AP6364-2014(44247)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

Magistrada ponente  

AP6364-2014  

Radicación n° 44247  

(Aprobado  Acta No.  349)   

Bogotá  D.C.,  veintidós (22) de octubre de  dos mil catorce (2014).   

VISTOS  

Se   pronuncia   la   Sala  acerca  de  los  presupuestos  de  lógica  y  debida  sustentación  de  la demanda de casación  presentada   a   nombre  propio  por  SEGUNDO  CAMILO  SALAMANCA  SALAMANCA,  quien  ostenta la condición de  abogado,  contra  la  sentencia  del 27 de mayo de 2014, a través de la cual el  Tribunal  Superior de Bogotá confirmó la proferida el 6 de mayo de 2013 por el  Juzgado  Veintitrés Penal Municipal de la misma sede, que condenó al procesado  a  las  penas  principales  de  32  meses  de prisión y 66.66 salarios mínimos  legales  mensuales de multa, así como a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por idéntico lapso al señalado  para  la  privativa  de  la  libertad,  como  autor  responsable  del  delito de  usura.   

HECHOS  

La  situación  fáctica base del proceso la  resumió el Tribunal de la siguiente manera:   

“En  el  mes  de  enero  de  dos mil seis  (2006),  el  abogado  SEGUNDO CAMILO SALAMANCA SALAMANCA entregó en préstamo a  Gladys  Yolanda Roa Roa y Gabriel Lara Escandón la suma de veinticinco millones  de  pesos  ($25.000.000),  cuya  cancelación  garantizaron mediante hipoteca de  segundo  grado de los inmuebles ubicados en la carrera 3 número 63-37 y carrera  3 número 62-33 de esta ciudad.   

Acreedor y deudores acordaron en la oficina  del    señor    René    Torres    –intermediario  del  aludido  préstamo  hipotecario-  que  la  suma  anterior  sería  incrementada  en  diez  millones  de  pesos ($10.000.000), que  correspondían  a  intereses  de  tres  (3) meses, esto es, que al culminar este  plazo,  Roa  Roa y Lara Escandón cancelarían en total treinta y cinco millones  de pesos ($35.000.000).   

Vencido dicho lapso y ante la imposibilidad  de  los  deudores de cubrir la obligación, SALAMANCA SALAMANCA les concedió un  nuevo  plazo de tres (3) meses y para no efectuar el cobro ejecutivo del título  valor,  les  hizo  suscribir  otra  letra  de  cambio por ocho millones de pesos  ($8.000.000), correspondientes a los intereses de este nuevo lapso.   

Igualmente,  el  procesado  les prestó dos  millones  de  pesos  ($2.000.000),  a  una tasa de interés mensual del seis por  ciento  (6%),  de  los  cuales  descontó ciento veinte mil pesos ($120.000) por  concepto  de “intereses anticipados” y les hizo suscribir una nueva letra de  cambio por el valor de este último préstamo.   

Finalmente, SALAMANCA SALAMANCA les exigió  el  pago  de la totalidad de la obligación, la cual ascendía a cuarenta y tres  millones  de pesos ($43.000.000), e instauró proceso ejecutivo mixto, en el que  fue  condenado  en providencia del catorce (14) de julio de dos mil once (2011),  a  pagar en calidad de ejecutante a la demandada Gladys Yolanda Roa Roa, la suma  de  diecisiete  millones ciento cuatro mil ciento cincuenta pesos ($17.104.150),  a título de sanción por cobro excesivo de intereses”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. En audiencia preliminar celebrada el 19 de  octubre  de  2010 ante el Juzgado Treinta y tres Penal Municipal de Bogotá, con  funciones  de  control  de  garantías,  la  Fiscalía  formuló  imputación  a  SEGUNDO   CAMILO  SALAMANCA  SALAMANCA  por el delito de usura.   

2. Presentado el escrito de acusación, el 14  de  febrero  de  2012  el  Juez Veintitrés Penal Municipal de esta misma ciudad  celebró  audiencia  en  la  cual  la  Fiscalía  le  atribuyó  el delito antes  mencionado.   

3. La audiencia preparatoria la llevó a cabo  el  20 de junio siguiente, y el juicio oral lo realizó entre el 28 de febrero y  25  de  abril  de 2013, al término del cual anunció como sentido del fallo uno  de carácter condenatorio.   

4.  La sentencia anunciada la profirió el 6  de  mayo  postrero.  Contra la misma la defensa interpuso recurso de apelación,  por cuya vía el Tribunal Superior le impartió confirmación.   

5.  Atendido  el  sentido de la decisión de  segunda  instancia,  el defensor del procesado acudió al recurso extraordinario  de casación.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante  formula  un  único  cargo  contra  la  sentencia de  segunda  instancia,  el  cual  apoya en la causal tercera de casación de la Ley  906  de  2004,  bajo cuyo amparo acusa al Tribunal de vulnerar indirectamente la  ley  sustancial como consecuencia de incurrir en error de hecho por falso juicio  de identidad.   

          Según  el  actor,  para colegir la existencia del pago de intereses  “usurarios”     el  ad  quem  distorsionó  el  contenido  de  la  escritura  hipotecaria,  “pues en  ella  en ninguna parte se afirma por los contratantes que se hubiese pactado los  diez millones de pesos como intereses”.   

          Para    el    demandante,    los    testimonio    de    Gabriel  Lara  Escandón  y  Gladys  Roa  Roa, contrario a lo concluido  por  el Tribunal, no corroboran la anterior inferencia, pues a esta última nada  le  consta  sobre la negociación, en tanto se limitó a afirmar sólo lo que le  convenía,  es  decir, conocer que los diez millones correspondían a intereses,  cuando   ella   únicamente   se   hizo   presente   al  momento  de  firmar  la  escritura.   

          En  su  criterio,  consciente  de  estar  tergiversando la prueba el  juzgador  se  apoyó en la sentencia de la jurisdicción civil, olvidando que la  valoración  probatoria  efectuada  allí  no  lo  obligaba  y,  además, que el  testigo   René  Torres  se  refirió   a  “una  participación”  entregada  por  los  deudores  al  acreedor  por  el  préstamo, sin  referirse  en  momento  alguno a un acto jurídico de las características allí  planteadas.   

          Considera,   por   demás,   que   el   sentenciador   reconoce   la  tergiversación  de la prueba al admitir que los diez millones no correspondían  a    intereses    sino    a    una   “utilidad   o  ventaja”.   

          En  opinión  del  censor, el Tribunal también desfiguró la prueba  cuando  dio  por  demostrada la antijuridicidad de la conducta. En primer lugar,  porque  el  testigo Torres en  ningún    momento    señaló    al    procesado   de   ser   un   “prestamista   habitual”,  en  cuanto  solamente      dijo      haber      acudido      a      varios      “inversionistas”   a   solicitar  el  préstamo,  sin  indicar  que  éste  correspondiera a alguno de ellos. De todas  maneras,  añade, así se entendiera que con esa expresión lo estaba incluyendo  como   “inversionista”,  ello    no    significa    que    lo    catalogara    como    un    “prestamista   habitual,   sino   como  la  persona  que  en  esa  oportunidad  ingenuamente  accedí  a  hacer  el  mencionado préstamo al señor  LARA”.             

          Y,  en  segundo  término,  por  cuanto de lo dicho por Lara   Escandón  no  puede  “colegirse  la  apremiante  situación  económica”.  En  su  sentir,  ello  demuestra  que  están  en  una situación  económica  difícil por las deudas que tenían, pero al ser propietarios de los  inmuebles  contaban  con múltiples posibilidades para solucionar sus problemas,  obviamente,  de tener la voluntad para obrar en forma honesta, pues de esa forma  hubieran  podido  vender  tales  bienes,  mas  no acudir a vías judiciales como  ésta para evadir el pago de sus deudas.   

          Tras  señalar  que  de  no  incurrir  en  los yerros mencionados el  juzgador  habría  concluido  en la atipicidad de la conducta, solicita casar la  sentencia impugnada para, en su lugar, absolver al acusado.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

De  acuerdo  con  el estatuto procesal penal  expedido  mediante  la Ley 906 de 2004, para admitir una demanda de casación se  requiere  la  satisfacción  de exigencias de lógica y adecuada argumentación,  cuyo  fin  es  permitirle  a  la  Corte,  a partir de la coherencia y precisión  conceptual  del libelo, establecer sin dificultad cuál es el error atribuido al  sentenciador,  causante  de  la  violación  de  la  Constitución o la ley o la  afectación de las garantías fundamentales de las partes.   

Esos  presupuestos  de sustentación, acorde  con  lo  establecido en los artículos 183 y 184, inciso segundo de la precitada  Ley  906  de 2004, giran en torno a la correcta selección de la causal invocada  y  al  adecuado desarrollo de los cargos formulados a la sentencia atacada, para  lo  cual  se requiere que cada reproche se sustente de manera separada y que las  razones  aducidas  se  correspondan  con  el yerro denunciado, sin que sea dable  entonces  incluir  en  una  misma  censura conceptos que se opongan entre sí ni  incurrir  en  inconsistencias de argumentación, pues ello atentaría contra los  principios  de  no  contradicción  y  autonomía  que son inherentes al recurso  extraordinario de casación.    

Además,  en  la  estructuración  de  las  censuras  al  demandante  le  es  imperioso respetar el principio de corrección  material,  conforme  al  cual  las  razones,  fundamentos y contenido del ataque  deben  corresponder  en un todo con la realidad procesal (Cfr. CSJ AP, 2 de mayo  de 2012, Rad. 26846).   

          En  el  caso  objeto de examen, advierte la Sala que el libelista no  cumple dichos requisitos de sustentación de la demanda.   

En  efecto,  en  el  único  cargo formulado  atribuye  al  Tribunal incurrir en error de hecho por falso juicio de identidad.   

          Como  lo tiene dicho la jurisprudencia de la Sala, el referido yerro  se  estructura  cuando  el  fallador,  al  apreciar  la  prueba,  distorsiona su  contenido  fáctico  para  hacerle  decir  lo  que ella no expresa, en cuanto la  cercena, adiciona o translitera.   

Su adecuada sustentación le exige al censor  identificar  el medio sobre el cual recayó el dislate, realizar un cotejo entre  su  contenido  y aquel que le atribuye el fallador, precisando los apartes donde  se   presenta   la   distorsión   y   luego   acreditar  la  trascendencia  del  yerro.   

Si  bien el demandante identifica los medios  de  prueba  sobre  los  cuales, según dice, se presentó la tergiversación, lo  cierto  es  que  no  precisa  los  apartes  del  fallo  donde  se  presentan las  distorsiones aducidas.   

Obsérvese  cómo  señala  que  el Tribunal  deformó,    en    primer    lugar,    la   escritura   pública,   “pues  en  ella  en  ninguna parte se afirma por los contratantes  que  se hubiese pactado los diez millones de pesos como intereses”.   

Sin embargo, en momento alguno identifica el  fragmento  del  fallo  donde  el  juzgador  atribuye  a la escritura pública el  mencionado  contenido,  es  decir,  que en ella se pactaron los diez millones de  pesos.   

En realidad, el ad  quem  arribó  a  esa  conclusión,  no a partir de la  distorsión   de  la  prueba,  sino  de  su  valoración  en  conjunto  con  los  testimonios  de Gladys Roa Roa, Gabriel Lara Escandón  y  René  Torres  Cárdenas  e,  incluso,  del  rendido  por el propio acusado. Con  fundamento  en  esas declaraciones, acorde con las cuales el préstamo ascendió  a  la  suma de $25.000.000, infirió que si la hipoteca se realizó por un total  de  $35.000.000,  era  porque  el  monto  de los intereses pactados equivalía a  $10.000.000.   

Se trató, entonces, del mérito suasorio que  el  fallador  asignó  a las mencionadas pruebas. En este sentido, refulge claro  el  desacierto  del casacionista, pues el ejercicio apreciativo de los medios de  convicción  no  se  cuestiona en sede de casación por vía del falso juicio de  identidad  sino  del falso raciocinio, para lo cual le corresponde al impugnante  acreditar  que  el  fallador  vulneró  los  principios  de  la  sana  crítica,  integrados  por  las  reglas  de  la  experiencia, los postulados lógicos y las  leyes de la ciencia, nada de lo cual se hace en la demanda.    

          El  actor,  ante  bien,  se limita a postular su propia valoración,  cuestionando   la   credibilidad   otorgada   al   testimonio   de  Gladys  Roa  Roa  e,  incluso, el alcance  fijado  a la sentencia proferida por la jurisdicción ordinaria en lo civil, con  lo  cual  el  libelista  olvida  que  ese  tipo  de  discrepancias  no  resultan  admisibles  por  vía  del  recurso  extraordinario  de casación, dada la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  de  que  está  revestida  la  decisión  impugnada.   

          Por  lo  demás,  el  censor  desconoce  el principio de corrección  material  cuando atribuye al sentenciador haber reconocido la tergiversación de  la  prueba al admitir que los diez millones no correspondían a intereses sino a  una     “utilidad    o    ventaja”,  distorsión  que en ningún momento se cometió en el fallo, sino  que,  contrariamente, representa el análisis jurídico-probatorio efectuado por  el  juzgador  frente  a la adecuación típica del delito de usura (art. 305 del  Código   Penal),   el   cual  se  estructura  cuando  se  obtiene  “utilidad  o  ventaja”, que exceda en  la  mitad  del  interés  bancario  corriente  que  para ese período cobren los  bancos,   debidamente  certificado  por  la  respectiva  Superintendencia,  como  aconteció   en   este   caso,   según   así   lo   analizó  el  Tribunal  al  señalar:   

“Ahora,  en  el  evento  de  aceptarse en  gracia  de  discusión  que  la suma en mención correspondía a una “cuota de  participación”,   “incentivo”   o   a   un  “ofrecimiento”,  ello  no  desvirtúa  la  estructuración  del  segundo elemento del delito de usura, pues  este  ingrediente  normativo  del tipo consiste en la obtención, a cambio de un  préstamo  de  dinero  de  “utilidad  o ventaja”, que exceda en la mitad del  interés   bancario   corriente   que  para  ese  período  cobren  los  bancos,  debidamente   certificado   por   la   Superintendencia   Bancaria  –    hoy   Financiara”1.   

          El  demandante  también  aduce la distorsión de los testimonios de  René  Torres y Gabriel  Lara  Escandón, pues el primero,  según   sostiene,   en   ningún  momento  señaló  al  procesado  de  ser  un  “prestamista  habitual”,  mientras   del   segundo  no  puede  “colegirse  la  apremiante    situación    económica”    de   los  prestatarios.   

          Pero  al  igual  que  ocurre  con la escritura pública, tampoco con  respecto  a  los  precitados  testimonios el casacionista identifica los apartes  del fallo donde se presenta la distorsión alegada.   

En esta postulación, una vez más, el censor  incurre  en  la  incorrección  de  controvertir  el  mérito  asignado  por  el  ad  quem  a los mencionados  medios  de prueba, como lo termina admitiendo cuando sostiene, de una parte, que  de  la  expresión  “inversionista”  no     puede     deducirse     la     calidad     de    “prestamista  habitual” y, de la otra,  que  del  testimonio  de  Lara Escandón no   puede   “colegirse  la  apremiante  situación  económica”,  modo  de razonar que no se  corresponde  con  el  ataque  casacional  seleccionado,  sino  que constituye la  particular  visión  del  libelista  frente  al  alcance de las pruebas, la cual  pretende  hacerla  valer por sobre la apreciación de los falladores, situación  que, como ya se dijo, no resulta válida en sede de casación.   

Atendidas,   por   tanto,   las  falencias  advertidas  en  el único cargo formulado, la Sala inadmitirá la demanda objeto  de  examen, considerando además la no concurrencia de circunstancia vulneradora  de  garantías  fundamentales que imponga superar los desaciertos técnicos para  decidir de fondo.   

Se  precisará,  finalmente,  que  contra la  decisión  inadmisoria  del  recurso  de  casación  sólo  cabe el mecanismo de  insistencia,  conforme  lo  tiene  establecido el artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuya  interposición  procede  bajo  las reglas fijadas en jurisprudencia  reiterada de la Sala (CSJ AP, 12 dic 2005, Rad. 24322).   

                      

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  SEGUNDO CAMILO SALAMANCA SALAMANCA.   

         De  conformidad  con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004 y en los términos referidos en el acápite  final    de    esta    determinación,    contra    la    misma    procede    la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Página 19 del fallo de segundo grado.     

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