AP1674-2015(43226)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP1674-2015  

Radicación N°. 43226  

(Aprobado Acta N°. 110)  

Bogotá,  D.C., veinticinco (25) de marzo de  dos mil quince (2015).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La  Corte  examina  las  bases  jurídicas,  lógicas  y  argumentativas  de  las  demandas  de casación presentadas por los  defensores     de     Nicolás    Alejandro    Villa  Calvano  y  Patricia  Elena  Mejía  Villa contra la sentencia del 30 de septiembre  de  2013,  en  virtud  de  la  cual  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá revocó  parcialmente  la  absolutoria  dictada  por  el  Juzgado  8° Penal del Circuito  Especializado  del  mismo  distrito  judicial  y,  en  su  lugar, condenó a los  nombrados  por  el  delito  de  extorsión  tentada,  agravada para Villa Calvano.   

HECHOS  

Fueron    así    relatados    por    el  Tribunal:   

El 23 de agosto de 2004, LUZ ELENA DUQUE DE  CASTAÑO   formuló   denuncia  afirmando  haber  sido  víctima  de  exigencias  económicas   por   parte  de  NICOLÁS  ALEJANDRO  VILLA  CALVANO  [abogado,  ex  funcionario  del  DAS]  y  PATRICIA   HELENA   (sic)  MEJÍA  VILLA,  quienes  al enterarse de la captura con fines de extradición de  su   esposo,   el  19  de  agosto  de  2004,  le  exigieron  $80.000.000 para liberarlo y borrar el registro  de  la  orden  del  sistema  del  Departamento  Administrativo  de Seguridad -en  adelante  DAS-, al igual que $120.000.000 para “arreglar” su situación toda  vez que contra ella, también existía orden de captura.   

Destacó  que  VILLA  CALVANO acudió a las  instalaciones  del  DAS  en compañía de RAFAEL ENRIQUE GARCÍA TORRES, Jefe de  Sistemas  de  dicha  entidad, para insistirle en que “arreglaran el problema y  retirara la denuncia”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El  8  de  abril  de  2005  la Fiscalía  Especializada    17   Delegada   ante   el   GAULA1,  Bogotá, ordenó apertura de  investigación                 previa2  y  el  12  de  enero  de 2006  abrió                  instrucción3,  a la cual vinculó, mediante  indagatoria,     a    Nicolás    Alejandro    Villa  Calvano,   Patricia  Elena  Mejía   Villa   y  Rafael  Enrique  García  Torres.   

2.  El  31 de enero ulterior la Fiscalía 16  Especializada  resolvió  situación  jurídica  a  los dos primeros4  y  el  23 de  junio       de       2008       al      último5,   imponiéndoles  medida  de  aseguramiento      de     detención     preventiva     sin     beneficio     de  excarcelación.   

Con posterioridad, les concedió la libertad  condicional  -a   Villa   Calvano   y  a  Mejía   Villa   el   10  de  marzo  de  20066  y  a  García  Torres  el  12  de  noviembre  de 2008-7.   

3.  Clausurada  esa etapa, el 30 de abril de  2009   profirió   resolución   de   acusación   en   contra   de   todos  los  nombrados,  como  presuntos  coautores  del  delito de extorsión agravada (artículos 244 y 245 -numeral   28- del  Código   Penal),   en  la  modalidad           de           tentativa9.   

Esa  determinación  fue confirmada el 30 de  octubre  siguiente  por  la  Fiscalía  44 Delegada ante el Tribunal Superior de  Bogotá10.   

4.  Finalizada  la  audiencia  pública,  el  Juzgado  8°  Penal del Circuito Especializado de la capital profirió sentencia  el   29   de   febrero   de   2012,   en   la   que   declaró  la  «cesación  de procedimiento» a favor de  los  tres  acusados  y, en consecuencia, los absolvió  de    responsabilidad11.   

5.  El  30 de septiembre de 2013 el Tribunal  Superior  de  este  distrito  judicial,  al  resolver  el  recurso de apelación  interpuesto  por  los  representantes de la Fiscalía y del Ministerio Público,  revocó   parcialmente  la  providencia   de   primera   instancia   para,   en   su   lugar,   condenar        a       Patricia   Elena   Mejía   Villa   y   a  Nicolás   Alejandro   Villa   Calvano   por  el  punible  endilgado,  con  la  aclaración  que  respecto de  aquélla   se  elimina  la  circunstancia  de  agravación  imputada12.   

Por    consiguiente,    impuso,   a   la  primera, 35 meses, 3 días de  prisión  y  168.75 salarios mínimos legales mensuales vigentes (s.m.l.m.v.) de  multa;  y,  al  segundo,  37  meses,  24  días  de  prisión  y  multa de 742.5  s.m.l.m.v.;  a  ambos,  la  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y  funciones  públicas  por  igual  término  de  la  privativa  de  la  libertad.   

Les  negó  la suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria,  y dispuso que, una vez  cobrara    ejecutoria    la    decisión,    se   libraran   las   órdenes   de  captura.   

Confirmó  en  lo  demás.   

LAS DEMANDAS  

1.  A  favor  de  Nicolás    Alejandro   Villa   Calvano.   

Después   de   identificar   los  sujetos  procesales,  sintetizar  los  hechos  y  describir  la  actuación  surtida,  el  defensor  formula  dos  censuras en contra de la sentencia de segunda instancia,  que sustenta así:   

Primer cargo.  

Violación directa  de  la  ley sustancial, por aplicación indebida de los artículos 27, 244 y 245  -numeral 2- del Código Penal.   

Repasa  el  contenido  de  la  causal  y  la  técnica  de  planteamiento en casación (cita algunas decisiones de esta Sala),  afirma  que  acepta  los  hechos y las valoraciones probatorias, tal como fueron  asumidos     por     el     ad    quem, y enuncia los  elementos  del  delito  de  extorsión  agravada,  a  la luz de la doctrina y la  jurisprudencia.   

Asegura que el Tribunal aplicó indebidamente  el  precepto  244  del  estatuto  sustantivo  porque  la conducta desplegada por  Villa Calvano no se proyectó  en  relación con la acción de constreñir a Luz Elena Duque de Castaño o a su  esposo,  toda  vez  que aquél permitió que ésta estuviere asesorada por otros  abogados  y  en  ningún  momento  intentó doblegar su voluntad mediante algún  tipo   de   violencia.   El   ad  quem  sostuvo  que  su  prohijado  aprovechó  el  conocimiento que tenía  sobre  órdenes  de  captura con fines de extradición de la denunciante y de su  cónyuge,  no  obstante,  para  el  letrado  es  incuestionable que «poner   de   presente  las  consecuencias  de  una  solicitud  de  extradición  existente, no desborda hasta llegar al grado de coacción tal como  lo  quiso  establecer el juzgador de segundo grado»13.   

Su representado no ejerció coacción alguna  sobre   Luz   Elena,   solo   intentó   persuadirla   para   hacer  un  negocio  ilícito14,  con  la  posibilidad  de que lo consultara con otros abogados, lo  que no encuadra dentro de la descripción del injusto endilgado.   

Siguiendo  las consideraciones del fallador,  según    las    cuales    su   cliente   desplegó   actividades   «con  miras a despojar a la denunciante  de  su dinero aprovechando el conocimiento que tenían sobre la orden de captura  que  pesaba  sobre  ella  y  la  que  ya  se había concretado con su esposo, no  constituye   por   sí   misma   una   extorsión»15.   

En  ese  orden,  el juez plural se equivocó  porque  la norma en comento no contempla los hechos reconocidos en la sentencia.   

Solicita se case la providencia y en su lugar  deje en firme la absolutoria de primera instancia.   

Segundo cargo.  

Violación     indirecta  de  la  ley sustancial, en la medida en que la colegiatura aplicó  de  manera  indebida  los cánones 27, 244 y 245 -numeral 2- del Código Penal y  ello  condujo  a  dejar  de  emplear  el  7  de la Ley 600 de 2000 (in dubio pro reo).   

Al hacer la inferencia deductiva, a partir de  algunos  testimonios,  el  sentenciador  recayó  en  un  falso  raciocinio  por  desconocimiento del postulado lógico de no contradicción, así:   

Luz  Elena  Duque  de  Castaño  presentó  denuncia  el 23 de agosto de 2004 y rindió ampliación en varias ocasiones (5 y  11  de  mayo,  7  de  julio de 2005, 26 de julio de 2007 y 27 de marzo de 2008).  Según   el  ad  quem,  sus  versiones  son  coherentes, espontáneas y sinceras, no obstante, en la del 7 de  julio  refuta  lo  dicho  en  la  del 23 de agosto (trascribe apartes de ambas).   

Ello   porque,   inicialmente,     adujo    que    ella    contactó  telefónicamente    a    Patricia    Elena    Mejía  Villa  para  que asistiera a su esposo, y que dejó de  viajar  en  avión  porque  la  acusada  la convenció de no hacerlo, pero luego  afirmó  que  la  comunicación  provino  de  Patricia  Elena y que viajó por tierra para reunirse con Carlos  Rodríguez;  así  mismo, narró sentirse tranquila frente a la orden de captura  con   fines   de   extradición  por  tener  la  conciencia  limpia,  pero  ello  «contraría  la  existencia  de una extorsión en su  contra,  pues  no  se sintió coaccionada ni se le infundió temor para entregar  un  dinero»16.   

Considera  el  actor que está demostrado el  yerro  denunciado  porque  la  conclusión  a  la que arribó el Tribunal, en el  sentido  de  darle  credibilidad  a  la denunciante, no era viable. Si bien esos  contraargumentos  no hacen referencia a la situación de su prohijado, lo cierto  es  que  restan  credibilidad  a  la  declarante. No es lo mismo solicitar ayuda  profesional,    que    serle    ofrecida,  y,  en  punto  del  viaje,  no tiene claro quién se lo pidió. La  trascendencia  es  manifiesta  respecto  del  verbo  rector del delito de que se  trata.   

La   Fiscalía   no  demostró,  más  allá  de  toda  duda,  que  su  defendido  fuese  coautor  del  punible  endilgado  o si de lo que se trató fue de un posible negocio ilícito.  Ese    titubeo,    en    torno   a   la   veracidad   del   testimonio   de   la  denunciante,   ha   debido  conducir a aplicar la duda en su favor.   

La  valoración  conjunta de lo depuesto por  Patricia  Elena Mejía Villa,  su  cliente  y Luz Elena Duque de Castaño siembra la incertidumbre en relación  con  la  comisión  de  un  delito,  pues hay pruebas de cargo y de descargo que  impiden alcanzar certeza.   

Solicita   se   aplique  el  principio  de  in  dubio  pro reo porque lo  dicho  por  Luz  Elena no se valoró conforme a la sana crítica y se está ante  un  negocio  ilegal,  no una  extorsión.  En  consecuencia, pide se absuelva a Villa  Calvano por duda.   

2.   A   favor  de  Patricia  Elena  Mejía  Villa.   

El   letrado   acusa   la   sentencia  por  violación  indirecta de la  ley  sustancial,  en la modalidad de falso juicio de identidad, que condujo a la  aplicación   indebida   de   los  artículos  232  y  238  de  la  Ley  600  de  2000.   

Trae  a colación apartes de lo relatado por  Sonia  Mabel  Gaviria  Clavijo,  Juan  Guillermo  Castaño Duque, Orozman Orozco  Rodríguez  y  Miguel  Borda  Soto,  así como las consideraciones hechas por el  sentenciador  al  respecto  y  asegura  que  el  error  acaeció  porque  fueron  tergiversados sus testimonios así:   

Sonia  Mabel Gaviria Clavijo. Se excluyó lo  que  ella  contó  en  punto  de  la  llamada  al celular que Luz Elena Duque de  Castaño  recibió  cuando  estaba  en  Cartago, en la que se le informó que su  esposo  fue  detenido y sobre él y ella pesaba un requerimiento de la INTERPOL.   

Juan Guillermo Castaño Duque. Se cercenó el  aparte  donde  afirmó  que  «de esa reunión, yo la  vía  (sic) hartas veces en la casa, particularmente iba sola en un Toyota color  negro  con  blanco.  Que  NICOLAS  VILLA Y PATRICIA MEJIA, le hicieron firmar un  poder  para  llevar  el caso, cuyo poder le mostraron a mi mamá en la reunión,  mi  mamá  copio  (sic)  el  poder  y  no  se  lo»17.   

Orozman  Orozco  Rodríguez. Se cercenó su  relato  relativo  a  lo  ocurrido  en  el  centro  93,  cuando  la  acusada y su  acompañante  le  ofrecieron  a Luz Elena los servicios profesionales por razón  de la captura de su cónyuge.   

Miguel  Borda  Soto.  Se  mutiló el aparte  donde  aseveró  que  su  esposa  le  envió  dos abogados para que lo ayudaran,  «Patricia             Mejía»18  y  otro de apellido Mejía,  que  se  identificó  como  ex  funcionario  del  DAS  y  este último fue a las  instalaciones de esa entidad para que le firmara unos poderes.   

Esas falencias llevaron al fallador a tener  por  probado que la supuesta víctima soportó apremios de los procesados, tanto  que  consideró que la captura de su marido y la pendiente de ella era un motivo  de presión para obtener dinero.   

Los  fragmentos  del  relatado  de Castaño  Duque,  Borda Soto y Orozman Orozco, no tenidos en cuenta, le habrían permitido  al  juzgador  concluir  que hubo una comunicación fluida y voluntaria entre las  partes  que  integran  la  relación mandato o poder19,   máxime   cuando  en  el  proveído  consignó  que  con  esos  testimonios  quedó claro que los acusados  acudieron  donde  la  víctima  y  se  aprovecharon  de la situación para pedir  dinero y así borrar los requerimientos judiciales.   

De  haber  apreciado  correctamente  esos  elementos,  la  decisión  sería absolutoria porque no hubo delito alguno, toda  vez  que lo narrado por Luz Elena Duque de Castañeda y Víctor Gallón Remolina  no sostienen la condena.   

Pide  casar la sentencia y dejar vigente la  de primer grado.   

EL NO RECURRENTE  

Frente   al   libelo  inicial,  el  apoderado  de  Luz  Elena  Duque de  Castaño    se   pronunció   en   orden   a   que   sea   inadmitido   por   lo  siguiente:   

En    el    primer    cargo,  se  reprocha  la  providencia  bajo  el  argumento  que  se  está  ante una conducta atípica, lo que no se ajusta a los  requerimientos   de  lógica  y  sustentación  suficientes,  toda  vez  que  lo  pretendido es convertir la casación en una instancia adicional.   

En la segunda crítica, no se indicó si al  testimonio  de  Luz  Elena el juzgador le dio un mérito o fuerza de convicción  que  trasgrediera  postulados  de  la sana crítica y tampoco se demostró cuál  fue ignorado.   

Por  último,  solicita  a  la  Corte casar  oficiosamente  la  determinación  de  segunda  instancia  y  condenar,  penal y  civilmente,      a      Rafael      Enrique      García      Torres,   toda  vez  que  está  demostrada  su  participación  en  el  punible  (trae  a  colación  algo de lo relatado por la  víctima).   

CONSIDERACIONES  

La Corte inadmitirá las demandas porque no  cumplen  con  los  requisitos  de  orden  formal y sustancial para darles curso.  Estos son los motivos:   

1. El recurso de casación no se reduce a un  escrito  de confección libre e informal, por cuyo conducto se puedan hacer todo  tipo  de  cuestionamientos  a  la  sentencia  de  segunda  instancia  de  manera  desordenada  y  sin  una  concatenación  racional,  sólida y coherente, con el  único  propósito  de  reabrir  el  debate  fáctico  y  probatorio ya agotado.   

Por  dirigirse  a controvertir un fallo que  goza  de  la  doble  presunción  de  acierto y legalidad, es imprescindible que  contenga  una  estructura crítica, lógica y argumentativa suficiente en la que  se  definan  y  demuestren  los  errores de juicio o de procedimiento en los que  incurrió  el  juzgador  y  su  trascendencia  en  el  caso concreto.   

En   efecto,   quien   acude   al   medio  extraordinario  debe  exhibir  un  discurso  que  reúna  en  forma estricta los  requisitos  que para tal fin previó el legislador. Por consiguiente, el abogado  tiene  la  carga  de  identificar  los  sujetos  procesales  y la determinación  cuestionada;  sintetizar  los  hechos  objeto  de  juzgamiento  y  la actuación  surtida;  enunciar  la  causal  y  la formulación del cargo, indicando en forma  precisa  y clara cuáles son  sus  fundamentos  y  las normas que estima infringidas; y, en caso de que fueren  varias  las  críticas, sustentarlas en capítulos separados, atendiendo que, de  resultar excluyentes, ha de acatar el principio de subsidiariedad.   

Si  el  demandante denuncia una infracción  directa   de   la  ley  sustancial,  es  forzoso  que  defina  si  ocurrió  por  i)   exclusión  evidente,  (ii)  aplicación indebida o  (iii)   interpretación  errónea,  y  restringir  el debate a aspectos de puro derecho, lo que le impone  aceptar  los hechos y las pruebas, tal como fueron consignados y valorados en la  sentencia.   

Y,   si  por  esta  vía  alega  indebida  aplicación  de  un  precepto,  le  resulta imprescindible orientar la censura a  demostrar  que  la situación fáctica descrita en el fallo no se ajusta al tipo  penal  que  de manera inadecuada fue aplicado. En otros términos, enseñar a la  Sala  cómo,  de acuerdo con los hechos declarados probados en la determinación  recurrida,  las  normas  escogidas  por  el  juzgador  no  eran  las  llamadas a  solucionar el conflicto.   

De  otra  parte,  si  funda su ataque en la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  tiene  el deber de expresar con  claridad  y  concisión  el error manifiesto en el que incurrió el ad   quem   y   su  relevancia  para  el  sub examine.   

Bajo este sendero, habrá de delimitar si el  yerro  es  de  hecho  o  de  derecho y sustentar en qué  estriba  el  mismo. Los primeros, que pueden ser por falso juicio de  existencia,  de  identidad     o     de    raciocinio,   difieren   sustancialmente   en   su  contenido,  por  lo  que  resulta inadmisible que bajo el rótulo de un cargo se  confundan unos y otros.   

Así,     los     de     existencia  se  presentan  cuando el juez  omite  examinar  una prueba que materialmente se halla dentro de la actuación o  imagina  una  que  no  obra  en  la  misma.  El  censor  debe  demostrar  que se  materializó   la   omisión   o   suposición   y,   además,   que,  de no haber incurrido en el desacierto,  tanto  las  imputaciones  fácticas  como  jurídicas  del  fallo  habrían sido  distintas.   

Los de   identidad  tienen  lugar por errores al adelantar la valoración probatoria, y recaen sobre  el  hecho que revela la prueba o sobre el contenido material de ésta. De manera  que  surgen  cuando  se  le distorsiona o se le cercena una parte, se le agrega,  sectoriza o parcela.   

Aquí,  no  basta  citar  los  elementos de  prueba  sobre  los  que  recayó  el  error,  hay que señalar de qué manera el  fallador tergiversó o desfiguró el hecho que ellos revelan.   

El    de  raciocinio  consiste en un desatino en la apreciación  del  medio  probatorio  y acaece en el momento posterior al de su contemplación  material,  en  tanto  supone  el  respeto  por su contenido fáctico,    y    su    demostración    impone  acreditar,   no   que  los  juzgadores  distorsionaron  su  fondo, sino que se apartaron de las reglas de la  sana  crítica.  De  modo  que el impugnante tiene la carga de individualizar el  medio  de  prueba  y  demostrar  en  qué  consistió  el  equívoco al hacer la  valoración  crítica,  debiendo  señalar qué fue lo que se infirió o dedujo,  cuál  fue el mérito persuasivo otorgado y cuál la regla de la lógica, la ley  de  la  ciencia  o  la máxima de experiencia que se desconoció, para luego sí  acreditar  el  postulado  lógico, el aporte científico correctos o la regla de  la   experiencia   que   se   debió   tener   en   cuenta   para   su  adecuada  apreciación.   

En   todos   los   eventos   -reitera   la   Sala-   le   asiste   la  obligación   de   hacer   manifiesta  la  trascendencia  del  error,     es    decir,    cómo,  de  no haberse presentado el desacierto  judicial   las   conclusiones   de   la   sentencia   habrían  sido  totalmente  diferentes.   

2. Las demandas.  

2.1.    A    favor    de   Nicolás         Alejandro         Villa         Calvano.   

En   el  primer  cargo,  no  obstante  ser  el jurista repetitivo en el  sentido  de  que  acepta  los hechos y las pruebas tal como se condensaron en el  fallo, es evidente que no es así.   

Su  propósito  es  alegar atipicidad de la  conducta,  pero  en  modo  alguno  demostró  cómo  los  hechos asumidos por el  fallador  no  se  adecuan  al  tipo  penal  de  extorsión  agravada.  Resulta  un desatino exhibir personales  opiniones  frente  al  tema  sin  acreditar que las consideraciones del juzgador  fueron desacertadas.   

Su  insistente afirmación, según la cual,  no  hubo  constreñimiento  de  parte  de  su prohijado hacia Luz Elena Duque de  Castaño,   denota   su   desacuerdo   con   lo   que   encontró   probado   el  Tribunal.   

En   efecto,   para   el   ad  quem  la  Fiscalía  logró probar su  tesis,  consistente  en  que  Villa Calvano  y  Mejía Villa,  aprovechándose  de  la  información que tenían sobre las capturas que pesaban  sobre   la   denunciante   y   su  esposo,  constriñeron  a  estos  últimos  para obtener dinero a cambio de  lograr su libertad. Así lo reconoció:   

De las declaraciones referidas, queda claro  que,    PATRICIA    HELENA    (sic)    MEJÍA  y NICOLAS ALEJANDRO VILLA CALVANO, acudieron ante LUZ ELENA  DIQUE  DE  CASTAÑO  y  aprovechando  que contra ella pesaba orden de captura e,  igualmente,  que  su  esposo  había  sido  aprehendido  y  sería  extraditado,  decidieron  pedirle  una  gruesa  suma  de  dinero  a  cambio  de  su libertad y  “borrar”  los  requerimientos  judiciales  en  su  contra,  a  la vez que le  recordaban   que  su  captura  sería  inminente  en  tanto  no  atendieran  sus  sugerencias.20   

El defensor pretende convencer que se trató  de  una  simple  asesoría  jurídica  o  de  un  negocio ilícito, pero para la  colegiatura    no   fue  así:   

No   era,   entonces,  una  desprevenida  asesoría  como tampoco un simple acto de corrupción aprovechando las supuestas  influencias  en  el  DAS, pues la señora DUQUE CASTAÑO, siempre manifestó que  acudiría  ante  las  autoridades para asumir el requerimiento que era objeto y,  además,  buscó  la  asesoría  de  otros  profesionales del derecho quienes le  indicaron  los  paso (sic) a  seguir  así  como  el  ilegal alcance de lo que le manifestaban los procesados,  sugiriéndole   que   no   entregaran  el  dinero  que  le  pedían.21   

Para   el  juez  plural,  se  está  ante  «serie  de  actividades  con  miras  a despojar a la  denunciante  de su dinero aprovechando en conocimiento que tenían»22.   

Lo  anterior  pone  de  manifiesto  que  el  planteamiento  del  actor  choca con la realidad reconocida en la sentencia, por  lo que equivocó el camino de ataque.   

En  el  segundo  reproche,  tal  vez  con  miras a subsanar el desatino  descrito,  el  defensor denunció una violación indirecta, derivada de un falso  raciocinio  al apreciar el testimonio de Luz Elena Duque de Castaño.   

Tal  postulación  se imponía hacerla como  subsidiaria,  en  cuanto,  a  diferencia    de    la    precedente   -infracción      directa-,  el desacuerdo no reside en un punto de derecho sino justamente en  la forma como se valoraron las pruebas.   

No  lo  hizo  así  el  jurista.   

De  otra  parte,  la propuesta del actor es  contradictoria,  porque  inicialmente ofreció razones para acreditar atipicidad  de  la  conducta,  asegurando  que  se  está  ante  un negocio ilícito, no una  extorsión,  pero, finalmente,  pidió  se  reconozca  la duda en favor de su prohijado, sin que en punto de tal  pretensión  exhibiera  siquiera  un  mínimo de argumentos orientados a revelar  cómo    ella    emergía    del   cúmulo   probatorio.       

Ahora,  refirió el letrado que el fallador  desconoció  el  postulado  lógico  de  no contradicción y, aunque en el plano  teórico,  parece tener claro su alcance, al momento de exponer sus fundamentos,  es patente su falencia.   

Es  que,  con la intención de demostrar el  yerro  de  raciocinio, trajo a colación algunas afirmaciones de la denunciante,  para  argüir  luego  que  se  contradijo  en  detalles,  y,  a pesar de ello el  Tribunal le dio credibilidad.   

El  demandante  creyó cumplir con la carga  argumentativa  que  impone  una  censura por esta senda, identificando la prueba  -el   testimonio   de   Luz   Elena-   y   trascribiendo  algunos  frases  de  lo  por  ella  narrado,  sin  esforzarse  en demostrar las supuestas divergencias de la testigo. Olvidó hacer  la  correspondiente  confrontación  con  el  fallo  y  menos enseñar cómo, al  apreciar  ese  elemento,  la  colegiatura  contravino  el  principio lógico que  enuncia.   

El razonamiento utilizado por el juez plural  para  soportar  la  decisión condenatoria,  no puede válidamente controvertirse a partir de argumentos que no  constituyen  principios  lógicos,  sino  afirmaciones  deshilvanadas  del actor  que,      en     sí  mismas,   no   evidencian  contradicciones,  sino su concepción personal de cómo han debido ser valorados  sus dichos.   

Así,  cuando el impugnante sostiene que no  es  posible otorgar credibilidad a un testimonio porque la declarante ha variado  algunas  descripciones,  no está relacionando, así formalmente lo diga, algún  principio  lógico,  sino  tratando  de  introducir una presunta fórmula con el  ánimo      de      disputar      la     determinación     adoptada.   

El  reparo  es,  entonces,  inconcluso.  El  abogado  no  indicó  dónde se halla inserto ese principio, cómo opera para el  caso  concreto, ni exhibió el  postulado  al  que  se  debió acudir para una adecuada estimación probatoria a  fin  de  que  la  discordancia  que  arroje  el  cotejo  entre  el fallo con los  apotegmas  de  la  apreciación  racional  de  los  elementos de convicción sea  evidente  o  palmaria.  No es suficiente «para lograr  ese  cometido  (…), afirmar que las supuestas contradicciones en el testimonio  o  la  retractación  atentan  contra  la no contradicción, constituyéndose su  afirmación  en  simple  petición de principio» (Cfr.  CSJ   AP,   9   mar.  2011,  rad.  35446),  al  dar  por  demostrado  lo  que  apenas  era  el  objeto  de sus  comprobaciones.   

La  fragilidad  en  las  apreciaciones  del  censor  es  palmaria.  Adujo  que  existían  pruebas  a favor y en contra de su  representado,  pero  no las relacionó y menos hizo el análisis debido en torno  a  sus  contenidos  con  miras  a  extraer  una  conclusión  favorable para los  intereses de su cliente.   

Con  todo, hay que destacar que el Tribunal  no  pasó  desapercibido que pudo existir alguna disimilitud en las exposiciones  de   la  testigo,  pero,  al  respecto,  consideró  que  la  falta  de similitud en determinados detalles, la  fijación  de  una  específica  palabra o la delimitación exacta de un lugar o  tiempo  no  conllevan  a  restarle  valor suasorio al testimonio, en tanto no se  trata  de  aspectos  que alteran su esencia o lo que quiere expresar23.   

Por   consiguiente,   el   cargo   será  inadmitido.   

2.2.  La  demanda  a  favor de Patricia Elena Mejía Villa.   

Una  única  censura,  por  falso juicio de  identidad,   propone   el  abogado,  pero sin cumplir con los presupuestos requeridos por la jurisprudencia  para  ser  admitida,  toda  vez  que  no  demostró  con  claridad  cuál fue la  tergiversación o el cercenamiento.   

Creyó  erradamente  que  esa  exigencia se  satisface  tan  solo  con  reproducir algún aparte del testimonio, sin siquiera  enseñar  cuál  es  la  incidencia  y  la correlativa consecuencia que el mismo  habría  tenido  en  el fallo, en concreto,   en   la   tarea   de  valoración  probatoria  del  juzgador.  Su  planteamiento  es  escueto,  vacío  de  contenido  y  no  ofrece  una verdadera  confrontación  entre  lo  presuntamente  cercenado  y  los  fundamentos  de  la  sentencia.   

Adicionalmente, la falta de trascendencia en  su  propuesta  es  igualmente  ostensible,  pues  adujo  que,  incluso,  con los  testimonios  de  Luz  Elena  Duque  de Castañeda y Víctor Gallón Remolina, la  condena   sería   insostenible,  empero,  olvidó  indicar  el  porqué  de  su  aserto.   

Indicó,    además,    que,   de  no  haber  tergiversado  el  juez  colegiado  los  testimonios  de  Castaño Duque, Borda Soto y Orozman Orozco, la  conclusión  sería  que entre los acusados y la víctima hubo una comunicación  fluida  y  voluntaria.  Pasó  por  alto el letrado que las conversaciones entre  ellos  sostenidas  no  fue  un  aspecto dejado de apreciar por el Tribunal, solo  que,  como  ya  se  expuso,  el fallador concluyó que la supuesta asesoría que  quiso argüir la defensa, fue del todo inexistente.   

Por  las  precedentes  consideraciones,  se  inadmitirán  las  demandas  y la Sala ha revisado íntegramente la actuación y  no  ha  encontrado  causales  de  nulidad  ni flagrantes violaciones de derechos  fundamentales,  razón  por  la  cual  no  puede  penetrar  al  fondo del asunto  oficiosamente.   

3.  Finalmente,  en  lo  que  toca  con  la  petición  del  apoderado  de  Luz  Elena  Duque  de  Castaño,  orientada a que  oficiosamente  se  case  el fallo para condenar a Rafael Enrique García Torres,  la  Corte  ha  de  recordarle  que  el  termino  de traslado que se otorga a los  sujetos  no  recurrentes  no  tiene  esa  finalidad,  sino  la  de  exhibir  los  argumentos  en  favor  o  en  contra  de  la  demanda de casación oportunamente  allegada.   

Si el propósito del abogado era lograr una  declaración  en  ese sentido, ha debido, en primer lugar, apelar la providencia  absolutoria  y,  en  segundo  término,  de  asistirle  interés,  interponer el  recurso de casación. Ese no fue su proceder.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

INADMITIR  las  demandas   de   casación   presentadas   por  los  defensores  de  Nicolás   Alejandro   Villa   Calvano  y  Patricia     Elena     Mejía     Villa.   

En     consecuencia,     DEVOLVER  la  actuación  al  Tribunal  de  origen.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Grupos de Acción Unificada por la Libertad Personal.   

2  Folios 8 y 9 del cuaderno original 1.   

3  Folios 238 a 241 Id.   

4  Folios 290 a 296 Id.   

5  Folios 1 a 24 del cuaderno original 7.   

6  Folios 236 a 238 del cuaderno original 2.   

7  Folios 195 a 199 del cuaderno original 7.   

8  Cuando  se cometa por servidor público o sea o haya sido miembro de las fuerzas  de seguridad del Estado.   

9  Folios 81 a 151 del cuaderno original 8.   

10  Folios 16 a 37 del cuaderno de la Fiscalía de segunda instancia.   

11  Reconoció la duda (folios 1 a 42 del cuaderno original 10).   

12  Folios 3 a 42 del cuaderno original del Tribunal.   

13  Folios 16 del libelo y 90 del cuaderno del Tribunal.   

14  Id.   

15  Folios 18 y 92 Id.   

16  Folios 28 y 102 Id.   

17  Folios 10 y 155 Id.   

18  Folios 13 y 158 Id.   

19  Folios 11 y 156 Id.   

20  Folios 18 y 20 Id.   

21  Id.   

22  Id.   

23  Folios 21 del libelo y 40 del cuaderno del Tribunal.     

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