AP2020-2015(45711)

2015

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    República   de  Colombia      

Corte Suprema de Justicia  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado Ponente  

AP2020-2015  

Radicado 45711  

          (Aprobado   acta   número  139)             

Bogotá,  D.C,  veintidós (22) de abril de  dos mil quince (2015).   

         La  Sala  resuelve  el  recurso  de  apelación  interpuesto por la  defensa  contra  el auto de 11 de marzo de 2015, mediante el cual la Sala Única  del  Tribunal  Superior  de Quibdó resolvió las solicitudes probatorias de las  partes  en  el  proceso  que  se  le sigue a ENNUER RUBIELA PALACIOS MENA por la  presunta comisión del delito de peculado culposo.    

HECHOS  

         En  el escrito de acusación se señala  que  Gilberto  Calderón  Mena,  quien  se  desempeñó  como Inspector Local de  Policía  en  Istmina  entre  el 2 de mayo de 1996 y el 31 de diciembre de 2000,  promovió  contra  ese  municipio,  a  través de apoderado y en fecha que no se  precisa,    el    proceso   laboral   ejecutivo   radicado   2006   –     0083,    cuyo    conocimiento  correspondió  al  Juzgado  Civil  del Circuito de la misma ciudad, del que para  entonces era titular Miton Yesid Perea Mosquera.   

         Para dicho efecto, el demandante aportó  como  título ejecutivo la resolución de diciembre 31 de 2000, mediante la cual  se  realizó  el  reconocimiento cesantías por valor de $7.277.637. Allegó, de  igual  manera,  la  certificación  suscrita  por  el  Tesorero  y el Alcalde de  Istmina,  en  la  que  se  señalaba que el pago de esa acreencia no había sido  efectuado.   

         En razón de lo anterior, el 24 de julio  de  2006  el  despacho  libró  mandamiento  de  pago  en contra de la autoridad  demandada por valor de $48.316.111.   

         El  26  de  enero  de  2010,  luego  de  notificada  la  demanda al  apoderado  del  municipio  de Istmina, el mandatario del demandante presentó la  liquidación  del  crédito,  en  la  que  incluyó  el valor de las cesantías,  correspondiente   a  $7.277.637,  así  como  $283.774.796.76  por  concepto  de  sanción  moratoria,  calculado  desde  el  15 de febrero de 2001 hasta el 26 de  enero de 2010.   

         Mediante  auto  de  febrero  9  de  esa  anualidad,  el entonces titular del despacho aprobó la liquidación del pasivo,  fijó  el monto correspondiente a las agencias en derecho en $28.377.471  y  entregó  dos  títulos,  generados  por el embargo a las cuentas del municipio,  por   valor   de   $74.105.545   y   $71.622.313,   respectivamente.                               

                     En  esa  etapa de la actuación, la titularidad  del  despacho  fue asumida por ENNUER RUBIELA PALACIOS MENA, quien el 2 de junio  de  2010,  en  respuesta  a  una  petición elevada por el apoderado de Gilberto  Calderón  Mena,  entregó  un  tercer título, en concreto, el identificado con  número 433266666622674, por $4.730.742.22.   

                           Posteriormente  se  pudo  establecer  que  el verdadero valor de lo  adeudado  por  concepto  de  sanción  moratoria  era $33.356.355; de una parte,  porque  las  cesantías fueron pagadas por la entidad demandada el 11 de febrero  de  2003,  fecha hasta la cual debió calcularse la sanción moratoria. De otra,  porque  de  acuerdo  con  lo previsto en el artículo 2° de la Ley 244 de 1995,  los  intereses  no  debieron  contarse  desde  el 15 de febrero de 2001, pues la  entidad  tenía  45  días  hábiles  para  realizar el pago de esa prestación.   

         Se señala, por último, que la conducta  negligente   de   PALACIOS   MENA,  quien  antes  de  entregar  el  título  No.  433266666622674  no  adelantó  ninguna gestión que le permitiera establecer la  ilegalidad  de la liquidación aprobada por quien la precedió en la titularidad  del  despacho,  dio  lugar a que se pagaran al demandante $4.730.742.22 respecto  de  los  cuales  no  tenía  ningún derecho, con detrimento de las finanzas del  municipio de Istmina.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

         1.  El  14 de  agosto  de  2014,  la  Fiscalía  radicó  el  escrito  de acusación, en el que  atribuyó  a PALACIOS MENA la comisión del delito de peculado culposo, definido  en  el  artículo  400 de la Ley 599 de 2000; acusación formulada sin adiciones  ni  modificaciones  en  audiencia  celebrada  el  30  de  septiembre de la misma  anualidad ante la Sala Única del Tribunal Superior de Quibdó.   

         2.  El  11 de  marzo  de  2015,  el Tribunal instaló y agotó la audiencia preparatoria, en la  que  Fiscalía  y la defensa enunciaron los elementos materiales probatorios que  pretenden   hacer  valer  en  juicio  y  acordaron  tener  por  demostrados  los  siguientes           hechos           (récord           13:00):   

i)  Que  la  enjuiciada  ha sido plenamente  identificada.   

ii)  Que  «la  doctora  ENNUER  RUBIELA  PALACIOS  MENA,  cuando tramitó el proceso 2006-0083,  demandante  Gilberto  Calderón Mena, demandado Municipio de Istmina, lo hizo en  calidad    de    Juez   Civil   del   Circuito   de   Istmina».   

iii)   Que  «el  proceso radicado 2006-0083, demandante Gilberto  Calderón  Mena,  demandado  municipio  de  Istmina,  contiene  las  actuaciones  realizadas por la acusada en dicho proceso».   

          iv)  Que  «el  municipio de Istmina le canceló el 24 de enero  de   2003   al   señor  Gilberto  Calderón  Mena  la  suma  de  $8.176.368,35,  correspondiente  al  pago de las cesantías que como inspector local de policía  de ese municipio tenía derecho».   

         En  la misma diligencia, el Delegado de  la  Fiscalía y el apoderado de la procesada elevaron las siguientes solicitudes  probatorias (a partir del récord 19:20):   

         2.1 El primero  pidió  que  se  decrete como prueba pericial de cargo el testimonio de Ettienne  Córdoba  Mosquera,  quien  en curso de la indagación elaboró una liquidación  del  crédito  ejecutado  en  el  proceso  promovido por Gilberto Calderón Mena  contra  el  municipio  de Istmina.

         Como soporte  de  la  solicitud, adujo que se trata de una prueba pertinente, conduce y útil,  pues  a partir de ella se acreditará que la liquidación del pasivo aprobada en  el  interior  del  proceso  fue  ilegal  y  se  probará  cuál era el monto que  realmente adeudaba la entidad territorial al demandante.   

         Agregó que por conducto de la nombrada  Córdoba  Mosquera  introduciría el informe de 22 de febrero de 2011, elaborado  y  suscrito  por  aquélla,  contentivo  de  esa labor pericial.   

         2.2  El representante judicial de PALACIOS  MENA,  por  su  parte,  pidió  el decreto de los testimonios de Claudio Enrique  Torres  Díaz  y  Jorge  Hugo  Torres  Granja, a quienes calificó como testigos  expertos.  Así  mismo,  de  las  declaraciones  de Cruz Johnny Figueroa Rojas y  Alexander  Ibargüen Lozano,  a quienes atribuyó la condición de testigos comunes.   

          2.2.1.   En  relación  con  los  nombrados  Torres  Díaz  y  Torres Granja, señaló que se  desempeñan   como   Jueces  1°  y  2°  Laborales  del  Circuito  de  Quibdó,  respectivamente.   

         Indicó,  a  efectos  de  sustentar  la  pertinencia,  conducencia y utilidad de los mismos, que se trata de personas con  amplios    conocimientos    en    derecho    laboral    y    derecho    procesal  laboral.              En ese entendido, sus testimonios resultan valiosos para ilustrar  al  despacho  sobre  la  forma en que se tramitan los procesos ejecutivos en esa  especialidad,  en  concreto,  sobre  las  reglas  que los rigen, las facultades,  poderes  y  competencias  de  los  funcionarios  judiciales que los dirigen y la  comprensión  del  principio  de  convalidación  de  actos  irregulares  en ese  particular ámbito.   

          Agregó   que   dichos  testigos  son  esenciales  para  la defensa, pues su teoría del caso consiste en demostrar que  PALACIOS  MENA no tenía la facultad de cuestionar ni revisar la legalidad de la  liquidación   del   crédito  que  fue  aprobada  por  el  funcionario  que  la  antecedió;  afirmación  que  puede  ser demostrada, precisamente, mediante los  aludidos   testigos  expertos,  máxime  que  son  profesionales  de  reconocida  idoneidad.   

          Concluyó  que  si  bien,  en principio, puede parecer que se trata de pruebas repetitivas,  toda  vez  uno  y otro atestarían sobre situaciones similares, lo cierto es que  la  regla  prevista  en  el  artículo 407 de la Ley 906 de 2004, que permite al  Juzgador  limitar  el  número  de  declarantes convocados por las partes, no es  aplicable  al  caso  de  los  testigos  expertos,  sino  únicamente  al  de los  peritos.   

          2.2.2.  De  otra  parte y en lo que tiene  que   ver   con   los   testimonios   de   Figueroa  Rojas  e  Ibargüen  Lozano, el peticionario expuso que  la  primera  funge como secretaria del Juzgado del que es titular PALACIOS MENA,  mientras que el segundo trabaja como escribiente del mismo.   

          Afirmó   que   a   través   de  sus  declaraciones  demostrará  la  situación  en  la que se encontraba el despacho  para  el  momento  en  que  la  acusada  tomó posesión del cargo, así como el  manejo  que  se  daba a los títulos judiciales, la carga de trabajo existente y  la  manera  en  que se tramitaban los procesos ejecutivos laborales, entre otras  circunstancias similares.   

          Indicó   que  se  trata  de  pruebas  pertinentes,  conducentes  y útiles porque permitirán ilustrar a la Sala sobre  el  aspecto  subjetivo  de  la  infracción  del  deber  de  cuidado atribuida a  PALACIOS MENA.   

         3.  La  Fiscalía  se opuso al decreto de  los testimonios de Torres Díaz y Torres Granja (récord 53:00).   

        Indicó que  no  pueden  ser  catalogados  como  testigos  expertos, pues no presenciaron los  hechos  investigados,  pero  además,  que  los  poderes y facultades de los que  están  revestidos  los  jueces  aparecen consagrados en la Ley, de modo que sus  declaraciones son en realidad inútiles.   

         La  defensa,  por  su  parte, pidió la  inadmisión   del   testimonio   de   la   perito   Córdoba  Mosquera  (récord  43:00).   

         Aseveró que, de acuerdo con el escrito  de  acusación, el delito atribuido a PALACIOS MENA se habría perfeccionado por  la  entrega  de  un título judicial. En ese orden, la liquidación del crédito  que  con posterioridad haya elaborado la experta no guarda ninguna relación con  el   objeto   del   debate   y,   por   lo   mismo,   se  trata  de  una  prueba  impertinente.   

         Agregó  que la única liquidación del  pasivo  relevante  es  la que fue presentada por el demandante y aprobada por el  Juzgado;  misma  que  consta  al  interior  del  proceso ejecutivo promovido por  Calderón   Mena,   cuyo   contenido   íntegro  fue  objeto  de  estipulación.   

PROVIDENCIA IMPUGNADA  

       1.  El  Tribunal  decretó, como prueba de cargo, el testimonio de la  perito   Ettienne  Córdoba  Mosquera,  junto  con  el  correspondiente  informe  pericial de 22 de febrero de 2011.   

          El a quo  consideró  que  los  hechos  jurídicamente  relevantes  no  están  vinculados  únicamente  con  la  entrega  del título judicial que dispuso la acusada, sino  también  con  el  pago  de valores no adeudados al demandante, en perjuicio del  municipio  de Istmina, de modo que se trata de una prueba pertinente, conducente  y  útil,  en  tanto  la  determinación  del  valor  real del pasivo sí guarda  relación con el objeto del debate.   

         2.  De  igual  modo,  decretó  como  pruebas de la defensa los testimonios de Figueroa Rojas e  Ibargüen   Lozano,   pues   consideró  que  cumplen  con  las  condiciones  de  admisibilidad previstas en la ley.   

          3.  Por  el  contrario,  negó las declaraciones de Torres Díaz y Torres Granja. Estimó que  los  nombrados  no  pueden  ser  considerados como testigos expertos, pues sólo  puede  reputarse  tal  a quien «percibe unos hechos y  declara  sobre los mismos teniendo en cuenta su conocimiento especializado sobre  un arte u oficio».   

        El Tribunal  añadió  que  lo  pretendido  por  la  defensa  mediante la práctica de dichos  testimonios  no  es otra cosa que aludir a circunstancias que aparecen reguladas  en  la  ley,  lo  cual  no  resulta  conducente,  pertinente ni útil, pues ello  «es  objeto  de  valoración  por los funcionarios»  (a partir del récord 59:30).   

LA  IMPUGNACIÓN   

           El  auto  de  primera  instancia  fue  recurrido  por  el defensor de PALACIOS MENA, quien pide su revocatoria en tanto  decretó  como  prueba  de  cargo el testimonio de la perito Córdoba Mosquera y  negó  como  pruebas de descargo los testimonios de Claudio Enrique Torres Díaz  y Jorge Hugo Torres Granja (récord 1:09:00).   

         En cuanto a lo primero, insistió en que  se  trata  de  una  prueba impertinente, pues el delito de peculado culposo cuya  comisión  se atribuye a la acusada está vinculado con la entrega de un título  judicial.  Agregó  que  la  única  liquidación  relevante  en el trámite del  proceso   ejecutivo   es   la  que  aprueba  el  Juez,  que  es  la  única  que  «rige       el       proceso».   

         En  relación  con los testimonios de Torres Díaz y Torres Granja,  señaló  que el derecho no se limita al contenido de las disposiciones legales,  sino que «va mucho más allá de eso».   

         Así,  aunque es cierto que el Tribunal  puede  acudir  a  los códigos para comprender los aspectos básicos del proceso  ejecutivo  laboral,  lo  cierto es que se requiere un experto para comprender la  práctica   interpretativa,   la   cual   escapa   al   simple   texto   de  las  normas.   

         Concluyó  que  quienes  no  tienen  la  condición  de  expertos  en  derecho  laboral no pueden entender «las  prácticas  que  allá  se generan»  ni  el  alcance que ciertas categorías tienen en esa  particular  rama  del  derecho,  de  modo  que  esas  declaraciones sí resultan  pertinentes,  conducentes  y  útiles,  máxime  que  la  teoría del caso de la  defensa    se    soporta   precisamente   en   consideraciones   de   naturaleza  jurídica.   

NO  RECURRENTE   

         El  Delegado  de la Fiscalía intervino  para    solicitar    la    confirmación    del    auto    recurrido    (récord  1:26:30).   

         Manifestó,  en  relación  con  las  pruebas  de  la  defensa cuyo  decreto  fue  negado  en  primera  instancia,  que  no es procedente convocar al  juicio  a un testigo para que declare sobre un trámite que está previsto en la  ley.   

         En  relación con la prueba pericial de  cargo  cuya  inadmisión pretende la defensa, indicó que la situación de hecho  relevante  no  se  limita  a la entrega que de un título judicial hizo PALACIOS  MENA,  sino que también comprende la liquidación del pasivo y los factores que  fueron  tenidos  en  cuenta  para  dicho  efecto,  de  modo que el testimonio de  Córdoba Mosquera sí es pertinente.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          1.  La Corte es competente para conocer de  la  providencia  impugnada,  de  conformidad con lo dispuesto en el numeral 3º,  del artículo 32 de la Ley 906 de 2004.   

2.  La  Sala  ha  sostenido  que  la  relación  entre  el  derecho penal sustancial y el adjetivo  permite  comprender  el  contenido  y  alcance  de las nociones de pertinencia y  conducencia  probatoria  en  un  caso concreto, pues a partir de ella es posible  establecer   si   un   determinado   medio  de  prueba  se  refiere,  directa  o  indirectamente,   a  «los  hechos  o  circunstancias  relativos    a    la    comisión    de    la    conducta    punible    y    sus  consecuencias».   

         Para dicho  propósito,  resulta  igualmente  necesario referir el escrito de acusación, en  lo  específico,  en  lo  que  a  la  precisión  de  los  hechos jurídicamente  relevantes  respecta, pues éste constituye el marco que delimita el ámbito del  juicio1  y,  en  consecuencia,  a partir de esa  pieza  se  hace  posible discernir si los elementos cognoscitivos reclamados por  las partes están revestidos de pertinencia.   

         Pues bien,  como  lo  aduce  el  apelante,  en el escrito de acusación se señala como acto  consumativo  del  delito  aludido  el de «entregar el  título  433266666622674»,  con lo cual «se  perdieron  (sic) de las arcas del municipio demandado la suma  de $4.730.742.22» (fs. 3 a 6).   

         No  obstante, allí también se precisa  que  la  conducta  imprudente  de  PALACIOS  MENA  se  habría concretado en que  «nada  hizo…para  estudiar el proceso y así poder  percatarse  que  las  liquidaciones  del crédito aprobadas por el anterior juez  desbordaba  (sic)  la  legalidad  del  proceso»  (f.  4).   

             Más  adelante  se  consigna  que  «debió  la  jueza para  proceder  a  la entrega del título, haber estudiado la demanda…el mandamiento  de  pago;  debido  a  que estas actuaciones procesales mostraban el lindero para  establecer  las  acreencias  debidas  al  demandante  en  el  proceso  que  ella  tramitaba» (f. 4).   

         Claro,  entonces,  que  en  el presente asunto la delimitación del  deber  objetivo  de  cuidado  exigible  a PALACIOS MENA y su alegada infracción  están   vinculadas   inescindiblemente   con   la  supuesta  ilegalidad  de  la  liquidación  del  crédito que fue aprobada por el funcionario que la precedió  en  la  titularidad del despacho.            

Y  si  ello es así, no queda sino concluir  que  la  prueba  pericial  de  cargo  cuya  inadmisión  reclama en esta sede el  recurrente,  la  elaborada por Ettienne Córdoba Mosquera, es pertinente, pues a  partir  de  ella  la  Fiscalía  pretende  demostrar  una  de las circunstancias  fácticas  relevantes  contenidas en la acusación, esto es, que la liquidación  del  pasivo  que  obraba  en  el expediente era, en efecto, ilegal, y debió ser  revisada por la acusada.   

No  le asiste razón al apelante, entonces,  al  afirmar  que  el  dictamen  de  Córdoba  Mosquera  es un elemento de prueba  impertinente  y debe ser inadmitido. En consecuencia de ello, el auto recurrido,  en este punto, será confirmado.   

               3.  El  mandatario  judicial de PALACIOS MENA pide que se  revoque  la  decisión  de  primera  instancia  y, en su lugar, se decreten como  pruebas  de  descargo  los  testimonios  de Claudio Enrique Torres Díaz y Jorge  Hugo   Torres   Granja,   a   quienes   atribuye   la   condición  de  testigos  expertos.   

         Como  sustento  del  pedido, adujo que los nombrados tienen amplios  conocimientos  y experiencia como Jueces Laborales del Circuito y, por lo tanto,  pidió  sus  declaraciones  para que ilustraran al despacho sobre una particular  ciencia  – la del derecho  procesal  laboral  –  y,  más  específicamente,  sobre aspectos puntuales de esa área del conocimiento,  tales  como  las  reglas  aplicables  a  los  procesos ejecutivos laborales, las  facultades,  poderes  y  competencias  de  los  funcionarios  judiciales que los  dirigen  y  la comprensión del principio de convalidación de actos irregulares  en ese ámbito.   

A  efectos  de resolver la censura, la Sala  estima  pertinente  realizar  de  manera previa algunas consideraciones sobre la  categoría  del  testigo técnico y su aplicación al proceso penal de tendencia  acusatoria establecido en la Ley 906 de 2004.   

El testigo técnico.  

           1.   De  conformidad  con  el  artículo  402  de  la  Ley  906  de  2004, «el  testigo únicamente podrá declarar sobre aspectos que en forma  directa  y  personal  hubiese  tenido  la  ocasión  de  observar  o percibir».                     Adicionalmente,  el  artículo  392  ibídem  prescribe  que  en el  desarrollo  del interrogatorio de los testigos, «toda  pregunta    versará    sobre    hechos».   

         En   razón   de   lo   anterior,   es   inadmisible,  en  principio,  que el deponente presente  apreciaciones  u  opiniones personales sobre los hechos aprehendidos; en caso de  hacerlo,  el  funcionario  judicial  tiene el deber de omitirlas y abstenerse de  valorarlas  como  fundamento  probatorio  del  fallo2.   

         No obstante lo anterior, es posible que  quien  concurre  al  juicio  como  testigo  sea  un individuo con una particular  cualificación  académica,  profesional  o científica, en razón de la cual se  hace  plausible  que la evocación de los hechos percibidos se vea enriquecida o  complementada  por  las opiniones o apreciaciones que, precisamente en virtud de  esa especial condición, puede haberse formado el deponente.   

         Así  lo  reconoce el artículo 276 de la Ley 600 de 2000, atinente  al  testimonio, de acuerdo con el cual «se permitirá  provocar   conceptos   del  declarante  cuando  sea  una  persona  especialmente  calificada  por sus conocimientos técnicos, científicos o artísticos sobre la  materia».                          

           

         Ocurre,  sin embargo, que dicha categoría, a la que con frecuencia  se  alude  con  la  nominación  de  testigo  técnico,  carece de consagración  expresa  en  la  Ley  906  de  2004,  en la que tampoco se regula el tratamiento  procedimental  que  debe darse al testimonio rendido por quien tiene condiciones  académicas,  profesionales  o  científicas que lo distancian o diferencian del  testigo común.   

        Esa  omisión normativa, en virtud del principio de integración de  que  trata  el artículo 25 de esa codificación, impone la remisión al Código  de  Procedimiento  Civil,  en  el  cual sí existe disposición expresa sobre la  materia.   

          En efecto, el artículo 227 del  Decreto  1400  de  1970, reiterado en el 220 de la Ley 1564 de 2012, se ocupa de  la  práctica del testimonio y dispone, en cuanto interesa resaltar actualmente,  que  «el juez rechazará las preguntas… que tiendan  a  provocar  conceptos  del  declarante  que  no sean necesarios para precisar o  aclarar  sus  percepciones, excepto cuando se trate de  una   persona   especialmente   calificada   por  sus  conocimientos  técnicos,  científicos      o      artísticos      sobre      la      materia».   

        En  ese sentido, nada se opone a que la noción de testigo técnico  sea  integrada  al  esquema  procedimental  establecido  en la Ley 906 de 2004 y  aplicada en las actuaciones seguidas bajo esa ritualidad.   

2. La  doctrina  especializada,  tanto  en el  ámbito  del  procedimiento civil, de donde se toma la figura, como en el penal,  se  ha ocupado de definir al testigo técnico como aquél que percibe los hechos  objeto  de  investigación  y  que,  en  razón de una especial cualificación o  preparación  técnica,  científica  o  artística,  puede  agregar  al  relato  vertido   en  juicio  opiniones,  impresiones  o  apreciaciones  vinculadas  con  aquéllos, que contribuyen a su esclarecimiento.   

          Esa comprensión coincide con la  que  se  ha formulado en algún sector del derecho comparado, al que no es ajena  la noción que ahora se examina.   

Así, mientras en el derecho procesal penal  venezolano   la   doctrina   alude  al  testigo  técnico,  también  denominado  calificado,  como la «persona que posee conocimientos  especiales  en razón de la ciencia o arte que desempeña y que se vale de ellos  al        narrar        algún        hecho»3,  en  Argentina  se define el  «testimonio       técnico»       como  «el que prestan aquéllas personas  que  conocen  el hecho en virtud o con auxilio de sus conocimientos científicos  o  técnicos  especiales  y, por consiguiente, fundamentan su narración en esos  conocimientos,   además   de   sus  percepciones»4.   

3.  La  Sala  ha  tenido  oportunidad  de pronunciarse, aunque no profusamente, sobre el contenido  y alcance del concepto de testimonio o testigo técnico.   

            En  efecto,  la  Corporación  sostuvo,  en  CSJ  SP,  11  abr  2007,  rad.  26.128, que el testigo técnico es  «aquel  sujeto que posee conocimientos especiales en  torno  a  una  ciencia  o arte, que lo hace particular al momento de relatar los  hechos  que interesan al proceso, de acuerdo con la teoría del caso»;  puesto  de  otra  forma, que «es la  persona  experta de una determinada ciencia o arte que lo hace especial y que al  relatar  los  hechos  por  haberlos  presenciado se vale de dichos conocimientos  especiales».   

Esa  conceptualización  ha sido reiterada  por   la   Corporación,   sin   modificaciones   o  ampliaciones,  en  plurales  pronunciamientos    posteriores,   a   los   que   basta   remitirse5.   

4.    Las  consideraciones  expuestas  hasta  ahora  permiten  extraer, en relación con la  categoría     objeto     de     examen,     las     siguientes     conclusiones  preliminares:   

          A) Aunque el concepto de testigo  técnico  no  aparece consagrado ni regulado expresamente en la Ley 906 de 2004,  ninguna  dificultad  ofrece  su  aplicación  a  los  procesos  seguidos bajo el  procedimiento  allí  establecido,  en  razón  de  la  remisión  al Código de  Procedimiento   Civil,   posible   en   virtud  del  principio  de  integración  establecido en el artículo 25 de esa codificación.   

B) El testigo técnico es, de todas maneras  y  a  pesar  de  su  cualificación especial, un testigo, de modo que debe haber  percibido  de  manera  personal  los  hechos  objeto  de  controversia  u  otros  relacionados  directa  o  indirectamente  con  aquéllos,  pues  sobre  eso debe  ocuparse su declaración.   

C)  No  obstante,  el  testigo  experto se  diferencia  del  común  en  cuanto,  aunque  ambos  declaran  sobre  los hechos  aprehendidos  por  los propios sentidos, el primero cuenta con cierta experticia  en   una   determinada   ciencia,   técnica   o  arte  de  la  que  el  segundo  carece.   

Esa  distinción fáctica entre uno y otro  permite   dispensarles  un  tratamiento  jurídico  diferenciado,  de  modo  que  mientras  al  testigo común le está vedado exponer apreciaciones o impresiones  personales  en  el  curso  de  su  deposición,  al  testigo  experto  le  está  permitido,  siempre que aquéllas, formadas como consecuencia de sus condiciones  profesionales  o académicas, se relacionen con los hechos objeto del testimonio  y contribuyan a mejorar su ilustración.   

5. El tratamiento  jurídico  diferenciado  entre  el  testigo  común  y el técnico, desde luego,  también  se  ve  reflejado en la verificación de los requisitos sustanciales y  procesales  que  determinan  su  decreto  y  posterior  práctica  en  la  vista  pública,  algunos  de  los cuales coinciden, mientras que otros divergen.    

No  puede perderse de vista que el testigo  experto,  según  quedó  esbozado  en  precedencia, no pierde, por razón de su  especial cualificación profesional, la condición de testigo.   

En  ese  orden  de  ideas,  quien pretende  acopiar  una  declaración  de  esa  naturaleza,  al  igual que quien reclama un  testimonio  ordinario,  debe  señalar,  en  la sustentación de la pertinencia,  conducencia  y  utilidad  de  dicho  medio  de  prueba,  si  el declarante tiene  conocimiento  personal  de los hechos, pues sólo sobre aquéllas circunstancias  fácticas  que ha conocido directamente por los sentidos, al tenor del artículo  402 de la Ley 906 de 2004, le está permitido atestar.   

Pero más allá de esa similitud, es claro  que   la  solicitud  del  testimonio  técnico  supone  también  la  precisión  oportuna,  esto  es,  en  la  audiencia  de  formulación  de  acusación  o  la  preparatoria,  según  el  caso,  de cuál es la especialidad del declarante, la  razón    de    su    conocimiento    técnico    o   científico   –  esto es, si fue adquirido en razón  de  capacitación  acreditada mediante título profesional legalmente obtenido o  por     su    reconocido    entendimiento    en    la    materia    –    y    del    contenido   de   su  deposición.   

Lo  anterior,  pues como lo tiene dicho la  Sala,   la   posibilidad  de  controvertir  las  pruebas  allegadas  al  proceso  constituye  una  garantía  fundamental en el esquema procedimental vigente, por  lo  que  la  Fiscalía y la defensa deben conocer con suficiente antelación los  medios  de  conocimiento  y  las  evidencias  de  la  parte  contraria,  con  el  propósito  de  preparar  su propia teoría del caso6.   

          En  ese  orden,  resultaría  inadmisible  que  un  testigo,  de  quien  no  se  anunció  oportunamente  su  cualificación,  concurriera a la vista pública para relatar  los  hechos  percibidos  con adicional ilustración científica o técnica, como  quiera  que  por  esa vía resultaría sorprendida la parte en contra de la cual  se  aduce  la prueba, que quedaría imposibilitada para controvertirla, al menos  en el aspecto especializado de la misma.   

          De igual modo, si el testimonio  técnico  incorpora,  de  una  parte,  un  relato  sobre  los  hechos  objeto de  investigación  y,  de  otra,  una  apreciación  técnica  o científica que el  testigo  se forma sobre los mismos en razón de experticia sobre una determinada  área  del  conocimiento,  es  claro, según se desprende el artículo 359 de la  Ley  906  de  2004,  que  quien  pretende  el decreto y práctica de un medio de  conocimiento  de  esa  naturaleza  y  alcance  tiene  la  carga  de sustentar la  utilidad  de  la misma, no sólo en lo que tiene que ver con la presentación de  la  situación  fáctica  que realizará el testigo, sino también en punto a la  manera  en  que  sus  opiniones  doctas  contribuyen  al  esclarecimiento  de la  verdad.   

Ya en la vista pública y a efectos de que  quien  controla  la  prueba  pueda  incitar  al  declarante  a  exteriorizar sus  apreciaciones   científicas   o   técnicas,   será   necesario   interrogarlo  previamente  sobre  las circunstancias profesionales, académicas, artísticas y  de  toda  índole que permitan tenerlo, no como un testigo común, sino como uno  técnico,  tal  y  como lo dispone el artículo 417 del Código de Procedimiento  Penal en relación con la prueba pericial.   

6. Ahora bien, la  categoría  de  testigo técnico, en los términos en que ha sido definida hasta  ahora,  parece confundirse con la de prueba pericial, la cual, según lo dispone  el  artículo  405  de  la  Ley  906  de  2004,  «es  procedente   cuando   sea   necesario   efectuar   valoraciones   que  requieran  conocimientos        científicos,        técnicos,        artísticos        o  especializados».   

No en vano, esto es, ante la aproximación  teórica  entre  la  naturaleza  de  uno y otro órgano de prueba, las reglas de  evidencia  federales 702 y 703 de los Estados Unidos establecen, como una única  categoría,   la   del   testigo  experto,     definido     como    aquél    que    tiene    «conocimiento,  habilidad, experiencia, entrenamiento o educación»  en   una  materia  y  que  puede,  en  consecuencia,  «fundamentar  una  opinión en hechos o información  del  caso  que  ha  sido  puesto  en conocimiento del  experto  o que ha observado  personalmente».   

No  obstante  lo  anterior,  el desarrollo  doctrinal  y  jurisprudencial  que  en  el  ámbito  Colombiano y regional se ha  efectuado  sobre  la  materia  permite  establecer  que  se trata en realidad de  medios  de  conocimiento  distintos,  entre  los  cuales se observan diferencias  claras y marcadas.   

De  entrada,  se  advierte  a partir de la  regulación  legal  de  la  prueba pericial, establecida en los artículos 405 y  siguientes  de  la  Ley  906  de  2004, que al experto, a diferencia del testigo  técnico,  no  le  consta  nada  en  relación con los hechos objeto de litigio,  básicamente  porque  no  los  ha  aprehendido  por  los sentidos, ni directa ni  indirectamente7.   

En efecto, el perito, mediante un análisis  ex  post  de  la  situación  de hecho investigada, a la que accede a   través   de  documentos,  exámenes  físicos,  valoraciones  clínicas,  videos,  fotografías  u otros –  no  por  su  conocimiento  personal  -,  elabora  un  dictamen  contentivo   de   consideraciones,   valoraciones   y  conclusiones  de  índole  científica  o técnica, soportadas en un examen del contexto fáctico efectuado  con fundamento en sus conocimientos especializados.   

Ejemplos  de prueba pericial de recurrente  práctica  en  el  sistema  de enjuiciamiento criminal lo son el informe médico  legal  de  lesiones no fatales o sexológico, las entrevistas psicológicas, los  dictámenes  grafológicos  y  los informes forenses de accidentes de tránsito,  entre  otros,  elaborados,  no  en  razón  de  la  aprehensión personal que el  experto  tuvo  de  los  hechos  investigados,  sino  del  examen  clínico  o la  valoración  psicológica  practicados  a  la  víctima,  de  la revisión de un  documento   que   se   afirma   espurio   o  del  análisis  de  la  escena  del  accidente.   

De  otra  parte  y según se desprende del  artículo  417  de  la  Ley  906  de  2004,  aun  cuando la prueba pericial debe  ocuparse  de  realizar  una valoración científica de los hechos investigados o  de  otros  relacionados  con  aquéllos,  es  claro  que  el  perito  puede  ser  interrogado  sobre  aspectos de la ciencia, técnica o arte en la que es experto  que  no estén vinculados o relacionados de manera inmediata con el objeto de la  peritación.                           

No  de  otra  forma  se  explica  que  la  disposición  aludida autorice al perito a «consultar  documentos,  notas  escritas  y  publicaciones con la finalidad de fundamentar y  aclarar su respuesta».   

Así,  verbigracia,  es  posible  que  el  médico   forense   que  concurre  al  juicio  luego  de  haber  practicado  una  valoración  sexológica a una víctima de abuso sexual sea cuestionado sobre el  tiempo   que   toma,   por   lo   general   y  de  acuerdo  con  su  experiencia,  la sanación de las heridas ocasionadas por el acceso  carnal   violento,   como   también   sobre  las  consecuencias  físicas  que,  de acuerdo con la literatura científica, suele ocasionar tal conducta.   

De igual modo, el psicólogo forense puede  declarar  sobre  las  secuelas  mentales que, según lo  enseña  la  práctica  científica,  sufren  quienes  padecen vejámenes sexuales.   

En  contraste  con lo anterior, al testigo  experto,  en  tanto  sólo  puede  atestar sobre los hechos percibidos de manera  personal  y  dar  una  opinión vinculada directamente con ellos a partir de sus  conocimientos  especializados,  no  podría  extender  su  testimonio a aspectos  propios   de  una  ciencia,  técnica  o  arte  ajenos  al  objeto  puntual  del  debate.   

A  modo de ejemplo, podría el médico que  presenció  una  agresión física contra una persona sostener en juicio que, en  su  criterio,  la  magnitud  de  la  embestida  sería suficiente para causar la  muerte  al ofendido – para  acreditar  el  aspecto  subjetivo  del  delito de tentativa de homicidio -, pero  escaparía  al ámbito de su declaración cualquier opinión dirigida a ilustrar  sobre  situaciones  médicas  generales  no  relacionadas con ese caso concreto.   

Además  de  las  diferencias ontológicas  existentes  entre  la  prueba  pericial  y  el  testimonio  experto  previamente  reseñadas,  de  la  regulación  adjetiva  de  la primera se desprenden algunas  distinciones de naturaleza simplemente instrumental.   

Para  los actuales fines resulta relevante  enfatizar  que mientras la práctica de la prueba pericial exige la elaboración  de  un informe contentivo de la experticia que debe ser puesto a disposición de  las   partes  «al  menos  con  cinco  (5)  días  de  anticipación  a la celebración de la audiencia pública donde se recepcionará  la  peritación», según lo  dispone  el  artículo  415  de  la  Ley 906 de 2004,  ninguna  condición  similar  es aplicable al testigo  técnico,  quien  por  obvias razones, en tanto simplemente concurre al juicio a  declarar  sobre  los  hechos  percibidos,  no  suscribe  un  documento  de dicho  contenido y alcance.   

7. Cabe precisar,  finalmente,  que  con  independencia  de  las  similitudes conceptuales entre el  testimonio  técnico  y  la  prueba  pericial,  el  alcance  probatorio  de  las  apreciaciones  presentadas  por quien declara en juicio en condición de testigo  técnico  no  es  otro  que  el  de  la  prueba  testimonial,  de  modo  que  su  valoración,  tanto en lo que respecta a la ilustración sobre los hechos como a  las  apreciaciones  exteriorizadas  por  el  deponente,  está  sometida  a  los  criterios que para dicho efecto establece el artículo 404 ibídem.   

Lo  anterior  no  obsta,  en  razón de la  especial  naturaleza  del testigo técnico, para que el Juzgador, en el cometido  de  atribuirle  un  determinado mérito suasorio a ese medio cognoscitivo, tenga  en  cuenta  también el aspecto especializado de la declaración y el fundamento  científico  o  técnico  de  la  misma,  para  lo  cual  puede  acudir,  en  lo  pertinente,   a   los   criterios   establecidos  en  el  artículo  420  de  la  codificación en cita.   

El caso concreto.  

         

Efectuadas  las precisiones anteriores, la  Sala  observa,  a  partir  de  la  sustentación  presentada  por el defensor de  PALACIOS  MENA a efectos de lograr el decreto de los testimonios de Torres Díaz  y  Torres  Granja,  que  estos no tienen la calidad de testigos técnicos que el  peticionario les atribuye.   

       Ciertamente,  los  nombrados,  según  se  sigue de lo dicho por el opugnador, no presenciaron  los  hechos  objeto  de investigación, de modo que nada pueden relatar sobre el  particular  y,  menos aún, están en la capacidad de mejorar la comprensión de  los  mismos  mediante  apreciaciones  formadas  por  virtud  de  su preparación  académica o su ocupación laboral.   

En  consecuencia,  no  puede  afirmarse de  ellos dicha condición.   

Tampoco se pretende su intervención en el  presente  asunto  como  peritos,  pues  no  han examinado, desde una determinada  área  del  conocimiento  y  con  fundamento en su capacitación profesional, la  situación  de  hecho  debatida  con  el  objeto  de  presentar  conclusiones de  naturaleza científica o técnica.   

Así,  lo  que  subyace a la solicitud del  recurrente  no  es  otra  cosa  que  el  propósito  de  introducir  en la vista  pública,  mediante  dos  declaraciones  impertinentes, esto es, que nada tienen  que  ver  con  la  situación fáctica controvertida, consideraciones propias de  los  alegatos  conclusivos;  oportunidad  legalmente  prevista para exteriorizar  consideraciones  de  orden  fáctico, jurídico y probatorio, como también para  proponer al Juzgador una determinada interpretación del derecho.   

        En  todo  caso,  el  mandatario judicial de PALACIOS MENA pierde de  vista  que  el  Juez,  tanto en el esquema procesal establecido en la Ley 600 de  2000  como  en  el  de tendencia acusatoria erigido en la Ley 906 de 2004, no es  lego  sino  experto  en  derecho,  pero  además,  que  de  él  se  presume que  «lo  conoce  en  toda  su  amplitud,  o sea el orden  jurídico      integralmente      constituido»8.   

          Ello  se  desprende,  como  lo  tiene precisado la Corte Constitucional, del artículo 228  de  la  Carta  Política,  que  «le  reconoce,  a la  Administración  de  Justicia,  autonomía e independencia en sus decisiones, de  manera  que  son  ellos (los Jueces y Magistrados) quienes tienen la competencia  asignada  de  interpretar  y  aplicar  las  normas  que  dentro del ordenamiento  consideren  que  plantean  una  consecuencia  jurídica  para  el  supuesto  que  configuran     los     hechos     del     caso»9.   

Como   consecuencia   de   lo  anterior,  «esa  labor  del  juez  de  determinar  las  normas  aplicables  a  cada concreto y la interpretación de su contenido de acuerdo con  el   supuesto   de  hecho,  y  por  tanto  la  aplicación  de  una  determinada  consecuencia  jurídica, hace parte del ámbito dentro  del  cual el juez tiene la libertad de concluir de acuerdo con los conocimientos  de                    la                    ciencia                    jurídica  que             posee»10         (negrilla   fuera   del  texto).             

        En   similar   sentido,   esta   Corporación   ha   sostenido  que  «la  interpretación  y aplicación del derecho para  concluir  si  hubo  o no delito y si el sindicado es o no responsable del mismo,  resulta  exclusivo  y  excluyente del juzgador, de quien se asume conoce la ley,  quien,  además,  en  apoyo  de  sus  valoraciones  puede  y  debe  acudir  a la  jurisprudencia  (no  sólo  la  penal  sino  la  de  otras  especialidades si es  necesario),  a  la  doctrina,  a  los  principios  generales  del derecho y a la  equidad,  en  aras de orientar sus conocimientos, como con claridad lo ordena el  artículo         230        constitucional»11.   

        Lo anterior  significa  que  el  derecho  vigente  y  su interpretación, contrariamente a lo  pretendido  por  quien  recurre, no puede en ninguna circunstancia ser objeto de  prueba,  tanto  así,  que  el artículo 236 del Código de Procedimiento Civil,  reiterado  en  similares  términos  en el artículo 226 del Código General del  Proceso,   aplicable   al   procedimiento  penal  en  virtud  del  principio  de  integración  de  que  trata  el  artículo  25 de la Ley 906 de 2004, de manera  expresa   dispone   que  la  prueba  pericial  no  es  admisible  para  explorar  «puntos de derecho».   

        Las  consideraciones  expuestas en precedencia bastan para concluir  que  le asistió razón al Tribunal Superior de Quibdó al negar el decreto y la  posterior  práctica  de los testimonios de Claudio Enrique Torres Díaz y Jorge  Hugo  Torres  Granja,  de  modo  que  también en este aspecto el auto de primer  grado será confirmado.   

           En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL  DE LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,   

RESUELVE  

         1.  CONFIRMAR  el  auto de fecha y origen  indicados.   

        2.  Contra  esta  providencia  no procede  ningún recurso.   

Notifíquese y cúmplase,  

JOSÉ   LUIS    BARCELÓ   CAMACHO

Magistrado   

JOSÉ   LEONIDAS  BUSTOS   MARTÍNEZ

Magistrado   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO

Magistrado   

EUGENIO       FERNÁNDEZ CARLIER

Magistrado   

MARÍA   DEL  ROSARIO        GONZÁLEZ       MUÑOZ

Magistrada   

GUSTAVO   ENRIQUE   MALO   FERNÁNDEZ

Magistrado   

EYDER      PATIÑO  CABRERA

Magistrado   

PATRICIA    SALAZAR   CUÉLLAR

Magistrada   

LUIS      GUILLERMO     SALAZAR  OTERO

Magistrado   

NUBIA  YOLANDA NOVA GARCÍA

      Secretaria                

1 CSJ  SP, 11 feb 2015, rad. 39.894.   

2  En  ese sentido, CSJ AP, 25 mar 2015, rad. 45.374.   

3  VÁSQUEZ   GONZÁLES,  Magaly.  “Derecho  Procesal  Penal  Venezolano”.  Ed.  U.C.A.B., Caracas, 2008. P. 151.   

4 ROCHA  DEGREEF,  Hugo.  “El Testigo y el Testimonio”. Ed. Jurídicas Cuyo, 1999. P.  27.   

5 CSJ  SP,  17  sep  2008, rad. 30.214; CSJ AP, 15 jul 2009, rad. 30.355; CSJ AP, 1 oct  2012, rad. 38.160.   

6 Cfr.  CSJ AP, 11 jun 2014, rad. 43.433.   

7 Cfr.  CSJ SP, 16 sep 2009, rad. 26.177.   

8  Claría  Olmedo, JORGE A.; Jauchen, EDUARDO; Picó i Junoy, JOAN. Citados en CSJ  SP, 16 jul 2014, rad. 37.462.   

9  Sentencia  T  –  346  de  2012, M.P. Adriana María Guillén Arango.   

10  Ibídem.   

11 CSJ  AP,  7  dic  2011,  rad.  37.596.  En similar sentido, CSJ SP, 21 jul 2004, rad.  14.588.     

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