AP3422-2015(45101)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Magistrado Ponente  

AP3422-2015   

Radicación     No.     45101   

(Aprobado     acta     No.             212)   

Bogotá D.C., diecisiete (17) de junio de dos  mil quince (2015).   

Resuelve  la  Corte  la  admisibilidad de la  demanda  de  revisión  promovida  por  la  Fiscal 50 Especializada de la Unidad  Nacional  de  Derechos  Humanos  y Derecho Internacional Humanitario de Bogotá,  con  fundamento  en la resolución 1908 expedida el 09 de octubre de 2012 por el  Fiscal  General  de  la  Nación,  contra  la sentencia de 14 de febrero de 2006  proferida  por  el  Tribunal  Superior  Militar,  mediante  la cual confirmó la  cesación  de  procedimiento  dictada  por  el  Juzgado 96 de Instrucción Penal  Militar    a    favor    de   HUGO   CAMELO   SANDOVAL,   por   el   delito   de  homicidio.   

HECHOS  

La  cuestión  fáctica fue declarada por el  juzgador de segunda instancia de la siguiente manera:   

‹En   cumplimiento   de   la  orden  de  operaciones  denominada YAHVE el día 26 de abril de 2004, se dio de baja a tres  individuos  por  parte  del Segundo Pelotón de la compañía A de Alta Montaña  No.  1 al mando del Teniente HUGO CAMELO SANDOVAL, en inmediaciones de la vereda  El  Palmar  del  municipio  de  la  Uribe  Meta,  desplazándose  por  el sector  escucharon  disparos  que  provenían de las matas del monte, el Teniente ordena  tomar  posición  de  cubierta  y  protección  siendo aproximadamente las 11:30  horas,  se inicia el contacto armado abatiendo tres terroristas y capturando una  mujer   pertenecientes  a  la  cuadrilla  55  de  la  ONT-FARC››1.   

ACTUACION PROCESAL  

El  día  3  de  mayo de 2004 se inició la  investigación  en  el  Juzgado 96 de Instrucción Penal Militar, con fundamento  en  el  informe  suscrito  por el Mayor Juan Carlos Bustamante Rodríguez, donde  puso  en  conocimiento la novedad acaecida el 26 de abril anterior en desarrollo  de  la  operación Yahve, la  cual  tuvo  como  resultado  tres personas muertas (Gabriel Caballero Caballero,  Oscar  Eduardo  Cifuentes Guerrero y José Joaquín Achipiz Pabón), y una mujer  capturada (Audonina Delgado Vergara).   

El Juzgado 96 de Instrucción Penal Militar  con    fallo   del   13   de   octubre   de   20052, resolvió decretar, teniendo  en  cuenta  los  testimonios  y  demás  pruebas  documentales,  el cese de todo  procedimiento  por  el  delito  de  homicidio  a  favor del Teniente HUGO CAMELO  SANDOVAL,  quien  se encontraba al mando del Segundo Pelotón de la Compañía A  durante     la     operación     Yahve,  decisión que fue confirmada por el Tribunal Superior Militar el  14        de       febrero       de       20063.   

DEMANDA DE REVISIÓN  

         La  Fiscalía  50  Especializada  de la Unidad Nacional de Derechos  Humanos  y  Derecho  Internacional  Humanitario  de Bogotá, instaura demanda de  revisión  contra  los fallos del 13 de octubre de 2005 y 14 de febrero de 2006,  por  medio  de  los cuales se decretó y confirmó la cesación de procedimiento  contra  el  Teniente  HUGO  CAMELO  SANDOVAL, por el delito de homicidio de tres  personas en desarrollo de la operación Yahve.   

En  su  libelo,  la Fiscalía estima que la  mencionada  cesación  de  procedimiento,  se  dictó  acudiendo  al  testimonio  ofrecido   por  el  Teniente  CAMELO  SANDOVAL,  según  el  cual,  ‹‹el  26  de  abril de 2004 hacia las 11:30 de la mañana en el  sector    del    confín    alto   de   la   vereda   el   palmar   (sic)  en  desarrollo  de  la operación  Yahve,  el pelotón que se encontraba a su mando repelió el ataque del enemigo,  es  decir,  de subversivos de las ONT FARC, dejando como saldo tres guerrilleros  dados  de  baja  pertenecientes  a  la  cuadrilla  55  de ese grupo, material de  intendencia  y  la  detención  de  una  presunta  guerrillera››4.   

El  ente  investigador,  apoyándose  en la  causal  tercera del artículo 220 de la Ley 600 de 2000, advierte que la acción  de  revisión  es procedente: ‹‹Cuando después de  la   sentencia  condenatoria  aparezcan  hechos  nuevos  o  surjan  pruebas,  no  conocidas  al tiempo de los debates, que establezcan la inocencia del condenado,  o  su  inimputabilidad.››.  Teniendo en cuenta lo  anterior,  la  Fiscalía  considera  que  en  el  presente  asunto  existe tanto  ‹‹prueba  nueva›› como ‹‹hecho nuevo››; la primera, fundamentada  en  que  para  la  fecha  en la que se decidió el asunto en primer grado (13 de  octubre  de  2005),  ya  existía una indagatoria realizada por Audonina Delgado  Vergara  del 29 de abril de 2004 en el despacho de la Fiscalía Cuarta Seccional  de  Fusagasugá,  donde  se afirmaba que las muertes no habían sido producto de  un  enfrentamiento  con las FARC, prueba que no fue incorporada al proceso y que  originó la decisión que hoy se solicita revisar.   

Respecto  del  hecho  nuevo,  la  Fiscalía  refiere  la  declaración  jurada  de  Audonina Delgado Vergara, rendida el 2 de  diciembre  de 2013 ante  el despacho de la Fiscalía 50 Especializada de la  Unidad  Nacional de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario, según  la   cual,   los   homicidios  por  los  cuales  se  decretó  la  cesación  de  procedimiento  no  fueron  producto  de  un enfrentamiento militar con las FARC,  sino  que  se  causaron  en un ataque que de manera indiscriminada iniciaron los  hombres   que   comandaba   el   Teniente   HUGO   CAMELO  SANDOVAL  contra  los  occisos.   

De esta forma, considera la Fiscalía que el  aporte  ex  novo  de  este  medio  de  prueba y de la declaración jurada, podría modificar sustancialmente  el  juicio  realizado  por  el  Juzgado  96  de  Instrucción Penal Militar y el  Tribunal  del  mismo  orden,  pasando  de  ser una supuesta acción legitima por  parte  del  Ejército  para  convertirse en una operación delictual que atentó  contra los derechos humanos y el derecho internacional humanitario.   

CONSIDERACIONES  

De  acuerdo  con lo dispuesto en el numeral  2°  del  artículo  75  de la Ley 600 de 2000, la Sala de Casación Penal de la  Corte  Suprema  de  Justicia  es  competente para conocer la presente acción de  revisión,  dirigida contra la sentencia del 14 de febrero de 2006 proferida por  el Tribunal Superior Militar.   

Es  pertinente  advertir  que la acción de  revisión  según  lo  ha  expresado  reiteradamente  la  Corte, es un mecanismo  procesal  que tiene como finalidad alcanzar la realización de la justicia, pero  dicha  búsqueda no puede estar encaminada a revivir debates ya superados en las  etapas  precedentes  del  proceso,  ni  mucho  menos,  a desconocer el carácter  definitivo  de  los  fallos judiciales dictados para el caso en particular; sino  que  por  el contrario, su ejercicio se fundamenta en la posibilidad de levantar  los   efectos   de  cosa  juzgada  mediante  la  enunciación,  sustentación  y  demostración  de  algunas  de las causales taxativas consagradas en la ley para  tal efecto.   

         Ahora  bien,  los  requisitos  o  exigencias  establecidos  por  el  legislador  para  la  interposición  de  una  demanda  de  revisión, se hallan  contemplados  en el artículo 222 del Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de  2000),  así: ‹‹La acción se promoverá por medio  de  escrito  dirigido al funcionario competente y deberá contener: 1.  La  determinación  de la actuación  procesal  cuya  revisión  se  demanda  con  la identificación del despacho que  produjo  el  fallo.  2.  La  conducta  o  conductas  punibles  que  motivaron  la  actuación  procesal  y la  decisión.  3. La causal que  invoca  y  los  fundamentos  de hecho y de derecho en que se apoya la solicitud.  4.  La  relación  de  las  pruebas  que  se  aportan para demostrar los hechos básicos de la petición. Se  acompañará  copia  o fotocopia de la decisión de primera y segunda instancias  y  constancia de su ejecutoria, según el caso, proferidas en la actuación cuya  revisión      se      demanda.››;  en tal sentido, cuando el demandante no  cumple  o no satisface algunos de los requisitos exigidos e insubsanables, dará  lugar a la inadmisión  la demanda.   

          Así  mismo, es conveniente reiterar que la norma exige aportar las  constancias  de  ejecutoria de las decisiones demandadas, toda vez, que con ello  se  busca  acreditar  que  la  acción de revisión versa sobre una decisión en  firme,  es  decir,  que ha hecho tránsito a cosa juzgada. En el presente asunto  se  corrobora  que  en la documentación adjuntada a la demanda por la actora se  halla   la   mencionada   constancia   dentro   de   sus  foliaturas5.   

Procederá  entonces  la  Colegiatura a dar  respuesta al libelo.   

La  Corte iniciará por llamar la atención  de   lo   que   se   entiende   por   prueba  nueva  o  hecho  nuevo  según  su  jurisprudencia:   

‹‹Por hecho nuevo ha entendido la Corte,  y  así lo ha plasmado en numerosos pronunciamientos, todo acaecimiento o suceso  fáctico  vinculado  al  hecho  punible materia del proceso, del cual no se tuvo  conocimiento  en  ninguna  de  las  etapas  de la actuación judicial y que, por  tanto,  no pudo ser controvertido.  El concepto de prueba nueva, en cambio,  hace   relación   a  un  medio  probatorio  no  incorporado  al  proceso,  cuyo  surgimiento  tuvo  ocurrencia  después  de  él,  que  da  cuenta  de  un hecho  desconocido,  o  de  una  variante  sustancial  de  un  hecho  conocido  en  las  instancias  procesales,  cuyo aporte conduce a concluir, en un grado de certeza,  que   se   condenó   a   un   inocente   o   como   imputable  a  quien  no  lo  era››6.   

Así  las  cosas, en lo concerniente con la  invocación  de la tercera causal del artículo 220 del Código de Procedimiento  Penal,  es  obligatorio se alleguen los hechos nuevos o las pruebas no conocidas  al  momento de los debates, que permitan establecer la inocencia del condenado o  la  responsabilidad  del  absuelto. Ahora bien, la idea de prueba nueva no está  limitada  a  que  el  medio  probatorio  no figure como aportado al proceso cuya  revisión  se  pretende  o  sea  posterior a la sentencia, sino que exige que la  evidencia  presentada  como  novedosa, de haber sido conocida por el juzgador en  su  momento  lo  habría  llevado  a la absolución del procesado o a la condena  según         fuere         el         caso7.   

En el presente asunto, la Fiscalía sustenta  su  solicitud  de  revisión con fundamento en la declaración jurada brindada a  ese  organismo  el 2 de diciembre de 2013 por Audonina Delgado Vergara, quien se  hallaba  presente  durante el desarrollo de los hechos por los que fue procesado  el Teniente CAMELO SANDOVAL, en la que informa que:   

«Yo venía del Palmar bajo… yo venía con  un  ganado  y  el  Ejército  sin  mediar  palabras  comenzó  a disparar contra  nosotros,  los  niños  que venía con migo y el papá de mi hijo; los niños se  llaman  JOSÉ  ACHIPI y OSCAR MORALES CIFUENTES y mi esposo GABRIEL CABALLERO…  al  primero  que  mataron  fue  a  mi esposo a él le pegaron un tiro como en el  pecho,  el  cayó  al  piso  y  ahí  me  cogieron  a mi de cabello (sic)  y  me  hicieron bajar del caballo  donde  yo  iba montada … y yo escuchaba como una balacera como uno[s] disparos  al  aire,  y  por  allá  yo  escuchaba que JOSE ACHIPIS les imploraba que no lo  mataran  que  no les pegaran, que nosotros no debíamos nada y no hacían caso y  seguían  pegándonos, cuando ya no los volvía escuchar más; JOSÉ ACHIPIS les  imploraba  y  se  escuchaban  muchos disparos y ya yo no los volví a escuchar a  ellos  dos;  mataron  a dos niños, a JOSE ACHIPIS de 13 años y a OSCAR MORALES  CIFUENTES».   

Con base en esta declaración la Fiscalía  considera  que  existe  una  prueba  nueva  y también un hecho nuevo que no fue  conocido  por  el Juzgado de Instrucción Penal Militar a la hora de resolver el  asunto  y  que consistiría en que al parecer, los homicidios no fueron producto  de  un  combate, sino un acto doloso en el que se ejecutaron a tres personas que  tenían vínculos con las FARC.   

Adicionalmente, no se explica la razón por  la  cual la indagatoria rendida por la misma declarante dos días después de la  operación  ante  la  Fiscalía de Fusagasugá no fue incorporada al proceso, ya  que  sumada  a  la nueva declaración modificaría sustancialmente el juicio que  culminó  con  la  cesación  de  procedimiento  a  favor  del  teniente  CAMELO  SANDOVAL.   

Pues bien, le corresponde a la Sala examinar  la  potencialidad  que  tienen  los  aducidos  hechos  y  pruebas  nuevas por la  Fiscalía  para derruir la decisión del Tribunal Superior Militar, no sin antes  indicar  que  no se tiene certeza a cerca de que la injurada de Audonina Delgado  Vergara  no  haya  sido  considerada  por  el  citado  Tribunal, pues si bien su  recepción  tuvo  lugar  ante la Fiscalía, el Tribunal Superior Militar afirmó  en su decisión que:   

‹‹Estos  tres  individuos dados de baja  eran  pertenecientes  al  frente  55  de  las  FARC,  situación  ésta más que  comprobada  dentro  del  plenario  con las declaraciones de la señora DOMITILIA  LOPEZ  LÓPEZ  y  su esposo MIGUEL ANTONIO REY NAVARRO quien tiempo de rendir su  testimonio    fuera    asesinado   (sic),  además  de  encontrar  lo dicho por la señora AUDONINA DELGADO  VERGARA  quien  fuese  capturada  momentos  después  del enfrentamiento y quien  igualmente  llevó  a  los  uniformados  hasta  una  casa  donde  se incautó un  material  de  guerra,  radios  de  comunicación  y un cuaderno con información  clasificada››8.   

Ahora bien, pese a falta de certeza en este  aspecto,  la  Sala  realizará  el  examen  de  la  potencialidad  que  tanto la  indagatoria  como  la  posterior  declaración  de  DELGADO  VERGARA tienen para  socavar  las  bases  de  la  decisión proferida por la Justicia Penal Militar a  favor del Teniente CAMELO SANDOVAL.   

Un  primer aspecto de análisis consiste en  considerar  que la injurada fue rendida ante la Fiscalía el día 29 de abril de  2004,  vale  decir, tres días después de los hechos -26 del mismo mes y año-,  momento  para  el que el recuerdo de lo sucedido debió estar muy presente en la  memoria,  lo  que  sumado al  sentimiento producto del injusto homicidio de  su  esposo  debió  conllevar  a  la declarante a endilgar, sin vacilaciones, la  responsabilidad a quienes le causaron la muerte.   

En aquella oportunidad, la declarante expuso  que  el  día de los hechos Gabriel Caballero alias «Ernesto» llegó a su casa  para  pernoctar  esa noche allí y que al día siguiente madrugó y regresó con  dos  muchachos  y  mandó  a  llamar  a  otros  dos, entre estos a Oscar Eduardo  Cifuentes  y a un menor de edad de nombre José cuyo apellido desconocía; y que  a   las   cuatro   de   la   mañana   envió   a   dos  de  ellos  «para      abajo      no      se      a      que      (sic)».   Relata  que ella debía irse al sitio denominado El Confín a llevar el ganado y  que  Ernesto  le  dijo que él tenía que irse para La Totuma, a encontrarse con  un    sujeto    de    nombre   «Bairo»  y  que  después  había  mandado  a  José  y  a  Oscar adelante  entregándole  Gabriel  un  arma  a  Oscar  y  «otro  aparato        como        un        celular»9,  que   luego  de  una  hora  de  recorrido  de  ella10,  Gabriel  la alcanzó y que  durante      el      trayecto,     cada     hora11   éste   se   comunicaba  permanentemente  con  alguien  que  ella  no  sabía12.   

Seguidamente indica que ella se sintió mal  y  que  él  le  dijo  que tenía que seguir, que se montara al caballo y que le  ayudó   a   llevar   las   vacas,   dando   como   cuatro   pasos   más  y  le  dispararon13      y     sintiéndose     herido14         «me cogió a mí como rehén, me tumbó  del  caballo  y  bregaba a  sacar  la  pistola  para  disparar  y  otro  soldado  le  pegó  un  tiro  en el  brazo   y  Gabriel  salió a correr y  el  soldado  me  protegió,  me  agarró  y  m  dijo  que traía  (sic)  y  me esculcaron el  bolso  que  traía  me  encontraron  los  amarros  y la droga de las vacas y una  chaqueta   de   color   Azul   nada   más   y   ahí  lo  mataron»15.  (Negrita fuera de texto original).   

También  afirmó que Gabriel y ella fueron  novios  desde  1994,  que  quedó  embarazada  y que en noviembre de 1998 estuvo  preso  en  la  Modelo  y  luego en La Picota, de donde se fugó en junio sin que  recuerde  el  año.   Que  ella  inició  otra  relación con otra persona,  razón por la que él la amenazaba con frecuencia.   

Anotó  además  que  el 10 de enero de ese  año  -2004-  los  presidentes de la Junta de El Palmar Bajo y toda la comunidad  estaban  reunidos  cuando  llegaron Ernesto, Álvaro16  y  Cristóbal, luego de lo  cual  Ernesto  le  dijo  que  él  era  guerrillero17.   

Posteriormente  refiriéndose nuevamente al  día  de  los  hechos  sostuvo  que  el llegó con dos  muchachos  más y mandó a llamar a OSCAR y JOSÉ que tenía como trece o quince  años,  el  estaba llevando frijol a la base del Ejército LAS AGUILAS, llegó y  habló  con  él,  que  acompañara  a  OSCAR  a La TOTUMA y dijo que iba y  salieron  como  a las cuatro de la mañana, y es cuando llega el Ejército y los  mató,  primero  cogió  a  OSCAR  y  después a JOSE, sonó bala y yo no había  escuchado  ni  nada  una hora antes de que yo llegara y ahí íbamos con Ernesto  cuando           le           dispararon»18,        y  al  preguntársele  si  observó que hubiera enfrentamiento  militar  sostuvo:  «pues  lo que yo vi fue cuando le  dispararon  a ERNESTO no más sonaba bala por todo lado pero no se»19  y    posteriormente    afirma    que   Ernesto  iba de civil, llevaba una pañoleta camuflada y llevaba un  arma     al     cinto     y     unas     como     de     celular    (sic),  y  el en la casa dejo un bolso y  yo   le   dije  a  lso  soldados  (sic)  que  en  la casa había dejado un bolso que no sabía que tendría,  era  como  verde,  los  otros  también iban de civil OSCAR llevaba un arma y un  coso  como un celular, JOSE si no levaba nada (sic); y  cuando  le  preguntan  si  ella  pertenecía  a  las  Farc responde «…  si  yo  hubiera  sido  de  ellos no les hubiera dicho lo del  Bolso  y  al  otro día ellos fueron a la casa y trajeron el bolso y ahí había  el  radio  yo  les  di  las  indicaciones  de  donde  era… la única relación  desafortunada   es   que   el   era  el  padre  de  mi  hijo   (sic)  y  ese  día  llegó y como ellos  llegaron  armados  a  la  casa  me  tocó  por miedo dejarlos quedar en la casa,  nosotros  con  ERNESTO  ya  no  teníamos  ninguna relación  yo tengo otro  muchacho                    …»20.        Finalmente,  cuando  le  solicitaron reconocer los elementos que se  le  pusieron  de  presente  manifestó: «El cosito de  cuero  si lo tenían los soldados se lo quitaron a ERNESTO, una de esas pistolas  la  tenía  ERNESTO  y  la  otra OSCAR, son parecidas no se si seas (sic) esas»21.   

Salta   a   la  vista,  que  según  esta  declaración  Gabriel  Caballero alias Ernesto, era un reconocido guerrillero de  la  zona,  que en el desarrollo de los hechos  primero se produjo la muerte  de  Oscar  Eduardo  Cifuentes y de José Achipis y luego la de Gabriel Caballero  cuando  él  alcanzó  a la declarante y la tomó de rehén; que Oscar y Gabriel  Caballero  estaban  armados,  que Gabriel estuvo permanentemente hablando por un  radio  y  que  Oscar  Cifuentes, quien estaba con José y previamente se habían  reunido  en  la  casa  con  otro  grupo  de hombres armados, también portaba un  radio.   

No  existe  en  esta  versión  explícita  exclusión  por  parte  de  la  testigo,  de  la posibilidad de la existencia de  combate,  y se advierte que la declarante no conoció las condiciones en las que  se produjo la muerte de Oscar Cifuentes y José Achipiz.   

Esta  declaración,  brindada  por Audonina  Delgado  en  días inmediatamente posteriores a los hechos -29 de abril de 2004-  debe  ser  analizada  y  confrontada  a  fin de determinar su univocidad, con la  posterior declaración de 2 de diciembre de 2013 en la que sostuvo:   

«yo venía con un ganado y el Ejército sin  mediar    palabra    comenzó   a   disparar   contra   nosotros,   los  niños  que  venían  conmigo  y el  papá  de  mi  hijo;  los niños se llaman JOSE ACHIPI y OSCAR MORALES CIFUENTES  (sic), y mi esposo GABRIEL  CABALLERO,  yo había comprado una finca en el Palmar y venía para la feria del  Plan  de  Sumapaz  con un ganado y pues ahí el ejército nos cogió, al primero  que  mataron  fue  a  mi  esposo,  a él le pegaron un tiro como en el pecho, el  cayó  en  el piso y pues ahí me cogieron a mí del cabello y me hicieron bajar  del caballo».   

Como  puede  observarse,  la  testigo  se  retracta  de su primera declaración en cuanto a que: (i) Gabriel Caballero deja  de  ser  una  persona con quien tuvo en el pasado una relación a quien no veía  desde     el     26     de    junio    de    200322,  del  que  no  sabía nada  desde  que  en  1998  estuvo  preso  en  la  Modelo23  y  quien  la  buscaba para  matarla24  porque había iniciado una relación con otra persona25, para pasar  a  ser  su esposo con quien convivía desde 1996; (ii) en su nueva versión ella  no      iba      sola      con     el     ganado26  sino  en compañía de dos  niños  a  quienes identifica perfectamente a cuyos padres había pedido permiso  para  que  se  los  prestara  para  llevar el ganado27, (iii) su destino ya no era  El   Confín28  sino  una  feria  en  el  Plan  de  Sumapaz; (iv) omite cualquier  referencia  a  la  reunión  que  Gabriel Caballero sostuvo en la mañana de los  hechos        con        hombres       armados29;  (v)  prescinde de afirmar  que  Oscar Eduardo Cifuentes y José Achipis llevaban consigo un arma y un radio  de  comunicaciones  (vi)  muta la versión de haber salido de su casa sola y una  hora  después  alcanzada  por  Gabriel, quien en esta nueva versión sale de la  casa  con  ella  y  los niños; (vii) omite cualquier tipo de referencia a haber  escuchado  una  balacera en el momento de los hechos30;  (viii)  Gabriel Caballero  jamás       la      toma      como      rehén31  sino que va con ella y los  niños       camino       a       la      feria32   (ix)  los  soldados  del  ejército      ya      no      la      protegen33  sino  que  la  tumban  del  caballo,  la  halan  del  cabello,  la  golpean,  la  hacen desvertir y volver a  vestirse34;  (x)  en  su segunda declaración escucha a los niños, que no la  acompañaban     en     la    primera    versión35,    suplicar    por    su  vida36;  (xi)  reemplaza el conocimiento que tenía acerca de que Ernesto  pertenecía  a la guerrilla, pues esta vez es el Ejército quien le da a conocer  que  su  esposo  es  conocido  con  ese  alias y con el de «GURRE»37;  (xii) es  el  Ejército  quien  le  dice  que  Gabriel Caballero se fugó de la cárcel La  Picota38;  (xiii) silencia que Gabriel Caballero le dijo en su casa que él  era                    guerrillero39   y   que   la   amenazaba  permanentemente   de   llevarse   a   su   hijo  para  la  guerrilla40;   (xiv)  suprime  haberle  indicado  al  Ejército  que  en  su casa habían elementos de  guerra    tales    como    un    bolso    en    que   hallaron   un   radio   de  comunicaciones41,  pues  en esta oportunidad  Gabriel  Caballero  nunca  llevó  nada  a su morada42;  (xv)  excluye que Gabriel  Caballero  tuviera conocimiento  de armas o elementos de guerra43,  mientras  que   acorde   con  su  injurada  portaba  un  arma44,  le suministró a Oscar la  que  le  encontraron,  al igual que un aparato parecido a un celular45;  (xvi) la  balacera  que escuchó lo fue de disparos al aire, al lado de la montaña porque  solo  estaban  ellos  (xvii) la ropa con la que vestía Gabriel Caballero fueron  diferentes   a   las   de   su   primera   versión46.   

Estas  contradicciones  le restan la fuerza  demostrativa  necesaria  para  desvirtuar la decisión tomada en las instancias,  en  las que los jueces de primer y segundo grado apoyados en los testimonios del  Teniente  HUGO  CAMELO  SANDOVAL, Miguel Rey Navarro, Domitila López López; la  indagatoria  del  Teniente  CAMELO  SANDOVAL; pruebas documentales tales como la  orden  de operaciones Nº 027 del 25 de abril de 2004 que no fue desvirtuada, el  informe   de   operaciones   «Yahve»   de  27  de  abril  de  200447 y el oficio  Nº    196    de    27    de    abril    de   200448   mediante  el  que se  puso  a disposición de la Fiscalía los cadáveres de los occisos, a la persona  aprehendida  y el material incautado; las pruebas periciales como la inspección  judicial  al  material  de  guerra  e intendencia que se incautó a los dados de  baja49;  determinaron  que  el  Teniente  HUGO CAMELO y su pelotón de la  Compañía  A  del  Batallón  de  Alta  Montaña, actuaron bajo el amparo de la  causal de ausencia de responsabilidad.   

Así,   se  advierte  que la decisión  cuestionada  no  se  basó  acudiendo  tan  sólo a la declaración del teniente  CAMELO  SANDOVAL  como  lo  afirma  el  actora, sino que se tuvo en cuenta otros  elementos de convicción para proferir la decisión.   

Adicionalmente,   se   debe  destacar  la  coherencia  en el contenido de las declaraciones ofrecidas por los militares que  participaron en los hechos.  Obsérvese:   

En  la diligencia de ampliación de informe  rendida     el     3     de    mayo    de    200450,    en    diligencia   de  declaración51  surtida  ante la Fiscalía Cuarta Seccional de Fusgasugá y en su  posterior                 indagatoria52  ante  el  Juzgado  96  de  Instrucción   Penal   Militar,   el   Teniente   HUGO  CAMELO  SANDOVAL,  narra  uniformemente  que  se  hallaba  en  el  Puesto  de  Mando del Batallón de Alta  Montaña  del  Páramo  de  Sumapaz,  cuando alrededor de las 8:00 de la mañana  recibió     una     orden     de     operaciones53         «Yahve»  del  Comando  del  Batallón,  para  confirmar  una  información de presencia de guerrilleros del Frente 55 de  las   Farc54   y   que  a  las  23:00  horas  decidieron  descansar55, retomando  nuevamente    el    rumbo    a    las   4:00   a.m56.  Señala que a eso de  las              11:30              a.m.57  cuando iban desplazándose  por  la  parte  alta del sitio denominado El Confín58  escucharon  unos  disparos  que  provenían  del  monte  ante  lo  cual él les ordenó a sus hombres buscar  refugio59,   prolongándose  el  combate  de  15  a  20  minutos60,  luego de  lo  cual  les  ordenó  registrar  el  sector,  en donde el Sargento Viceprimero  Rivera  López  José  Hilario  y  el  Sargento  Segundo  Chamorro Solarte Pablo  encontraron   los   tres   cadáveres   de   miembros   del  frente  55  de  las  FARC61.   Indica  que  a  uno  de los cadáveres se le encontró una  pistola  9mm Prieto Beretta con munición para la misma, un radio marca Kenwood,  una  reata  con  un  porta  pistola; que al otro cuerpo se le halló una pistola  calibre  9  mm,  marca CZ, con munición para la misma, y al tercero un radio de  marca  Kenwood62.   Asegura  que  la  terrorista capturada les informó que su  esposo  era  guerrillero  y  que  en  la  casa  había  material de intendencia,  armamento          y          comunicaciones63.      Narra     que  posteriormente  encontraron  la  casa  abandonada  en  la que se halló un radio  marca  Kenwood  y  en  sus  alrededores,  un  fusil  marca  Galil  7.63 mm, unas  sintelitas,  unos  ponchos  y  unos  cuadernos  con  información,  lo  que  fue  informado     al     Comando     del    Batallón64.   

Igualmente   describe   los   cadáveres  encontrados  y  las  prendas  de vestir que portaban65, indicando que uno de ellos  correspondía  a  un  hombre  de  30  años que tenía un pantalón negro estilo  sudadera,  botas  de  caucho,  con una herida en el brazo y varias heridas en el  pecho  por  arma de fuego, a quien le encontraron una pistola Prieto Beretta con  dos  proveedores,  un  porta  proveedores,  un  porta  arma  de cuero y un radio  Kenwood.    Del   mismo   modo   asegura  que  al  segundo  sujeto  le  fue  hallada   una  pistola calibre 9 mm, CZ, con un proveedor y munición y, al  tercero,  un radio Kenwood dos metros; material que fue puesto a disposición de  la        Fiscalía       de       Fusagasugá66.   

Igualmente, informó respecto a la munición  que         portaba         la         tropa67,     las     condiciones  atmosféricas  y del terreno del lugar de los hechos68,   la   forma  en  que  el  pelotón  entró  en combate y cómo se vieron obligados a repeler el fuego pues  en   las   condiciones   en   que   se   hallaban   era   imposible   rehuir  el  combate69,  y que ninguno de los uniformados se atribuyó las bajas debido a  las   condiciones   en  que  éste  se  desarrolló70  y de la necesidad que hubo  de   sacar  los  cadáveres  en  helicóptero  por  razones  geográficas  y  de  seguridad71.   

Esta  versión  fue  corroborada  por  los  soldados   profesionales  Libardo  González  Ramírez,  Anderson  Antonio  Guio  Albañil,  Jhon  Frey  Martínez,  Fabio Roa Ramos, José Hilario Rivera López,  Jhon  Wilson  Vargas  Pardo,  Bernardo  Vicente  Chamorro  Solarte  –en sus dos declaraciones-72   quienes   confirmaron   unánimemente   la   hora   de   llegada   al  sitio  de  descanso73,    de    reinicio    de    labores74,     el    inicio    del  ataque75,    las    condiciones    climáticas    del    sector76,   los  militares  que hallaron los cadáveres –  Sargento  Viceprimero  José  Hilario  Rivera  López  y Sargento  Segundo       Pablo       Chamorro      Solarte77;  la dotación de armamento  de  la  tropa78,  que  ninguno  de  los  militares  se  atribuyó  la  autoría en  particular  de  alguno  de  los  homicidios porque las bajas sucedieron en fuego  cruzado79,   que   no  hubo  militares  muertos80,    la    duración   del  combate81,     las    vestimentas    de    los   cadáveres82,    el  hallazgo  del  fusil,  los  proveedores  y  el radio83,  que fue la mujer detenida  quien  les  indicó  que  en  la  casa  había  quedado  un  maletín  en el que  posteriormente    encontraron    un    equipo    de   comunicaciones84  y  que se  trataba  de  guerrilleros  del frente 55 de las FARC85.   

De esta forma, mientras que las versiones de  Audonina    Delgado    Vergara    presentan   graves   contradicciones   y   retractaciones,   las   declaraciones   de  los  militares  guardan  coherencia,  consistencia y correspondencia.   

Ahora  bien,  al  analizar  la declaración  rendida  por  Miguel  Antonio  Rey  Navarro,  valorada  por el Tribunal Superior  Militar86  en  el  presente  asunto,  se advierte que  éste ciudadano,  quien  fungió como informante del Ejército el día de los hechos, pues, según  su  relato,  al  negarse  a trabajar para las Farc, se vio compelido a abandonar  sus  tierras  y buscar protección en el Batallón de Alta Montaña, en donde le  ofrecieron  protección  y  acompañamiento  para  recuperar  los  bienes  de su  familia  a  cambio  de guiarlos hacia el lugar en donde se hallaban los miembros  del            grupo            insurgente87,  de manera coincidente con  los  miembros  del Ejército informó que luego de un día y medio de recorrido,  «… nos encontramos con los guerrillos de repente y  cuando  se dieron cuenta que era el Ejército dispararon a matar a los Soldados,  entonces  se formó la plomacera, y resultaron muertos los tres (03) guerrillos,  ahí  murieron y al otro día nos devolvimos para el Batallón, a mi me ayudaron  para  salir con toda mi familia, el Ejército fue hasta mi casa y me rescató la  familia,  porque me habían prohibido ir por ella, los guerrillos me dijeron que  no  podía sacar a nadie de la familia, se adueñaron de la finca, 40 reces y 10  mulas  (sic)»88.   

Así mismo, señaló que conocía a Gabriel  Caballero  Miranda,  alias  “Ernesto” como guerrillero, jefe de finanzas del  Frente  55  de  las  Farc,  encargado  de  llevar «la  plata,      la      medicina,     el     mercado89       …    con   los   otros   dos   que   cayeron  …  que  siempre  lo  acompañaban        a        donde       fuera90»        y  que  «el  día que lo mataron en esa  plomacera  iba  vestido  de  civil,  a la mujer Audonina Delgado ella estuvo ese  día  en  el  combate,  pero  se  quedó  quieta  y  la capturaron»91.   

Respecto   de   Oscar  Eduardo  Cifuentes  Guerrero,  informó  que  llevaba  unos  3  años  de ser guerrillero y de José  Joaquín  Achipis, reportó que tenía unos 8 meses de haber integrado las filas  subversivas   y   que   su   papá   también   fue   guerrillero   durante   18  años92.   

Al  ser  interrogado  por  las causas de la  muerte  de  estas  personas  «los mataron por echarle  bala  a la Tropa, es que tan pronto vieron la Tropa se pusieron a echarle bala y  la  Tropa  también les echó bala, es que ellos están acostumbrados a hacer lo  que  se  les  da  la  gana  porque  nadie  los molesta, allá no hay policía ni  Ejército,          solo         guerrilla»93.   

Y  ante  la  pregunta  de  quienes  son los  responsables    de   las   muertes  de  los  tres  presuntos  guerrilleros,  contestó:  «Pues  ellos  mismos  quien  los manda a  dispararles  al  Ejército,  si  uno  le  dispara  al  Ejército se atiene a las  consecuencias».   

De igual modo, consta en las diligencias la  declaración       de       Domitila       López       López      –también     valorada    por    el  Tribunal94,   esposa   de  Miguel  Antonio  Rey  Navarro,  quien  además  de  corroborar  sus  aserciones,  informa que después del rescate de su familia, el  batallón  les  tuvo  que  brindar  protección  y  que  una vez fue retirada la  guerrilla  mató  a  su  esposo  en  su  presencia  y  de  la de su hija de diez  años95.   

Respecto  al  conocimiento de quién dio de  baja    a    los    tres   presuntos   guerrilleros,   manifestó   «Pues  el Ejército, el “Gurre” se le enfrentó al Ejército y  en  el  enfrentamiento  los  mataron».  También  adujo  respecto  a  los  otros  dos  occisos que «…  andaban  armados  como  guerrilleros  y  le  trabajaban al “Gurre” en lo que  fuera  ayudando  a  matar,  a  extorsionar,  a boletiar, a robar ganado, ya eran  prácticamente  como de las Farc; la mujer Audonina era la mujer del “Gurre”  …  les  hacía  de comer a los guerrilleros, le hacía mandados al “Gurre”  les    llevaba   de   todo,   armas,   pertrechos,   informaciones,   comida   y  drogas»96.   

De  acuerdo  con  estas  afirmaciones,  la  presencia  de Miguel Antonio Rey Navarro en los hechos efectivamente tuvo lugar,  al  igual que las razones y en las condiciones en las que se produjo y pagó con  su propia vida por ello.   

En estas condiciones, advierte la Sala que  las  muertes  que se produjeron el día de los hechos se suscitaron con ocasión  a  la  confrontación  que  tuvo  lugar  cuando,  en desarrollo de la operación  «Yahve»  los  hombres  del  Ejército  al  mando del Teniente CAMELO SANDOVAL,  fueron  atacados  por miembros del 55 Frente de las Farc, en desarrollo del cual  se  produjo  el  deceso  de  Gabriel  Caballero, Oscar Eduardo Cifuentes y José  Achipis.   

Considérese, que de no haber sido así, no  habría  razón  para que no se le diera muerte a Audonina Delgado Vergara, pues  bien  hubiera podido reportarse como una insurgente más, pero contrario a ello,  el  Ejército  la  protegió y la puso a disposición de la autoridad competente  para que investigara su actuación.   

Adicionalmente, es importante resaltar que  se  corroboró  la  existencia  de la Orden de Operaciones «Yahve»97  de  25 de  abril  de  2004,  suscrita  por  el Teniente Coronel Carlos Iván Romero García  y   por  el  Mayor Wilmar Buitrago Sánchez,  donde se da cuenta de la  información  de  inteligencia que permitió establecer la presencia de personas  pertenecientes  al  Frente  55  de  las  Farc  y  en  concreto  de alias Álvaro  –la misma persona con la  que  Audonina Delgado Vergara afirmó que Gabriel Caballero llegó a la reunión  de  la  comunidad  y  el  mismo  que  Domitila López López señaló como estar  operando          en         la         zona98- y quien era el responsable  del  anillo  de  seguridad  del  Frente  y  de  alias Ernesto y otro NN. quienes  tenían  la  misión  de  transportar  los  víveres  o  dineros  ilícitos a la  organización.   

Del   mismo  modo,  se  destaca  que  el  experticio   técnico  realizado  a  las  armas  incautadas  a  los  interfectos  concluyó  que éstas tenían un adecuado funcionamiento  y sincronización  y   que   eran   aptas   para   el   fin  fabricado99.   

En  conclusión,  la nueva declaración de  Audonina  Delgado  Vergara  no  resulta  suficiente  ni  idónea para derruir la  decisión  de  cesación  de procedimiento proferida por el Tribunal,  pues  emergen  de ella múltiples contradicciones y retractaciones, respecto a las que  la jurisprudencia de la Sala ha considerado que:   

‹‹No    obstante,    la  retractación  del  testigo  no puede recibir el tratamiento de  prueba  nueva,  pues  lo  único  que se pretende con  ella,  como  lo  ha  reconocido  la  Sala,  es  afectar la credibilidad que a su  exposición  se  le  dio  en  el  fallo,  tema  que,  desde  luego, no puede ser  examinado   de   nuevo   ni   aun  en  revisión…100   

Sobre el tópico, así reiteró la Sala en  anterior oportunidad:   

[…]  

Tiempo  atrás  había  señalado  que  la  acción  de  revisión  no  es  procedente “por la sola retractación de uno o  varios  deponentes,  pues  no se sabe dónde está la verdad, por tanto el fallo  permanece  con  la  doble  presunción  de  acierto  y legalidad. Cuando se haya  determinado,   sin  vacilaciones,  quién  mintió  en  el  proceso,  siendo  la  respectiva  declaración  sustancial  en  orden  al  fallo, entonces sí habría  lugar al trámite de la acción.   

Y  no  es  la  acción  de  revisión  el  escenario  propicio para establecer en cuál de las dos declaraciones mintió la  testigo,  pues  ante un fallo ejecutoriado, donde sus declaraciones han superado  la  presunción de certeza y legalidad para ser reconocidas por la sociedad como  verdades  inmutables,  sólo valdrá esa retractación  cuando  se  haya  determinado  por  decisión  judicial en firme, que el testigo  mintió  en  el  proceso,  y en tal evento ya no se estaría en presencia de una  prueba  nueva,  sino  de una prueba falsa, sobre la que se fundamentó el fallo,  caso   en   el  cual  es  otra  la  causal  por  la  que  debe  intentarse  esta  acción101.››   

Con el mismo sentido, la Corporación viene  sosteniendo que:   

«La Sala ha afirmado de manera uniforme, y  ahora  lo  reitera,  que  no  es  viable  procurar la revisión de una sentencia  ejecutoriada  con  la  sola  retractación  de  uno  o  de varios deponentes. Al  respecto ha señalado:   

“No  se  le da trámite a una acción de  REVISIÓN,  por  el  solo  hecho  de  la  retractación  de  uno o varios de los  testimonios  vertidos  en  el proceso comoquiera que no existe certidumbre sobre  en  dónde  fue  que  el  declarante respetó la verdad, continuando el fallo en  consecuencia,  en  posición  privilegiada por la dobla presunción de acierto y  legalidad    con    lo   que   está   amparado”102.   

          (…)   

En   efecto,  frente  a  dos  posiciones  antagónicas  -la  inicial  refiere que “A” es culpable del hecho “X”, y  luego  una  segunda  que  indica  que “A” no es culpable del hecho “X”-,  expresadas  por  una  misma persona, bajo similares formalidades, es dificultoso  determinar en cuál de ellas el deponente ha dicho la verdad.   

La doble presunción de acierto y legalidad  que  pesa  sobre una sentencia, no puede ser desconocida bajo meras suposiciones  o  cambios  de  criterio de alguno de los declarantes. Sólo podría tener lugar  la  revisión  cuando luego de un amplio debate jurídico probatorio y dentro de  un  proceso legalmente adelantado, se establezca sin ambages y con una decisión  definitiva,    debidamente    ejecutoriada,    que   se   incurrió   en   falso  testimonio.   

Por   consiguiente,   admitir   que   la  retractación  pueda  ser  considerada como hecho o prueba nueva, sería atentar  contra  la  seguridad  jurídica  en  cuanto la fuerza de la cosa juzgada de una  decisión  quedaría  al  arbitrio  del  querer  de una persona, de su estado de  ánimo    o    de    su    cambio   de   parecer»103.   

Significa  lo  anterior, que la acción de  revisión            no  es  el  escenario procesal destinado para discernir en cuál de  las  dos  versiones  la  testigo  mintió  o  dijo la verdad, pues ante un fallo  ejecutoriado,  donde  sus declaraciones han superado la presunción de certeza y  legalidad  para  ser reconocidas por la sociedad como verdades inmutables.   Admitir  lo  contrario,  sería  dejar la seguridad jurídica al capricho de una  persona,  lo  cual pugna con el carácter de cosa juzgada de la decisión que se  pretende revocar.   

Lo  cierto  es  que  en  este asunto no se  acreditó  que  en el proceso seguido contra el Teniente HUGO CAMELO SANDOVAL el  Estado  hubiera  incumplido protuberantemente su obligación de investigar seria  e imparcialmente los hechos.   

Adicionalmente,  es  necesario  tener  en  consideración  que  la  causal  tercera de revisión,  invocada  por  la  demandante  y estipulada en el artículo 220 de la Ley 600 de  2000,   fue   interpretada   de   manera   amplia  y  condicionada  por la Corte Constitucional en sentencia C-004 de 2003104,  en  la  que  se  declaró  su exequibilidad para los supuestos  de  preclusión  de  la  investigación,  cesación de procedimiento y sentencia  absolutoria,  con el fin de garantizar a las victimas  los derechos a la verdad, justicia y reparación, señalando que:   

‹‹La  acción  de  revisión  por esta  causal  también  procede  en  los  casos  de  preclusión de la investigación,  cesación  de  procedimiento  y sentencia absolutoria, siempre y cuando se trate  de   violaciones   de   derechos   humanos  o  infracciones  graves  al  derecho  internacional   humanitario,   y  un  pronunciamiento  judicial    interno,   o  una  decisión  de  una  instancia  internacional  de  supervisión  y  control  de  derechos humanos, aceptada formalmente por nuestro  país,  haya constatado la existencia del hecho nuevo o de la prueba no conocida  al  tiempo  de  los  debates. Igualmente, […], procede la acción de revisión   contra  la  preclusión de la investigación, la cesación de procedimiento y la  sentencia  absolutoria,  en  procesos  por  violaciones  de  derechos  humanos o  infracciones  graves  al derecho internacional humanitario, incluso si no existe  un  hecho  nuevo o una prueba no conocida al tiempo de los debates, siempre  y  cuando una decisión judicial  interna  o  una  decisión  de  una  instancia  internacional  de supervisión y  control  de  derechos humanos, aceptada formalmente por nuestro país, constaten  un  incumplimiento  protuberante  de  las  obligaciones del Estado colombiano de  investigar  en  forma seria e imparcial las mencionadas violaciones.››  (Negrita  y  subraya  fuera  del  texto original)   

En  desarrollo de la anterior decisión de  la  Corte  Constitucional,  la  jurisprudencia  de  la  Sala ha establecido unos  requerimientos  indispensables  para  su  procedencia,  según  los cuales, para  dejar  si  valor  una  decisión  de  preclusión  de  investigación,  cesación de procedimiento o sentencia absolutoria es necesario probar:   

‹‹a. Que se trate de un fallo absolutorio,  de cesación de procedimiento o preclusión de la investigación;   

b.  Que  las  conductas   constituyan   infracción  a  los  derechos  humanos  o  al  DIH;  y   

c. Que por medio  de  [pronunciamiento judicial interno o] decisión  de  órgano internacional de control de derechos humanos  reconocido  por  Colombia,  se  constate  el  incumplimiento de las obligaciones  Estatales  en  la  investigación  de  forma  seria e imparcial de las conductas  lesivas   de  derechos  humanos  y  del  DIH.››105   

En  relación con el primer requerimiento,  no  hay  dificultad puesto que es clara la cesación de procedimiento emitida en  primer nivel y confirmada por el Tribunal castrense.   

En  lo  que  hace  referencia  al  segundo  requisito,  teniendo  en  cuenta  que  por  violación a los derechos humanos se  entiende  ‹‹toda  conducta  positiva  o  negativa  mediante  la cual un agente directo o indirecto del Estado vulnera, en cualquier  persona  y en cualquier tiempo, uno de los derechos enunciados y reconocidos por  los  instrumentos  que  conforman  el  Derecho  Internacional  de  los  Derechos  Humanos››106;  para  el caso concreto,  estaríamos   ante   una   violación   de   la   naturaleza  requerida  por  la  jurisprudencia,  pues  se  aduce  que  las  acciones  realizadas  por el Segundo  Pelotón  de  la  Compañía  A  que  causaron  la  muerte  de Gabriel Caballero  Caballero,  Oscar  Eduardo  Cifuentes Guerrero y José Joaquín Hachipiz Pabón,  tuvieron ocurrencia fuera de combate.   

Sin  embargo,  respecto  de  la  última  exigencia,    vale   aclarar   que   una   decisión  judicial  interna o de una instancia internacional de  supervisión  de  derechos  humanos,  es  el  elemento  idóneo  que constata la  omisión  del  deber  estatal  de impartir justicia y el que justifica dejar sin  efecto  la  cesación  de procedimiento que había formalmente hecho tránsito a  cosa  juzgada,  pues  pone  en  evidencia  que  la  cosa juzgada en realidad era  aparente.   

Advierte  la  Sala  que  en el asunto bajo  examen  no  existe  decisión o pronunciamiento judicial alguno, ya sea de orden  nacional  o  internacional sobre la existencia del hecho nuevo o prueba nueva no  conocida  al tiempo de los debates o sobre el incumplimiento protuberante de las  obligaciones  del  Estado  de investigar seria e imparcialmente las violaciones,  tal  como  la  jurisprudencia lo requiere, ya que si bien, la Fiscal 50 aduce el  acatamiento     de     dicho    requisito    basada    en    que    ‹‹media  una  orden  del Fiscal General de la Nación como jefe  supremo  del  aparato  de  investigación  criminal del Estado, en la que ordena  promover  acción  de  revisión  en este caso, al advertirse, un incumplimiento  protuberante  del  Estado  colombiano para investigar de forma seria e imparcial  la    violación    de    estos    derechos››107, la misma no satisface la  exigencia  jurisprudencial para la procedencia de la acción de revisión por la  circunstancia  de  cesación  de  procedimiento,  puesto que se trata de un acto  administrativo  mediante  el  cual  el  Fiscal  General  de la Nación designa a  varios  Fiscales para presentar demandas de revisión ante esta Colegiatura, mas  no   constituye  un  pronunciamiento  de  fondo  de  un  asunto  sometido  a  su  conocimiento.   

Por   tal  motivo,  vale  decir  que  la  resolución  emitida  por  la Fiscalía no ostenta el carácter requerido por la  jurisprudencia  pues  no  contiene  los  aspectos  de orden factico, jurídico y  probatorio,  que le permiten determinar con carácter decisorio la existencia de  un   hecho  nuevo  o  prueba  nueva  no  conocida  al  tiempo  de  los  debates.   

Así, un pronunciamiento judicial interno o  una  decisión  de  instancia internacional no puede de ningún modo asimilarse,  tal  como  lo  pretende la recurrente, a una resolución administrativa expedida  por  el  Fiscal  General  de la Nación. Por tal motivo, no se estima acreditado  éste    último    requisito   para   la   prosperidad   de   la   demanda   de  revisión.   

Teniendo  en  cuenta  todo  lo  anterior,  resulta  improcedente  la  admisión  del libelo por la causal aducida, toda vez  que  se  evidencia el incumplimiento de los presupuestos que impone constatar la  causal invocada conforme lo ha precisado la jurisprudencia.   

         

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, administrando justicia en nombre de la  República de Colombia y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

INADMITIR  la  demanda  de  revisión  presentada  por  la Fiscal 50 Especializada de la Unidad  Nacional   de   Derechos   Humanos   y   Derecho  Internacional  Humanitario  de  Bogotá.   

Contra esta decisión procede el recurso de  reposición.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Folio 216 del cuaderno de revisión.   

2 Cfr.  Folio 194 del cuaderno de revisión.   

3 Cfr.  Folio 216 del cuaderno de revisión.   

4 Cfr.  Folio 8 del cuaderno de la Corte.   

5 Cfr.  Folio 221 reverso del cuaderno de revisión.   

6 Cfr.  CSJ. AP. de 07 de julio de 2006, Rad. 24725.   

7 Cfr.  CSJ. AP903-2015 de 7 de julio de 2006, Rad. 45319.   

8 Cfr.  Folio 219 del cuaderno de revisión.   

9 Cfr.  Folio  25,  líneas  11  y  12,  del cuaderno de Informe de la Policía judicial   

10 Cfr.  Ibídem,   línea   13.   

11  Cfr,   Ibídem,   línea  15.   

12  Cfr. Ídem.   

13  Cfr. Ibídem, línea 16   

14  Cfr. Idem.   

15  Cfr. Folio 25 del cuaderno de informe de la Policía Judicial.   

16  Cfr. ídem, línea 9.   

17  Cfr. Folio 26, línea 12, ibídem.   

18  Cfr. Folio 26 ibídem.   

19  Cfr. Ídem.   

20  Cfr. Ídem.   

21  Cfr. Folio 27 ibídem.   

22  Cfr. Folio 25 línea 38.   

23 Y  hasta  el 12 de marzo de 2004, cfr. folio 25 del cuaderno de informe de Policía  Judicial, línea 29.   

24  Cfr.   Folio   25   línea   32   ibídem.   

25  Cfr.  Ibídem,  línea 31 y  32.   

26  Cfr.   Ibídem   ,línea  13.   

27  Cfr.  ibídem,  folio 250,  línea 13.   

28  Cfr.   ibídem,   línea  8.   

29  Cfr.    Ibídem,   folio  26,    líneas   7   a  10.   

30  Cfr.   Ibídem,   línea  27.   

31  Cfr.    Ibídem   línea  20.   

32  Cfr.    Ibídem,   folio  249.   

33 Cr.  Ibídem     línea  22.   

34  Cfr.  Folio 249 del cuaderno del proceso, línea final y folio 250, ibídem,  línea 1.   

35  Según  la  injurada Audonina Delgado Vergara había salido sola en su caballo y  llevaba    como    una    hora   de   recorrido   cuando   fue   alcanzada   por  Gabriel.   

36  Cfr. Folio 250 del cuaderno del proceso, líneas 6 y 7.   

37  Cfr.   Ibídem,   línea  48.   

38  Cfr. Ídem.   

39  Cfr.    Ibídem,   folio  26, línea 12.   

40  Cfr. Folio 28 del informe de Policía Judicial, línea 37.   

41  Cfr.  Ibídem líneas 37 y  38.   

42  Cfr. Folio 252 del cuaderno del proceso, línea 20 y 21.   

43  Cfr.  Ibídem,  folio 251,  líneas 5 y 6.   

44  Cfr.  Folio  25  del  cuaderno  de  informe  de  la  Policía  Judicial,  línea  21.   

45  Cfr.  Ibídem líneas 11 y  12.   

46  Cfr.  Folio  26 del cuaderno de informe a la Policía judicial y folio 251 y 252  del cuaderno del proceso.   

47  Cfr. Folio 20 y siguientes del cuaderno del proceso.   

48  Cfr. Folio 141 del cuaderno del proceso.   

49  Cfr. Folio 195 del cuaderno de revisión.   

50  Cfr. Folios 30 a 34 del cuaderno del proceso.   

51  Cfr. Folios 33 a 35 del cuaderno de informe de Policía Judicial.   

52  Cfr. Folios 133 a 138 del cuaderno del proceso.   

53  Cfr.  Ampliación  y  ratificación  de  informe  de  operaciones,  folio 31 del  cuaderno  del  proceso;  diligencia de indagatoria, folio 134 y 135 del cuaderno  del proceso.   

54  Cfr.  Ampliación  y  ratificación  del  informe  del Teniente Camelo Sandoval,  folio  31  y  32  del cuaderno del proceso; Diligencia de indagatoria, folio 135  del cuaderno del proceso   

55  Cfr.  Ampliación  y  ratificación  del  informe  del Teniente Camelo Sandoval,  folio  31 del cuaderno del proceso; Indagatoria del Teniente Hugo Hernán Camelo  Sandoval,  folio 135 del cuaderno del proceso, Libardo González Ramírez, Folio  31   del   cuaderno   del   proceso,  Anderson  Antonio  Guío  Albañil,  folio  39.   

56  Cfr.  Indagatoria  de  Hugo  Hernán Camelo Sandoval, folio 135 del cuaderno del  proceso.   

57  Cfr. Idem.   

58  Cfr. Idem.   

59  Cfr. Idem.   

60  Cfr. Idem.   

61  Cfr.  Ampliación  y  ratificación  del  informe  del Teniente Camelo Sandoval,  folio 32 del cuaderno del proceso.   

62  Cfr.  Ampliación  y  ratificación  del  informe  del Teniente Camelo Sandoval,  folio  32  del  cuaderno  del  proceso,  Indagatoria  folio 135 del cuaderno del  proceso.   

63  Cfr.  Ampliación  y  ratificación  del  informe  del Teniente Camelo Sandoval,  folio  31  del  cuaderno  del  proceso;  Indagatoria, folio 136 del cuaderno del  proceso.   

64  Cfr.  Ampliación  y  ratificación  del  informe  del Teniente Camelo Sandoval,  folio  32  del  cuaderno  del  proceso;  indagatoria, folio 136 del cuaderno del  proceso.   

65  Cfr. Indagatoria, folio 136 del cuaderno del proceso.   

66  Cfr. Indagatoria, folio 136 del cuaderno del proceso.   

67  Cfr.  Ampliación  y  ratificación  del  informe  de  Teniente Camelo Sandoval,  folios 32 y 33 del cuaderno del proceso.   

68  Cfr.  Ampliación  y  ratificación  del  informe  del Teniente Camelo Sandoval,  folio 33 del cuaderno del proceso.   

69  Cfr. Indagatoria, folio 138 del cuaderno del proceso.   

70  Cfr.  Ampliación  y  ratificación  del  informe  del teniente Camelo Sandoval,  folio 33 del cuaderno del proceso.   

71  Cfr.  Oficio  del  Teniente Coronel Leonel Alejandro Suescún Ordoñez, folio 10  del  cuaderno  de informe de Policía Judicial, declaración del Teniente Camelo  Sandoval,  folio  34 del cuaderno de informe de Policía Judicial; diligencia de  indagatoria  del  Teniente  Camelo Sandoval, folio 136 del cuaderno del proceso;  declaración  de  Bernardo  Vicente  Chamorro  Solarte,  folio  39  ibídem;   Declaración   del  Teniente  Camelo  Sandoval,  folio  31  del  cuaderno  del  proceso,  del  soldado Libardo  González    Ramírez,   folio   35   del   ibídem,  declaración  de  Jhon Fredy Martínez, folio 42 y 43  del   cuaderno   del   proceso,   Fabio   Roa   Ramos,   folio  46  ibídem;  José  Hilario  Rivera López,  folio  51  ibédem  y Jhon  Wilson  Vargas  Pardo,  folio  54  ibídem  y;  Bernardo Vicente Chamorro Solarte, folio 62 y 36 ibídem.   

72  Cfr.  Declaración  de 3 de mayo de 2004, folios 38 y 39 del cuaderno de informe  de  Policía  Judicial  y  de 7 de mayo de 2004, folios 61 a 64 del cuaderno del  proceso.   

73  Cfr.  Libardo  González  Ramírez,  folio  36;  Jhon Fredy Martínez, folio 41;  Fabio  Roa  Ramos,  folio 46; José Hilario Rivera López, folio 49; Jhon Wilson  Vargas  Pardo, folio 53; Bernardo Vicente Chamorro Solarte, declaración de 3 de  mayo  de  2004,  folio  38 de la carpeta de informe de Policía Judicial  y  declaración   de   7   de   mayo   de   2004,   folio   61   del  cuaderno  del  proceso.   

74  Cfr.  Libardo  González  Ramírez,  folio  35; Anderson Antonio Guío Albañil,  folio  38;  Jhon  Fredy  Martínez,  folio  41; Fabio Roa Ramos, folio 46; José  Hilario  Rivera  López,  folio 50; Jhon Wilson Vargas Pardo, folio 53; Bernardo  Vicente  Chamorro  Solarte,  declaración  de  3  de  mayo de 2004, folio 38 del  cuaderno  de  informe de Policía Judicial y declaración del 7 de mayo de 2004,  folio 61 del cuaderno del proceso.   

75  Cfr.  Libardo  González  Ramírez,  folio  35; Anderson Antonio Guío Albañil,  folio  38;  Fabio  Roa  Ramos,  folio 46; José Hilario Rivera López, folio 50;  Jhon Wilson Vargas Pardo, folio 53.   

76  Cfr.   Libardo   González   Ramírez,   folio   35;   Anderson   Antonio  Guío  Albañil,   folio  39;  Jhon  Fredy  Martínez,  folio 41; Fabio Roa Ramos,  folio  46;  José  Hilario  Rivera  López,  folio 51; Jhon Wilson Vargas Pardo,  folio  54; Bernardo Vicente Chamorro Solarte, declaración de 3 de mayo de 2004,  folio  38  del  cuaderno de informe de Policía Judicial y declaración del 7 de  mayo de 2004, folio 63 del cuaderno del proceso.   

77  Cfr.   Libardo  González  Ramírez,   folio  35;  Anderson  Antonio  Guío  Albañil,  folio  39; Jhon Fredy Martínez, folio 40; Fabio Roa Ramos, folio 46;  José  Hilario  Rivera  López,  folio  50;  Jhon Wilson Vargas Pardo, folio 54;  Bernardo  Vicente  Chamorro Solarte, declaración de 3 de mayo de 2004, folio 38  del  cuaderno  de  informe  de Policía Judicial y declaración del 7 de mayo de  2004, folio, 62 del cuaderno del proceso.   

78  Cfr.  Libardo  González  Ramírez,  folio  35; Anderson Antonio Guío Albañil,  folio  39;  Jhon  Fredy  Martínez,  folio  43; Fabio Roa Ramos, folio 47; José  Hilario  Rivera  López,  folio 51; Jhon Wilson Vargas Pardo, folio 54; Bernardo  Vicente  Chamorro  Solarte,  declaración  del  7  de mayo de 2004, folio 63 del  cuaderno  del  proceso;  Ampliación  del  informe del Teniente Leonel Alejandro  Suescún   Ordoñez,   folio   12   del   cuaderno   de   informe   de  Policía  Judicial.   

79  Cfr.  Libardo  González  Ramírez,  folio  37  ibídem;  Anderson Antonio Guío  Albañil,  folio  39; Jhon Fredy Martínez, folio 43; Fabio Roa Ramos, folio 47;  José  Hilario  Rivera  López,  folio  51;  Jhon Wilson Vargas Pardo, folio 55;  Bernardo  Vicente Chamorro Solarte, declaración del 7 de mayo de 2004, folio 63  del cuaderno del proceso.   

80  Cfr.  Libardo  González  Ramírez,  folio  37; Anderson Antonio Guío Albañil,  folio,  40;  Jhon  Fredy  Martínez,  folio 44; Fabio Roa Ramos, folio 48; José  Hilario Rivera López, folio 52.   

81  Cfr.  Libardo  González  Ramírez,  folio  37; Anderson Antonio Guío Albañil,  folio  40;  Jhon  Fredy  Martínez,  folio 44; Fabio Roa Ramos, folio, 48; José  Hilario  Rivera  López,  folio 50; Jhon Wilson Vargas Pardo, folio 55; Bernardo  Vicente  Chamorro  Solarte,  declaración  del  7  de mayo de 2004, folio 62 del  cuaderno del proceso.   

82  Cfr.  Anderson Antonio Guío Albañil, folio 39; Jhon Fredy Martínez, folios 42  y  43;  Fabio  Roa  Ramos, folio 46; José Hilario Rivera López, folio 50; Jhon  Wilson  Vargas  Pardo, folio 54; Bernardo Vicente Chamorro Solarte, declaración  del 7 de mayo de 2004, folio 63 del cuaderno del proceso.   

83  Cfr.  Libardo  González  Ramírez,  folio  35; Anderson Antonio Guío Albañil,  folio  39;   Jhon  Fredy  Martínez,  folio;  Fabio Roa Ramos, folio; José  Hilario  Rivera,  folio 50; Jhon Wilson Vargas Pardo, folio 54; Bernardo Vicente  Chamorro  Solarte,  declaración  de 3 de mayo de 2004, folio 39 del cuaderno de  informe  de Policía Judicial y declaración del 7 de mayo de 2004, folio 62 del  cuaderno del proceso.   

84  Cfr.   Jhon  Fredy Martínez, folio; José Hilario Rivera López, folio 52;  Bernardo  Vicente  Chamorro Solarte, declaración de 3 de mayo de 2004, folio 39  del  cuaderno  de  informe  de Policía Judicial y declaración del 7 de mayo de  2004, folio 62 del cuaderno del proceso.   

85  Libardo  González  Ramírez,  folio  37; Anderson Antonio Guío Albañil, folio  40;  Jhon  Fredy  Martínez,  folio 43; Fabio Roa Ramos, folio 47; José Hilario  Rivera  López,  folio  51; Jhon Wilson Vargas Pardo, folio 55; Bernardo Vicente  Chamorro  Solarte,  declaración  de 3 de mayo de 2004, folio 39 del cuaderno de  informe  de  Policía Judicial y declaración de 7 de mayo de 2004, folio 63 del  cuaderno del proceso.   

86  Cfr. Folio 219 del cuaderno del proceso.   

87  Cfr. Folio 128 del cuaderno del proceso.   

88  Cfr. Folios 128 y 129 del cuaderno del proceso.   

89  Cfr.      Folio      130      ibídem.   

90  Cfr. ídem.   

91  Cfr. Ídem.   

92  Cfr. Folio 129 ibídem.   

93  Cfr. Folio 130 ibídem.   

94  Cfr.      Folio      219      ibídem.   

95  Cfr.      Folio      148      ibídem.   

96  Cfr. Ídem.   

97  Cfr. Folios 72 a 75 ibídem.   

98  Cfr. Folio 149 ibídem.   

99  Cfr. Folios 186 y 187 ibídem.   

100  CSJ. AP. de 3 de julio de 2008, Rad 29792.   

101  CSJ. AP. de  mayo 4 de 2006, Rad. 25314.   

102  Providencia  del  8  de febrero de 1995 (radicado 9203), reiterada, entre otras,  en  las  del  16  de  febrero de 2005, 6 de junio de 2007 y 14 de agosto de 2007  (radicados 22.852, 27.106 y 27719, respectivamente).   

103  Cfr. CSJ. SP. de marzo 6 de 2008, Rad. 26103   

104  Sentencia de la Corte Constitucional C-004 de 20 de enero de 2003.   

105  Cfr. CSJ. SP. de octubre 31 de 2012, Rad 28476.   

106  Defensoría  del  Pueblo,  “Algunas  Precisiones  sobre  la  Violación de los  Derechos   Humanos   en   Colombia”,   Serie   Textos   de  Divulgación,  No.  2.   

107  Cfr. Folio 5 del cuaderno de la Corte.     

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