AHP3506-2015(46220)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado   

AHP3506-2015  

Radicación     n°     46220   

         Bogotá,  D.C.,     veintidós  (22)  de  junio de  dos        mil        quince       (2015).   

ASUNTO  

         Resuelve  el  Despacho  la impugnación presentada por el apoderado  de  Carlos  Enrique  Samuels  Durán contra la decisión adiada 9 de junio de la  cursante  anualidad,  por  medio  de  la cual un Magistrado de la Sala Penal del  Tribunal  Superior de Bogotá declaró improcedente la solicitud de hábeas  corpus  que  por conducto de su  abogado formuló contra la Fiscalía General de la Nación.   

LA PETICIÓN  

         En  síntesis,  el  apoderado  del  accionante basa su solicitud de  amparo en los siguientes argumentos:   

         (i)  Manifiesta  que  Samuels Durán fue  capturado  el  7 de abril de 2015, al parecer, con fines de extradición, según  nota  verbal  diplomática  No.  1552 del 9 del mismo mes y año del gobierno de  los Estados Unidos de América.   

         (ii)  Refiere  que dicha captura fue ordenada por el Fiscal General  de  la  Nación de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 509 de la Ley 906 de  2004.   

         (iii)  Sostiene  que  no  obstante  lo  anterior,  en el caso de su  representado  se  configura la prolongación ilícita de la libertad, por cuanto  desde  la fecha de su aprehensión hasta la formulación de la presente acción,  trascurrió  un  lapso  superior  a sesenta (60) días, venciéndose el término  señalado   en  el  artículo  511  ibídem  para  formalizar  la  petición  de  extradición, sin que ello hubiera ocurrido.      

DECISIÓN IMPUGNADA  

El Magistrado a quien correspondió conocer  del  presente  trámite  constitucional en primera instancia, después de agotar  el  procedimiento  establecido  en  el  artículo  5°  de  la Ley 1095 de 2006,  señaló   que   la   acción   de   hábeas  corpus  no  resulta  procedente  en el caso concreto, porque:   

         (i)  El  accionante  cuenta  con  la  posibilidad de acudir ante la  Fiscalía  General de la Nación para solicitar su libertad, pues de acuerdo con  lo  normado  en  los  artículos  509  y  511  de la Ley 906 de 2004, es a dicha  autoridad  a la que corresponde pronunciarse en torno a tales aspectos, toda vez  que   fue   quien   profirió   y   materializó   la   captura   con  fines  de  extradición.   

         (ii)  A  pesar de lo anterior, revisado el trámite se advierte que  a  Samuels Durán no se le prolongó ilícitamente la privación de la libertad,  como  lo sostiene su apoderado, puesto que entre la fecha en que se materializó  su  captura,  esto  es,  el  7  de  abril  de  2015,  y  la  solicitud formal de  extradición,  que  se realizó el 3 de junio siguiente mediante nota verbal No.  0907  de  la  embajada  del  gobierno  de  los Estados Unidos de América, donde  solicitó   al   Ministerio   de   Relaciones  Exteriores  la  extradición  del  supranombrado,  no transcurrió un término superior al indicado en el artículo  511 del C.P.P. Y,   

         (iii)  La  formalización  del  pedido  de  extradición  no es una  «decisión»  susceptible  de  notificarse  al  capturado,  como  quiera  que  se trata de una petición de  carácter eminentemente administrativo.      

IMPUGNACIÓN  

Enterado  de  la  decisión  que  negó  la  protección  deprecada, mediante memorial el apoderado del accionante manifestó  que  la  apelaba  y en sustento de ello presentó argumentos similares a los que  expuso  en  la solicitud de amparo constitucional, destacando que «no  es  lógico  y  menos  legal» que la  documentación  mediante  la  cual  se  formalizó el pedido de extradición, no  hubiera  sido  «notificada  y  entregada» a su representado.   

CONSIDERACIONES DEL DESPACHO  

         1. Competencia de la Corte.   

         El  suscrito  Magistrado  es  competente  para  conocer  en segunda  instancia  de  la  impugnación interpuesta contra la providencia del 9 de junio  del  presente año, mediante la cual un Magistrado de la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Bogotá  negó  la  solicitud de hábeas  corpus  presentada través de abogado por Carlos  Enrique Samuels Durán, según lo  dispone  el  numeral  2°  del artículo 7° de la Ley 1095 de 2 de noviembre de  2006.    

2. Procedencia de la acción de hábeas corpus.   

         Como  lo  ha  precisado la jurisprudencia de la Corte, el artículo  30   de   la   Constitución   Política  consagra  el  derecho  fundamental  de  hábeas  corpus,  acción  reconocida  en  varios  instrumentos internacionales, tales como la Declaración  Universal  de  los  Derechos  Humanos,  el  Pacto  Internacional  sobre Derechos  Civiles  y  Políticos,  la  Convención  Americana  sobre Derechos Humanos y la  Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre.   

         Así,   el   hábeas  corpus,  conforme  al  artículo  27.2  de  la  Convención  Americana de  Derechos  Humanos  y  el 4° de la Ley 137 de 1994 (Estatutaria sobre Estados de  Excepción),  es  un derecho intangible y de aplicación inmediata consagrado en  la   Constitución   Política,   y   reconocido   como   tal  en  los  tratados  internacionales     que     forman    parte    del    denominado    bloque    de  constitucionalidad.   

         En  síntesis,  se  trata  de  la garantía más importante para la  protección  del  derecho  a la libertad, reglado en el artículo 28 de la Carta  Política,  el  cual  reconoce  en  forma  expresa que todo sujeto es libre, que  nadie  puede  ser  molestado  en  su persona o familia, ni reducido a prisión o  arresto,  ni detenido, ni su domicilio registrado, sino en virtud de mandamiento  escrito  de  autoridad  judicial  competente, con las formalidades legales y por  motivo previamente definido en la ley.   

         Es  allí  donde  la Carta Política asigna a la ley la función de  regular  la  garantía fundamental, esto es, fijar las condiciones dentro de las  cuales aquella puede ser restringida.   

         Es  decir,  pese a su indiscutible consagración constitucional, no  es  un  derecho  absoluto,  según  se  desprende  de  lo  previsto en el citado  artículo  28 de la Constitución, pues aun cuando es cierto que el hábeas   corpus   es   el   medio  por  excelencia  para  su protección, también lo es que su aplicación está sujeta  al debido proceso.   

         En   tales   condiciones,   cabe   también   recordar   que   este  amparo,  como lo establece  la  Constitución  Política  y lo desarrolla la Ley 1095 de 2006, es un derecho  constitucional  fundamental  que  tutela  la libertad personal en los siguientes  casos:   

         a)  Cuando la aprehensión de una persona se lleva a cabo por fuera  de  las  formas constitucional y legalmente previstas para ello, como sucede con  la  orden  judicial  previa  (artículos 28 de la Constitución  Política,  2°  y  297  de la Ley 906 de 2004), la flagrancia (artículos 345 de la Ley 600  de  2000  y  301  de  la  Ley  906  de 2004), la captura públicamente requerida  (artículo  348  de la Ley 600 de 2000), la captura excepcional (artículo 21 de  la  Ley  1142  de  2007)  y  la captura administrativa (sentencia C-24 del 27 de  enero  de  1994),  esta  última con fundamento directo en el artículo 28 de la  Carta  y,  por  ello,  de  no  necesaria  consagración legal, tal como sucedió  –y  ocurre–  en  vigencia de la Ley 600 de 2000.  Y,   

         b)  Cuando,  obtenida  legalmente  la  captura, la privación de la  libertad  se  prolonga más allá de los términos previstos en la Constitución  y  en  la  ley. En tal supuesto, la acción de hábeas  corpus  tiene  por  objeto  que el servidor público:  i)   lleve   a  cabo  la  actividad  a  que  está obligado (por ejemplo: dejar a disposición judicial el  capturado,  hacer  efectiva  la  libertad  ordenada,  etc.) o bien, ii)  adopte la decisión correspondiente  al   caso   (verbi  gratia  ordenar  la  libertad  frente  a  la  captura  ilegal,  presentar  el escrito de  acusación,    instalar    el    juicio    oral,    entre    otras    hipótesis  posibles).   

         De   otra   parte,   es   preciso  señalar  que  como  la  acción  constitucional    de    hábeas   corpus  está  orientada  a proteger a la persona de la privación ilegal  de  la  libertad  o  de su indebida prolongación, al juez constitucional, en el  caso  puesto  a  su  consideración,  le  está  vedado  incursionar en terrenos  extraños  a  este específico tema, so pena de invadir órbitas que son propias  de   la  competencia  del  juez  natural  al  que  la  ley  le  ha  asignado  su  conocimiento,  pues  de  lo  contrario desbordaría la naturaleza de su función  constitucional,   destinada   por   excelencia  a  la  protección  del  derecho  fundamental de la libertad.   

         En  otros  términos,  conforme  se  ha  indicado por esta Corte de  manera    reiterada,    la   procedencia   de   la   acción   de   hábeas  corpus se encuentra supeditada a  que  el  afectado  con  la  privación  ilegal de la libertad, o con su ilícita  prolongación,  haya  acudido  primero a los medios previstos en el ordenamiento  legal  dentro  del  proceso  que  se le adelanta, pues, reitérese, lo contrario  conduce  a  una  injerencia  indebida en las facultades que son propias del juez  que conoce de la actuación respectiva.   

         Ahora,  si  bien  la  acción  de hábeas  corpus  no  es necesariamente residual y subsidiaria,  también  lo  es que cuando existe un proceso o actuación judicial en trámite,  no  puede  utilizarse  con  ninguna de las siguientes finalidades: (i) sustituir  los  procedimientos judiciales comunes dentro de los cuales deben formularse las  peticiones  de  libertad; (ii) reemplazar los recursos ordinarios de reposición  y  apelación  establecidos  como  mecanismos legales idóneos para impugnar las  decisiones  que  interfieran  el derecho a la libertad personal; (iii) desplazar  al  funcionario  judicial  competente;  y  (iv)  obtener  una  opinión  diversa  —a  manera  de instancia  adicional—   de   la  autoridad   llamada   a   resolver   lo   atinente   a   la   libertad   de   la  persona1.   

         Por  tanto,  a  partir  del  momento  en que se impone la medida de  aseguramiento,  todas  las  peticiones  que tengan relación con la libertad del  procesado  deben  elevarse  al  interior  del  proceso  penal,  no a través del  mecanismo      constitucional      de      hábeas  corpus,   pues  esta  acción  no  está  llamada  a  sustituir el trámite del proceso penal ordinario.   

         Lo  anterior,  salvo que la decisión judicial por medio de la cual  se  interfiere  en el derecho a la libertad personal, pueda catalogarse como una  vía    de    hecho2 o se vislumbre la prosperidad  de  alguna  de  las  otras  causales  genéricas  que hacen viable la acción de  tutela;  hipótesis  en  las  cuales,  «aun cuando se  encuentre  en  curso  un proceso judicial, el hábeas corpus podrá interponerse  en  garantía  inmediata  del  derecho  fundamental  a  la  libertad, cuando sea  razonable   advertir  el  advenimiento  de  un  mal  mayor  o  de  un  perjuicio  irremediable,  en  caso  de  esperar  la  respuesta  a  la solicitud de libertad  elevada  ante el mismo funcionario judicial, o si tal menoscabo puede sobrevenir  de  supeditarse  la  garantía  de  la  libertad  a  que  antes se resuelvan los  recursos   ordinarios»3.   

         En   esa   medida,   para   denegar   la  acción  de  hábeas corpus  no  es  suficiente  con  expresar  que  la  persona  se  encuentra privada de la  libertad  por  cuenta  de  una  actuación  procesal  o  que dentro del trámite  existan  recursos  para  debatir la situación tachada  de lesiva del derecho a la libertad personal, pues en  tal  evento resulta necesario examinar el caso concreto en orden a establecer si  se   presenta   una   vía  de  hecho,  como  eventualmente  puede  suceder, verbi  gratia,   «cuando      habiéndose     edificado  las  circunstancias  fácticas  y  legales  que hacen  procedente     una    causal    de    libertad  provisional la misma es negada  sin   fundamento   legal   o   razonable,   o  contra  expresa  interpretación  jurisprudencial  sobre  la  materia,  o  cuando objetivamente se puede constatar que la pena impuesta ya fue  cumplida     por     el     condenado»4.   

         3. El caso concreto.   

         De  acuerdo  con  las  precisiones que anteceden, se observa que el  amparo  solicitado  resulta improcedente, por lo que se confirmará la decisión  impugnada, de conformidad con las siguientes razones:   

         3.1  Según las constancias que obran en  la   presente  actuación,  se  advierte  que  Carlos  Enrique  Samuels  Durán  fue  privado  de la libertad el 7 de abril del año en  curso   por   la  Policía  Nacional  –Dirección Antinarcóticos–,  con fundamento en la Circular Roja  de   Interpol   No.   A   2442/4-2015,  requerida  por  los  Estados  Unidos  de  América5.   

         El  10  de  abril siguiente, el Ministerio de Relaciones Exteriores  allegó  nota  diplomática  No.  0607  de  la Embajada de los Estados Unidos de  América,  con  fundamento  en la cual el Fiscal General de la Nación, mediante  decisión  de  la misma fecha, decretó la captura provisional del supranombrado  con        fines        de        extradición6.          

         Posteriormente,  el  3 de junio del corriente año, la Embajada del  gobierno  de  los Estados Unidos de América, a través de nota verbal No. 0907,  pidió  formalmente  ante el Ministerio de Relaciones Exteriores la extradición  del     ciudadano     Samuels    Durán7.    

         3.2  En  primer lugar conviene mencionar  que  en  tratándose  de  personas  solicitadas  en  extradición  por conductas  punibles  cometidas  en  otro  Estado y, por tanto, requeridas por una autoridad  extranjera  para  adelantar  su juzgamiento o para ejecutar la condena, estarán  sometidas  también  a  un  procedimiento  diferente  al aplicable a quienes han  delinquido   en  nuestro  territorio,  lo  cual,  como  lo  ha  dicho  la  Corte  Constitucional  en  sentencia  C-700  de  2000,  “no  vulnera  en  modo alguno el derecho a la igualdad ni constituye discriminación,  por tratarse de situaciones jurídicas no equiparables”.   

         Ahora   bien,   de   los   antecedentes   procesales   relacionados  ut supra, surge patente que  la  privación  de  la libertad del mencionado ciudadano es consecuencia directa  de  la  orden  de  captura  librada  en  su  contra  por el Fiscal General de la  Nación,  con fundamento en el artículo 509 de la Ley 906 de 2004, valga decir,  con fines de extradición.   

         Asimismo,  cabe  destacar  que  los  artículos  506, 509 y 511 del  Código  de  Procedimiento  Penal  determinan  cuál  es  el  trámite  a seguir  respecto  de  la  captura,  detención  y libertad de las personas requeridas en  extradición,  así  como  de los funcionarios que intervienen en el mismo y las  causales   que   facultan   la   libertad   por   razón   del   vencimiento  de  términos.       

         De  tales preceptos se extrae sin dificultad que la decisión sobre  la  libertad  de quien es requerido en extradición le compete exclusivamente al  Fiscal  General  de  la Nación, no solo en razón de que el artículo 511 de la  Ley  906  de 2004 radica en cabeza de dicho funcionario la facultad de ordenarla  cuando  se  cumpla  el  supuesto  allí  contemplado,  sino  también, porque la  persona  sujeta  a dicho trámite se halla a disposición de esa autoridad, como  que  es  la  encargada  de  librar  la captura con el propósito antes indicado,  según         lo        normado        en        el        artículo        509  ejusdem.          

         Por  tanto, previo a acudir a la presente acción constitucional en  orden  a  obtener  su  libertad,  el ciudadano Samuels  Durán  debió  elevar  solicitud  en  ese  sentido ante el Fiscal General de la  Nación,  autoridad  que  dispuso  su  aprehensión  y que, según quedó visto,  es  la  competente para estudiar la procedencia de su  petición8.   

         En  esa  medida,  como  la  acción constitucional incoada no está  prevista   para   reemplazar  los  recursos  legales  que  proceden  contra  las  decisiones  que  quebrantan  el  derecho  fundamental a la libertad que aquí se  afirma  vulnerado,  mucho  menos para desplazar a la autoridad judicial que debe  resolverlos,  ni se erige en una instancia adicional, en el asunto particular no  resulta  procedente  entrar  a  estudiar  de  fondo la petición de libertad del  accionante,  pues  en  tales  casos  le  está  vedado  al  juez  constitucional  inmiscuirse  en  temas  que son del resorte de la autoridad que está legalmente  encargada  de  resolverlos,  máxime  que,  como  atinadamente  lo  advirtió el  Magistrado  del  Tribunal  Superior de Bogotá que negó en primera instancia el  presente  amparo  constitucional, es evidente que en el trámite de extradición  no  se  desconoció  el término señalado por el artículo 511 de la Ley 906 de  2004 para la formalización de la petición en cuestión.   

         

3.3 De otra parte,  en  cuanto  a  la  inconformidad  del actor porque la documentación mediante la  cual   se   formalizó   el   pedido  de  extradición,  no  fue  «notificada    y    entregada»   a   su  representado,  debe  señalarse,  de  una  parte, que ese es un tópico ajeno al  mecanismo  constitucional de habeas corpus,  pues  ninguna  relación  tiene  con  la  supuesta prolongación  ilícita  de la libertad denunciada y, de otro lado, legalmente no se prevé tal  exigencia,  por  lo  que cualquier alegación al respecto o en relación con los  temas  a  que  se  refiere  el  artículo  502  de  la  Ley  906 de 2004, podrá  presentarla  en  el  trámite  que  se  adelante  ante  esta Corporación.    

         En  conclusión,  el  Despacho  encuentra  improcedente  el  amparo  constitucional   invocado   a   nombre  del  ciudadano  Carlos  Enrique  Samuels  Durán.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, el Suscrito Magistrado de la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

         1.  CONFIRMAR  la decisión impugnada de  fecha y origen indicados.   

         2.    DISPONER   la   devolución   del  expediente al Tribunal de origen.   

         

         Notifíquese y cúmplase.   

FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO   

Magistrado  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 CSJ  AHP, 26 Jun. 2008, rad. 30066.   

2  En  Sentencia  T-033  de  2010,  la Corte Constitucional señaló que mediante dicho  concepto  «se  hacía alusión a aquellas decisiones  arbitrarias   de   los  jueces  que  eran  fruto  de  su  abierto  y  caprichoso  desconocimiento de la legalidad».   

3 CSJ  AHP, 26 Jun. 2008, rad. 30066.   

4 CSJ  AHP, 14 abr. 2010, rad. 33918.   

5  Folios 27 a 32 C.O.   

6  Folios 33 a 35 del C.O.   

7 Folio  26 C.O.   

8 CSJ  AHP, 13 nov. 2014, rad. 45003 y CSJ AHP, 24 abr. 2014, rad. 43626.     

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