AP2022-2015(45138)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado Ponente  

AP2022-2015  

Radicación Nº 45138  

(Aprobado mediante Acta 139)  

Bogotá, D.C., veintidós (22) de abril de dos  mil quince (2015).   

VISTOS  

La  Sala  resuelve  el  recurso de apelación  interpuesto  contra  el  auto de noviembre 27 de 2014, mediante el cual una Sala  de  Conjueces  del  Tribunal  Superior  de Pereira decretó la preclusión de la  investigación  seguida  contra la Juez Primera Penal Municipal de Dosquebradas,  DIANA   LUCÍA  CORREA  VALENCIA,  por  la  presunta  comisión  del  delito  de  prevaricato por acción.   

HECHOS    

De  la  actuación se desprende que el 14 de  noviembre  de  2006,  en  el perímetro urbano del municipio de Dosquebradas, el  taxi  que  conducía Abner Sneider Zúñiga Prieto colisionó con la motocicleta  en  la  que  se  desplazaba  Riboerto  López  Henao, quien sufrió lesiones que  determinaron  la incapacidad médico legal de 60 días con secuelas consistentes  en  la  perturbación funcional del sistema nervioso central y del órgano de la  locomoción,  además  de  deformidad  física  en el cuerpo, todas de carácter  permanente.    

El juzgamiento que se siguió contra Zúñiga  Prieto  por  los  hechos  reseñados  correspondió  al  Juzgado  Primero  Penal  Municipal  de  ese  municipio,  del  que  para entonces era titular DIANA LUCÍA  CORREA  VALENCIA,  que  en  sentencia  de  29 de julio de 2010 lo condenó a las  penas  principales  38  meses  y  9  días  de prisión y multa de 28.8 salarios  mínimos   mensuales  legales  vigentes,  como  autor  del  delito  de  lesiones  personales culposas.   

En  la  misma providencia, la funcionaria le  concedió  al  procesado la suspensión condicional de la ejecución de la pena,  aun  cuando  el artículo 63 de la Ley 599 de 2000, para entonces vigente, sólo  permitía  el  otorgamiento  de  ese subrogado cuando la sanción impuesta fuera  igual o inferior a 3 años de prisión.   

         

ACTUACIÓN   PROCESAL  RELEVANTE   

         

          Por  los  anteriores hechos, el Fiscal 3° Delegado ante el Tribunal  Superior  de  Pereira  inició  indagación  en  contra  de  DIANA LUCÍA CORREA  VALENCIA,  en  curso  de  la  cual  acopió  los  medios  de conocimiento que lo  determinaron  a  solicitar,  el  25  de  noviembre  de  2013, la realización de  audiencia preliminar de formulación de imputación.   

          No  obstante,  el  13  de  febrero de 2014 el funcionario retiró la  solicitud  y,  en  su  lugar,  pidió  ante el Tribunal Superior del Distrito la  preclusión  de  la  investigación,  con fundamento en la causal prevista en el  artículo  332, numeral 1°, de la Ley 906 de 2004, esto es, la imposibilidad de  iniciar o continuar el ejercicio de la acción penal.   

          La solicitud de la Fiscalía.   

          El  peticionario  aduce que CORREA VALENCIA está siendo investigada  por  la  posible  comisión  del delito de prevaricato por acción, toda vez que  favoreció  a Abner Sneider Zúñiga Prieto con la suspensión condicional de la  ejecución  de la pena en abierto desconocimiento del artículo 63 de la Ley 599  de  2000,  entonces  vigente,  porque  en la misma providencia lo condenó a una  pena  superior  de  3  años,  en  concreto,  de 38 meses y 9 días de prisión.   

          Señala  que  el  artículo  63 de la Ley 599 de 2000 fue modificado  por  el  29  de  la Ley 1709 de 2014, de modo que en la actualidad es procedente  conceder  ese subrogado a quienes sean condenados a una pena de 4 años o menos,  de  modo  que  si  Zúñiga  Prieto  fuera sentenciado en este momento, tendría  derecho al mismo.   

          En   ese   orden,  sostiene  que  «si  lo  recriminado  como  vulneratorio  (sic)  de  ordenamiento penal (sic), que fue la  concesión  del  beneficio multicitado actualmente es viable…es apenas lógico  que  se  predique  la  imposibilidad de continuar con el ejercicio de la acción  penal….por  haber  perdido  vigencia  la  norma que prohibía su actuar al ser  modificada».   

          Agrega  que  la conclusión precedente se soporta en el principio de  favorabilidad  de  la ley penal, consagrado en el artículo 6° de la Ley 599 de  2000  y  en  distintos  instrumentos  internacionales; mismo que debe aplicarse,  según  se  consigna  en  jurisprudencia  que  cita, cuando, como en el presente  asunto,  «determinada conducta humana de acción o de  omisión  subsumible  en  tipo  penal  de ley vigente cuando el hecho punible se  realizó,  deja  de  ser  penalmente  relevante porque normatividad jurídica lo  suprimió  del elenco de conductas punibles» (a partir  del récord 3:00).   

          La intervención de la apoderada de la víctima.   

         

La apoderada judicial de la víctima dijo no  tener  nada  que  aportar  respecto  de  la pretensión de la Fiscalía (récord  23:30 y siguientes).   

La Agente del Ministerio Público.  

Se  opuso  a  la  solicitud  de  preclusión  (récord 23:50 y siguientes).   

Sostuvo  que la conducta reprochada a CORREA  VALENCIA  no  está  descrita  en el artículo 63 de la Ley 599 de 2000, que fue  modificado,  sino  en  el  413  de  esa codificación, que tipifica el delito de  prevaricato por acción.   

Adujo  que la reforma de los requisitos para  acceder  al  beneficio de la suspensión condicional de la ejecución de la pena  es   un   «accidente   de   la   ley»  que  nada  tiene  que  ver  con  el  deber  que le era exigible a la  funcionaria  de  acatar y respetar las normas, concretamente, la que establecía  las condiciones para acceder al subrogado.   

Concluyó  que la disposición que define la  conducta  punible  por  la  cual  CORREA  VALENCIA  está siendo investigada, de  prevaricato  por  acción,  todavía  existe  y  no ha sido objeto de variación  alguna,  de modo que no es acertado reclamar la aplicación por favorabilidad de  la ley penal posterior a su situación.   

La   defensa   de   DIANA   LUCÍA  CORREA  VALENCIA.   

El  mandatario  judicial  de  la  indiciada  intervino  para pedir que se acceda a la solicitud de la Fiscalía (a partir del  récord 30:00).   

Alegó  que  proseguir con la investigación  contra   CORREA   VALENCIA   comportaría   la  vulneración  del  principio  de  favorabilidad,   que   tiene   rango   constitucional   y   supraconstitucional.   

Lo  anterior, pues la conducta supuestamente  prevaricadora  dejó merecer reproche penal en el momento en que se modificó el  artículo  63 de la Ley 599 de 2000, que consagra los requisitos para acceder al  subrogado,  y  se  amplió  el  atinente  al  monto de la pena de 3 a 4 años de  prisión.   

DECISIÓN IMPUGNADA  

El  Tribunal  Superior  Pereira,  en  Sala  integrada  por  Conjueces, accedió a la solicitud de la Fiscalía y decretó la  preclusión de la investigación seguida contra CORREA VALENCIA.   

          1.  El  a  quo, luego de disertar sobre el  ámbito  de  validez  temporal  de  las  normas  penales,  precisó que el hecho  punible  atribuido  a  la indiciada ocurrió el 29 de julio de 2010, fecha en la  cual  profirió la sentencia en la que condenó a Zúñiga Prieto y le concedió  la suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

          Dicho  lo  anterior,  adujo  que  para  entonces  estaba  vigente el  artículo  63  de  la  Ley  599  de 2000, que establecía como requisito para la  concesión  de  ese  beneficio  que  la pena impuesta fuera igual o inferior a 3  años;  disposición  que  fue  modificada por el artículo 29 de la Ley 1709 de  2014, que incrementó ese umbral y lo fijó en 4 años de prisión.   

          En  ese  orden,  coligió que «existen dos  normas  que  se han sucedido en el tiempo», las cuales  «rigen  la  conducta  realizada  por  la señora Juez  Primera Penal Municipal de Dosquebradas».   

          2.  De acuerdo con lo anterior y tras hacer  alusión  al  principio  de  favorabilidad  y  su consagración constitucional y  supraconstitucional,  el  Tribunal arguyó que aunque la decisión proferida por  CORREA  VALENCIA fue contraria al entonces vigente artículo 63 de la Ley 599 de  2000,  la  normatividad  más  reciente  permite  favorecer  con  el beneficio a  quienes  sean  condenados  a  pena  igual  o  inferior  a  4  años de prisión.   

          Así,  «lo  que  para  la fecha del 29 de  julio   de   2010  era  al  parecer  manifiestamente  ilegal…ya  no  lo  es»,  de  modo  que  se  ha  configurado  el fenómeno de la  atipicidad   sobreviniente,   como  quiera  que  «una  posible  infracción  manifiesta a la ley, ya no se configura como tal, dado que  a  la  fecha, el legislador ha considerado conforme a la ley, el subrogado de la  suspensión  de  la ejecución de la pena con una pena de prisión que no exceda  los 4 años, como se verifica en el caso concreto».   

          En  síntesis,  concluyó,  «la  conducta  ejecutada  por  la Dra. Diana Lucía Correa Valencia ya no tiene la connotación  de  un comportamiento prohibido, contrario a la ley y constitutivo del delito de  prevaricato,  porque  la tipicidad imputada bajo la normatividad anterior, ya no  resiste un juicio negativo sobre el valor del acto».   

LA IMPUGNACIÓN  

La  decisión  de primer grado fue recurrida  por  la  Agente  del  Ministerio  Público,  quien pretende su revocatoria y, en  consecuencia,  que se niegue la preclusión solicitada por la Fiscalía (récord  0:30, cuarto corte).   

Adujo  que  el requisito objetivo legalmente  establecido  para  acceder  a  la suspensión condicional de la ejecución de la  pena  no  constituye  un  ingrediente  normativo  del  delito de prevaricato por  acción,  el  cual  busca  proteger  la administración de justicia y el respeto  por el derecho.   

En  ese  entendido,  es  claro  que para el  momento  en  que  se  profirió  la  decisión  reprochada  fue  desconocido  el  artículo  63  de  la Ley 599 de 2000, que era la disposición que para entonces  establecía   ese   requisito,   de   modo  que  la  providencia  «en   ese   momento   fue   contraria   a   la   ley»  y lesionó el bien jurídico tutelado.   

Insistió  en que no hay lugar a considerar  la  aplicación  del  principio de favorabilidad, pues aunque se modificaron las  condiciones  para el otorgamiento de la suspensión condicional de la ejecución  de   la   pena,   el   artículo   413   ibídem   no   ha   sido   derogado  ni  reformado.   

NO RECURRENTES  

          1.  El  Delegado de la Fiscalía pidió la  confirmación del auto recurrido (récord 10:00, cuarto corte).   

          Señaló   que   la   modificación  de  las  exigencias  legalmente  establecidas  para  conceder  la  suspensión condicional de la ejecución de la  pena  supone  que  el  acto  ya no constituye delito, tanto así, que si en este  momento  un  Juez otorgara ese subrogado a una persona condenada a la pena de 38  meses y 9 días no incurriría en ninguna irregularidad.   

          2.  El apoderado de la víctima simplemente  pidió   que   se   mantenga  la  decisión  confutada  (récord  13:30,  cuarto  corte).   

          3.  El  mandatario  de CORREA VALENCIA, en  igual  sentido,  solicitó  la  confirmación  del  auto  de  primera  instancia  (récord 14:00, cuarto corte).   

         Afirmó  que  si bien la providencia proferida por la indiciada pudo  ser  contraria  a  derecho,  la  posterior  promulgación de la Ley 1709 de 2014  «deja  sin  sustento  jurídico  el  reproche  a  la  funcionaria».   

CONSIDERACIONES  

Competencia.  

De  conformidad  con  lo  previsto  en  los  artículos  32,  numeral  3°, 176 y 177, numeral 2°, de la Ley 906 de 2004, la  Corte  es  competente  para resolver el recurso de apelación interpuesto contra  autos  dictados en primera instancia por los Tribunales Superiores, por medio de  los   cuales   se   resuelven   las   solicitudes   de   preclusión1.   

De la Preclusión  

Al  tenor  del  artículo  250  de la Carta  Política,  la  Fiscalía  General  de  la Nación está obligada a adelantar el  ejercicio    de    la    acción    penal    y    realizar    la    «investigación  de  los  hechos  que  revistan las características de  delito»   conocidos  a  través de denuncia, petición especial, querella o de  oficio  «siempre  y cuando  medien   suficientes   motivos   y  circunstancias  fácticas  que  indiquen  la  posible   existencia  del  mismo».   

Quiere ello decir que el fiscal debe valorar  en  su  integridad  los elementos objetivos -materiales probatorios o evidencias  fácticas  mínimas-  recaudados para establecer si a partir de ellos es posible  inferir       la       posible       ocurrencia  de un  delito,  caso  en  el  cual  tiene entonces la obligación constitucional de dar  inicio a la acción penal.   

Establecida    así   la   causa  probable para poner en movimiento el  aparato  judicial,  la  investigación  se  debe encaminar a buscar la evidencia  necesaria  para  esclarecer  la  verdad de lo ocurrido, cometido en el cual debe  actuar,  con  apego al principio de objetividad, previsto en el artículo 115 de  la ley 906 de 2004.    

Si  el  fiscal,  al  evaluar  la  evidencia  recogida,  encuentra  que  no  hay prueba suficiente para acusar por presentarse  duda  insuperable  respecto  de  la  participación  del indiciado en los hechos  objeto  de  investigación,  o  hay  prueba  indicativa de que la conducta no es  delictiva  o  la persona investigada no es responsable, como cuando se configura  una  circunstancia  que determina la ausencia de responsabilidad, debe solicitar  la   preclusión   ante   el   Juez   de   conocimiento,  e  invocar  la  causal  correspondiente conforme el artículo 332 de la Ley 906 de 2004:   

“El fiscal solicitará la preclusión en  los siguientes casos:   

    

1. Imposibilidad  de  iniciar  o  continuar el ejercicio de la acción  penal2   

2. ;   

3. Existencia  de  una  causal  que  excluya  la  responsabilidad,  de  acuerdo con el Código Penal;   

4. Inexistencia del hecho investigado;   

5. Atipicidad del hecho investigado;   

6. Ausencia    de    intervención    del   imputado   en   el   hecho  investigado;   

7. Imposibilidad   de   desvirtuar   la   presunción   de  inocencia;  y   

8. Vencimiento  del término máximo previsto en el inciso segundo del  artículo 294 de dicho código.     

PARÁGRAFO.  Durante  el  juzgamiento,  de  sobrevenir  las  causales  contempladas  en  los  numerales 1 y 3, el fiscal, el  Ministerio  Público  o la defensa, podrán solicitar al juez de conocimiento la  preclusión”.   

El  análisis y fundamentación presentados  por  el  fiscal  para  lograr  su  cometido deben ser específicos y detallados,  atendiendo  no  sólo  los  elementos  fácticos  y jurídicos que configuran la  causal  de  preclusión  invocada,  sino los que integran el tipo penal respecto  del  cual  se  pretende  la terminación anticipada del proceso, de modo que sea  posible  deducir  con  certeza  la  necesidad  de extinguir la acción penal con  fuerza   de  cosa  juzgada  por  ausencia  de  mérito  para  continuar  con  la  persecución penal.   

Lo  anterior y como lo tiene precisado esta  Corporación,  sin perjuicio de que el juzgador pueda decretar la preclusión de  la  actuación  con  fundamento  en  una  causal  distinta de la invocada por el  peticionario,     siempre     que    «sus  componentes estructurales y los soportes materiales probatorios  y  evidencia  física así lo determinen»3.   

Del prevaricato  

En  el  examen  de  la  alzada es necesario  mencionar  que  el  delito  de  prevaricato  está referido a la emisión de una  providencia   “manifiestamente   contraria   a   la  ley”,  circunstancia  esta  que supone – ha dicho la  jurisprudencia  – la expresión dolosa de la conducta en cuanto se es consciente  y   se  quiere  su  realización,  pero  semejante  contradicción  debe  surgir  evidente, sin mayores elucubraciones.    

En  contraste,  todas aquellas providencias  respecto  de las cuales quepa discusión sobre su contrariedad con la ley quedan  excluidas  del  reproche  penal,  independientemente  de que un juicio posterior  demuestre  la  equivocación  de  sus  asertos,  pues  -como  también  ha  sido  jurisprudencia  reiterada  –  el juicio de prevaricato no es de acierto, sino de  legalidad.   

A  ello  debe  agregarse  como  principio  axiológico  cuando  se trata de providencias judiciales, que el análisis sobre  su   presunto  contenido  prevaricador  debe  hacerse  necesariamente  sobre  el  problema  jurídico  identificado  por el funcionario judicial y no sobre el que  identifique   a   posteriori   su   acusador   o  su  juzgador,  según  sea  el  caso.   

Es  decir  que  las  simples diferencias de  criterios  respecto  de  un determinado punto de derecho, especialmente frente a  materias  que  por  su  complejidad o por su misma ambigüedad, admiten diversas  interpretaciones   u   opiniones,   no  pueden  considerarse  como  propias  del  prevaricato,  pues en el universo jurídico suelen ser comunes las discrepancias  aún  en  temas  que  aparentemente  no  ofrecerían  dificultad  alguna  en  su  resolución4.   

El examen subjetivo de la conducta señalada  de  prevaricadora, ha de partir de la mayor o menor dificultad interpretativa de  la  ley  inaplicada  o  tergiversada,  así  como de la divergencia de criterios  doctrinales  y jurisprudenciales sobre su sentido o alcance, elementos de juicio  que  no  obstante  su  importancia, no son los únicos, imponiéndose avanzar en  cada  caso  hacia  la  reconstrucción  del  derecho  verdaderamente  conocido y  aplicado  por  el  servidor  judicial en su desempeño como tal, así como en el  contexto  en  que la decisión se produce, mediante una evaluación ex   ante   de   su  conducta5.   

Caso concreto  

1. En el presente  asunto,  la  Fiscalía reclamó del Tribunal la preclusión de la investigación  seguida  contra  CORREA  VALENCIA  con  fundamento  en  la causal prevista en el  numeral  1º  del  artículo 332 de la Ley 906 de 2004, esto es, la «la imposibilidad de iniciar o continuar  con  el  ejercicio  de  la acción penal»,   pues  consideró  que  la  conducta  atribuida  a  la nombrada dejó de ser reprochada por el ordenamiento  penal  con  ocasión  de la modificación del artículo 63 de la  Ley   599  de  2000,  introducida  por  el  artículo  29  de  la  Ley  1709  de  2014.   

En   tal   sentido,   debe  precisarse  inicialmente que la causal  invocada  por el peticionario, como lo ha sostenido la  Sala   en  anteriores  oportunidades,  «se  refiere  a  los  eventos  donde concurre alguno de los supuestos  fácticos  de  extinción  de  la  acción,  pues  son  ellos los que impiden el  ejercicio  de  la  potestad  punitiva  del  Estado»6.   

En  ese  orden,  su comprensión debe estar  integrada  a  lo  dispuesto  en  los artículos 77 ibídem y 82 de la Ley 599 de  2000,  que  establecen  las circunstancias de hecho y de derecho que dan lugar a  la   extinción  de  la  acción  penal  y,  en  razón  de  ello,  suscitan  la  imposibilidad de iniciarla o de continuar con su ejercicio.   

En  ninguna  de  esas  dos disposiciones se  prevé  como  causal  de  extinción  de la acción penal la descriminalización  sobreviniente  de  una  conducta,  que  es  lo  alegado  en  este  asunto por la  Fiscalía,  de  modo  que  de  entrada  se advierte que la causal de preclusión  invocada no se ha configurado.   

Lo anterior no es óbice, sin embargo, para  que  la  pretensión  sea objeto de examen y decisión, toda vez que, como ya se  esbozó  en precedencia, «en los eventos en los que el  representante  del  ente  acusador  invoque  como  fundamento de la solicitud de  preclusión  de  la  investigación  una  causal y su argumentación en realidad  corresponde  a  otra  diferente,  como  ocurre en el presente caso, la Sala debe  inclinarse  por  resolverla  conforme  a la sustentación otorgada»7.   

2. Del  examen  de  la  argumentación  presentada por la Fiscalía se  observa  que,  en  su criterio, la conducta atribuida a CORREA VALENCIA dejó de  ser  típica  con  ocasión  de  la  promulgación  de  la  Ley  1709  de  2014;  comprensión  que  tuvo  también  la  Sala  de  Conjueces que decidió sobre el  asunto   en   primera   instancia,   pues   estimó  que   se  configuró  el  fenómeno de la atipicidad sobreviniente.   

En  ese  entendido,  con independencia del  yerro  conceptual  en  que  incurrió  la  Fiscalía  al  invocar  la  causal de  preclusión  de  que  trata  el  numeral  1° del artículo 332 de la Ley 906 de  2004,  surge  palmario  que a su argumentación subyace la consideración de que  la  conducta  realizada por CORREA VALENCIA no se subsume, al menos actualmente,  en  ninguna  de  las descripciones delictivas recogidas en la parte especial del  Código  Penal,  o  lo que es igual, que es atípica,  con   lo   cual   su   pedido   se   ajusta   a   la   causal   de   preclusión  establecida   en   el   numeral   4°   ibídem.   

Desde  esa  perspectiva, entonces, la Sala  examinará el asunto.     

3. Ahora  bien,  la Sala anticipa que revocará la decisión recurrida  y,  en  su  lugar, negará la solicitud de preclusión elevada por la Fiscalía,  de acuerdo con las razones que se exponen a continuación.   

En el presente asunto se tiene que mediante  sentencia  de  julio  29 de 2010, DIANA LUCÍA CORREA VALENCIA, en condición de  Juez  Primera  Penal Municipal de Conocimiento de Dosquebradas, condenó a Abner  Sneider  Zúñiga  Prieto a la pena principal de 38 meses y 9 días de prisión,  como  autor  del delito de lesiones personales culposas. En la misma providencia  le  concedió  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena (fs. 4 a  24, c. 3).   

Para esa fecha, estaba vigente el artículo  63  de  la  Ley  599  de 2000 en su redacción original, que, en cuanto interesa  enfatizar ahora, disponía lo siguiente:   

«La ejecución de la pena…se suspenderá  por  un  período  de  dos  (2)  a  cinco (5) años, de oficio o a petición del  interesado,   siempre   que   concurran  los siguientes requisitos:   

    

1. Que  la  pena  impuesta  sea  de prisión que no exceda de tres (3)  años.   

2. Que   los   antecedentes  personales,  sociales  y  familiares  del  sentenciado,  así  como  la  modalidad  y  gravedad de la conducta punible sean  indicativos de que no existe necesidad de ejecución de la pena».     

De la simple lectura del precepto normativo  transcrito  se  desprende que la viabilidad del otorgamiento del beneficio está  supeditada    a    que    se    verifique    la    satisfacción    concurrente de  las dos exigencias allí establecidas.   

A  pesar  de  ello  y  aunque  la sanción  impuesta    por   CORREA  VALENCIA  a  Zúñiga Prieto excedía de 3 años, aquélla lo favoreció con ese  subrogado    penal   porque   entendió,  según  se  observa  en el texto de la providencia, que sólo el  cumplimiento   del   segundo   requisito,   atinente   a  los  antecedentes  del  sentenciado, era suficiente para ello.   

Así   las   cosas,   puede   concluirse  preliminarmente  que  la  conducta  de  la indiciada, en cuanto la sentencia fue  proferida   en  contravía  de  lo  dispuesto  en  el  artículo  63  precitado,  es  objetivamente típica.   

Con posterioridad a ello, concretamente, el  20    de    enero    de    2014,    fue   promulgada   la   Ley   1709  de  esa anualidad, cuyo artículo 29  modificó  el  artículo  63 de la Ley 599 de 2000, en los siguientes términos:   

«La ejecución de  la  pena  privativa  de  la  libertad  impuesta en sentencia de primera, segunda  o única  instancia,  se suspenderá por un período  de  dos (2)  a  cinco  (5)  años,  de  oficio  o  a  petición    del    interesado,    siempre    que   concurran   los   siguientes  requisitos:   

1. Que la pena impuesta sea de prisión que  no exceda de cuatro (4) años.   

2.  Si  la  persona  condenada  carece  de  antecedentes  penales  y  no se trata de uno de los delitos contenidos el inciso  2o              del              artículo 68A de  la  Ley  599  de  2000,  el juez de conocimiento concederá la  medida  con  base  solamente  en  el requisito objetivo señalado en el numeral 1 de este artículo.   

3.   Si   la   persona  condenada  tiene  antecedentes   penales   por  delito  doloso  dentro  de  los  cinco  (5)  años  anteriores,   el   juez  podrá  conceder  la  medida  cuando  los  antecedentes  personales,  sociales  y  familiares  del sentenciado sean indicativos de que no  existe necesidad de ejecución de la pena».   

La  reforma de las condiciones requeridas  para   acceder   al   beneficio  permiten  concluir  que,  de  haber sido sentenciado con posterioridad a  la  promulgación de la Ley 1709 de 2014, Zúñiga Prieto hubiese tenido derecho  a  la  concesión  del beneficio, pues la pena que se le impuso es inferior de 4  años,  máxime que, como  se  consigna  en  la  sentencia  censurada,  «no le  figuran   antecedentes   penales»   (f.   22,   c.  3)   

Incluso, de habérsele negado el beneficio  en   la   sentencia  de  primera  instancia,  podría  reclamar  actualmente  su  concesión    en    virtud    del   principio   de  favorabilidad  ante  el Juez de Ejecución de Penas,  como  lo tiene discernido la Sala en criterio al que basta remitirse8.   

3.2  No    obstante    lo    anterior,    razón  le  asiste  a  la  recurrente  al  sostener que,   sin   perjuicio   del  cambio  normativo  aludido,  en  el  presente  asunto  no  hay  lugar a afirmar la atipicidad  sobreviniente  de  la conducta investigada, pues la norma incriminadora, ninguna  otra  que  el  artículo  413 de la Ley 599 de 2000, que describe el prevaricato  por acción, no ha sido modificada ni derogada.   

Que los requisitos legalmente establecidos  para  conceder el beneficio de la suspensión condicional de la ejecución de la  pena   hayan  sido  modificados  de  ninguna  manera  significa  que  la  sentencia  que  se  afirma  prevaricadora  haya  perdido tal  carácter,  pues  al momento de ser proferida, como quedó visto, la funcionaria  pasó  por  alto  lo  dispuesto en la normatividad vigente llamada a regular, en  ese momento, la situación de hecho.   

Desde   luego,   la  Sala  no pierde de vista que, de acuerdo con  el      artículo     29     de     la     Carta     Política,     «en  materia penal, la ley permisiva o  favorable,   aun  cuando  sea  posterior,  se  aplicará  de  preferencia  a  la  restrictiva  o  desfavorable»;  garantía que aparece  consagrada,  además,  en  instrumentos  internacionales aprobados y ratificados  por   Colombia   –  los  artículos  9°  y  15  de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y del  Pacto  Internacional  de  Derechos Civiles y Políticos, respectivamente -, así  como en el artículo 6° de la Ley 599 de 2000.   

Una    de    las    consecuencias    del    principio   de   favorabilidad   es,  sin  duda,  la que se sigue de la  derogatoria  de tipos penales, pues en tal evento, la descriminalización de las  conductas  obliga, según  el   caso,  a  cesar  la  persecución   respecto   de   quienes  están  siendo  investigados   por   ese   hecho  o  a   reconocer   la  ineficacia  de  la  sentencia  condenatoria  proferida con ocasión de la comisión de un delito que  ha dejado de serlo.   

Pero ello no ha ocurrido en este caso, en  el  que  el  hecho  de proferir resolución, dictamen o concepto manifiestamente  contrario  a  la  ley,  que  es  el  atribuido  a  CORREA VALENCIA, sigue siendo  constitutivo   de  delito,  sin  que  sea  posible  sostener  que  la  posterior  modificación   de   la   disposición   normativa  que  se  afirma  quebrantada  – el artículo 63 de la  Ley   599  de  2000  –  enerva el reproche penal  de    la    conducta    ni    su    desvalor   de   acción   y   resultado,    menos   aún   en   tanto  el  bien  jurídico  tutelado,  que  es  «la  administración  pública  en su  especifica  versión  de  exigir  el  respeto  de  la  autoridad  a  la ley y el  Derecho»9, se vio en todo  caso menoscabado.   

El Fiscal peticionario, acompañado por la  defensa,   plantea   su  argumento, en el sentido  de  que  la  conducta  atribuida  a la indiciada ya no es penalmente reprochada,  aduciendo  que si un Juez  actualmente  favorece con la suspensión condicional de la ejecución de la pena  a  una  persona condenada  a la pena de 38 meses y 9  días de prisión, no incurrirá en delito.   

Pero  ese  planteamiento  es  artificioso,  pues  lo  que  debe  ser  cuestionado a efectos de  establecer  si  la  norma  incriminadora  desapareció  es  si favorecer con ese  subrogado  a  quien  no cumple con los requisitos legalmente previstos para ello  – cualesquiera que sean  –    constituye   una   conducta  típica;  cuestionamiento    al   que   necesariamente   debe   responderse   de  manera  afirmativa, pues como ya se  dijo,  el  tipo  penal  que  define  el  prevaricato  por  acción subsiste, sin  modificaciones, en el ordenamiento vigente.   

Puesto  de  otra  forma,  la  acción  de  beneficiar   con   el  subrogado  en  comento a  quien  no  satisface  los  presupuestos  fijados  en  la  ley  para dicho      efecto     –    esa    es   la   acción  que  se  le atribuye a CORREA  VALENCIA   –   sigue  estando  prevista  en el ordenamiento como delito y, en consecuencia, de ninguna  manera  es  posible  afirmar  la  atipicidad  sobreviniente  de la conducta cuya  comisión se reprocha a la nombrada.   

3.3 Ya la Sala,  al  estudiar  la  posible  atipicidad  sobreviniente  del  delito de tráfico de  migrantes  con  ocasión de la variación posterior de los requisitos de entrada  al  país de personas de distintas proveniencias, trazó un criterio que, aunque  no  se  refiere  a  una  situación de hecho y de derecho idéntica a la actual,  resulta  aplicable al caso  que  ahora  se  examina, pues le subyacen consideraciones atinentes a los mismos  problemas jurídicos planteados en este asunto.   

En    ese    ámbito,    la   Corte   ha   sostenido   que  la  conducta  de  facilitar  el  ingreso  de personas al  país  que  no  cumplen  con  los  requisitos  legales  exigidos  no deja de ser  penalmente   recriminado  por  el  hecho  de  que  con  posterioridad  a  ello  se eliminen las exigencias  migratorias que fueron desconocidas en ese momento.   

Ha discernido  la Corporación:   

«Relévase,  acorde  con  lo  expresado en  precedencia,  cómo  el  considerar  que  una conducta lesiva del bien jurídico  determinado  por  el  legislador,  realizada en unas condiciones específicas de  tiempo  y  modo, reporta una alteración al mundo fenoménico de tal entidad que  deja  una impronta inmodificable en todas sus particularidades, la cual, por tal  razón,    constituye   el   ámbito   óntico   de  apreciación,  con independencia del momento en que varían los requisitos de la  norma   de   reenvío,  del  análisis jurisdiccional a que haya lugar.   

Expresado  de  otro modo, el comportamiento  desarrollado  que  adquiere  connotaciones  de  punible,  se  erige  en  un dato  histórico  relevante  y  estático,  que  podrá ser  objeto  de  valoración  mas  no  de mutación alguna, mientras el legislador no  introduzca  normas  que  sustraigan la valoración de la calidad nociva del acto  delictivo.  Así, en tanto ello no ocurra, la ilicitud  será  vista  con  la  misma  magnitud  en los diferentes tiempos en que ella se  analice»10    (la   negrilla   no   está   en   el  original).   

Las  consideraciones  precedentes  bastan  para  concluir  que  la  decisión confutada debe ser revocada, pues  le  asiste  razón  a  la  apelante  al  afirmar que  no  existen  razones para afirmar que la conducta cuya comisión  se    atribuye    a    CORREA    VALENCIA ha dejado de ser típica o penalmente censurada.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA    SALA   DE   CASACIÓN   PENAL   DE   LA   CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA,   

RESUELVE:  

1. REVOCAR el auto  de  noviembre  27  de  2014, mediante el cual una Sala de Conjueces del Tribunal  Superior  de Pereira decretó la preclusión de la investigación seguida contra  la  Juez  Primera Penal Municipal de Dosquebradas, DIANA LUCÍA CORREA VALENCIA,  por la presunta comisión del delito de prevaricato por acción.   

En su lugar, NEGAR  la  preclusión  de la investigación reclamada por la  Fiscalía.   

         

2.  ORDENAR el  envío    inmediato   de   las   diligencias   a   la   Fiscalía   3°  Delegada  ante el Tribunal Superior de Pereira, para lo de su  cargo.   

Notifíquese   y  cúmplase.   

JOSÉ         LUIS   BARCELÓ               CAMACHO   

JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO       FERNÁNDEZ CARLIER   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO    ENRIQUE   MALO   FERNÁNDEZ   

EYDER   PATIÑO   CABRERA   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS      GUILLERMO     SALAZAR  OTERO   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 CSJ  AP,  30  nov  2006,  rad.  26.517. Aunque el artículo 334 de la Ley 906 de 2004  utiliza  la  expresión  “sentencia”  para  referirse  a la naturaleza de la  decisión  que  decreta  la  preclusión,  esta Corporación tiene precisado que  dicha   providencia   está  revestida  de  la  condición  de  auto.     

2 Esta  causal   se   debe   interpretar   conforme  al  artículo  77  del  Código  de  Procedimiento  Penal  en  donde se plasman los eventos en los cuales se extingue  la  acción penal: muerte del imputado o acusado, prescripción, aplicación del  principio  de  oportunidad,  amnistía,  oblación,  caducidad  de la querella y  desistimiento.   

3 CSJ  SP, 6 dic 2012, rad. 37.370.   

4 CSJ  SP, 23 feb 2006, rad. 23.901.   

5 CSJ  SP, 25 may 2005, rad. 22.855.   

6 CSJ  AP, 17 oct 2012, rad. 39.679.   

7 CSJ  SP, 6 dic 2012, rad. 37.370.   

8 CSJ  AP, 20 oct 2014, rad. 41.191.   

9 CSJ  SP,   17   jun  2009,  rad.  30.748.  Citado  en  CSJ  SP,  19  mar  2014,  rad.  41.357.   

10 CSJ,  SP   24   oct.   2007,   rad.  26597.  Citado  en  CSJ  SP,  5  mar  2014,  rad.  36.337.     

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