «copulas (sic) en esos  lugares,  (…)  en  cuanto las Manifestaciones (sic) deletrean 5 o 6 y en otros  apartes  mas  (sic)  de 10 en cuanto se advierten varias de ellas en moteles, LA  TORRE  como uno de los lugares visitados»31   

«SEGUNDA CAUSAL.  CARGO      DOS»32   

Con  estribo en la causal primera, denuncia  «la  indebida  aplicación  de  norma sustancial, la  cual  condujo  a la falta de aplicación de otra norma, 425, 426, 430 DEL C DE P  PENAL     ARTICULO     6     DEL     C    PENAL»33.   

En  desarrollo  de la censura reprueba a la  colegiatura  por  no  excluir las dos planillas del motel La Torre y conferirles  mérito positivo pese a su falta de autenticación.   

Relieva que se trata de documento privado  manuscrito  y  anónimo,  respecto  del  cual  se  desconoce  la  persona que lo  elaboró  o  produjo, en tanto, al debate oral no se llevó ninguna persona para  su  reconocimiento  y  acreditación  en los términos del numeral 1º del canon  426 de la Ley 906 de 2004.   

En  sentir  del  abogado,  «EL  PROBLEMA  JURIDICO  PLANTEADO surge en la sentencia al concluir  la    existencias   de   acciones   copulativas   continuas,   que   no   están  demostradas»34,   desconociendo  de  este  modo,  las  formas  propias  del  juicio,  en  especial, las normas que rigen la  autenticación   de   los   documentos  privados    y    el    valor    suasorio    de    los    documentos  anónimos.   

Reitera  que  el juez plural «incurre  en  la ignoración (sic) de la norma vigente 430, 425, 426  del  adjetivo  penal,  y  concluye  en  la  sentencia  en  aplicar  como  prueba  coincidente  las  planillas  de  control  en  manuscrito,  sin la acreditación,  autenticación  del  documento  privado  y  establece  el  concurso homogéneo y  sucesivo       que       la      fiscalía      nunca      demostró»35.   

Luego  de  recordar  que  el funcionario de  policía  judicial  narró  que los reportes de entrada y salida de vehículos y  de  personas  le  fueron  entregados por Nelson Curt y que no existe registro de  cámaras,  se  queja  de  que  haya sido dicho investigador quien introdujera el  documento   «sin  ser  la  persona  que  lo  elaboro  (sic)»36  pues, ante la inexistencia  de  cualquier  otra evidencia no es posible establecer de manera concluyente que  el  10  o  15  de  septiembre  de  2009  el  acusado y la menor estuvieron en el  referido motel.   

Concluye que «la  evidencia  documental  no  conduce a la “coincidencia” en el intrínseco del  contenido,  e  igualmente  porque  de  su  incorporación para su valoración se  extrae  que no se conservó la estructura del medio de prueba para ser valorado,  contrario  el  magistrado  ignoro  (sic) dicho procedimiento (…) de legalidad,  tratándose  de un documento anónimos (sic) acéfalos (sic) de quien lo produjo  y  autentico  (sic).  El cual debió desestimarse en su valoración en cuanto el  mismo  fue  anunciado  y  descubierto,  sin  el  protocolo  de  legalidad  de su  acreditación   y   autenticación,   hecho  que  trasciende  en  una  falta  de  aplicación  de  la norma 425, 426 y 430 de la ley (sic) 906 de 2004»37.   

Finalmente,  advera  que  el  defecto  es  trascendente    porque    permitió    apreciar    una   prueba   «para  permear  la  SUCESIÓN  DE  LOS HECHOS, RESPECTO DEL CONCURSO  HOMOGENEO  Y SUCESIVO, QUE TUVO INGERENCIA (sic) EN LA PUNIBILIDAD DE TAL MANERA  QUE  SI NO SE HUBIERE TENIDO EN CUENTA SE HUBIERE PRESENTADO UNA PENA DISTINTA A  LA   QUE   SE  PROFIRIÓ  EN  1ª  INSTANCIA  Y  SE  CONFIRMO  POR  VIA  DE  2ª  INSTANCIA.»38   

Solicita casar el fallo impugnado, a fin de  emitir  otro  de  carácter  sustitutivo  que  modifique la pena por la falta de  acreditación del concurso homogéneo y sucesivo.   

CONSIDERACIONES  

1. Al tenor de lo dispuesto en el artículo  180  del  Estatuto Adjetivo actual, el recurso extraordinario de casación tiene  como  finalidad «la efectividad del derecho material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los  agravios  inferidos  a estos, y la unificación de la jurisprudencia».   

Con  tal  propósito,  el  inciso  2º  del  artículo  184 ejusdem fijó  las  reglas  mínimas  de admisión de la correspondiente demanda, estableciendo  que  no  se  seleccionará  aquella  que  i) carezca de interés para acceder al  recurso,  ii)  no invoque la causal conforme a la cual se edifica el reproche de  las       contempladas      en      el      artículo      181      ibidem,   iii)  omita  desarrollar  los  cargos  correspondientes  o,  iv)  fundadamente  se  logre  establecer que no se  requiere  de  la  sentencia para cumplir las finalidades previstas en el aludido  canon  180;  lo  anterior,  salvo  que  el cumplimiento de alguno de esos fines permita superar los defectos  técnicos que exhiba el libelo y decidir de fondo.   

También  tiene decantado la jurisprudencia  que,  aquella  debe  ser íntegra en su formulación,  suficiente  y  clara  en su desarrollo y eficaz en la pretensión, de tal suerte  que  se  debe soportar en los principios que rigen el recurso extraordinario, en  especial,  los  de  claridad,  precisión, fundamentación debida, prioridad, no  contradicción,   corrección   material   y  autonomía,  sin  que  sea  viable  argumentar a la manera de un alegato de instancia.    

La proposición de los cargos exige escoger  adecuadamente  la  causal  y el sentido de la violación y, concretar el disenso  en términos de trascendencia.   

2.  El  libelo  que  nos  ocupa,  además  de  evadir  la obligación de señalar con precisión  la    finalidad   perseguida   con   el   recurso,   de   las   descritas  en  el  aludido  precepto  180  y  violar  el  principio  de  no  contradicción al invocar, en la primera censura,  simultáneamente,  la  causal  primera  y  la  tercera  y,  asimismo,  postular,  en  el segundo reproche los  motivos   segundo  y  tercero,  como  si  fueran  uno  mismo,  no  satisface  los  requisitos  mínimos  que  exige  el  artículo  184 para su admisión y, por lo  tanto, no puede ser seleccionado. Las razones son las siguientes:   

2.1.    Inicialmente,    aunque,     en     el    primer  cargo,  el   censor  se  apoya  la  causal  tercera  para  reprobar  la valoración de un  documento  que,  a  su juicio, fue introducido al juicio oral, sin satisfacer el  presupuesto  de  autenticación,  falta  al  deber de  identificar  si  la infracción indirecta de la ley sustancial, habría ocurrido  como  consecuencia  de un error de hecho en sus modalidades de falsos juicios de  existencia,  identidad  o  raciocinio,  o  de  derecho  por  falsos  juicios  de  convicción  o  legalidad, lo cual dificulta el examen de admisión de la Corte,  de  cara  a  los  requisitos  lógico  argumentativos que rigen cada uno de esos  sentidos de ataque.   

Ahora,  atendiendo  que  en un aparte de la  censura  el  defensor  alega  defectos  en  la  producción del medio de prueba,  podría  entenderse  que  lo  postulado es un falso juicio de legalidad, que, de  cualquier  manera,  está  destinado  al fracaso si se considera que, vulnera el  principio  lógico  de corrección material al asegurar que no se cumplieron los  protocolos  necesarios  para lograr la autenticación, en el debate oral, de una  prueba  documental  (planillas del motel La Torre) pues, es el mismo demandante,  quien  admite  que fue aducido al juicio por el investigador de la fiscalía que  lo encontró, y como tal fungió como testigo de acreditación.   

En efecto, sobre la posibilidad de llevar a  cabo  la  autenticación  de  una  evidencia,  la  Corte  ha  sido  pacífica en  establecer,  aún  antes  de  la  entrada en vigencia del artículo 63 de la Ley  1453  de  2011,  que  modificó el artículo 429 de la Ley 906 de 2004, que bien  puede  ser  efectuada  por  parte del funcionario que la recauda. Estas han sido  sus   reflexiones   (CSJ  AP,  17  sep.  2012,  rad.  36.784):   

(…),  lo  primero que debe advertirse, es  que  en  la  sistemática  de  la  ley  906  de 2004, la prueba documental está  necesariamente  ligada  al  testigo de acreditación, pues a través de éste es  que  aquella  se  incorpora  al juicio, y tal como lo dijo la Corte en casación  25920  del  21 de febrero de 2007: “testigo, quien se encargará de afirmar en  la  audiencia pública que un documento es lo que la parte dice que es”, es en  ese  entendimiento  que  el testigo de acreditación tendrá que ser interrogado  por  la  parte  que  pretende  introducir  la  prueba documental, respecto de la  información  mínima  que  permita  concluir  que  se  trata  de  un  medio  de  convicción  admisible en el juicio, esto es, dónde y cómo se obtuvo, quien lo  suscribe,  a efectos de establecer su autenticidad o si la misma debe presumirse  por  tratarse de uno de aquellos documentos relacionados en el artículo 425 del  C.P.P.,  si  es  original o una copia y la presentación general sobre los datos  contenidos  en  el  documento, esto último, con miras a establecer si el juicio  de  pertinencia  realizado  al  momento  de  autorizar  el medio de convicción,  corresponde  efectivamente   con  el  tema  de  la  prueba,  hecho  que  es  necesario  acreditar  y  si  este a su vez guarda relación con el contenido del  documento,  pues de lo contrario no podrá admitirse su incorporación al debate  público.   

         

Y  ello es así por la potísima razón, de  que  las  pruebas  se  decretan sin que se pueda conocer a ciencia cierta lo que  será  su  contenido,  sino  basándose  únicamente  en  la  justificación que  ofrezca  la  parte  interesada en la respectiva solicitud probatoria, por tanto,  el   juez   queda   facultado   para   que   durante  su  practica  (sic)  en  el juicio pueda verificar que  la  misma  cumple  el  presupuesto  de  pertinencia,  para  lo  cual  habrá  de  confrontar  lo  que  la  prueba  muestra  con los hechos o circunstancias que se  busca  demostrar  y  también  con  las  razones  esgrimidas cuando se pidió su  admisión.   

(…)  

Retornando  al  testigo de acreditación, a  este   se   lo   define   como   fuente   indirecta   del  conocimiento  de  los  hechos39  y como la persona que recopila, asegura y custodia la evidencia y  en  el  caso de la prueba documental, la ley, en el artículo 429 inciso segundo  C.P.P.,  autoriza el ingreso del documento por el investigador que participó en  el  caso  o  por  el  investigador  que lo recolectó o recibió, con lo cual se  pretende  aportar  elementos  de  juicio  contundentes  que permitan al fallador  concluir  en  la  confiabilidad  y  validez del documento ingresado al proceso a  través   de   su   testimonio.   El  conocimiento  que  brinda  el  testigo  de  acreditación  dependerá del interrogatorio directo que corresponde formularle,  a  la par del que ofrece la prueba documental, el cual no se suple con la simple  lectura del texto por parte del deponente.   

De  allí  que suja (sic) claro el deber de  las  partes,  de  realizar  interrogatorios teleológicamente orientados a dicho  fin,  y no la simple instrucción al testigo de realizar lecturas integras (sic)  de  piezas  o  apartes  documentales  irrelevantes, inútiles o innecesarios; se  tiene   entonces  como  primera  regla  para  la  incorporación  de  la  prueba  documental,  contar  con  el  testigo  de acreditación, en orden a demostrar la  legalidad  y licitud del medio habida cuenta que fijara la forma como se obtuvo,  valga  decir, su procedencia, luego su autenticidad, con la claridad sobre si se  trata  de  documentos  respecto de los cuales opera o no la presunción a la que  alude el artículo 425 del C.P.P. del 2004.   

En  segundo  lugar,  una  vez  agotado  lo  atinente  al  conocimiento  de  la  forma  como  se  obtuvo  el  documento  y la  autenticidad  del  mismo,  corresponderá  al  testigo  de  acreditación  hacer  público  el contenido de éste, pero siempre direccionado por los interrogantes  que  le  formule la parte que ha ofrecido la prueba, con el fin de transmitir la  información  que  resulte  pertinente  con el objeto y el tema de la prueba, de  modo  tal que se haga evidente la necesidad de conocer esos datos para demostrar  lo  que  le interesa a la parte y su relación con los motivos por los cuales se  decretó su práctica.     

Todo  lo anterior se realiza a través del  testigo  de acreditación, cuya finalidad esencial es hacer digna de crédito la  prueba  documental, llevando al juez  la seguridad de que en realidad es lo  que  se  dice  ser,  o  parece,  y su práctica naturalmente debe ceñirse a las  reglas  señaladas  en  los  artículos 383 a 404 de la ley 906 de 2004, que son  las  propias  de  su  naturaleza,  como  prueba  testimonial  que es, empero, en  tratándose  de  prueba  documental, adicional a las pautas para la utilización  del  testigo de acreditación, también corresponde hacer obligatoria alusión a  la   interpretación   que   debe   dársele   al  artículo  431  del  estatuto  procedimental  penal, respecto de las reglas sobre el empleo de documentos en el  juicio.  En  efecto,  si bien es cierto la norma en cita denominada “empleo de  documentos  en  el juicio” indica que esos escritos serán leídos y exhibidos  de  modo  que todos los intervinientes en la audiencia de juicio oral y público  puedan  conocer  su  contenido,  ello  no impone su lectura integral, absoluta y  textual,  cuando  quiera  que  varios de sus apartes no guardan relación con el  objeto  de  la  prueba,  pues puede ocurrir que solo una fracción del documento  sea  la  que  resulte útil para el sujeto procesal que lo ha ofrecido, o por el  contrario,  sea necesaria su lectura integral, caso en el cual surgirá la carga  argumentativa  de  señalar  los  motivos  por los cuales es indispensable   agotar  la  lectura  integral del texto, mucho más cuando se trate de piezas de  abundante  foliatura,  pues ante todo debe velarse por hacer eficaz el principio  de    celeridad   procesal   y   la   impartición   de   justicia   en   plazos  razonables.   

Ahora bien, el hecho de que en determinados  casos  se obvie la lectura integral del documento, no implica la trasgresión de  los  principios  de  publicidad  y  contradicción  de la prueba, mucho menos su  inadmisibilidad,  pues la contraparte en uso del contrainterrogatorio al testigo  con  quien  se está introduciendo el medio de convicción, podrá auscultar sin  limitación   los  apartes  del  documento  que  le  interese,  con  el  fin  de  controvertir  la  prueba  de  cargo  o  de  descargo,  o para reforzar su propia  hipótesis  frente  al soporte fáctico de la acusación, requiriendo al testigo  para  que  lea  esa  fracción  o  fracciones  del  documento  que  le llamen la  atención,  pero  no aduciendo como motivo, la exigencia de que la ley impone la  lectura  de  la  totalidad de la probanza documental, habida cuenta que, como lo  ha  precisado la Sala, esa no puede ser la correcta interpretación de una norma  que  pertenece  a  un  modelo  de  sistema  procesal  penal  que propende por la  agilidad  de los procedimientos y la eficacia de la administración de justicia,  en  armonía  con  el  respeto  a  las  garantías  fundamentales  de  partes  e  intervinientes,  las  cuales  en  manera alguna se ven trasgredidas por el hecho  que  se  obvie  la  lectura  de  la  totalidad  del  contenido  que  integra  el  documento.    

No  obstante que la práctica de la prueba  documental  en un sistema de corte acusatorio, siempre implica la participación  de  testigos  de  acreditación  y  cuando se trata de escritos, en todo caso se  debe  dar  lectura,  así  sea  parcial,  de  sus  respectivos  contenidos, para  racionalizar   la   incorporación  de  este  medio  de  prueba,  normatividades  extranjeras  como  la puertorriqueña, por citar un ejemplo, fija ciertas pautas  en  tratándose de la incorporación de documentos voluminosos o de gran tamaño  que  impiden su correcto análisis y valoración por parte del juez, permitiendo  que  sean  presentados en esquemas o resúmenes, siempre que los originales sean  puestos  a  disposición de las otras partes para que sean examinados o copiados  en      tiempo      y     lugar     prudenciales40.   

En   ese  orden,  ninguna  irregularidad  comporta  que  las copias de la planilla del motel La Torre, recaudadas por Juan  Gabriel  Rodríguez  Bastidas, fueran introducidas por él al juicio oral, en su  calidad  de  testigo  de  acreditación,  pues,  justamente,  por esa condición  estaba  habilitado  para  dar cuenta acerca de la forma en que obtuvo el mentado  documento,  esto  es,  de  manos  del  administrador  de  dicho  lugar,  por  lo  cual,   contrario  a  lo  estimado  por  el  censor, no se trata de un documento anónimo en los términos  del  precepto  430,  inciso  2º  ejusdem.   

Sobre la imposibilidad de dar tal alcance a  un  documento,  cuando  quiera  que se tenga conocimiento certero de su origen o  procedencia    la    Corte    ha    precisado   (CSJ  AP1644-2014):   

3.2 En cuanto a  la  ilegalidad de la referida prueba documental expedida por la Superintendencia  Financiera,  que  el  demandante  hace  consistir  en  que no fue incorporada al  juicio  por  quien  la  suscribió,  sino  a través de las investigadoras de la  Fiscalía  que  participaron  en  el  caso, es claro que aquel desconoce que tal  procedimiento  se hizo siguiendo la jurisprudencia de la Sala, vigente cuando se  realizó      la      respectiva      audiencia41.           

Si bien para la época en que se introdujo  la  prueba  en mención no había entrado a regir el artículo 63 de la Ley 1453  de  2011,  que  modificó  el artículo 429 de la Ley 906 de 2004, que regula la  presentación  en  juicio  de los documentos, el cual autoriza a que éstos sean  ingresados  «por uno de los investigadores que participaron en el caso o por el  investigador  que  recolectó  o  recibió  el  elemento  material  probatorio o  evidencia  física», de tiempo atrás las decisiones de esta Corporación sobre  el  tema  reconocían la necesidad de que el documento que se pretendiera aducir  en  juicio,  lo  fuera  a  través  de  un  testigo  de acreditación que debía  declarar  sobre  dónde  y cómo lo obtuvo, quién lo suscribe, si es original o  copia  y  los  datos  generales  relativos  a  su  contenido, a fin de acreditar  aspectos que permitan determinar su autenticidad y pertinencia.   

Así  expresó su criterio la Corte en CSJ  SP, 21 Feb. 2007, Rad. 25920, donde señaló:   

La  manera  de  introducir las evidencias,  objetos  y  documentos  al  juicio oral se cumple, básicamente, a través de un  testigo  de  acreditación, quien se encargará de afirmar en audiencia pública  que  una  evidencia,  elemento,  objeto  o  documento  es lo que la parte que lo  aporta dice que es.   

Posteriormente,  en  CSJ SP, 21 Oct. 2009,  Rad. 31001, reiteró:   

Respalda esta conclusión el artículo 337  de  la  Ley  906  de  2004,  referido  al  contenido  del escrito de acusación.  Establece  su  numeral 5º, titulado descubrimiento probatorio, que un documento  anexo al mismo deberá contener:    

(…)  

“d)  Los  documentos,  objetos  u  otros  elementos   que   quieran  aducirse,  junto  con  los  respectivos  testigos  de  acreditación”.   

(…)  

“g)     Las     declaraciones    o  deposiciones”.   

Salta  a la vista, pues, la obligación de  introducir  al  juicio  los  medios  de  conocimiento  distintos a entrevistas o  declaraciones  juradas, a través de testigos de acreditación. De lo contrario,  en  el  literal g) transcrito se habría impuesto igual condición a la prevista  en  el d), donde sí resulta necesaria pues respecto de los elementos materiales  allí     relacionados    es    indispensable    la    refrendación    de    su  procedencia.   

Obviamente  que  ello no basta para que el  documento  sea  admitido  como  prueba  en el debate oral, pues previo a ello es  imperioso  cumplir  las  demás  exigencias  contenidas  en el estatuto adjetivo  penal,  una  de  las  cuales  es  precisamente  la  de su autenticación, que se  entiende  satisfecha  cuando  se  tiene  conocimiento  certero  de  su  origen o  procedencia,  cuya  falta de acreditación deriva en la inadmisión del medio de  prueba,  según lo dispone el inciso 2º del artículo 430 ibídem, por tratarse  de un documento anónimo.   

Ahora  bien,  en  orden  a  autenticar  e  identificar  el documento, la parte que lo aduce debe acudir a cualquiera de los  métodos  señalados  en  el artículo 426 ejusdem, salvo que se trate de alguno  de  los  supuestos previstos en el canon 425 de la codificación citada, pues en  tales  casos la ley presume su autenticidad, presunción iuris tantum que admite  prueba en  contrario.              

           

Además,  en  gracia  de  discusión,  si  pudiera  atribuirse  a  dicho  documento la categoría de anónimo, es lo cierto  que  el  recurrente  no hizo ningún esfuerzo por acreditar la trascendencia del  presunto  yerro  de  cara  a  la  valoración  de  dicho documento por parte del  Tribunal,  relevancia  que,  definitivamente,  no puede predicarse de este caso,  teniendo  en  cuenta  que  los  fallos condenatorios no tuvieron a ese documento  como  único  soporte  demostrativo  de  la  materialidad de la conducta punible  atribuida,  en  concurso homogéneo, al procesado, sino que se apoyaron tanto en  los  testimonios  de  la  víctima,  de  sus  padres y de los peritos médicos y  psicológicos  que  comparecieron  al  juicio  para  informar  sobre  lo que les  constaba  de  manera  directa,  como  en  el  original del diario que llevaba la  menor,  descubierto  por  su progenitora, en el que aquella narra al detalle los  sucesivos encuentros sexuales con el acusado.   

Estando  acreditada la responsabilidad del  acusado  en  el  concurso  homogéneo  de accesos carnales abusivos con menor de  catorce  años,  con  apoyo en abundantes y fidedignos medios de convicción, es  evidente, entonces, que la censura debe ser inadmitida.   

2.2.   En   cuanto   al   segundo  cargo se refiere, debe recordarse  que  cuando  se  intenta  la  postulación  de  la  censura  por  la  ruta de la  violación  directa  de  la  ley sustancial, el casacionista debe hacer completa  abstracción  de  lo fáctico y probatorio y, en ese sentido, admitir los hechos  y  la  apreciación de los medios de convicción fijados por los sentenciadores,  de  manera  tal  que  le  corresponde  desarrollar  el  reproche  a partir de un  ejercicio  estrictamente  jurídico,  en  el  que establezca la vulneración del  precepto  normativo  en  el  caso  concreto, por medio de cualquiera de las tres  modalidades   de   error:   falta   de   aplicación,   aplicación  indebida  o  interpretación  errónea  y, seguidamente, demuestre la trascendencia del yerro  en el sentido de la decisión impugnada.   

Así,       mientras  la  falta de aplicación opera  cuando  el  juzgador  deja  de  emplear  el  precepto  que  regula el asunto, la  aplicación  indebida,  deviene  de  la  errada elección por el fallador de una  disposición  que  no  se ajusta al caso, con la consecuente inaplicación de la  norma  que  recoge  de  forma  correcta el supuesto fáctico. La interpretación  errónea,  en  cambio,  parte de la acertada selección de la norma aplicable al  asunto  debatido,  pero conlleva un entendimiento equivocado de la misma, que le  hace producir efectos jurídicos que no emanan de su contenido.   

Desconociendo  estos precisos lineamientos  jurisprudenciales,   el   libelista   reprueba  el  soporte  fáctico-probatorio  empleado  por  la  colegiatura  para  definir que el dicho de la menor víctima,  aparece  refrendado por las planillas de ingreso de vehículos al motel La Torre  de  la  ciudad  de  Cali, porque coincide con algunas de las ocasiones en que la  niña  habría sido accedida carnalmente por el procesado, documento aquel que a  juicio del censor adolece de vicios en su creación.   

Claramente,   además  que  el  defensor  equivocó  la ruta de ataque, los argumentos propuestos, en orden a demostrar la  relevancia  del  presunto  desafuero,  resultan  del  todo  insuficientes  si se  considera  que,  como  se  señaló  en  la  respuesta  a la primera censura, es  nítido  que  aparte  del  documento  tachado  de ilegal, obran en el expediente  numerosos  medios cognoscitivos a partir de los cuales los falladores edificaron  el     juicio     de     reproche     contra    Rizo  Bermúdez, entre ellos, siendo el más significativo,  el  testimonio  de  la menor agredida sexualmente, varias veces, el cual resulta  confiable, altamente descriptivo y no especulativo.   

En  ese  orden, este reparo también será  inadmitido.   

Por último, la Sala no observa flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  causales  de  nulidad, ni motivos que  conduzcan  a la necesidad de un pronunciamiento profundo frente al expediente en  razón  de  las  finalidades  de  la  casación;  por  ende, la demanda debe ser  inadmitida.   

3. También, es indispensable recordar que  al  amparo  del  artículo  184 de la Ley 906 de 2004, cuando la Corte decide no  darle  curso  a  una  demanda  de casación, es procedente la insistencia, cuyas  reglas,  en  ausencia  de disposición legal, fueron definidas por la Sala desde  el   auto  del  12  de  diciembre  de  2005,  radicación  24.322  y  precisadas  recientemente en auto AP-3481-2014.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  Alejandro  Antares  Rizo  Bermúdez contra  la  sentencia  dictada  el  26  de  marzo de 2015 por la Sala Penal del Tribunal  Superior de Cali.   

Segundo. Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Cfr. folio 290 del cuaderno  principal.   

2  Cfr.  folio 4 ibidem.   

3  Cfr.    folios   15-24  ibidem.   

4  Cfr.    folios   27-28  ibidem.   

5  Cfr.    folios   36-38  ibídem.   

6  Cfr.    folios   43-44  ibidem.   

7  Cfr.    folios   54-56  ibidem.   

8  Cfr.    folios   72-74  ibidem.   

9  Cfr.   folios   105-107  ibidem.   

10  Cfr.   folios   130-131  ibidem.   

11  Cfr.   folios   138-140  ibidem.   

12  Cfr.   folios   148-151  ibidem.   

13  Cfr.   folios   155-157  ibidem.   

14  Cfr.   folios   160-161  ibidem.   

15  Cfr.   folios   168-169  ibidem.   

16  Cfr.   folios   170-171  ibidem.   

17  Cfr.   folios   172-173  ibidem.   

18  Cfr.   folios   174-175  ibidem.   

19  Cfr.   folios   178-190  ibídem.   

20  Cfr.   folios   213-238  ibidem.   

21  Cfr. folio 245 ibidem.   

22  Cfr.   folios   249-262  ibidem.   

23  Cfr. folio 257 ibidem.   

24  Cfr. folio 256 ibidem.   

25  Cfr. folio 255 ibidem.   

26  Ibidem.   

27  Ibidem.   

28  Cfr. folio 254 ibidem.   

29  Ibidem.   

30  Ibidem.   

31  Ibidem.   

32  Cfr. folio 253 ibidem.   

33  Cfr. folio 252 ibidem.   

34  Cfr. folio 251 ibidem.   

35  Ibidem.   

36  Cfr. folio 250 ibidem.   

37  Ibidem.   

38  Cfr.   folios   249-250  ibidem.   

39  Casación 32595 del 9 de noviembre de 2009   

40  Regal  72  de  Evidencia de Puerto Rico. Tomado de Chiesa, Ernesto L. Tratado de  Derecho   Probatorio.   Tomo  III.  Luigi  Abraham  Editor.  Estados  Unidos  de  Norteamérica. 2005   

41  Juicio oral. Sesiones de 23 de noviembre y 7 de diciembre de 2010.     

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