AP2742-2015(45684)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

Magistrada Ponente  

         

AP2742-2015  

Radicación 45684  

(Aprobado Acta No. 184).  

Bogotá  D.C.,  mayo veinticinco (25) de dos  mil quince (2015).   

VISTOS  

Procede la Colegiatura a emprender el examen  de  admisibilidad  (cumplimiento  de  los  requisitos de lógica y acreditación  suficiente  dispuestos  en  la  ley)  del  libelo  casacional  presentado por la  defensora   de   FREDY   MATOMA  BUCURÚ,  contra el fallo de segundo grado dictado por el Tribunal Superior  de  Bogotá  el  18  de  diciembre  de  2014, confirmatorio del proferido por el  Juzgado   Primero   Penal   del   Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de  descongestión  de  la  misma  ciudad  el 9 de septiembre de 2013, por medio del  cual  condenó  al  mencionado  ciudadano  como  autor del delito de acto sexual  violento   agravado   en   concurso   con   acto   sexual   violento1.   

HECHOS  

Los   sucesos  que  dieron  lugar  a  este  averiguatorio  fueron  sintetizados por el Tribunal en el fallo se segundo grado  en los siguientes términos:   

“El 24 de enero  de  2010  aproximadamente  a  las  6:00  de  la mañana, las menores XXX, YYYY y  ZZZ2  salieron  de  su  casa  ubicada en la (…) Barrio (…)  de  Bogotá,  y  a  pocos  metros  de  allí  fueron  sorprendidas  por Fredy Matoma  Bucurú,  quien, tras halar a las dos primeras y arrinconarlas contra una pared,  las  intimidó  profiriendo  palabras  soeces,  mientras realizaba agresivamente  tocamientos  en sus senos, vagina y cola. En razón de los gritos de las niñas,  uno  de  los  vecinos  del sector acudió a su ayuda y logró retener al agresor  mientras  se hicieron presentes los uniformados de la Policía Nacional, quienes  procedieron    a    efectuar    la    respectiva    judicialización”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          El  Juzgado  Cuarenta y Tres Penal Municipal con función de control  de  garantías  de  Bogotá impartió legalización a la captura de MATOMA  BUCURÚ en audiencia realizada el  25  de enero de 2010, diligencia en la cual la Fiscalía le imputó la comisión  del  delito  de  acto  sexual  violento  agravado  en  concurso  con acto sexual  violento,  sin  que  se  allanara,  oportunidad  en  la que a instancia del ente  acusador  le  fue  impuesta  medida de aseguramiento de detención preventiva en  centro carcelario.   

Luego  de  llevarse a cabo las audiencias de  acusación,  preparatoria  y del juicio oral, el Juzgado Once Penal del Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de  Bogotá dictó fallo el 9 de septiembre de  2013,    mediante   el   cual   condenó   a   FREDY  MATOMA  a  la  pena principal de ciento treinta y ocho  (138)  meses  de  prisión y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo lapso, como autor penalmente  responsable del referido concurso de delitos.   

En  la misma providencia le fue negada tanto  la  condena de ejecución condicional, como la prisión domiciliaria sustitutiva  de la intramural.   

Impugnada  la  sentencia  del  a   quo  por  la  defensa,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  la  confirmó mediante fallo del 18 de diciembre de 2014,  contra  el  cual  el  mismo  sujeto procesal interpuso recurso extraordinario de  casación  y  allegó  la  respectiva  demanda, cuya admisibilidad se examina en  este auto.   

EL LIBELO  

Ab   initio  la  defensora  identifica  la  sentencia  contra  la  cual  se  dirige  el recurso y  transcribe  la  causal  primera  de  casación  reglada  en  el  numeral 1º del  artículo  181 de la Ley 906 de 2004 que se ocupa de la violación directa de la  ley;  luego  manifiesta  que  “se  evidencia  en el  proceso   material   de   captura   que   no  se  cumple  con  el  protocolo  de  identificación   de   testigos”.   “Y  en el proceso de entrevista a las menores supuestas víctimas se  evidencia   que   no  se  cumple  con  el  perfil  de  entrevistador”.   

          Acto   seguido   transcribe   las  causales  segunda  y  tercera  de  casación,    para    después,    bajo    el    título    de   “SUSTENTO  DOCUMENTAL  DE  LAS  CAUSALES”  señalar  que  el  Tribunal  reconoció  que  el  procedimiento  de  captura del  procesado  vulneró  los  parámetros establecidos en el artículo 253 de la Ley  906  de  2004,  máxime  si  a  las  víctimas  se les preguntó “si  fue  él?”,  lo cual ocurrió en un  lavadero  de  vehículos,  sin  que  esté  individualizado,  pues  las  menores  “apenas  vieron claramente la ropa en el lavadero y  fueron  impelidas por la autoridad al señalar al acusado como autor”.   

          Anota  que  “ya  el  artículo 15 de la  Constitución   Nacional   garantiza  que  este  tipo  de  juicios  ‘sumarios’   y  populares  efectuados  sin  el  mínimo   rigor   e   lentificó   (sic)  y  las buenas prácticas delineadas por el legislador, no se lleven  a  cabo  su  (sic)  pena de  iniciar  un proceso jurídico que se pretende garantizar, equitativa     (sic)    y    diáfano”.   

          Deplora  que  el  médico legista haya desistido de practicar examen  genital  a  las  víctimas,  sin  tener  en  cuenta  la reglamentación técnica  dispuesta  para  el  abordaje  forense  en  la investigación del delito sexual,  especialmente  si se trata de un médico y no de un psicólogo infantil, de modo  que  al  no  cumplir los procedimientos establecidos en el Instituto de Medicina  Legal,  “su concepto técnico legal es una versión  viciada    de    origen,    vicio   (sic) todo su concepto”.   

          Entonces,  la  casacionista  transcribe in  extenso  un  fallo  de  esta  Corporación  del  23 de  febrero  de  20011  (Rad.  24568),  para  decir  que cuestiona la validez de las  entrevistas   tomadas   por   los   policías,   pues   carecen  del  perfil  de  entrevistadores,  toda  vez  que  la  Ley  1652  otorga  al CTI y a ningún otro  funcionario,  la  facultad  de  entrevistar,  en cuanto requiere de una especial  preparación.   

De  otra  parte dice que no fue permitido el  contrainterrogatorio  de  testigos,  lo cual vulnera los artículos 29, 31 y 220  de  la Carta Política, motivo por el cual considera que se violó el derecho de  defensa, al debido proceso y a la igualdad de armas de su asistido.   

          También   aduce   en  cuanto  a  la  credibilidad  otorgada  a  las  exposiciones  de  las víctimas, que si bien esta Sala inicialmente planteó que  debía  creérseles,  con  posterioridad  precisó  que  debían  ser  valoradas  conforme  a  las reglas de la sana crítica y de acuerdo a su consonancia con el  resto de medios de prueba.   

Pregunta  a  la  Corte  si es lícito dictar  sentencia  condenatoria  con  base  en  la  versión  de  las  víctimas; si son  aceptables   las  declaraciones  de  quienes  llegaron  dos  horas  después  de  cometidos  los hechos, y por qué el a quo  no  dispuso  escuchar  en  declaración  al dueño del lavadero de  carros.   

Con base en lo anterior, solicita declarar la  nulidad   de   la   actuación   y   disponer   la   libertad   de  FREDY    MATOMA,    y    en   subsidio,  “considerar  una  rebaja  en  la  pena  impuesta en  (sic)  base  a  la conducta  ejemplar,  excelente  progresión  en  el  tratamiento penitenciario y menciones  recibidas  por  el  procesado en reconocimiento a su evidente actitud, contrario  al   perfil   criminal  que  se  pretende  configurar  en  el  proceso  que  nos  ocupa”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene  sentado  la  Corte que para acceder a  este  recurso  de  raigambre extraordinaria es deber indeclinable del recurrente  acreditar  la vulneración de derechos o garantías fundamentales, lo cual exige  tener  interés  para  impugnar,  señalar  la causal, desarrollar los cargos de  sustentación  de  la  inconformidad  y  demostrar  la  necesidad  del  fallo de  casación  para  cumplir alguno de los fines establecidos en el artículo 180 de  la  Ley 906 de 2004, esto es, la efectividad del derecho material, el respeto de  las  garantías  de  los intervinientes, la reparación de los agravios sufridos  por  éstos  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia,  so  pena  de resultar  inadmitida  la  demanda,  según  lo  establece  el  artículo  184 de la citada  legislación procesal.   

         Es  claro  que  en el estudio de los requisitos de admisibilidad de  los      libelos     casacionales,     corresponde     a     la     Sala  constatar  en  la  formulación  y  desarrollo  de  las censuras el acatamiento de las exigencias de lógica y   pertinente  demostración  definidas  por  el  legislador y puntualizadas por la  jurisprudencia,   con   el   fin   de   evitar  la  mutación  de  este  recurso  extraordinario  en una instancia adicional a las ordinarias. Tales requisitos se  orientan  a  procurar  demandas dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia  en  la postulación y demostración de los cargos propuestos, en cuanto resulten  inteligibles,  esto  es, precisos y claros, pues no corresponde a la Corte en su  función  reglada  de  orden  constitucional  y legal, develar o desentrañar el  sentido   de   confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los  impugnantes en casación.   

          Adicionalmente  se  tiene que según la preceptiva del artículo 184  de  la  Ley 906 de 2004, “si el demandante carece de  interés,   prescinde   de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos  de  sustentación” (subrayas  fuera de texto), el libelo se inadmitirá.   

Una vez efectuadas las anteriores precisiones  que  marcan  el derrotero del examen de admisibilidad del libelo, sin dificultad  constata  la  Colegiatura  que la recurrente se sustrae del deber establecido en  el  artículo  183 de la Ley 906 de 2004, en cuanto el legislador dispone que el  recurso  debe  interponerse “mediante demanda que de  manera    precisa   y   concisa   señale   las   causales   invocadas   y   sus  fundamentos”.   

          En  efecto,  no  se  aviene con dicha exigencia, que inicialmente se  postule  la  violación  directa  de  la  ley,  para  acto  seguido  deplorar el  procedimiento  de  captura  del  acusado,  falencias  probatorias respecto de su  identificación     o     individualización,     o    el    perfil    de    los  entrevistadores.   

          Tampoco   resulta  consonante  con  dicha  exigencia  legal  que  la  defensora  transcriba  las  causales  segunda  y  tercera  de casación, para de  inmediato  aludir  a toda suerte de situaciones, sin proceder a ordenarlas, y lo  más  importante,  sin explicar a la Sala cuál fue en concreto el agravio a los  derechos  de su asistido, pues no puede olvidarse que unas de las finalidades de  este   recurso  son  “la  efectividad  del  derecho  material  y  la  reparación de agravios” inferidos a  los intervinientes.   

Ahora,  si  la  crítica  se  dirige  a  la  valoración  que de las pruebas efectuaron los falladores, debió ubicarse en la  violación  indirecta  de  la  ley, caso en el cual le correspondía identificar  con  exactitud  el  yerro,  es decir, establecer si los falladores cometieron un  error  de  hecho  al  apreciar  la  prueba,  bien  sea porque pese a obrar en el  diligenciamiento  no  fue valorada (falso juicio de existencia por omisión); ya  porque  sin  figurar en la actuación se supuso su presencia allí y la tuvieron  en  cuenta  en  su  decisión  (falso juicio de existencia por suposición); ora  porque    al    considerarla    distorsionaron   su   contenido   cercenándola,  adicionándola  o tergiversándola (falso juicio de identidad); también, cuando  sin  incurrir  en  alguno de los yerros referidos derivaron del medio probatorio  deducciones  contrarias  a  los  principios  de  la  sana crítica, esto es, los  postulados  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las  reglas  de la  experiencia (falso raciocinio).   

          O  indicar  si  se produjo un error de derecho, en cuanto se negó a  determinado  medio probatorio el valor conferido por la ley o le fue otorgado un  mérito  diverso  al atribuido legalmente (falso juicio de convicción), o bien,  porque  los funcionarios al apreciar alguna prueba la asumieron erradamente como  legal  aunque  no  satisfacía  las exigencias señaladas por el legislador para  tener  tal  condición,  o  la  descartaron  aduciendo  de  manera equivocada su  ilegalidad,  pese a que se cumplieron cabalmente los requisitos dispuestos en la  ley para su práctica o aducción (falso juicio de legalidad).   

En el primer caso (falso juicio de existencia  por  omisión)  debía  indicar  la prueba no valorada, cuál es la información  objetivamente  suministrada,  el mérito demostrativo al que se hace acreedora y  cómo  su  estimación  conjunta con el resto de elementos del acervo probatorio  conduce  a  trastrocar  las  conclusiones  del  fallo  censurado,  deberes  cuyo  cumplimiento no acometió.   

          Pero  si  el propósito era alegar un falso juicio de existencia por  suposición,  era  de  su  resorte  identificar  el aparte declarado en el fallo  carente  de  soporte  demostrativo  en  la  actuación,  amén  de  precisar  su  injerencia  en  el  sentido  del  fallo,  esto  es,  cómo  al  marginar una tal  suposición,  la  sentencia  sería  diversa  y  en  todo caso beneficiosa a los  intereses    de    su    procurado,    actividad    no    emprendida    por   la  casacionista.   

Si el objetivo era invocar un falso juicio de  identidad,  era  su  deber identificar a través del cotejo objetivo de lo dicho  en  el medio probatorio y lo asumido en el fallo, el aparte omitido o añadido a  la  prueba, los efectos producidos a partir de ello y, lo más importante, cuál  es  la  trascendencia  del yerro en la parte resolutiva de la sentencia atacada,  tópico  de  improcedente demostración con el simple planteamiento del criterio  subjetivo   del  recurrente  sobre  el  medio  de  prueba  cuya  tergiversación  denuncia,  en cuanto es su obligación acreditar materialmente la incidencia del  yerro  en la falta de aplicación o la aplicación indebida de la ley sustancial  en  el  fallo,  esto  es, señalar la modificación trascendente de la sentencia  atacada  con  la  corrección del error y la debida valoración de la prueba, en  conjunto con las demás.   

Si  el  reclamo  se  encontraba  dirigido  a  denunciar   un  falso  raciocinio,  era  su  obligación  establecer  qué  dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué  se  infirió de él en la sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo  otorgado, determinar el postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima de experiencia cuyo contenido fue  desconocido  en  el fallo, debiendo a la par indicar su consideración correcta,  identificar   la   norma   de   derecho  sustancial  indirectamente  excluida  o  indebidamente  aplicada y luego, demostrar la trascendencia del error expresando  con  claridad  cuál debe ser la adecuada apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un  fallo  esencialmente diverso y favorable a los intereses de su representado,  proceder no asumido por la defensora.   

Tratándose  de la postulación del error de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad,  era  su  deber identificar el medio  probatorio   que   tacha   de   ilegal,  indicar  las  disposiciones  legales  o  constitucionales  cuyo quebranto determina su ilegalidad y demostrar la efectiva  ocurrencia  de  lo  denunciado; ora, debía la demandante comprobar la legalidad  de la prueba desechada por el juzgador.   

En  los dos eventos anteriores, también era  de  su  resorte  acreditar  la  trascendencia  del yerro en las conclusiones del  fallo,  esto  es,  demostrar  que  con  la marginación de la prueba que se dice  ilegal,  las  restantes pruebas conducen a una decisión sustancialmente diversa  de  la  atacada,  o  bien,  que con la incorporación del medio de prueba que el  actor  estima  legal,  las  conclusiones  son  distintas de las contenidas en la  sentencia impugnada.   

Igualmente,  si  tenía  el  propósito  de  plantear  un  falso  juicio  de  convicción,  era  su  obligación demostrar la  infracción  de  la tarifa de valoración dispuesta por el legislador, así como  su injerencia en el sentido del fallo, labor que tampoco asumió.   

En  suma,  es  evidente  que  en  manifiesto  desconocimiento  de  la  presunción  de  acierto  y  legalidad  del  fallo,  la  impugnante  procedió a plasmar su personal percepción fragmentaria, imprecisa,  desordenada   e   intrascendente   del  asunto,  sin  siquiera  replicar  a  las  consideraciones  jurídicas  y  de  apreciación  probatoria  que ofrecieron los  falladores, proceder inadmisible en esta sede extraordinaria.   

          Así  pues,  no indica la injerencia del procedimiento de captura en  la  declaración de justicia cuestionada; tampoco manifiesta la trascendencia de  lo  decidido  por el médico legista en punto de no practicar examen sexológico  a  las  menores,  amén  de  que  no  dice  cuál  sería  la  utilidad de dicha  auscultación  en  el contexto de tocamientos libidinosos del procesado respecto  de las niñas sobre sus prendas de vestir.   

          Olvida  señalar  la  importancia  de  su  queja  a  acerca  de  las  entrevistas   realizadas  por  los  policías  que  conocieron  del  caso  y  se  desentiende  de  los  medios  de  prueba  que  dieron  pábulo a la sentencia de  condena.   

Es  confusa,  indemostrada  y  carente  de  trascendencia  la afirmación de que no fue permitido el contrainterrogatorio de  testigos,  pues  se  queda  en el simple enunciado y no procede a especificar en  forma   circunstanciada  su  aserto  y  tanto  menos  señala  en  concreto  las  consecuencias de ello.   

          Igualmente  se  tiene que pese a cuestionar la credibilidad otorgada  a  lo dicho por las víctimas, no especifica cuáles son las máculas que quitan  valía  a  sus  relatos, y no refiere los principios de la lógica, las máximas  de  la experiencia o los postulados científicos quebrantados en la ponderación  de dichos elementos de convicción.   

No se esfuerza por explicar a la Colegiatura  por  qué no es posible dictar sentencia condenatoria con base en la versión de  las  víctimas;  ni por qué deben ser desatendidas las declaraciones de quienes  llegaron  dos  horas  después  de  cometidos  los hechos, ni por qué se debió  escuchar  en  declaración  al  dueño  del  lavadero  de  carros, de manera que  abandona  su  cometido  profesional  en  espera que sea la Corte quien supla sus  omisiones,  sin  tener  en cuenta el carácter rogado del recurso y el principio  de limitación.   

          Ahora,  pese a solicitar la nulidad del diligenciamiento, no señala  la  cobertura  invalidatoria  ni  explica  por  qué  esa es la única manera de  solucionar las incorrecciones que en su criterio se cometieron.   

Finalmente   se   tiene   que   con  total  informalidad,   ausencia  del  rigor  propio  de  este  recurso  y  sin  invocar  fundamento    normativo   alguno,   la   demandante   solicita   “una    rebaja    en    la    pena    impuesta    en    (sic)   base  a  la  conducta  ejemplar,  excelente  progresión en el tratamiento penitenciario y menciones recibidas por  el  procesado  en  reconocimiento  a  su  evidente  actitud, contrario al perfil  criminal  que  se  pretende  configurar  en el proceso que nos ocupa”.   

          Puede   colegirse   que  la  casacionista  únicamente  dirigió  su  esfuerzo  a  deplorar  en forma imprecisa, precaria e insuficiente la condena de  su   asistido,   pero   no   atinó  a  señalar  con  precisión  cuál  es  su  inconformidad,  y  lo  más  importante,  de  qué manera los falladores erraron  gravemente  en  la  aplicación  de  la  ley,  en  la apreciación de los medios  probatorios  o  en  la  guarda  de  la  legitimidad  del  trámite, olvidando la  presunción  de  acierto  y  legalidad  de  la  cual  se  encuentra revestida la  sentencia objeto del recurso.   

De   acuerdo   con   las   consideraciones  precedentes,  habida  cuenta  que  el  libelo  de  casación no corresponde a un  alegato  de libre e informal factura, su presentación con base en aseveraciones  indemostradas  e  intrascendentes, obliga a la Sala a inadmitirla de acuerdo con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, pues en virtud del  principio  de  limitación  propio  del  trámite  casacional,  la  Corte  no se  encuentra facultada para enmendar tales incorrecciones.   

Además,  no  se  observa  con  ocasión  de  la  sentencia  impugnada  o  dentro  del curso de la  actuación  procesal, violación de derechos o garantías del acusado, como para  adoptar  la  decisión de superar los defectos de la demanda y decidir de fondo,  según   lo   dispone   el   inciso   3º   del   artículo  184  de  la  citada  legislación.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR el libelo  casacional presentado por la defensora de FREDY  MATIMA  BUCURÚ, de acuerdo con las  razones expuestas en las consideraciones precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  de  la  parte  demandante elevar petición de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  La  Fiscalía  precisó  que  si bien se trata de dos víctimas, la agravación solo  procede  respecto  de una, pues la otra para la fecha de los hechos era mayor de  14 años (fol. 233).   

2 No se  registra  el  nombre  de las niñas en aplicación del numeral 8º del artículo  47    del    Código    de    la    Infancia   y   la   Adolescencia.     

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