AHP4715-2015(46610)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado   

AHP4715-2015  

Radicación     n°     46610   

         Bogotá,  D.C.,     diecinueve  (19)  de  agosto  de   dos   mil   quince  (2015).   

ASUNTO  

         Resuelve  el  Despacho  la  impugnación  presentada  por  Gilberto  Navarrete  Galeano  contra  la  decisión adiada 12 de agosto del presente año,  por  medio  de  la  cual un Magistrado de la Sala Penal del Tribunal Superior de  Bogotá  declaró improcedente la solicitud de hábeas  corpus   formulada   por  el  mencionado,  quien  se  encuentra  privado  de la libertad en establecimiento carcelario en razón de la  sentencia  condenatoria  proferida  en  su  contra por el delito de homicidio en  grado de tentativa.     

LA PETICIÓN  

         En  síntesis,  el  accionante  funda su solicitud de amparo en los  siguientes argumentos:   

Sostiene  que  está privado de la libertad  desde  el  7 de abril del corriente año, cuando fue aprehendido por la Policía  Nacional  por  existir  orden  de  captura en su contra, librada para cumplir la  pena  de  80  meses que le fue impuesta por el Juzgado Cuarto Penal del Circuito  de  Descongestión  de  esta  ciudad  que lo condenó por el delito de homicidio  tentado.   

         Expresa  que  no  obstante  lo anterior se considera «secuestrado»  por  el sistema judicial,  ya   que   la   desidia   y  las  «malas  prácticas  jurídicas»  de fiscales, jueces y abogados llevaron  a  que,  en  su  caso,  se  cometiera  una injusticia, pues fue condenado por el  delito  de  homicidio  en  grado de tentativa, cuando en realidad los hechos por  los   cuales   fue   juzgado   apenas  si  configuran  el  punible  de  lesiones  personales.   

         Destaca  varias  situaciones que califica de irregularidades que se  presentaron  en  el  proceso seguido en su contra, tales como, que fue tramitado  por  varios  fiscales  y  jueces,  además que el apoderado de la parte civil le  hizo    una    «solicitud    temeraria»  en  el mes de junio de 2005, con la pretensión de que le diera  la  suma  de  $15.000.000.oo  para  no  continuar  con la actuación, so pena de  enviarlo  a  la  cárcel  en  caso  que  no  accediera, lo cual considera es una  «presunta  extorsión»,  amenaza  que  dice  en  efecto  cumplió  aquel  con  la ayuda de «las    mafias    que    hay    en    el    complejo   judicial   de  Paloquemao»  e,  incluso,  con  la connivencia de su  abogado defensor.         

         Critica  la  calificación  jurídica  dada a la conducta que se le  endilgó,  las  conclusiones  de  los  dictámenes  de  medicina legal sobre las  lesiones    causadas   a   la   víctima,   las   declaraciones   «alineadas»  de  los testigos de cargo y  la  actuación  de  fiscales  y  jueces que, en su opinión, se complotaron para  condenarlo injustamente.   

         De  ilegal  cataloga también el hecho que un juez de ejecución de  penas  haya  sido el que legalizó su detención y otro el que actualmente está  vigilando  el  cumplimiento  de  la  sentencia, funcionario este último ante el  que,  afirma, su defensor peticionó la prisión domiciliaria, que le fue negada  por   cuanto   «el   señor   juez   comete   error  aritmético…  niega  la  prisión  domiciliaria  con  el  argumento  que  [la  pena mínima] se pasa de 8  años»          

         En    ese    orden,    solicita    «su  excarcelación  inmediata»  y el restablecimiento de  sus  derechos  fundamentales, así como investigar a fiscales, jueces y abogados  «aliados de este complot»  orquestado  en  su  contra  y,  finalmente,  se  decrete  la  nulidad  del fallo  proferido  por  el  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  de  Descongestión de  Bogotá.     

DECISIÓN DE PRIMERA INSTANCIA  

El Magistrado a quien correspondió conocer  de  la  acción  constitucional, después de agotar el procedimiento establecido  en  el  artículo  5°  de  la  Ley  1095  de  2006,  señaló que la acción de  hábeas  corpus  no resulta  procedente en el caso concreto, porque:   

         (i)  Los  argumentos  del  accionante Gilberto Navarrete Galeano no  acreditan  su  ilegítima  privación de la libertad, pues ésta se deriva de la  pena  impuesta  por  el  Juzgado  Cuarto Penal del Circuito de Descongestión de  esta  ciudad,  amén  que  las  irregularidades  que denuncia en la solicitud de  hábeas   corpus,  debió  exponerlas   en   dicha   actuación,   cuya   resolución   es  ajena  al  juez  constitucional,  puesto que la presente acción no está prevista para dilucidar  controversias de competencia del juez ordinario.    

         (ii)  Como la situación jurídica actual del peticionario es   que  se encuentra descontando la pena que le fuera impuesta, el funcionario ante  quien   debe  elevar  solicitudes  de  libertad  u  otorgamiento  de  mecanismos  sustitutivos  es  el  Juez Doce de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de  Bogotá,  quien  tiene  a  su  cargo  la  vigilancia  y  el  cumplimiento  de la  sanción.   

         (iii)  Siendo  que  dicho funcionario informó que se encuentran en  estudio  los  recursos  de reposición y en subsidio de apelación, interpuestos  contra  el proveído adiado 2 de junio hogaño, mediante el cual negó al penado  la  prisión  domiciliaria,  el peticionario deberá sujetarse a lo que resuelva  el  juez  de ejecución de penas, única autoridad competente para decidir sobre  el  otorgamiento del aludido sustituto penal, a quien no puede sustituir el juez  constitucional.     

IMPUGNACIÓN  

Cabe   destacar,   que   el   sentenciado  Navarrete   Galeano   al  momento  de  notificarse  de la decisión que le negó la protección deprecada,  plasmó  con  su  rúbrica  que  la  apelaba,  situación  que conlleva a que se  realice un estudio de la petición de amparo.   

         Adicionalmente,   presentó  un  escrito  en  el  que  reitera  las  supuestas  irregularidades  que  se  presentaron  en  el  desarrollo del proceso  seguido  en su contra por el delito de homicidio tentado, así como la exigencia  económica   que   dice   le  hizo  el  abogado  de  la  parte  civil,  a  quien  responsabiliza,    junto   a   fiscales   y   jueces,   de   su   «ilegal»  privación  de  la libertad, y  reitera que se le restablezca dicha garantía fundamental.   

CONSIDERACIONES DEL DESPACHO  

         1. Competencia de la Corte.   

         El  suscrito  Magistrado  es  competente  para  conocer  en segunda  instancia  de la impugnación interpuesta contra la providencia del 12 de agosto  de  2015,  mediante la cual un Magistrado de la Sala Penal del Tribunal Superior  de  Bogotá  negó  la  solicitud  de  hábeas corpus  presentada en nombre propio por el condenado Gilberto  Navarrete  Galeano, según lo dispone el numeral 2° del artículo 7° de la Ley  1095 de 2 de noviembre de 2006.    

2. Procedencia de la acción de hábeas corpus.   

         Como  lo  ha  precisado la jurisprudencia de la Corte, el artículo  30   de   la   Constitución   Política  consagra  el  derecho  fundamental  de  hábeas  corpus,  acción  reconocida  en  varios instrumentos internacionales, tales como, la Declaración  Universal  de  los  Derechos  Humanos,  el  Pacto  Internacional  sobre Derechos  Civiles  y  Políticos,  la  Convención  Americana  sobre Derechos Humanos y la  Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre.   

Así,  el hábeas  corpus,  conforme al artículo 27.2 de la Convención  Americana  de Derechos Humanos y el 4° de la Ley 137 de 1994 (Estatutaria sobre  Estados  de  Excepción),  es  un  derecho intangible y de aplicación inmediata  consagrado  en la Constitución Política, y reconocido como tal en los tratados  internacionales     que     forman    parte    del    denominado    bloque    de  constitucionalidad.   

En síntesis, se trata de la garantía más  importante  para  la  protección  del  derecho  a  la  libertad,  reglado en el  artículo  28  de la Carta Política, el cual reconoce en forma expresa que todo  sujeto  es  libre,  que  nadie  puede  ser molestado en su persona o familia, ni  reducido  a prisión o arresto, ni detenido, ni su domicilio registrado, sino en  virtud  de  mandamiento  escrito  de  autoridad  judicial  competente,  con  las  formalidades legales y por motivo previamente definido en la ley.   

Es  allí donde la Carta Política asigna a  la  ley  la  función  de  regular  la garantía fundamental, esto es, fijar las  condiciones dentro de las cuales aquella puede ser restringida.   

Es   decir,   pese   a   su  indiscutible  consagración  constitucional, no es un derecho absoluto, según se desprende de  lo  previsto  en  el citado artículo 28 de la Constitución, pues aun cuando es  cierto    que    el    hábeas   corpus  es  el  medio  por excelencia para su protección, también lo es  que su aplicación está sujeta al debido proceso.   

En tales condiciones, cabe también recordar  que  este  amparo, como lo  establece  la Constitución Política y lo desarrolla la Ley 1095 de 2006, es un  derecho  constitucional  fundamental  que  tutela  la  libertad  personal en los  siguientes casos concretos:   

a) Cuando la aprehensión de una persona se  lleva  a cabo por fuera de las formas constitucional y legalmente previstas para  ello,   como   sucede  con  la  orden  judicial  previa  (artículos  28  de  la  Constitución   Política,  2° y 297 de la Ley 906 de 2004), la flagrancia  (artículos  345  de la Ley 600 de 2000 y 301 de la Ley 906 de 2004), la captura  públicamente  requerida  (artículo  348  de  la  Ley  600 de 2000), la captura  excepcional  (artículo  21  de la Ley 1142 de 2007) y la captura administrativa  (sentencia  C-24  del  27 de enero de 1994), esta última con fundamento directo  en  el  artículo  28  de  la  Carta  y, por ello, de no necesaria consagración  legal,    tal    como    sucedió    –y  ocurre– en  vigencia de la Ley 600 de 2000.   

b)  Cuando, obtenida legalmente la captura,  la  privación  de la libertad se prolonga más allá de los términos previstos  en  la  Constitución  y  en la ley. En tal supuesto, la acción de hábeas  corpus  tiene por objeto que el  servidor  público: i) lleve  a  cabo  la  actividad  a  que está obligado (por ejemplo: dejar a disposición  judicial  el  capturado,  hacer  efectiva  la  libertad  ordenada, etc.) o bien,  ii)  adopte  la  decisión  correspondiente  al  caso  (verbi  gratia  ordenar  la  libertad  frente  a  la captura ilegal, presentar el  escrito   de  acusación,  instalar  el  juicio  oral,  entre  otras  hipótesis  posibles).   

De otra parte, es preciso señalar que como  la     acción     constitucional     de    hábeas  corpus  está orientada a proteger a la persona de la  privación  ilegal  de  la  libertad  o  de  su  indebida prolongación, al juez  constitucional,  en  el  caso  puesto  a  su  consideración,  le  está  vedado  incursionar  en  terrenos  extraños a este específico tema, so pena de invadir  órbitas  que son propias de la competencia del juez natural al que la ley le ha  asignado  su  conocimiento,  pues  de  lo contrario desborda la naturaleza de su  función  constitucional,  destinada por excelencia a la protección del derecho  fundamental de la libertad.   

En otros términos, conforme se ha indicado  por  esta Corte de forma constante, la procedencia de la acción de hábeas  corpus se encuentra supeditada a  que  el  afectado  con  la  privación  ilegal de la libertad, o con su ilícita  prolongación,  haya  acudido  primero a los medios previstos en el ordenamiento  legal  dentro  del  proceso  que  se le adelanta, pues, reitérese, lo contrario  conduce  a  una  injerencia  indebida en las facultades que son propias del juez  que conoce de la actuación respectiva.   

Ahora,  si  bien la acción de hábeas   corpus  no  es  necesariamente  residual  y  subsidiaria,  también  lo  es  que  cuando  existe  un  proceso  o  actuación  judicial  en  trámite,  no  puede  utilizarse  con  ninguna  de las  siguientes  finalidades:  (i)  sustituir  los  procedimientos judiciales comunes  dentro  de  los  cuales  deben  formularse  las  peticiones  de  libertad;  (ii)  reemplazar  los  recursos  ordinarios  de  reposición y apelación establecidos  como  mecanismos  legales  idóneos para impugnar las decisiones que interfieran  el  derecho  a  la  libertad  personal;  (iii) desplazar al funcionario judicial  competente;    y    (iv)    obtener    una    opinión    diversa   —a     manera     de     instancia  adicional—   de   la  autoridad   llamada   a   resolver   lo   atinente   a   la   libertad   de   la  persona1.   

Por  tanto,  a partir del momento en que se  impone  la  medida  de  aseguramiento, todas las peticiones que tengan relación  con  la  libertad del procesado deben elevarse al interior del proceso penal, no  a  través  del  mecanismo  constitucional  de hábeas  corpus,   pues  esta  acción  no  está  llamada  a  sustituir el trámite del proceso penal ordinario.   

Lo anterior, salvo que la decisión judicial  por  medio  de la cual se interfiere en el derecho a la libertad personal, pueda  catalogarse   como   una  vía  de  hecho  o  se  vislumbre  la  prosperidad de alguna de las otras causales  genéricas  que  hacen  viable  la  acción de tutela; hipótesis en las cuales,  “aun  cuando  se  encuentre  en  curso  un  proceso  judicial,  el  hábeas  corpus  podrá  interponerse  en garantía inmediata del  derecho   fundamental   a   la   libertad,  cuando  sea  razonable  advertir  el  advenimiento  de un mal mayor o de un perjuicio irremediable, en caso de esperar  la  respuesta  a  la  solicitud  de  libertad  elevada ante el mismo funcionario  judicial,  o si tal menoscabo puede sobrevenir de supeditarse la garantía de la  libertad  a  que  antes  se  resuelvan  los  recursos  ordinarios”2.   

En  esa  medida, para denegar la acción de  hábeas   corpus  no  es  suficiente  con  expresar que la persona se encuentra privada de la libertad por  cuenta  de  una  actuación  procesal o que dentro del trámite existan recursos  para  debatir  la  situación  tildada  de  lesiva  del  derecho  a  la libertad  personal,  pues  en  tal  evento  resulta necesario examinar el caso concreto en  orden  a  establecer  si se presenta una vía de hecho, como eventualmente puede  presentarse,  verbi gratia,  cuando   cumpliéndose   las   circunstancias  fácticas  y  legales  que  hacen  procedente la libertad se niega sin fundamento legal o razonable.   

         3. El caso concreto.   

         De  acuerdo  con  las  precisiones que anteceden, se observa que el  amparo  solicitado  resulta improcedente, por lo que se confirmará la decisión  impugnada, de conformidad con las siguientes razones:   

         3.1  Según las constancias que obran en  la  presente  actuación,  mediante  sentenciada  adiada  21 de junio de 2010 el  Juzgado  Cuarto Penal del Circuito de Descongestión de esta ciudad, condenó al  procesado  Gilberto  Navarrete  Galeano  a  la  pena  principal  de  80 meses de  prisión  como  autor  responsable  del  delito  de  homicidio  en  el  grado de  tentativa,  negándosele  la suspensión condicional de la ejecución de la pena  y  la  prisión  domiciliaria,  fallo  que cobró ejecutoria el 7 de julio de la  misma anualidad.      

         Surge  patente,  entonces,  que  la  privación  de la libertad del  mencionado  ciudadano  es  consecuencia  inmediata  de  la condena emitida en su  contra,  y  dado que en la respectiva sentencia le fueron negados los mecanismos  sustitutivos  de  la  prisión  intramural, actualmente se encuentra descontando  pena  en  un centro carcelario, de modo que como aquella no puede catalogarse de  ilegal,  no  obstante  las presuntas irregularidades que denuncia el accionante,  las  cuales  debieron  ser alegadas al interior del respectivo proceso a través  de  los  recursos  ordinarios y extraordinarios, de los cuales no hay constancia  que  se  hubieran ejercido, no hay lugar, tal como acertadamente lo concluyó el  Magistrado    del    Tribunal,   al   amparo   constitucional.      

         

         3.2   De   otra  parte,  tampoco  puede  afirmarse  que  en el asunto de la especie se presenta la prolongación ilícita  de  la privación de la libertad, habida cuenta que la pena de prisión impuesta  al   sentenciado  Navarrete  Galeano  –80   meses–  aún  no  se ha cumplido, pues según consta en el presente diligenciamiento, el  mencionado  se  halla privado de la libertad por razón de esta actuación desde  el  7  de abril de 2015, es decir, a la fecha ha descontado físicamente un poco  más de cuatro meses de pena.    

         En  esa  medida, es claro que no se configura la segunda hipótesis  que  haría  procedente  la  acción  de  hábeas  corpus  en el trámite que se  revisa,  valga decir, que no obstante el sentenciado haber cumplido la totalidad  de  la pena impuesta, continuara privado de la libertad.       

         3.3  Lo que plantea el accionante es, de  una  parte,  la  supuesta existencia de irregularidades sustanciales al interior  del  proceso,  relativas  a  la  prueba  de  cargo y a la actuación desviada de  algunos  funcionarios  judiciales y de profesionales del derecho, circunstancias  que   son   refractarias  a  la  acción  de  hábeas  corpus  dado  que ésta no está prevista para suplir  los  procedimientos  ordinarios,  siendo  ese  el  escenario natural donde tales  vicios  debieron  ser denunciados oportunamente para que, de haber sido el caso,  se   adoptaran  los  correctivos  necesarios  y  se  garantizaran  los  derechos  fundamentales   que   ahora   se   afirman   vulnerados.       

         De  otro  lado,  el  actor  manifiesta  inconformidad respecto a la  decisión  adoptada  por  el  juez  encargado  de  vigilar el cumplimiento de la  sanción,  por cuanto mediante proveído calendado 2 de junio pasado le negó el  mecanismo  sustitutivo de la prisión domiciliaria, al considerar que en su caso  no  se  reúne  el  requisito  objetivo  que  exige el artículo 38B del Código  Penal,  adicionado  por  el  artículo  23  de  la  Ley  1709 de 2014, norma que  claramente  es aplicable por favorabilidad, no empece ser posterior a los hechos  juzgados.    

         Ahora  bien,  como obra constancia de que frente a tal decisión el  defensor  del penado Navarrete Galeano, en la oportunidad legal correspondiente,  agotó  los  mecanismos  jurídicos  previstos  al  interior  del  proceso  para  controvertirla,  valga decir, interpuso los recursos legales de reposición y en  subsidio  de  apelación,  los  cuales  están  en  curso  de resolverse, según  informó  el  titular  del  Juzgado  Doce  de  Ejecución  de Penas y Medidas de  Seguridad  de  esta  ciudad,  encargado  de  la  vigilancia y cumplimiento de la  sanción,   resulta   improcedente   acudir   a   la   acción  de  hábeas   corpus  con  la  finalidad  de  desplazar  a  los  funcionarios  judiciales  competentes para decidirlos, habida  cuenta  que,  de  una  parte,  el tema debatido es de su exclusivo resorte y, de  otra,  al juez constitucional le está vedado inmiscuirse en asuntos distintos a  aquel  que  orienta  la  presente  solicitud  de  amparo,  cuya  finalidad es la  protección del derecho fundamental de la libertad.   

         Además,  la acción incoada tampoco está diseñada para sustituir  los  procedimientos  judiciales dentro de los cuales deben ventilarse peticiones  de  la  naturaleza  de  las  formuladas  por  el  condenado,  esto  es, aquellas  relativas  a  mecanismos  sustitutivos  de  la  pena de prisión, libertad y, en  general,  a  los aspecto atinentes a la ejecución de la sanción, puesto que la  ley  señala  el  trámite  que  debe  seguirse para tal efecto y el funcionario  judicial  competente  para  resolverlas,  valga  decir, el Juez de Ejecución de  Penas y Medidas de Seguridad.        

         Así  las  cosas, el ciudadano Navarrete Galeano deberá atenerse a  lo  que  resuelva  el  juez  que  actualmente  vigila el cumplimiento de la pena  frente  a  la  reposición  interpuesta  contra  el  proveído  que  le negó la  prisión  domiciliaria y, en el evento que ésta no prospere, a lo que decida el  superior  funcional  de aquel al desatar el recurso de apelación, sin perjuicio  que  posteriormente,  si  así  lo  considera,  pueda  insistir ante el referido  funcionario  judicial  sobre el reconocimiento del mentado mecanismo sustitutivo  que,  cabe  destacar,  debe  ser  otorgado  oficiosamente  cuando se cumplan los  requisitos legales.        

         En  conclusión,  el  Despacho  encuentra  improcedente  el  amparo  constitucional  impetrado  por Gilberto Navarrete Galeano, por lo cual, tal como  se anunció, confirmará la decisión recurrida.   

         

         En  mérito  de  lo  expuesto, el Suscrito Magistrado de la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

         1.  CONFIRMAR  la decisión impugnada de  fecha y origen indicados.   

         2.    DISPONER   la   devolución   del  expediente al Tribunal de origen.   

         

         Notifíquese y cúmplase   

FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO   

Magistrado  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 CSJ  AHP, 26 Jun. 2008, rad. 30066.   

2 CSJ  AHP, 26 Jun. 2008, rad. 30066.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *