AP1571-2015(43404)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

AP1571-2015  

Radicación N° 43404  

(Aprobado acta Nº 110)   

         Bogotá,  D.C.,  veinticinco  (25)  de  marzo  de  dos  mil  quince  (2015).   

         Procede  la  Sala  a  verificar  los requisitos de lógica y debida  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de  WILLIAM   MOTTA   SALAZAR.   

H E C H O S  

         Fueron    expuestos    en   la   actuación   en   los   siguientes  términos:   

“Dio  origen a la presente investigación  el  informe  suscrito por la señorita patrullera Tivisay Sofía Mendoza Fiocco,  en  su  calidad de jefe de información del CAI Las Granjas, en el que ponía en  conocimiento  que  los  patrulleros  Oscar  Javier Bernal Serrato y WILLIAM  MOTTA  SALAZAR,  el  día  6 de  marzo  de 2012, se encontraban realizando tercer turno de vigilancia y sacaron a  eso  de  las  14:20 horas del CAI Las Granjas sin permiso alguno una motocicleta  que  se  encontraba inmovilizada por la Fiscalía, con el fin de dirigirse hasta  la  URI  donde al parecer se encontraba la patrulla que entregaba el servicio, y  que  se  presentaron  nuevamente  en  el  CAI  a  eso  de las 16:00 horas con el  velocípedo  en  malas condiciones y sin dar explicación alguna. Investigación  que  al  irse  decantando dio como resultado el que los policiales se ausentaron  por  varias  horas  de  la  jurisdicción  a  la  cual estaban asignados para la  prestación del servicio”.   

A N T E C E D E N T E S  

         1.  Culminada  la  investigación  la  Fiscalía  164 Penal Militar  adscrita  al  Departamento  de  Policía  del  Tolima  calificó  el mérito del  sumario,  el  31 de mayo de 2013, con resolución de acusación en contra de los  PT.  MOTTA  SALAZAR y Bernal  Serrato  por  el  delito  de abandono de puesto (artículo 105 de la Ley 1407 de  2010).1   

         2.  Correspondieron las diligencias al Juzgado de Primera Instancia  del  Departamento  de  Policía  del Tolima que, luego de dar inicio al juicio y  celebrar  corte  marcial, emitió sentencia el 31 de julio de 2013, imponiendo a  los   procesados la pena principal de prisión por un (1) año como autores  responsables  de  la  conducta  delictiva  objeto  de acusación, negándoles el  subrogado  de  la  condena  de  ejecución  condicional por expresa prohibición  legal.2   

         3. Apelada esta  providencia  por  los defensores de los acusados, fue modificada por el Tribunal  Superior  Militar  el  30  de octubre de 2013, en el sentido de fijar la pena en  diez  (10)  meses  de arresto conforme los artículos 124 y 446 de la Ley 522 de  1999,     confirmándola     en     lo    demás.3   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

         El  defensor  de  WILLIAM  MOTTA  SALAZAR  interpuso  el  recurso  extraordinario  para postular  tres  cargos  en contra del  fallo  de  segunda  instancia,  al  amparo  de  las  causales contempladas en el  artículo 344, numerales 1º y 2º, de la Ley 1407 de 2010.   

         Luego   de  una  extensa  reseña  que  incluye  referencias  a  la  presunción  de inocencia, al principio de legalidad y sendas transcripciones de  las  decisiones  de  instancia  como  del  recurso de apelación, asegura, en el  cargo  primero,  que  se violó de manera directa la ley  sustancial  por  el  desconocimiento  de  la primera de las garantías aludidas,  toda    vez    que    el    ad   quem   reconoció  en su proveído que en el sub  examine   no   existían  elementos  de  juicio  que  permitieran  predicar  que  a  los  implicados  se les enteró formalmente de la  jurisdicción  territorial  que  abarcaba el cuadrante 2, correspondiente al CAI  de  Las  Granjas,  no  obstante  lo  cual  arribó  a  una  conclusión  diversa  “solo  por  el  hecho  de  haber  permanecido  [los  acusados] varios meses en esos lugares”.   

En  ese  orden,  señala,  el fallo se basa  exclusivamente  en  pruebas  de  referencia  en  atención  a que el lugar donde  debía   prestarse   el   servicio  nunca  fue  delimitado  por  los  superiores  competentes,  haciendo  mención  de  los  declarantes  que  comparecieron  a la  actuación  para  recabar  que ninguno de ellos dio cuenta de que se les hubiere  comunicado  a  los  policiales implicados lo pertinente, de manera oportuna, por  ende,  insiste,  en  las  diligencias  no obra ninguna prueba en ese sentido. De  igual  modo,  descalifica  el  proceder  del  sentenciador al tener en cuenta la  indagatoria  de  su  prohijado  para  deducir  responsabilidad  en su contra por  conculcar  ese  proceder,  desde  su  punto  de  vista,  la  garantía  a  la no  autoincriminación,  de  tal  forma  que  prescindiendo  de  la versión por él  suministrada,   asevera,   surge   incertidumbre   que   debe  resolverse  a  su  favor.   

A    su   vez,   en   el   cargo   segundo  por  vía  de  la  misma  modalidad  de  infracción, aduce la trasgresión del principio de legalidad, ya  que  el  a  quo  impartió  condena  por  el delito de abandono de puesto contemplado en el artículo 105 de  la  Ley  1407  de 2010 pese a que la normatividad aplicable era el artículo 124  de  la  Ley  522  de  1999,  conforme se precisó en segunda instancia. En estas  condiciones,  sostiene,  se  conculcó el debido proceso porque, a su juicio, lo  procedente   ante  el  yerro  es  decretar  la  nulidad  y  debe  procederse  al  “archivo” del trámite,  “eso  sí, teniendo en cuenta los argumentos que ya  se  han  expuesto para indicar que mi poderdante no tiene responsabilidad alguna  en   el   asunto   imputado,   por   lo   cual   debe   absolvérsele   de  toda  responsabilidad”.   

Por   último,   en   el   cargo  tercero denuncia la violación del  debido  proceso,  porque pese a que en la foliatura se decretó la ruptura de la  unidad  procesal, compulsándose copias con destino a la jurisdicción ordinaria  para  que  se  investigara  el  delito  de  daño  en  bien ajeno respecto de la  motocicleta   involucrada   en   los   sucesos,   nuevamente   el   a  quo en la sentencia dispuso idéntica  medida  a  fin  de  investigar  el actuar de los acusados con relación al mismo  vehículo,  “situación  esta  que demuestra que el  juzgado  de  primera  instancia acudió a tomar decisiones sin haber estudiado a  fondo el proceso”.   

De  esta  forma,  de  cara  a esta serie de  agravios,  solicita  que se declare la procedencia del principio de in  dubio  pro  reo, como consecuencia de  lo  anterior  absolver  a  su  acudido  y  declarar  la  nulidad, a partir de la  acusación.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

         1.  Una  vez  más debe indicarse que la  demanda  de  casación no es un escrito de libre formulación en el que su autor  puede  plantear  de  manera  genérica  y  desde  personales puntos de vista las  inquietudes,   perplejidades,   contradicciones,  incoherencias  o  errores  que  advierta  o le suscite el fallo de segunda instancia, puesto que deben cumplirse  parámetros  mínimos  de lógica y argumentación necesarios para desvirtuar la  presunción  de  acierto  y  legalidad que ampara a las decisiones impugnadas en  sede extraordinaria.   

         

Ello  tiene  su fundamento en la naturaleza  rogada  del  recurso,  por  lo  que  la  demanda  debe  someterse  a estrictas y  específicas  reglas  de  postulación  y bastarse a sí misma para demostrar la  existencia  del  yerro  planteado, también su trascendencia, ya que no se trata  de  exponer  la simple discrepancia de criterios ni de prolongar la controversia  que  finiquitó  con  la  sentencia  (Cfr.  entre otros CSJ AP, 24 Nov 2005, Rad  23829; CSJ AP, 18 Ago 2010, Rad. 33559).   

         Bajo  esa  perspectiva, es claro que el casacionista pasó por alto  toda  esta  serie de lineamientos al ser palmarias las falencias que conducirán  a   la  inadmisión  de  su  misiva:   

         2.  Sea lo primero advertir que el libelista ni siquiera consideró  que  el  recurso  extraordinario  de casación, al tenor del artículo 368 de la  Ley   522   de   1999,   normatividad   aplicable   a   este  asunto4,  prevé  su  procedencia  contra  cierto  tipo  de delitos según su punibilidad y  al  recaer  la  providencia  atacada en uno que no involucra una  conducta  punible  con pena privativa de la libertad igual o superior a seis (6)  años5,  era  insoslayable  que acudiera a la modalidad discrecional para  plantear su reparo.   

           

Es decir, debió el recurrente, acatando el  inciso  final  de  esta  disposición,  poner  de relieve que en el sub    examine    era   necesario   un  pronunciamiento  de  la  Corte encaminado al desarrollo de la jurisprudencia con  miras  a  que  la Sala unifique criterios, revise la doctrina, o estudie un tema  aún  no  resuelto,  con la demostración que la nueva postura debe servir a ese  propósito  y, a la vez, para la solución del caso; o bien invocar la necesidad  de  la  protección de garantías fundamentales, lo que le exigía evidenciar de  manera  fehaciente  la  materialidad  del  vicio  y  su  incidencia en el debido  proceso  o  el derecho de defensa, todo precedido de una argumentación dirigida  a  justificar  a  la  Corporación  las razones para admitir la demanda de forma  excepcional  (Cfr.  CSJ  AP2225-2014,  CSJ  AP,  27 Sep 2002, Rad. 19001), carga  conceptual  que,  se  repite, fue obviada, sin que las menciones genéricas a la  trasgresión  de  los  principios de presunción de inocencia o legalidad puedan  asumirse  como  idóneas  en  orden  a  satisfacer  esos  requerimientos, por el  ostensible tratamiento abstracto que se les confiere en el libelo.   

          3.   En  esa  secuencia,  los  cargos  propuestos  por vía de la violación directa de la ley sustancial no se someten  a  la  estructura  lógica  que  orienta  la  acreditación  de  esta especie de  infracción,  al  cuestionarse  en  ellos la valoración probatoria acometida en  las  sentencias.  Ahora, aun cuando en el cargo primero  se  asegura  que no se aborda una controversia en ese  sentido,  la  crítica  se  presenta  de  modo  sesgado  y descontextualizado al  evocarse  parcialmente  las  reflexiones  de  la judicatura, con la finalidad de  presentar un yerro aparente:   

“[…]   establece  como  pilar  de  su  impugnación  el  hecho  de  que  su  prohijado  no  conocía  los  límites del  cuadrante  o  jurisdicción  en  donde  debía prestar el servicio de vigilancia  […]  esta  Sala en orden a verificar tal afirmación y revisado cuidadosamente  el  expediente  llega  a la conclusión en concordancia con lo expuesto por el a  quo,  que  no  encuentra  justificado  dicho  argumento, toda vez que si bien es  cierto   no   se  aportaron  a  la  foliatura  antecedentes  y/o  documentos  de  notificación  del  cual  se  pudiera  afirmar que a los procesados se les dio a  conocer  los  límites  del cuadrante dos correspondiente al CAI de Las Granjas,  ello  no  significa  que  no  tuvieran  conocimiento de los mismos, pues  del  análisis  del  resto  de  las  probanzas obrantes en el  plenario se concluye lo contrario”.   

Lo anterior, no solo porque cada uno de los  implicados   lo  reconocieron  en  sus  injuradas,  pues  en  ellas  además  de  manifestar  que salieron de los límites de su jurisdicción, señalaron incluso  con  claridad  en  qué  cuadrante  se  encontraban ubicadas tanto la URI, lugar  donde  fueron  a recoger los elementos para el servicio, como el taller de motos  J Racing y el Davivienda.   

Es  oportuno  traer a colación que para la  época  de  los hechos se encontraban en la implementación del Plan Nacional de  Vigilancia  por  Cuadrantes  en la ciudad Neiva desde enero de 2012, tal como lo  acreditan  sendos  documentos  que  al  respecto  aportó  en audiencia el Mayor  Néstor  Raúl Cepeda Cifuentes, y sobre el que según constancia, el patrullero  MOTTA  SALAZAR  había sido  preparado   por   la  Dirección  Nacional  de  Escuelas  en  la  actualización  institucional   para   el  efectivo  desempeño  policial  y  plan  nacional  de  vigilancia  comunitaria por cuadrantes, tal como con certeza lo afirmó la a quo  cuando  se  refirió  a  que  los encartados trabajaban en dicho cuadrante desde  hacía  varios  meses,  siendo indudable que se encontraban asignados al CAI Las  Granjas  por  lo  menos  desde el 19 de julio de 2011, como consta en el acta de  entrega  de dicho CAI en la que aparecen relacionados como personal policial del  mismo”. 6   

Entonces, polemizar acerca de las probanzas  que  permitieron  arribar  al conocimiento necesario para dictar condena o sobre  el  ejercicio  intelectivo que recayó en ellas es ajeno al vicio que se invoca,  por   cuanto   la   violación   directa   de  la  ley  sustancial  contrae  un debate con miras a plasmar un error relevante por parte  del  juzgador  desde  lo  estrictamente  jurídico, es decir, en la forma en que  aplicó  los  preceptos pertinentes al caso (CSJ SP, 4 Feb 2000, Rad. 11557, CSJ  AP,  13  Abr  2005,  Rad.  20245),  siendo  impertinente  sugerir  otro  tipo de  polémica,  según  se verifica en este asunto, donde además, de modo caótico,  se   hace   mención   al   tema  de  prueba  de  referencia  sin  especificarse  coherentemente  cómo  sería  aplicable  a  la  controversia esbozada, al estar  vinculado  a un sistema procesal de carácter adversarial-acusatorio distinto al  que rigió estas diligencias.   

Así,   el   deshilvanado   discurso  del  recurrente  deriva en un alegato de libre confección, al punto que se aduce que  no  concurría  ninguna  prueba  que  develara el conocimiento de los procesados  respecto  del  ámbito  territorial  en el que debían desplegar su función, lo  que  obedecería, en gracia a discusión, a una denuncia propia del falso juicio  de  existencia  por  suposición,  y  se  crítica  el  alcance  conferido  a la  indagatoria    de    MOTTA   SALAZAR   como     si     esta     operara  únicamente  como medio de defensa, olvidando que también  es  elemento de prueba, en la medida que “contribuye  a  aclarar  y  a reconstruir lo sucedido”. (Cfr. CSJ  SP, 20 Feb 2008, Rad. 23651).   

4. Ello sin contar con la confusión latente  en  el  cargo segundo en el  que  vulnerándose el principio de autonomía de las causales, se entremezcla la  violación  directa  con  la  nulidad,  citándose  de  manera  errática  ambos  institutos  y  sus  efectos  sin concretarse el propósito de la censura, lo que  conculca, de paso, el principio de claridad que rige la casación.   

En  estas condiciones, el reproche en lugar  de  explicar  con  nitidez  alguno  de  los  vicios  que  postula  y su eventual  relevancia  para  infirmar  las  conclusiones  del juzgador o la legalidad de lo  actuado,  lo  que hace es subsumir la mera inconformidad del censor con respecto  a   la   declaración   de   justicia   contenida  en  el  fallo  del  Tribunal,  pretendiéndose  prolongar la controversia definida en  el  decurso  de  las  instancias  con  la  simple  imposición  del criterio del  impugnante,  se recalca, quien alude la existencia de un error únicamente desde  su  propia  perspectiva,  disonancia  refractaria  a  la teleología del recurso  extraordinario.   

De otra parte, ha de hacérsele notar que el  deber   de   adecuada  fundamentación  del  recurso  no  se  satisface  con  la  transcripción  de  los  alegatos  constitutivos  de la apelación para que sean  tenidos  en  cuenta  en  esta  sede,  en  tanto  la  Corte  no aborda un control  automático  de  legalidad  del  trámite  ni  asume el grado de consulta de las  providencias proferidas.   

         5.  Por  último, en lo referente al cargo  tercero  no  se  indica cuál es la trascendencia del  hipotético  yerro para generar la invalidación de la actuación, o a partir de  qué  momento  procedería,  avizorándose  que  la  crítica  a la decisión de  compulsa  de  copias  se expone aleatoria y especulativa. El ataque no contempla  que  un proveído de este tipo es de sustanciación, sin incidencia sustancial o  procesal  determinante  (Cfr. CSJ AP, 18 Abr 2012, Rad. 38356) y que la compulsa  dispuesta  en  la  sentencia es distinta a la que propició la ruptura la unidad  procesal  por  el  presunto  delito  de  daño  en bien ajeno, porque aquella se  vincula  al  “punible en el que hayan incurrido los  aquí  juzgados  por  sacar  y  utilizar  sin  permiso la moto Pulsar 135 que se  encontraba  en  custodia  del  personal  del CAI Las Granjas y a órdenes de una  Fiscalía  de  Neiva”,  o  sea,  por  una coyuntura  jurídica  diferenciable  del  perjuicio  patrimonial que pudo derivarse por las  averías ocasionadas a ese vehículo.   

5.  En  síntesis,  el  censor  mediante un  escrito  de  libre  confección  disiente de la declaración de justicia emitida  por  la  judicatura  con  opiniones subjetivas que descontextualizan el proceso,  restringe  su  argumentación a la mera discrepancia de criterios y asume que la  Corte  es  una  instancia  adicional  o  un cuerpo consultivo con la función de  zanjar  tal  disparidad, desconociendo así el carácter rogado del recurso y el  deber  de  fundamentación  que  no se satisface con un discurso prolijo, con la  cita  de  autores  o  en  múltiples  y ácidas críticas a los conceptos de los  juzgadores,  sino  en  la clara y precisa demostración de errores trascendentes  que   socaven   la  legalidad  de  la  decisión  atacada,  bajo  la  égida  de  presupuestos  solventes  con  ese  propósito,  cuestión  que  no  obedece a la  inflexibilidad  de la jurisprudencia sino a la naturaleza que orienta el recurso  extraordinario.   

         

De  contera,  al  carecer  la  demanda  de  casación  del sustento lógico y argumentativo propio de esta sede, conforme se  anticipó,  será inadmitida,  además,  porque  del  estudio  del  expediente no se vislumbra la violación de  derechos  fundamentales  o garantías de los sujetos procesales que den lugar al  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  de  índole constitucional y legal que le  asiste a la Sala para asegurar su protección.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA     DE     JUSTICIA,     SALA     DE     CASACIÓN     PENAL,   

         R E S U E L V E   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el    defensor    de    WILLIAM   MOTTA  SALAZAR.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso   

Comuníquese,  devuélvase  al  Tribunal de  origen y cúmplase   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Fl. 347 y siguientes cuaderno original 2   

2  Fl. 516 y s.s c.o 3   

3  Fl. 594 y s.s c.o 3   

4  Cfr.  CSJ  AP  4725-2014;  CSJ  AP, 20 Nov 2013, Rad.  40577   

5  El  artículo 124 del Código Penal Militar, sanciona  el  delito  de  abandono  del  puesto  con  arresto  entre  uno  (1)  y tres (3)  años   

6  Cfr.  Fl.  20 y s.s sentencia segunda instancia / Fl.  613 y s.s c.o 3, resaltado de la Corte     

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