AP3345-2015(45860)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada  Ponente   

AP  – 3345 – 2015   

Radicación n° 45860  

Aprobado acta nº 212  

Bogotá,  D.C.,  diecisiete (17) de junio de  dos mil quince (2015)   

VISTOS:  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  requisitos  formales  que condicionan su admisión, bajo la ritualidad de la Ley  600  de 2000, examina la Sala la demanda de casación presentada por el defensor  de  HEBBEL  GONZÁLEZ  RONDÓN  en  contra  de la sentencia de segunda instancia  proferida  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Ibagué,  el  26  de  noviembre  de  2014,  mediante  la cual confirmó el fallo  emitido  por  el  Juzgado  7°  Penal  del  Circuito  Adjunto  con  funciones de  conocimiento  de  esa  ciudad,  emitido  el  30  de enero de 2013, condenando al  mencionado    procesado    como   autor   de   los   delitos   de   Hurto,   cometido   en  circunstancia  de  agravación        punitiva,        y      Falsedad      en      Documento  Privado,      en     concurso     de     conductas  punibles.   

H E C H O S  

En   el   proveído   impugnado   quedaron  consignados de la siguiente manera:   

Los  puso  en  conocimiento el señor Heder  Herminsul  Orjuela  Franco,  representante  legal de la empresa Anaime Lácteos,  quien   denunció   a   Hebbel   González   Rondón,  contador  del  mencionado  establecimiento,  por  cuanto  éste  le  manifestó que debía pagar la suma de  $760.000  por concepto de retención en la fuente del período de julio de 2006,  por  lo que consignó el dinero a su cuenta personal y luego se lo entregó para  que  realizara  el  referido  pago,  lo  cual  nunca  hizo,  y para acreditar lo  contrario  presentó fotocopia de un supuesto pago de la declaración mensual de  retención   realizado  el  15  de  marzo  de  2006  en  la  entidad  financiera  Granahorrar,  la  que  efectivamente  presentó pero sin el pago respectivo como  aparece  en  el  sello  estampado  en dicho documento: “Recibo Sin Pago”, el  cual  fue  alterado  por  el  contador,  quien  estampó una firma en la palabra  “sin”,   para   que   pasara   inadvertido   que   no  había  efectuado  la  correspondiente  cancelación  y, además, llenó el espacio referido al “pago  total”  con el monto de $770.000.00, cuando en el documento original aparecía  el  dígito  “0”,  y  en  esa  forma se apropió del dinero que se le había  confiado para cancelar dicho tributo.   

Al  mes  siguiente  la  empresa  “Anaime  Lácteos”  fue  requerida  por  la  DIAN POR EL NO PAGO DE LA RETENCIÓN EN LA  FUENTE.  Al  confrontar el documento entregado por el contador y con el original  de  la  DIAN,  se  advierte  la  enmendadura en la copia del recibo entregado al  contribuyente.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Con  fundamento en los anteriores hechos, la  Fiscalía  Trece de la Unidad de Delitos contra el Patrimonio Económico y la Fe  Pública  de  Ibagué,  decretó  la  apertura  de  la  instrucción, vinculando  mediante  indagatoria  a  HEBBEL  GONZÁLEZ  RONDÓN, diligencia que se llevó a  cabo el día 13 de marzo de 2007.   

El  11  de  noviembre  de 2008, la Fiscalía  Dieciocho  de  la  Unidad de Delitos contra el Patrimonio Económico de Ibagué,  declaró  cerrada  la  investigación,  procediendo  la Fiscalía a calificar el  mérito   del  sumario  el  día  12  de  diciembre  de  ese  año,  profiriendo  resolución   de   acusación  en  contra  del  procesado  por  los  delitos  de  Hurto,    cometido    en  circunstancia  de  agravación  punitiva, y      Falsedad      en      Documento  Privado,  en concurso de conductas punibles. Decisión  que  fue  recurrida  en  apelación  por  la  defensa,  siendo confirmada por la  Fiscalía  6ª  Delegada ante el Tribunal de Ibagué, el día 20 de diciembre de  2010.   

Ejecutoriada     la     resolución    de    acusación,    el  proceso  le fue repartido,  para   adelantar   la  fase  del  juicio,      al     Juzgado     Séptimo   Penal   del   Circuito   de  Ibagué,  ante  el cual se  adelantó  la  audiencia  preparatoria el    4   de  abril de 2011.  La audiencia de juzgamiento se llevó a  cabo el 4 de diciembre de 2012.   

El  proceso  fue  trasladado  al  Juzgado  Séptimo Penal del Circuito Adjunto de Ibagué, que el  día   30   de   enero   de   2013  emitió  el  fallo  condenatorio,  declarando  responsable  a  HEBBEL GONZÁLEZ RONDÓN,  en  calidad  de  autor  de    un    concurso    de   conductas   punibles   de   Hurto,   cometido   en  circunstancia  de  agravación        punitiva,        y    Falsedad   en   Documento   Privado  –artículos  239, 241-2 y  289  del  Código  Penal-,  imponiendo en su  contra  la  pena  principal    de    treinta    y    seis            (36)  meses  de  prisión  y  la  accesoria  de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas, por el  mismo  lapso. Igualmente, lo  condenó  al  pago de perjuicios de orden material por valor de ochocientos seis  mil  pesos  ($806.000.oo),  más los intereses corrientes desde el momento de la  comisión   de   las   conductas.   Le  concedió   el   derecho   al  subrogado  de  la suspensión condicional de la ejecución de la  pena.   

En   contra  de  lo  decidido,   la   defensa   interpuso     el  recurso   de  apelación,  siendo  confirmada  la  decisión  en  su  integridad  por    el   Tribunal   Superior   de   Ibagué,  en  decisión del 26         de        noviembre     de     2014.   

Oportunamente       el      defensor     del       condenado       GONZÁLEZ     RONDÓN,    interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación, el  mismo  que  fue sustentado en escrito  que ahora analiza la Corte en su debida fundamentación.   

RESUMEN DE LA IMPUGNACIÓN  

En  su  líbelo,  el  defensor  del  acusado  presenta  un  único  cargo,  acusando  el  fallo  del  Tribunal  «de  haber  violado  directamente  la  ley  sustancial  por  falta de  valoración de las pruebas».   

De esta manera, alega que dentro del proceso  se  encuentra  una  serie de imprecisiones de carácter técnico judicial, entre  ellas  que  desde  un comienzo el acusado mencionó como testigo de los hechos a  Alexander  Ochoa,  sin  que  en  ningún  momento  haya sido llamado a declarar.  Adicionalmente,  refiere  que  no  se  practicó  una  prueba  grafológica para  establecer   la   autoría   del   procesado   en   el  delito  de  Falsedad     en    documento    privado.   

La  ausencia en el proceso de estas pruebas,  concluye  el  libelista,  hace  comprender  que «se ha  presentado  el  fenómeno  jurídico  de  la  duda y frente a este no queda otra  posibilidad  diferente  que la de exonerar de toda responsabilidad al encartado,  máxime  cuando  éste  no cuenta con antecedentes penales que lo hagan ver como  una persona peligrosa».   

Igualmente,  manifiesta que el hecho punible  no  se  presentó, lo que deduce de la circunstancia de que los documentos donde  se  consignó  la  operación  de  la  DIAN  son  distintos,  pues el uno es del  Banco  Granahorrar y el otro  del    Banco   Colpatria.   

Por último, expresa que la sanción impuesta  es  desproporcionada  e  injusta,  desconociendo  el  juzgador la confesión del  procesado,  determinante  en  la condena y en facilitar las investigaciones y el  descubrimiento  de  los  cabecillas,  siendo  merecedor  de  la  rebaja punitiva  prevista en el artículo 283 de la Ley 600 de 2000.   

Además,  la  naturaleza  y  modalidad de la  conducta  punible,  unido  a  la ingenuidad y escasa instrucción del procesado,  son    factores    que    hacen    entender    que   no   requiere   tratamiento  penitenciario.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Cuestiones previas  

          Como   mecanismo   de  impugnación  extraordinario  el  recurso  de  casación  impone  que  el  recurrente  formule  sus  reproches  con apego a los  requisitos  de  lógica  y adecuada argumentación definidos por el legislador y  desarrollados  por  la jurisprudencia, orientados a socavar la doble presunción  de acierto y legalidad que recae sobre el fallo de segundo grado.   

          Tales   requerimientos   se  conducen  a  la  presentación  de  una  exposición  argumentativa  basada  en  unos  presupuestos mínimos de coherente  postulación  y  desarrollo de los cargos propuestos, de tal manera que resulten  claros  e  inteligibles,  sin  que  corresponda  a  la  Corte el desentrañar el  sentido  de  las  pretensiones a partir de oscuras y contradictorias alegaciones  del demandante.   

La demanda no es, ni mucho menos, un escrito  de  libre  elaboración,  sino  que  está  sujeta  de  manera ineludible a unos  contenidos  mínimos  de  naturaleza formal, que a decir del artículo 212 de la  Ley  600  de  2000,  estatuto  bajo  el  cual  se tramitó este proceso, son los  siguientes:  (i)  la identificación de los sujetos procesales y de la sentencia  impugnada;  (ii)  una  síntesis  de  los  hechos materia de juzgamiento y de la  actuación  procesal;  y,  (iii)  la enunciación de la causal y la formulación  del  cargo,  indicando en forma clara y precisa sus fundamentos y las normas que  el demandante estime infringidas.   

Igualmente, la Sala ha puntualizado de tiempo  atrás1  que  al  impugnante  le  es exigible conjugar la sustentación del  recurso  extraordinario  con  sus precisos fines, por lo que sus reproches deben  estar   encaminados  a  obtener  la  efectividad  del  derecho  material  y  las  garantías  de  los  intervinientes  en  el proceso penal, la unificación de la  jurisprudencia  nacional  y/o  la  reparación  de  los agravios inferidos a las  partes  con  la sentencia demandada (artículo 206 de la Ley 600 de 2000).    

Adicionalmente,  el  libelo  debe enmarcarse  dentro  de  los principios que gobiernan el recurso extraordinario de casación,  entre   los  que  destacan:  “los  de  sustentación  suficiente  según  el  cual, la demanda debe bastarse a sí misma para provocar  la  anulación del fallo; el de crítica vinculante, por cuyo medio se exige una  argumentación   fundada   en   las  causales  previstas  taxativamente  por  la  normatividad  vigente  y  el cumplimiento de los requisitos de forma y contenido  de  acuerdo  con  la  seleccionada  por  el  actor; el de no contradicción, que  informa  que  no es posible, en un mismo cargo, invocar varias causales; y el de  objetividad,  conforme al cual la alegación debe guardar absoluta fidelidad con  la                   actuación”2.   

Vistos   los   lineamientos  anteriores  y  confrontados  con  la  forma  y  contenido  de  la demanda, surge nítido que el  impugnante  incumple con las más básicas exigencias de debida fundamentación,  no  solo  por  la falta de claridad, coherencia y concreción de sus argumentos,  que  imposibilitan su adecuado entendimiento, sino porque ignora cada una de las  exigencias atrás reseñadas.   

En  efecto,  el texto presentado a manera de  demanda  de  casación no contiene la identificación de los sujetos procesales,  ni  del  fallo  impugnado;  tampoco  contiene  la síntesis de los hechos, ni la  descripción  de  la  actuación  procesal;  no invoca causal alguna, ni enuncia  formalmente  el  ataque;  por  parte  alguna determina las normas estimadas como  infringidas;  y,  de ninguna manera acusa yerro alguno, ni lo demuestra frente a  los  requerimientos  y  derroteros  de  la  lógica  casacional,  ni acredita su  trascendencia,     ni     se     ocupa    de    precisar    sus    consecuencias  jurídicas.   

En  suma, bien puede concluirse que lejos de  presentar  una demanda de casación, revestida de cada uno de los requerimientos  legales  y  jurisprudenciales  que  la  puedan  viabilizar,  el  actor limita su  actuación  a  ofrecer  un  escrito  de  alegación  propio  de  las  instancias  superadas  al  día  de  hoy,  con  la vana pretensión de obtener una decisión  favorable  a  sus  intereses, interponiendo su personal crítica probatoria a la  asumida  por  los  falladores  en  sus decisiones.        

Hace alusión el demandante a una violación  directa  de la ley sustancial, desconociendo que cuando se trata de esta especie  de  yerro,  era  su deber distinguir el sentido de la  violación   de   juicio  que  atribuye  al  fallador,  esto  es,  si  incurrió  en  yerro  por  selección  de una norma que no era la  llamada  a  gobernar  el asunto (aplicación indebida); omisión de otra que sí  resolvía  los extremos de la relación jurídico procesal (falta de aplicación  o  exclusión  evidente);  o  porque, habiéndola seleccionado correctamente, al  aplicarla  al caso le atribuyó un sentido jurídico que no tiene o le extendió  consecuencias    contrarias   a   su   naturaleza   jurídica   (interpretación  errónea).   

En   un   claro  desconocimientos  de  los  principios  que  rigen  el recurso extraordinario, en especial, los de claridad,  precisión  y  fundamentación,  el  demandante  ensaya una suerte de alegato de  instancia,  introduciendo  de  manera  incoherente  variados  conceptos  que  no  resisten el mínimo análisis.   

La  precaria fundamentación ofrecida por el  libelista,  acaso  podría llevar a entender que en su escrito quiso plantear un  error  de  hecho  por falso juicio de identidad por tergiversación en relación  con  la  prueba  documental  y,  quizá,  un  quebrantamiento del debido proceso  generador  de  nulidad  por  afectación  de la investigación integral, pero en  ninguna  de  las  dos  posibilidades  el  impugnante demuestra la existencia del  yerro,  ni  su  trascendencia,  y  la Corte no puede, en virtud del principio de  limitación      que      rige     el     recurso,     relevarlo     de     esta  obligación.      

Pero  si  aun  así,  se quisiera obviar las  trascendentales  deficiencias  percibidas  en  el  líbelo,  surge  evidente  la  sinrazón que acompaña las censuras del demandante.   

Lo  primero, es que en claro desapego con el  principio  de  corrección  material,  que  le  impone  el  deber de ajustar sus  argumentos  a  la  estricta  realidad  procesal, el demandante, para sostener la  inexistencia   del   hecho,  censura  que  los  falladores,  en  una  suerte  de  distorsión  de  la  prueba,  desconocieron  que  el documento de la DIAN que es  incorporado  al  expediente  (fls 26) y que presenta la falsificación material,  es  diferente  al  original  (fls.  37),  en  tanto  uno  es  presentado ante el  Banco  Granahorrar y el otro  ante      el      Banco      Colpatria.   

Injustificado argumento, que en su momento ya  había  sido  repudiado  por  las  instancias,  puesto  que  basta  con  la más  superficial  comparación de los dos documentos para poderse percatar que uno es  copia   del   otro,   con   el   recibo   del   Banco  Granahorrar,   alterándose   en   aquel  último  la  advertencia   de   haber   sido   recibido   sin   pago,  además  del  guarismo  correspondiente  a  dicho  pago.  Por  parte  alguna  figura en tales documentos  referencia     al     Banco    Colpatria.   

Igual,  como si se tratara de una afrenta al  principio  de  investigación  integral, el casacionista echa de menos que no se  haya  recibido el testimonio de Alexander Ochoa y que tampoco se haya practicado  una  prueba  grafológica  para  determinar  la uniprocedencia de los trazos del  documento presentado como falso, con la grafía del procesado.   

En  tales eventos, corresponde al demandante  la  carga  de  establecer la relevancia de la supuesta  pretermisión  frente  al  principio rector invocado.  Era  su obligación probar, y no lo hizo, que desde un  punto  de  vista  ex  ante  (esto  es,  con  los  datos  conocidos  al momento en que se ordenó  la  incorporación  de  los  medios de  prueba),  dichas  pruebas  podrían  repercutir en un  alto grado de probabilidad a favor de los intereses del procesado.   

Pero  además,  resulta  evidente  que el  testimonio    de    Alexander    Ochoa    no    se  decretó  y practicó por  razón   de   su  impertinencia,  en  tanto  no  se  discutió   en  ningún  momento  la  afirmación del procesado, en el sentido  que   el   dinero  lo  recibió  de  dicha  persona,  así  que  carecía  de  relevancia     su    presencia    procesal   para   confirmar   un   aspecto  dado  por  cierto  en  las  instancias.   

En lo que atañe  a  la prueba grafológica,  su  impertinencia  emerge  del mismo hecho de haber admitido el procesado ser el  realizador  material  de la alteración al documento,  al  estampar  la  firma imitatoria del representante  legal   de   la   empresa   Anaime  Lácteos,  aunque  haciendo  la  salvedad  que  lo  hizo  con  su  consentimiento.      Pero      además,   el   mismo   acusador  en  su  momento  advirtió   de   la   imposibilidad   de   llevar   a   cabo  dicha  prueba  técnica,  en tanto nunca  se  contó con el documento original donde reposaban  las   alteraciones   gráficas,  pues  el  procesado  aseguró  que  le  había  sido hurtado.   

Finalmente,  respecto  a  la inconformidad  consignada  en  el  escrito  de  casación  por  el  demandante,  relativa  a la  desproporción  de  la  pena,  parece  ser  que  no  es  a este caso al que hace  alusión,    puesto    que,    en   primer   lugar,   no   existe   confesión  por  parte  del procesado en torno a las conductas que  le  fueron  reprochadas,  como  tampoco se sabe que con sus manifestaciones haya  contribuido    a    facilitar    la    investigación    y    al    «descubrimiento  de  los cabecillas».  Mucho    menos    se  corresponde  con  la  realidad  fáctica  y procesal  que   el  acusado  se  trate  de  una  «señora»     que    “por  su  ingenuidad,  escasa  instrucción  y  carencia de toda  clase   de   antecedentes  penales  o  policivos,  no  requiere  de  tratamiento  penitenciario».   

Debido   a   las  falencias  anotadas,  se  inadmitirá la demanda.   

DECISIÓN  

De   conformidad   con  lo  consignado  en  precedencia,  no se admitirá la demanda de casación presentada por el defensor  del  acusado GONZÁLEZ RONDÓN, no sin antes advertir que revisada la actuación  en  lo  pertinente,  no se observó la presencia de alguna de las hipótesis que  permitirían  a la Corte obrar de oficio de conformidad con el artículo 216 del  Código de Procedimiento Penal de 2000.   

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,   

R E S U E L V E  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por el defensor de HEBBEL GONZÁLEZ RONDÓN, conforme  con las motivaciones plasmadas en el cuerpo de este proveído.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1                     CSJ AP, 6 de julio de 2011, Rad. 35486.   

2                     CSJ AP 3439, 25 de junio de 2014, Rad. 41752.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *