AP6446-2014(43717)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

AP6446-2014  

Radicación N° 43717  

(Aprobado acta Nº 349)   

Bogotá,   D.C.,  veintidós  (22) de octubre de dos mil catorce (2014).   

La  Sala  se  pronuncia  respecto  de  los  presupuestos  de  lógica  y  debida  fundamentación de la demanda de casación  presentada  por  el defensor de MARÍA CRISTINA PONTÓN  CASTILLEJO,  NÉSTOR  RAFAEL  RODELO  ZABALETA  y  ALFONSO  VILLALBA ÁVILA.   

H E C H O S  

Fueron  expuestos  en  la  actuación en los  siguientes términos:   

“Se  conocen  a  través  de  la denuncia  interpuesta  por  la  señora Odalinda Orta López, quien manifiesta que el día  13   de   febrero   de  2003,  presentó  demanda  ejecutiva  contra  el  señor  GILBERTO       ANTONIO       PORRAS,  con base en  un  título  valor  – cheque por cien millones de pesos, más intereses, costas,  indexación,  etc.,  demanda  que fue admitida por el Juzgado Civil del Circuito  de  Chiriguaná,  librándose  mandamiento  ejecutivo el día 14 del mismo mes y  año,  dentro  del  cual se decretaron medidas cautelares de embargo y secuestro  […].   Aduce   que  el  22  de  noviembre  de  2006,  el  señor  PORRAS  concilia en la Inspección de la  Protección  Social  una  supuesta  deuda  laboral  con  la señora MARÍA  CRISTINA  PONTÓN  CASTILLEJO por  la  suma  de  $10.703.804,  ello  con  base  en  una  supuesta relación laboral  iniciada  el  día 30 de noviembre de 1998 hasta el 20 de noviembre de 2004, con  una asignación mensual de $381.500.   

Igualmente  la  denunciante sostiene que el  mismo    día    22    de    noviembre   de   2006,   el   señor   GILBERTO  PORRAS  concilia ante la misma  oficina   con   el  señor  ALFONSO  VILLALBA  ÁVILA  una  obligación  laboral  por la suma de $17.032.894  basado  en  un  contrato  de trabajo desde el 30 de junio de 1998 hasta el 20 de  noviembre de 2004, a razón de $700.0000 mensuales como salario.   

Indica  la denunciante, que el mismo señor  GILBERTO  PORRAS  concilia  igualmente  el  24  de  noviembre  de  2006 con NESTOR  RAFAEL  RODELO  ZABALETA  por  la suma de $39.000.000  basados  en  una relación laboral iniciada el 20 de febrero de 1991 hasta el 20  de junio de 2004, a razón de $900.000 mensuales como sueldo.   

Por último, una nueva conciliación ante la  misma   autoridad   el  día  16  de  enero  de  2007,  el  señor  PORRAS       con       JULIO   CÁRDENAS   por   la   suma  de  $89.000.000  con  base  en  una relación laboral iniciada el 8 de enero de 1987  hasta   el   10  de  junio  de  2004,  con  un  salario  básico  de  $1.200.000  mensuales.   

Estas  conciliaciones  de  tipo laboral que  realiza   el   señor  GILBERTO  PORRAS  con  sus ex trabajadores, son el sustento para un proceso ejecutivo  laboral  incoado  por  los  ex  dependientes de PORRAS  y  el  cual  logran su cometido el día 2 de junio de  2009,  cuando  el  Juzgado  Laboral del Circuito de Chiriguaná profiere el auto  por  medio  del  cual ordena al Juzgado Civil del Circuito de la misma localidad  tener  en  cuenta  la  prevalencia  del  crédito  laboral  sobre  el personal o  civil”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Agotado   el  ciclo  instructivo,  la  Fiscalía  24  Seccional  de  Chiriguaná  (Cesar)  calificó el mérito del sumario, el 7 de febrero de 2012,  con  resolución  de  acusación en contra de GILBERTO  ANTONIO   PORRAS,  JULIO  CÁRDENAS,  NÉSTOR RAFAEL  RODELO   ZABALETA,  MARÍA  CRISTINA     PONTÓN    CASTILLEJO    y  ALFONSO  VILLALBA ÁVILA como presuntos  responsables   del   delito  de  fraude  procesal  (artículo  453  del  Código  Penal)1.  Impugnada  esta  determinación, fue ratificada por la Fiscalía  3ª  Delegada  ante el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Valledupar, el  25         de         mayo         siguiente.2   

2.  Correspondió  la  etapa de la causa al  Juzgado  Penal del Circuito de Chiriguaná que, luego de celebrar las audiencias  preparatoria  y pública, emitió sentencia condenatoria el 27 de junio de 2013,  imponiendo  a  los acusados la pena principal de prisión por setenta y dos (72)  meses  y  las  accesorias de multa de doscientos (200) salarios mínimos legales  mensuales  e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  el  mismo  término  de  la sanción privativa de la libertad, al hallarlos  autores  responsables  de  la  conducta  punible  por la que fueron convocados a  juicio.  Les  negó  la suspensión condicional de la ejecución de la pena y la  prisión                domiciliaria.3    

3.  Apelada  esta  providencia  por  la  defensa, fue confirmada por el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Valledupar -Sala Penal- el 18 de  noviembre             de            2013.4   

LA  DEMANDA DE CASACIÓN  

El     defensor    de    PONTÓN      CASTILLEJO,    RODELO    ZABALETA    y  VILLALBA  ÁVILA, interpuso el recurso  extraordinario  invocando  para  el efecto el texto de las causales de casación  previstas  en  el  artículo  181,  numerales  1º  y  3º,  de  la  Ley  906 de  2004.   

En  estas  condiciones,  pregona  que  la  conducta  de  sus  prohijados  es  atípica  por  circunscribirse  al  ejercicio  legítimo  de sus derechos laborales. De esta forma, la conciliación surtida en  la  Inspección  del Trabajo por los estipendios a ellos adeudados y la ulterior  demanda  presentada  ante  el  incumplimiento  de aquella, no pueden calificarse  delictivas,  rechazando  la  conclusión  del  Tribunal relativa a que las sumas  acordadas  eran exorbitantes en tanto se ajustan a la normatividad aplicable, al  igual   que   la   prelación  de  créditos,  lo  que  tampoco,  dice,  resulta  fraudulento.   

Así  mismo,  señala que no se practicaron  las  pruebas  pedidas  por  los  implicados en las injuradas, menoscabándose su  derecho  de  defensa, ni se valoraron los testimonios de Prudencio Acuña Díaz,  David  Romero  Parra  y José Nolberto Flórez Camacho, quienes corroboraron que  aquellos  laboraron en el granero “Don Arnovis”, tampoco el contenido de las  indagatorias   en   las   se   especificaron   las  actividades  realizadas.  En  consecuencia,  predica  el  censor  que  el juzgador desconoció el principio de  in  dubio  pro  reo, puesto  que  no  se  estableció  el  nexo causal “entre los  procesados  y  el  punible  adecuado  como  fraude  procesal, las solas actas de  conciliación   legalmente   constituidas   no   son  pruebas  suficientes  para  condenar”,   solicitando,   luego  de  invocar  la  prescripción  de  la  acción  penal,  se  case el fallo emitido y “anuléis   la   sentencia  definitiva  dictada  y  ordenéis  la  reposición de la vista pública por otro Tribunal”.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1.  El  proceso penal se caracteriza por una  serie  de etapas concatenadas, revestidas de un plexo de garantías, durante las  cuales    se   somete   a   controversia   de   la   jurisdicción   un   asunto  jurídico-procesal   cuya   discusión   culmina  con  la  sentencia,  decisión  susceptible  de  impugnación  por  vía  de  la  apelación  en  aras de que la  inconformidad  de  quien la interpone sea solventada por el superior jerárquico  del  funcionario  que la profirió para que la confirme, modifique o revoque, si  a ello hubiere lugar.   

Esto  explica  por  qué el debate sobre las  aristas  de  interés  para  el  ejercicio  de  la acción penal culmina en esas  fases,  es decir, en el decurso de las instancias, previéndose la existencia de  un  recurso  extraordinario,  la  casación,  solamente  cuando por específicas  causales  se pretenda un estudio respecto de la legalidad del fallo por parte de  la  Corte  Suprema de Justicia. No se trata, entonces, de la prolongación de la  controversia  que  feneció  con  la emisión de una providencia amparada con la  doble presunción de acierto y legalidad.   

En   ese   orden,   existen   parámetros  conceptuales  que  hacen  de  la  demanda  correspondiente un escrito sometido a  estrictas   y  específicas  reglas  de  postulación  que  bajo  la  égida  de  principios  como  el  de  autonomía,  limitación, prioridad, entre otros, debe  bastarse  a  sí  mismo  para  demostrar  la existencia del yerro planteado y su  trascendencia,   siendo  premisa  fundamental  que  la  simple  discrepancia  de  criterios  no  constituye  un  aspecto  susceptible  de  ser  auscultado en sede  extraordinaria (Cfr. CSJ AP, 18 Ago 2010, Rad. 33559).     

2. Desde esta perspectiva, es palmario que ni  la  lógica  ni  la  teleología del recurso extraordinario se consideró por el  recurrente  porque  únicamente  plasmó  en  su  misiva,  sin ningún argumento  consistente,  su  llana  inconformidad con la decisión de segundo grado, lo que  explica, a la postre, las falencias del libelo:   

2.1.  En  primer lugar, ni siquiera señaló  con  exactitud  el fundamento normativo que haría viable la presentación de su  reclamo  ante  la Corte, toda vez que solo hizo alusión al contenido de algunas  causales  de  casación  consagradas  en la Ley 906 de 2004, sin tener en cuenta  que  el  presente  asunto  se tramitó conforme los parámetros de la Ley 600 de  2000.  Ahora,  el  artículo  212  de  esta normatividad, prevé unos requisitos  formales  que  ha de contener la demanda, entre ellos: (i) la identificación de  los  sujetos  procesales  y de la sentencia impugnada, (ii) una síntesis de los  hechos  materia  de  juzgamiento  y  de  la  actuación  procesal,  y  (iii)  la  enunciación   de   la   causal   y  la  formulación  del  cargo,  “indicando  en forma clara y precisa sus fundamentos y las normas  que   el   demandante   estime  infringidas”.  Estas  distinciones,  insoslayables  para  asumir  que  el escrito presentado a la Sala  ostenta una idoneidad conceptual mínima, brillan por su ausencia.   

2.2.  De  otra  parte,  la  denuncia  de  la  atipicidad  de la conducta, carece de cualquier sustento que permita advertir el  asidero  de la propuesta al no puntualizarse, según corresponde a esta sede, si  el  desconocimiento  de  dicha  situación  ocurrió  como  consecuencia  de  la  violación  directa  o indirecta de la ley sustancial (CSJ AP, 30 Nov 1999, Rad.  14535).  Así  mismo,  el  discurso  es  confuso  porque  simultáneamente  hace  alusión  a  la  presunta  violación  del debido proceso por la no práctica de  pruebas,  lo  que se enmarcaría en la causal tercera del precepto mencionado en  precedencia  por  la  conculcación  del  principio  de investigación integral;  también  indica  la  falta  de  apreciación  de  diversas  probanzas,  premisa  vinculada  al  falso juicio de existencia por omisión, pero en ninguno de estos  supuestos  hay una conceptualización definida o individualizable de las razones  que  soportarían  dichos  señalamientos,  incurriéndose  en  una  mixtura que  enerva  cotejar con claridad cuál es el eventual yerro que se pretende endilgar  y  que  tampoco  puede  desentrañar  la  Sala, por el principio de limitación.   

2.3.  De  la misma manera, se pregona que el  juzgador  dejó  de  aplicar  el principio de in dubio  pro  reo,  no  obstante,  la postulación no supera la  mera  referencia  nominal,  ya  que  tampoco se indica si ello acaeció por vía  de la violación directa al haber dictado el juzgador  condena  admitiendo  la concurrencia de la incertidumbre probatoria, o si se dio  por  ignorar  la  existencia  razonable  y manifiesta de la duda ante una errada  valoración  de  las  pruebas  quebrantándose  así,  de modo indirecto, la ley  sustancial,  por  un vicio de hecho o derecho. (CSJ AP, 26 Oct 2011, Rad. 37634;  CSJ AP, 6 May 2013, Rad. 40791; CSJ AP 2818-2014)   

2.4. En estas condiciones, no se advierte la  presentación  de  un  cargo en debida forma al compendiar la demanda, según se  señaló,  la  mera inconformidad del defensor con el criterio de la judicatura.  Incluso,  la divergencia es expuesta caóticamente al punto que, entre otros, el  libelista   reclama   en   pasajes   de   su   discurso  la  preclusión  de  la  investigación,  como  si  el  proceso se encontrara en la fase de instrucción,  también   sugiere   la   nulidad   de   lo   actuado  al  invocar  “la  reposición  de  la  vista  pública  por  otro Tribunal”,  desconociendo  que  de  tener  vocación  su  tesis de  atipicidad  de  la  conducta  lo  procedente  sería dictar fallo absolutorio de  reemplazo,  y  aleatoriamente  depreca  la  extinción  de  la acción penal por  prescripción,  sin  indicar  cuáles  serían  las  normas  aplicables con este  propósito o los términos para su cómputo.   

3.   En  síntesis,  se  avizora  que  el  demandante  no  distingue entre la casación y un alegato de instancia, toda vez  que  esta no es sede propicia para que sin ningún rigor discuta una providencia  que  por  ser  la  culminación  de  todo un proceso viene amparada por la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  circunscribiéndose  el  libelo  a  una  controversia   subjetiva  e  inane  para  evidenciar  por  sí  misma  un  vicio  trascendente.   

En   consecuencia,   al   no  reunir  las  condiciones  propias  del  recurso extraordinario, la demanda será inadmitida.   

CASACIÓN   OFICIOSA  

Ha venido considerando la jurisprudencia de  la  Sala  que  en  aras  de los postulados de pronta y eficaz administración de  justicia,  una  vez  inadmitida  la  demanda  de  casación  pero  advertida una  irregularidad  que  atenta  contra las garantías de los derechos fundamentales,  se  impone, sin necesidad de correr traslado al Ministerio Público, el deber de  subsanar  el  yerro  de  manera inmediata para así reparar el agravio inferido,  máxime  cuando  la  Constitución  y  la  ley  le asignan a la Corte Suprema de  Justicia  la  función de efectivizar el derecho material. (CSJ SP, 12 Sep 2007,  Rad. 26967)   

Ello   se   menciona  atendiendo  que  la  Corporación  vislumbra del  estudio  del expediente la violación al principio de legalidad de los delitos y  las   penas,   ya  que  el  sentenciador   de   primera   instancia,  al fijar las consecuencias provenientes  del  delito  erró  en  el  carácter  que el legislador confiere a las penas de  multa  e  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas  que,  tratándose  del  fraude  procesal,  proceden  como penas principales y no  accesorias,  imprecisión de la cual no se percató tampoco el juez ad quem.   

En    ese    contexto,    ha  de  recordarse que la inhabilitación  para   el   ejercicio   de   derechos   y   funciones   públicas   se  impuso por un término igual al de la  pena   privativa   de   la   libertad,  esto  es,  el  mínimo  consagrado en el  artículo    453    del    Código    Penal,    seis    (6)    años,  o  lo  que es lo mismo, setenta y dos  (72)    meses,   mínimo  que igualmente aplicó a la  pena        de       multa.       Empero,   bajo  esos  mismos  parámetros,  se desconoció en      lo     referente     a     la  inhabilitación    que  también  tenía  cabida  fijarla   en  el  mínimo  contemplado   en   ese  precepto,    es   decir,  en     cinco     (5)  años.   

El  principio  de legalidad de las penas es  una  garantía  fundamental  que constituye un baremo al poder sancionatorio del  Estado,  en  la medida que “Nadie podrá ser juzgado  sino  conforme a las leyes preexistentes al acto que se le imputa”5. En  consecuencia,  la  Corte  procederá a casar de modo parcial la  sentencia    en    el   sentido   de   aclarar      que      las   penas  de  multa  e inhabilitación de  derechos  y  funciones públicas proceden como penas principales, y a   ajustar  esta  última  al  mínimo  previsto  en  la  ley  que corresponde a sesenta           (60)   meses.   

Valga   aclarar   que   la   corrección  de las penas en comento a  la  legalidad  resulta  procedente y no infringe la prohibición de reformatio  in  pejus, en tanto no hace  más   gravosa  la  situación  de  los  procesados.  La     decisión  impugnada, en los demás  aspectos  que no fueron objeto de modificación, permanece incólume.    

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,   

R E S U E L V E  

        1.        INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  MARÍA CRISTINA PONTÓN  CASTILLEJO,  NÉSTOR  RAFAEL  RODELO  ZABALETA  y  ALFONSO  VILLALBA ÁVILA.   

2. CASAR DE OFICIO  Y  PARCIALMENTE  el fallo recurrido, en el sentido de  aclarar  que  las penas de multa e inhabilitación para el ejercicio de derechos  y   funciones   públicas   impuestas  a  los  procesados  proceden  como  penas  principales. Así mismo, fijar esta última en sesenta (60) meses.   

3.   PRECISAR  que  la  decisión  del  ad  quem  se  mantiene  incólume  en  todos  los  demás  aspectos que no fueron objeto de modificación.   

Contra  esta providencia no procede ningún  recurso   

Cópiese,      comuníquese,      y  cúmplase   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Presidente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Folio  287 y siguientes cuaderno original   

2  Fl. 321 y s.s c.o   

3  Fl. 466 y s.s c.o    

4  Fl. 5 y s.s cuaderno Tribunal   

5  Código Penal, artículo 6     

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