SP4054-2014(39629)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Dr. Luis Guillermo Salazar Otero  

Magistrado Ponente  

SP4054-2014  

Radicación no. 39629  

Aprobado Acta No. 93  

Bogotá,  D.C.,  dos (2) de abril de dos mil  catorce (2014)   

ASUNTO  

Decide  la  Corte  el  recurso  de casación  interpuesto  por  el  defensor  de  Andrés  Alberto  Vásquez Moreno, contra la  sentencia  proferida  por  el Tribunal Superior de Barranquilla el 6 de marzo de  2012,  confirmatoria de la decisión de primera instancia emitida por el Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito de Descongestión, que condenó al procesado a la  pena  de  34  meses  de prisión y multa de 422 s.m.l.m. como responsable de los  delitos de calumnia e injuria.   

ANTECEDENTES  

El  26  de  abril de 2007 el ciudadano José  Antonio  Name  Terán denunció la existencia de documentos difundidos a través  de  correos  electrónicos pertenecientes, entre otros, a Antonio Abello Vives y  Milena  Ovalle Llinás, mediante los cuales se hacían afirmaciones injuriosas y  calumniosas  en  su  contra  bajo  los  títulos:  “El  más grande ladrón de  Barranquilla”   y  “La  coronación  anticipada  de  José  Name  Terán”,  querella ratificada el 11 de mayo de ese año (fl.22).   

El  8 de mayo posterior fue admitida demanda  de  parte  civil,  dentro  de  la cual se aportaron copias de los mismos y otros  correos  electrónicos  en similar sentido y de calendas anteriores, difundidos,  entre  otros  por  Carlos  Eduardo  Pimienta Tatis, Ricardo Vengoechea, Julia de  León, Regina Acevedo, Carolina Acevedo y Alex Acevedo.    

El día 11 de ese mes y año la Fiscalía 41  Seccional  dispuso formal apertura investigativa (fl.27), vinculándose mediante  indagatoria  el  24  de  mayo  a Antonio Ignacio Abello Vives (fl.54) y el 14 de  junio a Carlos Eduardo Pimienta Tatis (fl.150).   

Enseguida,  a través de diversos memoriales  aportados  por  la  parte  civil,  se  reclamó  la  extensión  de  los delitos  imputados  al  de  concierto  para  delinquir,  atendiendo  el  volumen  de  los  distintos  correos  que  circulaban  por  internet y publicaciones como la de El  Heraldo  de Barranquilla del 31 de mayo en la cual se da cuenta que en contra de  políticos   locales,   entre   ellos   José  Name,  entonces  aspirante  a  la  Gobernación  del  Atlántico,  había  por  lo  menos “106 cibernautas” que  habrían  enviado  correos  electrónicos difamatorios (fl.103). El 20 de junio,  este  mismo  sujeto  procesal aporta nuevos correos que aduce difundidos el día  anterior  y  que  atribuye  a  “Andrés  Vásquez” (fl.169). La Fiscalía 41  Seccional  mediante resolución del 21 de junio declaró “tener como prueba”  los  anteriores  documentos  (fl.186).  El  19  de  julio la parte civil acopió  nuevos   correos  electrónicos  difundidos  por  otras  personas  (fl.31  y  ss  c.2).   

El  29 de agosto, la Fiscalía remitió ante  la  “oficina  de  asignaciones”  copias  de algunos de los referidos correos  calificados  de  difamatorios en contra de José Name, remitidos por Lida Acuña  Cajar, con miras a su investigación (fl.83 c.2).   

Los días 27 de septiembre, 23 de noviembre y  el  22 de octubre de 2007 fueron vinculados como personas ausentes  Ricardo  Vengoechea  Cepeda  (fl.  137  c.2) y Andrés Alberto Vásquez Moreno (fl.169) y  mediante indagatoria Milena Otilia Ovalle Llinas (fl 144).   

Previo el cierre instructivo (fl.257 c.2), el  7  de  abril de 2009 fijando como marco fáctico los hechos de que se ocupara la  querella,   precluyó  cualquier  investigación  en  favor  de  Carlos  Eduardo  Pimienta  Tatis,  Ricardo  Vengoechea  Cepeda,  Antonio  Ignacio  Abello Vives y  Milena  Otilia  Ovalle  Llinás  y profirió resolución acusatoria en contra de  Andrés  Alberto Vásquez Moreno, por correos enviados el 19 y 21 de junio   a      través      de      las      páginas      “www.noscontaronporinternet.com”               y               www.politicalconcep.com,   por  los  delitos  de  injuria  y  calumnia  (fl.61  c.3).    

Tras cobrar ejecutoria la acusación el 29 de  abril  postrer y una vez repartido el expediente, se tramitó la fase del juicio  y  se  emitieron  las sentencias de primera y segunda instancia en los términos  inicialmente glosados.   

DEMANDA  

Cuatro  son  los  reparos  que  propone  el  defensor de Andrés Alberto Vásquez Moreno contra el  fallo  impugnado,  todos  con  respaldo  en  la  vía  de  nulidad, que sustenta  inicialmente   en   postulados  generales  sobre  las  garantías  fundamentales  conculcadas  al  ciudadano Vásquez Moreno, expresados en quebrantos a la propia  legitimidad  de  la  actuación,  toda  vez  que  los hechos imputados no fueron  objeto  de  querella;  al  derecho de defensa técnica, por la absoluta orfandad  defensiva;  también  defectos  manifiestos  en  la  resolución de acusación y  frente  a  la propia sentencia en que el Tribunal agravó la pena con violación  del debido proceso.   

Inquieta  el  actor  sobre el “desgreño y  desgano,  la  pereza intelectual y el facilismo” de la sentencia impugnada, en  no  dar  imperativa  respuesta  a  los  reparos  hechos a la sentencia de primer  grado, conforme lo ha destacado la Corte (Rad. 28432/07).   

Así,       el       primer ataque advierte cómo se condenó a  Vásquez  Moreno por hechos que no fueron objeto de la querella presentada, sino  muy  posteriores a la misma, sustentado el Tribunal equivocadamente en la figura  de  la  extensión  de  la querella, cuando ésta se ha concebido para todos los  autores    del    hecho    querellado    y    no    para    todos   los   hechos  indistintamente.   

Sobre  el  particular,  hace notar que José  Name  Terán  querelló  respecto  de  correos  generados el 24 y 25 de abril de  2007,  que  no han sido atribuidos a Vásquez Moreno y en su versión del juicio  recabó  no ser su autor, así como tampoco respecto de aquellos generados el 30  y  31  de  enero  de  ese  mismo  año y de la misma manera no le pertenecen los  incorporados  a  la  red el 30 y 31 de mayo, en donde aparecen otros remitentes.  Vásquez  admitió  haber  creado  correos  del  19  y 21 de junio, pues además  llevan  su plena identificación; en iguales condiciones están los correos cuyo  aporte  también  se  debe  a  la  parte  civil,  en relación con los cuales la  Fiscalía compulsó copias y que involucran a Lida Acuña Cajar.   

Para   el   demandante,   nada   distinto  correspondía  a  la  Fiscalía,  según su propia postura jurídica respecto de  éstos  últimos  correos,  que  proceder  de  la  misma manera en relación con  aquellos  atribuidos  a  Vásquez,  que  “compulsar”  copias por tratarse de  hechos diversos a los objeto de querella.   

Argumenta  en consecuencia, que en relación  con  los  hechos  por  los  cuales  se  ha  juzgado a Vásquez Moreno “no hubo  querella”,  siendo  la  extensión  de  la  misma  un  elemento  personal y no  factual,  esto  es,  que  se  extiende  a todos los intervinientes en los hechos  denunciados  y  no  a  todos  los  hechos  posibles, sin que por demás se pueda  entender  la  actividad de la parte civil como suplemento de la del querellante,  sabido   que  no  cabe  tenerla  por  víctima  directa,  salvo  la  excepcional  representación con ese fin otorgada y no es este el caso.   

Sin  el presupuesto procesal de la querella,  para  el actor, sólo podía el juez disponer la cesación de todo procedimiento  en favor de Vásquez Moreno.   

El           segundo  cargo aduce violación al derecho  de  defensa  técnica,  hace  notar  que la designación de un abogado de oficio  absolutamente  inactivo  no  implica  la  protección  de  este derecho, máxime  cuando   previamente   se  remitieron  comunicaciones  de  comparecencia  a  una  dirección  errada  y  con  base  en  las mismas se produjo la vinculación como  persona  ausente  del  imputado.  Finalmente,  por  encontrarse fuera del país,  éste  es  enterado  de  este  proceso  apenas  al regreso y en desarrollo de la  audiencia  preparatoria  a  que  asiste,  después  de múltiples aplazamientos,  advertido  por  el  Juez que carece de defensor, le designa de nuevo el mismo de  oficio  que  se  le  nombrara  durante  la  investigación y que no desarrollara  absolutamente ninguna actividad.   

De  este  modo,  para  el  libelista  surge  diáfana  la  nulidad  de  la  actuación a partir de la declaratoria de persona  ausente,  con mayor razón cuando desde 2007 se adelantaba una investigación en  contra  de  Vásquez  Moreno  y  a  sus  espaldas,  sin que el abogado designado  realizara  actividad alguna a su favor, pese a existir copiosa jurisprudencia de  esta  Sala  que  reitera  dicha  obligación  en cabeza de los profesionales del  Derecho y cuya cita emplea.   

Se  trata,  por demás, de una irregularidad  insubsanable,  con  mayor razón cuando concurren los principios que regulan las  nulidades  y  se le debió brindar al imputado la oportunidad de alegar la falta  de  legitimidad  de  la  querella  y  que  en todo caso no era responsable de la  totalidad  de  los  correos,  lo  que  le  implicaba  allegar evidencias en este  sentido,   todo   lo   cual   pone   de  presente  la  trascendencia  del  vicio  anunciado.   

   

La           tercera   tacha  acusa  vulneración  del  debido  proceso  por  ausencia  de  una  debida  motivación  de  la resolución  acusatoria,  pues  resulta  “confusa,  anfibológica, inentendible”, como se  desprende  del  propio enunciado de los hechos, en donde se predica a la vez que  se  trata  de  afirmaciones  injuriosas  y  calumniosas abarcando genéricamente  todos  los  eventos  de correos aducidos, e igualmente de la enunciación de las  pruebas  allegadas  en  donde  se  identifican la mayoría de dichos correos con  algunas  de  las  personas vinculadas al proceso, dejando por demás una confusa  constancia,  de  acuerdo  con  la  cual queda en “claro”, dice la acusación  “que  en  este  proceso,  no  se  ha  explicado  la procedencia de los correos  electrónicos”,  excepto los generados el 30 de mayo de 2007 y vistos al folio  193.   

Para el censor, hay afirmaciones en orden al  dolo  que  se  dice  no  concurren respecto de los demás vinculados al proceso,  como  también  sobre  la manera en que fueron aportados los diversos correos al  expediente,  esto  es,  invadiendo  la  privacidad  de  los  dueños  de  dichos  espacios.   

Sostiene enseguida que es tal la ambigüedad  de   la   acusación   que  se  ignora  en  la  sentencia  por  cuáles  hechos,  específicamente,   se  condena  a  Vásquez,  la  generalidad  según  la  cual  incurrió  en  injuria  y  calumnia, sobre cuyos supuestos tampoco hay claridad,  imposibilita  saber  si está referido a un concurso de conductas de esa índole  y  entonces  determinarlas,  con  mayor razón cuando, como es ostensible, dicha  decisión  sólo  aludió  sin  distingo  a  contenidos  injuriosos,  pero  no a  calumniosos.   

Finalmente,   repara   en   la  manifiesta  desatención  sobre  sus  alegatos  tanto  en primera como en segunda instancia,  como  la  absolución  por atipicidad relativa, o por error de tipo respecto del  delito de injuria y atipicidad absoluta respecto del de calumnia.   

Por  lo  anterior estima que el proceso debe  ser anulado a partir de la acusación.   

Acusa  en último lugar quebranto del debido  proceso,  sobre  la  base  de que el Tribunal agravó la conducta delictiva, con  desmedro  de  la  sentencia  impugnada  y  apartándose  del  marco  fáctico  y  jurídico,  al  deducir  una  circunstancia agravante no imputada, con quebranto  del principio de congruencia.   

   

Concepto  de la Procuradora Tercera Delegada  en lo Penal   

Para  la  Procuradora  Delegada  los  tres  primeros  cargos  propuestos  no pueden prosperar y sólo el último referido al  incremento  de  la  sanción  por  parte  del  Tribunal  tendría  vocación  de  éxito.   

En  efecto,  en relación con la “falta de  legitimidad  de  la  querella”,  que  dice  corresponde  al primer reparo, los  correos  habrían tenido origen en páginas web de propiedad del acusado y éste  habría   aceptado   su  autoría.  Entiende  que  los  hechos  investigados  se  relacionan con “la totalidad de los correos”.   

De  otra parte, respecto del segundo ataque,  afirma  la  Delegada que el actor no demuestra menoscabo al derecho de defensa y  para  demostrarlo,  sostiene  que  durante  el  juicio pidió aplazamiento de la  audiencia   preparatoria  y  después  acudió  al  juicio.  Además,  no  puede  contrastarse  la  intervención  del  defensor de oficio con nuevas alternativas  que de la misma asume el censor debió tener.   

En  tercer  lugar, pondera la Procuradora la  resolución  acusatoria,  encontrándola  plena  de  los  requisitos  legales  y  suficiente en orden a los presupuestos para acusar.   

Finalmente, estima vulnerado el derecho a la  defensa  por parte del Tribunal, al incrementar la sanción de primera instancia  a  través  de  una  circunstancia no imputada, por lo que debe casarse sobre el  particular la sentencia.   

CONSIDERACIONES  

A    través    de    la    primera  censura,  conforme quedó visto,  puso  en  cuestión  el  actor  en  este  caso  la  inexistencia  de querella en  relación  con  los  hechos  que  fueron objeto de condena, toda vez que por los  mismos  no  fue  presentada  por el ofendido, y el juez de manera flagrantemente  equivocada,  a  través  del principio de extensión de la querella, comprendió  otros  hechos  y  no,  como es característico y propio de dicha figura, a otros  intervinientes,  restricción  que lo conduce a reclamar como decisión adecuada  a estos supuestos el cese de todo procedimiento.   

Siendo   este  el  contenido  del  ataque  propuesto,  impera  en  primer  orden  recordar que por mandato constitucional y  desarrollo   legal  (arts.  250  y  66  de  la  Carta  Política  y  el  C.  de  P.P.,  respectivamente), la  acción  penal  corresponde al Estado y se ejerce por  intermedio   de   la   Fiscalía   General   de   la  Nación,    cuyo    cometido    es    investigar   la   verdad   respecto  de  los  hechos  que  ostenten  carácter     delictivo,    de    oficio,  o  que  sean  puestos  en su conocimiento a través  de  denuncia,  petición  especial  o  querella.   

A  su vez, la querella se ha concebido como  una  condición  o  presupuesto indispensable para el  válido    ejercicio   de   la   acción  penal  y  consiste en una declaración  de  voluntad  ante  el  aparato  jurisdiccional  del  Estado,  en  orden  a  poner  en  su  conocimiento  la  noticia críminis  y  ejercer  la  acción  penal en  relación  con  aquellos  delitos  que  no pueden ser  perseguibles de oficio.   

Ostenta    por    ello    un   eminente  carácter  potestativo  y  restrictivo,  toda  vez  que  se  trata  de  buscar el patrocinio jurisdiccional  respecto   de   conductas   calificadas   de   delictivas   que  sólo  pueden ser perseguidas a instancia de parte, o lo que es igual,  eventuales   delitos  en  relación  con  los  cuales  sólo    se  activa el aparato judicial a través de  la   acción   penal  privada  para  el  inicio  del  procedimiento,  razón por la cual suele ser valorada  como   condición  de  punibilidad,  bajo  el  claro  entendido  que  sin  la  iniciativa  particular  contra un hecho constitutivo de  delito   que   requiere  querella ninguna autoridad judicial puede ejercer el ius puniendi.   

El art. 31 de la Ley 600 de 2000, aplicable  en   este  caso  dada  la  fecha  de  los  hechos  (en  terminología  análoga a la que emplea el art. 70 de  la   Ley  906  de  2004),  califica  la  querella  de  condición         de         “procesabilidad”       de       la  acción   penal,   en   una  deformación  de  la  expresión  original  que  el  profesor  Carnelutti  utilizara  como  condición  de  “procedibilidad”,  quizás  asumiendo  que  la  querella  es presupuesto  procesal  pese  a  que ésta  expresión  se define como  exigencia  para  que  pueda  ser   válido   un   proceso   y   aquélla   elude  cualquier  activación  del  mismo  y se ha entendido en general como un permiso que el particular le concede  al  funcionario  competente  para  que  pueda dar impulso a la investigación  penal;  naturaleza originaria  de    la    institución    a    través   de   la   cual   al   tiempo   que   se   hace   prevalecer  el  interés    privado    sobre   el   público  frente  a  determinadas  conductas,  como  desarrollo  de la  discrecionalidad   de   la   persona   que   se  afirma  ofendida,  quien    es    el    legítimo     querellante,     provoca    una    restricción  respecto  de  los  hechos en relación  con  los  cuales  se  incoa,  constituyendo  para  el  funcionario  judicial  un  derrotero   o   límite   desde  lo  fáctico   del   ejercicio   de  impulsión  oficiosa    y    de   averiguación,   pues    la    intervención  judicial  una  vez activada la acción  penal    en    razón    de    la    índole    privada    hace   elocuente   la   restricción  para el Estado, configurando por dicho motivo un límite  sobre  el  contenido  y  alcance de la indagación  punitiva,  salvedad, según se verá, al  hacerse    extensiva    la    persecución    penal  exclusivamente  a  otros partícipes en los concretos  hechos querellados, conocidos o no por parte del querellante.   

En efecto, cuando el art. 33 de la Ley 600  prevé (art. 72 Ley 906 de 2004), que la querella se  extiende  de  derecho  contra todos los que hubieren  participado  en  la  conducta  punible, como con acierto lo hace notar el actor,  contempla  un  elemento  personal y no factual, o lo que es igual, posibilita la  injerencia   de   la   oficiosidad   a   personas   no   referidas  por  el  actor,  de  donde le es dable  practicar  todas  aquellas  pruebas  orientadas a verificar los hechos  señalados  en  la  querella  y  a  todos   aquellos   sujetos   a   quienes  les  sean  imputables,  al  margen  de  que sean para el denunciante ignotos, normativa que  tiene  origen  en el principio de indivisibilidad de  la  querella  y que por ende viabiliza la acción del  Estado   jurisdiccional   contra   todos   los   responsables   en   los  hechos  querellados.     

El  carácter  restrictivo  de  la  querella en los términos en que  la  ley  lo  ha  previsto  y  doctrina  por  lustros  reconoce,  se manifiesta en otras figuras aledañas y  consecuentes  con  su  origen y naturaleza, pues así  como  se  exige  en relación con delitos como los de  injuria   y   calumnia,  debiendo  concretarse  las  circunstancias  modales  en  que  se  produjeron  las  expresiones  de  esta  índole que las configuran, al  sujeto   pasivo   que   le   corresponde  activar  el  aparato  judicial  es  al  único   que   también  atañe   el   desistimiento   y   correlativamente,  sólo   al  sujeto  activo  de  dichos  delitos  la  retractación,             haciéndose  relevante  que  la  víctima  u ofendido tiene plena  discrecionalidad  tanto  para  activar el aparato judicial, como para enervar su  acción  por  desistimiento  respecto  de los hechos  querellados  y  no  sobre otros análogos, pues es de  su  voluntad  en relación  con  cuáles de quienes han incurrido en conductas de  injuria  o  calumnia, procede la inhibición punitiva  por   desistimiento   o   remisión  y  consiguiente  extinción  de la acción  penal.   

La    querella   es   así,  como se ha dicho, un acto formal que  no  admite  equivalentes y esa promoción  o  patrocinio  jurisdiccional  que excepcionalmente se incoa en  relación  con unos hechos demarcados temporalmente,  determinan    a   su   vez   el   ámbito   de   la  intervención  judicial  oficiosa,  sin  que  quepa  extenderla  a  otros  por  asimilación o por exceso  o  celo  investigativo, bajo el principio general de la intervención  ilimitada  que  suele  ser la regla en el derecho punitivo, con  directa   repercusión  en  el  plazo  perentorio  o  caducidad  que  se  predica  respecto  de cada hecho individualmente considerado  y     en     forma  independiente.   

Sobre este particular, ya doctrina antigua  y  con  plena  actualidad  de  la  Sala (A.P. 31 de enero de 1994. Rad.9010), ha  decantado  que  no  puede perderse de vista “que el  delito  de  calumnia  es  de  aquellos que requieren querella para su  investigación  y  por  ello  es el  ofendido  quien  tiene el poder de disposición sobre  la  acción penal. De suerte que aunque hubiese sido  víctima de varios delitos de calumnia, si el sujeto  pasivo   sólo  desea  denunciar  uno  de  ellos  la  Administración      de      Justicia   no   puede   extenderse   a  los  demás”.   

Si  bien  una vez incoada la querella, el  proceso  se  adelanta  por impulsión oficiosa, tiene  por  parámetro  restrictivo  de referencia el marco  fáctico querellado y conlleva una cortapiza como lo  es  no  poder actuar sobre otros hechos que surjan en  desarrollo  de  la  investigación, trátese    o   no   de   conductas   de   la   misma   índole,   estándole  por  consiguiente  vedado  al  funcionario  no  sólo su pesquisa, sino  cualquier  actividad  para  que  se  indaguen,  como  compulsar     copias    en    relación  con  los mismos, pues en uno y otro  caso  se  carece  de  competencia y el trámite no se  depura  ante la evidente ausencia de querella válida  para actuar.   

Pues  bien,  ciertamente,  según  lo  advera  el  reproche  propuesto  contra  el fallo impugnado y se evidencia en la  síntesis  procesal,  el  ofendido   José   Antonio  Name  Terán  promovió querella el 26 de abril de  2007,   que   amplió  el  11  de  mayo  del  mismo  año,   dando  cuenta  de  correos  difundidos  por  diversos   usuarios   en  internet  en  los  meses  de  enero  y  abril  de  ese  año,          en          donde     se    le    hacían  “infamantes, calumniosas y graves  imputaciones”,    mismos   hechos   materia   de  persecución  penal  instado desde la perspectiva de  búsqueda     de     reconocimiento     de    una  indemnización    a    que    aludió  la  parte  civil  en  demanda  presentada  el  30  de  abril  de  dicha  calenda.   

Como  también  fue  reseñado,  por  estos  hechos,  se  produjo la  vinculación  de  diversas personas que participaron  en  la  difusión  de  correos  electrónicos   (sin   comprender   en   todo   caso   a   más  de  un  centenar  de  cuantos  intervinieron  en  esa actividad  dentro  de  dichos  correos),  pero  extendiendo  el  objeto  de investigación, inclusive, a nuevos hechos  acaecidos  en fechas posteriores, con contenidos distintos que hacían  referencia  a  Name  Terán, de las  que   puso  en  conocimiento  la  parte  civil  en  su  prolija  intervención  y  que  se  logró establecer pertenecían    a    otros    cibernautas,    entre    quienes   se   cuenta  Andrés  Alberto Vásquez  Moreno.   

La Fiscalía 41  Seccional  de  Barranquilla, mediante resolución del  29  de  agosto  de  2007  (fl.84  c.2),  a partir de la intervención  y copioso aporte de documentos de la  parte  civil  que  puso al descubierto nuevos hechos atentatorios del honor y la  honra  de  su  mandante  diversos  de  los  querellados,  asumiendo  el operador  judicial  que  no  debía  ocuparse  de  los mismos,  negó    vincular    a    Lida   Acuña  Cajar a  la    investigación,   pese   atribuírsele   la   difusión   de   correos  difamatorios  en  contra, entre otros de Name Terán,  pero  decidió  inesperadamente  remitir  el  asunto  “a   la  Oficina  de  Asignaciones”,  como  si en relación con los mismos  se     pudiera     proseguir    de    oficio.   

Por manera que,  siendo  las  nuevas  publicaciones  por  internet de contenidos diversos, hechos  evidentemente    distintos    de   los   querellados   y   encontrándose  entre  éstos aquellos   atribuidos   a  Vásquez  Moreno,  quien   aceptó  en  el  juicio ser su creador, no  existía      en  relación  con  los  mismos querella válida   y   si  para  la  Fiscalía  no  había   lugar   a   su  investigación   en   este   asunto,   como  sucedió con aquellos imputados a  Lida  Acuña  Cajar y tampoco, desde luego, facultad  legal    alguna   existía   para   disponer         su        oficiosa  investigación,   no  podían     quedar     comprendidos     en     la  resolución    de    cargos    con   posterioridad  proferida.   

Aun reconociendo la naturaleza dispositiva  que  es  propia  de  la  parte  civil, tratándose de  hechos  que  se  investigan en virtud de querella, no  le    es   dable   a   este   sujeto   participar    en    desarrollo    de    la   actuación      más      allá   de   procurar   una   condena  indemnizatoria  por  los  hechos  querellados,  con  mayor razón cuando el poder de la  oficiosidad  está  orientado  a  verificar  si  los  daños   y   perjuicios   reclamados   se   derivan  de  la  conducta  denunciada,  no  de toda suerte de  conductas,   así  involucren  el  rango  de  bienes  jurídicos de igual naturaleza, pues lo determinante  es  que  respecto de otros hechos es presupuesto sine qua non que medie querella  o   se   comprendan   expresamente  en  ratificación  de  la  misma  por  el  ofendido.   

A la parte civil no se otorgó  poder  para  que  ejercitara  el derecho de querella a nombre de  José  Name Terán, quien  por   el   contrario  directamente,  como  ofendido  y  titular  del  mismo,  lo  activó,   sino   simplemente   para   que  lo asistiera en la representación  de  lograr  una  condena indemnizatoria. No se trató  por ende de un mandatario especial.   

En  este sentido se expresa Manzini en el  Tomo     IV     de     su     colosal     Tratado,    cuando    señala:   

“El ofendido  por  el  delito  (aunque  no  tenga calidad de sujeto  procesal)    tiene    facultad,    simultánea   o  sucesivamente  a  la  presentación  de la querella,  para  producir  memorias  escritas  en  apoyo  de  esa  misma  querella, indicar  elementos  de  prueba  y  proponer indagaciones para la comprobación de la verdad.   

Ya     hemos     visto    que    la  constitución  de  parte  civil  no  equivale  a  la  querella,    pues    con    ella   sólo   se   manifiesta  la  voluntad  de  conseguir   el   resarcimiento   del   daño  o  las  restituciones.  Por tanto, cuando se procede por un delito perseguible de oficio  que    luego   resulte   punible   sólo  mediante querella, la constitución  de  parte  civil  no  suplirá  a la querella, si la  parte    civil    no    es,    por    lo    menos,    denunciante”.    

    Siendo  ello  así,  razón asiste al actor en considerar  que     imputados     en     la    acusación    y  correlativamente   en   la  sentencia,  hechos  que  fundaron  la condena y en relación con los cuales no  se  formuló válidamente  querella,    el    cargo    prospera,   haciéndose  consecuencialmente    inestudiables    las   demás  censuras,  pues  corresponde a la Corte casar el fallo y ordenar la cesación  de  todo  procedimiento  en  favor de Andrés Alberto  Vásquez Moreno.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

    

1. Casar el fallo impugnado.     

    

1. Decretar  la  cesación  de  todo  procedimiento en favor de Andrés  Alberto Vásquez Moreno.     

    

1. Contra esta decisión no procede recurso alguno.     

Cópiese,   cúmplase,   notifíquese   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO E. MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

    

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